miércoles, 30 de diciembre de 2020

SILENCIO AZUL


El silencio azul se esparce e inunda romeros y lavandas. Los jazmines callan en su perfume recuerdos azulados, verdosos y turquesas. Brillan en la suavidad de esta tarde lluviosa el trinar esperanzador de los pájaros.

Los deseos se desvisten presurosos, los sueños pasean descalzos, mientras los besos se refugian en las alegrías llenas de color y humedad. Los verdes han bebido la pócima mágica de la tormenta, y guardan con ellos secretos olvidados.

Ese silencio plagado de respuestas habita en las flores lilas, en los violetas de las sombras, y en los azules profundos donde la mística asoma cristalina como un talismán.

El cielo un paraíso de nubes oscuras deja pasar alguna veta de luz, mientras los relámpagos encienden su pasión y las nubes danzan sin prejuicios, se dejan llevar por el azul misterioso de la tormenta.

Con suavidad el viento levante velos y las emociones se refugian en la melancolía. El ruido callado de la lluvia invita a perderse en silencio azul de esta bella tarde en clave de respuestas.

Andrea Calvete

martes, 22 de diciembre de 2020

EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD

 

Navidad proviene del latín “nativitas” que significa nacimiento. Pero también tiene un significado solar, es el momento en que el planeta Tierra se ve beneficiado por una energía cósmica positiva, la cual no sólo recibe el planeta, sino todos sus seres vivos. 

Es una de las fiestas más importantes del Cristianismo, que conmemora el nacimiento de Jesucristo en Belén. Se celebra el 25 de diciembre por la Iglesia Católica, la Iglesia Anglicana, algunas otras Iglesias protestantes y la Iglesia Ortodoxa Rumana.

Su mediatización, Papá Noel, los renos, el árbol, las luces y el pesebre son parte de los elementos más significativos desde los primeros días de diciembre al 6 de enero. Cada cual, a su manera, la vive y la celebra, en paz y armonía.

En esta festividad, el árbol es un gran protagonista, que junto con el pesebre conforman parte de la celebración. Tiene sus orígenes en la antigua creencia germana de que un árbol gigantesco sostenía al mundo y que en sus ramas estaban sostenidas las estrellas, la luna y el sol. He aquí la explicación de poner luces a los árboles.

La Navidad se celebra en el Solsticio de Invierno en el hemisferio norte y el Inicio del Verano en el Sur. El solsticio, es el momento en que el sol se encuentra más alejado del ecuador.

Este solsticio comienza a las 12 am del día 22 de diciembre y finaliza el día 24 a la medianoche, durante este tiempo, el sol pareciera detener su movimiento, de allí la palabra solsticio -sol estático-, para luego, el día 25 volver a levantarse, renacer. Durante el solsticio, el eje terrestre está dirigido o apuntando hacia el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Este centro galáctico es el lugar de máxima concentración de estrellas y de energía.

Por su parte, el árbol en sí tiene varios significados religiosos pues ha sido utilizado como símbolo de la unión del cielo y la tierra, ya que sus raíces se hunden en la tierra y sus ramas se levantan hasta el cielo; por tal motivo en las religiones orientales, el árbol es un signo de encuentro del hombre con la divinidad.

Los primeros documentos que nos hablan de la costumbre de colocar en Navidad árboles de abeto o de pino en las casas son del siglo XVII y menciona a la región de Alsacia, tierra que comprende Alemania y Francia, de allí que en esta región lo festejan con un gran espíritu.

En la Biblia, el árbol aparece como un símbolo de la vida. Las luces representan la luz de Cristo en la vida y la estrella que en algunas ocasiones se coloca en la punta, simboliza a la estrella de Belén que anuncia la redención a la humanidad.

Pero más allá de las creencias religiosas, se suele hablar de un espíritu navideño, que implica nacimiento, apertura, en definitiva celebrar la vida, brindar por nuestros afectos, porque tenemos una familia, amigos, seres queridos, salud, un trabajo… y tantas cosas que en esta época del año solemos recordar al hacer esa pausa durante el 24 y 25 de diciembre donde levantamos nuestras copas y brindamos.

Es una época en la que la sensibilidad aflora, porque si bien para muchos tiene el carácter religioso del nacimiento de Cristo, para otros es un día de la familia, día de amigos, asociado al conocimiento interno, espiritual emocional, de allí que la nostalgia, la alegría, el perdón y la fraternidad afloren. Y la nostalgia, que es el sentimiento de añorar aquello que ya no volverá, se hace presente, y es así que es un momento propicio para recordar aquellos seres que hoy no nos acompañan físicamente, pero espiritualmente nos nutren y acompañan día a día.

Actualmente, la influencia mediática comercial ha incorporado figuras como la de Papá Noel, sus renos y el trineo, entonces la celebración se ha convertido en una mixtura en la que proliferan regalos, copiosas comidas y un excesivo consumo. Es una época en las que los comercios se preparan para un gran despliegue. Aquí comienza otra disyuntiva importante que nos lleva a cuestionar: ¿Cómo es posible festejar, gastar, cuando tantos carecen de todo? Es verdad, no nos debemos olvidar de ellos, ahora ni nunca. Sin embargo, es un momento indicado para recordar que mucha gente necesita de nuestra solidaridad, cariño y afecto

Más allá de las creencias religiosas y la mediatización infernal que se despliega alrededor de esta fiesta, la Navidad congrega a familiares y amigos, con un espíritu conciliador, en paz y armonía, que no se debe perder de vista, y que es importante rescatar.

Y este 2020 ha sido muy especial, quizás mucha gente no tenga demasiado ánimo de celebrar, aunque el agradecimiento es algo que nos engrandece y anima a continuar, y nos conduce en ese espíritu de la Navidad. Celebremos la vida, agradecidos por el milagro del amor, y brindemos por los que están, los que vendrán y los que están en nuestro corazón

Es tiempo de renacer, de buscar lo mejor de cada uno y ponerlo sobre la mesa, de modo de compartir todo lo que tenemos para dar y recibir. Salud y muy feliz Navidad para todos.

Andrea Calvete

lunes, 21 de diciembre de 2020

EL CAMINO DEL AGUA

Es tiempo de caminar por el agua, de sentir su frescura, su energía vital, somos con ella y vivimos por ella. Como elemento esencial de vida, cotiza en la bolsa de Wall Street, ¡qué gran paradoja!, lo que llegamos a ver, cada día no dejamos de sorprendernos con esa competencia desmedida por poseer más y más, en el que un elemento esencial, un derecho de vida se ha convertido en un bien de mercado. Pero ha llegado la Era de Acuario, y cambiarán los parámetros de vida y poco quedará si no estamos dispuestos a parar y a oír, a interpretar lo que está pasando.

En sus distintas formas de manifestarse, el agua suele ser milagrosa, tiene el poder de saciar nuestra sed, de refrescar nuestro cuerpo y estabilizar nuestra energía. Es un símbolo de vida, capaz de purificar y sanar a quien esté dispuesto a dejarse salpicar por unas gotas o pretenda sumergirse en ella.

Diciembre finaliza con un gran evento astrológico, en el que se conjugan Júpiter y Saturno para dar comienzo a la Era de Acuario, una era en la que se producirán cambios y tenemos que abrirnos a ellos.

El planeta regente de la energía de Acuario es Urano y fue descubierto en el año 1781. Así seres creativos y muy sensibles percibieron su energía, tal como el caso de Mozart en 1756 y de Francis Bacon en 1561. Si corremos a través de la historia la energía de Acuario se vio manifestada en el despliegue de la Revolución Industrial, a partir de 1750, y muy especialmente en La Revolución Francesa (1789) con sus ideales acuarianos de libertad, fraternidad e igualdad.

La Era de Acuario nos invitará a ver más allá de la dualidad, las polaridades para concentrarnos en lo colectivo, grupal, para gestionar las diferencias desde singularidades que nos caracterizan y distinguen. Es tiempo de sentirnos parte de nuestra humanidad, protagonistas y partícipes de los cambios, responsables y seguros, confiados y pacientes, serenos y ecuánimes, y sobre todo vivir en clave de nosotros. Esta nueva era nos pone por delante un trabajo mancomunado, sin pausas, con esfuerzo constante y dinámico. El agua el bien más preciado ya escasea en el mundo, y deberemos cuidarlo porque lo que nos espera con su escasez no es nada alentador.

Es tiempo de caminar por el agua, de sentir su frescura, su energía vital, somos con ella y vivimos por ella. Y si los remonto a sus orígenes, todos hemos navegado en el vientre maternos entre 8 y 9 meses sintiéndonos sumamente confortables.

Los cambios ya han comenzado, está en cada uno de nosotros enfrentarlos mirando en colectivo o en forma individual, de ello dependerá si sentimos el poder del agua o simplemente la bebemos para sobrevivir. El camino del agua una ruta a descubrir.

En un tiempo lejano, un hombre vio que el agua de su pueblo comenzaba a desaparecer de los pozos que alimentaban la ciudad, entonces llegó la enfermedad, y las pasiones humanas se exacerbaron peleando por una gota de agua, hambre, desolación y miseria se hicieron presentes. Mientras todo este desastre ocurría, un pequeño niño observaba desde el jardín de su casa sin entender como en lugar de buscar una solución al problema, cada vez se enfrentaban más y más unos con otros.

El pequeño jugaba tranquilamente, en su cara no se había desdibujado la alegría. Su madre sorprendida le preguntó: - ¿Cómo puedes jugar tan contento viendo el problema que tenemos hijo mío?

El niño permaneció callado mirando a su madre unos segundos y con los ojos llenos de amor le dijo: -El problema no es el agua, ella está en los manantiales, en los ríos es cuestión de que la hagan llegar hasta aquí. Mientras el odio y la avaricia los invada, la aridez y la amargura permanecerán el pueblo.

Su madre no entendía como un niño tan pequeño había podido ver con tanta claridad el problema. Pasados unos minutos pensó- no en vano lo hemos llamado Ángel- y miró al cielo agradecida, sabía que en aquel mensaje había esperanza.

Andrea Calvete








jueves, 17 de diciembre de 2020

DEFENDER LA CULTURA


Defender la alegría como una trinchera como nos ha enseñado Mario Benedetti, va de la mano con defender la cultura, ese gigante intangible, que se lleva en el corazón y nos llena de oxígeno el alma. Parafraseando a Carlos Maggi, defender la cultura es apostar al “Producto Culto Interno”.

Un diciembre que transcurre diferente a cualquier otro, con sus pesares en la espalda, con sus piedras en el camino, y también con sus luces que iluminan. Cada día que pasa es un nuevo desafío en que la actitud que tengamos será determinante para lo que vendrá. Hoy en esa actitud defiendo la cultura.

Defiendo la cultura como medio de vida, como sostén de una sociedad, como el alimento del espíritu, que aliviana penas, y nos nutre para agudizar nuestra inteligencia y razón. Es el pilar sobre el que se sostiene el conocimiento, sobre la que se enriquece la tolerancia y se abre paso el diálogo.

Quizás producto de todo lo vivido, arrastremos un cansancio inusitado, un desánimo agobiante, entonces vale la pena tomarnos unos instantes y respirar profundo para agradecer todo lo que somos. Gracias a lo que hemos aprendido a través de cualquier manifestación cultural hoy somos el ser que nos distingue y caracteriza. Cada vez que nos alimentamos con una de una canción, un libro, una obra de teatro, un espectáculo musical, una obra pictórica, una vivencia, un programa cultural… entonces sentimos que crecemos y avanzamos.

Si observamos a lo largo de la historia quiénes han podido vivir de la cultura, podemos apreciar que, en la mayoría de los casos, los artistas han tomado relevancia después de muertos, recién entonces son reconocidos, y nos preguntamos ¿para qué?... Es hoy que tienen que vivir de su sustento.

Esta pandemia ha dejado a muchas personas sin trabajo, ha sido un año que nos desafía a reinventarnos constantemente. Dentro de los millones de personas en el mundo que han perdido sus trabajos, cabe destacar a actores, escritores, músicos, cantantes, pintores, poetas, comunicadores, artistas… que han visto su labor pausada o terminada. En esta pausa muchas familias han perdido su único medio de ingreso, a su vez, como esto es una gran cadena, el público para quien llega esta importante obra se ha cortado, y ha quedado fracturada esa veta cultural tan necesaria para respirar en medio de este año colmado de problemas.

Todo pasa y todo queda, el año pasa y nos queda el sabor de que la cultura es un valor prescindible, que se puede quitar o regatear a demanda. Sin embargo, el hecho de pausar la cultura trae aparejado consecuencias que tienen que ver con la riqueza interna del ser humano, con nutrirse de conocimiento, entretenimiento y distracción, tan necesarios como el aire que respiramos e imprescindible para nuestra salud emocional.

Y vamos haciendo camino al andar, y en ese camino la cultura seguirá siendo el oxígeno que nos alivie para entretenernos, nutrirnos, consolarnos y así continuar para dejar un mundo mejor a los que vendrán.

Si defendemos la cultura, defenderemos también la alegría, tan vital para que nuestro corazón lata más allá de los avatares y se levante aún cuando casi no tengamos pulso. Defender la cultura es apostar al “Producto Culto Interno”.

Andrea Calvete



 

martes, 15 de diciembre de 2020

ECLIPSE SOLAR


De magia se ha vestido el cielo, las mareas se han alterado, la naturaleza ha percibido diferentes cambios, mientras cada uno de nosotros sin darnos cuenta también hemos sido testigos de un infinito manto de posibilidades bajo el eclipse solar. 

Hoy la luna ha decido interponerse entre el sol y la tierra. Se ha producido un eclipse solar, el último fenómeno astrológico de este año 2020. Una energía inusual ha sobrevolado, el cielo con un color indescriptible junto al aire fresco y sereno se han esparcido a nuestro alrededor.

Este eclipse ha llegado para que los escritores floten entre palabras cubiertas de magia, los artistas esculpan y pinten eclipsados por su encanto, los músicos se inspiren nutridos por su energía, los enamorados suspiran bajo su influjo y los ilusionados se bañen de este momento de fortuna. De alguna manera ha llegado para darnos ese empujoncito tan necesario para continuar.

Todos iluminados por el eclipse solar podremos volar hasta donde nuestras mentes estén dispuestas a llegar, inspirados por la creatividad y bañados de entusiasmo, hemos sido testigos de un bello acontecimiento lleno de mística. Embriagados por su magia hemos dejado volar nuestros más profundos deseos, con la esperanza encendida en que se harán realidad o al menos estarán más cercanos.

De magia se ha vestido el cielo, las mareas se han alterado, la naturaleza ha percibido diferentes cambios, mientras cada uno de nosotros sin darnos cuenta también hemos sido testigos de un infinito manto de posibilidades bajo el eclipse solar.

Andrea Calvete

sábado, 12 de diciembre de 2020

DESDE OTRA PERSPECTIVA


Cambiar la perspectiva es estar dispuestos a mirar con nuevos ojos, a tomar nuevos caminos, a aprender de lo vivido, a levantarse con lo que quede y reinventarnos para así enfrentar las consecuencias de esta pandemia que nos tiene a mal traer, pero no estamos dispuestos a bajar los brazos. 


Desde comienzos de la humanidad la peste ha rondado periódicamente como un algoritmo difícil de descifrar. Su universalidad geográfica nos lleva a comienzos de nuestra cultura, sin embargo, el tiempo que nos ocupa es el aquí y ahora, en el que esperamos sobrevivir. No todos lo lograremos, pero quienes lo hagan quizás tengan la posibilidad de ver el mundo desde otra perspectiva.

La peste es intrínseca a la condición humana, nos conduce por el sendero del miedo y por los tiempos de catástrofe y desolación. En tiempos de la Peste Negra dijo un monje: “Escribo esto por si queda alguien de la raza de Adán para leerlo”, y continúo por su misma línea.

Las pestes se han propagado veloces, han dejado millones de muertos, han diezmado pueblos, ciudades, familias, han sacado lo mejor y lo peor de la raza humana. Un ejemplo es la Peste Negra, originada en China –igual que el Coronavirus– que recorrió la Ruta de la Seda y mató una tercera parte de la población total de Europa, es decir 25 millones de personas. La Gripe Española mató entre 1918 y 1920 a más de 50 millones de personas en todo el mundo. Se desconoce la cifra exacta de aquella pandemia considerada como una de las más devastadora de la historia. Un siglo después aún no se sabe cuál fue el origen de esta epidemia que no entendía de fronteras ni de clases sociales. En el verano de 1920 el virus desapareció tal y como había llegado.

Hace unos años atrás a propósito de Ébola, Bill Gates advirtió que el mundo no estaba preparado para luchar con mutaciones capaces de convertir un virus convencional en una cepa peligrosa, algo que se repite al aparecer una pandemia nueva. A toda esta preocupación agregamos el no dar la espalda a la contaminación planetaria, a la escasez de agua potable, de recursos naturales, los deshielos de los Polos… Pensemos con una mano en el corazón si no estamos dispuestos a hacer nada por cambiar el desastre en el que se ha convertido el mundo.

Algunos días muy cansados de ver las noticias, y los números desalentadores sentimos ganas de decir: “Paren el mundo que me quiero bajar”, pero como no es posible respiramos hondo y nos refugiamos en esos espacios en los que aún sentimos que nos queda un aliciente.

Positivo un término que debería traer aparejado una connotación de alegría, hoy por hoy síndrome de preocupación y seguimiento, para ver el número de contagios y propagación del Covid- 19. Por lo tanto. un término que debería levantarnos el espíritu hace todo lo contrario.

Cabe analizar, ¿qué sucederá?, posiblemente la gran mayoría se vuelva inmune y el mundo continuará andando y pasado un tiempo quedará todo en una nebulosa. Y el mundo seguirá girando con mayores problemas, pero no se detendrá. Sin embargo, valdría rescatar las acciones heroicas del personal que trabaja en el ámbito de la salud, de la investigación, de todos los seres que en el anonimato han aportado desde su accionar moral y espiritual, en lo que será seguramente un cambio para generaciones futuras, y con ellas también se modificará el panorama político y económico, quizás nos enfrentemos a sistemas nuevos, a los que deberemos poner pienso, esfuerzo y trabajo.

Cambiar la perspectiva es estar dispuestos a mirar con nuevos ojos, a tomar nuevos caminos, a aprender de lo vivido, a levantarse con lo que quede y reinventarnos para así enfrentar las consecuencias de esta pandemia que nos tiene a mal traer, pero no estamos dispuestos a bajar los brazos. Por eso más que nunca a trabajar en forma mancomunada. 

Andrea Calvete





lunes, 7 de diciembre de 2020

DESGASTE EMOCIONAL


El desgaste emocional es poco tangible, se desarrolla silente día a día hace su trabajo sin que nos demos cuenta. Y comenzamos a dormir mal, a contracturarnos, a sentir el pecho oprimido y un cansancio en el cuerpo en el que parece que la cama es lugar más confortable. Así sin demasiados reparos, la angustia, el pesimismo, el desgano y la depresión se van colando en nuestro ser producto de ese desgaste discreto que se anuncia por pequeñas dosis letales.

Cuando las pocas fuerzas nos acompañan, el desánimo nos guía y el desaliento palmea la espalda, los horizontes comienzan a cerrarse, el aire escasea, y las emociones laten a ritmo lastimoso, de manera que todo nos cuesta un enorme esfuerzo, y los resultados apenas pueden percibirse en esa falta de luz y confusión.

El desgaste de cualquier tipo se produce en el momento que algo comienza a deteriorarse, a perder el funcionamiento adecuado, el ritmo, y se puede dar por múltiples factores, entre ellos el paso del tiempo y sus consecuencias, pero ante todo el no poder mantener en forma ese mecanismo que empieza a percibir fallas.

Nuestro cuerpo sufre diferentes desgastes, y así comenzamos a suplir algunas actividades, emparchamos por aquí y por allá hasta que todo funciona correctamente, o mejor. Sin embargo, uno de los desgastes más crueles y que nos cobra factura en todo el organismo es el desgaste emocional.

Generalmente, el desgaste emocional es el causante de tantas dolencias y enfermedades en nuestro cuerpo, pero como es invisible y sigiloso no lo percibimos hasta que hace estragos. Este 2020 se ha presentado ante nosotros encantado porque ha visto el terreno fértil en dónde trabajar: incertidumbre, enfermedad, tristeza, desencanto, falta de trabajo, crisis económica, y ante todo pocas esperanzas. Como dice un viejo dicho: “está en su salsa”, y allí se mueve como “Perico por su casa”.

Algunos más desgastados y otros menos, podemos haber sido víctimas del desgaste emocional, por eso estemos atentos cuando ande por la vuelta para servir de apoyo a quien se le acerque.

Quizás preocupados y ocupados por lo que ha sido este 2020, no hemos advertido su presencia, y nos hemos ocupado en situaciones que no podemos solucionar, que nos desgastan y quitan la energía, en lugar de cargar nuestro ser para poder continuar con lo mejor que hay en cada uno de nosotros, mientras el desgaste emocional “hace leña del árbol caído”.

Andrea Calvete 

sábado, 5 de diciembre de 2020

GENTE SIN TIEMPO


La gente sin tiempo ve pasar la vida como en una pantalla, se le escapa y la mayoría de las veces es el espectador de una película en la que sólo participa desde el sillón de su casa. Mientras tanto, las canas aparecen, las arrugas se marcan, y el reloj no se detiene, los hijos crecen los nietos también, los amigos se alejan y las posibilidades se entremezclan sin que seamos conscientes de que somos gente sin tiempo

“El que mucho abarca poco aprieta” dice un antiguo proverbio, sin embargo, una exigencia de nuestros días es hacer múltiples actividades en una suma infinita. Así pasamos a formar parte de esa gente sin tiempo. Y de este modo comienzan las postergaciones: dejamos para la próxima semana todo lo que no pudimos hacer ésta, y a la siguiente se suman una infinidad de actividades más, y se genera una gran bola de nieve que en algún momento termina por chocar y explotar. Al no poder cumplir con ese sinfín de actividades propuestas también se postergan los llamados, las visitas, aunque hoy por hoy lo presencial está bastante restringido, igualmente esta pandemia nos ha hecho ver que siempre tenemos qué hacer.

Cuando hablamos de gente sin tiempo es ineludible analizar por qué nos falta esta valiosa variable que es vital para nuestros días. En ese análisis entra ese tiempo “desperdiciado” en redes sociales como Facebook, Instagram, WhatsApp o Twitter… hay una aplicación que nos permite ver la hora de conexión en cada una de estas redes por día, por semana, y luego de verlo cabe cuestionarnos:¿Cuánto nos aportan, cuánto suman en nuestra labor diaria, cuánto sacrificamos de nuestro tiempo por ellas, qué desgaste emocional nos significan, cuántas de las personas con las que tenemos contacto son realmente significativas en nuestros días, conocemos directamente a estos individuos o son parte de un mundo virtual que nos tiene atrapados en su telaraña?

Con el uso de las redes sociales, entran a sumar los “detestables” me gusta, los números de seguidores, los comentarios que poco aportan o mejor dicho intentan ser destructivos, todos datos que muchas veces se alejan de la realidad y no son indicadores más que de un algoritmo despiadado y sin sentimientos, que lo único que busca es vender y que su negocio millonario siga en pie. Algunas personas se pelean, amargan, se enroscan en lo que va sucediendo en este mundo virtual, que en definitiva lo que le trae aparejado son más amarguras que alegrías. Asimismo, se mal gasta tiempo y energía en hablar sobre otras personas, se opina y se entra en un terreno fangoso en el que se toca de oído sin conocer realmente de lo que estamos hablando y se termina generando un gran ruido en la línea.

Y nos vamos quedando sin tiempo de reír, de disfrutar, de hacernos esa pausa para celebrar la vida, para maravillarnos de la naturaleza, o del cálido abrazo o la mirada sincera de quien realmente nos importa. Mientras tanto, el tiempo no se detiene, no nos espera a ver si somos participes o simplemente somos meros espectadores.

La gente sin tiempo ve pasar la vida como en una pantalla, se le escapa y la mayoría de las veces es el espectador de una película en la que sólo participa desde el sillón de su casa. Mientras tanto, las canas aparecen, las arrugas se marcan, y el reloj no se detiene, los hijos crecen los nietos también, los amigos se alejan y las posibilidades se entremezclan sin que seamos conscientes de que somos gente sin tiempo. 

Andrea Calvete

domingo, 29 de noviembre de 2020

MEMORIA Y RESPONSABILIDAD


Memoria y responsabilidad dos campanas que resuenan a lo largo de nuestra vida, nos acompañan y envuelven con su sonido en la medida que permitimos que armonicen nuestros días.

Es imposible dejar de recordar acontecimientos que estuvieron allí testigos de lo que fuimos y somos, por momentos se vinculan inconexos, confusos, y en otros tan nítidos que nos estremecemos. Esa memoria se ensambla con la construcción de este presente en el que nos movemos, en el que este año parece que nos ha sacudido duramente, nos ha hecho ver que por más que recordemos, si queremos seguir adelante sin tirar todo por la borda debemos poner ante todo la responsabilidad sobre la mesa.

La memoria nos sostiene en el tiempo, es el pilar de ese día a día sobre el que se erige nuestro ser y estar. Es la que nos acompaña mientras los recuerdos se suceden y nos nutren, riegan los pensamientos y airean la existencia. También es parte de nuestra cultura e idiosincrasia, de ese legado que han dejado las generaciones anteriores y de la que dejaremos nosotros.

La memoria tiene vinculación directa con la responsabilidad un término que parece anticuado, y por momentos en desuso, cuando vemos que a mucha gente poco le importa lo que pasa a su alrededor, continúa haciendo caso omiso como si la pandemia fuera algo inexistente, un cuento que vienen haciendo casi un año atrás sólo para enloquecernos. Mientras tantos, los números aumentan y los casos nos salpican de cerca, pero ellos siguen empecinados en que nada les va a pasar, y si les pasa no les importa…

La memoria repleta de estantes de recuerdos es la que nos conduce hasta este presente en el que transitamos a diario, es un importante vehículo que nos transporta en breves instantes a cualquier momento de nuestra vida. Al ser un vínculo tan importante en el tiempo también nos lleva a profundizar el presente, a ahondar en él, y a cuestionarnos sobre la realidad que vivimos, de que todos y cada uno de nosotros somos responsables.

La responsabilidad la incorporamos en los primeros años de vida, cuando nuestros padres nos enseñan esos primeros hábitos de comida, higiene personal, de educación, de convivencia, y los vamos ampliando cuando entramos al jardín de infantes y luego a la escuela. Es así como desde temprana edad los adquirimos. Ahora me pregunto: ¿Qué pasa cuando un adulto se olvida de todo, se olvida de su responsabilidad hacia su familia, en el trabajo, en los medios donde se mueve… es qué no tiene memoria, es que acaso no recuerda a sus abuelos, padres, o a esos seres que han sido referencia en su vida?

Ser responsable es pensar en los que estamos y en los que vendrán, en que Planeta estamos dejando, en qué vida les espera, es traer consigo conjugada la memoria, es mirar dónde estamos parados y proyectarnos unos años para adelante con una mano en el corazón. Y finalizo con una frase de José Saramago: “Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir” 

Andrea Calvete









sábado, 21 de noviembre de 2020

PRIVILEGIADOS


Hoy los invito a descubrir si somos privilegiados. Desde luego que en esta propuesta la alternativa económica para muchos será una de las primeras que pondrán sobre la mesa. Sin embargo, si bien tener las necesidades básicas satisfechas es un derecho humano, partiremos desde esa base como premisa.

Somos llamados al privilegio de la vida desde el momento que un óvulo y espermatozoide deciden unirse, a partir de ese momento un vientre materno nos posibilita que continuemos en el camino, y todas nuestras células comienzan una carrera acelerada por seguir.

El sentirse privilegiados es algo que aprendemos desde pequeños con el ejemplo de nuestros padres, quienes nos enseñan a pensar y decidir. Así nos embarcamos en el camino de la libertad, una senda que nos posibilita ser dueños de nuestras acciones, decisiones, y también trae aparejada responsabilidad y compromiso. Sentimos entonces el privilegio de tomar nuestras decisiones, y aún en el desacierto nos alegramos porque aprendemos de nuestros propios errores y salimos fortalecidos.

El privilegio de un nuevo día no es nada menor, lástima que ocupados en lo que vendrá y en lo que ha sido, la mayoría de las veces no disfrutamos de este aquí y ahora, en el que tenemos la posibilidad de ser y estar, de transcurrir y fluir.

Somos privilegiados de percibir por medio de todos nuestros sentidos, de vibrar a través del pulso de la naturaleza que nos maravilla con cada manifestación cotidiana. Y uno no deja de asombrarse al mirar un cielo estrellado, o desbordante de nubes esponjas o uno diáfano en el que sol brilla con profundidad.

El privilegio de confiar aún cuando estamos entrados en años, creo que es algo para rescatar. Porque lamentablemente cuando transcurre la vida, las decepciones, desencantos, engaños, traiciones, y todo lo negativo que puede obstaculizar el tránsito suele cobrarnos factura. Sin embargo, quien está dispuesto a continuar en armonía intenta que estas piedras sean tan sólo diferentes obstáculos que sortear y continúa optimista en que un paso más adelante la confianza se vislumbre.

Pertenecer a un grupo es parte de la esencia misma del ser humano, y así diferentes agrupaciones son las que nos dan ese sentido de pertenencia a un país, a un departamento, a un grupo, a la familia, a los amigos, a los compañeros de tal o cual lugar, porque somos seres sociables, por lo que pertenecer nos hace sentir parte de, necesarios, aceptados, respetados y queridos. Por lo tanto, otro privilegio más que ponemos en nuestro haber.

Y aunque la pertenencia es algo que nos da bienestar y seguridad, el soltar lo innecesario, y andar con el menor equipaje posible a larga nos da oportunidad de sentir el desapego como un gran privilegio, en el que las ataduras se deshacen y las expectativas cambian, mientras lo deseos fluyen sin atarse a nada más que ser fiel asimismo.

Afortunadamente el devenir del tiempo nos ha enseñado que todo cambia, que nada es constante, ni permanente, es así que somos privilegiados porque tenemos día a día la posibilidad de cambiar, de crecer, aprender y avanzar.

Ser privilegiados es permitirnos desde el silencio ingresar a la dimensión que estemos dispuestos a transitar, para así en paz y armonía estar agradecidos por la infinidad de posibilidades al alcance de cada uno de nosotros. La gratitud es un sentimiento que nos llena de amor, bondad y alegría, nos permite preocuparnos menos y disfrutar más.

Andrea Calvete



sábado, 14 de noviembre de 2020

RESPLANDOR ÁUREO


Un resplandor áureo cubre a la noche, el aire perfumado de primavera invita a revivir, a encontrar motivos, y dejar flotar las esperanzas. Una inmensa paz baña de rocío a las plantas. Susurran las flores húmedas una melodía suave, iluminadas por una luna azul contagian su encanto.

Es noche de confesiones, las estrellas hablan con la luna, los pájaros dormidos celebran sus vuelos, los capullos trasmiten su energía a las flores que ya están por cerrar, el mar con su murmullo abriga a las olas somnolientas y así se establece un diálogo cordial en el que todo fluye y encuentra su espacio.

Una nube blanca y esponjosa brilla en el cielo mientras amortigua los deseos de este diálogo armónico y fructífero. Han hecho un pacto, con él buscarán que mañana el mismo resplandor áureo permanezca en el día e ilumine a todos los seres del planeta Tierra, si lo logran tendrán que trabajar nuevamente, para que la llama no se apague nunca.

Un resplandor áureo cubre a la noche, el aire perfumado de primavera invita a revivir, a encontrar motivos, y dejar flotar las esperanzas. Una inmensa paz baña de rocío a las plantas. Susurran las flores húmedas una melodía suave, iluminadas por una luna azul contagian su encanto. 

Andrea Calvete 

CON LA CABEZA EN ALTO


El 2020 nos ha dado un fuerte sacudón, nos ha hecho cuestionar, pensar, reflexionar, y sobre todo sacar a luz lo mejor y peor de cada uno. Cuando las dificultades se asoman todos reaccionamos de diferente manera, sin embargo, esta reacción será la que nos marcará el camino.

Decido a abandonar el barco y cansado de remar, el navegante ha bajado las velas, está a punto de reinventarse, pero aún no ha dado ese primer paso.  

Los pesimistas ya no encuentran motivos, o razones para continuar, porque la Apocalipsis ha llegado, mientras los optimistas dicen: “El mundo siempre ha tenido crisis y las hemos superado, no es hora de bajar los brazos”

Sentados tomando mate en el balcón están los que dejan para mañana lo que pueden hacer hoy, porque nunca tienen apuro, entonces esperan con calma a que las cosas se empeoren para tomar cartas en el asunto.

Con un dedo señalando persisten los que acusan y critican todo lo que se hace, mientras los otros dos dedos los señalan a ellos, pero muy ocupados en la crítica no lo advierten.

Los que se paralizan ante los desastres se sientan en el sillón más cómodo de la casa, y no atinan más que a ver el noticiero, entonces día a día las contracturas se hacen fuerte en sus espaldas.

Los trabajadores entienden que el salario ya no alcanza, temen que a la mínima de cambio  puedan ser despedidos, y no ven cómo llegar a fin de mes. Como malabaristas intentan que no falte nada a la hora de sentarse a la mesa, pero hay días en los que no quieren preocupar a la familia y dicen que se han puesto en una dieta diferente para llegar mejor al verano.

Los que han quedado sin empleo, desesperados miran el almanaque porque se acerca el día en el que finaliza el seguro de paro, y al buscar trabajo no encuentran nada. La desesperación nunca ha sido un buen hilo conductor, pero ella está presente y presiona a los que ya no les queda demasiada fuerza.

Los descreídos dicen que el Covid es una invención de los gobiernos, que detrás de todo hay una inmensa manipulación para hacernos hacer lo que desean, entonces caminan por la calle sin tapabocas en símbolo de rebeldía. Es así que el enojo pone en peligro a un gran número de personas.

Los que han enfermado sienten que su cuerpo ya no puede más, que sus fuerzas los han abandonado, aunque se han dado cuenta que siguen batallando día a día, porque la vida es muy bella a pesar de todo como para darse por vencidos.

Sin embargo, no faltará quien de todo lo dicho haya experimentado algo, y más allá de las piedras y obstáculos camina, con altibajos por su puesto, pero decido a no darse por vencido y a continuar porque a pesar de todo confía en él y en sus seres queridos, en sus semejantes, y embarcado con fuerza va a dar pelea a este 2020 porque de él se ha de bajar con la cabeza en alto.

Andrea Calvete

sábado, 7 de noviembre de 2020

EN BUENA COMPAÑÍA


Estar en buena compañía es una decisión propia, que redunda en el beneficio de permanecer con quien realmente creemos nos brindará un rato agradable. No siempre es posible optar, en ese correr diario se incorporan situaciones que no son las que elegimos, pero contrarrestamos dando cabida a lo que sí decidimos que sea parte de nuestro día.

Así un buen libro por ejemplo nos lleva a pasar horas que nos permiten viajar, descubrir y conocer, entender, sentir, soñar… Del mismo modo una película, una serie, nos conducen por el mismo camino. Sin embargo, también a esta buena compañía podemos incorporar tareas que son parte de actividades creativas, como puede ser la pintura, la escritura, la cocina, la decoración, la jardinería, el canto, la música, el baile, el deporte, y un sinfín de actividades que nos llevan a vibrar en nuestra mejor sintonía. Porque de eso se trata de sentirnos plenos y felices al menos por unos momentos, estos momentos son primordiales para armonizarnos y encontrar paz en el diario vivir, así como recreación y oxígeno.

Estar en buena compañía también puede ser encontrarnos con alguna persona que nos permita un dialogo inteligente, ameno, que nos haga reír, y disfrutar de ese encuentro. Asimismo, aquí entran esos afectos que son tan necesarios para sentirnos queridos y respetados, necesarios y útiles.

Cuando hablamos de buena compañía no podemos dejar de lado a las mascotas, tan fieles y compañeras, tan desinteresadas y atentas, para algunas personas su contacto más cercano y feliz con el mundo que las rodea.

Estar solos no significa no tener compañía, por el contrario, podemos elegir estar muy bien acompañados realizando una infinidad de tareas, en la que sólo es necesario elegir la adecuada de acuerdo con nuestros gustos, intereses y deseos, para estar así en grata compañía.
Andrea Calvete

 

AMANECE


Amanece en paz, el murmullo lento envuelve a la mañana que espera. En la copa de los árboles el sol se cuela con su belleza pura y brillante, mientras el trinar perfumado de los pájaros es la suave melodía que acuna al inicio del día.

¡Cuánta paz en la naturaleza, cuánto misterio escondido! Es como si el aire nos hablase e invitara a perdernos en un momento perfecto. Me pierdo, ¿por qué no?, en el disfrute tranquilo de este momento de paz, soy con él, me interno en las notas silvestres de la vida, en los aromas primaverales que seducen con su encanto irresistible.

Hago una pausa, me cebo un mate, lo saboreo, me acompaña con ese amargo suave. No me pide nada a cambio, solo que absorba su combinación perfecta y lo mantenga unos instantes en mi paladar para después integrarlo a mi ser con gratitud. En paz se agradece, se disfruta de lo más simple y hermoso que puede ser un amanecer.

Amanece en paz, el murmullo lento envuelve a la mañana que espera. En la copa de los árboles el sol se cuela con su belleza pura y brillante, mientras el trinar perfumado de los pájaros es la suave melodía que acuna un nuevo día, sonriente con las pupilas brillantes y el semblante sereno. La brisa augura una bella jornada.

Andrea Calvete

domingo, 1 de noviembre de 2020

SIMPLE


La simpleza no tiene aristas que lastimen, es redondeada y busca acurrucar en su redondez a quien necesite cobijo, mientras resbala lo innecesario para dejar lugar a lo esencial.

¿Cómo definir algo simple?, ¿cómo explicar lo que sencillez nos llena de satisfacción? Lo sofisticado sería un vocablo opuesto y sobrecargado que a lo simple no le hace falta.

Simple es el beso que se da desde lo más sentido, mientras se entrecierran los ojos colmados de amor. O el brillo de una mirada que se emociona cuando algo le conmueve. 

Lo simple no tiene vueltas, ni recovecos, parece ser traslúcido y genuino. Se puede palpar con suavidad, o percibir su perfume fresco y jovial. Sabe a hierbas y huele a mar. Tiene la delicadeza entre sus manos. 

Con el correr de los años lo simple suele ser lo que uno lleva adentro, no importa donde vaya o dónde esté, sencillamente acompaña a quien decide transitar en armonía su camino.

Las notas musicales tan simples y sencillas se combinan para hacer una sinfonía, sin embargo, cada una y por su parte llega a ser el sostén de los acordes de la vida.

Los amaneceres majestuosos se paran simples ante el nuevo día, entonces comienzan a trinar los pájaros y las horas se despiertan somnolientas, mientras las esperanzas se dibujan con el primer rayo de sol.

Simple el abrazo se despedida que llega muy hondo y lo guardamos como un gran trofeo en el corazón, al igual que todo lo que lo que nos han enseñado con humildad y amor para perfumar nuestra existencia.

La simpleza no tiene aristas que lastimen, es redondeada y busca acurrucar en su redondez a quien necesite cobijo, mientras resbala lo innecesario para dejar lugar a lo esencial. 

Andrea Calvete

LA CULPA BUSCA SIEMPRE UN CULPABLE


La culpa se cuela en los sueños, en las noches de insomnio, en las lunas brillantes, en las gotas de lluvia, en los relámpagos que iluminan el cielo en plena tormenta. En busca de un responsable camina tranquila porque sabe que encontrará a alguien a quien hostigar y culpabilizar.

En el muro lindero de la culpa crecen los reclamos, los cuestionamientos, las equivocaciones y los lamentos. Quien se acerca no tiene nada claro y vacila para poder encontrar un minuto de paz.

Con el mate en mano la culpa busca aliados, y agrega a la ronda a todo aquel que con buena voluntad intenta explicarse tantas cosas. Pero ella, tiene el don de señalar con el dedo y no deja espacio más que para el peso en los hombros y el profundo dolor en el corazón.

Busca víctimas y victimarios, enseña desde pequeños a buscar alguien a quien culpar, a quien echar en cara lo que en realidad es nuestra propia decisión.

Uno se pregunta tantas veces: “¿Por qué, cómo, cuándo, para qué, dónde?” y entonces ante la falta de respuesta inmediata surgen “esos culpables” que parecen ser los responsables de esas cuestiones que nos inquietan y acompañan.

Desde tiempos inmemoriales se ha buscado un culpable, alguien para guillotinar, para hacer pagar, porque es más fácil buscar “la paja en el ojo ajeno”. Por otra parte, es necesario satisfacer el deseo de venganza.

La culpa es del otro, pocas veces mía, y si bien hay culpables de muchas situaciones, pasada la mayoría de edad es hora de hacerse cargo de lo que nos corresponde a cada uno, dejemos de deslindar responsabilidades.

La venganza es un sentimiento rastrero, oscuro, que envilece al que la práctica, agria el corazón y todo sentimiento noble que pueda habitar en una persona, entonces de ¿qué vale al que la satisface?

La culpa es de:

La culpa es de esta sociedad de consumo que nos lleva a desquiciar, pero pregunto ¿quién se lo permite, quién compra todo lo que le venden, quién cree todo lo que anuncian las publicidades?, ¿quién está dispuesto a comprar el último modelo de celular o computadora?

La culpa es de ella que no atendió bien a su marido, por eso él le fue infiel… ¿No habrá algún capítulo que se nos ha omitido? Además ¿qué significa atender bien, de qué estamos hablando?

La culpa es de él que la descuidó y la dejó muy sola, ella precisaba alguien que la contuviera la quisiera, la amara… las culpas son compartidas, ¿nos preguntamos acaso por qué la dejó sola?

La culpa es de los padres… pero no toda la vida, llega un momento que como adultos debemos asumir errores y responsabilidades.

La culpa es de ella porque viste provocativa, porque se pinta mucho… basta, cada cual se viste y anda como quiere, no busquemos justificaciones a lo que no lo tiene.

La culpa es de ella o de él por ser homosexual… por favor inaceptable, no se pueden escuchar expresiones de este tipo, cada cual es libre de decidir su sexualidad.
La culpa de la violencia es de la sociedad en la que vivimos… pero pregunto:¿No vivimos en ella, no formamos parte de su costumbres, de su forma de comunicar, de enseñar, de formar una familia…? ¿De quién es la culpa? 

Es muy sencillo juzgar las situaciones desde afuera, y buscar culpables, chivos expiatorios, de esta manera encontramos una solución para cada culpa, para cada sentimiento que nos inmoviliza y destruye, que posiblemente tuvo sus orígenes en algún rincón olvidado.

La culpa es un sentimiento arraigado desde los comienzos de la humanidad, exacerbado por algunas religiones en determinados momentos de la historia, y otras veces por la propia persona que no deja de cuestionarse y quiere encontrar respuestas, la forma de hacerlo hallando culpables. Eso le da tranquilidad y sosiego.

Al tirar piedras a otros, lapidar a alguien aparece un sosiego momentáneo, así es de controversial el ser humano. Pero, cuando la culpa pica no alcanza con encontrar culpables, es necesario buscar bien hondo para ver ¿por qué se ha instaurado allí ese sentimiento?

La culpa se cuela en los sueños, en las noches de insomnio, en las lunas brillantes, en las gotas de lluvia, en los relámpagos que iluminan el cielo en plena tormenta. En busca de un responsable camina tranquila porque sabe que encontrará a alguien a quien hostigar y culpabilizar, y así continúa porque siempre encuentra un culpable. 

Andrea Calvete

sábado, 24 de octubre de 2020

EL TIEMPO QUE NOS QUEDA


En una suerte de orfandad buscamos ser parte del tiempo que nos queda. Los minutos no se detienen, continuamos en esa lucha por liberarnos del pasado y proyectarnos hacia el futuro, mientras el presente se nos escapa fugaz. Gestionar esos instantes en los que podemos sentirnos plenos es toda una odisea. Mientras tanto, los minutos transcurren espiralados y nos llevarán mucho más allá de lo que somos capaces de imaginar.

El tiempo no nos discrimina, nos da cabida todos por igual y acompasa nuestro accionar. Sin embargo, por momentos les cerramos puertas y ventanas, porque enmarañados con un sinfín de tareas dejamos de percibir su dimensión real.

Ser parte del tiempo que nos queda es abrirnos a disfrutar, a sentir, a aprovechar, a buscar soluciones, a quejarnos menos y hacer más, para así desdoblarnos en el tiempo y ser parte de él.

¿Cómo nos desdoblamos en el tiempo? Una pregunta que cada cual se la contestará a su manera, y se desdoblará en un paisaje, en un cielo, en un sonido, en un color, en un gusto, o una textura. Así a través de un libro, una sinfonía, una obra de arte, somos capaces de vibrar en otra sintonía en donde el tiempo adquiere un brillo especial, en el que la armonía nos sonríe.

El tiempo una dimensión que puede ser una eterna agonía o el lugar más sublime. Y aunque generalmente somos en ese tiempo de acuerdo con lo que nos sucede, no somos conscientes que en eso que nos pasa está el cómo gestionamos nuestros pensamientos, en cómo nos disponemos a participar de esos minutos. Porque ineludiblemente somos lo que pensamos, por lo tanto, si estamos dispuestos a rodearnos de lo mejor que habita en cada uno de nosotros, comulgaremos entonces con la mejor vibración de este aquí y ahora al que estamos todos invitados a participar y a disfrutar.

En una suerte de orfandad buscamos ser parte del tiempo que nos queda. Los minutos no se detienen, más cuando comenzamos a soltar las ataduras comprendemos que este y aquí puede llegar a ser un hermoso lugar al que se nos abren las puertas constantemente, pero debemos estar dispuestos a entrar sin preconceptos, con la mente abierta a gestionar cada instante de la mejor manera. Los minutos transcurren espiralados y nos llevarán muchas allá de lo que somos capaces de imaginar.

Andrea Calvete

LA NEBLINA


Trafican los minutos cargados de la emoción de vibrar ese instante perfecto en el que la ola rompe calma en la orilla. La neblina con su magia y encanto envuelve entre su regazo al misterio de la vida.

Las esperanzas y los sueños se esfuman en el manto húmedo que ha bajado para fundir el mar con el horizonte. La neblina espesa hace que todo se torne confuso. El misterio como parte de su encanto dibuja una atmosfera enigmática y poco predecible.

La falta perspectiva a esta altura ya se ha convertido en parte del entorno, para dar al aquí y ahora un significado justo y perfecto. Es en esta distancia cercana en la que se mueve el día y todos los que nos atrevemos a disfrutarlo.

Trafican las habladurías, el qué dirán… un murmullo molesto parece confundirse entre la neblina. A ella no le importa, como por arte de magia los quita del camino, mientras las gaviotas trinan serenas y se reflejan en la orilla trasparente.

Los quizás se desnudan con audacia, y los espectros del pasado se aproximan, entonces la neblina se hace más intensa y el poco sol que se vislumbra agoniza, mientras ella perfuma con su alquimia todas las dudas y temores.

Trafican los minutos cargados de la emoción de vibrar ese instante perfecto en el que la ola rompe calma en la orilla. La neblina con su magia y encanto envuelve entre su regazo al misterio de la vida.

Andrea Calvete

 

lunes, 19 de octubre de 2020

FRENTE AL MAR


Frente al mar se desnudan los recuerdos mientras las olas rompen en paz y en furia, en ruido y en silencio. El vaivén ondulante de sus movimientos remueve las imágenes olvidadas, transforman el sol en un reflejo mágico. Dorados amaneceres se mezclan con mediodías cálidos, los atardeceres no tarden en llegar esperanzados en un cielo de luna llena y estrellado.

Callados los recuerdos se pasean descalzos, se mojan los pies en la orilla, mientras los deseos revolotean al viento para unirse con la próxima ola. Los enojos se alivianan con la brisa del mar, y las preguntas parecen encontrar una respuesta en el trinar de una gaviota. El yodo del aire abre paso a la esperanza que se dibuja tímida.

Frente al mar se sinceran las emociones, llegan a hablar sin reparos. Como un verdadero confesor guarda antiguos secretos, algunos enterrados en las profundidades descansan y otros deambulan en busca de ser perpetrados. Como una suerte de espejo, escucha y refleja esa esa imagen oculta a los ojos miopes.

Los azules, verdes y turquesas se toman de la mano mientras el blanco de las olas dibuja con encanto sus movimientos geométricos pero descontracturados. En una suerte enigmática quedan extasiados las dudas que se diluyen tranquilas mientras la paz aparece reflejada en esa bella melodía que se ejecuta con la ruptura de cada ola.

La magnificencia del mar abre sus puertas para sentir esa conexión única e incomparable, en la que los sentidos son capaces de vibrar al ritmo de su encanto y belleza, donde la magia de la vida palpita en cada instante.

Frente al mar, los posibles se avizoran y las cenizas del pasado se diluyen, mientras el devenir clama. Las nubes se entremezclan y acompañan su movimiento constante, su fluir permanente abre el vuelo para que en este preciso instante dejemos ser todo lo que hay en nosotros y aún no ha salido a flote.

Andrea Calvete

sábado, 10 de octubre de 2020

GOLONDRINAS


En la lejanía veloces vuelan azules y primaverales las golondrinas. Un viento extraño y poderoso se adueña de su vuelo triangular. Les guía la más añeja, con el pecho erguido forma el ángulo que lleva la delantera, viran con suavidad al ritmo de su capitana. Nadie se atreve a desafiar la forma geométrica que queda dibujada como por arte de magia en el cielo. Su grito melancólico y centinela las hace retroceder y virar en otra dirección.

Vuelan armónicas, parecen haber aprendido a volar en forma justa y perfecta, todas y cada una de ellas ocupan su lugar y se complementan en el vuelo con sus compañeras. Es una maravilla observarlas, las pupilas quedan perplejas y admiradas por su magnífico movimiento geométrico y perfecto. El mar las observa embelesado y se esfuerza por reflejarlas. Con júbilo renaciente realza su gracia del brillo de sus plumas negras.

Anuncian la primavera y el próximo verano, dos estaciones en las que la vida sonríe, y deja volar las ilusiones y la esperanza. Sin embargo, hoy es un día primaveral pero fresco, trae los resabios del largo invierno que no se quiere despedir. Friolentas las golondrinas se cobijan una tras otra mientras las más pequeñas quedan protegidas en el centro del triángulo.

Hoy han traído hasta aquí la verdadera esperanza que vuela con alas de golondrina, veloz, pero con el encanto de dejar el alma cubierta de un halo mágico, primaveral y fresco. Se marchan y dejan en el aire la llama viva de la ilusión que se pierde cuando el mar toca el horizonte.

Andrea Calvete

lunes, 5 de octubre de 2020

SIEMPRE HABRÁ POESÍA


Somos motivo e inspiración, necesidad y llama, luz y encuentro, así nos movemos de un lado a otro, por momentos como poetas, y otras como inspiración de ese poema que se escribe día a día.

La poesía concebida como parte de la vida misma, en su exquisita existencia se remonta a la noche de los tiempos.

El poeta con su pluma en mano busca la rima perfecta, el ritmo continuo para que su poesía sea música para quien la lee, inspiración a quien lo escucha e ilusión para quien descubre en esas líneas el misterio oculto.

No siempre es posible ser los ejecutores de ese poema en el que los vocablos toman vida, y los sentimientos se descalzan como si entraran a un templo. Otras veces inspiramos al poeta para que se salga a la luz el arte escondido en la maravilla de la vida. Que más da si lo escribimos o lo inspiramos, porque como supo decir Béquer “que podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”.

Andrea Calvete

sábado, 26 de septiembre de 2020

LA ALQUIMIA DE LA LLUVIA

Las gotas salpican las horas y las envuelve en un devenir húmedo y apacible. El quieto decir de la lluvia me habla, entra en lo más profundo de mi ser, acaricia mis recuerdos, esculpe una imagen que parecía olvidada. Es un día perfecto para transitar los estantes del aplomo, en donde reposa lo que con tanto esfuerzo hemos aprendido.

Armoniosa, la lluvia moldea la melodía de los pensamientos, me acerco a ellos desde un ángulo diferente, porque de eso se trata cambiar la perspectiva, es corrernos unos milímetros del lugar habitual para poder observar con la mente y el corazón abiertos.

Un gran velo se corre en la medida que el manto de agua bendice lo que toca. Sólo hace falta estar dispuestos a que el milagro se produzca, sin este requisito no habrá cambio posible. Respiro profundo y me dispongo a dejarme seducir por su alquímico encanto, y entonces vuelo hacia un después que se aproxima y se funde en este aquí y ahora.

En este presente se desliza el día majestuoso, privilegiado por un acto cotidiano y sencillo, magnifico y encantador, en el que nos sorprende la lluvia cuando decide caer como por arte de magia y deslizarse por nuestra ventana.

El quieto decir de la lluvia me habla, entra en lo más profundo de mi ser, acaricia mis recuerdos, esculpe una imagen que parecía olvidada. Es un día perfecto para transitar los estantes del aplomo, en donde reposa lo que con tanto esfuerzo hemos aprendido.

Andrea Calvete

 

 

viernes, 25 de septiembre de 2020

LEYENDA DEL ANGEL DEL SILENCIO

Aquella mañana tibia de primavera cruzaron sus miradas, hubo un silencio, pero continuaron, las palabras se hicieron presentes para enfrentar el día atiborrado de compromisos. El aire perfumado y suave los llenó de energía, los impulsó a trabajar con alegría y esmero. No dejaban de salir del asombro el ímpetu que los movía era diferente.

Miraban sus celulares para cronometrar la hora, la jornada transcurría rápida y el tiempo de la entrega se acortaba. Tomaron un pequeño descanso para almorzar unos emparedados, el mismo silencio se presentó sin más. Ambos pudieron percibir que no era un silencio común había en él algo diferente, una comodidad inusual, un encanto que los llevaba a quedarse unidos por el latir de las miradas.

La tarde pasó intensa, sin descanso, el cansancio se sentía en la cabeza, en la espalda y en los párpados que pesaban toneladas, pero aún quedaba mucho por hacer. Pararon 5 minutos para tomar un café, el mismo silencio se presentó, los inundó de paz y de una conexión especial, la disfrutaron en una unión casi mágica. Continuaron distendidos y en una sintonía como jamás habían percibido.

Los silencios se impregnaron del néctar de ilusión, del entusiasmo de que todo es posible, de la suavidad de la caricia que todo lo puede y del beso que corta la respiración. La antigua leyenda se había hecho presente, el ángel del silencio se manifestó en los corazones de aquellos dos seres a los que había decido unir más allá del tiempo y el espacio, para que vibraran bajo el influjo del amor.

Andrea Calvete

 

 

sábado, 19 de septiembre de 2020

EL ARTE DE HACER

Cada acto de nuestras vidas requiere de arte, de conjugar sentimientos, pasiones, de equilibrar nuestra balanza, de saber elegir los ingredientes precisos, de poner el trabajo y esfuerzo necesarios, de no bajar los brazos, de levantarnos si nos caemos y continuar entusiasmados, porque creemos que lo que hacemos vale la pena y corremos tras una causa.

Deshilachada por el desencanto  la ilusión no encontraba esperanza que lo zurciera. Con artesanal paciencia comenzó a tejer, tomó los hilos uno por uno, buscó despacio los diferentes y posibles candidatos para que la labor comenzara a dar sus frutos.

El primer hilo que apareció enredado entre aquella maraña confusa fue el de la esperanza, un poco descolorido lo puso en remojo hasta que tomó su color característico.

El tesón no tardo en aparecer, sabía que sin constancia aquel trabajo sería imposible.

Con la algarabía del amanecer apareció la alegría dispuesta a iluminar con una sonrisa radiante a todos sus compañeros.

La creatividad surgió como guía, con su contagioso ánimo llenó el recinto de buenas ideas, se dejó guiar por la imaginación y la inteligencia.

La humildad pretendió pasar desapercibida, en silencio hizo sentir a cada hilo importante y necesario, el trabajo mancomunado fue parte de su aporte desinteresado y sincero.

El esfuerzo llegó con las ganas de dar ese empujoncito necesario y cariñoso para que las fuerzas no flaquearan.

La fe por fin apareció para alumbrar el tejido, sin ella los hilos se hallarían poco incentivados, debían creer en si mismos para que la labor se transformara en una obra de arte.

La templanza un hilo esencial a la hora de que la labor se desarrollara con armonía y justo propósito.

El artesano ya con todos sus hilos prontos para hilar se preguntó dónde se hallaba el arte de su labor. Recordó entonces unas palabras de su padre: “El arte se expresa a través de tus manos, pero habita en tu corazón, déjate guiar por él y llegarás tan lejos como te lo propongas, cree en ti y nada te detendrá”

El tejido se encausó armonioso, la música de la naturaleza fue la melodía perfecta para que todos danzaran a su ritmo, cada color se fue mezclando lentamente con el otro, y las sedas se anudaron con la magia de aquellas manos que con amor y ahínco tejieron su obra.

Cada acto de nuestras vidas requiere de arte, de conjugar sentimientos, pasiones, de equilibrar nuestra balanza, de saber elegir los ingredientes precisos, de poner el trabajo y esfuerzo necesarios, de no bajar los brazos, de levantarnos si nos caemos y continuar entusiasmados porque creemos que lo que hacemos vale la pena y corremos tras una causa.

Andrea Calvete

domingo, 13 de septiembre de 2020

MANDALA SÍMBOLO PUENTE

El mandala es una estructura de diseños concéntricos que representan la composición del universo y de la naturaleza. Es una palabra de origen sánscrito y significa círculo; representa la unidad, la armonía y la infinitud del universo mediante el equilibrio de los elementos visuales. En Oriente, mandala y vacío son conceptos relacionados con la meditación.

El círculo es perfección y equilibrio y se relaciona con la esencia de lo sagrado. Mientras el cuadrado el símbolo de la materia, del cuerpo y la realidad terrena. Es así que cada símbolo geométrico que aparece en el mandala tiene un significado y una interpretación.

Como símbolo de totalidad, el mandala es una herramienta para el bienestar humano, constituye diagramas simbólicos que permiten dejar fluir y a armonizar los estados psíquicos propios con el mundo exterior.

Fue el psicólogo Carl Jung uno de los primeros en investigar al mandala y su potencial en la Psicología y en el Arte. A través de los aportes de Jung se pudo apreciar el potencial del mandala que emerge del inconsciente universal, relacionados con nuestras percepciones y nuestro ser interno. Según Jung detrás de un símbolo confluyen dos realidades, una conocida y otra desconocida. Es así como el mandala es símbolo espiritual que trasciende el entendimiento lógico y racional para tomar contacto como lo más profundo del ser.

Durante la guerra Jung comenzó a dibujar mandalas en sus ratos libres, los dibujaba en la tierra, en el papel, en lo que tuviera a mano. En un determinado momento sufrió un infarto, y tuvo una experiencia próxima a la muerte, todo esto quedó plasmado en un diario personal que luego de su muerte fue publicado como el Libro Rojo. Además, fue un hombre interesado por la metafísica, el hermetismo y ocultismo, espiritualidad y alquimia,  pero dado su época fue algo que llevó a cabo en forma reservada.

El mandala es un símbolo, tanto figurativo como abstracto, logra aludir realidades no visibles y explicar conceptos más allá del lenguaje verbal, para tomar contacto con representaciones sensibles, creativas que tienen que ver con las ideas, pensamientos y emociones. Detrás de cada mandala se crea un mensaje. El símbolo se puede considerar como la piedra angular para aproximarnos a la verdadera naturaleza de las cosas, la totalidad del universo, en la que la relación sujeto-objeto se desvanece para fundirnos en un todo.

A través de la creación artística y del símbolo el hombre traspasa los límites de la lógica y se conecta con su parte intuitiva, más profunda, y deja por unos instantes el razonamiento que lo presiona en forma permanente dado el ritmo de vida actual, que a su vez lo condiciona y por momentos esclaviza. De este modo, el arte tiene la capacidad de reintroducir significados, cualidades, y nos permite trascender el tiempo y el espacio.

En su libro “Psicología y alquimia”, Carl Jung nos explica que en un momento de su vida tuvo la posibilidad de conocer a Lingdam Gomchen un lama tibetano. Este Lama le explicó que los mandalas tibetanos sólo podían ser obtenidos mediante la imaginación de un Lama instruido. Por lo tanto, ningún mandala es como los demás y todos son individualmente ricos y diferentes.

De esta forma Jung comprendió que una imagen interior es única e irrepetible y tiene que ver con el equilibrio anímico, cuando se pueden encontrar los pensamientos y las ideas. A su vez apreció que estas imágenes que provienen de visiones interiores forman parte de los símbolos más antiguos de la humanidad. Luego de años de estudios con distintos pacientes, pudo ver que el proceso de la producción de los símbolos del mandala se convirtió en un símbolo de equilibrio, entre la contrariedad y conflictividad de la situación consciente. Según su experiencia personal, gracias al dibujo de los mandalas, pudo observar su transformación psíquica día a día.

Jung considera que los mandalas son una expresión del inconsciente colectivo, son fenómenos ancestrales que están relacionados con las culturas y las sociedades. Para Jung el mandala forma parte de los arquetipos humanos. Según su interpretación, el centro del mandala representa el individuo, que busca perfeccionar su individualidad. La función básica que tienen entonces los mandalas es central las energías positivas - del cosmos o de las personas - y trabajar su ego, logrando dar así un sentido fluido, armonioso y evolutivo ante las situaciones de confusión y caos, o de excesiva racionalidad y rigidez. De esta forma el individuo se autoconoce, se acerca a su ser más profundo.

Los estudios realizados por Jung han permitido descubrir al mandala como herramienta terapéutica, un símbolo de totalidad, abarcada por el hecho de que existe un centro y una periferia que lo engloban. Por este motivo, en momentos de desorden o estados de caos mental, puede aparecernos este símbolo, ya sea en forma de mandala dentro de un sueño, o como dibujos fantásticos imaginados. Jung observó que sus pacientes espontáneamente dibujaban mandalas e interpretó que estos dibujos reflejan una tendencia natural de auto-regulación del psiquismo. Definió a los mandalas no solamente como manifestaciones simbólicas ancestrales, sino que yendo más lejos, las consideró una necesidad de la psique humana para organizarse.

Por todo lo compartido, los mandalas se los considera criptogramas que se relacionan con el estado interno y con el proceso de autoconocimiento. Símbolos puentes que nos permite trasladarnos hacia universos desconocidos, trascender planos y fronteras, volar, crear y transitar tiempos y espacios, más allá de lo imaginado, en una trasmutación constante.

Andrea Calvete

sábado, 12 de septiembre de 2020

SE NOS ADELANTAN EN EL TIEMPO


En una suerte de carrera, en la que quedamos atrás sin poder hacer nada más que aceptar su partida, se nos adelantan en el tiempo. Un mutismo sin palabras, sonidos confusos, aromas incomprensibles se mezclan en ese poco sentido con el que se colorea todo. El adelantarse en el tiempo no es cuestión de cronómetro, no tiene relación directa con los años vividos, es una carta de la vida que llega cuando es el momento justo de la partida.

Cuando pasan los días, las estaciones, volvemos a sentir el sol en el rostro y comprendemos que más allá de las explicaciones que no llegan, todo pasa, lo bueno y lo malo, lo que queda es el sentimiento genuino que ha alimentado ese ser que ha partido y que continúa en nosotros.

El adelantarse en el tiempo no es cuestión de cronómetro, no tiene relación directa con los años vividos, es una carta de la vida que llega cuando es el momento justo de la partida. Y no estamos preparados para la muerte de un ser querido, nuestra cultura así nos ha formado, y cuando alguien fallece se lo vela, se lo entierra, se lo llora, como parte de un ritual que está ya instaurado. Esto no quiere decir que en lo más profundo no sea sincera y honesta esa sensación que nos desgarra el alma. Pero a que voy, todo lo que hacemos se conjuga para que aún nos sintamos peor.

Después de muchas lunas, vemos que las noches dejan de ser ese rincón oscuro en el que las lágrimas flotan por las esquinas, ese lecho lleno de añoranza y recuerdos que se escapan. Y entonces la luz de cada día vuelve a brillar, los aromas empiezan a perfumar, y el corazón late diferente, vibra en otra sintonía, en la que el que se ha adelantado nos acompaña de otra manera distinta, ya no desde el dolor sino desde la alegría de estar en nosotros desde un sitio nunca percibido, pero tan importante y necesario para dar continuidad a nuestros días.

Andrea Calvete

lunes, 7 de septiembre de 2020

LO QUE SE HACE, DICE Y PIENSA


No siempre está alineado el pensamiento, palabra y acción. Algunas veces se piensa lo que no se dice, se dice lo que no se piensa, y se siente lo que no se dice. Y entonces a mal puerto vamos por agua. La brújula parece no marcarnos el camino, y nos hallamos perdidos. 

Se pueden decir tantas cosas y al mismo tiempo pensar, pero a la hora de llevarlas a cabo se suceden un sinfín de acontecimientos que frenan la puesta en acción. El poner en práctica se convierte en una tarea lejana y utópica, nuestro ánimo parece desvanecerse tras aquellos proyectos producto de nuestras palabras y pensamientos. Entonces, nos resignamos y decimos más vale malo conocido que bueno por conocer. Pero en el fondo, hemos traicionado a nuestras emociones, a nuestro ser más profundo que se había propuesto ser fiel a esta tríada de pensamiento, palabra y acción.

Día a día intentamos vivir tal como somos, sin embargo, nos vemos condicionados por nuestros juicios, y ese constante enfrentarnos al pasado y al futuro. Así cuestionamos a quienes nos rodean, etiquetamos, enjuiciamos, sin ser capaces de ponernos un minuto en el lugar del otro. Cuando juzgamos o suponemos lo hacemos desde nuestro lugar, desde nuestra subjetividad, sin llegar a aproximarnos al lugar del otro. También el hecho de prejuzgar, juzgar, o suponer, tiene que ver con no aprender a valorar lo que estamos haciendo. Cuando uno está ocupado en sus que haceres poco lugar nos queda para las conjeturas y especulaciones. Tantas veces, dejamos de valorar lo que estamos haciendo, por cuestionarnos lo que hicimos en el pasado y lo que haremos en el futuro, y así nunca estamos en el presente en este aquí y ahora. Vivimos entonces desacompasados con el tiempo real, y preocupados y ocupados por lo que han dicho y dirán…

Algunas personas creen que el talento tiene que ver con las grandes ideas, aunque para poder sostenerlo es necesario creer en uno mismo, y para ello también es importante sentirnos entendidos, queridos y respetados. Goethe señala que “el talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad”, y como la vida es un continuo cúmulo de movimientos, que pasan de la pasividad a los movimientos más intensos, el hombre permanece vivo, vibrando y latiendo en su lucha diaria por lograr sus metas y anhelos más allá de todos los posibles impedimentos que día a día se le presentan, dejando que su talento y carácter moldeen su propia historia de vida. Estas dos características hacen que florezca en cada ser humano un ser diferente, único y especial. Algunas veces, nos sorprendemos frente a una persona que dado su carácter y talento nos cautiva en forma inmediata, como si tuviera un inmenso imán. El tener carácter firme implica saber decir sí y no cuando es necesario, admitiendo el desenlace de nuestra decisión. Generalmente, la persona de carácter fuerte tiene muy seguro lo quiere, pero a su vez suele por el mismo motivo caer en momentos de intransigencia, dada su absoluta seguridad. Entonces, si logra incorporar el pensamiento crítico, más bien autocrítico, posiblemente será capaz de modificar sus errores con humildad y grandeza. Por otra parte, si este carácter se acompaña de talento, entonces es posible recorrer muchos caminos, lograr tantas metas. Sólo es cuestión de saber cultivarlos, de apreciarlos, porque algunas veces insertos en nuestras tareas cotidianas, vemos sólo aflorar nuestro carácter, pero parece que el talento quedara adormecido a la espera de ser despertado. De esta forma, al alinear nuestro carácter y temperamento, nos embarcamos también a querer a los demás, a fortalecer nuestros nexos afectivos, porque al intentar equilibrarlos comenzamos a ver en los seres que nos rodea su humanidad, más allá de que piensen, actúen o sean diferentes a nosotros.

Cuando logramos alinear nuestros pensamientos, palabras y acciones, reina en nosotros una placentera armonía, que se transforma y libera a través de un accionar ecuánime hacia nuestros semejantes más allá de las diferencias que nos separan, porque entendemos que ellos al igual que nosotros son seres que tienen problemas, desvelos y angustias, alegrías y tristezas como nosotros.

No siempre está alineado el pensamiento, palabra y acción. Algunas veces se piensa lo que no se dice, se dice lo que no se piensa, y se siente lo que no se dice. Vale la pena entonces, antes de hablar escuchemos, antes de criticar examinémonos , antes de escribir pensemos, antes de herir sintamos, antes de rendirnos intentémoslo, y antes de morir vivamos.

Andrea Calvete

LAS PUERTAS ABIERTAS A LA VIDA


Rosas tenues se pierden en el horizonte yodado en un mar turquesa y apacible. Las olas perfumadas rompen blancas mientras las gaviotas vuelan distendidas. La arena húmeda intensifica los aromas, los pies disfrutan de su textura fresca mientras el día los recibe con los brazos abiertos.

Sentados descalzos frente al mar, el maestro pregunta a su discípulo ¿qué ve? El silencio entre ambos se extiende un minuto, el discípulo cargado de emoción por la maravilla que tiene ante sus ojos se atreve a hablar

-Maestro, veo un mar azul quieto bajo un cielo que amanece.

El maestro vuelve a preguntar - ¿Qué ves?

El discípulo algo nervioso, y titubea -Un mar azul, gaviotas que vuelan pacíficas, y un cielo con distintos matices de colores.

El maestro vuelve a preguntar - ¿Qué ves?

El discípulo sin entender responde- Maestro, veo lo mismo que ves tú, un mar, un cielo y una playa inmensa-

El maestro vuelve a preguntar- ¿Qué ves?

-No sé qué quieres que vea, te repito, veo lo que vemos ambos- dice asombrado

El maestro permanece unos minutos en silencio mirando hacia el horizonte y vuelve a preguntar- ¿Qué ves?

- Veo un mar lleno de vida, de corrientes, de olas, de peces, bajo un cielo magnífico, y un aire fresco que abre nuestros pulmones. También puedo percibir que muchas veces he entrado al agua sin miedo, que otras he tenido temor y me he quedado afuera, otras tantas el baño me ha purificado… ¿sigo?

El maestro satisfecho responde- No, es suficiente, has visto que ante el mismo lugar has experimentado muchísimos sentimientos, sensaciones, vivencias, tan sólo recuerda que día a día irás descubriendo nuevas cosas, sólo depende de ti la apertura que tengan todos tus sentidos ante lo que ocurre, no te cierres. Abre todos los días las puertas a la vida.

Andrea Calvete

jueves, 27 de agosto de 2020

EL BIZCOCHUELO DE MAMÁ

"Como el bizcochuelo de mamá no hay otro", una frase que seguirá de generación en generación, en la que se compartirán los secretos de la cocina y el amor de una familia tras largas horas de preparación y charlas llenas de amor y alegría. 

¡Qué rico el bizcochuelo de mamá!Vale la pena remontarse a la infancia donde fueron infaltables. La antesala a su preparación era un universo de aromas cítricos, colores acaramelados, se desgranaban con suavidad, mientras los sonidos de la cocina se incorporaban a la escena hogareña donde el amor era el principal ingrediente. Una mezcla de entusiasmo y algarabía se colaba por el aire, era la víspera del cumpleaños de alguien en la familia. 

Su preparación toda una ceremonia: los huevos relucientes, azúcar refinada, harina blanca, dos recipientes para separar las claras de las yemas, un tamizador, la batidora, vainilla y todo listo para comenzar. El batido era aquel ritual en que cada elemento tenía su punto y su mezcla, nada era al azar, a cada uno le llegaba su turno y con la parsimonia de quien ama la cocina todos eran unidos en forma mágica. Una vez prontos al horno con la asadera enmantecada y enharinada, luego de unos minutos la casa se invadía de un espectacular aroma, cada rincón se perfumaba con notas de vainilla y limón.

Ya cocido, mamá lo dejaba enfriar para desmoldar. De allí en más era una celebración de ingredientes, lo primero bañarlo con vino garnacha y almíbar para que quedara bien húmedo y con un sabor inconfundible. A gusto del cumpleañero el relleno se hacía desear: dulce de leche, chocolate, nueces, café, almendras, frutillas con crema o duraznos en almíbar. Los merengues con crema doble sellaban aquel manjar pronto para deleitar. Eran tortas enormes, en las que comían todos los invitados, alguien siempre se llevaba un trocito para su casa, y además nos quedaba torta para seguir festejando unos cuantos días.

Tardes con sabor a bizcochuelo, meriendas avainilladas junto a un café con leche calentito. Se respiraba alegría, espolvoreada con azúcar impalpable aquella torta simple y recién horneada era una gloria para los niños que llegábamos con un apetito voraz luego de la jornada escolar.

Se desmigaba por ser tan tierno y fresco, al desgranarse en nuestra boca una sensación de saciedad nos invadía luego de varios trozos compartidos. Porque de eso también se trataban las tardes de bizcochuelos de compartir ese rato alrededor de la mesa del comedor diario.

Como el bizcochuelo de mamá no hay otro, una frase que seguirá de generación en generación, en la que se compartirán los secretos de la cocina y el amor de una familia tras largas horas de preparación y charlas llenas de amor y alegría. ¡Qué rico el bizcochuelo de mamá!

Andrea Calvete

 

martes, 25 de agosto de 2020

DEJAR HABLAR AL CORAZÓN


Un tero alborotado grita mientras el transcurrir gris y húmedo de la mañana lo apacigua. El techo llora sobre sus tejas con moho, sin embargo, intenta disimular que no ha pasado nada, se para erguido y seca su rostro mojado. El tiempo los mira y les guiña un ojo, sabe que la nostalgia habita en ellos, pero como anda con prisa no se detiene ni siquiera a intercambiar unas palabras. Un viejo proverbio vuela tranquilo en el aire y regala su sabiduría: “hay que escuchar a la cabeza y dejar hablar al corazón”

Un enorme álamo plateado los arrulla con el sonido de sus hojas que parecen una caricia para los sentidos. Los pájaros que sobrevuelan el lugar hacen un descanso en sus ramas armoniosas. El tero reposa entre sus raíces, y el tejado respira más calmado el perfume de una insipiente primavera.

El tiempo quiere llevarse un suceso que los ha marcado a todos, con esmero ha borrado muchas huellas, sin embargo, algunas cicatrices han quedado como testigo imborrable de lo ocurrido. Un viejo búho que habita en la rama más alta del álamo entrecierra los ojos. El techo ya algo vencido le habla. No alcanzo a escuchar la conversación, dialogan largo y tendido. Luego de varias horas de diálogo el búho se despide con el viejo proverbio que desde temprano transita en aire como un regalo en el día: “Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón”

El corazón ha hablado, se siente más tranquilo, ha puesto en palabras lo que estaba guardado en lo más profundo, mientras la inteligencia y la razón lo han acompañado en busca de ese equilibrio tan difícil de conquistar.

La vida en su palpitar constante se ha manifestado a través del viento, de la lluvia, del sol, del crecimiento de una planta, del vuelo de un pájaro o el perfume de una flor. Todos los corazones han palpitado fortalecidos con el nacimiento de la esperanza a través de la libre expresión. 

Andrea Calvete

 

sábado, 22 de agosto de 2020

CORRER TRAS EL VIENTO

Correr tras el viento es rozar los días de la niñez, de la juventud… o esos instantes más cercanos en los que la felicidad o el goce nos perfumaban. Sin embargo, quizás podamos llegar a alcanzarlo, si nos disponemos a recordar con alegría.

¿Quién en estos días no ha añorado el pasado, quién no ha vuelto a su niñez, juventud, o a esos días lejanos en los que la dicha nos acompañaba? Añorar significa recordar con pena una pérdida o ausencia, pero ¿no es posible sobreponerse a ese sentimiento y recordar con alegría?

Evidentemente el estado anímico de estos recuerdos dependerá de lo que recordemos y también de nuestro estado de vulnerabilidad. En tal sentido, la añoranza es interpretada como un sentimiento poco benéfico, por lo cual es importante eludirla.

Según un proverbio ruso “añorar el pasado es correr tras el viento”, cierto, aunque los recuerdos se presentan por sorpresa y nos mantienen atrapados en ellos, sin miramientos o contemplaciones. Es algo que practicamos sin ser conscientes, en un afán porque lo recordado no desaparezca o se desdibuje.

Pero ¿es tan mala la nostalgia? Depende del cristal con que se mire. Si echamos de menos instantes de nuestra vida en los que pasamos bien, o a la gente con quienes compartimos determinados momentos, quizás irrepetibles, que ya nunca volverán, posiblemente la congoja nos sorprenda, la nostalgia nos visite, pero cabe cuestionarnos si no es maravilloso que permanezcan en nuestros recuerdos como parte de nuestras vidas.

Lo importante es alegrarnos por lo bueno que nos ha sucedido, sonreír aunque sepamos que ya ese acontecimiento terminó. Porque a pesar de ello, esas añoranzas son testigos de lo que hemos vivido, aprendido, crecido, de lo que somos.

Y Quino, con su increíble sentido del humor, nos explica que “no es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor todavía no se habían dado cuenta”. Posiblemente, estas palabras de humor no dejen de acercarse a la realidad, la que no vemos tal cual es, sino como queremos verla, y más aún cuando pasa el tiempo, los recuerdos suelen alterarse en una suerte de mezclas que sólo la mente es capaz de descifrar.

Pero volviendo a estos días en los que las añoranzas se han puesto al alcance de todos, seguramente ellas nos sirvan para valorar lo que somos, nuestros afectos, y lo que realmente es importante en nuestras vidas.

Ojalá cuando todo esto pase la añoranza que hoy se ha despertado en nosotros nos iluminé y haga obrar de la mejor manera, nos permita ser mejores personas.

En este proceso de añorar el pasado, la memoria juega un rol preponderante, donde nuestras emociones y sentimientos se van plasmando, conjugándose la mente el cuerpo y el espíritu en una unión permanente.

Al poner a funcionar nuestra memoria, realizamos tres procesos: primero recibimos, luego retenemos, para después recordar y reconocer. Y cada persona va acumulando vivencias, que de acuerdo con su estado anímico irá asimilando, recordando y atesorando.

Actualmente los psicólogos han comenzado a concentrarse en los aspectos positivos y potencialmente terapéuticos de la nostalgia, de esos recuerdos felices que forman parte de nuestras vivencias. Por tal motivo, deberíamos convertir el pasado como un nexo con el presente, pero sin estancarnos en él.

La capacidad de vivir el presente con intensidad está en cada uno de nosotros, ubicando al pasado en su lugar estableciendo nexos con él y con el futuro, pero sin olvidar que el tiempo más importante y trascendente es aquí y ahora, en que tenemos tanto pero tanto por hacer.

Correr tras el viento es rozar los días de la niñez, de la juventud… o esos instantes más cercanos en los que la felicidad o el goce nos perfumaban. Sin embargo, quizás podamos llegar a alcanzarlo, si nos disponemos a recordar con alegría.

Andrea Calvete