domingo, 28 de junio de 2020

EL AÑO QUE SE BORRÓ DEL ALMANAQUE

Tuve un sueño: el 2020 era borrado de un plumazo del almanaque, en su lugar había quedado un casillero en blanco.

Al llegar la medianoche brindaron, alzaron sus copas y las chocaron con un ¡salud! enérgico. Y así arrancó el año, jamás se les pasó por la cabeza lo que se avecinaba. El cielo de aquella noche fue testigo de ilusiones, de deseos y esperanzas que vibraron en cada corazón expectante.

El verano transcurrió entre noticias que llegaban de lejos generando alarma por un nuevo virus, Covid-19, que a partir de marzo tendría en jaque a la humanidad entera.

El 2020 ha sido un año complicado, diferente, ha llegado para sacudirnos. Convengamos que hay formas y formas de comunicarse, pero él ha decido no andar con buenos modales, si nos gusta bien y sino también. Como se suele decir “es lo que hay”.

¿Qué pasa cuando lo que hay no nos convence, no nos agrada, no nos entusiasma?, ¿qué sucede con los corazones rotos, con la ilusión partida, con la sonrisa borrada, con el dolor que resquebraja el alma? Ya sé, me dirán: “es la realidad que nos toca vivir”. Les pregunto: ¿No podemos hacer nada para cambiarla? Desde luego, todos y cada uno de nosotros hacemos lo que está a nuestro alcance para salir adelante, ¿pero está resultando suficiente?

Tuve un sueño: el 2020 era borrado de un plumazo del almanaque, en su lugar había quedado un casillero en blanco. El 2021 comenzó con toda la energía y el vigor. Todas las preguntas se fueron contestando y volvimos a encaminar nuestras vidas. De ese 2020 sólo quedó una sensación hasta ahora imposible de describir.

Andrea Calvete

lunes, 22 de junio de 2020

DESTINO DE MIRADAS


Con frecuencia solemos perder pertenencias, buscamos en los lugares más insólitos, pero no aparecen. De este modo llegué hasta un cajón que hacía mucho tiempo no abría, en los que sus lentes me dejaron casi paralizada. Lo primero que atiné fue a ponérmelos, desde luego no veía nada, pero fue una forma de tomar contacto con ella.

Es fácil viajar en el tiempo, sólo es cuestión de dejarse llevar por los sentimientos. Allí estaba frente a sus pequeños ojos marrones vivarachos pero miopes, centelleaban detrás de sus gafas. Su miopía abundante hacía que los cristales le achicarán más los ojos. Descubrió que era miope recién a los diecinueve años, no eran tiempos en los que se iba en forma habitual al médico para hacerse chequeos. Contaba mi madre: “cuando íbamos al dentista era para que te sacara la muela, nada de tratamientos, se extirpaba el mal de raíz” Así funcionaban las cosas por 1935 fecha en que la recibía el mundo. Por lo tanto, su mirada fue para nosotros a través del cristal, escasas veces la veíamos sin lentes, cuando tomaba sol un ratito, o se esparcía crema en el rostro.

¡Qué increíble como al buscar algo perdido uno se encuentra con tantos recuerdos! Son momentos en los que los aromas a tostadas de las mañanas junto a los leños crujientes se entremezclan, mientras el sol entra por aquella enorme ventana del comedor diario. El murmullo alegre y dinámico invade la casa.

A través de estos lentes que le acompañaron a lo largo de su vida, pudo encontrarse con una mirada que pronto se convertiría en parte fundamental de su existencia. Como era habitual mes a mes iba a cobrar la pensión de su abuela a la Caja de Jubilaciones. Nada de cajeros automáticos, largas colas hasta poder cobrar en mano unos pesitos que no eran muchos, pero se lo debía a Antonia, abuela materna, que la había criado, y a partir de la pérdida de su madre muy joven, esa mano protectora tan sabia y carismática la acompañaría durante largos años.

Sus miradas se cruzaban mes a mes, él con sus ojos verdes transparentes la deslumbró desde el primer día, ella con su brillo magnético lo atrapó sin más explicaciones. Sin embargo, ella intentó no responder las primeras veces, pero en la medida que fue pasando el tiempo las miradas no sólo se encontraron, sino que intercambiaron chispas y sonrisas.

Pasó el tiempo, hasta que un día Nelson se acercó a Nora y la invitó a salir sin más vueltas. Eran dos personas adultas sin compromisos pero que sabían bien lo que querían. Así comenzó un idilio que duró veintidós años, porque la vida decidió llevárselo muy joven con 51.

Las historias de nuestros padres están allí como parte de lo que somos, sin darnos cuenta de vez en cuando la vida nos lleva hasta ellos sin pedirnos permiso.

Y como una cosa lleva a la otra, no puedo olvidar sus gafas negras de carey, en el caso de mi padre las usaba para realizar su trabajo, hoy me doy cuenta de que es lo que se conoce como presbicia. Veo su hermosa letra grande y levemente inclinada a la derecha, llena de personalidad, alegría de vivir y una gran generosidad. Dicen los que saben que la letra es un reflejo del alma, del estado anímico y de la personalidad, en el caso de él creo que así era. La letra de mi madre pequeña y también inclinada reflejaba su calidez, inteligencia y encanto.

Detrás de aquellos ojos hubo dos seres que se amaron con todo su ser, excepcionales, que se brindaron con generosidad y compromiso, con alegría y esperanza. Dos miradas destinadas a encontrarse, a vibrar en sintonía. Hoy continúan juntas tomadas de la mano en un tiempo y espacio sideral. Al mirar el cielo cuando una estrella fugaz pasa, un silencio ilumina la tierra y perfuma el alma de los que se besan a la luz de su bella historia de amor.

Andrea Calvete

 

 

 

 


jueves, 18 de junio de 2020

LLUEVE

La lluvia como un manso manantial bendice con su riego sagrado. El cielo oscurecido se confunde con una noche en que las preguntas se agigantan. El agua en su goce aviva los colores, los vuelve tornasolados, mientras los perfumes se intensifican. Se suavizan las texturas con su fluir constante. La naturaleza sabe a hierba que reverdece agradecida. Ante la magnificencia del espectáculo quedan absortos mis sentidos.

Fluye el agua, cae como un telón que se abre lentamente. Se instalan los recuerdos al sur de mi corazón, lejanos, olvidados. Me parece estar viendo una película, pero allí estoy envuelta por la lluvia que oficia de confesora y amiga.

Llueve indulgente, flotan en el manantial del éxtasis los suspiros que habían quedado atrapados por ese punto final cortante. Sin embargo, también se respiran las carcajadas, los tibios abrazos que acarician el alma.

La humedad fría de esta mañana lluviosa se filtra por las hendiduras de la melancolía. Sonoros y huecos los relámpagos anidan en las añoranzas. Llueve por dentro y llueve por fuera, no queda un lugar seco, llora y desahoga sus penas, soy también su confidente. Ahogada me dice: “No puedo cumplir con mis promesas”. Me callo, no le digo nada, porque es un mal habitual al que ya nos hemos acostumbrado.

Desahogarse ha sido bueno para ambas, como dos amigas compasivas nos hemos escuchado mutuamente. Ha dejado de llover, el pasado se aleja, el futuro se aproxima, y el hoy pretende suavizar sus poros erizados por el frío, mientras un rayo se perfila como un leño que se enciende.

Andrea Calvete

sábado, 13 de junio de 2020

CONFUSIÓN

Dio por seguro lo que pensaba, lo instaló en esta estantería en la que se guardan los trofeos. Sin embargo, sus emociones habían dado por validado algo que provenía de minuciosas conjeturas.

Así funciona la confusión que es creada por los más profundos deseos y anhelos, en una suerte de edulcorante para suavizar lo que se siente en favor de lo que se desea.

La confusión se cobija en los ojos obnubilados llenos de estupor. Tiene la habilidad de meterse entre recovecos para instalarse en esos lugares donde es difícil notar su presencia.

Desde aquella estantería en la principal sala de la casa, la confusión sintió el calor de una discusión encendida en la que los reclamos se pusieron sobre la mesa. Nadie se escuchaba, las voces se elevaban unas sobre las otras, ambos querían tener la razón sin mediar el diálogo y el entendimiento.

Con su habilidad innata trepa por el árbol del desconcierto y los enredos. Goza de cada conquista, y con tono intrigante disfruta de señalar con el dedo a posibles culpables, mientras se lava las manos como Poncio Pilatos. Aunque con cara de confundida parece una niña despistada que se equivocó de habitación.

La conversación recorrió el pasado hurgó en los rincones olvidados, removió cimientos, llegó al presente donde parecía no tener asidero, mientras el futuro se evanecía con epítetos fuertes, estaban a punto de pasar esa línea en la que no hay marcha atrás. El llanto de Joaquín los hizo callar, con su chupete entre los labios y las lágrimas llenas de súplicas los miró a ambos. Un silencio plagado de respuestas habitó en el aire.

Al mirar a la estantería de los trofeos, no quedaba vestigio de ella, una inmensa paz se instaló en el hogar. El desayuno estaba servido para ser disfrutado en familia y dejar atrás aquella confusión que les había hecho tanto daño.

Andrea Calvete

 


ENTRE LÍNEAS

El día ha comenzado con timidez, tenues y pálidos colores se mezclan entre la neblina que se levanta y se lleva las pocas ilusiones que tenía. No espero nada, en realidad sí lo espero, perdona la impertinencia, en lo más profundo de mi ser existe el deseo de algo que es imposible.

El olor a tierra mojada se entremezcla con los azules fríos del invierno, los secretos de los árboles se han marchado con las últimas hojas, el trinar de los pájaros no es tan vivaz y nítido como en otoño. Te sueño, te imagino, te hago parte de mis desvelos, pero cuando la realidad vuelve a mis manos, siento que ella se me escapa y me esquiva, ya sé no digas nada…

Uno reclama sus derechos cuando los tiene, pero me pregunto ¿cuándo y cómo se generan los derechos? Creo que se tejen con dos agujas lentamente hasta tomar consistencia. Aunque este telar parece estar lleno de agujeros, de puntos mal hilados, entonces veo que ya no es posible deshacer lo tejido.

No deseo que estas palabras sepan a reclamos, pretendo que tengan un sabor agridulce, porque sé que esa combinación es perfecta para tu exquisito paladar. Aunque el arte de combinar letras no es lo mío, sin embargo, sabes que te escribo con el corazón. Bueno debería poner algo de razón, pero dicen que la razón no se lleva bien con el amor, hace muchos años que se han distanciado, quizás por eso nada suene muy consistente.

Se me va la mañana llena de interrupciones, cómplice de estos acordes incompletos, lleno de olvidos y de dudas, y así va quedando esta sinfonía perfectamente incompleta, deberás llenar lo que resta con tus silencios y respuestas, con tus pupilas brillantes.

El invierno se suena la nariz, estornuda y corta el aire como un cuchillo. Intento perfumar estas palabras, pero están desnudas de aromas, desvestidas de sensaciones, descalzas de deseos, se podría decir con una sensación de incomodidad que se instala entre líneas.

No espero nada, en realidad sí lo espero, perdona la impertinencia, en lo más profundo de mi ser existe el deseo de algo que es imposible, pero aún siendo así creo necesario enviarte este mensaje, al menos para descomprimir mi pecho a través de estas líneas que dicen tanto y nada.

Andrea Calvete

miércoles, 10 de junio de 2020

EL DÍA QUE SE PARÓ EL MUNDO

En aquella mañana los colores del amanecer, tenues y perfumados, no dieron indicios de ningún cambio. Las ciudades ajenas despertaron vertiginosas con el ritmo habitual. La mañana esbozó un gran bostezo, mientras circulaban los primeros autos y transeúntes rumbo a su trabajo.

El día que se paró el mundo, una sensación que ya había aparecido en otras oportunidades en la historia de la humanidad se perfiló temprano, tomó sus prendas y se mezcló sigilosa entre los millones de personas que poblaban la tierra. Entonces, una nerviosidad inquietante se fue apoderando de cada uno hasta llegar hasta al último rincón. Algo raro estaba pasando, un malestar general se saboreaba en cada bocado, sabía agrio y mustio.

Teresa caminaba ajena a todo, si bien escuchaba que la gente a su alrededor se quejaba, no entendía el porqué, para ella era otro lunes más en el que le aguardaba una semana atiborrada de compromisos.

El día que se paró el mundo, la prisa caminaba por la senda donde el tránsito va a alta velocidad. Era principios de marzo, el año se ponía por delante de sus narices con un sinfín de desafíos casi utópicos. Sin embargo, ella puso primera, continuó la marcha en segunda y fue subiendo de marcha y velocidad. El tránsito estaba más atascado que nunca y su malhumor urticante se hizo perceptible a través de impertinentes bocinazos.

Llegó a la oficina, preparó un café dispuesta a comenzar la jornada. Con la almohada aún pegada en las mejillas Teresa empezó su trabajo con cierta dificultad. Los papeles parecían estar fuera de su lugar, una especie de desorden inusual se había apoderado de su escritorio, no encontraba nada. Comenzó a faltarle el aire, abrió la ventana que miraba a 18 de Julio, pero el ruido de los bocinazos no la dejaba concentrar. A los pocos minutos cerró la ventana y se puso música relajante.

Sus compañeros de trabajo estaban iracundos, reaccionaban de modo diferente a cualquier otro lunes, el mal aliento de la mañana se había instalado en cada uno de ellos y cada cosa que Teresa pedía con amabilidad era contestado con cara de pocos amigos.

El día en el que se paró el mundo, al mirarse al espejo no reconoció su imagen. El 2020 se hizo borroso y una sensación de incertidumbre y vacío llegó junto a una humedad fría y espesa. No se veía nada.

Pronto llegó el comunicado de la Organización Mundial de la Salud: “Buenas tardes. A lo largo de las dos últimas semanas, el número de casos de COVID-19 fuera de China se ha multiplicado por 13, y el número de países afectados se ha triplicado. En estos momentos hay más de 118 mil casos en 114 países, y 4.291 personas han perdido la vida. Miles de personas más están luchando por sus vidas en los hospitales. Los días y semanas por venir esperamos que el número de casos, el número de víctimas mortales y el número de países afectados aumenten aún más. Desde la OMS hemos llevado a cabo una evaluación permanente de este brote y estamos profundamente preocupados tanto por los alarmantes niveles de propagación y gravedad, como por los alarmantes niveles de inacción. Por estas razones, hemos llegado a la conclusión de que la COVID-19 puede considerarse una «Pandemia». Hemos hecho sonar la alarma de forma alta y clara”.

La alarma sonó clara a lo largo y ancho del mundo, millones de personas vieron paralizadas sus tareas, el miedo se apoderó de cada esquina y se esculpió lentamente la inseguridad entre cada miembro del planeta. La amenaza con su sonrisa irónica y despiadada fue testigo de cada día, y aquí estamos intentando empezar a movernos más allá de todas las contingencias y las vidas perdidas.

El día que se paró el mundo, nada volvió a ser como antes. Fue el momento en que se estremeció la humanidad y no hubo manera de hacer caso omiso.

Teresa junto a sus compañeros comenzaron el teletrabajo y hoy esperan reintegrarse luego de cuatro meses que parecen haber sido una odisea.

Andrea Calvete

sábado, 6 de junio de 2020

TARDE GRIS


Las gotas de lluvia se sujetan en el cristal frío, los ruidos monótonos y envolventes aplastan las horas. La memoria invadida por la humedad penetrante se clava en cada rincón. Tiesas las pupilas miran a la nada, en busca de un ápice de aliento, los pájaros trinan más allá de la tristeza de esta tarde gris.

La lluvia trae hasta aquí perfumes, sabores olvidados, se mezclan los recuerdos y lo que fue se desdibuja con lo que pudo ser, esa lucha frontal entre el pasado y el presente, entre lo que se nos escapó de las manos y nos dejó un hueco en el alma.

Perlados se mezclan algunos acontecimientos que quieren dar luz a esta melodía de tango triste. Resuenan notas de melancolía. A ritmo de bandoneón llora la tarde, mientras se envuelve en un abrigo de invierno y una bufanda perfumada por la madera mojada de los árboles.

El tiempo simula haber quedado estático, las preguntas oscilan sin respuesta, el dolor no encuentra refugio, y las excusas se enmascaran para hacer aflorar los sentimientos olvidados, perdidos en algún baúl añejo. Yacen las emociones mutiladas por las equivocaciones y el daño sufrido. Por un hueco se cuela la resignación.

Insensibilizada y agrietado por el frío, la tarde se presenta áspera, sin embargo, un cedrón le abre sus pulmones, oxigena sus recuerdos, mientras un beso olvidado le entibia la mirada.

Andrea Calvete 

 

 

 

 

 

 

 


YO TODOPODEROSO


Nombre: Yo; apellido: Todopoderoso; domicilio: El Mundo. Su linaje producto del legado de los dioses, de los designios de los magos, de los aplausos de la fama, de los excesos de los sueños. Cada palabra a su paso es susceptible de elogio y aprobación continua. Su ceguera e insensibilidad le hacen llevarse todo por delante.

Cuando el Yo Todopoderoso toma el timón del barco, posiblemente a mal puerto vayamos por agua. En esa suerte de confusión y desatino, los verbos pasan a estar en manos de alguien convencido de que sin él nada es posible, su giro egocéntrico y constante hace que se balanceé hasta lograr sus encomiables propósitos.

Yo es la primera persona del singular perfectamente aplicable en nuestro idioma español, aunque cuando comienza a ser el centro de atención, una suerte de dogmatismo lo tiñe y suele escucharse:

“Yo creo, yo pienso, yo opino, yo digo, yo acostumbro, yo sueño, yo deseo, yo siempre digo … y ya no se escucha el verbo, porque el yo queda resonando como una vibración maldita.

Quizás como forma de evasión y preservación nos paremos en esta primera persona, para salvar lo poco que nos queda, aunque lo más probable es que nos ahoguemos en nuestra propia vanidad y egoísmo, en el que nuestro ego se eleva por encima de todo. Pero cabe señalar que la vanidad es persuasiva y laboriosa y llega a carcomernos la cabeza hasta lograr su cometido. Aunque, muchas veces nos deja en ridículo parados en falsa escuadra.

Detrás del yo giran nuestros afectos, creencias, sueños e ideas. Se eleva nuestra personalidad y existencia. Sin embargo, sin el otro el yo se transforma en ese Yo Todopoderoso que se apropia de nuestras vidas, y nos convertimos en el ombligo del mundo, en el centro de atención de todo, y sin nosotros nada es posible, nada funciona. Pero, resulta ser que luego de muchos porrazos vemos que el mundo sigue andando.

Yo universo empavonado de desafíos, de miedos, de frustraciones y deseos, de verdades por descubrir. Las plumas del yo anidan los delirios, los recuerdos reprimidos, los misterios más profundos. Saberlas llevar es todo un reto porque pueden cubrirnos como abrigo, o también como arma de fuego cuando se trata de mover la cola como el pavo real.

¡Cuántas inseguridades alberga el yo, cuántas frustraciones, cuántos desencuentros! El Yo Todopoderoso puede convertirse en un ser muy perverso, en el villano de la película, pero también puede ser el causante de que estemos más solos que nunca.

Dicen por allí que el Yo Todopoderoso camina erguido, desafiante y con el pecho inflado. Sus inseguridades le han hecho creer que cuando habla todos quedan fascinados como si el genio de Aladino hubiera salido de la lámpara.

Trascender al Yo Todopoderoso nos acerca al nosotros, a ocuparnos en los demás para así bajarle los humos altaneros y ególatras a esta primera persona del singular.

Nombre: Yo; apellido: Todopoderoso; domicilio: El Mundo. Su linaje producto del legado de los dioses, de los designios de los magos, de los aplausos de la fama, de los excesos de los sueños. Cada palabra a su paso es susceptible de elogio y aprobación continua. Su ceguera e insensibilidad le hacen llevarse todo por delante. Deslumbra con sus lentejuelas coloridas se instala como una enfermedad terminal. 

Andrea Calvete


viernes, 5 de junio de 2020

SE APROXIMA EL INVIERNO

Una desoladora quietud se instala con la llegada de Junio, cubierto de neblinas húmedas y frías. Se aproxima el día más corto y la noche más larga. La naturaleza muere, se toma ese impasse en el que lentamente todo llega a su fin. Los cielos se despejan por la ausencia de las hojas y los árboles desnudos bajan su mirada mientras una lágrima cae entre su corteza agrietada.

Todo comienza a perder su fulgor, la luz se disipa lentamente, empalidecen los colores, se esfuman los matices, mientras los sonidos se tornan lejanos y fríos. Un inmenso pesar se instala, para oprimir el pecho al día. El descreimiento y la desconfianza pronto se hacen presentes.

El aire frío se mezcla con el olor a las estufas de leña, o las que aún marchan a querosén, para dar la bienvenida al invierno que se abre paso. El crujir de las hojas caídas resuena como melodía de fondo. Naranjas y rosados, los atardeceres son el color que le da vida a los días.

Las ausencias se vuelven más nítidas, y no queda mucho por saborear, más que algún trago caliente para hacer volver la sangre al cuerpo. Gélidos nubarrones grises empalidecen a la esperanza, mientras un rayo de sol lucha por abrigar más allá de todas las contingencias.

Llega Junio, un joven desnudo dispuesto a dar la bienvenida al invierno y entrar en ese profundo ser interior para alumbrar a todos esos recovecos a los que hasta ahora no habíamos llegado. Cuatro meses en que la muerte de la naturaleza nos lleva navegar por sombríos rincones que hacía tiempo no recorríamos.

Los desencantos golpean las puertas, los recuerdos se cuelan por las rendijas, y los amores buscan respuestas, mientras las horas escasas de luz y calor, se vuelven como un cuarto en el que el destierro se lleva los posibles sin pedir permiso.

Se exilian las esperanzas, las desilusiones se alojan en las noches de insomnio, y los cristales lloran gotas de tristeza y melancolía. Sin embargo, más allá de esa moribunda imagen, el crujir del fuego anuncia que la llama aún está viva.

La crueldad del invierno deja poco lugar para las interrogantes, una flor que ha logrado nacer como un milagro se pregunta: “¿Estará todo perdido, o quedará un vestigio que aún podamos rescatar?”

La respuesta se asoma tímidamente en un amanecer desnudo, en una noche fría y solitaria, en un mar turbulento, o en esa espera que marcha a ritmo apaciguado porque sabe que para renacer es preciso morir, yacer en ese lecho frío y doloroso, para levantarse luego con fe y esperanza, y dar paso nuevamente a la vida.

Andrea Calvete

 

 

 


sábado, 30 de mayo de 2020

MÁS ALLÁ DEL DOLOR

Aquella mañana sombría en la que quedó tullido por el dolor, luego de varios amagues, advirtió que su colchón estaba demasiado a ras del suelo lo que le dificultaba incorporarse. Como las aves en busca de una nueva estación, los seres queridos y los amigos partían, mientras se nublaban las ilusiones y los obstáculos se interponían entre Raúl y su calle cuesta arriba.

El tiempo le resultaba avaro, no le dejaba alternativas de las que disfrutar, sólo le facilitaba el espacio para que su dolor punzante lo atravesara, como una braza que se enciende muy lentamente hasta hacer de los minutos una eterna agonía.

Las escalinatas de su juventud llena de ilusiones, de utopías, de banderas por desplegar, de sueños por cumplir, se esculpían en su memoria y amainaban el dolor. La integridad de sus pensamientos se mantenía sólida, acompañados de sus palabras y acciones que iban un poco desacompasados pero alineados.

A Raúl le fascinaban los cielos estrellados encontraba en ellos misterio, magia, y la fascinación de buscar formas inexplicables. Las noches de luna llena lo trasportaban a tiempos pasados, pero también a sucesos que aún no habían visto la luz. Se podría de decir que las noches eran la ficción que le daba oxígeno a sus días.

Un silencio desnudo advirtió en el fluir de su propia respiración, sintió perder capacidades, motricidad, los recuerdos se entremezclaron, y una bocanada de viento cerró la ventana que estaba entreabierta. Fue en ese momento que se dio cuenta que ya se había despojado de tantas cosas. Pensó, por qué había cambiado tanto, pero luego de cuestionarse unos minutos comprendió que había que resignarse y era mejor andar liviano de equipaje.

Aquella mañana sombría en la que quedó tullido por el dolor, también advirtió que el tiempo de disfrute había cambiado. Sintió como los rayos de sol que entraban por su ventana eran una bendición casi indescriptible, esa caricia que hacía tiempo no recibía. Apenas sin poderse mover, preparó un mate, se acomodó como pudo y saboreó aquellas cebaduras como nunca antes lo había hecho, pensó: “Es el mate más rico que he tomado en años”

Las nubes grises aparecieron en todas las tonalidades posibles mientras bailaban a su antojo. El olor a tierra mojada llegó con las primeras gotas que comenzaron a salpicar los cristales de la pequeña cocina de Raúl. Sentado en un sillón de mimbre, entre almohadones esponjosos y el dolor disminuido por calmantes, pudo entonces disfrutar de la lluvia que caía apacible como una bendición para quien espera una respuesta.

Aquella mañana sombría pronto se convirtió en una noche estrellada, en la que Raúl pudo viajar a través del “Claro de luna de Debussy” hasta una galaxia con infinitas posibilidades por descubrir.

Andrea Calvete

 

 


jueves, 28 de mayo de 2020

TARDE DE VIERNES

Los viernes son la línea mágica que nos traspasa al fin de semana, son el trampolín para poner a rodar todo lo que no pudimos hacer en la semana, y echar a volar la creatividad y la imaginación en todo aquello que dejamos pendiente por falta de tiempo y estamos expectantes de hacerle un espacio para poner en marcha

Se acerca el fin de semana, y finaliza una semana más de mayo que se despide parsimonioso, para dar entrada a la humedad y frío del mes de junio, aunque hoy es una preciosa tarde.

Los viernes tienen el aroma de la ilusión, de esa posibilidad latente, de algo por descubrir o probar. Es un día que se para saludable, sonriente nos abre los brazos para que pongamos sobre la mesa nuestros deseos y anhelos: siestas, libros, series, reuniones, caminatas, encuentros … ¡tanto por hacer, por pensar, diagramar o proyectar!

Sin embargo, se complica cuando de ese sinfín de cosas que nos proponemos no llevamos a la práctica ni la cuarta parte, entonces al mal humor del lunes sumamos la frustración de lo que no pudimos hacer.

Recuerdo cuando era niña, para mi los viernes eran una fiesta, era llegar de la escuela merendar y disfrutar de la televisión en blanco y negro, sin apuros de deberes u obligaciones. El café con leche sabía más rico, y por allí también era tarde de bizcochos calientes. Si hacía frío me acostaba en la cama de mis padres que tenían una tele pequeña en su cuarto y miraba lo que me gustaba. Desde luego, no había mucha variedad más que los cuatro canales de aire, pero yo me las arreglaba para ver todo lo que en la semana no había podido mirar.

A estos recuerdos agrego, la ilusión de que llegaba el fin de semana y estábamos la familia reunida, los sábados venía a almorzar mi tío abuelo muy pintoresco que nos deleitaba con sus cuentos y anécdotas formidables, así que otro motivo para estar feliz.

Los años fueron pasando y en la medida que fui creciendo se fueron sumando las reuniones, cumpleaños y festejos que muchos eran los viernes, cuánta ilusión. Creo que esa ilusión fue quedando grabada en mí, y los viernes son días que más allá del transcurso de la vida y los años me producen alegría. ¿Será psicológico?, pero veo una alegría y euforia en la gente que no la aprecio otros días, ni que hablar que el tránsito se pone especialmente bravo.

Desde pequeños cuando comenzamos la escuela tomamos como el comienzo de la semana al lunes, y al viernes como ese preámbulo del fin de semana tan deseado. De hecho, para la mayoría de las personas el fin de semana empieza el viernes, aunque hoy generaciones más jóvenes lo han adelantado al jueves por la noche y esta costumbre se ha ido extendiendo.

Quizás parte de lo que nos pueda producir el viernes tenga que ver con su nombre de origen que proviene de la civilización romana. El viernes era el día dedicado a la diosa Venus, en latín “dies Veneris”. Venus es la diosa del amor y la belleza, que deja su marca en abundantes obras de arte. Los romanos sentían una profunda veneración por Venus, al punto de que la misma palabra “venerar” proviene de su nombre. En inglés viernes se dice “Friday” por la diosa Freyja o Frigg, a quien se le rezaba por cuestiones de amor, de belleza y fertilidad, lo mismo que a Venus.

Quizás desde el origen de la palabra viernes en que se le ha rendido culto a la diosa del amor, más todas las vivencias adquiridas, haga que sintamos por este día un especial afecto o significado.

Los viernes son la línea mágica que nos traspasa al fin de semana, son el trampolín para poner a rodar todo lo que no pudimos hacer en la semana, y echar a volar la creatividad y la imaginación en todo aquello que dejamos pendiente por falta de tiempo y estamos expectantes de hacerle un espacio para poner en marcha

Andrea Calvete 

lunes, 25 de mayo de 2020

DOLCE FAR NIENTE

“El dulce no hacer nada” de origen italiano, los uruguayos lo hemos heredado como parte de nuestra idiosincrasia, como un hábito que nos identifica. Y no significa literalmente, no hacer nada, sino disfrutar y compartir placenteros momentos con amigos, deleitarse con una rica comida o de vivir situaciones gratas.

El “dolce far niente” nos invita a saborear la pausa, a entrar en contacto con “aquellas pequeñas cosas” como diría Serrat, que nos dejaron tiempo de rosas.

Como muchos uruguayos somos descendientes de latinos hemos incorporado muy bien este dicho, y disfrutamos de una caminata por la rambla, de tomar mate bajo la sombra de los árboles, de una partida de truco, de un vino, del sol, de una rueda de una cerveza bien fría, de un café, de una rica comida…, pero siempre encontramos ese rato para hacer una pausa.

Aunque creamos que no es necesario tomarnos esa pausa para “ese dulce no hacer nada”, estamos equivocados, es parte del diario vivir, de ese poder compartir los hermosos momentos de la vida que se componen de un cúmulo de situaciones. De estas pausas recuperamos tantos momentos perdidos, olvidados, dejados de lado por ese intenso correr sin freno.

Y quizás no significa literalmente “no hacer nada”, sino no hacer nada de lo que solemos hacer en esa rutina inmensa que significa un montón de horas sin podernos tomar un descanso, para mirar un cielo despejado, el horizonte, el atardecer, una noche de estrellas, o escuchar tranquilos algo de música, o detenernos frente a una estufa de leña a sentir su crujir  y quedar absortos mirando el fuego sin pensar en nada.

Precisamente, esa pausa no es sinónimo de holgazanería como sería la traducción literal, no implica tirarnos al abandono para que la vida se nos caiga a pedazos, sino buscar esos momentos que son imprescindibles para el encuentro con uno mismo, con nuestras ideas, con nuestros pensamientos más íntimos, los cuales quedan sepultados por diferentes motivos, pero el peor de todos por no querer asumir lo que realmente nos sucede.

Los griegos en la antigüedad interpretaban el ocio como “un impulso dominado por la meditación y la reflexión”.

Y en nuestros días, en la vorágine del siglo XXI es necesario tiempo para relajarnos, descansar, pensar, reflexionar, de modo de ver lo que nos circunda con perspectiva, con calma y poder entonces discernir ¿en dónde estamos y hacia dónde vamos?, y aunque parecen preguntas muy sencillas de responder, encierran una gran complejidad, más aún estos días.

Aunque existe un refrán que dice que “el ocio es el padre de todos los vicios”, por supuesto entendido desde el no hacer absolutamente nada en ningún momento de nuestra vida es verídico, pero si somos personas trabajadoras, cumplidoras de nuestros deberes y obligaciones, también es importante un merecido descanso o pausa. Momento en el que posiblemente surgen ideas nuevas, cuerpos y mentes cargados de dinamismo y energía para emprender nuevas situaciones o retomar las que estábamos haciendo pero con muchas ganas.

Y el ocio es una necesidad humana, esa instancia que precisamos para descansar de nuestras tareas habituales, de nuestra rutina. Y es que la rutina es sistemática, agobiante, termina por cansarnos y aburrirnos. Aunque muchas veces cabe preguntarnos ¿por qué tanta gente vive aburrida, sin ánimo, sin energía?

La diversión es uno de los objetivos del ocio, pero no significa sólo entretenimiento, sino dar la posibilidad a nuestro cuerpo y mente de descubrir materias primas para ocuparse y crecer.

Y la imposibilidad de tiempo de ocio conlleva a desarrollar la ansiedad, a través de la cual tienen cabida la aparición de numerosas patologías. En estas últimas décadas como consecuencia de ella, mucha gente sufre de depresión, ataques de pánico, déficit en la atención, hiperactividad, compulsión al trabajo, o patologías en la alimentación.

Y uno de los mayores impedimentos al ocio saludable es la escasez de tiempo ocioso. La vida actual nos lleva a que trabajemos más horas para tener una “mejor calidad de vida”. De este modo el tiempo de ocio lo utilizamos prestando nuestra atención a los medios de comunicación y a la industria del entretenimiento, que si bien en ambos casos logran distraernos, no terminamos por satisfacer nuestras necesidades reales, de esparcimiento, de hacer algo diferente que nos haga sentir bien con nosotros mismos, satisfechos o completos.

Ahora bien, si cuando llega el tiempo tan deseado, esperado, no encontramos qué hacer, cómo disfrutarlo, o aprovecharlo, entonces aquí comienza un gran problema, y seguramente surgirán preguntas como: ¿qué buscamos?, ¿qué anhelamos?, ¿qué nos hace feliz?, o ¿por qué nos soy capaz de disfrutar al máximo de cada momento?

Más allá de estas respuestas sumamente personales, es importante rescatar ese tiempo de descanso, y no olvidar que “el sabio uso del ocio es un producto de la civilización y de la educación”.Por eso, reivindiquemos ese dolce far niente para que surja lo mejor de cada uno de nosotros en esa merecida pausa.

Andrea Calvete

viernes, 22 de mayo de 2020

DE SUEÑO LIVIANO

Una noche, mientras la felicidad cantaba a la luz de la luna sus proezas, la envidia dormitaba con un ojo medio abierto. El mar dejaba escuchar su sonido envolvente, mientras las estrellas brillaban emocionadas por la fiesta a la que habían sido invitado todos los sentidos. No en vano, existe un viejo proverbio que dice: “Nunca grites tu felicidad muy alto, la envidia tiene un sueño liviano”

La envidia, siempre ha tenido el sueño muy liviano, sin embargo, a esta particular característica debemos agregar que esta noche se levantó de un especial mal humor al escuchar que había alguien que lo estaba pasando muy bien junto a sus seres queridos. De inmediato, su rostro se llenó de cólera, sus ojos brillaron con odio, y su sudor supo agrio. Poseída se puso en pie y lanzó un conjuro a los cuatro vientos.

La felicidad ajena al conjuro y al malestar de la envidia continuó toda la noche, bailando y danzando a buen ritmo, hasta que el sol comenzó a elevarse muy lentamente, entonces ya exhausta se dispuso a descansar. Ella y todos los invitados durmieron plácidos el día entero, era domingo, retomarían el lunes sus tareas con vigor y energía.

La envidia suele esconderse tras la cara de una dulce niña, sonríe complaciente, se esmera por agradar, salta como si estuviera radiante, mientras esconde sus colmillos afilados, y sus pensamientos cargados de ruindad y desdicha. Tiene falta de códigos, de barreras, y promueve la discordia y la mediocridad.

Aquel lunes no fue un día cualquiera, fue un lunes negro, un día en el que todos amanecieron enfermos, tosiendo, con las vías respiratorias casi cerradas. Los hospitales comenzaron a desbordarse, y la gente semana a semana se fue contagiando. El virus se expandió rápidamente por la faz de la tierra, y no quedó más remedio que andar de tapabocas para no contagiarse.

La envidia nunca dijo exactamente cuál había sido su conjuro, pero lo cierto que los científicos desde entonces no han parado de estudiar para encontrar la vacuna contra la envidia, un virus muy antiguo pero que ha llegado a todo el Planeta. Están cerca de encontrar el antídoto, dicen por allí que el amor puede ser la pócima que salve a la Humanidad.

Andrea Calvete



domingo, 17 de mayo de 2020

NACER ES UNA CUESTIÓN COTIDIANA

Si bien tenemos una fecha de inicio, de llegada a esta tierra, de nacimiento y también una fecha de partida, no somos demasiado conscientes de la cantidad de veces que morimos y renacemos antes de llegar a ese último día en la faz de la tierra. Por lo tanto, nacer se torna en una cuestión cotidiana.

Vivir, es nacer constantemente, es descubrir ese misterio que día a día vamos develando, mientras erramos el camino y tropezamos un montón de veces, hasta que renace una nueva veta en nosotros.

En este constante devenir en el que todo cambia, no nos quedamos fuera, y renacemos cada vez que dejamos atrás lo que nos daña, lastima o enferma, para dar paso a un nuevo ciclo de vida.

Vivir es nacer constantemente, es animarse a probar nuevos caminos, pero también a mirar con nuevos ojos. Y si algo nos está enseñando esta pandemia, Covid- 19, es eso, a ser capaces de ver más allá de lo que hasta ahora veíamos.

Renacer entre las cenizas puede sonar a falacia o lindar con la utopía, sin embargo, a lo largo del camino muchas veces surgimos más allá de los obstáculos, para crear luz donde hay sombras o de nadar aún contra la corriente. Según un antiguo mito, el Ave Fénix renació en Egipto entre las cenizas transformándose en una bella águila. Del mismo modo cuando las lágrimas son curativas, cuando los no dan paso a los sí, cuando la fuerza se impone a la debilidad y los "tal vez" surgen, entonces renace lo que estaba allí estancado, como en un proceso de transmutación.

Es así que el tiempo se ha convertido en inspiración para todos aquellos que buscan bucear en las profundidades para resurgir renovados. Bucear profundo tiene correlación con desandar lo andado, desoír lo escuchado, desaprender lo aprendido, deshacer lo hecho, desdecir lo dicho, desatar lo atado, desposeer lo poseído, es parte de esa reconstrucción a la que nos debemos enfrentar cuando pretendemos avanzar y no quedar suspendidos en una inconclusa nube de preguntas que lo único que nos hace es detenernos.

Vivir, es nacer constantemente, es descubrir ese misterio que día a día vamos develando, mientras erramos el camino y tropezamos un montón de veces, hasta que renace una nueva veta en nosotros.

Andrea Calvete

EL SECRETO DE LA ROSA

Cada pétalo suave y colorido esconde un misterio que sólo es posible develar en la medida que inhalamos su perfume. Delicadamente, nos invita a descubrir su perfección y belleza, ante la que quedamos absortos.

La rosa tiene ese don innato de encantar con su aura especial, con ese enorme manto que sólo es posible conocer en la medida que nos abrimos a descubrirla y apreciarla.

Tal vez, no todos estemos preparados para que se nos devele un secreto, o al menos estemos receptivos o atentos… Lo cierto, es que para poder percibirlo hay que estar abiertos y entusiasmados para traspasar ese umbral en donde habita la magia.

Tímida y distante, espera a que nos acerquemos a disfrutarla, a sentirla, y así poner en juego todos nuestros sentidos.

Dice un antiguo proverbio chino que “un poco de fragancia siempre queda impregnada en la mano que regala rosas”. La rosa es símbolo sagrado en occidente, ha sido concebida como el centro espiritual del ser. Sus cinco pétalos se los correlaciona con el pentagrama, y tienen que ver con los cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego, y el quinto elemento esa quintaesencia que tiene correlación con lo que trasciende más allá de lo tangible.

El secreto de la rosa se insinúa al inspirar su aroma, se eleva mientras lentamente despertamos a su magnético encanto, y trascendemos un peldaño en el camino del conocimiento y del misticismo.

Tal vez, no todos estemos preparados para que se nos devele un secreto, o al menos estemos receptivos o atentos… Lo cierto, es que para poder percibirlo hay que estar abiertos y entusiasmados para traspasar ese umbral en donde la habita la magia.

Andrea Calvete

sábado, 9 de mayo de 2020

DANZAR CON EL CORAZÓN

Edgar Degas
Quien danza con el corazón es posible que sus pies lo sigan, porque habrá en esa danza entusiasmo, calidez y luminosidad. Con cada latido espontaneo y sincero, se producirá la vibración, ese motor esencial para poder poner en marcha nuestros deseos y anhelos.

Como parte de nuestra esencia, el corazón guarda con recaudo todos nuestros sentimientos, y late a su ritmo, más allá de que por momentos se empecina en determinados tramos del camino. Este músculo vital es quien nos hace palpitar y llevar con nosotros lo que consideramos parte de nuestra esencia.

Si bien en él habitan nuestras penas, tristezas y sufrimientos, los sentimientos de amor y alegría son los que endulzan esos golpes que recibe, y a los que debe superarse día a día.

Algunas veces cansado y entristecido, parece que oprime el pecho y nos deja sin aire. Sin embargo, es fiel y leal, porque suele cobijar a todas aquellas personas que quisimos y dieron un significado a nuestra vida, y por más que pase el tiempo quedan allí como imborrables, viviendo en este pequeño espacio.

Luego de mucho andar, sabe de penas y alegrías, no le podemos ocultar nuestro estado de ánimo, nos conoce de memoria, y ante la mínima situación sabe cómo vamos a reaccionar.

El corazón lleva consigo:

Las noches de luna que aclaran nuestro camino, los amaneceres que nos ayudan a renacer cada día.

El abrazo fraterno y sincero de quien nos ha querido.

El beso que no hemos podido olvidar.

La caricia más suave, el suspiro más tierno, la mirada penetrante de quien nos ama de veras.

Las palabras sinceras y profundas.

Cada vivencia que nos permite crecer y avanzar.

Cada persona que hemos conocido y ha dejado algo de sí, también se ha llevado algo de nosotros.

En definitiva, su palpitar apasionado permite resguardar todo lo que conforma nuestra verdadera esencia, lo que somos y hacemos, lo que soñamos y anhelamos, y en lo que persistimos porque se haga realidad.

Por eso, quien danza con el corazón es posible que sus pies lo sigan, porque habrá en esa danza entusiasmo, calidez y luminosidad. Con cada latido espontaneo y sincero, se producirá la vibración, ese motor esencial para poder poner en marcha nuestros deseos y anhelos.


Andrea Calvete

EL ABISMO DE LA DESOLACIÓN

Traspasar cualquier tipo de abismo suele ser como abrir una puerta que vuela en el momento en que lo cruzamos. Cuando nos hundimos en el abismo de la desolación el aire comienza a escasear y las esperanzas se apagan a fuego lento.

Un abismo húmedo, frío y oscuro, que nos deja tras enormes rejas. Se cuela entre los barrotes la miseria con su daga en mano, mientras nos oprime con su filo cortante y nos quita la poca esperanza que entra a través de los escasos rayos del sol.

Es en estos momentos en los que nada parece claro, quisiéramos disculparnos con todos los que nos hemos equivocado, saldar viejas cuentas, para mirar con menos pesos sobre los hombros hacia adelante. Aunque, cuando todo parece perdido uno se pregunta: “¿Qué más da?”

El abismo de la desolación abre sus puertas cuando lentamente nos vamos dando por vencidos, y cerramos las ventanas a los posibles, y abrimos las puertas al desaliento y a la desidia. Y de reojo nos mira la tristeza. Si bien no podemos evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre nosotros, si podemos evitar que anide en nuestros cabellos.

Quizás nos seamos conscientes de cuál ha sido el hilo conductor que nos ha conducido hasta acá, y uno se pregunta: “¿Qué más da?”

Sin embargo, es importante preguntarnos por qué llegamos hasta aquí, que fue lo que nos indujo, y si bien las posibles respuestas pueden ser bastante complejas, todo parece más claro cuando ponemos sobre la mesa ese plato lleno de afectos, en el que nuestros seres queridos nos acarician y abrazan. Es entonces, el preciso instante en que retrocedemos porque sabemos que hay una mano que nos precisa y nos sujeta para que no nos caigamos.

Finalizo con una pregunta del Teólogo Leonardo Boff: “¿Qué queda después de no quedar nada? Queda lo esencial que el luto inducido no puede destruir: queda la semilla. En ella están en potencia las raíces, el tronco, las hojas, las flores, los frutos y la copa frondosa.”

miércoles, 6 de mayo de 2020

"VIEJOS SON LOS TRAPOS"

Hoy frente a esta “nueva normalidad” hasta el alma comienza a arrugarse. Y no dejamos de oír: “Agudicen cuidados personas mayores de 65 años”. Para algunos una fecha muy lejana, para otros una realidad en la que se sienten sanos y plenos. Sin embargo, esta situación lleva a que se desmoronen muchas ilusiones y la ansiedad se exacerbe, pero a no desanimarnos porque el mundo es de los que luchan, y "viejos son los trapos" según un viejo proverbio popular.

Adultos mayores para algunos, para otros tercera edad, dos nombres que parecen tener gran peso, a tal punto que muchas personas se sienten disminuidas porque han concluido un camino, mientras que en otros ámbitos ocupan importantes lugares, como cargos gubernamentales, empresariales y despliegan su sabiduría y energía.

Frente a esta realidad compleja y diversa ¿cómo es posible esta diferenciación tan abrupta y discordante? Por una parte, se habla de personas que ya han vivido su vida y necesitan descansar, aunque un gran número se sumerge en la tristeza, en la amargura, pues dependen de una magra jubilación, y al mirarse al espejo ya no queda ni un ápice de lo que fueron años atrás. Contrariamente, vemos gente mayor ocupando y desempañando roles en forma correcta a pesar de sus años.

A todo esto, sumamos, la irrupción del Covid 19, que se empeña en quitar de un borrón las esperanzas y el ánimo de muchas personas. Sin embargo, al Sr. Covid cabría recordarle que los años arrugan la piel, no el alma. Según Graham Greene “en el fondo de nosotros mismos siempre tenemos la misma edad”. Una frase realmente cierta, pues a pesar de los años las personas tenemos necesidades, sentimientos, expectativas que continúan en nuestros corazones latiendo como cualquier otro día de nuestras vidas.

Es necesario comprender que los seres humanos somos todos útiles independientemente de la edad que tengamos. El tránsito por la vida nos enriquece en experiencias, que posiblemente sean de ayuda a otras personas.

El hecho de estar vivos es maravilloso, el de no perder el entusiasmo, la alegría de vivir, de reír, de ser útiles, de aprender, de ayudar, de comprender… las personas valemos más allá de las canas, arrugas, o años vividos.

Según Bergman “envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”.

Asimismo, es importante tener en cuenta que todos los integrantes de la sociedad somos indispensables, somos parte de un gran motor. Es así que las personas de edad media conforman un importante sostén social que trabaja con energía y años de experiencia, son la generación que media entre los más jóvenes y los más adultos. Por su parte, los más jóvenes son la ilusión, la esperanza. Y los mayores son la base del sostén de este gran mecanismo.

Todos somos imprescindibles, todos necesitamos los unos de los otros, siempre es posible aprender algo nuevo que nos enriquezca y estimule a ser mejores personas.

Eduardo Galeano señala que “hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como un desafío candente sobre las conciencias de los hombres”. Y partiendo de esta reflexión se puede observar que desde la individualidad forjamos el devenir, y somos responsables en pensar en él como un lugar donde la equidad sea un sustantivo que juegue un rol preponderante.

Una sociedad de cara al futuro necesita que sus integrantes tengamos oportunidades de vivir dignamente, de acuerdo a nuestras capacidades y expectativas. Es necesario entender que dependemos de todos para salir adelante, pues la unión hace la fuerza. Y de allí, es que resulta tan importante no dejar de lado a los adultos mayores pues son un eslabón esencial en la cadena de la vida.

Tarde o temprano todos llegamos a vivir las distintas etapas de la vida pero cuando los años transcurren, y nos ubicamos en un estadío medio comprendemos mejor algunas situaciones que antes no lográbamos asimilar, pues ya no nos vemos tan lejos, y sabemos que “todo pasa y todo llega”.

Pero hoy en día, dado los adelantos, la tecnología, las personas cuando pasan los sesenta años se encuentran plenas llenas de vida y energía. Asimismo, dado que la calidad y las expectativas de vida son cada vez mayores, entonces debemos ajustarnos a lo que nos depara el futuro, que son generaciones cada vez más longevas y activas. Por eso. no podemos permitir que el Covid 19 nos venza.  A no desanimarnos porque el mundo es de los que luchan  y "viejos son los trapos" según un viejo proverbio popular.

Andrea Calvete

sábado, 2 de mayo de 2020

PREGUNTAS OMITIDAS

Con ilusión abrazamos el nuevo día, la brisa nos envuelve con su vaivén, mientras la luna esparce su encanto casi magnético. En esta maravilla que nos posibilita el día a día, omitimos algunas preguntas, para poder continuar con nuestro mejor ritmo.

Algunas preguntas las omitimos, pasamos de largo porque si bien no sabemos a ciencia cierta su respuesta, no deseamos ni escuchar nada que se les parezca. Pero en la medida que pasa la vida, nos preguntamos: ¿Cuántos días me quedan? En realidad, creo que es más importante cómo que cuánto. Porque nadie desea sufrir o padecer sus días. También relacionada con esta pregunta sobrevuelan los pendientes, lo que desearíamos hacer, pero aún no hemos hecho, y aquí nos pondremos más o menos exigentes dadas nuestras expectativas o tal vez dependerá de cómo estemos parados ante la vida.

Ante la incertidumbre de lo que vendrá este marzo nos ha borrado de un plumazo cualquier posibilidad, nos sentimos como parados en arenas movedizas, o como caminando en medio del desierto y viendo un espejismo a lo lejos.

Y omitimos al sentarnos a la mesa sincerarnos, porque algunas respuestas pueden llegar a no gustarnos, o al menos preferimos dilatarlas. Y aquí aparece aquel famosos proverbio comiéndonos la cabeza, “no dejes para mañana lo puedes hacer hoy”, pero con la mano lo corremos porque ya es demasiado lo que tenemos en mente como para seguir preocupándonos.

Nos pasamos de largo ciertas pausas, nos dejamos olvidados ciertos acontecimientos, y nos mostramos tranquilos, aunque por dentro la omisión de esas preguntas nos carcome y aniquila.

Sin embargo, protegidos en nuestras burbujas, nos alejamos de esas preguntas que omitimos por falta de valentía, o por simple dejadez o poca iniciativa.

Todo lo que no se dijo y se debió haber dicho, está allí a la espera de salir, pero se ha escondido en ese recoveco recóndito al que tenemos poco acceso.

Tiempo de siembra y de cosechas, y si bien se dice que se cosecha lo que se siembra, algunas veces dejamos que la cosecha se marchite porque sabemos que la siembra no ha sido hecha a consciencia, y posiblemente hayamos omitido tantas preguntas.

Cuestionarnos es parte del pensamiento crítico, de poder crecer y avanzar, pero también es parte de ser responsables y asumir consecuencias, tomar decisiones y hacerse cargo.

Con ilusión abrazamos el nuevo día, la brisa nos envuelve con su vaivén, mientras la luna esparce su encanto casi magnético. En esta maravilla que nos posibilita el día a día, omitimos algunas preguntas. Sin embargo, hoy es un buen día para no continuar postergando lo que debimos haber hecho, lo que debimos haber cuestionado, para así encontrar esa respuesta tantas veces eludida. Las dudas son inherentes a los seres humanos, son signos de inteligencia, de reflexión y de pensamiento crítico. Mas es imprescindible dudar a tiempo, cuando una situación aún puede ser reversible.

Andrea Calvete




jueves, 30 de abril de 2020

AMBIVALENCIA

Quizás la ambivalencia de vivir juntos y separados, hiperconectados y desvinculados, vivos y muertos, cerca y lejos, sea parte de la misma paradoja que la vida nos propone al enfrentar nuestra propia dualidad. Sin embargo, con cada paso que damos a través de esa conexión dual, estamos más cerca de solidificar esa liquidez para llegar al todo, y así dar un sentido verdadero en este devenir fluctuante que espera de nosotros la respuesta.

En esta modernidad líquida donde todo va perdiendo solidez, aún quedan quienes luchan por sus utopías, o por sus anhelos mustios y oxidados, porque aún flamean, mientras el latido agónico del amor pretende sobrevivir, ya que pese a todo es más fuerte e intentará hacer brillar una mirada o palpitar un pecho cuando su mano se extienda.

La modernidad líquida nos envuelve, y nos paramos frente a un mundo en que los paradigmas parecen desmoronarse. Mientras la tecnología avanza nos escondemos detrás de los monitores esperanzados que algún momento se humanicen. Hoy más que nunca necesitamos el contacto con el otro, ese contacto físico tan necesario en el que una mirada puede algunas veces más que mil palabras, o un apretón sincero o abrazo llenan nuestro corazón abatido.

Estamos hartos de emoticones y caritas que expresan sentimientos, motivaciones y deseos, necesitamos de ese café cara a cara, de esas largas charlas hasta que ardan las velas.

Si bien vivimos encerrados en nuestras pequeñas burbujas, apartados y casi recluidos, aún existen nexos que nos permiten sentirnos vivos, queridos y necesarios, porque por más que la incertidumbre nos sacuda y el desánimo nos despeine, en lo más profundo de nuestro ser habita un don divino que es capaz de despertar, siempre que estemos abiertos a la vida y al devenir, al cambio y la posibilidad de seguir avanzando y vibrando en armonía y sintonía con lo mejor de nosotros.

Quizás la ambivalencia de vivir juntos y separados, hiperconectados y desvinculados, vivos y muertos, cerca y lejos, sea parte de la misma paradoja que la vida nos propone al enfrentar nuestra propia dualidad. Sin embargo, con cada paso que damos a través de esa conexión dual, estamos más cerca de solidificar esa liquidez para llegar al todo, y así dar un sentido verdadero en este devenir fluctuante que espera de nosotros la respuesta.

Andrea Calvete








sábado, 25 de abril de 2020

CONSTRUYENDO UNA NUEVA NORMALIDAD

Construyendo una nueva normalidad, “building a new normal”, es la consigna desde comienzos de marzo en Estados Unidos y diferentes partes del mundo ¿Cabe preguntarnos qué es la normalidad en nuestros días, en esta contemporaneidad que nos ha dejado encerrados, aislados, a un metro y medio de distancia?

Y los diferentes gobiernos ya está trabajando en esta “nueva normalidad”. Una “normalidad” impuesta por una pandemia que nos tiene contrariados, afligidos, disgustados, presos, aislados, temerosos, fuera de nuestras actividades, alejados de nuestros afectos, en medio de una gran crisis económica. Nuestras posibilidades se tambalean y nuestro ánimo también.

¿Nos adaptaremos a la “nueva normalidad”? Dice un viejo dicho “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista” y seguramente nos adaptaremos, pero nos preguntamos: “¿Cuáles serán las consecuencias de todo lo que estamos viviendo, de esta pesadilla salida de uno de los mejores cuentos de ficción?”

Si bien las interrogantes nos interpelan constantemente, se contraponen nuestros deseos por volver nuestros días como siempre, aunque sabemos que eso no será posible. Sin embargo, en nuestros ratos de evasión, soñamos, viajamos, recorremos aquellos estantes en los que no habíamos sido contaminados por estos días de pandemia.

Por otra parte, al leer las noticias observamos “casos”, “número de contaminados”, “número de muertos”, y se nos pone la piel de gallina al ver que somos tratados como números de una infame historia, ¿acaso se olvidan de que son vidas, sufrimiento, dolor y muerte la que rodea a toda esta durísima situación? Cuando leemos estas expresiones se entremezcla una suerte de egoísmo, porque es al otro al que le pasa, aún no me ha pasado a mí, pero nadie está a salvo en esta pandemia.

Y así andamos con tapabocas, desinfectándonos las manos y todo lo que está a nuestro alcance, con temor a cruzarnos con alguien que tosa, es que vemos en el otro a un enemigo potencial… es muy triste lo que genera este Covid- 19. Sin embargo, no dejo de reconocer que hay mucha gente que se ha solidarizado con los que sufren, están enfermos y necesitados, quizás esta sea la parte que nos de un poco de luz a este “cuento de ciencia ficción” que estamos protagonizando día a día.

En esta “nueva realidad”, espero encontrar algo bueno, positivo …, les soy sincera me está costando mucho, pero no me daré por vencida, mientras tanto nos iremos gradualmente adaptando a lo que esta pandemia ha querido cambiar muy a nuestro pesar, y no tendremos más remedio que aceptar con paciencia, pero no con resignación. Resignarnos significa casi darnos por vencidos, creo que debemos aceptar lo que sucede, pero poner cada uno nuestra cuota de creatividad, de ingenio y de ilusión, es decir repensarnos y redescubrirnos ante lo que vivimos día a día.

Andrea Calvete




jueves, 23 de abril de 2020

HIJOS DEL VIENTO

Los hijos del viento brillan a través de sus mentes, se elevan con las alas de ilusiones iluminados por su creatividad e inteligencia. Están convencidos de que todo y nada son dos vocablos efímeros, mientras que siempre y nunca se escurren como arena entre las manos. La certeza los sorprende, la incertidumbre los acaricia, y un halo de misterio los acompaña dispuestos a dejarse maravillar por el nuevo día.

Surgen con ellos el aleteo de la libertad, los cielos de estrellas y los horizontes llenos de utopías. Los colores infinitos de las ideas, los sabores especiales de las noches de luna llena, los atardeceres de esperanzas naranjas, y los lilas de los sueños los cincelan. Así nacen los hijos del viento.

Con su halo enigmático el viento llega sin anunciar, “sopla de donde quiere lo escuchamos pasar, no sabemos de dónde viene ni a dónde va”. Del mismo modo, nos invita a ser libres más allá de nuestro origen o destino, nos permite unirnos a esos hijos que recolecta en su camino.

Hay quienes lo sienten pasar y se niegan a dejar que su aire los purifique, o que su brisa los acaricie, o simplemente no se dejan despeinar por su imprevista llegada. Sorprenderse gratamente por su arribo es como renacer en un día de primavera.

Los que no se amarran o se esclavizan son hijos del viento, de su tiempo volátil, de su aleteo extenso, de sus pupilas brillantes y de sus ojos bellos. Como sus descendientes saben honrar el vuelo, para elevarse lento y divisar que es posible un preciado universo.

Los hijos del viento no se prohíben los sucesos, pues es en ellos está la decisión, el camino a seguir por propio convencimiento. Cabalgan por las orillas de las olas que rompen fervorosas en las doradas arenas. El tiempo no los retiene, descalzos caminan sobre distintos suelos, nada los ata o aprisiona, si hacen una pausa la disfrutan porque conciben la vida como una celebración.

Quizás todos seamos hijos del viento, semilla de su vuelo y aroma de su esencia, de ese planear por nuevos cielos sin barreras.

Somos hijos del viento, y así brillamos a través de nuestras mentes, nos elevamos con las alas de las ilusiones, iluminados por la creatividad e inteligencia. Convencidos de que todo y nada son dos vocablos efímeros, mientras que siempre y nunca se escurren como arena entre las manos. La certeza nos sorprende, la incertidumbre nos acaricia, y un halo de misterio nos acompaña dispuestos a dejarnos maravillar por el nuevo día.

Llegamos desnudos al mundo pero no en forma literal, porque venimos determinados por nuestros genes, por lo que de alguna manera nuestras familias han determinado, por el nombre que nuestros padres han elegido, por el colegio al que asistiremos y por la educación que recibiremos.

Algunos en esa suerte de determinismo el ser hijos de alguien “conocido o prestigioso” le trae muchos dolores de cabeza. Así en principio tratan de asemejarse lo más posible a ese progenitor, pero cuando no lo hacen entonces pretenden despegarse y hacer su camino, aunque muchos no lo logran y siguen siendo los “hijos de”

Sin embargo, somos todos somos “hijos de”: hijos del viento, del paso de la historia, de nuestros antecesores y de nuestros padres. De alguna manera todo va sumando en lo que somos y también nos va determinando, de allí el trabajo personal y constante por esculpirnos conforme a nuestras creencias, convicciones y sentimientos profundos, fieles a lo que deseamos y anhelamos ser, más allá de lo que alguna manera venimos determinados.

Me pongo a pensar y también he determinado a mis hijos, desde luego con el afán de que fueran personas plenas y satisfechas, como seguramente lo han hecho mis padres… sin embargo, esa suerte de determinismo me pesa en los hombros, y la historia vuelve a repetirse.

Lograr despegarnos de lo que nos ha determinado, no es tarea sencilla porque en ese paquete se mezcla lo que hemos adquirido, incorporado y también elegido. La misma naturaleza también nos determina lugares más cálidos, más fríos, más o menos reconfortantes donde vivir y llevar al cabo nuestros días.

Somos hijos del viento, y así brillamos a través de nuestras mentes, nos elevamos con las alas de las ilusiones, iluminados por la creatividad e inteligencia. Convencidos de que todo y nada son dos vocablos efímeros, mientras que siempre y nunca se escurren como arena entre las manos. La certeza nos sorprende, la incertidumbre nos acaricia, y un halo de misterio nos acompaña dispuestos a dejarnos maravillar por el nuevo día.

Andrea Calvete

miércoles, 22 de abril de 2020

ATRAPADOS ENTRE PALABRAS

La palabra un instrumento que puede llegar a esclavizarnos o a liberarnos. Así algunos vocablos buscan desesperadamente materializarse, y otros inoportunos llegan cuando menos los esperamos, atrapados entre lo dicho y lo no dicho, entre lo supuesto y lo ocurrido, nuestra vida transcurre deseando ese punto en el que las palabras logren una armonía.

Algunas veces las palabras saben a poco, porque no expresan lo que desearíamos oír, otras están ausentes, mientras las verborrágicas se aligeran a salir sin pensar demasiado.

Pero no faltan las que quedan mudas, nos ensordecen con su falta de expresión. Entonces nos preguntamos ¿por qué callan, por qué fueron silenciadas? Nuestra mente un gran instrumento capaz de disponer qué recordar, callar o aquietar, aunque no siempre somos conscientes de ello. Por momentos, nos encontramos atrapados entre palabras sin sentido, pero en el fondo sabemos que lo tienen.

Entre los recovecos de las letras las palabras se deslizan, ponen su acento en determinados asuntos, dejando otros para cuando sea el momento más oportuno.

Algunas palabras tienen el don de enredar, otras de difamar, herir, o anudar las situaciones hasta hacerlas insostenibles.

Las palabras como balas se alojan en lugares de difícil acceso, se instalan dolorosas, molestas, se retuercen entre nuestro cuerpo, mientras pretendes con un plumazo borrar de todo ese dolor como si nada hubiese sucedido.

No me engañan tus halagos desmedidos, tus ponderaciones, que pretenden borrar con el codo lo que manifestaste en pleno uso de tu razón. Dicen que las palabras se la lleva el viento, pero algunas tienen ese don de quedar más grabadas que otras, de esconderse en esos rincones de difícil acceso, y allí están recordando por momentos ese desafortunado instante en el que decidiste dispararlas.

Ese disparo ha hecho perder mi confianza, ese lazo que parecía indestructible ha quedado cortado, resquebrajado por la desilusión, por el descubrimiento de un ser muy diferente al que creía que eras, pero que sin embargo estaba allí realzando a tu verdadero yo.

Tomo un bisturí e intento extirparla, con mucho pulso y precisión, con la valentía entre mis manos me pongo en marcha, dispuesta a que se produzca el sano proceso de cicatrización, en el que la herida lentamente cierra.

Es así que cuando intentamos revertir algún acto y cambiar la actitud hacia una persona, es importante no olvidar que algunas palabras suelen tener el efecto de las balas una vez que se dicen no tienen marcha atrás, porque fueron disparadas con una intensidad y una fuerza irreversible. También cuando esas palabras lastiman, dañan o perjudican no son tan fáciles de solucionar con una simple sonrisa y un cambio de actitud.

Tantas veces no llegamos a dimensionar el daño que pudimos ocasionar a alguien a través de nuestros dichos, o palabras, que quizás no hayan tenido ese destino, pero sin embargo han llegado a su receptor y lo han molestado, dañado o incomodado. Es así que cuando nos damos cuenta de ello, intentamos revertir lo sucedido, pero no siempre es posible. De alguna manera, vivimos atrapados entre palabras.

Andrea Calvete

sábado, 18 de abril de 2020

AL ENCUENTRO DE UN RINCÓN


Me recuesto en un rincón especial, en compañía de un té disfruto los perfumes de la tarde, los ruidos de las inmediaciones. Me dejo abrazar por la brisa y el cielo celeste, los colores, aromas y sabores del otoño, que despiertan mis sentidos y me distiendo.

Ese rincón especial está al alcance de todos, es ese lugarcito del hogar, del balcón o de una habitación en el que nos permitimos ser.

El simple hecho de abrir una ventana y dejar que el aire y el sol la atraviesen es una inmensa bendición, que seguramente hasta ahora no la valorábamos debidamente, pero estos días nos han permito gozar de “aquellas pequeñas cosas” como diría Serrat.

En ese rinconcito especial, podemos disfrutar de una taza de té o de café, o de un mate bien amargo, en silencio o compañía de una linda música, abiertos a los perfumes y colores de la naturaleza, a la belleza de ese momento en el que decidimos premiarnos, mimarnos hacer esa pausa tan merecida y deseada, dejando las preocupaciones de lado, y las prisas para después.

En este rincón podemos permitir que los ocres, rosas y naranjas se unan a pálidos celestes pasteles, para deleitar nuestras pupilas con una fiesta de colores, donde las nubes blancas se tiñen de las tonalidades del atardecer con un ritmo lento y sugestivo.

En la medida que vamos disfrutando de este espacio, va cayendo la tarde, y aparecen los grillos y luciérnagas que iluminan como luces intermitentes los rincones más oscuros.

Las fragancias de las flores impregnaron el aire de frescura y paz, así en compañía de nuestro mate o café logramos desconectarnos de todo lo que le nos preocupa, para estar allí con nosotros mismos, disfrutando de nuestro yo más profundo.

Unos minutos de relax en un lugar en el que nos sintamos a gusto es un privilegio para nuestros sentidos, para poder dejar atrás por unos instantes los problemas, para que la mente logre trascender lo superfluo y conectarse con lo profundo e interno.

Así un atardecer puede ser un lugar lleno de paz y armonía, bajo un cielo cargado de estrellas que empiezan a apoderarse de toda su superficie para dar cabida a la noche que está por llegar.

Pero más allá, del momento en el día, ese rinconcito especial en el que escribimos, pensamos, pintamos, leemos, o simplemente nos distendemos, tiene esa particularidad que nos deja ser y estar en paz y en armonía, de modo de hallar ese equilibrio por momentos tan necesario, pero a su vez tan lejano.

Me recuesto en un rincón especial, en compañía de un té disfruto los perfumes de la tarde, los ruidos de las inmediaciones. Me dejo abrazar por la brisa y el cielo celeste, los colores, aromas y sabores del otoño despiertan mis sentidos y me distiendo.

Andrea Calvete








EL ÚLTIMO BASTIÓN

Nuestras raíces se resquebrajan, el humo tapa la visión, mientras las llamas se esparcen, se avivan las pasiones, anestesiados y escépticos nos movemos por la calle de la desolación. Aquel bastión en el que residía la tranquilidad y la calma se aleja como un oasis en el medio del desierto

En la medida que pasan los días una enmarañada suerte de desánimo contagia el aire, mientras los tapabocas parecen ser los salvadores de una historia de ciencia ficción. Pero, es la realidad, es este presente sin pie ni cabezas que estamos viviendo.

Guardar distancia del otro es lo que aparentemente nos salvará. Ahora me pregunto esa distancia se acortará en algún momento, porque ya estábamos bastante distantes antes de que todo esto ocurriera, cabe entonces analizar si no se ensancharán las brechas.

Nada está muy claro sobre lo que vendrá después, cada día que transcurre nos alejamos de ese bastión en el que nos criamos y crecimos confortables, sin preocupaciones disfrutando de la niñez y la algarabía de la vida. Ojalá los más pequeños transiten estos momentos de manera que no queden secuelas en ellos, porque la niñez es una etapa muy tierna y sagrada, sobre la que se eleva el ser que vamos construyendo lentamente.Ojalá no dejemos de sonarle la nariz al hijo del vecino, o de dar esa taza de azúcar o de harina que le faltó a doña María, o de barrer la vereda con entusiasmo… porque nuestros mejores hábitos parecen también haber quedado detenidos producto de este virus detractor.

El día después aún no está nada claro, ni cómo llegará, ni cómo lo lograremos, pero lo que más me preocupa es cómo saldremos parados emocionalmente después de todas estas restricciones y barreras para luchar contra el virus.

Muy atinadas las palabras del escritor Eduardo Callaey “Y un día me di cuenta de que todo aquel mundo en el que había crecido estaba sitiado. Que todo lo bueno, lo bello y lo sagrado se estaba apagando en medio del desinterés, la desidia, o simplemente la ausencia de sentido. Con el tiempo descubrí que había otros como yo y decidí resistir con ellos desde el último bastión”

Nuestras raíces se resquebrajan, el humo tapa la visión, mientras las llamas se esparcen, se avivan las pasiones, anestesiados y escépticos nos movemos por la calle de la desolación. Aquel bastión en el que residía la tranquilidad y la calma se aleja como un oasis en el medio del desierto, con mucha paciencia seguramente llegaremos porque dice un viejo dicho italiano que “piano piano se va lontano”

Andrea Calvete

sábado, 11 de abril de 2020

EL ÁRBOL DEL CORAZÓN

El árbol del corazón tiene la nobleza de ser genuino, ninguna desesperanza lo detiene, o ingratitud lo quebrante, él sigue latiendo a su ritmo, para generar nuevas hojas de ilusión impregnada de los aromas más sutiles y los colores más bellos que estén a su alcance.

Las ilusiones perdidas se desprenden del árbol del corazón, quedan así en el piso, mientras quienes caminan las pisan sin saber realmente el dolor que nos causan. A su vez nosotros pisamos las ilusiones desprendida de otros corazones que al igual que nosotros se dejan llevar por la desesperanza de haberlas dejado atrás.

Tanto se pierde en la vida, pero como contrapartida se gana. Cada ilusión que se desvanece tiene como resultado otra nueva ilusión que aparece para iluminar nuestro día, pero se torna realmente difícil cuando quedamos en blanco a la espera de que una nueva ilusión aparezca o ilumine nuestro camino, porque nos hallamos a la deriva sin saber muy bien para dónde agarrar.

Sentimos que no habrá un después, se deshilachan las ilusiones como un vuelo inconcluso. Se visten de ocres las tardes en un desesperado intento porque algún naranja aparezca.

Sin embargo, al mirar con detenimiento esas ilusiones que se han desprendido del corazón alcanzamos a percibir esos naranjas que aún permanecen en la acera, entonces comienzan a iluminarse nuestras pupilas esperanzadas, porque que se asoma un brillo esperanzador que llega del árbol del corazón.

“Hojas del árbol caídas, juguetes del viento son. Las ilusiones perdidas, ¡ay!, son hojas desprendidas del árbol del corazón” nos dice José de Espronceda

El árbol del corazón tiene la nobleza de ser genuino, ninguna desesperanza lo detiene, o ingratitud lo quebrante, él sigue latiendo a su ritmo, para generar nuevas hojas de ilusión impregnada de los aromas más sutiles y los colores más bellos que estén a su alcance.

Andrea Calvete  




POEMA DE ABRIL

Dos palabras se unen sin saberlo, se dejan embriagar por su misterio bajo un cielo celeste y despejado, quieren ser poema de este abril que abriga con su canto.

Perfumadas de ocres, se toman de la mano y caminan con discreción y elegancia. No se detienen porque saben que el invierno pronto las alcanzará, no quieren perder el seductor encanto del otoño.

Los pájaros revolotean diáfanos, la espuma blanca de las olas rompe en la paz de la mañana. Ellas caminan descalzas por la orilla del mar, se detienen y se besan apasionadamente, para vibrar como nunca lo han hecho. Hechizadas por el tibio aire de abril continúan absortas.

Los vaivenes de las olas son perfectos, es que abril hace del mar una sinfonía armoniosa de azules de cobalto, entre sepias infinitos. Los aromas se entremezclan con el rocío de las hojas que comienzan a caer y poblar las veredas como alfombras suaves y amarillas. En este escenario se dan todas las condicionantes para que estas dos palabras se amen con locura.

La lluvia de abril también suele ser diferente, se llena paz y de tranquilidad, es un remanso para los recuerdos, gotas doradas bañan la quietud que se inspira mientras en un charco se espejan dos pájaros en su nido. Entre recuerdos y anécdotas caminan abrazadas bajo su paragua, mientras la risa las acompaña.

Con ritmos tibios y suaves llega abril, para bailar entre la magia y el encanto de sus nubes pomposas y esfumadas. Sus silvestres perfumes y sus mentolados sabores se pierden en los rosas pálidos que entrecierran sus ojos con aire somnoliento. El sol a través de su alquimia se perfila y conquista en cada rayo a quien se anima a disfrutar de sus mágicos escenarios. Las dos palabras se sienten las protagonistas del más hermoso cuadro realizado hasta el momento.

El aire encantado las perfuma cada amanecer lleno de sonidos delicados y envolventes, en el que lentamente se desojan los deseos hasta encontrarse con ese palpitar a punto de perderse. Ellas continúan felices porque quieren ser poema de este abril que abriga con su canto.

Andrea Calvete







lunes, 6 de abril de 2020

UNA CARTA AL OLVIDO

No sé si llegara a tiempo esta carta, pero al menos haré el intento. Creo que se unirán unos cuantos, a mis palabras, de modo que la energía puesta en estas líneas se hará potente y será parte de una enorme egrégora.

Te molestamos a diario pidiendo olvidar lo que nos disgusta o amarga. Hoy, sin embargo, no se trata de borrar de un plumazo lo que sucede porque sabemos que estaría lindando en la utopía, pero sí que contribuyas a borrar tanto sufrimiento, desesperanza y desánimo.

Un gran aliado en esta carta es la gratitud. Ella agradece todo lo que sucede porque sabe que detrás de cada cosa que pasa siempre hay algo que nos enriquece y nos ayuda a crecer. Nosotros intentamos acompañarla, pero no es fácil seguirle el paso, va muy decida y nada la quebranta, como entenderás algunos nos vamos cayendo por el camino, otros tenemos que tomar asiento para respirar y descansar, y otros ya no le podemos seguir el paso.

Como verás las cosas están complicadas, por eso está en ti colaborar para borrar tanto sufrimiento en la faz de la tierra, desde luego te ofrecemos nuestras manos para colaborar en lo que haga falta. Estamos acompañados también por la solidaridad sentimiento que nos ayuda a vibrar en conjunto y armonía.

Por favor deja en nuestra memoria lo mejor de nosotros, lo que nos permita ser luz, hay mucha oscuridad en estos momentos. Desde luego estamos impulsados también por la empatía, gran aliada cuando se trata de ponernos en la piel del que tenemos al lado.

No quisiéramos ocupar más tu tiempo, debes estar saturado de pedidos, finalizamos agradeciéndote que hagas lo que esté a tu alcance, nosotros desde ya contamos también con nuestra amiga resiliencia, ella nos ha enseñado que lo que no te mata te fortalece, así que vamos por buen camino.

Gracias y esperamos que borres las imágenes duras que estamos viviendo, para así continuar fortalecidos.

Andrea Calvete




sábado, 4 de abril de 2020

CUANDO NADA ESTÁ CLARO

Cuando nada está claro se buscan respuestas, se escatiman sílabas, se piden prestados versos, canciones, se buscan colores, sonidos y formas… pero todo parece dirigirse en un sentido incomprensible.

Los días buscan pararse como siempre, sin embargo, no los tomamos tan a la ligera, y todo parece sentirse y apreciarse mejor. Los pinos perfuman las mañanas, el otoño sabe como nunca a lavandas y romeros en flor.

A pesar de que día a día todo se torna tan incomprensible, lo que si nos queda claro es lo que hasta ahora no habíamos valorado, o habíamos pasado por alto. Surge esa dicotomía de ser y no ser, de estar y no estar, de querer y no querer… es que todo lo que queremos en estos días aparece esa disyuntiva. Y no es la primera vez en la que nos enfrentamos a ella, pero hoy nos acorrala en un rincón y nos pide que actuemos con precisión, porque cualquier falla puede llegar a ser irreparable.

Cuando nada está muy claro se buscan respuestas, y de repente nos tropezamos con viejos estantes olvidados en donde las palabras desgastadas por el tiempo se deshilachan, mientras intentamos emitir una frase coherente. Es que la coherencia ha salido de paseo y pocas veces la encontramos en estos días.

A pesar de que día a día todo se torna tan incomprensible, los afectos se vuelven un tesoro que nos da luz y fuerzas. Nuestros ojos se deslizan para mirar como nunca, para ver la belleza que habita en la propia naturaleza y que apenas reparábamos en ella.

Cuando nada está muy claro se buscan respuestas, se escatiman sílabas, se piden prestados versos, canciones, se buscan colores, sonidos y formas… pero todo parece dirigirse en un sentido incomprensible. Sin embargo, en la medida que pasan los días nos va quedando claro que es lo que realmente es valioso en nuestras vidas.

Andrea Calvete