DE LA MANO DE LO PROHIBIDO
Las prohibiciones si bien tienen un porqué, suelen cargarse de un aire tedioso, incisivo. Se plantan soberanas con aire inquisidor lo que nos lleva a desafiarlas, a cuestionarlas, salvo que estemos absolutamente convencidos de que son necesarias. Cuando uno está convencido de algo no lo hace porque se lo prohíban sino desde la convicción de que es la mejor opción a seguir. Para quienes fuimos educados en dictadura, criados en ella, o quienes la padecieron tras las rejas o en el exilio, no nos resulta fácil asimilar la palabra prohibido, pues todo estaba vetado, no se podía leer, escuchar música, pensar, razonar o cuestionar, parecíamos autómatas destinados a caminar en fila, por eso esa palabra nos ha marcado a muchos uruguayos y nos suena muy mal. Asimismo, no es productiva, pues el prohibir muchas veces conlleva a un modo de rebeldía a no seguir lo establecido e ir contra la corriente. Ese prohibido nos deja maniatados, por eso los invito a cambiar de mentalidad, o al menos inten...