EL HOMBRE DEL HOMBRE NECESITA
Era un lugar propicio para que la uva creciera hermosa, perfumada y supiera exquisita. Donde el aire puro y el sol se dejaban sentir. Un valle donde la luz y la temperatura eran perfectos para que se desarrollara la vid. Un sitio mágico, que había logrado congregar alrededor de varias hectáreas a quince familias que se dedicaban exclusivamente a cultivar uvas, para luego convertirlas en vino. Como suele suceder, había parcelas más grandes, otras más pequeñas, pero todas tenían un encanto característico, habían sido tocadas por la mano de la naturaleza. Un valle invadido por el olor de la uva y los aromas silvestres del campo. Donde los amaneceres y atardeceres maravillaban cada día a los lugareños, pintando de dorado, rosa y lila el entorno, provocando así una paz inmensurable. Un día Francisco, quien contaba con más hectáreas, hizo llegar una nota a las catorce familias restantes en la que decía: “El sábado a las nueve de la mañana los espero en mi casa. Es urgente, queda...