MANOJO DE ILUSIONES
Desmoronado por un terraplén de sucesos desafortunados intentó ponerse de pie y continuar la marcha. Le dolía todo el cuerpo, no había tenido una buena noche. Sin embargo, había algo que lo impulsaba a no darse por vencido y a continuar. Desde niño, las adversidades habían tocado a su puerta, había perdido a su padre siendo un niño, y su madre a partir de ese momento no había quedado en su sano juicio. Así había enfrentado la vida con entereza a pesar de que las circunstancias no eran las más favorables. Su padre le había dejado una pequeña herencia la que el guardaba con inmenso cariño, de alguna manera ese legado era el que le había permitido sortear los diferentes contratiempos con los que se le enfrentaba día a día. Dicen que hay mucho de heredado, otro tanto adquirido, pero Edmundo tenía un poco de todo esto y más, un instinto casi innato le había permitido sortear las piedras más complicadas. Algunas veces lo había hecho con sus propias manos, otras se había valido de herramie...