SIEMPRE Y NUNCA
Dos afirmaciones de peso, palabras que por su acentuación son graves, pero cuya gravedad en sí traspasa a la ortografía, para instalarse como una afirmación casi irrevocable, como si la verdad absoluta se nos hubiese develado. En ocasiones, caminamos convencidos de que lo que decimos es de tal peso que es inamovible, de una contundencia inmensa, aunque en otras vemos que esas palabras con un viento fuerte se vuelven endebles y flexibles. Si pretendemos caminar por la senda de la libertad, es necesario poder discernir, flexibilizarnos, pensar, dialogar y reflexionar. Al realizar estos ejercicios, simples pero un poco en desuso, es más sencillo evitar sentencias como las que implican siempre y nunca, dos vocablos que parecen abrir o cerrar puertas con bastante rigidez. Entender que nada es para siempre, la finitud en su más amplia acepción; para así desapegarnos de situaciones que lo único que hacen es perjudicarnos, quitarnos libertad. Apegarse se vincula con una relación de ce...