CIMIENTOS
Escasa claridad se cuela por las rendijas, mientras el desasosiego cabalga a su ritmo mutilante y ensordecedor. Suenan las campanas alocadas esperando que algo cambie, que un milagro suceda. Sólo la magia podría traspasar esa barrera temporal y estructurada en la que los pensamientos se encapsulan en un recinto limitado y semioscuro. Convoca a sus sentidos, los cuestiona, los interroga mientras un reflejo le distrae, es su propia imagen o la de ese otro yo al que desconoce y se asoma. Aturdido lo escucha, lo percibe, pero no le deja tomar asiento, prefiere que continúe su camino, porque el tiempo no se detiene, la imprecisión le desconcentra, y el miedo pronto le habita. Sí el miedo, ese señor oscuro y temerario le desafía, le mira con cara inquisidora cuestionando sus más profundos deseos, sus pensamientos y también sus sueños. Clava su punta afilada, el aire escasea, los minutos agonizan y el mundo parece detenerse, como un buen exorcista le atemoriza hasta lograr su cometido....