Escuchá el podcast en Spotify

MIENTRAS

Mientras pasan tantas cosas a las que no puedo dar solución, mientras el mundo gira con su ruido de urgencias y titulares, mientras el apuro de otros marca el ritmo de un tiempo que parece no esperar a nadie, me pregunto qué hago con este intervalo que me toca habitar. Dicen que el que espera desespera, pero quizá no siempre.

Quizá la espera no sea un vacío, sino un territorio. Un lugar donde el tiempo deja de ser enemigo y se vuelve materia, materia para pensar, para mirar de nuevo, para escuchar lo que normalmente queda oculto bajo el estruendo de la inmediatez.

Mientras. Esa palabra pequeña que casi nunca celebramos. La tratamos como un simple puente entre lo que fue y lo que vendrá, pero tal vez sea, en realidad, el espacio más fértil que tenemos. Porque mientras esperamos, algo en nosotros se mueve. Se acomodan las ideas, se desordenan las certezas, se agrietan las viejas formas de mirar.

Habitar el mientras es convivir con la pausa sin sentir que hemos perdido la partida. Es aceptar que no todo depende de nuestra intervención inmediata, que hay procesos que necesitan silencio, que hay respuestas que sólo aparecen cuando dejamos de perseguirlas.

Mientras, también, el mundo atraviesa su propia tensión. Vivimos un tiempo en que el otro parece volverse prescindible, un tiempo donde la velocidad reemplaza a la escucha, donde la opinión llega antes que la comprensión y donde la empatía muchas veces se queda sin horario. A ratos nos visita el nihilismo, ese susurro que dice que nada importa demasiado.

Pero quizá el mientras sea también el antídoto. Porque en la pausa reaparece la posibilidad de mirar al otro como alguien que también está esperando algo: esperando ser escuchado, esperando ser comprendido, esperando que alguien, simplemente, no pase de largo.

Mientras. Mientras no puedo resolverlo todo, mientras no participo en todas las decisiones del mundo, mientras no tengo respuestas definitivas, puedo al menos hacer algo con este tiempo: reinventarme un poco, pensar distinto, mover mi lugar en el mapa invisible de lo humano.

Quizá el mientras sea el momento en que las transformaciones empiezan sin hacer ruido. No en el instante de la proclamación, ni en el estruendo de las grandes promesas, sino en ese espacio silencioso donde alguien decide mirar de otra forma.

Tal vez vivir conscientemente el mientras sea resistir a la desesperación, a la indiferencia, a la idea de que nada puede cambiar. Y aunque mientras parezca poco, la mayoría de las veces todo empieza ahí.

Andrea Calvete

Entradas más populares de este blog

“NINGUNA PERSONA MERECE TUS LÁGRIMAS, Y QUIEN LAS MEREZCA NO TE HARÁ LLORAR”

SI NO SUMA QUE NO RESTE

“CUANDO SEÑALES CON EL DEDO, RECUERDA QUE LOS OTROS TRES TE SEÑALAN A TI”