ENIGMÁTICA ESTRELLA
El silencio de la noche y la clara luna le llevaron a ese rincón que no había querido transitar, a esa esquina llena asperezas, de aristas difíciles de pulir o moldear. Un águila sobrevolaba la superficie y observaba atenta la fogata junto a la que se encontraba sentado Homero, un hombre al que la vida le había todo y, sin embargo, en poco tiempo parecía habérselo quitado de un plumazo. Actualmente sin trabajo, sin familia, estaba perdido, indefenso, por eso se había ido unos días a la montaña. En las alturas, sabía Homero que el espíritu se elevaba, que los problemas se veían con otra dimensión, pues la cercanía con el cielo y el silencio de la montaña eran propicios para encontrarse con uno mismo, así se lo repetía su padre noche tras noche en un pequeño cuento que le contaba antes de dormir. Su corazón estaba colmado de dolor, el enojo le había llevado a ser intolerante, impaciente y también insensato. Poco quedaba de aquel hombre que había sido un ejemplo ...