¿TÚ ME ACALLAS?
Sonidos ambiguos, múltiples imágenes, aromas que se mezclan con el humo del tránsito, se combinan y se presentan en el andar permanente, aún cuando el que busca intenta llegar a la quietud y al mundo de las respuestas. Es difícil acallar a la mente, silenciarla, en el primer intento parece convulsionarse en un manifiesto rechazo. Se oye una voz inquisidora y cuestionadora que dice: “¿Con qué derecho intentas apagarme cuando no existe coherencia entre lo que haces y piensas?” Coherencia viene acompañada de cohesión, donde el proceder debería coincidir con el pensamiento, con las palabras que se instalan para establecer un diálogo permanente y profundo con nuestro yo más íntimo. La puja constante entre lo que hacemos y deberíamos hacer es prácticamente una premisa dolorosa y compleja, a la que nos enfrentamos día a día, en busca de hallar la ecuación perfecta. Pero el perfeccionismo es un término utópico, que se aleja en la medida que intentamos alcanzarlo, que se escapa como el viento...