EVOCAR EL ENCUENTRO
Encuentros y desencuentros parte de nuestros días. Sin embargo, se nos olvida evocar el encuentro, es decir despertarlo para que de alguna manera se lleve a cabo. Y si bien un gran número pueden ser casuales, ese trabajo para que se produzcan se va a relacionar íntimamente con el esfuerzo que pongamos en su elaboración. El viento, la marea, los astros y los avatares del tiempo han de incidir cuando se produce un encuentro, así como ese aire casual y causal que influye para que se manifieste. Pero, está en nosotros trabajar día a día para evocar aquello que de alguna manera queremos que se materialice, es decir que el verbo se haga carne, lo cual implica trabajo, esfuerzo, sacrificio, tesón y mucho esmero. Nada ocurre de la mañana a la noche, todo requiere de un trabajo constante y continuo, que de alguna manera es el que nos permite que los encuentros o sucesos se produzcan. Sin darnos cuenta vamos moviendo lentamente los hilos de nuestra propia existencia de modo de manejar esa m...