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¿QUIÉN HA CAMBIADO, ÉL O YO?

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Sus miradas se cruzaron, pero el fingió no la haberla visto. Ella impactada tragó saliva y continuó caminando, se preguntó mil y una vez por qué negar lo que va más allá de lo explicable. Si fuera tan sencillo responder todos los porque las preguntas perderían solidez y los cuestionamientos pasarían a ser carentes de importancia. Pero allí estaba absorta en el desconcierto “¿Quién ha cambiado, él o yo?” se preguntaba con los ojos llenos de lágrimas. Esta pregunta puede ser el disparador del comienzo y fin de una pareja, de una sesión de terapia, de un día gris que parece no tener salida y nos agobia preguntado como si fuera muy fácil dar respuesta, pero no lo es, porque es un gran desafío aceptar los cambios, nos cuesta asumirlos e incorporarlos a nuestros hábitos de vida. Así como este simple encuentro se suceden a diario muchas situaciones que no llegamos a entender, que nos dejan perplejos y por más que busquemos encontrar una respuesta no se la hallamos. No es fácil pararse e...

DÍAS AGOBIANTES

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El contacto con las horas interminables en un sanatorio da para cuestionarse una inmensa lista, que con el vertiginoso correr de los días no somos capaces de advertir. Cuando tomamos contacto con el sufrimiento con esa pequeña línea delgada entre la vida y la muerte, la existencia se solemniza y pretende sacudirnos a ver si todavía nos sorprendemos. Y vaya todo lo que está escondido para dar respuesta a ese sacudón intempestivo que nos da la vida. Un ciclo inagotable de conocimiento y de aprendizaje. Con el correr de los días el agotamiento se unifica con el dolor y difícilmente identifiquemos lo que nos pasa. El cuerpo duele, los ojos pesan y el pecho se transforma en una inmensa placa de hormigón que nos quita el aire. A esto debemos agregar comidas omitidas y un sinfín de cosas que se acumulan en la lista del debe. Sin embargo, en esa lista las prioridades pronto cambia su lugar, llegan a primer lugar los afectos. Esto no quiere decir que las responsabilidades se desvanezc...