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LEYENDA DEL ANGEL DEL SILENCIO

Aquella mañana tibia de primavera cruzaron sus miradas, hubo un silencio, pero continuaron, las palabras se hicieron presentes para enfrentar el día atiborrado de compromisos. El aire perfumado y suave los llenó de energía, los impulsó a trabajar con alegría y esmero. No dejaban de salir del asombro el ímpetu que los movía era diferente.

Miraban sus celulares para cronometrar la hora, la jornada transcurría rápida y el tiempo de la entrega se acortaba. Tomaron un pequeño descanso para almorzar unos emparedados, el mismo silencio se presentó sin más. Ambos pudieron percibir que no era un silencio común había en él algo diferente, una comodidad inusual, un encanto que los llevaba a quedarse unidos por el latir de las miradas.

La tarde pasó intensa, sin descanso, el cansancio se sentía en la cabeza, en la espalda y en los párpados que pesaban toneladas, pero aún quedaba mucho por hacer. Pararon 5 minutos para tomar un café, el mismo silencio se presentó, los inundó de paz y de una conexión especial, la disfrutaron en una unión casi mágica. Continuaron distendidos y en una sintonía como jamás habían percibido.

Los silencios se impregnaron del néctar de ilusión, del entusiasmo de que todo es posible, de la suavidad de la caricia que todo lo puede y del beso que corta la respiración. La antigua leyenda se había hecho presente, el ángel del silencio se manifestó en los corazones de aquellos dos seres a los que había decido unir más allá del tiempo y el espacio, para que vibraran bajo el influjo del amor.

Andrea Calvete

 

 

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