miércoles, 22 de septiembre de 2021

LA VEREDA

Lugar de paso por el que se transita, en donde los pasos dejan sentir su andar, las palabras se deslizan a través de conversaciones, y las risas desbordan para aquellos que las atraviesan con alegría. Paciente nos ve transcurrir y es testigo de innumerables historias. 

La vereda no es un simple lugar de paso, también suele ser testigo de caminatas, encuentros, charlas, paseos y reuniones. Era una costumbre muy arraigada en nuestros días que los vecinos se sentaran a conversar en la vereda, sobre todo en los barrios donde las casas o apartamentos no tenían fondo.

Lugar de paseo para los perros que van felices porque sus amos los llevan a recorrer una vuelta, sin embargo, algunas veces nos encontramos con algún premio producto de un dueño descuidado que no ha juntado las heces de su mascota.

Como lugar de encuentro la vereda sigue vigente, una de las veredas más transitadas en la ciudad de Montevideo es la Rambla, en la que la belleza natural hace de los caminantes, corredores o ciclistas un paseo como pocos. Sin embargo, este fin de semana me tocó presenciar un desafortunado encuentro, que creo que dejó a los protagonistas embarcados en una muy mala energía.

Antes de detenerme en lo ocurrido, cabe destacar que la vereda es un lugar de convivencia, de respeto y de ciudadanía. Todos tenemos derecho a transitar por ella, pero sin dificultar u obstaculizar el tránsito de otro transeúnte. Si bien hoy las bici-vías han comenzado a funcionar para solucionar el tránsito de este tipo de vehículo, hoy en la Rambla montevideana aún transitan muchas por la vereda, y en algunos tramos se complica el paseo.

El hecho que les voy a narrar tuvo lugar en la Rambla a la altura de la Plaza Virgilio, si bien yo venía caminando por la playa se escuchó perfectamente el incidente entre un joven que corría y tres señoras que caminaban. La discusión comenzó cuando el joven se volvió hacia las tres señoras y las insultó por obstaculizar el paso, adujo que él estaba entrenando, que les pidió permiso y no se corrieron. Las señoras al ser insultadas con violencia respondieron de la misma forma y le dijeron que ya bastante tenían con las bicicletas que pasaban a todo lo que da, y que si quería entrenar lo hiciera en otro lado (y estoy suavizando bastante todo lo dicho sin respeto alguno). No daba crédito a lo que escuchaba y veía, era una hermosa mañana de domingo, soleada preciosa, y pensé que necesidad de agredirse mutuamente, de destratarse de esa manera, pero evidentemente tanto el joven como las señoras tenían ya sus enojos adentro.

De vuelta a la vereda, también ha sido testigo de parejas enamoradas tomadas de la mano, o de niños que corren jugando como si el mejor día. Y como dejar de mencionar a los vendedores de helados, garrapiñadas, o tortas fritas, que son parte de este folklore de la vereda en el que todos pasamos y dejamos algo de nosotros.

La vereda ese lugar de paso por el que se transita, en donde los pasos dejan sentir su andar, las palabras se deslizan a través de conversaciones, y las risas desbordan para aquellos que las atraviesan con alegría. Paciente nos ve transcurrir y es testigo de innumerables historias. 

Andrea Calvete

sábado, 18 de septiembre de 2021

NOCHE DE LUNA LLENA


Las noches de luna llena guardan cierta magia y encanto para quien suele dejarse llevar por el cielo estrellado iluminado por su blancura delicada y tenue. Hoy la luna me ha revelado algunos secretos bajo ese influjo, pero no podré trasmitirlos todos, sólo aquellos que ella ha decidido sean parte de este relato.

Con su resplandor mágico ha dejado cautivas todas las miradas, ha detenido las pulsaciones, ha provocado suspiros, y ha tendido su encanto para iluminar a quien por descuido haya decido mirarla. ¡Cuántas declaraciones a la luz de la luna llena!, ¡cuántos anhelos escondidos!, ¡cuántos deseos olvidados!, ¡cuántos amores buscan brillo!¡cuántas historias caminan iluminadas por este bello satélite! Inspiradora de libros, cuadros, esculturas, canciones, a cada artista logra llegar de diferente manera, a cada ser alcanza con su magia y encanto magnético

Es noche de luna llena, de estrellas tenues, de diálogo entre quien se sienta a mirarla y ella, blanca y majestuosa, impávida y serena, con elegancia y aire secreto, escucha luminosa, mientras bajo su influjo quedan los secretos más profundos guardados cuando decidimos hablar con la luna.

La luna ha visto desfilar millones de personas desde la noche de los tiempos, ha inspirado a todos aquellos que han sido capaz de dejarse cautivar por su encanto y belleza. Testigo de romances, rupturas, de lazos perdurables más allá del tiempo, de silencios, de dudas, de luchas y de actos cotidianos,

Las noches de luna llena suelen embriagarnos con su encanto para dejar volar los más profundos deseos, con la esperanza de que su luz mágica los haga realidad. Quien pueda disfrutar de una noche de luna llena podrá experimentar un momento diferente y único, a tiempo de bañarse de su energía y belleza, abiertos a que es posible un cambio o un momento trascendente.

Hoy la luna me ha revelado algunos secretos bajo ese influjo que sólo ella es capaz de generar cuando aparece enorme para dejar deslumbrados a quienes la miran. Ojalá que esta noche cuando eleves tus ojos al cielo seas testigo de algo maravilloso en tu vida, o descubras lo que ella te quiera decir al oído.

Andrea Calvete 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

CASI DE PRIMAVERA


El cielo celeste y cristalino envuelve al día tranquilo y fresco. Las lavandas dan color y perfume, los primeros nidos ven nacer a sus pequeños pájaros que abren sus piquitos ansiosos esperando a ser alimentados, mientras la vida resurge en este día casi de primavera.

El olor mentolado del pasto recién cortado se mezcla con la brisa luminosa de esta mañana, en el que los colores afianzados resaltan cuando en cada planta se ve un brote, un renacer que llega jubiloso y esperanzador. Los pájaros con algarabía trinan desenfrenados, ha dejado de llover luego de varios días y el sol asoma como un milagro.

El mar baila junto al suave vaivén de las olas que rompen en la orilla pacientes y armoniosas, cuando el agua toca la arena se respira el yodo y espeja todos los estados de ánimos, en una mezcla casi inexplicable uno exhala e inhala y la paz que parece reinar en el universo.

El sol comienza a hacerse sentir, y los primeros gorros protectores asoman coloridos mientras los transeúntes inundados por el espíritu primaveral se dejan llevar, caminan a buen ritmo y energía.

El placer de disfrutar de la naturaleza es algo que uno olvida tras unos cuantos días de encierro, y comienza a recordar en la medida que mira el cielo, las nubes esponjosas, y el perfume silvestre y delicado de la primavera se esparce en cada instante del día. Hasta la humedad se impregna de esas notas cítricas con las que nos privilegia la nueva estación que se aproxima.

El cielo celeste y cristalino envuelve al día tranquilo y fresco. Las lavandas dan color y perfume mientras los primeros nidos ven nacer a sus pequeños pájaros que abren sus piquitos ansiosos esperando a ser alimentados, mientras la vida resurge en este día casi de primavera.

Andrea Calvete  

sábado, 11 de septiembre de 2021

LO DE LA TANA


El puesto de “La Tana” era el almacén de mi barrio, ¡lo recuerdo con tanto cariño! Un techo de chapa cobijaba los cajones coloridos de frutas y verduras que perfumaban fresca la entrada. El salón en forma de ele con piso de hormigón lustroso olía a vainilla y comida casera recién hecha. El aroma del lugar era tan particular que ha quedado grabado en mi memoria como una mezcla de esencias en donde la magia queda liberada al libre albedrío.

El almacén del barrio ha sido un baluarte en la vida de cada familia. Hace unas cuantas décadas atrás no proliferaban los grandes supermercados, eran los pequeños establecimientos barriales los que nutrían al vecindario.

En “Lo de la Tana” te daba la bienvenida un matrimonio italiano que trabajaba de sol a sol para que no faltara nada. Rocco y Assunta eran el alma mater de este negocio lleno de trabajo artesanal y casero, donde la balanza era testigo de 100 gramos de: galletitas, azúcar, yerba, fiambre o lo que fuera necesario.

Los mostradores prolijamente equipados quedaban en ele uno a la izquierda y otro de frente a la puerta de entrada. Cuando se ingresaba al puesto lo primero que se observaba era una antigua heladera de madera con fiambres y quesos y la cortadora de fiambre sobre la mesada, atrás un lambriz de madera que separaba el local de lo que sería la casa o un depósito. Hacia la izquierda otro mostrador con la caja registradora, la antigua balanza con diferentes pesas y una enorme estantería llena de antiguas latas con una ventana redondeada de vidrio con :galletitas, azúcar, harina, yerba, fideos, lentejas, caramelos, candes, lo que se les ocurra todo se vendía por peso. El papel de estraza era en el que se envolvía todo lo que uno llevaba y algunas veces el papel de diario era otra opción sobre todo para llevar los huevos y legumbres.

Con el correr del tiempo han ido cambiando el nombre de las calles y hoy es un barrio donde los poetas y escritores rodean el lugar. Así Mangaripé pasó a llamarse María Espínola, la Calle A Esther de Cáceres, la Calle B Emilio Oribe y la Calle C Sara de Ibañez, el barrio desborda de cultura. “Lo de la Tana” quedaba en Catania y Calle B, hoy Emilio Oribe y Zabala Muniz.

El gran momento de este almacén fue entre los años 70 y 80 donde el auge de la construcción se dio en la zona. Por el barrio comenzaron a construirse una multitud de cooperativas que pronto poblaron el vecindario. La construcción de este gran complejo de viviendas llevó años, y muchos trabajadores que, a la hora del almuerzo, iban a “Lo de la Tana”, por un refuerzo, fiambre, frutas, vino, o bebida.

Rocco y Assunta eran como el yin y el yang, opuestos, pero se complementaban a las mil maravillas. Rocco era la paz y la armonía en persona, parsimonioso, tranquilo y bonachón, no muy conversador atendía el puesto como si el día no se fuese a acabar. Assunta era el polo opuesto, corría todo el día, manejaba, iba al Mercado Modelo, y hablaba rapidísimo mientras centellaban sus ojos y su sonrisa radiante, expeditiva y simpática dejaba contento a quien fuera al puesto, si no encontrabas lo que ibas a buscar no importaba, te llevabas algo parecido o no tanto, pero algo seguro comprabas.

De niño cuando te mandaban al almacén estabas de fiesta, seguro no tendrían cambio para devolverte y para redondear te sacrificabas te traías un par de chicles o caramelos, así si que valía la pena caminar unas cuadras, calculo que más de uno le habrá pasado algo similar.

Eran épocas de leche en envase de vidrio, su color verde incomparable y su forma perfecta hacían que fresca recién salida de la heladera tuviera otro gusto, y ni que hablar el placer de abrir la botella y de encontrar en su tapa de aluminio un abundante trozo de crema doble, delicioso.

El almacén del barrio ha sido un baluarte en la vida de cada familia, “Lo de la Tana” fue para nuestro barrio testigo de décadas, de ilusiones, de generaciones que fueron creciendo y pasando en el corazón de Punta Gorda, casi llegando a los Portones de Carrasco.

Andrea Calvete


sábado, 4 de septiembre de 2021

EL CORTEJO: UNA COSTUMBRE CADA VEZ MÁS LEJANA

Un ritual practicado en la mayoría de las especies animales ha perdido importancia en las relaciones humanas, producto de la inmediatez, y de conseguir todo sin perder tiempo. El cortejo es una forma de comunicarse y sincronizar entre dos seres para preparar el vínculo que dará paso a una relación.

El cortejo tiene el perfume de la primavera fresca y silvestre, el beneplácito del amanecer sereno, la luz intensa de una noche de luna llena, el desparpajo luminoso de la risa, la fuerza de una ola enfurecida, el sonido de la lluvia, y los colores rojos y naranjas del atardecer.

En tiempos lejanos las cartas fueron un gran soporte para poderlo desarrollar, en tanto la palabra a través de sus diferentes medios ha sido capaz de seducir, encantar y maravillar, ha vencido obstáculos, ha traspasado barreras y han llegado al lugar y en el momento preciso. Las miradas no se han quedado atrás, han sabido deslizarse brillantes y decididas, como quien toma cartas en el asunto.

El cortejo tiene el entusiasmo y el vigor de la conquista, las alas de la ilusión, y el impulso del que desea alcanzar un cometido. Es un estado en el que sincronizan, palabras, pensamientos y acciones.

Si bien el cambio a nivel comunicacional en este siglo XXI ha sido vertiginoso, y todo se debe comunicar rápido, conciso y efectivo, aún queda lugar para esa palabra de halago que sirve para endulzar el oído y el alma, para sacar una sonrisa aún cuando parece que no nos queda tiempo ni para reír.

Los cambios parte de la vida, así nos vamos aggiornando a nuestro tiempo, pero ojalá este ritual que parece en vía de extinción no se acabe por el bien quienes que deseen iniciar el contacto con otra persona, para que puedan palpitar sin prisas y con todos sus sentidos puestos en el placer de cortejar y ser cortejado por alguien.

Andrea Calvete

miércoles, 25 de agosto de 2021

EL AFILADOR


El silencio de la mañana me sorprendió con el silbato del afilador, hacía años que no lo escuchaba, la tranquilidad del feriado me llevó a los dulces recuerdos de la niñez. Reparé en que todavía era una profesión vigente, tan llena de anécdotas y de emociones, los olores de las mañanas de verano llegaron a este invierno que dará pronto paso a la primavera.

Día a día a mitad de mañana el afilador pasaba en bicicleta a ritmo suave, mientras su silbato lo anunciaba . Cada tanto algún vecino lo paraba para que afilara las cuchillas, rato en el que dialogaban largo y tendido. Si bien pasaba todo el año, el verano ha quedado marcado en mis recuerdos, posiblemente porque era la época del año que más disfrutábamos, jugando a la paleta en la calle, o andando en bicicleta, o disfrutando de un día de sol sin reparos… porque la niñez tenía eso, no había preocupaciones, sólo la alegría del día a día de jugar y compartir con los amigos del barrio, ¡qué épocas!

En mi casa mi papá afilaba él artesanalmente todos los cuchillos, era muy habilidoso, sin embargo, no todos los vecinos tenían esa suerte, y para alegría del afilador había mucho trabajo a diario y charlas por compartir.

Parece increíble en este siglo XXI que todo se usa y se descarta que existan aún los afiladores para afilar tijeras, cuchillos, navajas o cualquier elemento de corte. Muchos años atrás solían también arreglar paraguas. La bicicleta o motocicleta en su parte trasera posee un esmeril mecánico con una piedra de afilar que ha ido evolucionando y perfeccionándose.

El tiempo parece haber retrocedido a través del encuentro con el afilador que continúa en el corazón de quienes ya tenemos unos años, y es parte de lo que fue nuestra niñez y juventud, de aquel tiempo que ha quedado atesorado en nuestro corazón y con él tantas emociones vividas.

Andrea Calvete  



jueves, 12 de agosto de 2021

EL ARTE DEL OLVIDO: “RECORDAR ES LA MEJOR MANERA DE OLVIDAR"


Pasar por el tamiz del olvido nos lleva a viajar por las sendas de los desafíos, por los rincones oscuros de las palabras filosas, por los baúles sellados por los recuerdos deshabitados. Quizás sea una utopía, o el más sanador de los momentos.

El olvido se mezcla de aromas agrios y dulces, de las esperas exacerbadas por la impotencia, de los desgarros producidos por los puñales clavados por la espalda, o por la traición que se simula detrás de una sonrisa benévola.

Las caricias veloces, los besos perdidos, el pulso del latido detenido, el rumor de las hojas de los árboles que se paran desde aquella ventana lejana, casi inalcanzable. Nos acercamos, pero se aleja con despiadado ímpetu, con la destreza del que se escabulle camuflado por el paisaje.

De soslayo el desconcierto mira a su alrededor, detiene su marcha e intenta olvidar lo que le atemoriza y a su vez engaña.

Los minutos se zambullen en segundos, en instantes, mientras las horas confluyen en el río de los días y años, que desembocan en el océano de los sentimientos, en las lágrimas del amor y en el tesoro de la gratitud que se dibuja en la sinceridad.

El perdón se para iluminar al olvido, para allanar el camino, mientras algunos episodios se vuelven inolvidables y no son susceptibles de este sustantivo, pasan por la asimilación y comprensión, por el duelo y la aceptación.

Cada momento se transforma, late y vibra en una extraña fusión, en la que todo se hace uno y uno se hace todo, ambivalencia extraña de la que olvido se nutre, mientras sus raíces crecen en el aprendizaje del error, y se levanta con la mano compasiva de quien le quiere con el corazón.

Todo lo olvidado, está aquí y allá, habita en esas posibilidades infinitas de ser y volar, de crecer, de expandirnos en ese constante devenir en el que tú y yo habitamos, y en el que perduraremos más allá de los posibles, en una dimensión en la que transmutar es parte del conocimiento y la sabiduría.

Freud el padre del Psicoanálisis, dice: “No nos olvidemos que para olvidar hay que recordar”
El inconsciente una manera muy particular del recuerdo. Algunas veces decimos está olvidado, pro no es así, es ese recuerdo el que nos hace actuar de determinada manera, decidir, por eso hay que entrar en esos lugares que algunas veces son dolorosos para poder curar heridas, y muchas veces se requiere ayuda terapéutica.

Dicen que pocos se enamoran de quien quiere, parece que al enamorarnos algún rasgo inconscientemente de esa persona nos enamora, algún rasgo que quizás aprendimos en la infancia… pero dejo aquí puntos suspensivos y continúo. Todo proceso por el que pasamos a través de nuestra experiencia vital implica cambios. También, supone tener que pasar por muchos duelos de todo tipo. Los cambios implican pérdidas, y con ello despedidas, dolor y renuncias. Parece natural evitarlo y no incorporarlo en nuestra historia. Aunque esto supone un esfuerzo que nos ahoga en el sufrimiento, ya que con esta actitud emprendemos una lucha perdida de antemano. Los duelos forman parte de nuestras vidas, tienen un sentido importante para nuestro propio desarrollo personal. Ya que los duelos no solo nos ayudan a ir cambiando e ir aceptando lo inevitable, sino que además nos preparan para incorporar nuevas experiencias con gran valor y significado.

En el camino de la vida, el perdón es parte de esa lucha de sentimientos en la que reproches, culpas y miedos se aproximan. Cuando el perdón llega, la aceptación para cerrar el duelo está en curso. Esto es común en los amores frustrados, se pretende olvidar antes de perdonar y así es como mantenemos el dolor que nos envenena. Para olvidar hay que recordar el pasado, observarlo y soltarlo. Perdonar requiere aceptación para realizar los aprendizajes necesarios e incorporarlos a nuestro desarrollo personal. Es un proceso que nos lleva hacia la paz y tranquilidad que supone estar con la conciencia tranquila. El camino del perdón es equiparable al del amor, puesto que se vale de este sentimiento para manifestarse.

Pasar por el tamiz del olvido nos lleva a viajar por las sendas de los desafíos, por los rincones oscuros de las palabras filosas, por los baúles sellados por los recuerdos deshabitados. Quizás sea una utopía, o el más sanador de los momentos.

Andrea Calvete

miércoles, 28 de julio de 2021

CUARTO DE HORA


Existe un viejo dicho que nos anima a que aprovechemos nuestro cuarto de hora, ese momento de oportunidad emergente, en el que la luz ilumina nuestro camino. Sin embargo, parece ser un período acotado que se remite a ese cuarto de hora, de vida, o de tiempo. Cabría preguntarnos: ¿Por qué limitarnos en su duración, por qué no esperar que sea una constante con sus vaivenes en nuestro existir?

Evidentemente, cuando hacemos referencia a este cuarto de hora lo primero que pensamos en ese tiempo productivo, en el que alcanzamos la plenitud o al menos estamos más cerca. Aunque la plenitud como tal podría ser ese estado permanente de satisfacción y armonía que podemos alcanzar en diferentes etapas de la vida.

Este cuarto de hora puede cambiar su dimensión en función de la concepción que tengamos del presente, de este aquí y ahora, de la actitud con que enfrentemos la vida. “El ayer es historia, el mañana es un misterio, el hoy es un regalo, por eso se llama presente” Esta cita sale en la película Kung Fu Panda y la cita el Maestro Oogway

Quizás el estar expuestos a ese permanente balance entre lo que hemos hecho y lo que nos queda por hacer nos quita tiempo y energía. Lo hecho que nos sirva para aprender de los errores del pasado, para continuar esperanzados y con fuerzas, porque es en este aquí y ahora donde transcurre la vida, y si bien los proyectos venideros son los que nos alientan a seguir, no nos pueden desenfocar del momento presente.

Algunas personas confundidas, y cansadas de luchar, sienten que el presente se les escapa de las manos, lo perciben como un punto entre la ilusión y la añoranza. De este modo, ese cuarto de hora se podría convertir en un lapso tan pequeño que no alcanza para darnos ni el mínimo de satisfacción, ni entusiasmo. Dicen que las personas entusiastas son las que tienen un dios adentro, es decir luz, chispa vital, para continuar encendidas en lo que se propongan, vigorosas y ante todo con la energía vital puesta al servicio de disfrutar y de sentirse plenas y satisfechas.

La plenitud viene de la mano de gozar con totalidad e integridad, de nada sirve si tímidamente decidimos aprovechar a medias un día de sol, de lluvia, de trabajo, de amistad o de familia. Cuando intentamos disfrutar cada momento al máximo, posiblemente aparezca la plenitud a esbozar una sonrisa en nuestro rostro. En gran parte su aparición depende de la búsqueda personal que cada uno hace o se propone en el afán de sentirse mejor con los demás y con uno mismo. Seguramente si la buscamos con fervor, deseo y anhelo la alcancemos, sólo es cuestión de establecer prioridades, metas y valores que son el punto de partida para encausarla.

De nada servirá nuestro deseo o anhelo, si no realizamos pequeños esfuerzos por conseguirla. Cosas simples, sencillas que hagan de nuestro tiempo un día más agradable y fructífero. Por ejemplo, debemos aprender a decir sí y no cuando es necesario, a establecer prioridades, que muchas veces en el afán de avanzar perdemos de vista. Y es así que nos quedan llamados pendientes, reuniones con familiares y amigos, porque el tiempo vuela y no nos hacemos de ese ratito para verlos, escucharlos o simplemente decirles que los queremos.

Cuando permitimos que el reloj se detenga, gozamos de lo que estamos haciendo, disfrutamos de la compañía de quien está a nuestro lado, o simplemente nos encontramos con ese yo interno, comenzamos a vislumbrar esa sensación de plenitud. Y nos acercamos a la plenitud cuando la entrega es total. En cualquier orden de la vida cuando se da desde el corazón, con compromiso, esfuerzo y tesón, desde lo mejor de sí, surge entonces una sensación muy grata que se relaciona con el deber cumplido.

De regreso a ese cuarto de hora que hoy nos trajo hasta aquí, cabría preguntarnos: ¿Por qué limitarnos en su duración, por qué no esperar que sea una constante con sus vaivenes en nuestro existir? Si le abrimos la puerta a la plenitud, el cuarto de hora podrá ser un tiempo mucho más satisfactorio y duradero.

Andrea Calvete

domingo, 4 de julio de 2021

AL SUR

Pertenecemos al sur. Al sur del continente nos ubicamos, opuestos al norte. El sur respira sus fríos vientos, sus soles quietos de invierno y nos deslumbra con sus veranos llenos de algarabía. Nuestro sur lleno de melancolía y azules perfuma las veredas, e ilumina los días, mientras el sol nos acompaña y se cuela algún nubarrón con notas de melancolía

El sur o meridión o mediodía en el hemisferio norte es el punto cardinal que indica, sobre un meridiano, la dirección al Polo Sur geográfico. Punto cardinal situado tras una persona a cuya derecha está el lado por el que sale el Sol, diametralmente opuesto al norte.

La etimología de la palabra sur es un préstamo léxico del germánico y significa “lado del sol”. La palabra Austral deriva del término "austro" (en latín austrum o auster), del que deriva el término "Australis" que es relativo al sur o viento del sur. La palabra meridional, que proviene del latín meridies, viene a indicar el origen astronómico y punto de referencia utilizado durante el día para localizar el sur, ya que coincide con el mediodía (en el hemisferio norte), instante en el que el Sol se encuentra en su punto más alto sobre el horizonte y las sombras de los objetos perpendiculares apuntan al eje norte-sur.

Sui Generis canta: “Viento del sur, oh lluvia de abril, quiero saber dónde debo ir, no quiero estar sin poder crecer, aprendiendo las lecciones para ser”

Homero Manzi dejó en el tango Sur remanencias de este lugar al que hacemos alusión : “Sur, paredón y después... Sur, una luz de almacén... Ya nunca me verás como me vieras, recostado en la vidriera y esperándote”

Y al decir de Laura Canoura: “Al sur de tu corazón, habré de quemar mis naves, no creo que haya otro sitio mas tibio para quedarme”

“El Sur también existe” es un alegato en defensa de los desfavorecidos que habitan esa zona del planeta en la que no se cuecen los grandes acuerdos económicos y políticos, ese territorio, despensa y trastienda del Norte, que sufrió y sufre la arrogancia de los que manejan los hilo. Según Mario Benedetti: “Pero aquí abajo abajo, cerca de las raíces, es donde la memoria ningún recuerdo omite y hay quienes se desmueren, y hay quienes se desviven, y así entre todos logran, lo que era un imposible, que todo el mundo sepa, que el sur también existe”

Torres García dibujó el famoso mapa de Latinoamérica invertida, con el lema "El sur es nuestro norte". Toda una declaración de independencia estética que vemos aquí, y de búsqueda de una identidad artística propiamente latinoamericana.

Pertenecemos al sur. Al sur del continente nos ubicamos, opuestos al norte. El sur respira sus fríos vientos, sus soles quietos de invierno y nos deslumbra con sus veranos llenos de algarabía. Nuestro sur lleno de melancolía y azules perfuma las veredas, e ilumina los días, mientras el sol nos acompaña y se cuela algún nubarrón con notas de melancolía.

Andrea Calvete   

domingo, 13 de junio de 2021

DECONSTRUCCIÓN


Llevamos años detrás de esa utopía que nos mantiene entusiasmados y activos, sin embargo, esta Pandemia nos acercó a una distopía en la que el apocalipsis nos respira en la nuca. En este tiempo aprendimos a deconstruir tantos patrones y a continuar en acto de contingencia de la mejor manera.

Década tras década sufrimos una crisis existencial porque ingresamos a una nueva etapa en la que el tiempo escasea y los minutos se aceleran. No obstante, hubo gente que lamentablemente no pudo ni siquiera ver lo que vendrá porque la Pandemia los arrebató sin pedir permiso, y sin ni siquiera dejar que se despidieran de sus seres queridos.

Y si bien estos tiempos de crisis han podido sacar lo mejor y lo peor de todos nosotros, lo cierto es que hemos podido valorizar la vida desde otra perspectiva, en donde deconstruir ha sido una tarea cotidiana, y desestigmatizar algo que nos ha nacido al ver que somos una pequeña partícula en el Universo no más.

Y “aquellas pequeñas cosas” son las que de alguna manera nos llenan el día a día, o nos dejan “tiempos de rosas”, en donde hablar desde el plural se hace inminente para aunar fuerzas y enfocar esfuerzos.

Quizás cuando logremos superar toda esta situación de crisis humanitaria volvamos a quejarnos por lo cotidiano, por lo más insignificante, ojalá que cuando así sea recordemos que estamos de paso y que disfrutar del aquí y ahora es lo más preciado que tenemos, este presente que se nos escapa y no regresa.

No me queda claro que vendrá después, sé que no serán tiempos sencillos, pero ¿quién dijo que la vida es un camino de rosas?, hubo tiempos mejores, peores, pero éste es el nuestro el que nos ha tocado vivir y del que somos responsables, así que enfrentémoslo con responsabilidad y valentía, y que la alegría de vivir no deje de brillar en nuestras pupilas.

Andrea Calvete

 

 

 

sábado, 29 de mayo de 2021

LOS SUFIJOS MÁS USADOS


Los sufijos carecen de sentido cuando hacemos caso omiso al consejo que estos especialistas puedan aportar o sugerir, cuando la empatía parece cruzar a la vereda en que todo se lo lleva el viento, y quedan sólo las estadísticas sonando en nuestras cabezas como sentencias, y las personas se convierten en números y datos fríos, en los que el dolor y el sufrimiento de millones de personas alrededor del mundo parece no tener sentido.

El sufijo “ologo” pone énfasis en determinadas profesiones, estudios o prácticas, es una variante del sufijo griego “logo” que indica que indica ser "estudioso o especialista en una materia o ciencia". Aquí en nuestro país los “todólogos” se han afianzado desde hace muchos años, mientras que los politólogos se han vuelto esenciales próximo a cualquier período electoral. Sin embargo, a partir de la declaración de la Pandemia Covid-19 quienes han tomado un real protagonismo han sido los virólogos.

Gracias a esta Pandemia hemos conocido numerosos y prestigiosos profesionales que vienen trabajando desde hace mucho tiempo para dar luz a la investigación y a las ciencias, al avance de la salud y la medicina, pero para la mayoría de nosotros eran totalmente desconocidos hasta ahora. Sus consejos han comenzado a escucharse en cuanto cepas, vacunación, aislamiento, blindaje, sin embargo, por momentos se les hace caso omiso a sus declaraciones y consejos.

Blindar abril o mayo, ha quedado atrás, el dilema de Shakespeare: “ser o no ser”, parece ser parte de esas preguntas cotidianas; ¿me vacuno o no?, ¿hago cuarentena o no?, ¿contagio o no?, ¿me quedo en casa o salgo?, ¿sigo como si nada? o ¿ya da todo lo mismo?, ¿llegamos a un punto sin retroceso, o todavía podemos hacer algo?

Quizás a quienes esta pandemia les hizo perder algún ser querido ya tengan mucho más claras las respuestas, o estén sumidos en un dolor tan profundo que pensar no sea una opción, porque ahora sólo hay lugar para el duelo, o tal vez tengan algo para decir que nos pueda ayudar a buscar una salida.

Es increíble como un en país tan pequeño y con un número tan limitado de habitantes la Pandemia se nos haya ido de las manos. Comenzamos siendo un buen ejemplo, y ahora somos uno de los peores ejemplos. Esto lleva a preguntarnos: ¿por qué llegamos hasta aquí?... y cada cual tendrá su explicación o al menos intentará comprender este gran nudo en el que nos encontramos todos metidos.

Más allá del sufijo, creo que deberíamos prestar más atención a lo que cada especialista desde su profesión puede aportar para salir de esta pandemia: virólogo, infectólogo, psicólogo, tricólogo, politólogo, sociólogo, antropólogo, … personal de la salud: médicos, enfermeros, laboratoristas, vacunadores… y todos los integrantes de la Humanidad, independientemente de su profesión o labor que puedan colaborar en una salida, son bienvenidos, pero trabajando en forma mancomunada, en que la prioridad es tejer una gran red de contención y ayuda, y no una lucha de intereses políticos y económicos.

¿Quiénes se benefician con esta Pandemia, quiénes ganan, y quiénes pierden? Y volvemos de regreso al dilema de ser o no ser, o al famoso binario, o la dualidad del blanco o negro. Ojalá los matices, y los grises aparezcan en las respuestas.

Los sufijos carecen de sentido cuando hacemos caso omiso al consejo que estos especialistas puedan aportar o sugerir, cuando la empatía parece cruzar a la vereda en que todo se lo lleva el viento, y sólo quedan estadísticas sonando en nuestras cabezas como sentencias, y las personas se convierten en números y datos fríos, en los que el dolor y el sufrimiento de millones de personas alrededor del mundo parece no tener sentido.

Andrea Calvete

lunes, 24 de mayo de 2021

DE REGRESO AL ÚLTIMO BASTIÓN


En una suerte de cuento de ciencia ficción la Humanidad entera se ha internado en un cuento al mejor estilo de Ray Bradbury, en el que tomar distancia, utilizar tapabocas, y alejarse lo más posible de todo individuo que camina se ha convertido en una realidad que desgasta y asfixia.

Un año atrás reflexionaba acerca de ese último bastión, en el que hemos tenido el privilegio de sentirnos protegidos, aislados y seguros, que con el correr de esta pandemia los expertos han decido denominar la cabaña, y por allí circula un mito en el que el Síndrome de la cabaña, se hace cada vez más frecuente, y habrá que ver si decidimos abandonarla en alguna circunstancia.

Desde el momento que ha fue declarada la Pandemia, en marzo de 2020 la vida del Planeta se vio convulsionada, hábitos, costumbres, rutinas fueron desterradas de un plumazo, el trabajo mermó, el hambre se instaló en muchos hogares, y la inmensa desolación por la pérdida de millones de seres humanos nos ha dejado un inmenso agujero en el corazón.

De alguna forma vuelvo a lo que compartía un año atrás, nuestras raíces se resquebrajan, el humo tapa la visión, mientras las llamas se esparcen, se avivan las pasiones, anestesiados y escépticos nos movemos por la calle de la desolación. Aquel bastión en el que residía la tranquilidad y la calma se aleja como un oasis en el medio del desierto. Sin embargo, cabe destacar que la Humanidad entera ha depositado la esperanza en las vacunas, cosa que aún no hemos visto su resultado, estamos ansiosos a la espera de sus efectos.

Nada está muy claro sobre lo que vendrá después, cada día que transcurre nos alejamos de ese bastión en el que nos criamos y crecimos confortables, sin preocupaciones disfrutando de la niñez y la algarabía de la vida. Ojalá los más pequeños transiten estos momentos de manera que no queden secuelas en ellos, porque la niñez es una etapa muy tierna y sagrada, sobre la que se eleva el ser que vamos construyendo lentamente. Ojalá no dejemos de sonarle la nariz al hijo del vecino, o de dar esa taza de azúcar o de harina que le faltó a doña María, o de barrer la vereda con entusiasmo… porque nuestros mejores hábitos parecen también haber quedado detenidos producto de este virus detractor.

El día después aún no está nada claro, ni cómo llegará, ni cómo lo lograremos, pero lo que más me preocupa es cómo saldremos parados emocionalmente después de todas estas restricciones y barreras y obstáculos para luchar contra el virus

Y finalizo con las palabras del escritor Eduardo Callaey “Y un día me di cuenta de que todo aquel mundo en el que había crecido estaba sitiado. Que todo lo bueno, lo bello y lo sagrado se estaba apagando en medio del desinterés, la desidia, o simplemente la ausencia de sentido. Con el tiempo descubrí que había otros como yo y decidí resistir con ellos desde el último bastión”, y desde allí desde ese último bastión es que hoy los invito a no darnos por vencidos y a seguir el camino.

Andrea Calvete

domingo, 23 de mayo de 2021

LA ALQUIMIA DEL DÍA


Las gotas salpican las horas y las envuelve en un devenir frío y apacible. El quieto decir de este húmedo mayo nos habla, acaricia nuestros recuerdos entra en lo más profundo de nuestro ser, esculpe una imagen que parecía olvidada. Es un día perfecto para transitar los estantes del aplomo, en donde reposa lo que con tanto esfuerzo hemos aprendido. Bañados por la alquimia del día nos sumergimos en lo mejor de nosotros.

Un nuevo día nos recibe con los brazos abiertos, con las pupilas expectantes, mientras lentamente despertamos sin demasiadas expectativas más que tomar el desayuno para arrancar la jornada. Sin embargo, venimos cargados de los problemas que nos han sucedido a lo largo de la semana, de la mala noche de ayer en la que apenas pegamos un ojo… y de un sinfín de situaciones que nos preocupan.

El día nos recibe ajeno a lo que estamos viviendo, del mismo modo nosotros no somos conscientes de todo lo que llegaremos a vivir en estas horas que nos quedan por delante. Pero la mayoría de las veces corremos esperanzados en que vendrán tiempos mejores, que alcanzaremos tal y cual meta, y nos olvidamos de disfrutar el aquí y ahora, que posiblemente sea lo mejor que nos está sucediendo, pero obnubilados por lo que vendrá no somos capaces de percibirlo.

Cada día tiene una especial alquimia, un encanto único y difícil de percibir, porque no importa si está nublado, llueve o está el sol radiante, siempre puede ser un maravilloso día para hacer algo, aunque su significado literal podría ir por otro camino, bastaría con sentarnos y disfrutar de esos minutos como jamás lo hemos hecho, respirar profundo y sentir que el aire que inhalamos nos inunda de paz y energía y que al exhalar dejamos todo aquello que nos preocupa que fluya porque a larga o la corta todo pasa. Lo que no pasa es lo que queda atesorado en el corazón en ese atanor del alma, allí queda bajo resguardo los afectos, el amor de aquellos seres que nos acompañan más allá del tiempo y el espacio, y que continúan siendo luz y guía en nuestro camino.

Las gotas salpican las horas y las envuelve en un devenir frío y apacible. El quieto decir de este húmedo mayo nos habla, acaricia nuestros recuerdos entra en lo más profundo de nuestro ser, esculpe una imagen que parecía olvidada. Es un día perfecto para transitar los estantes del aplomo, en donde reposa lo que con tanto esfuerzo hemos aprendido. Bañados por la alquimia del día nos sumergimos en lo mejor de nosotros.

Andrea Calvete  

miércoles, 19 de mayo de 2021

UN SER EXCEPCIONAL


En una suerte de carrera, en la que quedamos atrás sin poder hacer nada más que aceptar su partida, se nos adelantan en el tiempo. Un mutismo sin palabras, sonidos confusos, aromas incomprensibles se mezclan en ese poco sentido con el que se colorea todo. El adelantarse en el tiempo no es cuestión de cronómetro, no tiene relación directa con los años vividos, es una carta de la vida que llega cuando es el momento justo de la partida.

Hoy quiero dedicar esta vivencia a un ser excepcional que se nos adelantó en el tiempo. La excepcionalidad estuvo de la mano de su mirada atenta, solidaria y sincera. De su humildad perfumada por la gran sabiduría que lo acompañó. Fue así que brilló en cada cosa que hizo, no por sobresalir, no por destacar, sino porque en cada acto de su vida estuvo el compromiso y la buena fe, el gesto fraterno y la palabra justa.

Su vocación de servicio se vio reflejada en la Medicina, a la que entregó largos años de su vida. Como un gran Humanista supo leer y comprender a tantos sabios que iluminaron su camino, mientras transmitió la llama del conocimiento con total generosidad y entusiasmo. Asimismo, tuvo una gran coherencia entre pensamiento, palabra y acción, cosa casi impensable en estos días.

Fue como un maestro Zen, sin que nos diéramos cuenta nos regaló muchísimas herramientas para encontrar el camino, o al menos para enderezarlo. Es así que fue luz para todos los que lo conocimos , también esperanza, consuelo y esa mano amiga y sincera, ese abrazo que aprieta el corazón.

Se nos adelantó en el tiempo, pero seguirá en nuestros corazones iluminándonos y guiándonos con sus enseñanzas y su generosa sabiduría. Brilla en nosotros su fraternal compromiso y eterno entusiasmo.

Andrea Calvete

 

 

domingo, 11 de abril de 2021

¿DÓNDE QUEDA?


¿Dónde queda la elocuencia cuando la realidad nos bofetea día a día? Andan desencontradas las ilusiones, los abrazos perdidos, y los besos olvidados en un cajón. La palabra Covid paraliza y acapara todos los escaparates, nos maneja como marionetas y nos tiene a su merced sin miramientos.

¿Dónde queda la esquina llena de niños jugando, o la mesa en dónde siempre había un motivo para compartir algo? Todo lo que nos preguntamos dónde queda, anda por allí no en el lugar de siempre, pero sí a la espera de poder volver.

¿Dónde quedan las ilusiones, la esperanza, la luz? Seguramente un destello habita en nuestro corazón apretado por el sufrimiento y el dolor de estos días.

El Covid- 19 nos ha acercado a esa conexión existente entre la Tierra y la Humanidad, como seres humanos conectados con la naturaleza participamos de su salud y de su enfermedad. Al respecto el teólogo Leonardo Boff nos lleva a reflexionar:

“El Covid-19 nos hace recuperar nuestra verdadera humanidad, aunque sea ambigua por naturaleza.

Ella está hecha de amor, de solidaridad, de empatía, de colaboración y de la dimensión humano-espiritual que da el debido valor a los bienes materiales, pero que le da mucho más valor a los bienes intangibles.

Los materiales los dejamos atrás, los humano-espirituales los llevamos más allá de la muerte, pues constituyen nuestra identidad definitiva.

Cuanto más amigables sean nuestras relaciones con la naturaleza, y más cooperativas las relaciones entre nosotros, más se vitaliza la Tierra. Nos curamos juntos y juntos celebramos nuestra convivencia terrenal”

¿Dónde queda el mañana? Depende de cada uno de nosotros, del compromiso, entrega y responsabilidad con que sigamos lo que queda de trayecto.

Andrea Calvete

miércoles, 17 de febrero de 2021

MOMENTANEAMENTE SUSPENDIDO


La Pandemia se ha empeñado a dejarnos fuera, todo confabula para que no consigas día y hora, y postergues ese chequeo pendiente, o ese trámite en el que precisas renovar algún documento, o que ese encuentro o entrevista se diluya y todo quede para más adelante.

Y desde que comenzó esta Pandemia nuestra vida y hábitos se han visto alterados, en esa suerte de alteración no falta los que se abusan de la situación y se aprovechan para cerrarte las puertas en la cara, por falta de tiempo de recursos… o de lo que se te ocurra.

Lo cierto, es que un montón de actividades y trabajos han quedado suspendidos en una nube, a la espera de que todo esto termine. Sin embargo, quien está por jubilarse y se ha quedado sin trabajo necesita una solución inmediata. Del mismo modo, quien ya no cobra más el seguro de paro quiere trabajar, porque el trabajo más allá de que dignifica es la herramienta de sustento que tenemos como seres humanos.

Y han quedado suspendidas operaciones quirúrgicas, intervenciones médicas, las empresas han reducido personal de trabajo, y en algunos casos como el de las actividades culturales totalmente suspendidas. Es lógico, entendemos que estamos en Pandemia, pero ya se hace bastante insostenible que todo esté momentáneamente demorado y suspendido. Desde luego, como somos seres adaptativos, nos acostumbramos, pero eso no significa que todas estas alteraciones nos tengan satisfechos.

Somos parte de un sistema que de alguna manera está momentáneamente fuera de servicio, pero nosotros tenemos que seguir abonando nuestros impuestos, alimentando a nuestra familia, pagando el alquiler, y haciendo equilibrio para no quedar como quien camina en una cuerda floja, mientras el sistema vuelve a funcionar lo más próximo a la normalidad.

Andrea Calvete

 

OBJETO TAPABOCAS


Si algo nunca se me había pasado por la cabeza es que en la cuerda de la ropa colgarían tapabocas recién lavados como una prenda más dentro de la indumentaria del diario vivir. Los veo allí secarse al sol, mientras el aire húmedo los balancea. ¡Qué paradoja que ese adminículo salvador de contagio, tan asfixiante e incómodo, se encuentre libre disfrutando de los altibajos de este febrero en el que tras un chaparrón sale el sol!

Objeto que ha llegado como aliado en el combate del Covid-19, de uso obligatorio en ciertos lugares cerrados, de diferentes materiales y diseños, se ha instalado en nuestras vidas sin que tengamos derecho a cuestionarnos si nos falta o no el aire, si nos brotamos o si nos pica la nariz, el hecho es que hay que usarlo.

Los llevo a los comienzos de la Pandemia cuando sólo se recomendaba el uso al personal de la Salud, y además eran descartables y carísimos. Desde luego, con el transcurso del tiempo su uso se generalizó, el costó bajó y también surgieron los reutilizables.

No sé a Ustedes, pero a mí no me gusta hablar de tapabocas, siento que me falta aire y que la voz proviene como de una caverna, no estoy en contra de su uso al contrario lo apoyo, pero reconozco que es incómodo más cuando se lo usa correctamente y la nariz queda en el interior del tapaboca.

Las cosas que nunca se nos pasan por la cabeza realmente son las que nos sorprenden, las que nos conducen hacia otros parámetros o nos posibilitan otras perspectivas. Son las que llegan para promover un cambio. Sin embargo, no deja de sorprenderme este momento casi de ciencia ficción que está viviendo la humanidad y que nos hace replantearnos tantas cosas, cuestionarnos, reinventarnos y ¿por qué no redescubrirnos? Todo esto, sin olvidar que por un largo tiempo seguiremos usando tapabocas.

Andrea Calvete

domingo, 7 de febrero de 2021

LLUEVE EN SU CORAZÓN


El cielo diáfano coronado por un sol tibio y una brisa despreocupada acarician esta prometedora mañana de verano. Los horneros trinan llenos de júbilo, buscan tierra mojada para comenzar a construir su nido. En este bello día sin embargo llueve en su corazón.

Llueven recuerdos con perfume del ayer, los besos y las añoranzas de lo que fue y sólo queda la vívida sensación que se desvanece como esas fotos que van perdiendo el color con el correr de los años.

Late ese momento que quedó capturado en la retina, aquel abrazo del que nunca quiso separarse, o el silbido de aquella melodía que era parte de sus días. El ruido de las hojas movidas por el viento lo llevan aún más lejos, se instala en aquellos amaneceres en los que le sonreía la juventud.

La lluvia del corazón cae continua, gota a gota, como en una monotonía perfecta se desliza para dejar correr lo que se anuda en su garganta y llena de humedad sus ojos. Se deja acompañar de una música suave y melancólica, mientras baila una melodía lenta abrazada a los recuerdos convertidos en añoranzas.

El cielo diáfano coronado por un sol tibio y una brisa despreocupada acarician esta prometedora mañana de verano. Los horneros trinan llenos de júbilo, buscan tierra mojada para comenzar a construir su nido. En este bello día sin embargo llueve en su corazón.

Andrea Calvete

 

 

 

sábado, 30 de enero de 2021

TRUENA


Refunfuña el cielo, acompañan sus protestas oscuras nubes. Silba el viento una canción triste mientras los árboles sacuden sus copas despreocupados y bendecidos por las primeras gotas de lluvia.

Es una tarde especial en el que el gris furioso de la tormenta embellece los verdes. Truena en forma de protesta, mientras el tiempo se despereza y llama a dormir una apacible siesta. El ruido de la lluvia y el viento un remanso como cuando una madre mece en sus brazos a un niño recién nacido.

El continuo caer de las gotas junto a mi ventana me lleva a disfrutar de esta hermosa tarde de tormenta, mentolados y silvestres llegan los aromas de las plantas recién mojadas, mientras el silbido del viento se cuela en busca de poner solemnidad y atención al menos unos minutos. Ya lo ha conseguido, miro atenta y escucho esta sinfonía maravillosa que se desata con la lluvia, la disfruto y contemplo mientras tomo un de té de limón.

Refunfuña el cielo, acompañan sus protestas oscuras nubes. Silba el viento una canción triste mientras los árboles sacuden sus copas despreocupados y bendecidos por las primeras gotas de lluvia. Los truenos continúan espaciados mientras el agua se desliza fresca y serena, y así moja armoniosa todo lo que toca.

Andrea Calvete 

domingo, 24 de enero de 2021

UN DÍA CALUROSO


Los vapores de las veredas bañan de calor el aire, el astro rey calienta sin piedad y una brisa húmeda y pegajosa nos toma de la cintura. La mirada tibia y calma de la mañana perfuma el aire, un cielo celestre brilla diáfano, mientras entre los árboles trinan alborotados los pájaros. Un día maravilloso, pero muy caluroso. Contagian así en su canto algarabía y devuelven el vigor que parece perderse en el sopor que aumenta en la medida que pasan las horas.

¡Qué maravilla que, dentro de tanto contagio, haya algo bueno que contagiar, o compartir! Es increíble como un diminuto animal como son los pájaros puedan expresar tanto a través de su canto.

La sombra de los árboles manantial de frescura, refugio para sobrellevar el agobio del calor. En las casas giran a toda máquina los ventiladores de techo, turbos y como una bendición los aires acondicionados.

El agua es elemento mágico que refresca, dinamiza y da vida al día, sin ella es imposible soportar las altas temperaturas. Sin embargo, el calor de este día esta nutrido de aromas, de sonidos llenos de vida y encanto. Es mágico el verano, con su mirada tibia y serena perfuma las mañanas salpicadas de esperanza y vitalidad. Los pájaros no paran de trinar, con profunda emoción cantan desde alba hasta que anochece. Los escucho atenta y me pregunto: ¿Qué dirán, qué querrán expresar? Lo cierto es que están desbordantes de energía, y le ponen música al día. Las chicharras en la medida que el calor aumenta suenan más potentes.

Recuerdo cuando iba a la escuela me hacía mucha ilusión esta época, luego de correr e insolarnos en el patio del recreo volvíamos exhaustos, transpirados como en trance. La maestra con buen atino nos permitía un pequeño descanso, apoyábamos los brazos y la cabeza sobre el pupitre y descansábamos quince minutos. ¡Cuánta plenitud en aquellos quince minutos, cuánto bienestar, una paz indescriptible reinaba en la clase! El olor al verano acompañaba, entraba por la ventana el aire perfumado por las hiedras que daban al balcón, mientras algún pájaro nos arrullaba con suavidad. Un silencio perfecto, no se oía ni nuestra respiración.

¡Y cómo no recordar la sombra fresca de la parra que comenzaba a llenarse de uvas, o del sauce llorón meciendo sus ramas al viento! Las mariposas revoloteaban efímeras en esa plenitud de aromas y sensaciones que daban paso al verano. Las ventanas abiertas, y los fondos habitados por sus dueños, la prueba perfecta que el calor con su poderoso encanto congregaba a las familias a la mesa y al reparo del sol.

Si bien los días calurosos algunas veces son difíciles de soportar, también tienen el encanto de ese baño fresco reparador en el que parece que revivimos cuando aún con el cabello mojado nos disponemos a continuar el día, impregnados por esa agua reparadora y refrescante. Los jugos frutales frescos y apetitosos iluminan las risas contagiosas de los niños que juegan con agua, como si el calor no importara para nada y el tiempo fuera un espacio en el que todo es posible.

Andrea Calvete

sábado, 16 de enero de 2021

EL ESPEJO DEL AMOR


El espejo un lugar donde se refleja la imagen, donde se esparce la luz, se superan los recuerdos y la memoria camina por un inmenso espacio virtual vaporoso, lleno de profundos recovecos. Utilizado por antiguas civilizaciones ha llegado a nuestros días como un objeto cotidiano, capaz de irradiar los misterios más exiguos. Hoy los invito a mirar a través del espejo del amor, un espejo algo desgastado, del que mucho se habla, pero al que pocos acceden realmente.

Problemático como pocos personajes de la historia, el amor juega a dos puntas, saca canas verdes, anhelado, también perseguido, señalado y tantas veces negado. Por ello, nadie mejor que el cantautor Joaquín Sabina ha inmortalizado una de sus vetas más enigmáticas al decir que “el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren”.

Un personaje que se presenta sin credenciales, sin documentos, que invade nuestro cuerpo, mente y alma, sin pedir permiso, y se instala allí cómodo, como si hubiera sido invitado para alojarse eternamente. Y de pronto, lo vemos allí parado en frente nuestro, muy desfachatado y atrevido, pero simpático y comprador, campechano y convincente, con un gran poder de seducción, donde cualquier palabra que emite es propicia, adecuada y nos invita a recorrer caminos mágicos que sólo él sabe y conoce.

Es un tipo muy especial, que se ha manifestado a lo largo de la historia, según las costumbres, las sociedades, las épocas, pero más allá del transcurso del tiempo, tiene la capacidad de hechizar a sus adherentes, y se vale de Cupido, de la Luna, de la noche de estrellas, de un amanecer, de las olas del mar, de los atardeceres, del cielo celeste o un día lluvioso. Cualquier momento o lugar son propicios para hacer de ese instante algo maravilloso, donde las horas parecen paralizarse, pero cuando miramos el reloj, entonces comprendemos que nos ha deslumbrado y extasiado con su encanto.

Un verdadero letrado a la hora de tocar nuestro corazón, él sabe qué palabras utilizar, qué mirada es la apropiada para el momento, y es así que su aparición suele ser repentina y gradual, se va instalando lentamente hasta que decide desempacar su equipaje. Y cuando nos hace compañía las horas son más gratas, los días más felices. Su presencia nos despierta muchos sentimientos, me atrevería a decir que casi todos, porque en su afán de hacernos palpitar, invita a todos los sentimientos a hacerse presentes, y cada cual hace su mejor tarea, para satisfacerlo desde su lugar.

Su tenacidad, le permite no detenerse y caminar raudamente hasta alcanzar su objetivo. Y avanza sin permitir que nada lo detenga o paralice, su fortaleza es tal que no se inmuta ante nada. Cuando arriba a su destino lo hace entonces muy seguro, sin dudar ni siquiera un momento, pues el camino recorrido es bastante largo y sinuoso.

Y como todos somos diferentes, no toca a la puerta de la misma manera, él sabe cómo golpear, para que cada corazón se abra y lo haga con naturalidad, para permitir que después vibre con total intensidad, haciendo que el pulso se acelere y la sangre fluya con fervor por nuestras venas, y entonces ya todo tiene un tono especial.

De regreso a lo que me ha traído hoy aquí a hablarles del espejo del amor, ese espejo en el que fluye una de las vibraciones más poderosas del mundo, el amor, el que todo lo puede o al menos lo intenta. Según Leo Buscaglia: “Cuando amas a otro te conviertes en su espejo y él se convierte en tuyo. Y reflejando el amor de cada uno, ves el infinito”. Por eso hoy, los invito a mirar a través del espejo del amor. 

Andrea Calvete   

martes, 12 de enero de 2021

EL CALOR DE LA AMABILIDAD


La amabilidad una milenaria palabra que tiene el don de despertar sentimientos poco frecuentes pero necesarios como son: la gratitud, la calidez y la calma. Estamos parados al borde de un abismo, para no caernos es imprescindible que nos tomemos de una mano que nos sostenga y nos ayude a mantenernos sin resbalar por ese inmenso precipicio.

Dice un viejo proverbio que japonés que “una palabra amable puede calentar tres meses de invierno”. Este bello refrán es esperanzador, nos lleva a encontrar en la palabra la luz, la esperanza, la posibilidad de hallar un camino. A esta altura, creo que el camino nadie lo tiene muy claro, continuamos esquivando obstáculos y enfrentándonos al día a día. Algo no menor el aprender a vivir el día a día, a saborearlo como una humeante taza de café o un amanecer lleno de paz.

Al calor de la amabilidad surge la colaboración, la solidaridad y la empatía. En nuestro cerebro se produce una gran sinapsis, y nuestro organismo comienza a vibrar en una sintonía diferente, y percibimos el mundo desde otra perspectiva. Se abre la ventana en la que los posibles afloran, el entendimiento tiene lugar, el diálogo se establece, y las aguas parecen asentarse. El agradecimiento se dibuja en nuestro rostro, y mejora la energía vital.

Si nos remontamos a sus orígenes quizás nos vayamos a noche de los tiempos, sin embargo, es un hábito que hemos aprendido de nuestros padres, abuelos, o seres queridos que han tenido la capacidad de abrir su corazón para entibiar con sus palabras nuestro crecimiento e iluminarnos con una sonrisa el alma. Nos han abrazado cuando hemos caído, nos han sostenido para hacernos más grato el camino y nos han señalado del error para no volver a equivocarnos. Y siempre lo han hecho desde el amor que nos ha unido a ellos. Cuando el amor se hace presente la amabilidad surge sin escusas.

Estar enamorado de la vida implica: no dejar de sorprendernos con cada día, con cada acontecimiento, estar dispuestos a vibrar en nuestra mejor sintonía y a ser capaces de brindar una palabra de amabilidad para quien la necesita. Porque que “una palabra amable puede calentar tres meses de invierno”, e iluminar los días para alguien que se encuentra en tinieblas.

Andrea Calvete

lunes, 11 de enero de 2021

EL ÚTLIMO BASTIÓN- Parte II


Nuestras raíces se resquebrajan, el humo tapa la visión, mientras las llamas se esparcen, se avivan las pasiones, anestesiados y escépticos nos movemos por la calle de la desolación. Aquel bastión en el que residía la tranquilidad y la calma se aleja como un oasis en el medio del desierto. 

¿Cuáles son los sentimientos que han aflorado con toda esta pandemia? ¿Nos han servido para acercarnos a los demás, o para alejarnos cada vez más en esas burbujas tan indicadas, pero a su vez tan peligrosas?

En la medida que pasan los días una enmarañada suerte de desánimo contagia el aire, mientras los tapabocas parecen ser los salvadores de una historia de ciencia ficción. Pero, es la realidad, es este presente sin pie ni cabezas que estamos viviendo.

Guardar distancia del otro es lo que aparentemente nos salvará. Ahora me pregunto esa distancia se acortará en algún momento, porque ya estábamos bastante distantes antes de que todo esto ocurriera, cabe entonces analizar si no se ensancharán las brechas.

Nada está muy claro sobre lo que vendrá después, cada día que transcurre nos alejamos de ese bastión en el que nos criamos y crecimos confortables, sin preocupaciones disfrutando de la niñez y la algarabía de la vida. Ojalá los más pequeños transiten estos momentos de manera que no queden secuelas en ellos, porque la niñez es una etapa muy tierna y sagrada, sobre la que se eleva el ser que vamos construyendo lentamente. Ojalá no dejemos de sonarle la nariz al hijo del vecino, o de dar esa taza de azúcar o de harina que le faltó a doña María, o de barrer la vereda con entusiasmo… porque nuestros mejores hábitos parecen también haber quedado detenidos producto de este virus detractor.

El día después parece estar más cercano con la vacuna, pero preocupa muchísimo cómo saldremos parados emocionalmente después de todas estas restricciones y barreras para luchar contra el virus.

El otro día me puse a mirar detenidamente el estacionamiento del supermercado, me sentí que ingresaba en un libro de Ray Bradbury. Personas enmascaradas detrás de sus tapabocas, con tatuajes en brazos y piernas, rápidamente ingresé en “El hombre ilustrado” un hombre con el cuerpo lleno de tatuajes, pero no tatuajes corrientes sino tatuajes asombrosos y mágicos, percibí ese instante en donde la realidad y la ficción que se tocan, y lo incierto se instala como si la arena movediza nos atrapara. Fue como revivir un capítulo de Black Mirror, extraño, pero estamos parados al borde de un abismo.

Quien me inspiró estas palabras de reflexión ha sido el escritor Eduardo Callaey: “Y un día me di cuenta de que todo aquel mundo en el que había crecido estaba sitiado. Que todo lo bueno, lo bello y lo sagrado se estaba apagando en medio del desinterés, la desidia, o simplemente la ausencia de sentido. Con el tiempo descubrí que había otros como yo y decidí resistir con ellos desde el último bastión”

Aquel bastión en el que residía la tranquilidad y la calma se aleja como un oasis en el medio del desierto, con mucha paciencia seguramente lo lograremos. “La paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces”, y esa raíz es amarga porque hay que saber escuchar, observar, callar, comprender, hasta poder ponernos en el lugar del otro, de ese modo surgirán los frutos dulces, la recompensa, y tendrá lugar la tolerancia.

Andrea Calvete

martes, 5 de enero de 2021

EL ELIXIR


La buscó hasta el cansancio, la esperó, le imploró, pero no dio señal alguna. Luego de mucho andar, cansado de tanto urdir, se sentó a la sombra fresca de un árbol milenario. La búsqueda infructuosa tomó un sentido, la savia que caía por el tronco se entremezcló con el sudor de su piel. Pudo percibir que la magia se impregnaba en cada acto de vida. Decido se zambulló en el océano de las posibilidades, buceó por las aguas cristalinas de la imaginación y la creatividad. Ya despojado de preconceptos y abierto al cambio percibió el elixir tan anhelado.

La Magia son momentos únicos, atesorados en el corazón, guiados por algo inexplicable, llamado amor.

El elixir algo tan anhelado y buscado, se emparenta con la perfección misma con esa quintaesencia que representa la aspiración, el aliento que mantiene la vida en lo creado. El propio ser se manifiesta por el aliento que da acción a la vida. De modo que el aliento o respiración es el medio que une el espíritu divino al cuerpo material.

Descubrir esa quinta dimensión o Quinta Esencia es un camino individual que, posiblemente, nos lleve hasta el atanor del ser, donde aparece el calor más íntimo, pues todo lo que ocurre en nuestro cuerpo y mente se aloja allí cómodamente, para dar lugar a los aromas de nuestra existencia, que podrán trascender en el tiempo a través de los seres que lograron compartir lo más profundo que habita en cada uno de nosotros.

La buscó hasta el cansancio, la esperó, le imploró, pero no dio señal alguna. Luego de mucho andar, cansado de tanto urdir, se sentó a la sombra fresca de un árbol milenario. La búsqueda infructuosa tomó un sentido, la savia que caía por el tronco se entremezcló con el sudor de su piel. Pudo percibir que la magia se impregnaba en cada acto de vida. Decido se zambulló en el océano de las posibilidades, buceó por las aguas cristalinas de la imaginación y la creatividad. Ya despojado de preconceptos y abierto al cambio percibió el elixir tan anhelado.

Andrea Calvete

lunes, 4 de enero de 2021

LA MELLA DE LA INCERTIDUMBRE


Solapada se desliza la incertidumbre, se mezcla con las dudas, se esconde detrás de las sonrisas, y mira de reojo por entre las ventanas. No nos damos cuenta, pero allí está y es como una pequeña gotera que cae día a día, y deja su mella. 

De esta manera se alimenta y crece con la falta de certeza, la desestabilidad, la desesperación y el  desánimo. Y va construyendo un muro alto e indestructible, producto de su perseverancia y oportunismo.

Aunque es parte de nuestra vida, tratamos de eludirla, evitarla para aprovechar las posibilidades de la mejor manera, aunque muchas veces ocupados en este juego de esquivarla desesperados por el futuro nos olvidamos de vivir y disfrutar el presente, que es lo más certero que tenemos.

A esta altura si algo hemos podido aprender es que es ineludible. De tal modo, vamos esquivando barreras, les hacemos frente, tomamos medidas, cambiamos la actitud, pero la incertidumbre sigue su pulseada, con sus músculos poderosos transpira, pero ni se inmuta, y no nos da tregua.

Respiramos profundo, inhalamos, exhalamos, y en la medida que somos conscientes de este pasaje de vida alejamos a la incertidumbre con la única y poderosa seguridad de que estamos vivos. Pero ¿qué significa estar vivo?, continuar sin pensar demasiado, ¿qué pasa con nuestras emociones, deseos, aspiraciones, sentimientos… ilusiones?

Nos detenemos unos instantes y nos preguntamos: ¿La utopía tiene cabida cuando la incertidumbre se instala a diario? Posiblemente, sea el refugio de artistas, escritores, músicos, escultores, mujeres y hombres que intentan a través de su creatividad buscar ese refugio en donde su ser fluye y les da alas de libertad y se enciende el espíritu de la utopía.

Ese muro que construye diariamente nos aleja de la claridad de pensamientos, de la templanza para enfrentar los días, y la fortaleza para continuar. Sin embargo, la resiliencia es un pilar que permite enfrentar con entereza todo lo que nos ocurre, y no bajar los brazos o quedarnos paralizados.

Esa prenda llamada resiliencia la incorporamos en los primeros años de vida, con las más tiernas enseñanzas para luego con el transcurso del tiempo poder entonces enfrentarnos a lo que conlleva el prefijo in: incierto, injusto, injustificado, insólito, incomprensible, incomodo, insoportable, insostenible, inaguantable, para convertirlo en algo posible, justo, justificado, sólido, creíble, válido, sostenible, apasionante, confiable, y llevadero.

Solapada se desliza la incertidumbre, se mezcla con las dudas, se esconde detrás de las sonrisas, y mira de reojo por entre las ventanas. No nos damos cuenta, pero allí está y es como una pequeña gotera que cae día a día, y deja su mella. Aunque no hay mejor marca cuando logra despertar en nosotros el desafío, la creatividad y la pasión de seguir adelante con fe y esperanza, con la resiliencia encendida en nuestro ser. 

Andrea Calvete