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COMO UN SOPLO


Como un soplo pasa la vida, camina a través de los años, vuela entre los acontecimientos que nos marcan, y deja su aroma a través de los amaneceres y atardeceres que rocían nuestra existencia.

No es cuestión de mirar para atrás, o quedarnos detenidos con la mirada hacia lo que vendrá, el hoy se escabulle mientras pretendemos atender lo que ha quedado pendiente y lo que resta por hacer.

Como un soplo pasa la vida, despeina nuestra mirada, acaricia nuestros sueños, desafía nuestros propósitos, pero fluye, aunque por momentos nos sentimos estancados, ella no se detiene. Sin embargo, en otras oportunidades sentimos que se nos escapa de los dedos y por más que apretemos los manos sigue y se evanece con el último sol del atardecer.

Como un chasquido entre los dedos pasa el tiempo, castañetean salerosos los años, y bailan con mayor o menor gracia según el ánimo con que nos agarren a la hora de invitarnos a danzar. Pero si estamos de buen talante, seguro que el soplo se hace más rápido, y lo bello se disfruta y sabe a poco y gusta a más.

Como un soplo pasa la vida, no es tiempo de detenernos en quejas o lamentos, es hora de empaparnos con el brillo y entusiasmo que irradia cada día, vivir el momento y disfrutar de cada instante como si fuera el último.

Como un soplo pasa la vida, camina a través de los años, vuela entre los acontecimientos que nos marcan, y deja su aroma a través de los amaneceres y atardeceres que rocían nuestra existencia.

Andrea Calvete

 

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