lunes, 26 de diciembre de 2016

SE DESPIDE Y SE VA

Entre idas y vueltas, alegrías y tristezas, sonrisas y llantos, cansancio y descanso, así se ha escapado el año. Cuentan que se ha puesto sus mejores galas para despedirse, algunos no lo quieren saludar pues les ha marcado duramente, otros lo abrazan sonrientes porque la alegría ha tocado sus puertas. Sin embargo, no falta quien lo deja ir con indiferencia y una pizca de hastío porque ha sido monótono y aburrido.

A él no le importa demasiado la postura que tomemos cada uno de nosotros, se despide y da paso a otro nuevo ciclo, que viene lleno de energía y con el ánimo cargado del que recién empieza. Desde luego, a esta altura del año el cansancio y el agotamiento son parte del atuendo que por más que quiera disimular el transcurso del tiempo lo lleva incorporado.

El balance lo tiene pronto casi pronto, el 31 cierra y se va. Del mismo modo cada uno de nosotros podemos mirar hacia atrás y analizar cómo han transcurrido estos doce meses que finalizan. Cuenta el 2016 que ha sido invitado a nacimientos, recibimientos, festejos de todo tipo: cumpleaños, parejas que se forman, amigos que se encuentran. Pero también ha transitado por momentos difíciles, partidas de seres queridos,  rupturas de parejas y familias, perdidas de trabajo, enfermedades, guerras, desastres geográficos y tantas dolencias. No todo ha sido color de rosa, porque como la vida misma el año ha tenido que caminar por baldosas blancas y negras, y desde los grises ha logrado luego llegar a encontrar la armonía necesaria para continuar.

Hace pocos días una señora indignada ha tocado a su puerta y le ha recriminado que ha sido un año terrible, que ha perdido el trabajo, que ha enfermado, que no ha tenido tregua. El año 2016 la ha escuchado atento y preocupado le contestó: “¡Cuánto lo siento!, mi intención no ha sido hacerte sufrir, creo que de todo esto debes fortalecerte y no debilitarte, si mal no recuerdo has pasado por años peores y los has superado, eres una mujer resilente nadie va a poder contigo y menos yo, un año que te he te ha puesto piedras en el camino. Si no me falla la memoria has tenido años de dicha en tu vida trata de volver a ellos para recobrar la energía que hoy te hace falta y sigue el camino lo mejor está por venir”. La mujer con los ojos llenos de lágrimas lo abrazó y lo besó, le dio las gracias y lo dejó marchar sin rencor en su corazón.

Andrea Calvete

lunes, 19 de diciembre de 2016

¿CUÁNTO PESA DICIEMBRE?

Diciembre llega para cerrar el año, nos plantea cuestionamientos, desafíos, y se presenta la hora de ese balance que algunos años quisiéramos obviar, o pasar de largo. Quizás no sea la mejor fecha para realizarlo, pues son momentos más allá de las creencias personales en los que las ausencias suelen hacerse presente, las pérdidas toman vida, y si bien es tiempo de brindis, no deja de colarse la melancolía por alguna rendija, así como la voz que nos cuestiona desde el yo más íntimo.

Doce es un número que tiene correlación con el círculo de la vida, en el que transcurre cada año de nuestra existencia. Ha sido considerado un número sagrado por representar a los signos zodiacales, a los discípulos de Jesús, a los frutos del Espíritu Santo, a las doce tribus de Israel, a los doce hijos de Jacob. Según la Biblia Jesús apareció también doce veces ante sus discípulos antes de morir. Es un número sinónimo de perfección, 12 veces 30 grados forma los 360 grados de una circunferencia. Doce un número místico, relacionado con el devenir del tiempo, de allí el repiqueteo de las doces campanas, o el comer doce uvas para despedir el año y tantas tradiciones a la hora de representar todos sus significados.

Quizás si respiramos profundo y nos detenemos a visualizar nuestro año no sea tal como lo esperábamos, pero en lugar de lamentarnos por lo que no sucedió como esperábamos sería mucho más fructífero detenernos a agradecer todo lo que tenemos y no apreciamos, la gratitud es la mejor herramienta para caminar felices en la vida.

Y en estos momentos es un gran desafío “rejuvenecer como el águila”. El mito del águila me recuerda al ave fénix que resurgió de las cenizas. El águila es un ave que llega vivir 25 años, y en esta etapa sus plumas comienzan a caerse, su pico se gasta y ya casi no se alimenta. Sin embargo, algunas con un inmenso esfuerzo vuelan bien alto, y allí, a solas, se arrancan las plumas que les quedan y el pico. Tras un tiempo vuelven rejuvenecidas con un nuevo plumaje y su pico renovado. Y los seres humanos a la hora de hacer los balances también somos como las águilas, algunos tocamos fondo y nos dejamos vencer, mientras que otros renovamos nuestras energías, nuestras esperanzas, para renacer, dejando morir todo aquello que nos perjudicó, nos empobreció, o quizás no sirvió para tomar el primer paso hacia el despertar. El rejuvenecer del águila, implica tener coraje, agallas, estar abiertos a los cambios, a no dejarnos derrotar, a ver que aún es posible soñar, anhelar, buscar nuevos caminos y mirar con nuevos ojos.

¿Se han puesto a pensar cuánto pesa diciembre para cada uno de nosotros? Se acerca el fin de un año y los  jazmines perfuman los cielos estrellados, la luna nueva está por llegar,  el Solsticio de Verano en pocos días,  tiempo de renacer como la naturaleza llenos de energía y amor para continuar por el sendero cuyo rumbo dependerá en gran parte de nosotros mismos.

Andrea Calvete

viernes, 25 de noviembre de 2016

EFECTO MARIPOSA

El viejo proverbio que dice que “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo" está relacionado con la teoría del caos en el que el más mínimo movimiento en un inicio de cualquier acción puede variar su curso a causa de un proceso de amplificación de esa variante, es lo que se conoce como el “efecto mariposa”. Evidentemente, todo lo que hacemos incide en nuestra existencia, de este modo, pequeñas acciones pueden crear grandes cambios.

El término "efecto mariposa" surge partir de los estudios realizados por el meteorólogo y matemático Edward Lorenz, pionero en el desarrollo de la teoría del caos, quien sostenía que las condiciones iníciales se pueden ver afectadas por un mínimo cambio, de modo de predecir progresos al respecto. Por el año 1950 se hacía muy complejo predecir el tiempo más allá de cuarenta y ocho horas, es así Lorenz estudia las leyes atmosféricas y meteorológicas teniendo en cuenta la más mínima corriente de aire, así surge el aleteo de la mariposa a dar luz a este efecto universal.

La teoría del caos es una teoría matemática que induce al pensamiento filosófico, se refiere a la incapacidad de predecir eventos, aceptando conceptos de azar, incertidumbre, aleatoriedad e indeterminación, de allí que esta teoría tenga tanta repercusión en el diario vivir, pues la vida misma es un inmenso misterio a develar.

¿Cuántas decisiones desacertadas, equivocaciones y errores cometemos?, ¿Cuántos minutos desperdiciados?, ¿Cuántas lágrimas derramadas?, ¿Cuántas palabras no dichas a tiempo?, ¿Cuántos sueños olvidados?, ¿Cuántos deseos dormidos?... Y las preguntas podrían abarcar toda la hoja, sólo es cuestión de comenzar a escribir. Pero más allá de los “cuántos” es importante analizar “qué” hemos podido aprender cada vez que nos apartamos del camino, si hemos crecido, avanzado o literalmente hemos quedados estancados flotando sin querer hundirnos en nuestro propio ser más profundo, el que todavía no alcanzamos a comprender y dar cabida.

El aleteo de la mariposa repercute en cualquier parte del planeta pues el universo de oportunidades está conectado, todo movimiento genera una reacción. En el diario vivir cada decisión que tomamos nos afecta en modo significativo a cada uno de nosotros y a los seres que nos rodean. Así cuando por descuido cometemos un error éste no sólo nos perjudica a nosotros sino a otras personas. Del mismo modo, cuando una buena acción nos ilumina el día, también iluminará la de nuestros semejantes. El aleteo de las alas de una mariposa puede sentirse al otro lado del mundo y llegar a provocar un Tsunami. Esta imagen nos lleva saborear nuestras acciones, a palparlas, a percibirlas detalladamente a través de todos nuestros sentidos, embriagados de aromas que pueden convertirse en un universo infinito de posibilidades.

Este aleteo constante que efectuamos para desplazarnos está íntimamente relacionado con la trilogía pensamiento, palabra y acción. Todo lo que pensamos suele manifestarse en palabras y acciones que desafortunadamente no siempre coinciden, pues para que esto ocurra debe generarse una armonía bastante difícil de lograr, para poder ser así coherentes con lo que pensamos, decimos y hacemos.

La interrelación causa y efecto se da en todos los instantes de la vida, de modo que un pequeño cambio puede lograr resultados significativos. La verdadera pregunta que se genera es si somos capaces en sistemas complejos de predecir las consecuencias de nuestras acciones, quizás el primer paso sea ponerse una mano en el corazón para luego dejar volar nuestras alas.

Andrea Calvete

martes, 15 de noviembre de 2016

SÍNDROME DE EXCUSINI

Las excusas suelen ser enormes escudos tras los que nos amparamos ante la disyuntiva de tener que decir sí o no a una determinada propuesta. Aparecen generalmente ante la duda al tener que definirnos por una respuesta apropiada. En tanto, el camino de la excusa nos valida a sentirnos mejor con nosotros mismos, con esa decisión que en definitiva no pudimos tomar.Según la tradición un tal “Excusini” aparece en estos momentos decisorios, y alienta a este síndrome para que las excusas circulen con frecuencia y total desenfado.

No está mal excusarse cuando lo hacemos para disculparnos, y del mismo modo cuando intentamos eludir una situación estamos en nuestro derecho a hacerlo, lo cuestionable es si en estas excusas entran a jugar las mentiras, aquí se complican los argumentos, porque detrás de una mentira nada bueno se puede edificar o sustentar. No falta quien cree que las mentiras piadosas son válidas, sin embargo por más que en el fondo tienen por fin no lastimar a alguien su base continúa siendo la mentira que nos aleja de poder construir algo con solidez. Por eso vale pena recordar “que las mentiras tienen patas cortas”.

Las dudas son inherentes a los seres humanos, son signos de inteligencia, de reflexión y de pensamiento crítico. Mas es imprescindible dudar a tiempo, cuando una situación aún puede ser reversible, para poder dar una respuesta. Dudamos pues vivimos en un mundo donde abundan las mentiras, los engaños, las actitudes desleales, la corrupción, la ambición desmedida… y ante tanta adversidad la duda surge como posible respuesta. Pero cuidado, no dudemos hasta de nuestra propia sombra.

También solemos excusarnos porque ante determinados hechos o situaciones no nos encontramos preparados, nos sentimos inseguros, entonces es más sencillo poner un motivo a decir no. Nos encontramos nuevamente de regreso al sí y no que tantas veces evitamos. Se pusieron a pensar ¿por qué dos palabras monosílabas resultan de tanto peso en nuestro accionar?

El sí y el no resultan de peso en nuestro accionar porque están relacionados con la dualidad misma de la vida, con esos opuestos que terminan de alguna manera volviéndose complementarios. El enfrentar un sí o un no requiere estar dispuestos afrontar con valentía las decisiones, con responsabilidad y compromiso, y como consecuencia sostenerlo con argumentos sólidos.

Quizás muchas veces hayamos sido víctimas de este síndrome en el que las excusas nos anteceden y justifican, por miedo, por temor, por falta de tiempo, por indecisión… no importa el motivo que quieran, puede o no ser justificado, lo importante es excusarnos menos y comprometernos más.

Andrea Calvete

lunes, 14 de noviembre de 2016

SUPERLUNA



Este lunes 14 de noviembre se puede apreciar la luna más grande y brillante desde enero de 1948. Se denomina superluna al fenómeno satelital en el cual una luna llena o luna nueva se encuentra a no más de un 10 por ciento de su punto más cercano a la Tierra en el recorrido de su órbita. Es así que millones de celulares y cámaras fotográficas han plasmado este momento en el que la energía de esta luna fluye y se expande. No falta quien embriago por su magia deja volar sus más profundos deseos, con la esperanza encendida en que se harán realidad o al menos estarán más cercanos.

A lo largo de los años los científicos han investigado respecto a los efectos favorables y desfavorables de la luna respecto al comportamiento humano, y se ha podido ver que cuando está la luna llena aumenta la actividad mental a través de sus frecuencias. Durante la luna llena se combinan la atracción gravitacional de la luna y el sol. Si bien la luna ejerce una atracción sobre la tierra otros días, hoy es más potente. Además la tierra, el agua y el aire son atraídos hacia la luna.

Más allá de las explicaciones científicas la luna toca a sus obsvadores con su encanto. Es símbolo de luz, de fertilidad,  y abundancia. Las noches de luna llena guardan cierta magia y encanto para quien suele dejarse llevar por el cielo estrellado iluminado por su blancura delicada y tenue.

¡Cuántas declaraciones a la luz de la luna llena!, ¡cuántos suspiros, besos y miradas!, ¡cuántos anhelos escondidos!, ¡cuántos deseos olvidados!, ¡cuántos amores buscan brillo!, ¡cuantas historias caminan iluminadas por este bello satélite! Inspiradora de libros, cuadros, esculturas, canciones, a cada artista logra llegar de diferente manera, a cada ser alcanza con su magia y encanto magnético. Por lo tanto, quien pueda disfrutar de una noche de luna llena podrá experimentar un momento diferente y único, a tiempo de bañarse de su energía y belleza, abiertos a que es posible un cambio o un momento trascendente. Que esta luna sea testigo de algo maravilloso en tu vida.

Andrea Calvete

lunes, 7 de noviembre de 2016

"CAMINANTES NO HAY CAMINO"

La tibia brisa de la mañana le tomó en sus brazos y le trasladó más allá de sus pensamientos, hasta llegar a ese lugar dónde es posible revivir y rememorar lo pasado. El yodo del aire se impregnó en su piel y lo invitó a desnudarse para sumergirse en el agua. Sin planearlo los deseos de Antonio comenzaron a flotar en un bálsamo junto a lo vivido, entonces una fugaz pero repentina voz despertó en su mente: “ No dejes escapar al presente, es el tiempo que te pertenece”. Suavemente sólo se escuchó el romper de las olas que llegaban a la orilla.

Sin proponérselo Antonio cuestionó: “ ¿Por qué es el presente el único tiempo que me pertenece?, no creo ser merecedor de un tiempo más que el que me de plenitud, pero dueño de esa longitud no creo ser, tan sólo un mero canal por el que pasa”, dijo con tranquilidad.

“Exacto” dijo la voz nuevamente, “ somos meros canales por dónde todo fluye, pero algunas veces no lo dejamos fluir por miedo o simplemente porque no nos encontramos preparados”.

“Puede ser”, dijo tímidamente Antonio, “ me ha pasado que al tener que dar un salto no me encuentro preparado, siento que necesito más tiempo, pero a la larga veo que nada pasa sin una razón y entonces respiro profundo y continuó ”.

“La vida es puro devenir no se detiene ante nada ni nadie, entonces el tiempo es una medida que la acompaña, estará en cada uno aprovecharlo al máximo para que ese continuo andar se convierta en el mejor rumbo a seguir y camino recorrido” finalizó Antonio con su mirada clavada en el horizonte.

Andrea Calvete



miércoles, 2 de noviembre de 2016

MÁS JUGADORES A LA CANCHA

Durante los 365 días del año damos un día especial para celebrar acontecimientos, profesiones, oficios, nacimientos, partidas, logros… y la lista puede ser inmensa, basta encontrar un motivo para no olvidar y agregarlo. Sin embargo, lo bueno sería no recordar sólo un día sino cada instante en el que ese logro, suceso o persona hace aflorar lo mejor de cada uno de nosotros, y en consecuencia actuar.

Evidentemente, es importante recordar y celebrar con un día festivo, aunque suele desdibujarse este carácter cuando lo que festejamos o rememoramos queda tan sólo marcado en almanaque como una mera fecha. El tríptico pensamiento, palabra y acción debe jugar en todo terreno, más en aquellos que recuerdan o realzan a algo o alguien.

Detrás de cada hecho o momento que recordamos existen seres humanos que dejaron una huella en nuestra vida, que nos marcaron de alguna manera con sus vivencias, con esas experiencias vibran en nuestro corazón. Es así que las vivencias individuales suelen marcarnos como personas, pero las compartidas nos marcan como sociedad. Por eso es importante ser cuidadosos cuando a través de diferentes medios actuamos o compartimos información, ya que nuestro hacer individual tiene repercusión directa en lo colectivo. Por eso, cuando nos quejamos porque las cosas andan muy mal, somos tan responsables como aquellos que ocasionaron el problema, ya que como seres integrantes de una sociedad si bien la crítica es importante no basta quedarse de brazos cruzados hay que poner manos a la obra y actuar en consecuencia, estamos llenos de directores técnicos, faltan más jugadores.

Criticar es sencillo es ver la paja en ojo ajeno, sería importante reconocer errores antes de lanzar la primera piedra, así la crítica se haría mucho más constructiva. Por otra parte, el verdadero director técnico une al equipo, lo fortalece, motiva, lo hace entrenar y superar obstáculos, y para ello establece disciplina, no se queda sólo con la queja porque el partido se jugó mal. No debe confundirse disciplina con autoritarismo, el DT debe impartir normas de conducta y entrenamiento para que el equipo funcione correctamente, para ello deberá utilizar una estrategia de modo que su equipo se sienta motivado, apoyado y sostenido. Por eso, aportar soluciones, propuestas alternativas, son parte de la responsabilidad que tenemos a la hora de lanzar una crítica, pues así será constructiva. Destructores sobran, falta gente que construya, integre y una, más jugadores a la cancha jugando con la misma camiseta, de eso depende lo que queda por andar.

Andrea Calvete


martes, 11 de octubre de 2016

¿CUÁNTO PESAN LOS PENSAMIENTOS?

Día tras día somos la materia prima del mundo en el que vivimos. Sin darnos cuenta, por más que protestamos contra un sinfín de situaciones, éstas tienen correlación con cada decisión que tomamos, con cada pensamiento que elaboramos y expresamos.

Es así que si tomamos conciencia de nuestras responsabilidades, derechos y deberes, pronto podremos ver que el mundo como lo hemos creado es consecuencia de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Por lo tanto, difícilmente podamos cambiar algo si no empezamos por nuestro pensamiento, que es el timón de nuestras acciones. También es necesario tener presente que el tríptico pensamiento, palabra y acción camine con cierto grado de coherencia, si no de nada servirá alinearnos a nuestros pensamientos.

Algunas veces nos negamos a ver que un montón de situaciones que parecen no tener fin son mera consecuencia de un estado de derrotismo y angustia que nos invaden, que nos predisponen a ver pocas puertas de salida o posibilidades. Desde luego, quien está deprimido por alguna causa específica este sentimiento aflorará rápidamente. Pero si bien no es sencillo levantarnos cuando tocamos fondo, tampoco es imposible. El primer paso quizás sea mirar a nuestro alrededor con detenimiento, para descubrir que hay alguna persona a la que realmente importamos, nos quiere y nos necesita.

La vida te da mil y una razones para estar mal, pero también te da muchas para estar bien, lo importante es verlas y negociar con nuestro pensamiento que se interpone y nos muestra el medio vaso vacío. Que nuestro pensamiento se sincere con nosotros mismos y no nos haga trampa, la luz está aún en los días nublados, sólo es cuestión de abrir las ventanas. Los pensamientos pueden tener un enorme peso en cada decisión, en cada paso que damos, por lo tanto, debemos analizarlos con detenimiento para no dejar que nos invadan aquellos que lo único que hacen es paralizarnos y oscurecer nuestros días.

Andrea Calvete




miércoles, 5 de octubre de 2016

¿CÓMO DISEÑAR NUESTRA SECUENCIA?

Día tras día se suman diferentes actos en nuestras vidas, algunos parecen no tener demasiado sentido, pero están allí delante nuestro intentando decirnos algo. ¿Pero qué?, una pregunta que seguramente se han planteado infinidad de veces, o simplemente ¿por qué a mí?

Más allá de las posibles respuestas el tiempo no se detiene y da paso a nuevos acontecimientos que se van encadenando lentamente, y cuando queremos acordar se ha tejido un sinfín de hechos que no alcanzamos a entender y que se suceden en forma secuencial, como un guión cinematográfico, sólo que ésta es nuestra propia película.

¿Somos protagonistas de este film o meros espectadores? La respuesta a esta pregunta es clave para saber dónde nos ubicamos a la hora de definir qué papel queremos jugar en nuestra propia vida. No cabe duda que en la medida que más nos involucremos con todo lo que vivimos protagonizamos mejor nuestra historia.

Año tras año vemos que el almanaque cada vez va más prisa, y entonces al hacer una pequeña pausa nos damos cuenta que el trayecto se acorta, y es quizás este el momento de cambiar el orden secuencial de lo que estamos viviendo. Por ejemplo decidimos priorizar en aquello que nos gusta nos satisface o nos llena de plenitud, para dejar atrás lo que resta y nos quita energía.

Inevitablemente corremos diariamente tras nuevas metas y desafíos, sin embargo, es importante no olvidar que “el que mucho abarca poco aprieta”, y que el tiempo es un bien muy preciado que lentamente se nos escapa de nuestras manos.

El estado anímico que nos habita hace que vivamos las etapas de diferente manera y concomitantemente dependiendo de cómo van saliendo nuestras cosas nos vestimos de mejor o peor humor. De esta forma se va gestando una secuencia única y diferente en cada uno de nosotros que se corresponde a nuestro ciclo de vida.

Quizás es hora de decidir ¿cómo diseñar esa secuencia que dará forma a los sucesivos días que nos queden por vivir? Si bien “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”, está en cada uno de nosotros ver cómo nos levantamos cuando hemos caído en un pozo para no quedar enterrados en él, y si hemos tropezado a levantarnos porque de cada golpe se aprende y se sale fortalecido en la vida.

Andrea Calvete


domingo, 11 de septiembre de 2016

DESDE LA NOCHE DE LOS TIEMPOS

Su mirada penetrante atraviesa el espacio y el tiempo. Con delicada paciencia seduce a sus destinatarios y los conduce por donde mejor le parece. Se viste y se perfuma de acuerdo a la ocasión, aunque siempre lo hace con dedicado esmero. No siempre camina en la misma dirección, cambia el rumbo según el viento y la marea. Suele andar erguido, pero también se lo ve encorvado cuando cansado de andar no logra su meta.

Algunas veces llega de prisa, casi sin aliento pues el tiempo le corre una mala pasada. Hila fino y despacio hasta lograr el entramado que se propone, cuanto más suave el hilado más sencillo se deslizan sus propósitos. Cuando un nudo obstaculiza su labor, con paciencia infinita pone manos a la obra, así el sabor amargo se convierte en una dulce y apetecible conquista.

Nos conduce como marionetas y nos tiene preparado un camino, por eso nos peleamos día a día, o mejor dicho nos sentamos a negociar ¿cómo serán nuestros días, hacia dónde nos dirigiremos, cómo lo haremos? Porque en definitiva, sentimos que somos los hacedores de nuestro propio camino. Sin embargo, el destino nos juega sus malas jugadas, y en determinados momentos de la vida comprendemos que no todo depende exclusivamente de lo que decidamos o hagamos, el sabe tejer con su mano mágica lo que en definitiva nos tiene preparado.

En ciertas ocasiones, sentimos que se ríe de nosotros, que nos hace trampa, que nos juega sucio, porque por más que intentemos guionar nuestra historia, aparece con su risa sarcástica y nos hace una guiñada a tiempo que nos palmea la espalda para saludarnos. Entonces, lo miramos asombrados y sentimos que no es tan sencillo tener el control de nuestros motores.

Quizás estemos a tiempo de demostrarle que más allá de sus designios a través de nuestro libre albedrío nos conducimos lo más cercano a nuestras convicciones y anhelos, muy a pesar suyo y de su batería de propuestas impuestas. Posiblemente, no demostrarle miedo o temor , o cierto grado de vulnerabilidad, sea algo intimidante para sus propósitos implacables, aunque dudo que a esta altura se le mueva un pelo por nada ni nadie.

No es sencillo enfrentarnos al destino y mostrarle nuestra mejor cara, sobre todo cuando lo que nos propone nos disgusta o contraría, allí es cuando quisiéramos agarrarlo de la solapa y darle un buen sacudón. Pero, como resulta algo utópico, respiramos profundo miramos al cielo y decidimos continuar y sortear lo que él con su mano mágica ha decido escribir en nuestro sendero.

Es así que es un gran guinonista de historias, señala caminos, es un hábil seductor que se vale de todos los colores, matices, sabores y sonidos, naturales o artificiales, no importa, todos suman a la hora de crear el clima para que se desarrolle ese encuentro inevitable al que él con aire descuidado y apacible provoca con dedicado esmero. Sabe distinguir a kilómetros los ávidos latidos de quienes aún tienen un brillo de esperanza en sus pupilas. Desde la noche de los tiempos anda y recorre, su muda voz parece pasar desapercibida, sin embargo se hace verbo cuando logra su cometido..

Andrea Calvete






domingo, 21 de agosto de 2016

EL HILO ROJO

 
A veces se viste solemne, busca en su guardarropa antiguos trajes con olor a naftalina y humedad, cree que es la mejor forma de entrar en contacto con dos seres que atesoran respetar horarios y cumplir ciertas formalidades. Entonces, se peina con gomina y un perfume penetrante le abre camino. Sin embargo, cuando decide conectar a dos bohemios improvisa coloridos atuendos y se perfuma con notas silvestres, sabe que para ellos lo importante será despeinar al momento con la mayor informalidad posible. Desde luego, conecta a cualquier tipo de persona no le importa demasiado si compatibilizan o no, pues confía que a la larga su propósito de encontrarlas tendrá un verdadero sentido, más allá de que a primera vista parezca incomprensible.

Quién no se ha encontrado con alguien que no esperaba que llegara a su vida ni por sueños, una persona a la que jamás había visto y con la que tendría escasísimas posibilidades de cruzarse. ¿Casualidad o causalidad? En principio, difícilmente aparezca una respuesta, más pasado el tiempo el rompecabezas comienza a encajar para develar las causas por las que esta persona ha llegado a esa puerta.

Un hilo rojo invisible, fuerte y suave conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar el tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar, contraer o enredar pero nunca se romperá, quizás un aroma los lleve a tropezarse, la pérdida de un ómnibus, o el haberse quedado dormidos, o llegar tarde al trabajo, o quedarse distraídos absortos en la nada. Lo cierto es que el hilo rojo del destino se las ingenia para que sus propósitos sean cumplidos.

Andrea Calvete

sábado, 23 de julio de 2016

SOLO ENTRE CUATRO PAREDES

 
Se instaló despacito sin anunciarse, se fue escurriendo por cada pequeño rincón de su casa, así de a poco invadió cada espacio hasta llegar a su corazón. Un intenso frío se apoderó en el momento que lo atravesó como una daga, oprimiendo su respiración, los latidos perdieron nitidez. Una gris apatía se sumergió en su cuerpo, nada le llamaba la atención ni le conmovía, el frío del invierno se espejaba en sus pupilas.

 Los allegados de Tomás no salían del asombro, no comprendían su proceder, no quedaba un ápice de lo que había sido, era un auténtico desconocido. Sin embargo, cada uno de ellos intentó acercarse a él de diferentes maneras, pero todas fueron en vano, no atendía a nadie se había sumergido en una profunda soledad.

 Aquella mirada opaca llena de desidia era resaltada por el ceño fruncido que se perdía en un rostro pálido con azuladas ojeras. El motor de la heladera era el único sonido que se percibía entre aquellas cuatro paredes en las que rodaba carente de tonalidades su vida. La casa estaba invadida por un olor rancio que se mezclaba con el encierro, el humo del cigarro y falta de limpieza.

 Con sus mejores atuendos la soledad tomó asiento a su lado, había encontrado un lugar confortable para quedarse, para sentirse valorada, Tomás le rendía culto día a día, ya que se alejaba de todo lo que podía conectarlo con otro ser humano, aquellas paredes le permitían mitigar su dolor, aunque paradójicamente sin saberlo se hundía más.

 Las horas transcurrían entre mates y cigarros, así en uno de esos intervalos cabeceó y quedó dormido, entre sueños escuchó nítidamente una voz que decía: “He venido para quedarme, tú me has llamado, has demostrado que quieres unirte a mí de por vida, pues entonces aquí me quedaré, haré que sientas la ausencia hasta de tu propia sombra, me has invocado y no me iré salvo que dispongas lo contrario”

 Con el cuello torcido y la boca reseca Tomás se despertó sentado en su sillón de hamaca, no sabía si las palabras que habían escuchado eran reales ya que su soledad hasta altura era tan grande que cualquier voz podía llegar a ser un auténtico enemigo. Se levantó encendió un cigarro y se sirvió una copa de vino tinto. Por un momento el ladrido de un perro que se escuchaba en la vereda lo trasladó a su niñez. El olor a yodo invadió sus recuerdos, la espuma blanca peinaba la orilla, él y sus hermanos corrían a zambullirse en el mar. El sonido del timbre lo hizo volver en sí, pero decidió que no atendería. Se paró para ir al baño, dejó su copa en la mesa ratona que estaba al lado del sillón a medio tomar. Cuando regresó del baño la copa no estaba y el cenicero lleno de colillas estaba limpio por completo. Una extraña sensación lo invadió, un escalofrío lo estremeció, se quedó inmóvil no sabía ¿qué hacer?. Sin embargo, era consciente de su don especial para percibir lo imperceptible y de su habilidad para mantenerse conectado con lo que realmente le preocupaba.

 Entonces, decidió hacer caso omiso a lo que había sucedido, se levantó y se dirigió hacia la cocina para descongelar algo para comer. Al abrir la heladera se llevó una gran sorpresa ya no quedaba más que un limón y una banana, por lo que decidió hacerlos pisados con azúcar. Una vez preparada la mezcla la puso sobre la mesa ratona del living y se dirigió a buscar más vino para llenar su copa nuevamente. De regreso pudo ver que el plato de postre con el preparado había desaparecido, sin querer se le escapó la copa de las manos y al caer al piso el líquido formó una borrosa cara la que reconoció rápidamente. Pálido y sin aliento se sentó en el sillón, comenzó a traspirar y las pulsaciones se hicieron intensas, respiró profundo y encendió un cigarro. Una voz se instaló en su cabeza no alcanzaba oír lo que le decía la oía susurrar, la escuchaba muy lejos, entonces se desesperó tenía que descifrar el mensaje era su única salida. Se paró y se dirigió sin saber hasta la biblioteca guiado por una fuerza que no sabía de dónde venía, allí tomó el primer libro que estaba a su alcance lo abrió y leyó: “Aunque haya partido estoy contigo, debes seguir tu vida". Cerró el libro y se puso a llorar, secó sus lágrimas, tomó las llaves de su apartamento y decidió salir de compras. En la vereda pudo sentir la caricia del sol y el aire en su cara que lo invitaban alegremente a unirse a la vida, a compartir sus horas con los seres queridos, era hora de superar el duelo. 

Andrea Calvete

martes, 28 de junio de 2016

URÓBOROS CIRCUNDA AL TIEMPO

Delicadas notas musicales acompañan el movimiento circular del tiempo, mientras la melodía envuelve a los pensamientos, los invita a peregrinar sin descanso. Con los pies descalzos decide realizar el trayecto para sentir cada pequeña piedra o arista en las plantas de sus pies. Posiblemente, a esta altura se ha vuelto insensible a los estímulos, con la visión disminuida por el esfuerzo de tanto mirar y poder hacer muy poco.

Si bien una sensación de paz llega al inspirar profundo ha quedado poco espacio para los recuerdos que aún deben habitar, para ser reconstruidos y restaurados por sus manos llenas de callos y cansadas de tanto trabajar. Suenan oxidadas las palabras, cargadas de hastío y de descreimiento, en medio de alguna perdida y lejana imagen de felicidad que se aproxima por momentos.

Homero ha entrado a la década de los sesenta algo preocupado por su porvenir, por ese declive que lentamente los años hacen sentir a cada célula del organismo, como quien cobra peaje por el tiempo transcurrido. Sin embargo, el tiempo no ha logrado arrancar de su corazón esa bondad que desbordaba en cada uno de sus actos. La buena fe, honestidad y honradez han sido fuertes pilares que lo han sostenido a la hora de enfrentar fuertes sudestadas, así cada arruga de su rostro denota a un hombre bondadoso y gentil.

El tiempo continúa, nada lo detiene; las sensaciones intentan sorprenderlo, los sentimientos conmoverlo, las lágrimas purificarlo, las caricias retenerlo, pero corre como un caballo salvaje al viento sin que nada lo retenga. Así Homero a pesar de haber puesto todo de sí no logra comprender este accionar continuo y desenfrenado, al menos es lo que percibe al enfrentar su imagen al espejo y ver el despiadado paso de los años.

De pronto, una piedra le corta profundo la planta del pie; el dolor comienza a mezclarse con una extraña sensación de confusión de no saber dónde está, ni lo que hace. Al mirar al horizonte la neblina se hace más intensa y se encuentra encerrado en un inmenso laberinto, cuya puerta de salida parece lejana y ausente. Se detiene y cansado de andar decide recostarse debajo de un inmenso árbol, allí toma una siesta profunda para retomar luego el camino. Al despertarse una sensación diferente lo invade, ha ingresado en una dimensión desconocida, al principio inseguro comienza a dar sus primeros pasos. Aturdido y confundido continúa hasta toparse con Uróboros. Homero no sale de su asombro hasta que la serpiente le dice: “Todo tiene un ciclo en la vida, en la medida que finaliza uno comienza otro. Es hora de que asumas el continuo devenir del tiempo, no es posible detenerse, vive con alegría la parte del círculo que te toca vivir”.

Asimiladas estas palabras desaparecen la sensación de incertidumbre y desasosiego que lo invaden. Comienza a desdibujarse el laberinto. Tonos verdes y rojos se hacen presentes anunciando el principio y el fin de cada pequeño trayecto circular. El aire fluye intenso y puro como un amanecer en la cima de una montaña.

Andrea Calvete

domingo, 5 de junio de 2016

EL ÁRBOL DE LA VIDA

Bajo un cielo cargado de nubes, de rayos centelleantes, de estrellas luminosas, de noches de luna y soleados días, se para firme el árbol de vida, como un frondoso ombú que crece lentamente con el transcurso de los años.

El riego de este árbol es fundamental desde pequeño, cuando aún es una diminuta semilla que comienza a alimentarse a través del agua. Los nutrientes de ese esmerado cuidado se ven gradualmente en la medida que pasan los años, y las raíces comienzan a adherirse al suelo y se hacen cada vez más profundas.

El árbol está en permanente comunión con el cosmos, se comunica subterráneamente por sus raíces, con la superficie de la tierra por el tronco, y con el cielo a través de sus ramas. Por lo tanto es un eje de comunicación entre la tierra y el cielo. Ilustra la vida en la tierra y hace alusión a la espiritualidad.

Las raíces son el sostén de este árbol, en la medida que crecen se afirman más al suelo y llegan más profundo en busca de expandirse para encontrar un lugar más húmedo.

El agua símbolo vital de vida alimenta y purifica a este árbol, mientras que la luz le da energía y calor para que crezca y brote con fuerza.

La sombra de este árbol es el lugar perfecto para refrescar ideas, para conversar, para tomar ese descanso tan merecido y algunas veces omitido. Testigo silencioso de maravillosas historias cuando dos o más personas se sentaron allí a dialogar o narrar un cuento.

El follaje del árbol cambiará según la estación si es un árbol de hoja caduca, de igual modo, nuestro árbol sufre variaciones según las etapas de la vida que transitemos, algunas veces se ve florecido, cargado de un follaje verde y esperanzador, otras mustio y amarillento como en pleno otoño, en estos momentos nuestra energía y ánimo bajan porque estamos luchando contra las inclemencias del tiempo.

En su corteza quedaron atrapados años de historia. Posiblemente los que sean de buena madera hayan hecho de todos los momentos, sin distinción, una alianza perfecta para salir fortalecidos y pararse resilientes frente a las adversidades.

La cultura celta transmitida durante generaciones en forma oral, ha denotado un especial interés en los árboles, ya que la vida de los hombres está muy relacionada con ellos. Desde tiempos inmemoriales, simbolizan protección, cobijo y calor.

Los druidas conocían los secretos de los árboles, de ellos extraían pócimas y medicinas, porque para ellos los bosques eran aulas sagradas donde impartían sus enseñanzas. El árbol cósmico tenía un especial significado: su savia representaba el rocío celestial y sus frutos proporcionaban la inmortalidad.

Algunas civilizaciones antiguas han considerado sagrados a diferentes árboles. Por ejemplo los celtas tenían como árbol sagrado al roble, los alemanes al tilo, los árabes al olivo, los hindúes al banano y los escandinavos al fresno.

En algunas regiones estos árboles se representan en compañía de doce pájaros que reposan en sus ramas, por considerarlos estados superiores del ser. El número doce está relacionado con los símbolos zodiacales.

El árbol de la vida es uno de los símbolos cabalísticos más relevantes del judaísmo. Constituido por diez esferas y veintidós senderos, los que simbolizan un estado de comprensión de Dios.

Es así que diferentes civilizaciones han considerado al árbol como dador de vida, como símbolo de vida, como un nexo de conexión con el cosmos y con lo divino. Estas apreciaciones siguen vigentes en nuestros días y es así que muchas personas continúan rindiéndole especial importancia a este árbol de la vida como eje del mundo.

Más allá del simbolismo que todo tiene en este camino, ¡qué maravilloso no perder ese eje que sostenga al mundo y lo encamine para seguir girando firme y fortalecido en este presente hacia lo que vendrá, en una búsqueda permanente entre lo que sentimos, hacemos y pensamos!

Andrea Calvete






martes, 31 de mayo de 2016

LOS ESTANTES DE LA MEMORIA

Diversas estanterías se alojan en el bagaje de la memoria, algunas bien a mano y otras no tanto. Cuando revisamos con cuidado aparecen episodios olvidados, sonrisas bien guardadas, lágrimas escondidas,… tantos recuerdos imborrables en el tiempo.

La estantería de la niñez, marcada por entusiasmo y júbilo, por la risa constante, y el correteo propio de la edad. Aquí se acomodan las travesuras, meriendas, tardes de cine, circo, teatro, dibujitos animados, cuentos, cumpleaños con amigos, Reyes Magos, Papá Noel, el Ratón Pérez, los abuelos , los padres con su mano acariciando la cabeza… y la ilusión que es inherente en la mirada.

Luego se aproxima la etapa de la adolescencia, cuestionadora, desafiante, donde las alas desbordan hacia el cielo. Los amigos, los padres, la familia, pilares que nos sostienen en esta maravillosa estantería, llena de cuestionamientos y preguntas por conquistar y resolver.

Al llegar a la edad adulta nos ponemos en contacto con las responsabilidades, las obligaciones que se suman, los proyectos de vida que toman forma, para que lo que fuimos cosechando en las primeras etapas de sus frutos. Esta estantería se prolonga en distintas etapas, lo fundamental es que no se quiebre la madera y se rompa dado las adversidades que surgen el camino. El ser resilientes es parte de ir pasando de estantería en estantería de la mejor manera.

Probablemente, a lo largo del recorrido algunos momentos que han sido muy dolorosos o difíciles decidamos descartar, pero no desaparecen para siempre, quedan reprimidos y ante alguna circunstancia surgen porque necesitan aflorar.

Este mecanismo de protección en el que decidimos dejar de lado ciertos episodios nos ayude a resguardarnos a fortalecernos, de modo a que cuándo aparezcan estemos ya reestablecidos como para asumirlos.

El organismo es sabio, y con el tiempo, paciencia y perseverancia personal se recupera, lo reprimido surge entonces en ese momento en el que ya podemos percibirlo de forma diferente.

El tomar distancia de lo ocurrido, el poder procesar esa información es importante. Sin embargo no deja de sorprendernos cuando algo totalmente olvidado, ya sea por represión o por el simple paso del tiempo, aparece allí y se hace presente y nos dice: “ Hola, estoy aquí de vuelta”.

Nuestra mente tiene ese poder de trasladarse al pasado y volver al presente, de viajar al futuro. El inconveniente se produce cuando viajamos en forma permanente y olvidamos vivir aquí y ahora en este presente que nos recibe.

De regreso a los distintos estantes que conforman la memoria, en los húmedos aparecen los recuerdos que nos hicieron llorar y probablemente no se hayan desaparecido los últimos vestigios del agua.

En rincones secos aquellos que nos han significado alegría y por lo tanto no están cargados de lágrimas húmedas.

Los recuerdos pasionales repletos de ardor, se encuentran en lugares donde el calor es potente.

Con notas silvestres se visten las estanterías donde las especias llenaron de vida agreste nuestro camino, donde fue posible perdernos en una esencia de lavanda, o en el perfume del jazmín o del romero, momentos en que nos pudimos conectar con la profundidad del ser.

La estantería de la alegría está cargada de endorfinas, de entusiasmo, de proyectos, de sí es posible, de aromas agradables que invitan a perderse en ellos. La luz es parte de este clima de algarabía.

Lo inesperado lleno de sorpresa, puede ubicarse en dos lugares diferentes, uno para lo que arriba reconforta el alma, nos sorprende gratamente, y otro para lo que aparece y nos provoca un verdadero dolor de cabeza. Las sorpresas suelen ser muy diversas, vale la pena guardar a mano aquellas que nos han llenado de alegría o las que nos han permitido salir fortalecidos.

Una estantería que tiene conexión directa y permanente con nuestro corazón, es la que ocupan los seres queridos que han partido, pero están allí abrazándonos, hablándonos a viva voz, porque el amor que compartimos con ellos sigue intacto y es tan profundo que ni la distancia ni el tiempo son capaz de borrarlos.

Así las estanterías se diversifican y clasifican cada acto de acuerdo a los sentimientos y emociones despertadas, y como los seres humanos tenemos la capacidad de sentir infinidad de emociones, algunas veces el desorden que impera en este recinto se hace complejo.

Por momentos la memoria por más buena voluntad que pongamos nos juega malas pasadas nos hace creer que todo está en orden, nos quedamos contentos, pero al caminar unos pasos podemos comprobar que hay recuerdos que lastiman, otros están borrados y algunos muy difusos.

El poder ordenar esta estantería tiene correlación directa con sentirnos bien aquí y ahora en este presente, para después poder navegar en los recuerdos, que algunas veces no son demasiado fiables porque están adornados con los condimentos de la imaginación y la fantasía.

Al bucear por las profundidades, se puede ver que aquellos recuerdos que fueron muy dolorosos como la partida de un ser querido, con el tiempo luego de pasado el duelo ya lo podemos enfrentar de otra manera.

Al tropezarnos con los nacimientos de nuestros hijos, sobrinos o seres queridos, nos vemos abrazados por la ternura, por la vida misma que nos sonríe y da una palmada.

El amor una estantería repleta de sentimientos desde los más gratos a los más adversos, sin embargo un pilar para iluminar nuestros días a través de sus distintas apariciones. Cuando amamos nos entregamos plenamente y en consecuencia somos capaces de dar todo aún en los momentos más difíciles.

Las diversas estanterías componen nuestra memoria, lo importante es poder aceptar cada recuerdo y darle el lugar que le corresponda, para continuar el viaje con la menor carga posible, libres y entusiastas, enriquecidos por lo vivido.

La memoria repleta de estantes de recuerdos es la que nos conduce hasta este presente en el que transitamos a diario, es un importante vehículo que nos transporta en breves instantes a cualquier momento de nuestra vida

Andrea Calvete

domingo, 22 de mayo de 2016

UNA PRUEBA QUE SORTEAR

Cuentan que hace muchos años un velero se encontró meses a la deriva. Salió del Puertito del Buceo y un viento Pampero lo llevó muy lejos de la costa. La turbulencia rompió el pequeño equipo con el que Raimundo Altamiranda se comunicaba con tierra firme.

Así pasaron meses, lo buscaron barcos de Prefectura, amigos de Raimundo, pero parecía que se lo había tragado el mar. Se tejían historias, pero nadie sabía lo que realmente había pasado, eran meras conjeturas.

Raimundo pisaba los cincuenta largos, sus ojos claros iluminaban su cabello cubierto de canas, mientras su enorme sonrisa invitaba a todo el que lo conocía conversar con él. Un hombre desbordante de simpatía y bondad, aunque trabajaba de sol a sol, no le faltaba un minuto para escuchar o tomar un café con un amigo.

Como era una persona muy querida por todos, habían puesto especial esmero en encontrarlo pero la esperanza se esfumaba en la medida que los meses pasaban.

Seis meses después, Dionisio navegaba en altamar en su barco pesquero, de pronto divisó una pequeña embarcación, con un hombre tendido en el piso. De inmediato puso proa hacia él. Pasados unos minutos tomó contacto visual directo, no lo podía creer, era Raimundo con la ropa raída, el cabello y la barba larga, parecía haber aparecido desde una isla desierta en el medio de la nada.
Raimundo estaba acostado en el fondo del barco, con los ojos mirando al cielo, su expresión de bondad y generosidad permanecían intactas a pesar del cambio de rumbo y el periplo vivido.

Dionisio le ofreció ropa, un baño caliente y un buen plato de comida. Luego de entrar en calor Raimundo comenzó a contar su travesía. Seis meses lejos de casa en el mar perdido era mucho tiempo. Sin embargo, había algo que le había permitido sobrevivir, y era que a pesar de haber perdido el rumbo nunca se había desesperado, ni obsesionado con que iba morir, porque tenía la certeza que era una prueba que debería superar y así lo hizo confiado en algún momento regresaría.

De regreso, ya recuperado pensó: “Me aparté del camino no por voluntad propia, estos meses han sido un desafío de supervivencia, de poner a prueba mis ganas de superarme, de no darme por vencido, de ver lo bonita que es la vida a pesar de los momentos arduos que nos toquen sortear. Agradezco no haber perdido la fe, la esperanza y la ilusión de que sería capaz de regresar”.

Andrea Calvete

viernes, 29 de abril de 2016

REENCUENTROS

Los reencuentros tienen diferentes sabores, aromas, tonalidades pero el fondo significan el volver a ver a alguien que hacía tiempo no veíamos o quien no compartíamos una instancia, un momento, una vivencia.

Será grato si la persona con quien nos rencontramos, la dejamos de ver en buenos términos, de lo contrario quizás signifique un tropiezo o una sorpresa, porque era alguien que preferíamos no recordar.

Sin embargo, si esa persona o lugar ha tenido un importante significado en nuestra vida, quizás la primera reacción sea un brillo en la mirada, radiante como el sol. Posiblemente, la sonrisa ilumine nuestro rostro, y un destello de alegría se cuele por entre las rendijas, para sorprendernos e iluminarnos.

Un abrazo, o un beso quizás sea el nexo de unión entre esa persona que habíamos dejado de ver. En ese simple acto de brindar nuestra energía, en la que se manifiesta lo que sentimos, esa sensación de alegría por reencontrarnos, por estar juntos nuevamente.

Quizás les venga a la mente alguien que hace tiempo no ven, y que realmente ha dejado una huella, una marca importante en su vida, y que por alguna circunstancia se han distanciado. Por lo tanto, este el momento de llamarlo, de buscar el reencuentro.

Cuando uno crece entiende que “veinte años no es nada”, que “ es soplo la vida”, y entonces es inminente no dejar para mañana lo que podemos hacer hoy.

Algunas veces nos obnubilamos y dejamos de ver que lo importante es aquí y ahora, en este presente que vuela y se desvanece, porque lo que pasó es parte de lo que somos no es posible revivirlo, y el futuro parte nuestros anhelos y deseos es bastante incierto, por lo tanto enfocarnos en el presente es primordial para poder aprovechar un día soleado, o un día de lluvia, o un paseo por el parque, por la rambla, por el centro, o por dónde les guste, pero disfrutarlo realmente.

Un posible reencuentro que nunca deberíamos descartar es con uno mismo. ¿Cuántas veces al detenernos y mirarnos al espejo nos desconocemos? ¿Les ha pasado alguna vez? Mirar una imagen que dista con lo que esperábamos o deseábamos, porque nos dejamos vencer por los tropiezos, las caídas, y quizás no nos sentimos con demasiadas fuerzas cómo para retomar la lucha.

Difícilmente podamos rencontrarnos con los demás si no lo hacemos con nosotros mismos. El rencontrarse con ese yo profundo requiere fortaleza, valentía de estar dispuestos a mirar y descubrir lo que no nos gusta, asumirlo e intentar de alguna forma revertirlo. Generalmente, corremos andamos de prisa, y no nos detenemos a mirar dónde nos aprieta el zapato, por miedo, por temor o por simple comodidad de seguir sin molestias. Pero lo que nos molesta no desaparece, en algún momento se hace presente y nos tira de las orejas.

Siento que los reencuentros no son meras coincidencias, existen razones, causas que nos han llevado de alguna manera a que se produzcan, quizás no seamos conscientes de ellas pero existen, y es muy importante descubrirlas y analizarlas. Aunque no faltará quien diga que el azar ha jugado a su favor, sin embargo estará quien piense que los lazos del destino han querido que se reencuentren.

Rencontrarse es volver a coincidir en un punto, en un pequeño instante, en un momento, en el que podemos volver a compartir, dialogar, y expresar todo lo que hacía mucho había quedado por algún motivo detenido, u olvidado.

Los encuentros suelen ser emotivos, porque despiertan nuestras más profundas sensaciones, los recuerdos pronto se conjugan con lo que sentimos al volver a tomar contacto, en una mezcla perfecta en que las emociones dicen presente.

Algunos recuentros requieren de valentía, fortaleza y paciencia, porque quien tiene que rencontrarse con el sufrimiento o el dolor y ya lo experimentado se le hará mucho más difícil asumirlo, ya es una experiencia aprendida, que nos ha marcado en forma negativa. Sin embargo, hay quien de los malos momentos aprende mucho, y aunque parezca una paradoja sale muy fortalecido. Es así que la sabiduría se adquiera luego de varios tropiezos y caídas, después de levantarse y volver a caer en reiteradas oportunidades.

Para los que crean en la existencia de otros planos, podrán rencontrarse con los seres queridos que han partido, desde luego no en la forma tradicional en ese verse cara a cara, sino a través de un espacio único y diferente para cada ser que lo pueda experimentar.

En el fondo la esencia de los reencuentros es que la distancia separa los cuerpos pero no los corazones. Lo que se cobija en el alma queda allí guardado con mucho cuidado, en ese atanor del ser, al resguardo del olvido, de lo que pueda dañarlo o resquebrajarlo.

Pueden ser mágicos e inmensos, delicados o etéreos, fugaces o eternos, simples o complejos, tiernos o funestos, serios o no tanto, pero todos ellos partes imborrables de lo que somos, fuimos y seremos.

Andrea Calvete

domingo, 17 de abril de 2016

LO QUE SE LLEVA EN EL CORAZÓN


Este músculo vital que alberga tantos sentimientos, es quien nos hace palpitar y llevar con nosotros lo que consideramos parte de nuestra esencia.

Si bien en él habitan nuestras penas, tristezas y sufrimientos, los sentimientos de amor y alegría son los que endulzan esos golpes que recibe, y a los que debe superarse día a día.

Algunas veces cansado y entristecido, parece que oprime el pecho y nos deja sin aire. Sin embargo, es fiel y leal, porque suele cobijar a todas aquellas personas que quisimos y dieron un significado a nuestra vida, y por más que pase el tiempo quedan allí como imborrables, viviendo en este pequeño espacio.

Luego de mucho andar, sabe de penas y alegrías, no le podemos ocultar nuestro estado de ánimo, nos conoce de memoria, y ante la mínima situación sabe cómo vamos a reaccionar.

El corazón lleva consigo:

Las noches de luna que aclaran nuestro camino, los amaneceres que nos ayudan a renacer cada día.

El abrazo fraterno y sincero de quien nos ha querido.

El beso que no hemos podido olvidar.

La caricia más suave, el suspiro más tierno, la mirada penetrante de quien nos ama de veras.

Las palabras sinceras y profundas.

Cada vivencia que nos permite crecer y avanzar.

Cada persona que hemos conocido y ha dejado algo de sí, también se ha llevado algo de nosotros.

En definitiva, su palpitar apasionado permite resguardar todo lo que conforma nuestra verdadera esencia, lo que somos y hacemos, lo que soñamos y anhelamos, y en lo que persistimos porque se haga realidad.


Andrea Calvete

martes, 12 de abril de 2016

TODO LLEGA EN SU DEBIDO MOMENTO

Lejos se encontraba de hallar la respuesta adecuada, cada paso le hacía notoria su lejanía con el conocimiento, infinito y lleno de vericuetos. Así de lo único que estaba segura era que conocía muy poco y que debía seguir profundizando.

Unos pasos más adelante Lucía respiró profundo, sintió que el aire oxigenaba sus pulmones, necesitaba aire fresco para renovar ese agotamiento que lo oprimía, que le dificultaba respirar.

Había andado una vida, leído, mirado, escuchado, sin embargo, en la medida que avanzaba se sentía más lejos de conocer, por eso antes de expresar alguna opinión lo pensaba tres veces por lo menos, porque era consciente que toda palabra disparada se echaba a andar sin retroceso.

Se había equivocado muchas veces, producto del camino andado, de las decisiones mal tomadas, de los miedos y dudas, del creer saber y a su vez estar lejos de conocer. Así el cúmulo de errores le habían enseñado a ser más prudente, menos arrogante y más humilde.

Parece mentira, pero lejos quedan la humildad y el conocimiento, cuando el ego se para soberbio y arrogante para mostrar sus dotes, entonces la vista se nubla y la cabeza no piensa, el corazón se desenfrena, y los instintos dominan irrefutables. Aunque a esta altura, Lucía sabía de encantos y desencantos, de blancos y negros, de amores y desamores.

Si bien se hacía más difuso el hecho de alcanzar el conocimiento, había una sensación que lo acompañaba y era el saber esperar, luego de mucho andado, sabía que nada ocurría por casualidad, a la larga o a la corta todo tenía un porqué, sólo era cuestión de descubrirlo.

Aunque algunos porqué no terminaban de cerrarle, por más que le había buscada respuesta, estas no llegaban, ni siquiera se asomaban. Lucía por momentos pensaba: “No llego a ver los porqué, seguramente porque estoy lejos de asimilarlos” y casi resignado decía: “Ya aparecerán”.

Una mañana su habitación se cubrió de una extraña luz que entraba por la ventana, había acabado de llover, los verdes esmeraldas se colaban por las rendijas con notas del sol que quiere aparecer por entre las nubes. Una extraña sensación hizo que se incorpora en su cama, no sabía si estaba soñando o viviendo algo nunca visto.

Ya más tranquila, sentada miró complacida la luz que entraba, se dejó llevar por la hermosura de sus colores, y escuchó un mensaje, no sabía de dónde provenía, lo que sí supo después era que muchos de esos porqué habían desaparecido.

Si bien muchas preguntas habían sido develadas, quedaban muchas por contestar, sólo que ahora caminaba confiada e ilusionada en que todo llegaba a su debido tiempo, sólo es cuestión de seguir andando con fe y esperanza.

Andrea Calvete

jueves, 7 de abril de 2016

¿QUIÉN NO HA PERDIDO EL RUMBO ALGUNA VEZ?

Voces que ya no se escuchan, sonidos que se alejan, tiempos que se olvidan son parte de lo que fue y se ha ido. De lo que pudo ser y no fue, de lo que tuvo que ser. Así transcurre la vida, entre lo que pasó y pasa, entre ese presente continuo y ese pasado que marca con ligera pisada el camino.

Un ramillete de oportunidades se presentan a diario, del mismo modo varias piedras obstaculizan el paso. Pero no hay peor piedra que uno mismo, cuando nos interponemos en ese camino y nos quedamos trancados sin saber para donde arrancar.

¿Cuántas veces perdemos el rumbo?, ¿cuántas veces nos desconocemos a nosotros mismos?, ¿cuántas interrogantes que nos sacan el sueño?, preguntas que frecuentemente se instalan sin pedir permiso, pero están allí haciéndonos frente. ¿Por qué nos enfrentan?, ¿Por qué nos interrogan?

El poder tomar el rumbo, el dar respuesta a estas preguntas, depende de cada uno, del momento que transitamos, de la fuerza de voluntad, del estado de ánimo y de las ganas de salir adelante que pongamos en cada pequeño intento por avanzar y no estancarnos.

Parte de no estancarse es aceptar. Sin embargo, aceptar no es sinónimo de resignarse, por el contrario es tener claro lo que no es posible y lo que si puede ser. El abanico de oportunidades es amplio, está en ser paciente y ver cuál es la que mejor para cada uno de nosotros.

Quien desespera no llega a buen puerto, porque “piano piano si va lontano”, y con esa calma la paciencia es un elemento fundamental para equilibrar nuestros días y llegar hasta dónde nos propongamos, con entereza y fortaleza, con humildad y fe.

La entereza y la fortaleza son parte de que no nos destruya el primer viento fuerte. La humildad el brillo que debe alumbrar el camino para que el ego no nos opaque y enceguezca. Por último, la fe en que es posible lo que anhelamos.

Perder el rumbo implica desviarse hacia un camino no previsto, en el que sin darnos cuenta nos alejamos de lo que somos, de esa esencia misma que nos sostiene, porque por alguna razón necesitamos tomar distancia y experimentar nuevas sensaciones, aunque en definitiva no sean las mejores.

Perder el rumbo es algo que sucede a menudo, lo importante es poder retomarlo fortalecidos, con paciencia, esperanza, con la mente abierta al cambio, porque la vida en sí es puro devenir.

Andrea Calvete

domingo, 3 de abril de 2016

COMPARTIR ES VIVIR

Las preguntas asaltaban los minutos, los segundos eran interceptados por interrogantes, así las palabras sentían el apremio de dar respuestas, aún cuando ellas todavía no habían llegado.

El segundero marcaba con ahínco el ritmo del tiempo, mientras una gota que perdía de la canilla de la cocina sonaba monótona y continua. En esa atmósfera cargada de presión el tiempo transcurría es búsqueda de respuestas.

¿Pero por qué no llegaban, acaso había algún pendiente por cumplir las detenía? Posiblemente, lo que se debió hacer y no se hizo fuera parte importante para que los minutos se tornaran sofocantes y nocivos.

Algunas veces en forma de recuerdos, otras como sueños, surgen aquellas cosas que debimos llevar a cabo, pero finalmente quedaron sin efectuarse. El cerebro es inminente a la hora de cobrar factura, tarde o temprano se enciende una luz roja que anuncia el cortocircuito, ese cable que falló y no permitió que todo saliera según lo previsto.

Sin embargo, lo que ya no pudo ser no tiene sentido seguir ocupando preocupación y desvelos, sí podemos centrarnos en cómo seguir el camino de ahora en más. El pasado es un tiempo del que podemos aprender mucho, pero al que inexorablemente no podemos regresar.

Desde luego que con los recuerdos, la memoria y la imaginación podemos llegar hasta donde queramos en el tiempo. Sin embargo, el hecho de quedarnos estancados en el pasado no un buen consejero, porque la vida continúa sin descanso.

No siempre es posible llegar a los rincones más húmedos, lejanos y perdidos, la memoria suele jugarnos en contra y distorsionar a “piacere” lo que recordamos casi convencidos que fue así. El recuerdo se adereza de sentimientos, de condimentos que la imaginación agrega, entonces difícilmente sean del todo fiables.

Sin embargo, hoy a Martín le resultaba muy difícil encontrar esa infinidad de respuestas que lo perseguían y acechaban, en su cabeza estaba aún todo muy confuso, debería fortalecerse para poder pensar con mayor claridad lo que estaba viviendo, para después zambullirse en sus profundidades más íntimas y lejanas.

La gota que caí lenta y monótona, no dejaba de sonar en la cabeza de Martín que hallaba en ese sonido una sensación peculiar, que lo molestaba y perturbaba. Entonces se paró y si dirigió hasta ese grifo para ver si podía cerrarlo en forma definitiva, y lo logró.

Entonces volvió a sentarse en un sillón de hamaca que tenía frente a un ventanal por el que entraba mucha luz. Más tranquilo se balanceó sobre él, se cebó un mate y escucho el trinar de unos pájaros que alegremente rompían el silencio de la mañana.

Así Martín logró romper su propio silencio, hacía mucho tiempo que no dejaba entrar a nadie a su ser más profundo, ni a el mismo. Así se dio cuenta lo solo que estaba, y se sorprendió en un adorno de cobre cercano que reflejaba su imagen. Lo que vio no le gustó, un hombre con el seño muy fruncido y con los ojos llenos de tristeza.

Inmediatamente, abrió la ventana respiró profundo, y decidió llamar a su hermano, con el que hacía mucho tiempo no se comunicaba, para conversar cara a cara y contarle por qué la tristeza había invadido su corazón. Antes de marcar el número pensó: “Si comparto con alguien que quiero lo que me duele, posiblemente me sienta más aliviado y también reciba apoyo y consuelo. El omitir que un problema existe, no es buscarle una solución. Compartir es vivir".

Andrea Calvete

martes, 22 de marzo de 2016

EL BAÚL DE LOS DESENGAÑOS

Los desengaños forman parte de un baúl enorme, pero afortunadamente, siempre existe una mano amiga que se brinda solidaria, fraternal y comprensiva, ante un desengaño. Porque aún en los peores momentos surge una luz, aunque la oscuridad inunde nuestro cuerpo.

Como somos seres imperfectos es imposible brindarnos sin en el fondo esperar aunque sea una simple sonrisa de agradecimiento, o una mirada de cariño, es parte de nuestra naturaleza.

Parte de los desengaños se disparan porque ponemos falsas expectativas en alguien, deseos que están en nuestras mentes, pero que en realidad no son obra de la persona con la que tratamos. Simplemente, nuestra imaginación y expectativa son las que nos hacen verlas en forma equivocada.

Asimismo, es muy común esperar reacciones de otras personas similares a las nuestras, cosa que es muy difícil. No todos los seres humanos reaccionamos de igual manera ante las distintas situaciones, por más que existen patrones comunes en determinadas circunstancias, también se dan las excepciones a las reglas.

Por otra parte, vivimos en mundo cada vez más individualista, en el que los demás forman una pequeña parte de nuestras vivencias, lo que trae aparejado comportamientos que no condicen con lo que esperaríamos frente a circunstancias en la que necesitamos una mano amiga.

Las vivencias nos traen aparejados una infinidad de situaciones, de las cuales si bien sufrimos, aprendemos y nos nutrimos, a la vez que nos afirmamos en nuestras decisiones.

Aunque al hablar de desengaños, solemos pensar en los que provienen de situaciones amorosas, pero también están los producidos por cualquier persona que nos desilusiona con su forma de obrar y proceder porque la imagen que da es muy distinta a la pensamos o creímos.

Un baúl que a lo largo del tiempo acumula situaciones amargas, pero que en el fondo todos intentamos poner un candado para que pronto permanezcan allí encerradas como parte de lo que nos ha tocado vivir en busca de sobreponernos de modo continuar el camino. Los desengaños suelen inundar el alma de dolor, de sufrimiento, y es así que día a día nos tropezamos con numerosas víctimas que caen por su culpa.

Y según el cantautor español Joaquín Sabina “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Y en este caso el desengaño pega por partida doble, primero porque la situación nunca tuvo lugar y segundo porque seguramente la añoremos porque sea imposible e inviable, a si que quien anhele lo que nunca podrá alcanzar vivirá tras una búsqueda imposible que le dejará en la boca el sabor similar al desengaño más duro.

Por su puesto, a lo largo de la vida todos en alguna medida los hemos enfrentado, y seguramente los seguiremos haciendo, quizás a medida que pase el tiempo no en forma tan asidua, pues los años son hábiles maestros que nos enseñan que no es oro todo lo que brilla, y que las personas somos seres con defectos y virtudes, no máquinas perfectas. Aunque existe un dicho que dice “sabiduría y desengaños, aumentan con los años”.

Y ante la presencia de personas que nos brindan su afecto, su cariño, su ayuda, el dolor comienza a amainar porque descubrimos que un tropezón no significa caída, y que nos seguiremos cayendo tantas veces como sea necesario, pero siempre encontraremos un amigo, un compañero, un familiar que nos brindará su solidaridad, tras la búsqueda de que en nuestro rostro vuelva a aparecer una sonrisa.

Finalmente, los desengaños no pueden opacar nuestra existencia, por el contrario deben formar parte de lo que fuimos y somos para crecer como individuos, pero nunca para dejarnos inmovilizados en el mismo lugar, o hundirnos en nuestra propia tristeza. Por eso “cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír”.

Andrea Calvete

domingo, 20 de marzo de 2016

LA PUERTA QUE NUNCA SE CIERRA

Más lejos o más cerca, tocamos esa puerta que nos conduce hacia nuestro yo más profundo. Por momentos cercana y en ocasiones tan lejana que al mirar nos sentimos perplejos y confundidos.

¡Qué extraña contradicción conocernos y desconocernos al mismo tiempo! Una verdadera paradoja tras la que caminamos para desnudarnos y sincerarnos con nosotros mismos.

Es más sencillo ver lo que nos gratifica, lo que no duele, lo que no pesa, que aquello que realmente significa una molestia o una arista que pulir, pues ellas suelen ser doloras y punzantes, lastiman laboriosamente con sus puntas para llegar a esos rinconcitos que quisiéramos dejar olvidados.

Pero no es fácil olvidar o reprimir lo que está a nivel inconsciente, a la larga o a la corta se manifiesta de algún modo, en un sueño, en un pensamiento, o en un simple recuerdo.

Para ver realmente quienes somos debemos ser valientes y fuertes para enfrentarnos con lo que nos disgusta de nosotros mismos, Y no hay que hacerse trampa al solitario, hay mucho que quisiéramos cambiar pero no podemos por diferentes motivos.

El primer paso es aceptar lo que no nos gusta, es parte de allanar el camino, luego un minucioso análisis de las posibilidades de cambiar, crecer o tomar otro rumbo. Aunque no todo es tan sencillo, además del blanco y el negro, existen múltiples matices.

Aunque la mayoría de las soluciones están en nuestras manos, hay un pequeño porcentaje que escapa a nuestras decisiones, pues un personaje llamado destino suele aparecer sin demasiadas explicaciones, simplemente se presenta y allí lo enfrentamos, de la mejor manera que podemos.

Lo que nos depara el destino escapa a todo cálculo o pensamiento, sin embargo quien en su mochila cargue optimismo, buen humor y alegría, lo enfrentará de mejor manera.

Quizás en ese bolso, que es el equipaje que vamos adquiriendo en el camino, debamos hacer lugar para los gratos recuerdos, esos que nos iluminan el día, que nos sacaron una sonrisa, o nos hicieron vibrar muy fuerte, o emocionar como pocas veces, Estos elementos son energía vital para nuestros días, y con esto no digo quedarnos en el pasado, sino tomar de él lo mejor y guardarlo en el corazón.

Generalmente, lo que ha quedado depositado en atanor del alma suele ser llama viva para que nuestro motor funcione y no se paralice. Palpitan  en nosotros nuestros seres queridos, los que están y los que se fueron, los que han dejado huella, los que han logrado despertar lo mejor de nosotros mismos.

Lejos o cerca de esa puerta que nos conduce a ese yo interior caminamos, algunos descalzos, indefensos, otros dolidos o traicionados, otros alegres y ansiosos, otros preparados y atentos. Sin embargo, cada cual a su modo, todos transitamos esa senda del conocimiento interno y del mundo que nos rodea, a no detenernos y a respirar profundo que el camino continúa.

Andrea Calvete





domingo, 13 de marzo de 2016

REFLEJOS DEL ALMA

El sol reflejaba en el mar, las olas blancas rompían suavemente en la orilla. Las gaviotas danzaban alegremente en busca alimento, los primeros pescadores ya habían desembarcado de sus pequeños botes rojos. Su alma se espejaba en el agua que tocaba sus pies.

Desde pequeño Pedro iba a esta playa, había crecido en este pueblo de pescadores, aunque el era artista plástico. Su padre y abuelo pescadores también le habían enseñado el oficio, pero lo suyo era pintar, crear, colorear, expresar lo que llegaba desde su ser más profundo, así como todo lo que lo rodeaba e inspiraba.

Hoy se había producido un verdadero milagro, Pedro había visto reflejada la imagen de su alma en la verde y transparente agua. Pensó: “Estoy alucinando, porque no soy yo a quien veo”. Sin embargo, absorto en silencio observó maravillado e intentó descifrar lo que veía.

Comenzó a ver gamas de azules y algunas tonalidades cálidas que gradualmente se iban intensificando, aparecían salpicados el amarillo, naranja y rojo. Sin querer, no pudo con su oficio lo traía en la sangre, por lo que comenzó a interpretar los colores y formas de su alma.

Pedro sabía que los azules correspondían a esa cercanía que tenía con el cielo y el mar, colores que lo llevaban a elevarse y a reflexionar en forma permanente. Mientras que los tonos cálidos sinónimos de fuerza, pasión e intuición, estaban relacionados con esa energía con la que encaraba la vida y su exquisita creatividad.

Respecto a la forma las líneas curvas predominaban dado su carácter afable y cálido, aunque por momentos algunas líneas rectas se presentaban mostrando que había sido un hombre de bien en su proceder. De algo estaba seguro, se podía haber equivocado muchas veces, pero no en forma intencional.

Sin darse cuenta, los colores y formas se fueron esfumando, y apareció un rostro en el que las primeras arrugas dibujaban los años, algunas canas brillaban cerca de las patillas, sus ojos celestes y transparentes mostraban su ser sin tapujos.

Una extraña sensación invadió a Pedro, era su rostro el que se reflejaba ahora, él no había tomado conciencia que ya pisaba los cuarenta, se sentía joven y lleno de vida. Entonces comenzó a andar hacia atrás, década tras década, recordó diversos momentos, algunos mágicos, otros dolorosos y algunos que ni siquiera merecía la pena conservar.

Así se sintió reconfortado, al ver que el paso de los años había tallado en él a un hombre que amaba la vida, en el que había aprendido a trascender lo superfluo para quedarse con lo que realmente era imprescindible en su camino.

En ese recorrido, pudo ver a las personas que había amado profundamente, algunas habían desaparecido físicamente, sin embargo, todas seguían en su corazón. Para él amor en cualquiera de sus formas era un privilegio que lo llenaba de gratitud, alegría y esperanza.

Respiró profundo, miró ese mar cargado de magia y dijo: “Gracias a la vida, por este día en el que podido llegado a ver mi yo más profundo. Sé que tengo mucho por cambiar, pero también por caminar”.

Andrea Calvete

miércoles, 2 de marzo de 2016

LA ROSA DE LOS VIENTOS


Las horas transcurrían monótonas, adormecidas por la rutina, por los problemas que parecían acumularse día a día. Sin embargo, la rosa de los vientos indicaba que el viento cambiaría. Había destello de luz en la flor de lis que señalaba el norte.

Hacía mucho tiempo que había perdido literalmente el norte, deambulaba por la vida sin que nada le motivara demasiado, o fuera capaz de incentivarla, el “me da igual” era una frase repetitiva e incorporada en los días de Martina.

¿Qué había motivado esa apatía, esa falta de ganas, ese poco entusiasmo? Había pasado mucho tiempo ya, todo se volvía más confuso y entreverado, quizás lo que había sido un pequeño problema se había convertido en una gran bola de nieve.

Con la mirada clavada en la nada, Martina quedó ausente con el brillo de aquella flor de lis impregnado en su alma. Era una señal que había llegado a su corazón cansado y herido, que le auguraba esperanza.

La fe había sido resquebrajada por distintos episodios que se habían tropezado en su camino. Sin embargo, en su yo más íntimo existía el deseo de superarse, de no dejarse vencer, de recuperar el tiempo perdido, de volver a creer, de sentirse viva.

De pronto, la risa de unos jóvenes adolescentes la trasladó a una de las más maravillosas etapas de su vida, a esa época en que todo era risa, alegría, a un mundo lleno de ilusiones. En seguida volvió en sí y miró llena de satisfacción a estos jóvenes que mostraban el entusiasmo del que recién empieza.

Pasados unos minutos, respiró profundo se impregnó de la maravillosa energía que la juventud irradiaba, se vistió de buen humor, y colocó una sonrisa en su cara para dirigirse hasta el portón de su patio. Hacía mucho tiempo que no lograba abrirlo, era el momento de salir y andar, de caerse y tropezar, de levantarse y empezar de nuevo, porque aún estaba viva.

“No hay peor batalla que la que no se pelea” se dijo Martina, entonces con la flor de lis colgada en su pecho se sintió protegida, como si su alma hubiese vuelto al cuerpo. Con esa sensación de ánimo renovado salió nuevamente a la vida que la esperaba con muchos desafíos por andar y mucho por aprender.

La vida es un enorme árbol, que comienza siendo una pequeña semilla. Para que el árbol se sostenga hay que regarlo con esmero e ilusión, con amor y pasión, con paciencia y tolerancia, para que pronto esas raíces se hagan profundas y firmes, para que el primer viento fuerte que pase no tumbe sus ramas.

La rosa de los vientos señalaba vientos favorables a Martina, era hora de aprovecharlos, de no dejarlos pasar, de regar con ilusión  y aire renovado ese árbol, para resurgir como el ave fénix de las cenizas.

Andrea Calvete

jueves, 25 de febrero de 2016

EL ALMA DE UNA CASA

Los postigos levantados eran señal de que alguien ya estaba en pie en aquella casa. La ciudad comenzaba a despertarse lentamente, con un bostezo grande lleno de pereza, propio de cada comienzo en el que todo engrana lentamente.

¿Por qué será que las primeras horas de la mañana pasan volando? Estamos algo dormidos o poco espabilados, lo cierto es que todo lleva más tiempo y se hace más lento.

Por las calles el tránsito aumentaba lentamente, y el olor a café invadía las veredas, así como la presencia de algún vecino que ya pasaba con su termo y mate debajo del brazo.

Aquella pequeña casa en la que todo parecía relucir, desde las ventanas prolijamente pintadas de blanco, los canteros del jardín lleno de flores coloridas, como la puerta con terminación ovalada invitaba a los transeúntes a entrar. Por encima de la puerta, una pequeña Santa Rita tupida de flores rojas era el marco que coloreaba la entrada.

En este hogar vivía, hacía más de veinte años, una pareja mayor ya jubilados, era la cara solidaria del barrio. Quienes necesitaban una taza de aceite, un poco de yerba, arroz, harina, perejil o albahaca recurrían a ellos, que además de recibirlos alegremente, ofrecían un mate, café o té según fuera la ocasión.

El jardín pequeño era una fiesta de aromas y colores. Romero, albahaca, lavanda, perejil, menta, cedrón y cilantro en un juego de seducción fundían sus perfumes para agradar a quien entrara a la casa. Un pequeño jazmín desbordado de flores y un limonero cargado de frutos formaban parte de los exquisitos aromas.

Dicen que toda casa guarda su encanto, esconde historias, recuerdos, alegrías y tristezas, amores y desengaños, es testigo de años y familias. Así cada hogar encierra una energía especial y única.

Esta casa invitaba a acercarse a quien pasaba por allí, Mirta y Nito eran su alma, los dadores de vida a este lugar lleno de encanto, cargado de una magia especial.

A menudo quienes los visitaban, sin saberlo, al salir de allí se sentían bendecidos.

Andrea Calvete



viernes, 19 de febrero de 2016

MOMENTO DE RELAX

La brisa rozó su cara, un leve sonido acaricio sus oídos, los colores del atardecer le abrazaron suavemente. Notas húmedas cargadas de aire de mar llegaron hasta José para abrir todos sus sentidos y sentarse a disfrutar.

Luego de un día de trabajo, estrés y cansancio, el simple hecho de poder reposar y observar un atardecer, puede convertirse en un acto de magia, en un momento único e impredecible.

Había sido una jornada larga, intensa, estaba agotado, lleno de preocupaciones. Sin embargo, los colores del cielo pudieron más que sus desvelos, lo trasladaron a atardeceres llenos de risas y alegría.

Si bien estaba a unas cuadras de la playa, el aire perfumado por el mar, cargado de sal y humedad, fue un ingrediente especial para distender su cuerpo y abrir su alma.

Los ocres, rosas y naranjas se unieron a pálidos celestes pastel, así la fiesta de colores se abrió para deleitar sus pupilas. Las nubes blancas y pequeñas se tiñeron de suaves tonalidades, a la vez que danzaron a ritmo lento y sugestivo.

A medida que fue cayendo la tarde hicieron su aparición los grillos y luciérnagas que iluminaron como lucecitas intermitentes los rinconcitos más oscuros.

Las fragancias de las flores impregnaron el aire de frescura y paz, así José en compañía de su mate logró desconectarse de todo lo que le preocupaba, para estar allí consigo mismo, disfrutando de su yo más profundo.

Algunas veces parece inalcanzable tener unos minutos de relax, sin embargo, es cuestión de distenderse y hallar el momento y el lugar, en el que la desconexión con los problemas sea inminente, para que la mente logre trascender lo superfluo y conectarse con lo profundo e interno.

Así el atardecer encontró a José lleno de paz y armonía, bajo un cielo cargado de estrellas que empezaban a apoderarse de toda su superficie para dar cabida a la noche que estaba por llegar.

Andrea Calvete

miércoles, 17 de febrero de 2016

LA BAHÍA MÁS BELLA DEL MUNDO

El cielo encapotado, cargado de espesas nubes era el marco perfecto para un mar turquesa oscuro en el que olas inmensas rompían en los acantilados. Ragnar con su mirada clara y profunda podía volar más allá de lo visible.

¿Cuántas veces es posible volar más allá de lo visible? Quizás, basta con dejar la mente andar para que se dispare un mundo de posibilidades.

Con sus ojos clavados en el horizonte el rey de los Vikingos, Ragnar, observaba el mar embravecido e intentaba escuchar a Odín, dios de los guerreros y de la sabiduría, líder de las almas.

Odín sabía que una fuerte tormenta o un mar lleno de furia lograrían llegar a Ragnar para transmitir su designio, sólo era cuestión de paciencia.

Su largo pelo rubio trenzado y su piel curtida por el frío hacían resaltar los claros ojos verdes de Ragnar, quien esperaba ansioso el mensaje de Odín. Mientras las horas pasaban algunos rituales se llevaban a cabo en el pueblo.

Los rituales son parte de lo que diariamente hacemos, de esas costumbres que conforman nuestro vivir. Algunas veces lo transmitimos a nuestros seres más queridos sin darnos cuentas. De allí que generación tras generación se repiten “ciertas costumbres” que son parte de un grupo o familia.

Si bien los vinkingos eran politeístas, Odín era uno de sus principales referentes a la hora de conquistar territorios, o simplemente no perder el suyo. Allá por el siglo IX la lucha por reinados y territorios era pan de todos los días.

De pronto, un rayo que cayó en las cercanías. Era hora de partir, de arraigarse en nuevas tierras, su pueblo padecería hambre, miseria y vería correr la sangre si desobedecía las profecías que esta luz misteriosa había hecho llegar a Ragnar.

Los dioses solían comunicarse con sus habitantes a través de manifestaciones climatológicas. Así las tormentas, los vientos, las lluvias, o las sequías traían un mensaje, como hoy en día cuando con nuestro accionar provocamos a la madre naturaleza y la destruimos a través de la contaminación.

Rápidamente, Ragnar reunió a su gente y les explicó que debían partir cuanto antes. El dolor se clavó en su corazón como una daga pues sabía que en esas tierras quedarían los más ancianos que ya no estaban en edad de trasladarse. Entonces pensó: “Debo encontrar un lugar para que puedan marchar con tranquilidad a Valhalla”.

Es maravilloso pensar que doce siglos atrás, ya los pobladores más añejos gozaban de un gran prestigio e importancia, pues eran transmisores de sabiduría y conocimientos vitales para los más jóvenes en cualquiera de sus emprendimientos.

A lo largo de la historia de la Humanidad según las diferentes religiones o creencias, las personas han buscado un lugar para que descansen sus almas, según la mitología nórdica ese sitio era Valhalla, un enorme y majestuoso salón situado en la ciudad de Asgard gobernada por Odín.

Ragnar, no podía perder tiempo, Odín había sido claro. Entonces, cabalgó hasta la cima de una montaña y allí vio una gran cueva entre las rocas donde podrían alojarse los ancianos, había altas probabilidades de que sobrevivir al mal tiempo, como de proveerse de alimentos, pues a pocos metros un valle frondoso podría servir de sustento a sus necesidades.

Antes de partir, Ragnar Lodbrok invocó a Odín y le pidió protección para los ancianos voz de la sabiduría que debían quedarse en la montaña, así como para el pueblo que zarparía a tierras lejanas en busca de prosperidad.

Simbólicamente, Odín los acompañó durante toda la travesía a través de un águila que fue quien guió el recorrido. Siete días más tarde llegaron a tierra firme y se establecieron.

Cientos de barcos vikingos encallaron en la bahía donde la belleza y tranquilidad del lugar parecía como si hubiesen llegado a Vanhalla. Allí se asentaron por un tiempo, era hora de cultivar y establecerse, de quedar lejos de reinados que buscaran conquistarlos.

Estas tierras fueron el comienzo de un largo camino para un pueblo que entrelazó sus brazos fraternos para hallar la libertad necesaria en la que reinara la paz y la tolerancia para construir así la bahía más bella del mundo.

Andrea Calvete