domingo, 21 de julio de 2019

SALA DE ESPERA

La inquietud se cuela entre el aire que se respira, las pupilas brillan desconfiadas porque no tienen claro el después. Las manos transpiran nerviosas a la espera de encontrarse del otro lado, y los pies se agitan para que algún ritmo los aquiete. La música funcional de fondo pretende relajar eses músculos contraídos, pero no logra más que vestir la sala de más solemnidad para generar una distancia aún mayor entre el que espera y el que lo recibirá.

Una pequeña ventana con un roller prolijamente puesto es el único punto de contacto con el exterior. Un reloj colocado en el centro de una de las paredes es testigo de los temores de quienes esperan, para quienes los minutos enlentecidos y rancios transcurren, mientras aguardan a que se los llame desde el consultorio.

Un perfumador emite unos chispazos aromáticos que se mezclan con el olor a humedad, naftalina y perfume de los presentes.

Los colores grises de las paredes y los cuadros sobrios hacen del ambiente un lugar austero, prolijo, pero con falta de vida y personalidad.

Las texturas lisas perfectamente terminadas, con líneas modernas llevan a la comodidad, pero también a resaltar la presencia de esa espera plana, monótona, en la que las posibilidades parecen alinearse en el mismo sentido.

Las salas de espera tienen el gusto amargo de la inminente desesperación, en la que estamos a punto de perder esa pizca de ecuanimidad que aún nos queda, mientras el reloj enlentecido por la agonía de lo que vendrá marca su ritmo inmutable.

Es que como cualquier antesala nos ubica en un lugar en el que no sabemos bien lo que sucederá, advertimos, imaginamos y esperamos. Mientras tanto, nuestra cabeza funciona dibujando imágenes, previendo situaciones, e intentando proyectar respuestas. El corazón se acelera, el pulso se agita, y el nerviosismo nos acompaña. Sin embargo, no falta quien con su paz inmutable se mantiene impávido sin mover ni un solo músculo de su cara. En realidad, entra la duda si están en paz o el susto es tan grande que han quedado petrificados.

Así son las salas de esperas, recintos colmados de expectativas, de incertidumbre, en el que poco y nada podemos hacer más que relajarnos y esperar que llegue nuestro turno para ser atendidos. Así que a tomar esa revista que quizás no sea la que leeríamos si estamos en casa, para que el tiempo se haga más llevadero.

-Adelante, número 17 puede pasar- dice la recepcionista, mientras una señora entrada en años toma su bastón se para y se dirige lentamente rumbo a la puerta en la que se develarán sus dudas, o quizás comience un periplo para el que no está preparada.

Todas las miradas se dirigen hacia la señora mayor, en el aire flota un “Usted puede, no se achique”.

La puerta se ha cerrado, el reloj sigue su marcha, en los segundos continúan depositándose todas las emociones de los allí presentes, mientras la música funcional continúa generando esa sensación artificial y tensa en un intento de acortar la espera.

Andrea Calvete

sábado, 20 de julio de 2019

CULTIVAR AMISTAD

Cualquier cultivo requiere de una siembra, en la que se prepara la tierra, se saca la maleza, se establece el terreno para que la cosecha sea productiva. Así también surge la amistad, fruto de una relación afectiva, en la que se generan paulatinamente vínculos especiales. En la medida que pasa el tiempo tienden a acrecentarse. Compromiso, entrega y confianza son pilares claves para que se cultive una amistad.

Día a día la iremos regando con paciencia, devoción, y comprensión. La nutriremos con esos momentos especiales en los que ese brazo fraterno nos sirve de apoyo, o esa mano sólida nos sostiene para que no nos caigamos.

La amistad suele ser como los buenos vinos con el tiempo adquiere cuerpo, es más sólida, entonces alcanza una mirada para poder descifrar lo más profundo e íntimo sin necesidad de emitir un sonido.

Las relaciones vinculares no tienen una explicación lógica generalmente se sostienen en una vieja frase que dice que "el corazón tiene razones que la razón desconoce"

La amistad trae consigo relaciones únicas, que nos nutren y alimentan día a día, que nos permiten vivir con intensidad y fortaleza. Por eso solemos defender la amistad, con pasión y ahínco guiados por lo que sentimos genuinamente.

Así cuando se construye una verdadera amistad, no existe lugar para las dudas, o inseguridades, simplemente para dar lo mejor de nosotros en esa relación vincular en la que los nexos persistirán más allá de la distancia y el tiempo.

Así la amistad trae aparejada vínculos, en los que se pueden pasar muchas cosas por alto, perdonar, escuchar y entender, pues prima un gran afecto, que está por encima de cosas pequeñas, de las sutilezas. Donde prevalece la valentía, y no existe lugar para la cobardía, ese vínculo es tan intenso que nos permite vencer obstáculos y barreras más allá de lo comúnmente pensado o esperado.

Andrea Calvete

NO HABRÁ UN DESPUÉS

No habrá un después, se deshilacharán las ilusiones como un vuelo inconcluso. Se vestirán de ocres las tardes en un desesperado intento porque algún naranja aparezca. Pero un punto final se ha clavado como una daga entre nosotros.

Los posibles han quedado desterrados, confinados con el sabor agrio de un adiós que se esfuma con el correr del tiempo hasta perderse en una nebulosa.

Los quizás también se han roto en mil pedazos, y los porqués sin sentido huyen despavoridos de las noches de insomnio. No queda lugar para más nada, tan solo algún recuerdo se cuela temeroso, o un sueño se presenta como prueba de hubo una vez.

Esa bifurcación se paró ante nosotros, nos miró fijo y nos puso entre la espada y la pared, no hubo tiempo de pensar, había que continuar, y así lo hicimos. No es hora de lamentarse, tampoco de querer ver que hubiera sido, porque no fue, y lo que fue es parte de lo que somos.

No habrá un después, se deshilacharán las ilusiones como un vuelo inconcluso. Ya no estrecharemos nuestras emociones, ni nos fusionaremos en ese instante en el que se detiene el tiempo.

El viento se cuela por la alameda, plateado algún recuerdo se recuesta cómodo, mientras el crujir de las hojas compone una majestuosa sinfonía. Acolchonadas las emociones fluyen porque de puntos finales sólo sabe el accionar, pero no la memoria.

Nos une un mismo tiempo, en el cada cual a su ritmo forjará su presente y su futuro, en el que ya no habrá cabida para un nosotros, porque ese punto final nos separa como una inmensa muralla indestructible.

No habrá un después, se deshilacharán las ilusiones como un vuelo inconcluso, se evanecerán las esperanzas y se desdibujarán las expectativas, pero quedarán intactos los recuerdos en ese rincón en donde habita un duende que los rescata.

Andrea Calvete






martes, 16 de julio de 2019

ECLIPSE DE LUNA

Hoy la luna ha decido ponerse en la zona ensombrecida por la tierra. Una energía inusual sobrevuela, mientras los escritores flotan entre palabras y estrellas, los artistas esculpen y pintan eclipsados por su encanto, los enamorados suspiran bajo su influjo y los ilusionados esperan que éste sea el momento de fortuna.

Todos inspirados por el eclipse de luna se dejan llevar hasta donde sus mentes son capaces de volar, y su creatividad aflora mientras el cielo se engalana por el bello acontecimiento lleno de mística. No falta quien embriagado por su magia deja volar sus más profundos deseos, con la esperanza encendida en que se harán realidad o al menos estarán más cercanos.

De magia se ha vestido el cielo, las mareas se han alterado, la naturaleza ha percibido diferentes cambios, mientras cada uno de nosotros sin darnos cuenta también hemos sido testigos de un infinito manto de posibilidades bajo el eclipse de luna.

Andrea Calvete

lunes, 15 de julio de 2019

CIELO ROSA


Un cielo rosa pálido recibe a la luna, la admira deslumbrado no quiere quitarle protagonismo.  Su enorme blancura lo deleita en medio de un atardecer húmedo y frío, en el que extasiado por su hechizo regala los más bellos colores del fin del día.

La luna inmensa advierte sus facciones, entrecierra sus ojos y acepta la invitación del cielo, que la toma de la mano y la saca a bailar. Una sinfonía de violines perfuma su presencia y acompaña este mágico encuentro.

Alguna estrella intenta asomarse a la escena, pero es tan perfecto el momento que se abstienen de interrumpirlos.

La naturaleza también conspira, no corre ni si quiera una brisa, no quieren despeinar a la luna, ni distraer al cielo que se ha tomado el trabajo de despedir una a una a las nubes.

El cielo rosa permite a la luna ser y brillar para realzar su belleza y encanto.

Los pájaros también desde los árboles los observan.

Se ha detenido el mundo en ese instante  en el que el día se despide lentamente para dar paso a la noche.

Andrea Calvete

domingo, 14 de julio de 2019

LOS ESTANTES DE UN POEMA

Todos los días nos sentamos junto a la pluma y el papel, para comenzar a negociar palabras, para intentar dejar aquellas que mejor nos representan en este aquí y ahora, impregnado de devenir y cambio

Como escritores de nuestro propio camino hacemos de nuestro andar una gran poesía, repleta de palabras, de intenciones, de anhelos, y también de destiempos, de propuestas, de frustraciones y aciertos.

En un andar estático nos paramos cuando pretendemos que las palabras obedezcan a nuestro sentir, ellas con la independencia que les otorga el libre albedrío se expresan sin más pretensión que fluir desde lo genuino y auténtico. Así surgen, y nos vemos ante ellas sin comprender cómo ajustarlas de modo que las que arriban punzantes nos dejen caídos en el suelo.

Sin embargo, hay días que nos enfrentamos a esa hoja en blanco, lánguida, inexpresiva, casi asfixiante, que nos busca de reojo hasta que finalmente sale la primera palabra, despojada de su chaleco de fuerza para poder ser. Es que hoy no queremos que salga a flote todo lo que tenemos para decir, no lo queremos oír, entonces nos ponemos dos corchos en los oídos y nos vendamos los ojos para continuar con ese día que parece no acabarse y se alarga con el afán de perpetuarse.

Este poema se engalana por nuestros recuerdos y vivencias, que aparecen como destellos de todo lo que ha pasado por nuestras vidas.

Experiencias inconexas miramos con asombro cuando intentan ser parte de la rima, sin demasiado sentido finalizan un renglón y dan significado a esas palabras que se van entrelazando confiadas en que pondrán punto final al terminar el día.

Los márgenes que dejemos hablan de nosotros mismos de cuan apegados al pasado y al futuro estamos, o si somos más habitantes del presente en el que los zapatos aprietan.

Este poema que nos disponemos a escribir día a día, nos lleva a interrogar, a escuchar y a callar, a oír y a desoír, a interpelar lo que tenemos por delante.

Un poema con notas silvestres, con aromas a mañanas, a tardes soleadas, a días lluviosos, a noches estrelladas, a insomnios azules, a gotas de aguas oceánicas. Con rimas de lágrimas derramadas, con pasiones desatadas, con añoranzas desteñidas, con los deseos a flor de piel, y secretos nunca dichos, entre las estaciones y los climas más diversos.

Así sin mayor pretensión que la de ser nosotros mismos nos empeñamos en escribir ese poema con la naturalidad y sencillez de quien transita por los estantes de una vida que día a día hay que ordenar en ese ser y estar alineados en el aquí y ahora.

Andrea Calvete





sábado, 13 de julio de 2019

VUELO VERDE

Luces eternas de gaviotas revolotean entre los árboles caídos, sobre tiempos olvidados por el caminar verde. Un viaje con destellos luminosos, precipitados por los anhelos desterrados en una hoguera casi apagada. Un viento imperceptible anima el fuego que se enciende con la intensión de esparcirse.

Las alas desplegadas al viento planean desde las altura, la bruma de la mañana fría y mágica las envuelven para conducirlas por tierras lejanas. Un halo de misterio las acompaña, un cierto desasosiego las despeina, mientras se extienden sin rumbo solamente guiadas por esas luces que las cortejan.

No se han propuesto una meta, ya lo han hecho innumerables veces y han quedado a medio camino. Hoy la propuesta es diferente no es subirse al próximo tren que pase, aunque dicen que hay trenes que pasan sólo una vez, pese a ello nos les importa están dispuestas a realizar su propio camino, a su tiempo, a su ritmo, paso a paso, de forma que esa meta se vaya construyendo día a día.

La pasión encendida en su vuelo las hace tomar nuevos bríos, elevarse entre azahares dulces embriagadas por los sonidos que llegan en una gama infinita, salpicadas por creatividad y desenfado.

Se ríen a carcajadas mientras empapan al aire de un magnetismo contagioso. El cielo es una fiesta, rojos, naranjas, amarillos, blancos, grises y azules se combinan como en una inmensa obra maestra, mientras las nubes mullidas y aterciopeladas dibujan imágenes antes nunca vistas.

La hoguera se ha encendido, danzan las llamas mientras el crujir de los leños alimenta el vuelo y lo espabila. Con los pulmones cargados de oxígeno las alas se abren como nunca lo han hecho.

El atardecer con su halo mágico recibe a la noche que se dispone a llenarse de estrellas para continuar iluminando el vuelo.

Andrea Calvete


martes, 9 de julio de 2019

PUNTO CERO

Hace muchos años, un misterioso individuo llegó para rescatar un punto que parecía insignificante y perdido en el Universo. Con mucho tesón lo guardó celosamente en una cajita de cristal y decidió regalarlo a un prodigioso Arquitecto, para que construyera con él un punto mágico en el que cualquier transeúnte al pasar por el lugar gozara de sus privilegios.

Llevaba muchos años trabajando en la pócima mágica. Uno de los ingredientes trascendentales fue un reloj en el que el tiempo se pudiera vivir al máximo. Luego agregó unas pizcas de amor condimentadas con entrega, esfuerzo y sacrificio. Unas gotas de sencillez hicieron que la mixtura fuera tomando forma. Continuó perfeccionando la mezcla, pero al probarla sintió que aún faltaba un ingrediente fundamental, pensó: “¡la naturalidad!”. Así continuó perfeccionándola con esmerada paciencia y armonía durante milenios, hasta que sintió que su trabajo había llegado a la plenitud. Era hora de realizar el pasaje de posta.

Con la humildad de los grandes, el anciano portaba el elixir en sus manos con la serenidad del deber cumplido, como quien lleva la cura de todos los males. Así continuó con la gratitud dibujada en su sonrisa.

Al entregar la pequeña caja perfectamente tallada al Arquitecto le dijo:

-El punto cero es para algunos un punto de partida; para otros el reinicio de la marcha; y para otros más la nada. Independientemente de quien se pare allí podrá rozar su energía residual y, de este modo, verán para creer, tocarán para sentir, escucharán para apreciar, saborearán para degustar, y olerán para perfumar- dijo el mágico hombre

-No veo nada de novedoso en ello- manifestó el Arquitecto con aire sorprendido y algo molesto.

-Es posible, pero el mundo está desestabilizado, no anda en sintonía, le ruego que escuche mi pedido, construya este edificio y coloque el punto cero- dijo el anciano en tono de súplica.

Cuando el Arquitecto se disponía a terminar la construcción del edificio, pasados ya varios años, decidió cumplir aquel pedido extraño, que no dejaba de resonar en su cabeza. Al hacerlo, ni bien quedó colocado el punto cero, un halo de luz mágico se coló entre las vigas de la planchada. Inmóvil trató de entender lo que le sucedía, sintió que se había despertado luego de muchos siglos, a una eternidad infinita.

Cuentan que quienes transitan por el pasaje de aquel edificio, al cruzar el punto cero reciben todos los beneficios que anunciara el hermético hombre tantos años atrás.

Andrea Calvete
 


domingo, 7 de julio de 2019

QUISO CREER

Obra: Alphonse Mucha
Quiso creer aquella historia, tenía pocos puntos de sustento, estaba agarrada con alfileres que pendían delicadamente de la ilusión que brillaba en el horizonte. Poco a poco las palabras perfumaron sus oídos, realzaron sus sabores, deleitaron cada uno de sus sentidos anestesiados por los desteñidos años.

Tantas veces, quisiéramos creer historias, cuentos, narraciones, y nos paramos en la duda, más cuando tienen que ver con acontecimientos en los que estamos involucrados. Hay maravillosos narradores, creadores de fábulas, trovadores que musicalizan instantes mágicos.

Quiso creer para endulzar sus pensamientos, para encontrar un destello de luz, un brillo en aquella mirada miope, en los que hilos blancos comenzaban a enredarse entre sus dedos. Se miró al espejo, su imagen no condecía con lo que escuchaba, sin embargo siguió decida a dejar fluir aquella poesía. Comenzó a cuestionarse: ¿Se preguntó por qué creer aquellas palabras?

Creer por momentos implica, no cuestionarse, es zambullirse en un océano profundo, en el que mantenerse a flote es toda una hazaña. Es confiar en uno mismo, es sentir que los intentos pueden abrirse camino entre las montañas.

Quiso creer que aún existían motivos para sentirse viva. Entonces con reparo continuó con sus sentidos abiertos a lo que pasaba por delante de sus días, ávida por descubrir y encontrar respuestas a lo que hasta ahora habían sido puertas cerradas.

Más lejos o más cerca, tocamos esa puerta que nos conduce hacia nuestro yo más profundo. Por momentos cercana y en ocasiones tan lejana que al mirarla nos sentimos perplejos y confundidos. Pero al abrirla nos disponemos a creer, a decir sí es posible.

Quiso creer, "él era un fabricante de mentiras, tenía las historias de cartón, su vida era una fábula de lata, sus ojos eran luces de neón”. Entre esas fábulas encontró el brillo que había quedado perdido para así continuar decodificando el mensaje.

Andrea Calvete

sábado, 6 de julio de 2019

NI TANTO, NI TAN POCO

Fue tomando notas de cada detalle, así con el correr del tiempo un montón de papeles se hicieron testigos de lo sucedido. Sin embargo, cabía cuestionarse la fidelidad de aquellas palabras, impregnadas de emociones y sentimientos, donde poco lugar quedaba para la objetividad.

Hacía muchos años que se había distanciado con la objetividad, había razones para alejarse.
La objetividad le hacía entrar en razón, pararse en esa línea ecuánime y de porte casi profesional. Si bien había sido por momentos buena compañera, llegó un  punto en el que sintió que se alejaba de sus emociones, de su verdadero ser, era como hacerse trampa al solitario o simplemente querer ser lo que no era. Esa dicotomía de alguna forma le fue alejando de ella, así cada vez se encontraron más espaciadamente hasta que dejaron de verse.

Como suele pasar muchas veces en la vida nos distanciamos de alguien por ciertos motivos, pero en el fondo no porque haya sucedido algo de peso como para romper la relación. De este modo, se va enfriando ese vínculo hasta que finalmente se hace tan endeble que queda desvanecido en el tiempo. Esto era sencillamente lo que había ocurrido.

Sin embargo, esa cuota de objetividad alejada por momentos le hacía perder la razón, y deambular por zonas donde se dejaba enceguecer por sus impulsos y anhelos más profundos, sin detenerse unos instantes a pensar, a observar y tomar perspectiva. Quizás era eso lo que más añoraba de ella.

Recordó un viejo refrán que decía su abuelo: “Ni tanto, ni tan poco”

Tragó saliva como para asimilar aquel recuerdo que le había hecho pensar y rever la posibilidad de volver a tomar el camino por la difícil línea de la equidad. Bien abrigado se encaminó a buscar a la objetividad para tomar un café con ella.

Andrea Calvete

RECUERDO OLVIDADO

Desde un tiempo lejano ha llegado a este invierno un recuerdo olvidado, empapado de frío y tardes grises. Lo ha traído una canción, con rapidez ha traspasado fronteras, ha recorrido muchas millas, mientras los cristales empañados por la añoranza buscan encontrarte.

Dicen que añorar es agujerear el corazón, pero más que perforarlo es revivir con intensidad momentos que están dormidos a la espera de ser rescatados.

Este recuerdo mojado de lluvia, se ha enredado con los pensamientos, ha escalado fronteras lejanas, y se ha instalado cómodo en un sillón frente a la estufa de leña. El crujir del fuego acaricia su piel y abre sus poros para que fluya suavemente entre la danza de las llamas que se aviva cuando te acercas.

Así sin fundamentos ni escusas, se ha presentado, dispuesto a seducir con su aroma nostálgico, mientras se escucha suave la música que entibia tu presencia.

Todo parece tan confuso, tan extraño, pero no importa, una sensación inexplicable se apodera de la habitación cuando el recuerdo se materializa, se encarna a viva voz.

Es que los recuerdos no tienen punto final, y así resurgen inesperadamente cuando algo sin querer los toca, o despierta a través de un murmullo escurridizo.

El cierzo helado ha agrietado su piel, lo ha dejado entumecido, lentamente un chocolate caliente lo hace renacer, con bríos fortalecidos se acomoda mientras silba bajito.

El hastío del día lo ha traído hasta aquí, con ropas prestadas se ha perfumado de lavandas este recuerdo que intenta colarse esquivo, y lo ha logrado. Sentado junto a mí me toma de la mano y me hace compañía, mientras mis pupilas llenas de emoción lo reciben y lo dejan ser.

Andrea Calvete

viernes, 28 de junio de 2019

NUBES DE PACIENCIA

Cuentan que se esconde, que anda y huye esquiva. Se escapa por entre los dedos. No está dispuesta a acompañar a quien ande de prisa, o no se haga un minuto para pensar o detenerse. Le ha cerrado la puerta a quien la visita en compañía de la impaciencia, ya hace años que con ella no se habla.

¿Qué pasó realmente, por qué se enemistaron?

Todo empezó, un lejano día de junio en el que la paciencia abrigada y tranquila caminaba por las orillas de un amanecer. Mientras contemplaba la salida del astro rey, la impaciencia ligera de ropas y apresurada, comenzó a pedirle que acelerara su marcha porque no tenía tiempo de contemplar un acontecimiento tan obvio y frecuente.

La paciencia inmutable siguió mirando el horizonte e hizo caso omiso.

La impaciencia, comenzó a reprocharle que por su culpa a la gente no le quedaba adrenalina en la sangre, que habían engorado muchos quilos y que les había sacado canas verdes a unos cuantos.

La paciencia inmutable respiraba profundo mientras el sol se elevaba pintando la aurora matinal mágica e indescriptible. Absorta en aquella maravilla no escuchaba a la impaciencia.

A la tercera vez al no recibir respuesta, la impaciencia comenzó a echar fuego por la boca, los insultos fluyeron y se cargaron de fuertes epítetos .Quedó ronca, pero la paciencia no respondía.

De pronto, la paciencia se subió a una nube y se marchó lejos. De allí en más la impaciencia no tuvo más oportunidad de dirigirle la palabra, porque el cielo cargado de posibilidades no era una opción en su vida.

Andrea Calvete

SOLES DE DOLORES Y AUSENCIAS

Soles de dolores y ausencias lo  traspasan,  enfrentan, sacuden , y sin saberlo encuentran esa llave mágica para ingresar al umbral en el que el dolor se asoma a la luz.

Allí nos encontramos en un pozo, presos de nuestras ataduras, esclavos de nuestros miedos, rehenes de lo que sucedió y nos dejó una herida, entre medio de palabras sin sentido, como si ardiéramos entre las llamas. Bajo ese fuego se aceleran las pulsiones más profundas y es posible que afloren muchas alternativas, estará en cada uno ver a qué le da cabida.

Las ausencias se clavan en el alma, los vacíos nos marean con su sabor agrio y los desengaños nos humillan con su presencia insolente. No faltan los amores tóxicos que asfixian a quien intenta tomar un poco de aire fresco, mientras los halagos efímeros saben a mentiras. Por allí pasan las decepciones y se trepan a nuestros hombros, y la marcha se dificulta. Sin embargo, hay una llave mágica que es la que permite abrir ese umbral en el que es posible vislumbrar una salida.

En la era de las recetas mágicas parece haber una solución para todo, un remedio que todo lo cura, así en cualquier supermercado encontramos góndolas llenas de soluciones vacías. Del mismo modo, están atestados los consultorios de especialistas que intentan amortiguar esas caídas propias del andar.

El dolor ha estado presente en la vida de los seres humanos desde el comienzo de los tiempos. Sin embargo, parecería que es momento de no sufrir porque en ese paquete hedónico que ingresa por los poros poco lugar queda para insertarnos a analizar lo que nos pasa.

Resistir el dolor es perpetuarlo, es alargar la agonía, transitar por él, experimentarlo, sentirlo para superarlo, pero no a cualquier precio. Cada cuál debe ser consciente que nada es gratis en esta vida, cada elección tiene un costo que debemos estar dispuestos a asumir.

La sensibilidad al dolor en el hombre es variable. Según explican los especialistas, una de las teorías más aceptadas es la “teoría del control de entrada”, según la cual una “puerta neurológica” situada en la médula espinal regula la transmisión de los impulsos dolorosos hacia el cerebro. Los estudios del alivio del dolor indican la existencia del efecto placebo, ya sea a través de alguna medicación específica, ejercicios de meditación, concentración, o cualquier tipo de actividad expresiva

Es paradójico que el sufrimiento y el dolor generen algo hermoso. Pero el ser humano a través del talento y la sensibilidad, logra ese efecto placebo a través de la realización de una obra, en la que muchas veces consigue rescatar lo más bello de la vida, aún en las situaciones más difíciles, porque en el fondo el amor a la vida todo lo puede. También el arte es una expresión del dolor, un reivindicador de la palabra y de las injusticias, un aliado que se manifiesta y pretende hacer catarsis.

Quizás todos los seres humanos tengamos este don incorporado, y podamos del dolor sacar algo positivo, o algún tipo de aprendizaje que nos permita crecer y no hundirnos todavía más, porque aún en los momentos duros, la vida nos puede dar una segunda oportunidad. Por eso, ilusión y esperanza son dos ingredientes fundamentales para que los acontecimientos grises y oscuros se transformen en coloridos y brillantes.

Soles de dolores y ausencias lo traspasan, lo enfrentan, lo sacuden, y sin saberlo encuentran esa llave mágica para ingresar al umbral en el que el dolor se asoma la luz.

Andrea Calvete

domingo, 23 de junio de 2019

“NO ESTOY DISPUESTO A VIVIR A MEDIAS”

Dar y esperar a medias, es como querer agarrar el aire con los dedos, o pretender que el pampero no se cuele en plena rambla. En un acto de mendicidad, a medias se recibe lo que sobra o se acepta ese apretón de manos anémico.

“A medias” con su falsa cara de generosidad nos toma del brazo y nos engatusa, haciéndonos creer que sus migajas son un exquisito plato al que no debemos resistirnos. Así sin pensarlo demasiado nos conformamos con sus escuálidas y egoístas ofertas.

Hay un viejo refrán que dice que “las medias son para los pies”.

Las medias tintas te dejan parado en el filo de una navaja, en la que si te corres un poquito caes al precipicio.

El amor lejos está de ser conservador, de imponer normas o reglas, vuela libre, espontaneo, genuino y sincero. De aquí que a medias nada, porque se entrega y da con integridad desde lo que es, un instinto básico que permanece desde la noche de los tiempos, para fusionarse y sobrevivir con otro organismo.

Y cuando las cosas se dan a medias puede ser por: miedo, egoísmo, descreimiento, falta de compromiso, de entusiasmo, ilusión, o simplemente por querer vivir anestesiados en ese limbo en el que casi no se siente porque ya nos quemamos con leche hervida.

Las medias no dejan lugar para el todo, para la pasión, para el esfuerzo incansable, para el gozo sincero, para la generosidad y la fraternidad necesaria en la vida.

Así van quedando proyectos a medio camino, esperanzas truncadas, parejas rotas, corazones partidos, proyectos a medio hacer, familias a medio construir, ojos partidos por el desencanto…

Y andamos a medias, producto de seguir con pocas ganas, para pasar desapercibidos, mimetizándonos con ese gris de la vereda, con cara de pocos amigos, encorvados y con paso cansino.

También parte de lo aprendido es lo que nos lleva por este camino a medias, en que incorporamos todo lo que aprendemos, sin cuestionarlo, sin preguntarnos ni si quiera si estamos de acuerdo, o si lo que llevamos en la mochila nos sirve para algo.

Quizás sea tiempo de desaprender lo aprendido, de interrogar a la vida y a nosotros mismos, de traspasar los umbrales conocidos para poder entonces descubrir algo nuevo, dejando de lado las dudas, los miedos y los preconceptos.

A medias no se llega a la meta, por más que la meta sea el camino, transitar decididos a todo, a enfrentar lo bueno y lo malo, lo que nos gusta y lo que no, así como lo que queda en el medio, es parte del recorrido.

Vivir con intensidad y sobre todo al máximo lo que fue, es y está por venir es decir: “No estoy dispuesto a vivir a medias”

Andrea Calvete







sábado, 22 de junio de 2019

MANOJO DE ILUSIONES

Desmoronado por un terraplén de sucesos desafortunados intentó ponerse de pie y continuar la marcha. Le dolía todo el cuerpo, no había tenido una buena noche. Sin embargo, había algo que lo impulsaba a no darse por vencido y a continuar.

Desde niño, las adversidades habían tocado a su puerta, había perdido a su padre siendo un niño, y su madre a partir de ese momento no había quedado en su sano juicio. Así había enfrentado la vida con entereza a pesar de que las circunstancias no eran las más favorables.

Su padre le había dejado una pequeña herencia la que el guardaba con inmenso cariño, de alguna manera ese legado era el que le había permitido sortear los diferentes contratiempos con los que se le enfrentaba día a día.

Dicen que hay mucho de heredado, otro tanto adquirido, pero Edmundo tenía un poco de todo esto y más, un instinto casi innato le había permitido sortear las piedras más complicadas. Algunas veces lo había hecho con sus propias manos, otras se había valido de herramientas, pero en la mayoría de los casos su esfuerzo, constancia y perseverancia habían estado presentes.

Le ilusionaban los días soleados porque lo llenaban de vida, los días fríos porque eran especiales para reunir a la familia en casa, los de lluvia porque invitaba a hacer tortas fritas o a leer un buen libro, los de viento porque se llevaban los recuerdos volando a través de las nubes. Así siempre era buen día para hacer algo diferente.

Su enorme positivismo era contagioso, bastaba verlo entrar y su buen humor y dinamismo eran como imanes para todos los que le rodeaban. Sin embargo, era una persona que como a cualquiera le sucedían contrariedades, dificultades, pero en lugar de quejarse o malgastar su energía intentaba focalizarse en lo que le pasaba para resolverlo, de lo contrario pasaba la hoja y seguía con su mejor rostro.

Había algo que lo impulsaba a no darse por vencido y a continuar.

Todos se preguntaban, cuál habría sido el legado que le había dejado su padre, lo que más les intrigaba era que él nunca había querido compartir ni una palabra. Las conjeturas y especulaciones se incrementaban con el correr de los años, pero con muchísima tranquilidad les contestaba: “Lo que he heredado de mi padre es algo muy personal”

Indudablemente, su hermetismo generaba todo tipo de dudas e inquietudes, las dudas eran directamente proporcionales a su silencio, y ante todo a esa forma de encarar la vida que resultaba envidiable.

Había algo que lo impulsaba a no darse por vencido y a continuar.

Un manojo de ilusiones eran las protagonistas de la herencia tan controvertida y confidencial, las que había guardado secretamente y cuidaba como el más preciado de los tesoros porque sabían que era su motor de vida.

Andrea Calvete

EL PLANTASUEÑOS

En una noche iluminada por las estrellas, decidió plantar sus sueños, beber los vientos de la esperanza e impregnarse del perfume de los días. La luna con su sonrisa cómplice y blanca plateó sus ideas.

Sin embargo, la magra audiencia era poco auspiciante y se interponía como un freno de mano. Al finalizar la obra, los fuertes aplausos desdibujaron aquella sensación que lo desanimaba, y se transformó en impulso vital.

-La siembra debe darse en terreno fértil, trabajado con esmero para que la semilla germine y crezca. ¡Qué mejor momento para ponerse manos a la obra!- pensó, mientras se dejaba seducir por los cabellos grises del invierno.

Así fue lentamente introduciéndose en los pendientes, en esos sueños que habían quedado a la espera, escondidos.

Con esmerado esfuerzo, le puso pienso, compromiso e ilusión a los sueños que estaba por plantar. Era cuestión de mucha perseverancia si quería enfrentar los contratiempos y las adversidades.

Dispuesto a plantar sus sueños se zambulló en la imaginación y nadó por la creatividad, saboreó copas dulces y amargas, escuchó la música de la naturaleza y recorrió la textura del tronco del árbol sobre el que había erguido su vida.

Sin quererlo llegó hasta un estanque donde quedó embelesado con la imagen de una flor de loto. Su perfección y gracia fueron una señal para seguir con la vitalidad encendida.

Dispuesto a todo, el plantasueños se aventuró a los si puedo, dejó pasar a la utopía para hacerla más cercana. Se paseó por los lilas difusos en los que la tranquilidad se mezclaba con la magia.

Cinceló uno a uno los sueños para dar comienzo a esa obra de arte, en la que se permitió dejar volar todos sus sentidos.

Soñó despierto y dormido, dejó ser a la movediza quietud, en un intento de que no lo aplastase la gris rutina.

Con la pasión encendida y el perfume de sus pupilas soñadoras el plantasueños se dispuso a sembrar, abrazado por la fe y la esperanza, para dejarlos crecer con ilusión y alegría.

Andrea Calvete

sábado, 15 de junio de 2019

El AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA LO ACOMPAÑA

Beso:  Gustav Klimt   Emilie Flögue junto a Klimt

Dicen que el amor es ciego y la locura lo acompaña, así andan por el mundo caminando de la mano sin detenerse a pensar qué dirán cuando los vean pasar abrazados, tomados de la cintura, entrelazando sus emociones.  Quizás generen celos a todos aquellos que al  intentar copiar su estilo no lo logren, porque no hay como su andar genuino.


En una suerte de lazarillo la locura acompaña al amor para rendirle homenaje en forma permanente, mientras el amor deslumbrado, seducido por la locura,  se sube con ella  a la alfombra mágica de los sentidos. Así se aventuran sin demasiadas preocupaciones, dispuestos a disfrutar del camino, a sorprenderse sin reparos ni restricciones, para volar libres como dos pájaros que se pierden en la lejanía.

Extasiados se esfuman entre los sabores de la naturaleza, entre las texturas suaves y escurridizas de las noches en las que los fuegos se desatan a la luz de la luna. Llamas laberínticas encienden sus sudores tibios, mientras sus deseos palpitan sin prejuicios para saciarse en las oscuras lejanías, remotas y perplejas.

Tormentosos parecen dibujarse los senderos que les esperan, pero no les importa continúan con fe y entusiasmo, con la pasión encendida en los labios, se sumergen en las aguas saladas y turbulentas, mientras los atardeceres los refugian y los perfuman con sus notas perladas.

Andrea Calvete

DESDIBUJAR EL LETARGO

En los lugares menos esperados es donde suceden esos acontecimientos que de alguna manera nos hacen despertar, salir de ese letargo que por momentos asfixia.

El día transcurría en una monotonía casi abrumadora, en realidad los casilleros del almanaque parecían haberse parado frente a ella de igual manera, sólo se distinguían las horas por esa rutina marcada y estricta que la aprisionaba inmóvil dentro de un circuito muy acotado. Se preguntaba el porqué de esta inercia, como respuesta el desencanto se vestía con su mejor atuendo para hacerle compañía.

Su corazón reseco parecía no palpitar, su piel mustia y sus ojos bellos, pero sin brillo, miraban al cielo con escasa esperanza, saborizados por la desilusión. Despechada, había decido cerrar sus sentimientos a cualquier tipo de relación sentimental, prefería ser un pozo de agua estancada que un manantial vertiginoso, las aguas turbulentas si bien le habían posibilitado la sensación de estar viva, también la habían lastimado en lo más profundo de su ser. Las cicatrices aún estaban a flor de piel.

Con pocas ganas comenzó a vestirse, no le hacía ninguna ilusión acompañar a su amiga de la infancia al vernissage al que concurriría mucha gente que no conocía. Buscó entre su ropa de cocktel, pero nada le gustaba, terminó con el clásico buzo y pantalón negro, y para dar un poco de color al conjunto se puso una chaqueta de cuerina beige y una pashmina con dibujos geométricos en rojo, negro, ocre y blanco. Se maquilló delicada apenas un poco de base, rímel, y un brillo en sus labios, se recogió el cabello con una pinza y se hizo un peinado descontracturado y moderno. Las botas en el tono de la campera fueron ese detalle final. Se perfumó delicadamente antes de marcharse. Al mirarse al espejo no se reconoció, con el ánimo algo renovado se marchó. La luna llena iluminaba los azules profundos de una noche que parecía vibrar en otra sintonía, mientras una bruma casi mística envolvía a la ciudad que se despertaba con las luces coloridas de las calles.

Al llegar a la sala de exposiciones, buscó a su amiga entre el gentío, pero no alcanzó a verla. Mientras esperaba pasó un mozo y le sirvió una copa de cóctel de frutas, y disfrutó de la música africana que se escuchaba suavemente de fondo. Todo estaba maravillosamente dispuesto, los cuadros, las luces, la ambientación del lugar, notas a amaderadas se mezclaban entre los perfumes de los visitantes, era un ambiente propicio para distenderse y disfrutar. Cuando apareció su amiga venía acompañada de un hombre de mediana edad, sobrio, elegante, ella los miró y pensó quién será. Nadia, llevaba una vida pintando, era una excelente artista plástica, esta era una de sus cientos de exposiciones y como era habitual estaba apurada, los presentó y se marchó.

Ana María se sintió un poco incómoda al principio cuando Nadia la dejó hablando con su viejo colega noruego Adam, lo había conocido durante su transitar por Europa cuando vivió durante una década en Amsterdam. Adam hablaba perfecto español, era un hombre culto, muy agradable, buen mozo, pero lo que más le llamaba la atención a Ana María era esa familiaridad que sentía al escucharlo hablar.

Mientras Adam conversaba, vio a través de su mirada azul profunda reflejado ese su atelier con las ventanas abiertas hacia los bellos canales de Amsterdam. Entraba un sol tímido, mientras los tulipanes coloreaban llenos de magia y color un florero sobre una pequeña mesa repleta de oleos y de pinceles dispuestos de manera poética. Parado frente a su caballete deslizaba su espátula con suavidad y soltura, un delantal negro lleno de restos de coloridos óleos cubría su cuerpo. El delantal en sí era una obra maestra que contrastaba con su melena blanca y algo despeinada. Lo observaba embelesada pintar, en su rostro se dibujaba una paz pocas veces vista. De pronto, Adam le hizo una pregunta, Ana María se sonrojó, y como no sabía que contestar iluminó su rostro con su bella sonrisa, así logró salir del aprieto.

Se pararon frente a un cuadro que les llevó casi toda la velada, Adam hizo hincapié en los trazos ligeros, liviandad y fluidez de la pincelada. Advirtió la profundidad de la obra, destacada por el contraste de los colores utilizados. Ana María lo escuchaba absorta, si bien ella no pintaba era una gran admiradora de la obra de su amiga, pero hoy la visión de este pintor le hacía ver más allá de lo que siempre había percibido, sin querer entró en una dimensión del cuadro desconocida. Se sentía extraña, era como si hubiera traspasado un portal inaccesible, un conjuro nocturno se había apoderado de ella. Inmensamente atraída por Adam, Ana María permitió que los minutos se diluyeran en esta agradable y seductora conversación.

La noche fue transcurriendo entre risas, charlas, suspiros, miradas cautivas, sin pedir permiso la velada había finalizado, con la sonrisa encendida Ana María se despidió de Adam, se encontrarían el próximo viernes en la noche a cenar.

En los lugares menos esperados es donde suceden esos acontecimientos que de alguna manera nos hacen despertar, salir de ese letargo que por momentos asfixia, para desdibujarlo y comenzar a trazar un boceto más prometedor en el que la ilusión comienza a resplandecer.

Andrea Calvete




COLORES DE VIDA

En una explosión casi impredecible comenzaron a aparecer uno a uno, sin pedir permiso se dispusieron con personalidad y encanto. Con protagonismo mágico se fueron esfumando en esa página que daba fin al día. Sí, cuando se trata de poner colores a los días no sólo es cuestión de entusiasmo hay una suerte de sucesos que son los que determinan el curso de esas tonalidades y matices.

Así poco a poco el tránsito se congestionó, era la hora pico la salida de los trabajos hizo que las calles quedaran iluminadas por los focos de los autos que con impaciencia pretendían avanzar en un intento casi imposible. Se armó de paciencia miró el reloj y vio que llegaría más tarde de lo previsto, intentó avisar a su casa pero su celular ya se encontraba con poca batería, alcanzó a mandar un WhatsApp diciendo: “ Está todo trancado, voy a llegar por lo menos a las ocho”.

La humedad con un perfil casi de llovizna le daba a la noche un toque casi parisino. Miró desde el ómnibus las edificios con ese pasado francés que lo trasladaron a otras épocas, pensó : ¿cómo sería el tránsito cincuenta años atrás, cómo se vestiría la gente, los aromas de la ciudad serían los mismos? Intentó contestarse una a una las interrogantes, y terminó recordando esa caja llena de fotos en sepia que había pertenecido a sus padres. Entre los objetos arrumbados por el tiempo apareció una vieja peineta de su bisabuela, de las última décadas del 1800, cuántos recuerdos, se la imaginaba con su falda por el tobillo y su cabello recogido con la peineta caminando por las veredas de Montevideo. Recordó los cuentos de su madre y vio a aquella maravillosa mujer una adelantada para su época parándose ante la vida con desenfado y contagiosa alegría.

El ómnibus no avanzaba, el atasco hacía que  las bocinas sonaran impertinentes, y la ansiedad presionara con cara de pocos amigos, pero a él ya no le importaba estaba dispuesto a disfrutar de esos minutos de descanso luego de esa larga jornada de trabajo. Intentó recorrer la última semana, revisó mentalmente su agenda pero el cansancio lo venció y se distrajo mirando un anuncio iluminado con diferentes luces de colores que decía: “Viví la vida, no desperdicies el tiempo” No alcanzaba a ver lo que seguía estaba sin los lentes, así que se quedó sin saber de qué era la publicidad. Sin embargo, más allá de esa imagen inconclusa una idea se presentó en su cabeza y decidió preparar una cena especial esta noche para su familia.

Eran las ocho y media cuando abrió el portón de su apartamento, estaba todo en silencio, seguramente también se habían demorado todos igual que él por el atascamiento de la hora pico. Se cambió se puso cómodo, abrió la heladera y manos a la obra, se sirvió una copa de vino, se puso música y comenzó a preparar unas empanadas de carne caseras con todo lo que había en la heladera. Al abrir uno de los cajones de la cocina en busca de una cuchilla, encontró un folleto con la publicidad que decía: “Viví la vida, no desperdicies el tiempo”. Pensó que era una persecución, demasiada coincidencia, no creía en coincidencias. Le sonó el celular, lo llamaba un viejo amigo para contarle que estaba enfermo y que lo quería ver. Lo escuchó atento y lo invitó a cenar con su familia esa noche.

Sí, cuando se trata de poner colores a los días no sólo es cuestión de entusiasmo hay una suerte de sucesos que son los que determinan el curso de esas tonalidades y matices. Hoy era un día para no desperdiciar el tiempo, y antes que nada celebrar la vida.

Andrea Calvete



sábado, 8 de junio de 2019

LLAMADORES DE ÁNGELES

Lo que les voy a contar, verán si es un simple relato o realmente una historia, qué más da. Los invito a descubrir a través de sus ojos una narración que los acompañará unos minutos y quizás encuentren algún nexo que los una.

Una noche estrellada, Luana salió al patio de su pequeña casa en busca de aire fresco.Las paredes impregnadas de calor no le permitían dormir. Desvelada y sedienta, se dejó caer en una reposera a mirar el cielo en compañía de un vaso de agua helada. La noche transcurría silenciosa mientras la luna iluminaba con su resplandor mágico.

Sintió sonar a lo lejos unos llamadores de ángeles que repiqueteaban con dulzura movidos por el viento.Le pareció que detrás de su melodía había un mensaje que no alcanzaba a descifrar. Trepada en una pequeña escalera miró por encima de los muros linderos intentó descubrir de dónde provenía el sonido, pero no vio nada, sin embargo, aquel sonido se volvía cada vez más potente y cercano. Invadida por un nerviosismo extraño decidió entrar y acostarse.

A la mañana siguiente, el nuevo día despertó caluroso y tranquilo, las chicharras comenzaron a cantar con el primer resplandor.Seguramente sería otro día sofocante. Luana miró al cielo y adivinó que le esperaría otra noche de desvelos.

-Voy a tener que comprar un ventilador, de lo contrario no voy a poder dormir en todo el verano- pensó.

Comenzó a oscurecer ya asomaba un cielo más estrellado que el de la noche anterior.Una luna inmensa, redonda y amarillenta se sentó a hacerle compañía. Luana decidió dormir en su pequeño patio, se recostó cómoda en una reposera. Corría una brisa caliente pero reconfortante.

El sonido de los llamadores de ángeles comenzó a escucharse nuevamente. La escena se repitió, subió por la pequeña escalera para tomar contacto con los fondos de los vecinos, le intrigaba de dónde venía el sonido, pero no alcanzaba a ver nada. El sonido se hizo más cercano y envolvente, estaba allí como si proviniera de su patio. Respiró profundo, intentó tranquilizarse y se dejó fluir con el sonido.Cerró los ojos y se dispuso a disfrutarlo. No sabía dónde se encontraba, era un lugar maravilloso, caminaba sobre un puente de madera rodeada de cascadas de agua y flores silvestres que perfuman la noche. El sonido de los llamadores de ángeles la guiaron hasta llegar a una casa con las puertas abiertas. Entró sin temor guiada por su intuición. La recibió una mujer vestida con una túnica blanca que le habló en un idioma que desconocía, pero que entendía.La escuchó atenta y se retiró en paz.

El día transcurría caluroso, era un verano intenso en el que la lluvia había tenido poco protagonismo. Rumbo a su trabajo vio la casa en la que había estado en contacto con la mujer de la túnica blanca.

-¡Es la misma casa, yo estuve aquí!, pero¿lo soñé?,¿quién vive en esta casa?, ¿quién es esa mujer?, ¿qué me quiso decir?- se preguntó con la respiración acelerada.

Decida a averiguarlo, tocó insistentemente el timbre, luego de unos minutos le abrió la puerta un señor que parecía ser el casero.

-Buenos días, busco a la propietaria de esta casa, una mujer de cabellos blancos- explicó Luana ansiosa.

-Aquí no vive ninguna mujer, está casa está en sucesión, yo soy el casero.Hace un par de años vivía una señora que tenía poderes según cuentan, pero ya era muy mayor y ahora sus hijos están esperando a que se venda la casa- dijo el casero.

-Comprendo, pero necesito hablar con sus hijos o con alguien que me diga algo más de esta señora- explicó Luana con nerviosismo.

-Mire señorita, yo no tengo forma de comunicarme con sus hijos, sólo con su abogada, puedo darle el teléfono si lo desea- dijo amablemente el hombre.

-Muy bien, muchísimas gracias, ha sido Usted muy amable- se despidió Luana.

Ni bien llegó al trabajo, llamó a la abogada. Sin embargo, de esa charla sólo pudo deducir que la mujer era de origen griego y que,posiblemente,el idioma en el que ella había recibido el mensaje tenía que ver con esa procedencia. Le corrió un escalofrío por el cuerpo, las cosas se estaban saliendo de su cauce y no eran comprensibles. Luana era una mujer joven, metódica y racional, lejos estaba en ella caminar por el misticismo o las profundidades de lo que no se viera a simple vista.

La noche nuevamente sorprendió a Luana, los llamadores ángeles sonaban de un modo diferente, hoy parecían colgar de su patio, algo nerviosa bebió un jugo de frutas repleto de hielo. Un gato de tres colores se sentó junto a ella, maulló y ella lo acarició con ternura. Sintió paz, alcanzó a percibir el mensaje de su padre que había partido hacía muchos años, pero sin despedirse de ella. Sintió una caricia en sus cabellos y se quedó dormida.

Andrea Calvete

domingo, 2 de junio de 2019

FABRICANTE DE RESPUESTAS

En un acto reflejo elevó su mirada al cielo, se perdió entre las nubes en busca de una respuesta. Navegó entre los recuerdos, saltó entre las risas de su infancia, caminó por las orillas de sus relaciones, y buscó entre los anaqueles de sus afectos, así se deslizó entre nubes vaporosas llenas de encanto y magia hasta llegar a un nubarrón que amenazaba con tormenta.

Las tormentas también tienen sus encantos, los contrastes del cielo son impactantes, permiten transitar por esas divergencias conmovedoras que son los que de alguna manera marcan esos quiebres o puntos de inflexión. Si bien la armonía suele ser parte de la paz necesaria en nuestros días, algo de sal y de pimienta también son necesarias para sentir que nos corre sangre por las venas, o que nuestro pulso aún sigue latiendo. Así la tormenta que avizoraba si bien le generó un nudo en su estómago, le produjo un cosquilleo cargado de emoción, entonces con el impulso renovado se dirigió hacia el ojo de la tormenta.

Paralizado ante aquella imagen majestuosa respiró profundo, intentó impregnarse de ese espectáculo formidable que estaba ante su vista, el aire era pesado y olía a lluvia. Hoy estaba dispuesto a mojarse a sentir la lluvia caer en su cuerpo a disfrutarla. Comenzaron a caer las primeras gotas mansas perfumadas por el yodo del mar y las lavandas que rodeaban a pocos metros en un jardín cercano a la playa. Mientras sentía el agua que recorría su cuerpo no salía de su asombro allí estaba parado frente a una disyuntiva muy difícil de resolver, aunque tenía claro que no debía haber traspasado ciertos límites, lo cierto que ya no había marcha atrás, ahora era tiempo de ver cómo continuar su rumbo.

Continuar implicaba tomar una de las bifurcaciones del camino, su cabeza parecía que iba a estallar. Se preguntó por qué había llegado hasta allí, por qué había permitido encontrarse en esta situación que si bien la había generado mucho placer ahora le embargaba de angustia, como las contradicciones propias de la vida, allí estaba parado frente un problema por resolver. No podía pensar, encendió un cigarrillo y comenzó a escuchar a los Creedence: Have you ever seen the rain- Has visto alguna vez la lluvia- Se perdió atento ante la letra saboreó cada palabra. El cielo se fue despejando, y continuó lloviendo con sol.

-Una señal- pensó.

Ya se había despejado, el sol brillaba potente, se paró con el ánimo renovado y convencido de cuál era el rumbo que debía tomar. Como tantas veces, el cielo había oficiado como ese fabricante de respuestas elaboradas, simples y genuinas. Agradecido y con una sonrisa apenas dibujada en su semblante se dirigió camino a su casa, le esperaban jornadas intensas pero estaba dispuesto a enfrentarlas.

Andrea Calvete

sábado, 1 de junio de 2019

PRESAGIO

El vuelo de las águilas se pierde en el camino mientras las campanas bailan con los sonidos del viento, le cantan al olvido en un viaje de ida. Es posible que no haya marcha atrás, como en la vida misma, lo que viene está por delante.

Nubarrones grises contrastan con los trozos de cielo despejados que se cuelan en la escena, quieren hablar, comunicar algo, pero las campanas siguen ensimismadas cantando al olvido que ha quedado rezagado en un rincón húmedo y raído a la espera de que alguien les quite el polvo. “Del polvo venimos y en polvo nos convertiremos”, ese mismo polvo que día a día al barrer o sacudir el mobiliario aparece. Polvo sobre el que existen tantos enigmas por develar, así continúan las campanas repiqueteando por lo bajo, y las águilas por lo alto planeando como un presagio.

Es un viaje de ida lo que las impulsa a aproximarse a ese olvido maquillado por los años, transfigurado por esperas, confundido por los desengaños y desencantado con la risa falsa de quienes lo buscan. Testigos de un milenio, las campanas han decidido callar lo que saben para dejarse llevar por el vuelo de aquellas águilas sin cuestionarse nada más. ¡Qué difícil aquietar la mente, y ponerse al servicio de lo que realmente nos importa, dejando lo superfluo de lado, lo que pesa en nuestros pensamientos!

Se han aquietado, han dejado de sonar, están a la espera de la próxima media hora en la que anunciarán que ha transcurrido otro leve lapso del día. En esa movediza quietud en la que se ven atrapadas miran a las águilas alejarse y perderse entre las montañas, quieren seguirlas pero no pueden dejar el campanario por más de media hora, esperarán a la próxima hora en punto para ver si pueden acompañarlas.

Han llegado allí y ahora saben por qué. Sí, han olvidado disculparse pero, ¿con quién, con qué, cuándo, dónde, para qué? No les importa contestarse estas preguntas, sienten la necesidad de hacerlo, de decir : “perdón me he equivocado”, para seguir sin el peso de las culpas en la espalda, de las equivocaciones, quieren repiquetear despreocupadas, en un viaje de ida, hacia lo que vendrá con la mirada serena y transparente.

Los vuelos de las águilas se pierden en el camino, mientras las campanas bailan con los sonidos del viento, repiquetean libres y sonoras. Resplandecen, mientras el tiempo se desliza tibio y la ciudad comienza a dormirse con un cielo naranja lleno de ilusiones y sepias herrumbrados, que contrastan para embellecer ese momento mágico en el que el presagio se ha cumplido.

Andrea Calvete

RECONCILIARSE CON LA VIDA

Mirar de reojo a la vida es algo común, pelearse con ella, seguir de largo sin decirle ni siquiera buen día, o no saludarla por días, son realidades frecuentes en las que no nos involucramos y nos distanciamos de alguna manera con ella. De este modo, no todo parece salir como quisiéramos. Se enciende alguna manera una luz de alerta que dice: “Peligro vas por mal camino”

Y como dice un viejo refrán “a mal camino vamos por agua”, porque si nos peleamos con quien tenemos para transitar en este aquí y ahora, pocas alternativas nos quedan de disfrutar, de sentirnos plenos y satisfechos. Sin darnos cuentas comenzamos a culparla de todas los oportunidades que nos ha quitado, de las puertas que nos ha cerrado, de las decepciones que hemos vivido, de las equivocaciones, de los olvidos, de la tristeza, del dolor, de las frustraciones,… y podría continuar una hoja entera con reproches.

La vida asombrada nos mira y con su idioma universal nos dice “hoy puede ser un gran día depende de ti”, y continúa como si nada hubiera pasado. Entonces la miramos y nos preguntamos de qué nos habla, si es ella la que se ha dispuesto a dificultarnos las cosas. Aunque siempre es más fácil culpar al que tenemos al lado, sin embargo al detenernos a pensar en sus palabras vemos que algo de razón tiene, y que la mayoría de las veces nos hemos cerrado a querer cambiar, o simplemente no nos hemos animado a tomar decisiones o hemos errado en ellas.

Y así andamos peleados con la vida, y ya no miramos al cielo para disfrutar de ese maravilloso espectáculo, y si lo miramos es para advertir que tendremos que llevar el paragua porque se aproxima una tormenta. Y de la misma forma tampoco apreciamos un atardecer, sus colores, sus tonalidades y perfumes, sólo vemos que se nos acaba el día y aún nos quedan muchas cosas por hacer, alguna de ellas muy a nuestro disgusto.

Quizás se hora de reconciliarnos con la vida, con sus aromas, sus tonalidades, texturas, sonidos, colores, con esa maravilla que es la naturaleza y que está al alcance de todos. Reconciliarse es volver a encontrarse con alguien, y para ello vistámonos con buen humor, con entusiasmo y con tonalidades enérgicas que nos permitan entonces hacer de este encuentro un momento único y maravilloso, para dar comienzo a una nueva etapa, en la queremos estar y sentirnos mejor, con nosotros mismos y con las personas que nos rodean.

Existen diferentes formas de reconciliarnos con la vida, algunas tienen que ver con sentirnos vivos, útiles y activos, haciendo algo que nos permita utilizar nuestras capacidades, nuestra creatividad y talento, que posiblemente hayan quedado en el cajón del olvido, postergados. Se preguntarán entonces cómo podemos hacer para reconciliarnos, bueno en principio diría que es una resolución bastante personal, pero evidentemente hay actividades en general que favorecen esta reconciliación.

Reconciliarse con la vida es una decisión personal, en la que debemos ser genuinos y poner lo que somos sobre la mesa, mirarnos al espejo, preguntarnos cómo deseamos continuar el camino y poner manos a la obra. Porque de eso se trata ya que hay situaciones que no son con las que mejor nos llevamos pero están y hay que asumirlas, existen actividades que pueden hacernos sentir que estamos vivos, activos, que somos útiles, que somos capaces de crear y crecer, de creer y confiar, de desarrollarnos y de aprovechar este universo de posibilidades que pasan por nuestro alrededor y no somos capaces de ver. Algunas de las actividades que nos pueden hacer vibrar o acercarnos a la plenitud pueden ser pintar, escribir, plantar, cultivar, decorar, bailar, cantar, pescar, realizar algún deporte,… existen infinidad de actividades las que nos permiten encontrar ese espacio vital para nosotros, solo es cuestión de darnos la oportunidad y descubrirlas para así reconciliarnos con la vida.

Finalizo parafraseando a Joan Manuel Serrat : “Hoy puede ser un gran día plantéatelo así, aprovecharlo o que pase de largo depende en parte de ti”, así que está en cada uno de nosotros dar ese paso para reconciliarnos con la vida.

Andrea Calvete

sábado, 25 de mayo de 2019

TODO COMENZÓ CON UN BESO

Todo comenzó con un beso, mientras bailaban un tema lento. Un bálsamo para nuestros sentidos, vehículo para nuestras emociones, testigo de nuestros sentimientos más profundos, así la música ha sido un punto de partida para tomar contacto con el fluir de dos personas que han decido encontrarse. Los temas lentos testigos silencios de suspiros, contactos secretos ,encuentros maravillosos y de besos.

Para encontrarse hay que detenerse, mirarse, hacer esa pausa en la que decidimos establecer ese comienzo, ese descubrimiento. ¡Qué vehículo más enriquecedor que es la música para poder acompasar ese instante de encuentro! Los sentimientos y emociones surgen al ritmo y al compás de la música, que acompasa nuestro vibrar.

Generalmente, los comienzos de una relación suelen ser maravillosos, pero no necesariamente el hecho de bailar un tema lento con una persona tiene esa intencionalidad, puede ser simplemente el disfrutar de ese momento, de fluir al son de la música, en unos instantes en los que nos permitimos ser y estar desconectados de problemas o interferencias.

Las lentas un clásico que muchos recordaran con cariño, generalmente cuando se ponía la primera lenta las pistas de discotecas, bailes o boliches se llenaban, porque todos enseguida buscaban a esa pareja con la que estaban ansiosos por tomar contacto. Con el correr del tiempo se ha perdido esa costumbre, por diferentes motivos: ha cambiado la música, la forma de comunicarse, los ritmos de moda, y también a todo esto debemos agregar el consumo de ciertas sustancias que ha influenciado como desinhibitorio de las relaciones humanas.

Pero más allá de que ya no sean el hit de la moda, creo que siguen vigentes porque no hay pareja que se pueda resistir ante un buen tema lento para dejarse fluir por la armoniosa melodía para disfrutar de ese momento mágico que cada cual podrá descubrir a su ritmo y tiempo.

It stared with the kiss- Todo comenzó con un beso- un tema de la banda británica Hot Chocolate, que se remitía a una historia de amor que había comenzado con un beso en la última fila del salón de clases cuando eran apenas unos niños, un hit en la época de las canciones lentas.

Todo comenzó con un beso, mientras bailaban un tema lento. Un bálsamo para nuestros sentidos, vehículo para nuestras emociones, testigo de nuestros sentimientos más profundos, así la música ha sido un punto de partida para tomar contacto con el fluir de dos personas que han decido encontrarse. Los temas lentos testigos silencios de suspiros, contactos secretos, encuentros maravillosos y de besos.

Andrea Calvete



MIRARSE AL ESPEJO O ROMPERLO EN MIL PEDAZOS

No quiso mirarse al espejo, siguió de largo, el reflejo simplemente le dolía. Extraña sensación la que puede producir una imagen poco nítida y lejana, sin embargo era muy potente la energía que emitía, como si el cielo se oscureciera a su paso. Estaba por ponerse a llover, la humedad de aquella mañana era insoportable, y el tránsito muy pesado.

Siguió su ritmo, hoy no quería atender el celular. Los mensajes de WhatsApp llegaban y así quedaban en rojo, no estaba de humor para contestar a nadie, y menos si pretendían saber de su malestar. En realidad se había levantado peleado con la vida, con su propia existencia, la cual no había sido fácil, pero eso no le daba derecho a caminar con la nariz respingada como si el aire sólo fuera posible para sus refinadas fosas. Alterado caminaba por las veredas de altanería y arrogancia, llevándose todo por delante, y menospreciando a quien no estuviera a su altura.

¿Qué significa estar a la altura de lo que alguien desea o espera? En realidad, poco importa estar a la altura de lo que los demás esperan de nosotros, si no somos nosotros mismos, si no estamos conformes con nuestro ser más profundo, siendo genuinos y auténticos. Sin embargo, el protagonista en cuestión lejos estaba de la autenticidad, se escondía detrás de mil máscaras para no mostrar su verdadera identidad. Algunas veces cuando alguna arista de su personalidad asomaba, se enojaba mucho y se la agarraba con todo el que se le cruzaba por el camino. Dicen que cuando vemos en alguien algo que no nos gusta, generalmente es que espejamos cosas nuestras que nos duelen y nos cuestan asumir, mucho de esto había en este personaje que hoy es protagonista de esta vivencia.

No quiso mirarse al espejo, siguió de largo, el reflejo simplemente le dolía.

En una esquina, ya cansado de caminar entró para tomar un té acompañado de un surtido arsenal para saciar toda esa angustia y desilusión .Se ahogó en manjares dulces que fueron aplacando su iracunda tristeza, ya con el estómago lleno pudo acercarse a esa imagen que le horrorizaba solo con mirarla de reojo. Así tomó coraje e intentó ver qué era lo que lo aquejaba, sin embargo sonó su celular, y volvió entonces a descargar todo su enojo y furia con la persona que lo llamaba, lo insultó y culpó hasta cansarse, para después seguir lleno de razón caminando por la vida.

No quiso mirarse al espejo, siguió de largo, el reflejo simplemente le dolía.

Con paso erguido y solemne caminaba por las veredas de altanería y arrogancia, llevándose todo por delante, y menospreciando a quien no estuviera a su altura. Como subido en un pedestal continuó su rumbo, caería una y mil veces, estaría en él romper el espejo o finalmente mirarse con humildad y valentía.

Andrea Calvete





viernes, 24 de mayo de 2019

CAMPOS DE LAVANDA

La subjetividad teñida de los colores de nuestra mirada, de los anhelos puestos a luz de los deseos, de los sueños espejados en los brillos de nuestras pupilas, hacen que nuestro pequeño jardín se vea como un inmenso parque, eso siempre y cuando pongamos mucha fe, esperanza y entusiasmo en nuestros proyectos.

Quizás las pequeñas plantas de lavanda puedan perfumar como un verdadero campo de lavandas, o simplemente al caminar por dos metros de pasto nos dé la sensación de estar en un extenso terreno mullido de frescura y porvenir. No faltará quien en una pequeña terraza rodeado de sus plantitas se sienta en un jardín botánico, o quien al caminar por la orilla del Río de la Plata al poner sus pies en agua respire el yodo de los mares de la libertad.

Porque no es cuestión de lo lejos que nos vayamos, o lo que sea el lugar, sino del entusiasmo, del cariño, y esmero que pongamos a la hora de tomar contacto con la realidad que nos circunda. Tiene mucho que ver con el cristal con el que se mira y además del amor que pongamos en esa perspectiva que nos rodea. Generalmente cuando detrás de un proyecto de vida se ve empeño, amor, compromiso, confianza y actitud, entonces el brillo que comienza a despedirse es palpable, y a su vez contagioso.

En nuestra subjetividad tallan nuestras emociones, nuestros anhelos y deseos, nuestros enojos, nuestras frustraciones, nuestras represiones, todo lo que está a la vista y lo que se aloja en esas profundidades que no son accesibles. Por eso, si nos cargamos de buenas intenciones al observar a alguien o algo, seguramente proyectaremos allí buena energía. De lo contrario, si teñimos de un color oscuro y negativo lo que miramos los resultados no serán nada alentadores.

Sin embargo, el verano es una estación en la que todo florece, renace y crece, en donde especialmente el aroma de esas lavandas también conocidas como oro azul perfuman el calor de los días, se mezclan con el rocío de las mañanas y la frescura das noches ¿por qué no pueden renacer entonces nuestras esperanzas, nuestros proyectos e ilusiones, perfumados con los deseos y las posibilidades? Seguramente, así suceda, sin embargo habrá que poner una gran cuota parte, porque depende de uno mismo lo que nos espera, está en nuestras manos, en esa energía con la que nos carguemos, en ese entusiasmo y fe que pongamos a la hora de dar el primer paso. Posiblemente, si adoptamos una posición pasiva, a la espera de que algo suceda, poco cambiará porque estamos en una actitud en la que esperamos de afuera los cambios cuando el primer cambio es necesario que venga de adentro.

Cuando decimos ser parte activa, protagonistas de esa película que se llaman días, entonces nos involucramos, ponemos todo lo que está a nuestro alcance y si es necesario más para entonces poder llevar a cabo nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestros proyectos y todo lo que nos propongamos.

No dejar de soñar, de mirar con los ojos llenos de emotividad, ilusión y esperanza es parte de poder ver en un matorral de lavandas, un bello campo perfumado que nos eleva hasta el cielo de las posibilidades y al infinito universo de los sí puedo.

Andrea Calvete

domingo, 19 de mayo de 2019

LOS CIELOS DE CARTAGENA

Nubes de distintas formas y tamaño danzan entre el sol que las colorea. Matices perlados y grises caminan entre turquesas cargados de magia. Son cielos de esperanza, alegres y cálidos impregnados por el yodo y la sal del Caribe. En un espejo de distintos naranjas se peina el atardecer en último beso del día.

Los cielos de Cartagena se dibujan en un realismo mágico, en el que los iris del Gabo sensibles y creativos, se dejaron perfumar por las creencias y costumbres, historias y leyendas de sus lugareños. Es casi imposible no dejarse seducir o maravillar por esta ciudad llena encanto, añeja, colorida y musical, que invita a soñar.

Vaporosas fluyen las nubes y danzan al ritmo de una Cartagena llena de encanto, y magia, de siglos, de historias contadas y otras omitidas, de pupilas negras y brillosas, de pieles morenas lustrosas, de pies descalzados a la orilla del mar. La espuma de las olas salpica con su blancura los espigones de corales.

Bajo el cielo de Cartagena caminan los vendedores ambulantes, traen su arte, sus colores, su simpatía, venden de todo, pero siempre con respeto y jovial bienvenida. Es imposible no sentirse feliz en este paraíso en el que la vida sonríe veraniega y tropical, suelta de ropas y prejuicios, descalza de preocupaciones, la música acompaña la algarabía que brinda la naturaleza, a ritmo de  salsa, vallenato, cumbia y merengue.

El ruido de la ciudad se aquieta bajo ese cielo apacible y lleno de encanto, en el que los atardeceres se perfuman de colores infinitos y de formas casi místicas. Un espectáculo indescriptible en el que todos los sentidos tienen cabida, los aromas se intensifican, los tonos resplandecen, las texturas se suavizan, los sabores se impregnan de sal marina, mientras las olas rompen mansas y abrazan al atardecer.

Los cielos de Cartagena son azules, tienen los colores vivos de la ciudad que brilla con alegría y encanto, con simpatía caribeña, bulliciosos, con aire a rumba y frutos tropicales. No tienen prisa, caminan al ritmo de su gente, con la amabilidad de sus habitantes sonríe cada día a quienes deciden transitar por su universo festivo.

Andrea Calvete

VIVIENDO Y APRENDIENDO


Aquí y allá, nos tropezamos día a día con acontecimientos inesperados, con certezas que parecen deshojarse en una y mil capas, con historias simples y complejas, en donde cada instante de vida nos conduce a aprender algo nuevo.

Desde luego cada vez que nos alejamos de nuestro país y tomamos contacto con otras costumbres, culturas, descubrimos los colores en los que cada nación refleja su propia idiosincrasia. Algo que llama la atención en diferentes países de América Latina es el regateo, esa costumbre para nosotros poco frecuente de pelear por un precio, hasta llegar al valor de venta. El regateo es parte de un ritual que tiene lugar cuando dos personas comienzan a negociar por un producto o servicio, así con paciencia luego de varios tira y afloje, se llega al precio final. Aunque a nosotros nos resulta difícil de entender,así son las reglas de juego en otras partes del mundo.

Sin embargo, el tema del regateo es parte del negocio mismo de la vida, en el que establecemos normas, precios, algunas veces no netamente monetarios, sino afectivos, en el que damos lo que somos y a cambio recibimos lo que de alguna forma vamos sembrando. Pero, aquí se puede generar un conflicto porque no siempre lo que damos se corresponde con lo recibido, aquí la ecuación no es proporcional, lo importante es no poner demasiadas expectativas.

Las expectativas son parte de esa chispa de esperanza con la que se enciende cada día, pero no siempre están a la altura de lo que sucederá, por distintos motivos suelen desmoronarse y evanecerse como por arte de magia. Son variables de nuestra naturaleza cognitiva que vienen de la mano de la anticipación y también del análisis. Pueden encarnarse en la medida que creemos y apostamos a ellas. Están vinculadas a las predicciones y previsiones, cuanto mayores son las certezas mayor será la posibilidad que se cumplan las expectativas. En este contexto jugará un rol preponderante en su concreción si son positivas o negativas.

Las expectativas las ponemos donde realmente las hay, y también donde no tienen cabida, pero está en nosotros no apagar la ilusión. Entonces despertamos entusiasmos equivocados, pretendemos lo que no es posible, para luego lentamente aterrizar en la pista de la desilusión o decepción.

Evidentemente, el error de esperar algo y que no suceda, es parte del diario vivir, es lo que se puede esperar en ese margen de posibilidad en el que nos paramos día a día.

¿Pero qué sucede cuando esperamos algo que tiene escasas o nulas posibilidades? Cuando nos paramos frente expectativas casi inalcanzables es preciso ser conscientes de este lugar en el que nos posicionamos, de modo que si la caída es inminente por lo menos nos agarre preparados para amortiguarla.

Pero, existen personas que a pesar de caer siguen porfiando en que esas expectativas se cumplan, aún cuando ya saben que no hay posibilidades, es como quien se aferra a ese dulce recuerdo que no volverá. Quizás esta actitud sea parte de esa negación que hacemos al enfrentar ciertas frustraciones. Sin embargo, negarlas nos lleva por mal camino, porque canalizamos nuestra energía en algo que tenemos que decir borrón y cuenta nueva.

Aunque, a veces ese porfiar e insistir, tiene que ver con el ego, con el amor propio de decir :“yo puedo, lo voy a lograr”, perdiendo de vista que somos seres factibles de errores, y también de posibilidades que quedan truncas por diferentes motivos, y es necesario aceptarlas.

Aceptar no significa resignarse, tirarse en una cama a dormir, sino tener claro que esa expectativa no ha sido posible, entonces le ponemos punto final, y damos vuelta la página. Para sí ponernos a trabajar y a perseguir otras expectativas que sí pueden tener posibilidades en nuestro camino, o al menos nos alegran la vida.

Las expectativas suelen ser luces en nuestros días, destellos de esperanzas, de claridad, de energía vital, como parte de ese motor que nos ayuda a seguir. El hecho de que no tengan demasiadas posibilidades no es malo, lo importante es ser conscientes de ello para no incurrir en falsas expectativas y quedarnos agarrados a una posibilidad que no tiene demasiado sentido. Las ponemos en todo lo que hacemos, en nuestro trabajo, en nuestras amistades, en nuestras relaciones de parejas, en nuestros proyectos, así como en cada pensamiento que se cuela cuando nos tomamos una pausa.

¿Se puede tener expectativas sin esperar que algo suceda? La primera contestación que surge a esta pregunta es que no, porque evidentemente siempre se espera algo. Sin embargo, bajaríamos el nivel de ansiedad y tensión, si tuviéramos el deseo vivo intacto sin teñirlo de esperas, sino de ilusión y entusiasmo, de luz y energía, dejando de lado la espera, porque quien espera desespera dice un viejo proverbio.

En la medida que pasan los años uno cada vez espera menos de los demás, y se conforma directamente con lo que le dan, lo disfruta lo paladea, lo siente con profundidad, porque sabe que las cosas deben surgir sin que se pidan, si que se exijan, sino porque realmente se siente la necesidad de que eso suceda.

Aquí y allá, nos tropezamos día a día con acontecimientos inesperados, con certezas que parecen deshojarse en una y mil capas, con historias simples y complejas, en donde cada instante de vida nos conduce a aprender algo nuevo.

Andrea Calvete



domingo, 5 de mayo de 2019

SI NO SUMA QUE NO RESTE

Atrincherados en la nube de los deseos los sí esperan a que les demos cabida, a que los dejemos volar. Nubarrones grises se interponen, los aprisionan, por temor, indecisión, o simplemente por no ver con claridad el camino a seguir. Lo claro es que si no suma que no reste.

En esa puja por decidir, entran en nuestra vida conceptos y personas que en realidad no tienen demasiada cabida, sería atinado preguntarnos si agregan algo , si aportan de alguna forma a nuestro día a día, y lo más importante es que no nos quinten tiempo o energía, elementos que en la medida que pasa la vida se hacen más escasos y necesarios.

Evidentemente, de lo malo, de lo difícil es donde más aprendemos, porque desde las cicatrices nos fortalecemos, y resurgimos como el Ave Fénix. Sin embargo, está en cada uno no desaprovechar cada instante, cada día en el que tenemos un sinfín de oportunidades para sumar, para elegir y hacer que cada momento sea irrepetible y mágico. Quizás aquí radique la mayor dificultad, porque la gris y aburrida rutina llega para interponerse entre nuestras ganas, creatividad y esmero, de manera que por momentos se desvanecen las esperanzas.

Cada día tiene su encanto, un día de lluvia un día especial para escuchar su sonido, perderse entre los aromas que se realzan con el agua que baña la naturaleza, o maravillarse con los sonido impactante de los relámpagos que son sinfonía para ese caer armonioso de las copiosas gotas. Un día de sol, brillante y radiante nos invita a soñar a pasear llenos de energía y esperanza, a vibrar con cada rayo que se esparce. Un día nublado, en el que los pensamientos se aplacan, bajan sus revoluciones, y buscan por los estantes húmedos de los recuerdos, improvisan desde la tenue apatía. Así la enumeración podría continuar, mientras nuestros estados anímicos se pasean al ritmo del tiempo y sus días.

Es cuestión de mentalidad, es cambiar la actitud y ver de lo que nos pasa lo que suma, lo que aporta, lo que nos deja crecer como seres humanos, dejando atrás lo que nos empequeñece. Es permitir que la mente grande triunfe sobre la mente pequeña. Atrincherados en la nube de los deseos los sí esperan a que les demos cabida, a que los dejemos volar. Nubarrones grises se interponen, los aprisionan, por temor, indecisión, o simplemente por no ver con claridad el camino a seguir. Lo claro es que si no suma que no reste.

Andrea Calvete

sábado, 4 de mayo de 2019

TÚNEL DE PLÁTANOS

Al costado de la avenida se entrelazan los plátanos, con su corteza plateada llena de historias, se desprenden sus doradas hojas en una alfombra acolchonada y crujiente. Testigos silenciosos, forman un túnel por el que transitan autos, ómnibus y transeúntes en diferentes sentidos. Sus inmensas copas se mueven atinadas con el viento tibio de la tarde que cobra vida.

De la corteza de los plátanos fluye un mundo de colores tenues, verdes musgos, lavandas, grises, y plateados. Sus troncos manchados regalan tonalidades que se esfuminan entre las grises veredas. Dejos de humedad se entremezclan en su musgosa y resistente madera que sabe a otoño y a hojas secas.

Caminan despreocupados a su ritmo, están en su mundo carente de prisas, descontracturados se llevan los minutos por delante con total desenfado. Doradas las veredas crujen mientras se abren paso, ella lleva una mini, el pelo castaño largo suelto, él rubio con el cabello rebajado, caminan de la mano, mientras que la bicicleta del joven los acompaña a la derecha de la pareja.Quizás alcanzan los quince años, hace tres meses les veo pasar mientras espero el ómnibus y me pregunto cuánto tiempo los mantendrá juntos la vida, se los ve felices, como si el sol les abriera el camino, y la lluvia los bañara de una energía especial. Lo que es claro es que están enamorados. Ese primer amor adolescente que los acompañará de por vida y quizás marque de alguna manera sus rumbos. Pero a ellos no les interesa pensar, disfrutan el presente como si el futuro fuera todo de ellos, como si pudieran detener el tiempo en cada instante en el que se pasean por la vereda.

Al costado de la avenida se entrelazan los plátanos, con su corteza plateada llena de historias, se desprenden sus doradas hojas en una alfombra acolchonada y crujiente. Testigos silenciosos, forman un túnel por el que transitan autos, ómnibus y transeúntes en diferentes sentidos. Sus inmensas copas se mueven atinadas con el viento tibio de la tarde que cobra vida.

Sí vienen del liceo, probablemente rumbo a sus casas, día a día repiten el mismo ritual entusiasmados, las estaciones los van viendo pasar ligeros de ropa con la frescura de la juventud, a ellos le da lo mismo el tiempo, toda ocasión es una fiesta para celebrar este camino que los mantiene unidos y esperanzados.

Se llena la parada, las horas en punto son clave para el pasaje de ómnibus, el murmullo se incrementa, varias personas parecen conocerse y hablan entusiasmadas, mientras uno a uno van pasando puntuales los ómnibus. La parejita se pierde en la lejanía, se dibujan como un cuadro, posiblemente la vida los lleve por diferentes caminos, pero seguro que este recorrido lo guardarán en su corazón por siempre, conjuntamente con esa imagen etérea y despreocupada, jovial e inocente con la caminan entrelazados en estas tardes de otoño bajo el túnel de plátanos que los cobija.

Al costado de la avenida se entrelazan los plátanos, con su corteza plateada llena de historias, se desprenden sus doradas hojas en una alfombra acolchonada y crujiente. Testigos silenciosos, forman un túnel por el que transitan autos, ómnibus y transeúntes en diferentes sentidos. Sus inmensas copas se mueven atinadas con el viento tibio de la tarde que cobra vida.

Andrea Calvete