viernes, 24 de mayo de 2019

CAMPOS DE LAVANDA

La subjetividad teñida de los colores de nuestra mirada, de los anhelos puestos a luz de los deseos, de los sueños espejados en los brillos de nuestras pupilas, hacen que nuestro pequeño jardín se vea como un inmenso parque, eso siempre y cuando pongamos mucha fe, esperanza y entusiasmo en nuestros proyectos.

Quizás las pequeñas plantas de lavanda puedan perfumar como un verdadero campo de lavandas, o simplemente al caminar por dos metros de pasto nos dé la sensación de estar en un extenso terreno mullido de frescura y porvenir. No faltará quien en una pequeña terraza rodeado de sus plantitas se sienta en un jardín botánico, o quien al caminar por la orilla del Río de la Plata al poner sus pies en agua respire el yodo de los mares de la libertad.

Porque no es cuestión de lo lejos que nos vayamos, o lo que sea el lugar, sino del entusiasmo, del cariño, y esmero que pongamos a la hora de tomar contacto con la realidad que nos circunda. Tiene mucho que ver con el cristal con el que se mira y además del amor que pongamos en esa perspectiva que nos rodea. Generalmente cuando detrás de un proyecto de vida se ve empeño, amor, compromiso, confianza y actitud, entonces el brillo que comienza a despedirse es palpable, y a su vez contagioso.

En nuestra subjetividad tallan nuestras emociones, nuestros anhelos y deseos, nuestros enojos, nuestras frustraciones, nuestras represiones, todo lo que está a la vista y lo que se aloja en esas profundidades que no son accesibles. Por eso, si nos cargamos de buenas intenciones al observar a alguien o algo, seguramente proyectaremos allí buena energía. De lo contrario, si teñimos de un color oscuro y negativo lo que miramos los resultados no serán nada alentadores.

Sin embargo, el verano es una estación en la que todo florece, renace y crece, en donde especialmente el aroma de esas lavandas también conocidas como oro azul perfuman el calor de los días, se mezclan con el rocío de las mañanas y la frescura das noches ¿por qué no pueden renacer entonces nuestras esperanzas, nuestros proyectos e ilusiones, perfumados con los deseos y las posibilidades? Seguramente, así suceda, sin embargo habrá que poner una gran cuota parte, porque depende de uno mismo lo que nos espera, está en nuestras manos, en esa energía con la que nos carguemos, en ese entusiasmo y fe que pongamos a la hora de dar el primer paso. Posiblemente, si adoptamos una posición pasiva, a la espera de que algo suceda, poco cambiará porque estamos en una actitud en la que esperamos de afuera los cambios cuando el primer cambio es necesario que venga de adentro.

Sin embargo, cuando decimos ser parte activa, protagonistas de esa película que se llaman días, entonces nos involucramos, ponemos todo lo que está a nuestro alcance y si es necesario más para entonces poder llevar a cabo nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestros proyectos y todo lo que nos propongamos.

No dejar de soñar, de mirar con los ojos llenos de emotividad, ilusión y esperanza es parte de poder ver en un matorral de lavandas, un bello campo perfumado que nos eleva hasta el cielo de las posibilidades y al infinito universo de los sí puedo.

Andrea Calvete

domingo, 19 de mayo de 2019

LOS CIELOS DE CARTAGENA

Nubes de distintas formas y tamaño danzan entre el sol que las colorea. Matices perlados y grises caminan entre turquesas cargados de magia. Son cielos de esperanza, alegres y cálidos impregnados por el yodo y la sal del Caribe. En un espejo de distintos naranjas se peina el atardecer en último beso del día.

Los cielos de Cartagena se dibujan en un realismo mágico, en el que los iris del Gabo sensibles y creativos, se dejaron perfumar por las creencias y costumbres, historias y leyendas de sus lugareños. Es casi imposible no dejarse seducir o maravillar por esta ciudad llena encanto, añeja, colorida y musical, que invita a soñar.

Vaporosas fluyen las nubes y danzan al ritmo de una Cartagena llena de encanto, y magia, de siglos, de historias contadas y otras omitidas, de pupilas negras y brillosas, de pieles morenas lustrosas, de pies descalzados a la orilla del mar. La espuma de las olas salpica con su blancura los espigones de corales.

Bajo el cielo de Cartagena caminan los vendedores ambulantes, traen su arte, sus colores, su simpatía, venden de todo, pero siempre con respeto y jovial bienvenida. Es imposible no sentirse feliz en este paraíso en el que la vida sonríe veraniega y tropical, suelta de ropas y prejuicios, descalza de preocupaciones, la música acompaña la algarabía que brinda la naturaleza, a ritmo de  salsa, vallenato, cumbia y merengue.

El ruido de la ciudad se aquieta bajo ese cielo apacible y lleno de encanto, en el que los atardeceres se perfuman de colores infinitos y de formas casi místicas. Un espectáculo indescriptible en el que todos los sentidos tienen cabida, los aromas se intensifican, los tonos resplandecen, las texturas se suavizan, los sabores se impregnan de sal marina, mientras las olas rompen mansas y abrazan al atardecer.

Los cielos de Cartagena son azules, tienen los colores vivos de la ciudad que brilla con alegría y encanto, con simpatía caribeña, bulliciosos, con aire a rumba y frutos tropicales. No tienen prisa, caminan al ritmo de su gente, con la amabilidad de sus habitantes sonríe cada día a quienes deciden transitar por su universo festivo.

Andrea Calvete

VIVIENDO Y APRENDIENDO


Aquí y allá, nos tropezamos día a día con acontecimientos inesperados, con certezas que parecen deshojarse en una y mil capas, con historias simples y complejas, en donde cada instante de vida nos conduce a aprender algo nuevo.

Desde luego cada vez que nos alejamos de nuestro país y tomamos contacto con otras costumbres, culturas, descubrimos los colores en los que cada nación refleja su propia idiosincrasia. Algo que llama la atención en diferentes países de América Latina es el regateo, esa costumbre para nosotros poco frecuente de pelear por un precio, hasta llegar al valor de venta. El regateo es parte de un ritual que tiene lugar cuando dos personas comienzan a negociar por un producto o servicio, así con paciencia luego de varios tira y afloje, se llega al precio final. Aunque a nosotros nos resulta difícil de entender,así son las reglas de juego en otras partes del mundo.

Sin embargo, el tema del regateo es parte del negocio mismo de la vida, en el que establecemos normas, precios, algunas veces no netamente monetarios, sino afectivos, en el que damos lo que somos y a cambio recibimos lo que de alguna forma vamos sembrando. Pero, aquí se puede generar un conflicto porque no siempre lo que damos se corresponde con lo recibido, aquí la ecuación no es proporcional, lo importante es no poner demasiadas expectativas.

Las expectativas son parte de esa chispa de esperanza con la que se enciende cada día, pero no siempre están a la altura de lo que sucederá, por distintos motivos suelen desmoronarse y evanecerse como por arte de magia. Son variables de nuestra naturaleza cognitiva que vienen de la mano de la anticipación y también del análisis. Pueden encarnarse en la medida que creemos y apostamos a ellas. Están vinculadas a las predicciones y previsiones, cuanto mayores son las certezas mayor será la posibilidad que se cumplan las expectativas. En este contexto jugará un rol preponderante en su concreción si son positivas o negativas.

Las expectativas las ponemos donde realmente las hay, y también donde no tienen cabida, pero está en nosotros no apagar la ilusión. Entonces despertamos entusiasmos equivocados, pretendemos lo que no es posible, para luego lentamente aterrizar en la pista de la desilusión o decepción.

Evidentemente, el error de esperar algo y que no suceda, es parte del diario vivir, es lo que se puede esperar en ese margen de posibilidad en el que nos paramos día a día.

¿Pero qué sucede cuando esperamos algo que tiene escasas o nulas posibilidades? Cuando nos paramos frente expectativas casi inalcanzables es preciso ser conscientes de este lugar en el que nos posicionamos, de modo que si la caída es inminente por lo menos nos agarre preparados para amortiguarla.

Pero, existen personas que a pesar de caer siguen porfiando en que esas expectativas se cumplan, aún cuando ya saben que no hay posibilidades, es como quien se aferra a ese dulce recuerdo que no volverá. Quizás esta actitud sea parte de esa negación que hacemos al enfrentar ciertas frustraciones. Sin embargo, negarlas nos lleva por mal camino, porque canalizamos nuestra energía en algo que tenemos que decir borrón y cuenta nueva.

Aunque, a veces ese porfiar e insistir, tiene que ver con el ego, con el amor propio de decir :“yo puedo, lo voy a lograr”, perdiendo de vista que somos seres factibles de errores, y también de posibilidades que quedan truncas por diferentes motivos, y es necesario aceptarlas.

Aceptar no significa resignarse, tirarse en una cama a dormir, sino tener claro que esa expectativa no ha sido posible, entonces le ponemos punto final, y damos vuelta la página. Para sí ponernos a trabajar y a perseguir otras expectativas que sí pueden tener posibilidades en nuestro camino, o al menos nos alegran la vida.

Las expectativas suelen ser luces en nuestros días, destellos de esperanzas, de claridad, de energía vital, como parte de ese motor que nos ayuda a seguir. El hecho de que no tengan demasiadas posibilidades no es malo, lo importante es ser conscientes de ello para no incurrir en falsas expectativas y quedarnos agarrados a una posibilidad que no tiene demasiado sentido. Las ponemos en todo lo que hacemos, en nuestro trabajo, en nuestras amistades, en nuestras relaciones de parejas, en nuestros proyectos, así como en cada pensamiento que se cuela cuando nos tomamos una pausa.

¿Se puede tener expectativas sin esperar que algo suceda? La primera contestación que surge a esta pregunta es que no, porque evidentemente siempre se espera algo. Sin embargo, bajaríamos el nivel de ansiedad y tensión, si tuviéramos el deseo vivo intacto sin teñirlo de esperas, sino de ilusión y entusiasmo, de luz y energía, dejando de lado la espera, porque quien espera desespera dice un viejo proverbio.

En la medida que pasan los años uno cada vez espera menos de los demás, y se conforma directamente con lo que le dan, lo disfruta lo paladea, lo siente con profundidad, porque sabe que las cosas deben surgir sin que se pidan, si que se exijan, sino porque realmente se siente la necesidad de que eso suceda.

Aquí y allá, nos tropezamos día a día con acontecimientos inesperados, con certezas que parecen deshojarse en una y mil capas, con historias simples y complejas, en donde cada instante de vida nos conduce a aprender algo nuevo.

Andrea Calvete



domingo, 5 de mayo de 2019

SI NO SUMA QUE NO RESTE

Atrincherados en la nube de los deseos los sí esperan a que les demos cabida, a que los dejemos volar. Nubarrones grises se interponen, los aprisionan, por temor, indecisión, o simplemente por no ver con claridad el camino a seguir. Lo claro es que si no suma que no reste.

En esa puja por decidir, entran en nuestra vida conceptos y personas que en realidad no tienen demasiada cabida, sería atinado preguntarnos si agregan algo , si aportan de alguna forma a nuestro día a día, y lo más importante es que no nos quinten tiempo o energía, elementos que en la medida que pasa la vida se hacen más escasos y necesarios.

Evidentemente, de lo malo, de lo difícil es donde más aprendemos, porque desde las cicatrices nos fortalecemos, y resurgimos como el Ave Fénix. Sin embargo, está en cada uno no desaprovechar cada instante, cada día en el que tenemos un sinfín de oportunidades para sumar, para elegir y hacer que cada momento sea irrepetible y mágico. Quizás aquí radique la mayor dificultad, porque la gris y aburrida rutina llega para interponerse entre nuestras ganas, creatividad y esmero, de manera que por momentos se desvanecen las esperanzas.

Cada día tiene su encanto, un día de lluvia un día especial para escuchar su sonido, perderse entre los aromas que se realzan con el agua que baña la naturaleza, o maravillarse con los sonido impactante de los relámpagos que son sinfonía para ese caer armonioso de las copiosas gotas. Un día de sol, brillante y radiante nos invita a soñar a pasear llenos de energía y esperanza, a vibrar con cada rayo que se esparce. Un día nublado, en el que los pensamientos se aplacan, bajan sus revoluciones, y buscan por los estantes húmedos de los recuerdos, improvisan desde la tenue apatía. Así la enumeración podría continuar, mientras nuestros estados anímicos se pasean al ritmo del tiempo y sus días.

Es cuestión de mentalidad, es cambiar la actitud y ver de lo que nos pasa lo que suma, lo que aporta, lo que nos deja crecer como seres humanos, dejando atrás lo que nos empequeñece. Es permitir que la mente grande triunfe sobre la mente pequeña. Atrincherados en la nube de los deseos los sí esperan a que les demos cabida, a que los dejemos volar. Nubarrones grises se interponen, los aprisionan, por temor, indecisión, o simplemente por no ver con claridad el camino a seguir. Lo claro es que si no suma que no reste.

Andrea Calvete

sábado, 4 de mayo de 2019

TÚNEL DE PLÁTANOS

Al costado de la avenida se entrelazan los plátanos, con su corteza plateada llena de historias, se desprenden sus doradas hojas en una alfombra acolchonada y crujiente. Testigos silenciosos, forman un túnel por el que transitan autos, ómnibus y transeúntes en diferentes sentidos. Sus inmensas copas se mueven atinadas con el viento tibio de la tarde que cobra vida.

De la corteza de los plátanos se desprende un mundo de colores tenues, verdes musgos, lavandas, grises, y plateados. Sus troncos manchados regalan tonalidades que se esfuminan entre las grises veredas. Dejos de humedad se entremezclan en su musgosa y resistente madera que sabe a otoño y a hojas secas.

Caminan despreocupados a su ritmo, están en su mundo carente de prisas, descontracturados se llevan los minutos por delante con total desenfado. Doradas las veredas crujen mientras se abren paso, ella lleva una mini, el pelo castaño largo suelto, él rubio con el cabello rebajado, caminan de la mano, mientras que la bicicleta del joven los acompaña a la derecha de la pareja.Quizás alcanzan los quince años, hace tres meses les veo pasar mientras espero el ómnibus y me pregunto cuánto tiempo los mantendrá juntos la vida, se los ve felices, como si el sol les abriera el camino, y la lluvia los bañara de una energía especial. Lo que es claro es que están enamorados. Ese primer amor adolescente que los acompañará de por vida y quizás marque de alguna manera sus rumbos. Pero a ellos no les interesa pensar, disfrutan el presente como si el futuro fuera todo de ellos, como si pudieran detener el tiempo en cada instante en el que se pasean por la vereda.

Al costado de la avenida se entrelazan los plátanos, con su corteza plateada llena de historias, se desprenden sus doradas hojas en una alfombra acolchonada y crujiente. Testigos silenciosos, forman un túnel por el que transitan autos, ómnibus y transeúntes en diferentes sentidos. Sus inmensas copas se mueven atinadas con el viento tibio de la tarde que cobra vida.

Sí vienen del liceo, probablemente rumbo a sus casas, día a día repiten el mismo ritual entusiasmados, las estaciones los van viendo pasar ligeros de ropa con la frescura de la juventud, a ellos le da lo mismo el tiempo, toda ocasión es una fiesta para celebrar este camino que los mantiene unidos y esperanzados.

Se llena la parada, las horas en punto son clave para el pasaje de ómnibus, el murmullo se incrementa, varias personas parecen conocerse y hablan entusiasmadas, mientras uno a uno van pasando puntuales los ómnibus. La parejita se pierde en la lejanía, se dibujan como un cuadro, posiblemente la vida los lleve por diferentes caminos, pero seguro que este recorrido lo guardarán en su corazón por siempre, conjuntamente con esa imagen etérea y despreocupada, jovial e inocente con la caminan entrelazados en estas tardes de otoño bajo el túnel de plátanos que los cobija.

Al costado de la avenida se entrelazan los plátanos, con su corteza plateada llena de historias, se desprenden sus doradas hojas en una alfombra acolchonada y crujiente. Testigos silenciosos, forman un túnel por el que transitan autos, ómnibus y transeúntes en diferentes sentidos. Sus inmensas copas se mueven atinadas con el viento tibio de la tarde que cobra vida.

Andrea Calvete

miércoles, 1 de mayo de 2019

AMISTADES DE CRISTAL Y DE PORCELANA

La amistad es un gran aliado que nos permite establecer lazos que van más allá del tiempo y el espacio, de la pertenencia geográfica o de los nexos sanguíneos. Los vínculos que generamos a través de su presencia son potentes antídotos ante cualquier contratiempo en la vida. Las amistades de cristal se rompen en mil pedazos y se pierden con el primer viento que pasa por la vereda, mientras que las de porcelana se reciclan y renacen como antiguas obras de arte.

Algunos transitan como extraños pasajeros de un vagón desconocido y te miran como diciendo “si te visto no me acuerdo”, o simplemente están de cuerpo presente como un objeto que decora una sala. Otros, sin embargo, “los de siempre”, permanecen inamovibles a tu lado en las buenas y en las malas, en un intento para que no sucumbas con tu última caída. Así se integra el elenco de los que nos acompañan en este recorrido conocido como vida, del que nos faltan tantas respuestas y el que nos sorprende día a día, inexperientes, como si tropezarse con la misma piedra fuera algo imposible de evitar.

“Los de siempre” se contarían con los dedos de una mano, o dos, no lo sé, quizás. Lo cierto es que son muy pocos los que transitan el camino en forma ininterrumpida a tu lado, sin excusas, sin traiciones, sin dejar que las pulsiones humanas los ataquen y te dejen plantado cuando menos te lo esperas.

Así como huesos duros de roer permanecen a tu lado haciéndote compañía y se alegran con tus triunfos y progresos, pero también se les anuda el corazón cuando una lágrima brilla de reojo en tu rostro cansado y afligido. Me pregunto ¿a qué se debe la fidelidad de “los de siempre”?, ¿cuál es el antídoto que los salva de no dejarnos plantados?... ¿Será que la amistad es un lazo fraterno e inquebrantable, que aún en los peores vendavales logra vestirse de gratitud al abrigo de la fidelidad?

Porque” los de siempre” no están “al golpe del balde” -como diría un viejo amigo-, sino por el contrario están para que sientas ese brazo que te sostiene y ayuda a seguir adelante. Ya lo sé no quedan muchos en pie, pero lo importante es no perder la esperanza y la confianza en que los que están siempre, ésos son de fiar, y con ellos la amistad se engalana con sus mejores atuendos.

A lo largo del recorrido vamos cosechando amigos, personas que no nos imaginabas nos acompañarían en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las tristezas, con las que establecemos una comunión única e irrepetible. Un verdadero amigo pueda pasar tiempo sin que lo veamos, pero tenemos la seguridad que ante el mínimo inconveniente sabemos que podemos contar con él, no importa la hora, o el momento del día sabemos que está y eso es muy importante.

Evidentemente, existen múltiples circunstancias por la que vamos perdiendo contacto con personas que consideramos grandes amigas, porque la vida nos lleva por caminos diferentes y entonces vamos perdiendo ese acercamiento y de pronto, nos dejamos de ver. De todas formas, este tipo de amistad sigue latente y expectante a un próximo encuentro porque más allá de la distancia o el tiempo todo lo que refiere a la vincularidad sigue intacto.

Sin embargo, por diferentes razones las amistades suelen tener sus puntos álgidos, pueden darse peleas, enfrentamientos, malos entendidos, pero lo cierto es que a pesar de las circunstancias los problemas se solucionan y los vínculos continúan a pesar de los vientos en contra y las mareas. Pero no todas las amistades suelen soportar estas inclemencias o contratiempos, generalmente las que son de cristal se deshacen en mil pedazos y desaparecen como el polvo, no quedan de ellas ni vestigios. Por el contrario, las que son de porcelana logran recomponerse a través de hilos de oro que hacen que la porcelana se haga más bella y reluzca como una antigua reliquia rescatada con esfuerzo y sacrificio por quienes en el fondo saben que cada una de esas partes son necesarias y útiles para continuar en el camino de la vida.

Es así que las amistades que logran recomponerse son porque son resilientes, tienen esa capacidad de alguna forma de adaptarse a las adversidades y salir fortalecidas, por eso no hay tormentas que puedan con ellas, ni lazos que las destruyan.

Las amistades de cristal se rompen en mil pedazos y se pierden con el primer viento que pasa por la vereda, mientras que las de porcelana se reciclan y renacen como antiguas obras de arte a través de los hilos de oro que son los que siempre han unido a esas dos almas que por algún motivo se han encontrado y permanecerán juntas a lo largo del tiempo a pesar de los avatares de la vida, porque son pilares sólidos lo que las sostiene.

Andrea Calvete




martes, 30 de abril de 2019

UN CAFÉ

Un exquisito aroma a café llegó para instalarse, e invitó a una charla fraterna, sincera en la que pudieran aflorar todo lo que estaba allí guardado, oprimido, esperando a ser rescatado por alguien, quizás por ese cálido café.

Se había cerrado en su propia caparazón, lejos de todo. Tal vez, los desengaños, los fracasos, las partidas, o las equivocaciones fueran parte de aquel ser anestesiado que observaba con apatía todo lo que le rodeaba. No le quedaban excusas para los no, ni pretextos para los sí, en esa vereda fría e inhabitada se deslizaba en silencio, ni sus zapatos le hacían compañía. Su dolor era su gran aliado, así brillaban sus pupilas frías e indiferentes con el desasosiego del que no sabe hacia dónde se dirige.

Comenzaron a tomar el café y lo saborearon lentamente. El diálogo tardó en llegar, el silencio fue la antesala para que todo fluyera en forma natural y sencilla. El reloj se detuvo unos instantes, mientras el humeante café serpenteaba por las colinas de los recuerdos, de los vaivenes de sus días. Las palabras llegaron lentamente encandiladas por el aroma del café que finamente fue calando en la memoria. De allí surgieron gratos recuerdos, no todo era tan amargo, algunos sucesos olvidados congratulaban el alma. La tibieza de aquellos recuerdos le acarició con ternura, le besó sus mejillas doloridas y su corazón astillado y descreído. Así sin darse cuenta vino a su memoria un pasaje de la Biblia: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”, porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abre.

Este café, se lo debía hacía mucho tiempo, pero el tiempo era lo único que no tenía. Al hacerle un lugar, pudo seguir su camino, renovar la fe y la esperanza que habían sido resquebrajadas en una larga y difusa lejanía.

Andrea Calvete

sábado, 27 de abril de 2019

CINCO E


Nuestra vida se compone de fórmulas, por alcanzar, por descubrir y por develar. Lo cierto es que cada cual tiene la suya a la hora de enfrentar los desafíos que le toca vivir, por no hay como sentarse con uno mismo para ingresar en ese mundo alquímico de posibilidades, en el que cada cual a su modo hallará el elixir de vida, en el que las cinco E podrían componer esa quinta esencia tras la que tanto se ha hablado y discutido.

Es indudable, que más allá de las fórmulas a las que les hacía mención al principio, las cinco E a las que hago referencia van derivando una en otra, de manera que todas se incorporan a nuestra vida como motor fundamental a la hora de arrancar el día. Así la energía, el entusiasmo, la emoción, la entereza y la empatía, son los pilares fundamentales cuando nos embarcamos a descubrir el misterio de la vida.

La energía es un condimento especial cuando queremos comenzar algo, es ese motor esencial en el que se enciende el arranque, en que se ponen las ilusiones al servicio de los deseos y de la puesta en marcha. Es la vitalidad necesaria para movernos para disponernos a decir si puedo, o al menos lo voy a intentar, porque no hay peor tarea que la que no se intenta.

Al poner a rodar nuestra energía, lo tenemos que hacer cargados de entusiasmo, de luz y brillo necesarios para contagiar ese potencial que irá creciendo en la medida que se despliega nuestra vitalidad puesta al servicio de nuestro interés, de nuestros deseos, y nuestras potencialidades que son infinitas y están a la espera de ser descubiertas. Entusiasmados el pienso se hace en forma descontracturada, en forma espontánea y genuina.

Desde luego que si la emoción no corre por nuestras venas, poco lugar quedará para que hagamos algo con pasión, con entrega y total devoción, claves a la hora de comprometernos al cien por ciento en lo que creemos y confiamos, y en lo que nos disponemos a hacer. La emoción también se contagia, es energía vital que se palpita.

Con el azul de la entereza se oxigenan nuestros proyectos, impregnados de sabiduría, paciencia, ilusión y optimismo. Caerse y volvernos a levantar tantas veces como sea necesario, sin perder la fuerza, la esperanza de continuar y avanzar, con fortaleza y serenidad.

Comprometernos con energía, entusiasmo, emoción y entereza, requiere en sí empatía, es decir conocer el universo emocional de quienes nos rodean, empaparnos en él, descubrirlo, consustanciarnos y hacerlo parte de nuestro accionar, porque solos poco y nada somos.

El amor un antídoto que comulga con estas cinco E, un ingrediente fundamental para que transitemos por cualquier circunstancia de nuestra vida impregnados de fortaleza y gratitud, y también imbuidos de lo mejor que nos habita en alguna parte de nuestro ser.

Estas cinco E podrían relacionarse con nuestra quinta esencia, con esa misteriosa y quinta dimensión emparentada con lo que no se ve a simple vista, con lo que no se percibe fácilmente. Quien sea capaz de entrar en ella posiblemente se conecte con otras dimensiones ocultas.

Descubrir esa quinta dimensión o quinta esencia es un camino individual que, posiblemente, nos lleve hasta el atanor del ser, donde aparece el calor más íntimo, pues todo lo que ocurre en nuestro cuerpo y mente se aloja allí cómodamente, para dar lugar a los aromas de nuestra existencia, que podrán trascender en el tiempo a través de los seres que lograron compartir lo más profundo de que habita en cada uno de nosotros.

Andrea Calvete

LA PRIMERA VEZ

Si hiciéramos una encuesta sobre “la primera vez”, en la mayoría de los casos un nerviosismo extraño y una ansiedad casi desmedida serían dos de los protagonistas de esta odisea, en la que la ilusión vuela puesta al servicio de dejarse fluir por ese inmenso desafío que está por delante en el comienzo de algo. Si bien los comienzos no son nada fáciles, también tienen la fuerza del empuje y el entusiasmo por delante.

Las expectativas parecían desbordar aquellos lienzos blancos temblorosos, cargados de tensión pero a su vez de un júbilo desbordante. Era la primera vez que tomaban contacto con los pinceles y los óleos, un mundo que pretendía abrirse pero que permanecía ante sus ojos como un inmenso desafío. El aroma a todo recién comprado, nuevo, inmaculado, estaba a la espera de ser descubierto con las ansias intactas, y con la esperanza fresca y abrumadora de ese primer paso.

Debo asegurar que para mí las cosas no eran muy distintas, les aventajaba en llevarme bien con los colores, texturas e imágenes. Los pinceles y las espátulas ya eran compañeros de viaje, y la madera y lienzos un simple vehículo al servicio de la expresión. Sin embargo, nos unía esa primera vez que hace palpitar fuerte al corazón y te interpela con ese sinfín de preguntas casi imposible de abordar. Allí estaba frente a ese grupo que esperaba que compartiera con ellos todo lo que había aprendido a lo largo de los años de contacto con la pintura, pero más allá de mis nervios al observar sus pupilas cargadas de gratitud y emoción me aflojé y dispuse a comenzar.

Recuerdo que lo primero que hice fue observar los rostros de cada participante, presté atención a cómo colocaban sus elementos de trabajo sobre aquella mesa larga de caballetes, y como se disponían con un entusiasmo casi infantil a comenzar. Sin preconceptos, ni malicia, sin vicios propios del camino, estaban allí sentados a la espera de aprender, como si la magia pudiera tocar sus manos para despertarlas. Por favor que no se me mal interprete, digo infantil con admiración y total respeto, porque los niños son grandes maestros que deberíamos llevar a lo largo de la vida en el corazón.

Así comenzó la clase, nadie se animaba abrir los óleos, estaban inmaculados al igual que los pinceles. Me acerqué, uno por uno y les indiqué como abrir aquellos pomos de ilusión y de esperanza que esperaban ansiosos tomar contacto con el lienzo y los pinceles. ¡Ah los pinceles!, al principio parecían disponerse enfilados en la mesa como enemigos, con sus cerdas nuevas y relucientes se paraban desafiantes e insolentes, así eran tomados con la timidez propia del que comienza y con algo de temor y respeto. Los colores por su parte brillaban relucientes, pero se les dejaba poco margen para entremezclarse, parecía que el contacto con otros colores les estuviera vedado, en realidad pasarían tan sólo una media hora en la cual descubrirían la magia de sus mezclas.

Cuando los colores comenzaron esparcirse y combinarse, se empezó a sentir un ambiente festivo, los lienzos se llenaron de vida, cada cual a su ritmo, con sus tiempos e improntas, en cada uno fue quedando plasmado la personalidad y deseos que había en aquellos pintoras que se iniciaban en un camino que no tendría marcha atrás. Un viaje de ida, de allí en más aprendieron a amar los colores, las texturas, volaron con creatividad e ilusión para dejarse ser, para disfrutar de aquel día de encuentro y a su vez lograr plasmar en esos lienzos lo que nunca jamás habían creído que serían capaz.

Algo que pareció un obstáculo, pronto fue perdiendo peso en este desafío, varios integrantes del taller decían : “yo no sé dibujar, no tendría que estar acá”, ante la inquietud les contesté que no era un impedimento, ni un obstáculo no saber dibujar, podían aprender, aunque lo más importante era expresarse y perderle el miedo al lienzo, a los colores y a los pinceles, cuando se los perdieran comenzarían a quererlos y adoptarlos como parte de su oxígeno de vida, allí ya no quedaría lugar para ningún tipo de cuestionamiento más que desafiarse día a día y continuar aprendiendo.

Esta primera vez fue también una experiencia única y maravillosa que nos permitió aprender los unos de los otros. Alcanzó conocernos para entender qué pretendía cada uno de aquel encuentro, comenzamos a admirarnos y respetarnos en un espacio en el que conocimiento fluyó y se esparció en forma horizontal, todos aprendimos de todos, nos enriquecimos y vimos que los colores, las imágenes, las texturas y los aromas de la creatividad y la imaginación se habían unido para que nos conociéramos y camináramos juntos al menos en un tramo del trayecto, el que recuerdo con profundo cariño y agradecimiento.

Si hiciéramos una encuesta sobre “la primera vez”, en la mayoría de los casos un nerviosismo extraño y una ansiedad casi desmedida serían dos de los protagonistas de esta odisea, en la que la ilusión vuela puesta al servicio de dejarse fluir por ese inmenso desafío que está por delante en el comienzo de algo. Si bien los comienzos no son nada fáciles, también tienen la fuerza del empuje y el entusiasmo por delante, y el valor de ser momentos trascendentales que nos acompañarán de por vida.

Andrea Calvete

sábado, 20 de abril de 2019

UN MISTERIO PARA SER VIVIDO

Dar la dimensión real de lo que nos sucede se desdibuja en la medida que los sentimientos se interponen, los recuerdos se paran como obstáculos, las excusas se amurallan, y la negatividad impera, entonces nos paramos en arenas movedizas que poco nos dejan andar.

Uno de las dificultades a las que nos enfrentamos y posiblemente no seamos demasiado conscientes es nuestro ego. Porque hay egos muy mal entendidos, que hacen sentir a las personas superiores, con mayor sabiduría, mejores por el motivo que sea… y olvidan que todas esas cualidades se opacan y evanecen en la medida que el ego brilla por encima de los sentimientos, de la humildad y el don de gente.

De los sentimientos deberíamos aprender tantas cosas, a que son fieles, genuinos, y que son capaces de acompañarnos de acuerdo a lo que nos sucede, para despertar en nosotros ese estado de ánimo que acompaña a la situación que nos toca vivir. Sin embargo, algunas veces reprimimos ciertos sentimientos por vergüenza, culpa, temor, o por el simple hecho de que no querer demostrar nuestra vulnerabilidad, la que nos vuelve personas sensibles y comprometidas con nuestros semejantes.

La humildad nos permite aprender de los seres que nos rodean, comprendemos que todos necesitamos los unos de los otros, y que cada uno de nosotros somos seres únicos e irrepetibles, de allí que siempre tengamos algo para aprender de cualquier persona. Aprender es un camino interminable que nos conduce a enriquecernos día a día. Quien mira con humildad ubica el brillo de sus pupilas en dirección horizontal, de forma que en ese mismo plano de armonía se desarrolla la energía que despliega hacia un semejante. En la medida que nuestro ego se infla nuestra mente pierde fuerza y se empequeñece, y en lugar de sumar restamos y lejos quedamos de superarnos.

El don de gente es algo que quizás no se enseñe literalmente en los libros, escuelas o universidades, se respira en el hogar, en la búsqueda por superarnos y ser mejores personas, de abrirnos al cambio, a estar dispuestos a ser solidarios y fraternos con quienes nos rodean, a tener valores que nos lleven a respetar a los demás, pero primero debemos empezar por nosotros mismos. De nada servirá adquirir grandes títulos y honores si cuando un amigo nos precisa le cerramos la puerta en la cara, o seguimos de largo distraídos por la vida sin detenernos a ver lo que pasa a nuestro alrededor. Ese don de gente aparece cuando alguien te ayuda sin esperar nada a cambio, cuando te brinda su mano o su hombro porque sabe que lo precisas, o cuando alguien se alegra genuinamente porque estás feliz, y esto tiene que ver con la generosidad. Ese don de gente se aleja cuando no dejamos lugar para el diálogo, el entendimiento poniendo sobre la mesa a ese ego impertinente y mal entendido del que tantas personas se visten y caminan por la vida llevándose por delante a todos los que se le interponen en el camino, porque para ellos la vida es un problema a ser resuelto en el que vale cualquier herramienta para alcanzar sus fines. Pero, se olvidan que la vida no es un problema para ser resuelto sino un un misterio para ser vivido.

Andrea Calvete

AL CIELO

Mirar al cielo nos invita a elevar la mirada, a perdernos en las nubes espesas y blancas tras las que se esconde la esperanza, palpita una primavera, o sonríe una aurora. Limpio y despejado el cielo nos permite volar sobre ese infinito celeste de posibilidades. Grises y sombríos, nos sacuden con sus truenos resonantes para que se despierte nuestro ser dormido. Quien canta al cielo posibilita que su voz se traslade hacia el misterio de la vida.

El cielo ha sido fuente de inspiración de escritores, pintores y artistas que han sabido ver en él respuestas a su intricada existencia. Así del mismo modo, puede ser un gran aliado para quien se sienta y lo observa sin otra pretensión que disfrutarlo, para perderse en esa danza casi mágica en el que las nubes nos hablan.

Mirar al cielo nos regala una sonrisa, un quizás se dibuja en nuestro rostro, y los sueños amanecen y los anhelos se colorean. Se prende una chispa de esperanza en la que la ilusión se enciende y el entusiasmo se encamina encontrando motivos y razones.

De eso se trata, de encontrar motivos y razones cuando estamos en un pozo, o heridos porque nuestro corazón ha quedado desgarrado en mil pedazos. Es entonces cuando al mirar al cielo dejamos volar nuestra imaginación y creatividad en busca de encontrar una respuesta, la que hasta ahora lejos estaba de nuestras posibilidades.

Quizás al mirar al cielo lo posible suceda y el imposible desaparezca, o por el contrario lo posible se desvanezca cuando el imposible se asome. Será cuestión de perspectiva, de instalarse en esa nube en la que el equilibrio se produzca, para que los deseos reprimidos afloren y se materialicen en posibles.

Siempre hay un motivo para mirar al cielo, para cantar al cielo, porque la felicidad nos desborda, o la alegría nos habita, agradecidos decimos gracias e inspiramos profundo para impregnarnos de ese perfume que llega desde esa fiesta de imágenes que sólo él es capaz de crear.

Quien canta al cielo, musicaliza sus esperanzas, armoniza sus vibraciones, y logra materializar lo que en lo profundo de su ser habita para que suba hasta las alturas de los posibles infinitos, donde las alas de libertad se despliegan suaves y apacibles, planean tranquilas hacia ese rumbo anhelado.

Mirar al cielo es elevar los deseos, los sueños, es abrirse a la vida, es bañarse de fe y esperanza, es hacerse un guiño y decir sí es posible, porque quien confía en que hay un camino seguramente encuentre muchas bifurcaciones, pero si se detiene y escucha su corazón sabrá cuál es la ruta que debe seguir.

Andrea Calvete



domingo, 14 de abril de 2019

NARANJO EN FLOR

La mañana gris se pierde en la calle del hastío, deambula por promesas lejanas, mientras una melodía melancólica se perfuma con las flores de un naranjo. Tose la brisa, carraspea para aclarar su voz engrosada y áspera. Bebe de una copa colmada de recuerdos y se eleva hasta los adoquines de su camino.

Hoy no es un buen día para cuestionamientos, no hay lugar para los reproches, o para los quizás o tal vez, la monotonía le agobia de tal manera que la inercia lo abraza dejándolo casi maniatado en una inmovilidad incómoda. Las ráfagas de los naranjos en flor le animan, pero pronto la molestia persiste.

Dolorido, sin pensamientos camina por entre los naranjos en flor, embriagado por su perfume continúa, no quiere detenerse, se deja anestesiar por el dulce aroma, mientras los recuerdos se mezclan con gotas de melancolía y tristeza.

Las sensaciones inmutables se paran frente al naranjo que lo vio crecer, sin ánimo se encaminan como autómatas, saben reaccionar frente a cada acto, están programadas, no quieren salirse de su rutina, no se permiten sentir algo nuevo, están oxidadas, el mutismo en el que habitan las preserva.

Sus manos adormecidas y sus ojos cansinos caminan bajo un cielo encapotado. El aire cargado de humedad se cuela por entre los bolsillos lleno de agujeros. Las aves cantan sin importar su gris apatía, para ellas el sol está y ha salido con el nuevo día.

Un nuevo día en el que arrastra el cansancio y la falta de ánimo. Los sabores agrios se sobreponen, y las aspereza se viste de gala, mientras encorvado se pasea por entre los naranjos en flor. Se mira en el vidrio de un auto estacionado, no se reconoce, se endereza y continúa la marcha. El mate amargo es su fiel compañero, le acompaña en silencio, lo escucha sabe más que él, así como un fiel amigo lo abraza sin cuestionar nada.

Comienza a despejarse el día, las notas matinales se paran decisivas y enérgicas. Los rayos del sol esperanzadores empujan al desánimo y al descreimiento, y hacen pasar a las ilusiones y a los deseos olvidados, que se bañan de los colores omitidos y de los sabores que parecían haber quedados prohibidos, pero que ahora resurgen como un naranjo en flor.

Andrea Calvete   



sábado, 13 de abril de 2019

TRECE MOTIVOS

En torno al trece se esgrimen leyendas, supersticiones, historias que han marcado los tiempos, y los vientos que desde la antigüedad soplan a favor o en contra, dependerá con el ojo con que lo observemos su significado. Particularmente, he encontrado trece motivos para escribir acerca de esta cifra 

1 -Un número enigmático

2 -Un número polémico

3 -Un número que encierra significado dual

4 -Un número que esconde leyendas

5 -Un número que guarda misterios

6 -Un número que invita a detenerse

7- Un número que despierta curiosidad

8 -Un número del que tanto se hablado y se seguirá hablando

9 -Un número que augura cosas buenas

10- Un número que augura cosas malas

11 -Un número que se asocia con el martes y con el viernes

12 -Un número que se asocia con ciclos lunares

13 -Un número que encierra doce motivos para analizar detenidamente

El número trece es, sin lugar a duda, uno de los números más polémicos dentro de la cultura popular y de la numerología ya que se asocia por lo general a la mala suerte pero tiene muchos significados según diferentes culturas.

Para los Mayas, el número 13 ha sido un número sagrado, compuesto por la sumatoria del 12 más uno. El 13 representaba el movimiento del Cosmos y del Universo, la transmutación, la transformación, la ascensión y la conexión con otros planos. Su calendario tan conocido a lo largo de los siglos se guiaba a través de trece lunas.

A lo largo de la historia se lo ha asociado muchas veces con los malos augurios. Basta remontarnos a la última cena de Jesús para ver que trece fueron los comensales, o el Apocalipsis cuyo capítulo 13 corresponde al anticristo y a la bestia. Del mismo modo la Cabalá lo ha asociado a espíritus malignos, y la leyenda escandinava en el Valhalla, el espíritu del mal de Loki, el decimotercer invitado. En el Tarot, este número hace referencia a la muerte, pero también significa cambio, transformación y movimiento, el paso de un plano de la vida a otro plano.

Según la concepción de los pitagóricos, los números son la clave de las leyes armónicas del cosmos, por lo tanto, símbolos de orden cósmico divino. La unidad es el punto a la cual si se agrega otro, se pasa al dos, y con una unidad más se llega al tres, que es una superficie, y finalmente con una unidad más se llega al cuatro que es el espacio. El número cuatro es la duración, lo completo, las dimensiones, el espacio, la justicia, la infinidad que no termina, el tiempo que pasa, dura y no se acaba, es el ambiente el lugar donde vivimos. La suma de la unidad más la expansión cuaternaria produce el quinario. El cinco hace que todo retorne a su origen. El número 5 es un instante o punto en el que se unen la muerte y su nacimiento, el aquí y ahora donde el tiempo y espacio se funden en la unidad perfecta del eterno presente. El número seis es la suma de los tres primeros números: 1 + 2 + 3. Representa la cualidad amorosa en la creación, la armonía y el equilibrio. El Seis es la vibración de Venus, amor y belleza; en música, la nota La, en geometría, el hexágono. Es también la atracción y oposición del mundo humano versus el divino, guiado por el amor. Si continuamos llegamos al número diez, suma de los cuatro primeros, es la famosa tetraktys, el número capital.

De regreso al trece, recorriendo las páginas del tiempo, 13 octubre de 1307 fue capturado por el tribunal de la Inquisición Jacques de Molay, para poner fin la Orden de Caballeros Templarios, bajo la orden de Felipe IV de Francia, acusándolos de herejía fueron torturados y quemados en la hoguera. Fue antes de morir que Jaces de Molay profirió una maldición para las trece próximas generaciones, la que se cumplió, ya que tanto el Papa como el Rey murieron años después como había sido vaticinado.

Pero, como les señalaba al principio según quien nos cuente la historia, el trece tiene su significado. Para mi bisabuela Antonia era un número de suerte, ella había nacido un 13 de junio, y fue una mujer agradecida que disfrutó de cada momento intensamente. Una vascofrancesa fuerte, llena de vitalidad y empuje, que no se dejó amedrentar por ningún contratiempo, los enfrentó con dignidad y valentía, con convicción. Así el trece la acompañó durante sus noventa años de de larga y fructífera existencia como un buen augurio.

Quizás haya múltiples significados del trece de acuerdo a las vivencias transitadas, a las historias transmitidas, a los patrones preestablecidos, pero indudablemente un número enigmático cuyo valor estará adjudicado inevitablemente por nuestras creencias.

Andrea Calvete


CUESTIÓN DE RITMO

Todo es cuestión de ritmo, no hay lugar para nada más o lo hay. De un torbellino de ideas lejos trinan los latidos de los ojos donde trepa la esperanza.

Los deseos del viento dejan su huella en el olvido, recorren las colinas, alejados de los latidos de sus seguidores. Serenos se deshojan en una alborada tenue.

Se levantan copas dulces y agrias para beber de ese brillo perdido, y palpar la tersura de aquellos labios que han quedado dormidos con el vaivén de los años.

Un ladrido monótono es la melodía perfecta en aquel despertar en el que algún pájaro trina con algarabía. No tardan en responder al saludo otros perros en la lejanía. La armoniosa mañana transcurre mientras el brillo de sol entrelaza sus hilos de oro en las pequeñas gotas de rocío.

Se agitan las copas de los árboles con los deseos del viento, levemente se mueven airosas y despreocupadas, se dejan llevar por su aire cargado de libertad y de anhelos.

Un hilo turquesa comienza a tejar los colores de la esperanza que se esparcen diferentes tonalidades pasando por la más diversa gama de celestes, azules y verdes, hasta que una sensación renovada despierta al paisaje en el que los bríos toman las riendas de ese cabalgar ágil y prometedor.

Una libélula revolotea en medio de aquel torrente tornasolado en el que un aire casi mágico contagia un naranja vigoroso con las notas frescas y silvestres de un limonero en flor.

Todo es cuestión de ritmo. De un torbellino de ideas trinan los latidos de los ojos donde trepa la esperanza. Así con el brillo renovado miran el presente, y se disponen a caminar en esa orilla donde la espuma blanca yodada rompe con la llegada de cada ola.

Andrea Calvete

domingo, 7 de abril de 2019

EL PARAÍSO DE LAS FLORES

El paraíso de las flores dejó impregnado el elixir del tiempo. Su capucha colorida se deslizó, el pájaro llegó con su último suspiro a la estación abandonada. Encontró allí esa paz necesaria para reposar su cuerpo cansado y entumecido de tanto volar.

Dicen que quien vuela tiene siempre abiertas las alas de la libertad, pero algunas veces el rumbo no es el apropiado. El pájaro multicolor había errado el camino y había quedado atrapado en una ruta laberíntica de la que no podía salir. Cada vez que le parecía haber encontrado la salida se topaba con una enorme pared que frenaba su camino.

Así la historia parecía repetirse día a día en los que aumentaba la impotencia y desesperación de haber quedado atrapado en su propia trampa. Sabía que había llegado hasta allí por deseo propio, sin embargo no dejaba de reconocer que eran esas ansias por resolver todo rápidamente las que lo había obnubilado en la decisión, poco pensada y meditada. Decía su abuelo :“La prisa no es buena consejera, tiempo al tiempo, y hallarás el elixir del tiempo”

En medio de aquella desesperación las palabras de su abuelo adquirieron significado, contenido, su decisión apresurada, su impaciencia desmedida lo habían desviado para encontrarse en un terreno desconocido, al que no pertenecía, y donde sus alas habían quedado cortadas por el intrincado trayecto. Por momentos, sentía que le había vendido el alma al diablo. Se preguntaba mil y una vez cómo salir de esa pesadilla, pero no lograba hallar la respuesta.

Un día sin saber cómo alcanzó a ver un pequeño jardín perfumado y colorido por flores silvestres, el vibrar de la vida lo anunciaba el suave zumbido de las abejas que se posaban en los matorrales de lavandas. Se detuvo para poder beber de ese néctar que tanto ansiaba, luego de los primeros sorbos empezó a volar. El camino ya despejado le permitió avanzar, planeó horas, sintió el aire fresco en su pequeño rostro. Sus alas se movían libres y diáfanas, era él nuevamente aventurero, soñador. Resonaron en su cabeza las palabras de su abuelo: “La prisa no es buena consejera, tiempo al tiempo, y hallarás el elixir del tiempo”

Esa noche descansó en la copa de un árbol frondoso, entre sus ramas un pequeño nido de plumas abandonado albergó su cuerpecito extenuado. Con el primer rayó de sol retomó el viaje, voló un día entero sin parar hasta volver a encontrarse con otro paraíso de flores, allí bebió diferentes néctares que jamás había probado. Así con la energía renovada continuó su camino.

El paraíso de las flores dejó impregnado el elixir del tiempo. Su capucha colorida se deslizó, el pájaro llegó con su último suspiro a la estación abandonada. Encontró allí esa paz necesaria para reposar su cuerpo cansado y entumecido de tanto volar. Nuevamente las palabras de su abuelo lo acompañaron: “La prisa no es buena consejera, tiempo al tiempo, y hallarás el elixir del tiempo” Hoy era tiempo de espera, de mesura, de meditación, de encontrar un rumbo, de vislumbrar un destino, así cerró sus pequeños ojos negros y posó en una rama de ciruelo rosa repleta de flores.

Andrea Calvete



sábado, 6 de abril de 2019

TIBIO ABRIL

El aire de abril llega tibio, se perfuma con los ocres del otoño, y se viste discreto y elegante. Camina a buen paso, porque sabe que el invierno pronto lo alcanzará, por eso no se detiene, no quiere dejar de esparcir su seductor encanto.

Los pájaros revolotean en sus cielos diáfanos, la espuma blanca de las olas rompe en esa paz que trae por los mañanas. Dos amantes se besan apasionadamente en su orilla, se funden bajo su brisa fresca y profunda, aspiran su intensidad para vibrar hoy más que nunca.

Los vaivenes de las olas son perfectos, es que abril hace del mar una sinfonía armoniosa de azules de cobalto, entre sepias infinitos. Los aromas se entremezclan con el rocío de las hojas que comienzan a caer y poblar las veredas como alfombras suaves y amarillas.

La lluvia de abril también suele ser diferente, se llena paz y de tranquilidad, es un remanso para los recuerdos, gotas doradas bañan la quietud que se inspira mientras en un charco se espejan dos pájaros en su nido.

Con ritmos tibios y suaves llega abril, para bailar entre la magia y el encanto de sus nubes pomposas y esfumadas. Sus silvestres perfumes y sus mentolados sabores se pierden en los rosas pálidos que entrecierran sus ojos con aire somnoliento.

El brillo del sol es diferente, la alquimia de su esencia se perfila y conquista en cada rayo a quien se anima a disfrutar de sus mágicos escenarios.

El aire de abril llega tibio, se perfuma con los ocres del otoño, y se viste discreto y elegante. Deja una aire encantado que se respira cada amanecer lleno de sonidos delicados y envolventes, en el que lentamente se desojan los deseos hasta encontrarse con ese palpitar a punto de perderse.

Dos palabras se unen sin saberlo, se dejan embriagar por su misterio bajo un cielo celeste y despejado, quieren ser poema de este abril que abriga con su canto. 

Andrea Calvete

CARTA AL OLVIDO

Detrás de un jarrón antiguo decidió escurrirse hasta que se mimetizó con el colorido diseño que lo iluminaba, cansado de recordar pensó que era un lugar fresco y acogedor para poder descansar, rodeado del agradable perfume de las flores frescas. No entendía porque había llegado hasta allí, pero lo cierto era que en ese remanso poco lugar quedaba para preocuparse.

Sentía que la piel se le agrietaba, que los poros resquebrajados estaban cansados, y que la espalda la tenía encorvada, le costaba caminar lo hacía con esfuerzo. Se preguntaba: “¿Siempre he sido así, cómo es posible que ya no me pueda casi mover?” Pero, por más que las palabras resonaban en su cabeza ninguna hallaba una contestación.

Todavía no había comenzado el verano, pero los jazmines rebozaban el jarrón e inundaban de un exquisito aroma la sala. Extasiado por ese perfume dulce y embriagador, dejó que destellos de sol resplandecientes lo iluminaran y que la tersura de la mañana lo acariciara. Así se dejó llevar sensaciones placenteras,  sólo alcanzó a ver rostros poco nítidos en los que la algarabía era parte de la escena. Allí estaba rodeado de risas, correteos, y una música suave y delicada que le permitían estar como en limbo. No entendía porque había llegado hasta allí, pero lo cierto era que en ese remanso poco lugar quedaba para preocuparse.

Un día mientras limpiaban la sala el jarrón se rompió, una extraña sensación lo embargó, un frío intenso recorrió su cuerpo. En el fondo del jarrón había una carta, con mucho temor se puso los lentes y comenzó a leer, se titulaba “Carta al Olvido”

Carta al Olvido

  Quisiera no olvidar los gratos momentos de mi vida, las personas que de alguna manera me han ayudado a ser quien soy, a mis amigos y seres amados, a los que con su mano dura me han posibilitado que fuera una mejor persona, a los que de alguna manera me han ayudado a cambiar, a todos y a cada uno de ellos los quiero llevar junto a mí.

  Pero la memoria me ha comenzado a fallar, y algunas veces me encuentro recordando acontecimientos que ya no me fío si han sucedido, o son parte de esos recuerdos que he incorporado, pero dudo que sean del todo certeros.

  A ti mi querido amigo OLVIDO, tantas veces te he llamado para que me ayudaras a borrar de la memoria lo que me molestaba o me dolía, sé que me has permitido continuar dejando de lado lo que asfixiaba o me carcomía.

  Hoy te digo, has hecho tu labor, pero ahora no quisiera olvidar más nada, quiero recordar con alegría, con pasión, con las fuerzas renovadas, pero para eso preciso no olvidar, requiero de fortaleza para reconstruir cada grieta, cada pedacito roto. Me armaré de paciencia, dibujaré en mi cara una sonrisa, y dejaré lo innecesario a un lado del camino, para continuar con fe y esperanza porque lo mejor está aquí y ahora.

  Se me acorta el tiempo, y en estas escasas líneas que me quedan me despido de ti, para que te marches a donde más te plazca, te agradezco infinitamente haberme acompañado, pero ya no olvidaré nada más , porque sólo llevaré conmigo lo que me nutre y me enriquece, así que no será necesario borrar nada, por eso no entenderás porque has llegado hasta aquí, pero lo cierto es que este remanso en el que te dejo no encontrarás lugar preocuparte.

  Me despido de ti con un abrazo inmenso, sé feliz porque ya has trabajado bastante, es tiempo de que descanses y te retires.

  Gratitud


Así la Gratitud se despidió del Olvido, y se encaminó a agradecer lo que le restaba por andar. El Olvido luego de leer esta carta, ya no recordó más nada, se echó a volar porque las ventanas estaban abiertas de par en par y se acostó debajo del jazmín donde quedó profundamente dormido.

Andrea Calvete









lunes, 1 de abril de 2019

UN MINUTO

Un minuto de paz es mucho para el que no la consigue y un aliciente para quien la desea. Algunas veces luchamos contra nuestros miedos, dudas, ausencias, desencuentros, fracasos, con todo lo que cae ante nuestros hombros y de alguna manera nos mantiene inquietos, en alerta, ausentes y perdidos en una nebulosa difícil de definir.

¿Por qué será que por las noches todo se ve más oscuro, por qué los deseos se aceleran, las búsquedas se inquietan y las ideas se alocan para tocar una respuesta? Posiblemente, cuando todo se aquieta nuestras ideas se revolucionan, mientras nuestro cerebro agotado de pensar quiere descansar, nuestra mente lucha desesperadamente por lo que le preocupa.

Las horas de desvelo no suelen ser buenas consejeras, la puerta de salida parece alejarse con astucia, mientras nuestros párpados pretenden cerrarse, pero nuestro yo interior lucha por ser escuchado, o atendido.

El insomnio es uno de los problemas más frecuentes que sufren los seres humanos hoy en día, por diversas causas: angustia, exceso de trabajo, falta de actividad física, consumo de sustancias adictivas, depresión y estrés, entre un sinfín de causas.

Durante las horas que no podemos conciliar el sueño, el tiempo se hace interminable, los colores cambian las tonalidades, las sombras se hacen más grandes y los miedos se engrandecen como gigantes que quieren invadirnos.

¿Pero quién no ha sufrido noches de insomnio?... quizás haya algún afortunado que no. Sin embargo, quien las ha padecido sabe que los minutos toman otra dimensión, que las palabras suenan diferente, y que los recuerdos se vuelven confusos al igual que los pensamientos.

El insomnio se para frente a los temores, las dudas, lo que queda por hacer, lo que no se hizo, frente a los destellos de los astros que iluminan el cielo y encienden nuestras preguntas.

Así vivimos, dormimos mal, corremos de un lugar al otro, intentando resolver problemas, pero nada de esto es excusa suficiente o necesaria para no encontrar ese minuto en el que podamos bajar las revoluciones, y encontrar sosiego y armonía.

Por momentos, surgen los miedos a olvidar los rostros, los momentos vividos, las caricias, las risas de esos seres que han partido y que son parte de ese ser que somos, y la nostalgia se cuela por las rendijas. Aunque en el fondo sabemos que más allá de la distancia y el tiempo hay un cielo que nos une con esa persona que ha partido.

Un minuto de paz es mucho y a su vez tan poco, es todo y a su vez es nada. Sin embargo, es parte de esa sumatoria importante a la hora de encaminarnos hacia ese estar mejor, o al menos más tranquilos.

Sin embargo la “dimensión real” del tiempo depende de cada uno de nosotros, de esa cabida inteligible que le demos, de esa posibilidad de ser, quizás rescatando momentos vividos del pasado trayéndolos a este presente efímero y trasladándolos a ese futuro inmediato casi impalpable.

Un minuto puede ser muy largo o muy corto dependiendo de lo que se espere, de lo que se diga, pero es parte de ese tiempo al que debemos cuidar y aprovechar para que su sumatoria sea en definitiva parte de lo que deseamos y anhelamos vivir.

“El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad”.

Andrea Calvete

sábado, 30 de marzo de 2019

ETERNO ENTUSIASTA

El entusiasmo se contagia, se palpita, se desliza suavemente en la medida que lo dejamos emerger y ser, que le permitimos expresarse y brillar. Quizás su permanencia dependa en gran parte de un esfuerzo personal y constante.

No perder el entusiasmo es uno de los desafíos más importantes que se nos presenta cuando nos disponemos hacer cualquier cosa en la vida. Sin embargo, cada cual a su ritmo logra descubrir esa llama que lo hace vibrar y palpitar de modo de ser un eterno entusiasta.

Uno de los condimentos básicos para el entusiasmo es mantenernos enamorado de lo que nos proponemos, porque cuando uno hace algo con pasión, con encanto, se mantiene enfocado, enérgico, dispuesto a traspasar barreras, a resolver obstáculos y a continuar sea como sea.

De esta forma, no queda lugar para bajar los brazos, para los no puedo, para las dudas que paralizan, o para los epítetos que desaniman, por el contrario surge un dulce especial y casi afrodisíaco como es la creatividad. Cuando la creatividad se hace presente, quedan atrás las dolencias, las preocupaciones, parece detenerse el reloj en busca de esa idea, palabra, color o nota que dan ese toque mágico a lo que estamos haciendo.

Pero si bien la creatividad es un gran aliado para el entusiasmo, la paciencia es uno de los pilares más importantes a la hora de que permanezca constante y duradero. El diario vivir generalmente nos lleva a impacientarnos, a perder esa capacidad de espera, de constancia, de esfuerzo, de especial esmero, para que paso a paso, escalón por escalón, podamos avanzar en el espiral de la existencia por momentos tan intricada y laberíntica.

Dice un viejo proverbio que “la paciencia en un momento de enojo evitará cien días de dolor”, porque si callamos cuando hierve nuestra sangre, si escuchamos cuando estallan nuestros oídos, si respiramos cuando parece que el aire no llega a nuestros pulmones, entonces hemos logrado hacer pasar a la paciencia, para que tome asiento a nuestro lado y nos acompañe antes de cometer un acto que pagaremos con creces.

Asimismo, la ansiedad en la que vivimos atrapados, producto del consumismo atroz que nos acecha, conlleva a que seamos personas impacientes, insatisfechas, inseguras, y de este modo a mal puerto vamos por agua. En un ambiente hostil, donde no hay lugar para la calma, el relax, la reflexión, tampoco habrá lugar para la tolerancia, y mucho menos para iluminar los días con entusiasmo.

Pero cabe recordar que  “la paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”, y esa raíz es amarga porque hay que saber escuchar, observar, callar, comprender, hasta poder ponernos en el lugar del otro, de ese modo surgirán los frutos dulces, la recompensa, y tendrá lugar la tolerancia.

Si nos remontamos al origen de la palabra entusiasmo según los griegos es alguien que quien lleva un dios adentro. Para que el entusiasmo se mantenga resplandeciente, hay que elegir la madera adecuada que permita mantener la llama viva, de allí que todo lo que se haga con amor nos permitirá trascender cualquier límite o frontera, para así poder ser un eterno entusiasta dispuestos a sorprendernos y descubrir lo mejor de cada día.



Andrea Calvete



TRAMPA AL SOLITARIO

Con el tiempo quedan menos excusas, los impedimentos se desdibujan, los obstáculos tienen un peso verdadero, y las expectativas se acercan a lo que realmente pueden ser. De alguna manera dejamos de hacernos trampa al solitario y comenzamos a ver con mayor claridad lo que nos sucede.

Posiblemente, luego de mucho andar al mirar a ese espejo en que se refleja nuestra imagen llegamos a comprender que el peor impedimento hemos sido nosotros mismos, poniéndonos obstáculos, viviendo de acuerdo a lo que otros deseaban de nosotros, olvidando que somos los primeros protagonistas en cada instante.

La imagen que nos devuelve el espejo se vuelve lejana o confusa, pero es cuestión de sentarse con uno mismo y dejarnos fluir. Es posible fluir cuando comprendemos que el agua estancada se pudre, sólo cuando fluye se renueva. De eso se trata de renovarnos día a día, de no estancarnos, de avanzar abiertos y sin prejuicios. Según Goethe “el comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen”, aunque algunas veces ellos no condicen con lo que pensamos o sentimos, porque el ser humano no siempre obra de acuerdo a lo esperado, o establecido, en él se dan una serie de situaciones internas y externas que lo llevan a actuar de formas inusitadas, complejas de entender, pero que a la larga tienen una explicación.

Cuando empezamos a acercarnos a esa explicación, a comprender lo que nos sucede, de alguna forma tomamos las riendas de nuestro propio destino, de lo que realmente queremos, anhelamos o deseamos para nuestros días, porque vivir con plenitud no es tarea sencilla, requiere de estar dispuestos a disfrutar, a aceptar y a fluir para poder trascender y dar verdadero valor a lo que nos hace sentir dignos, auténticos, libres y verdaderos.

Si nos detenemos a mirar a nuestro alrededor, la mayoría de las personas viven desconformes, las que están solteras quieren casarse, las que están casadas quieren divorciarse, los que tienen una pareja estable ya se han aburrido, los que no la tienen están deseándola tener… el que tiene poco quisiera tener más, y el que tiene mucho se siente sobrepasado y se da cuenta que era más feliz antes cuando tenía menos, y entonces vivimos en un mundo donde la vereda del vecino para ser más fresca, confortable y segura. Ahora bien, si lo de lo demás parece ser mejor, es un mal punto de partida. Lo que los demás tengan no me quita ni me agrega nada a mi vida, es importante saber ¿qué es lo que yo quiero, anhelo o ansío? Si tengo claro estos parámetros más sencillo será a la hora de mirarnos al espejo, porque no sólo voy a ver la imagen que desearía ver con claridad, sino la que se refleja y dista de ella.

Tantas veces nos hacemos trampa al solitario, nos creemos nuestras propias respuestas ideadas o sugeridas por nuestra mente, lo que ella quiere ver o sentir, dejando de lado lo que nos dice el corazón, nuestra intuición o ese sexto sentido al que tantas veces no escuchamos o accedemos.

En esta búsqueda personal, no debemos olvidar que somos seres que nos encontramos permanentemente condicionados a juzgar. Y nuestro juez interior es el causante de que aceptemos o rechacemos quienes somos. En tal sentido, es preciso adoptar un diálogo crítico, que nos permita confrontar lo que somos con lo que queremos o anhelamos ser. Quizás alcancemos a ver el reflejo de varios espejos y entonces nos estremezcamos al comprender que ya hemos roto varios espejos porque como dice Borges “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Y aunque la autenticidad suele ser una virtud que escasea no está perdida, sólo es apelar a nuestros sentidos más íntegros, e intentar rescatarla de alguna parte con valentía, porque todos somos seres únicos y diferentes.

El dejar de hacer trampa al solitario tiene que ver con mirarnos sin contemplaciones, sin miedos, de alguna manera permitiendo que todo salga a luz, para disfrutar de este aquí y ahora, de este momento presente que tiene tanto para deleitarse y contemplar, más allá de todo lo que podamos hacer para mejorar y cambiar.

Andrea Calvete

domingo, 24 de marzo de 2019

EGOS OBESOS MENTES ANORÉXICAS

En un mundo dominado por la imagen perdemos el rumbo, nos desviamos del camino con el afán de competir, de arribar a la meta, o simplemente de sobrevivir en la selva de cemento. En la medida que nuestro ego se infla nuestra mente pierde fuerza y se empequeñece, y en lugar de sumar restamos y lejos nos quedamos de superarnos.

Una autoestima adecuada nos permitirá enfrentar la vida con optimismo, en sano equilibrio emocional, de modo que será posible utilizar todas las herramientas que disponemos para abrirnos paso en la vida. En sí, lo primero que implica es respeto por nosotros mismos, por lo que somos. Si partimos de esta base ya tenemos gran parte del camino allanado.

Asimismo, deberemos tener confianza en lo que somos, aunque muchas personas suelen decir “la tengo, pero en la vida las cosas no me salen como pretendo” y viceversa. Lo que ocurre, es que son cosas distintas, los logros obtenidos y la confianza, no precisamente van de la mano, pues por momentos aspiramos metas inalcanzables, o tomamos caminos inadecuados, o por el contrario llegamos a esos destinos pero no confiamos en nuestra persona o no estamos satisfechos en cómo somos.

Generalmente, la autoestima se conforma en los primeros años de la niñez, entonces en ella influirán el hogar, la escuela y la familia. Mas cuando ella ha sido perjudicada por situaciones tales como la violencia de algún tipo, la misma puede aparecer muy por debajo del nivel normal.

En casos en los que no nos es posible enfrentar lo que nos toca porque no contamos con las herramientas suficientes, es importante consultar un especialista, que nos permitirá superar esas inseguridades o al menos nos presentará opciones para encontrar una salida.

La vida en sí, diariamente agrede este rico patrimonio, y con el transcurso de los años no sólo se debilita el físico sino también la mente, que son asaltados por el cansancio, el estrés, los problemas del diario vivir, y la gran agresividad vigente en este siglo XXI que facilidad hace aflorar nuestro enojo en un abrir y cerrar de ojos.

Asimismo, cabe señalar que la autoestima puede verse saboteada por nuestro inconsciente, que nos permite aflorar el miedo emocional, y nos lleva a disminuir los niveles de autoestima.

Mas en el camino de la vida, la sociedad nos enseña a “etiquetar” lo que está bien y lo que no, algunas veces prescindiendo de los verdaderos valores humanos, simplemente movidos por la necesidad de alcanzar metas que van en contra del propio individuo, de su autoestima, pues se persiguen metas inalcanzables, que están más allá de nuestras posibilidades. Se nos vende un mundo perfecto, donde no hay lugar para los defectos ni las equivocaciones, donde las situaciones nos cierran en forma automática. Y es así que los medios de comunicación nos inculcan familias ideales, personas perfectas, donde no hay lugar para todos, sino para aquellos que tienen una imagen “ideal”, también establecida por patrones que no tienen ni pie ni cabeza.

Y es así que nos enfrentamos a una sociedad, que muchas veces contribuye a bajar nuestra autoestima sin que nos demos cuenta, sin que seamos capaces de comprender que el hecho de no poseer esa imagen que marcan a fuego en nuestro inconsciente no es relevante, pero a la larga influirá para que cuando nos miremos al espejo o analicemos cómo somos, estemos desconformes, pues no nos ajustamos al prototipo que venden los medios.

Por estos motivos, es necesario hacer una pausa y cuestionarnos ¿dónde se encuentra nuestra autoestima? Pues de ella dependerá el equilibrio físico y mental necesario en nuestro organismo para vivir en paz con nosotros mismos. La autoconfianza y la valía posibilitan a los individuos sentirnos útiles con nosotros mismos y con los demás.

Y la confianza en uno mismo, también se proyecta a través de la autorrealización. Las personas con autoestima positiva ven su sistema inmunológico fuerte, pues esta confianza en sí mismo genera resistencia en su organismo. Sin embargo, cuando la autoestima es baja, nuestra capacidad de enfrentar las adversidades de la vida disminuyen, y nuestras defensas también.

Es importante tener en cuenta que no se trata de ir mirando por encima a los demás sino a nuestra misma altura, sino ya no hablamos de una correcta autoestima.

Como arquitectos de nuestra propia vida, somos lo que pensamos. De este modo, si estamos convencidos que no somos capaces de realizar determinadas tareas, posiblemente nunca lo seamos. Debe existir una relación armónica entre lo que pensamos y deseamos. Quizás esta sea la clave para que una persona se encuentre satisfecha consigo misma.

Evidentemente, todos tenemos problemas, por lo tanto la felicidad son pequeños momentos que se dan día a día, y no metas utópicas, pues sino más allá de una correcta autoestima viviremos contrariados defraudados esperando más y más sin disfrutar, de lo que somos y tenemos que es mucho.

Cuando el ego se nos infle por la razón que a él se lo ocurra pinchémoslo delicadamente para que nuestra mente no sufra sus consecuencias, porque la fortaleza de nuestras mentes nos permitirá ser personas creativas, trabajadoras, empoderadas en lo que amamos y queremos realizar sin necesidad de compararnos con los demás, porque somos seres únicos e irrepetibles, aceptando así cómo somos y lo que deseamos realizar en nuestra vida. 

Andrea Calvete

sábado, 23 de marzo de 2019

NO SE BRILLA SIN OSCURIDAD

Brillar día a día, ser luz del propio camino es un desafío permanente, en el que nos deslizamos y transcurrimos más allá de concretarlo. A través de reiterados intentos pretendemos flotar dentro de una mar lleno de olas, en la que se hace difícil mantenernos sin ahogarnos. Y aunque parezca una gran paradoja no se brilla sin oscuridad.

Esos grandes contrastes que se producen en nuestro diario vivir son los que nos permiten aprender, sorprendernos, enriquecernos a través de esas situaciones que nos ponen a prueba, que hacen sacer nuestras luces y sombras,  en donde en los momentos más oscuros surge esa luz que es capaz de brillar aún en nuestra más profunda oscuridad. Es que somos esa dualidad misma en la que el brillo contrasta con la oscuridad, en la que lo peor de nosotros se enfrenta a lo mejor, y de ese enfrentamiento dual surge nuestra verdadera esencia.

Habitualmente, solemos negar nuestros defectos nuestras partes oscuras. La sombra es un lugar donde no llega la luz y cada cuerpo proyecta la suya. Lo malo es cuando decidimos transitar por ella en forma indefinida, impidiendo que la luz toque nuestros poros, reticentes a cualquier rayo de energía.

Luces y sombras todos tenemos, es parte de nuestra esencia, sin embargo parecería que lo oscuro, lo poco iluminado tuviera un poder de existencia mayor, y nos dejara allí con una mano invisible atrapados en ese sitio que deseamos trascender, pero que no logramos despegar.

No todo tiene una resolución inmediata o precisa, la mayoría de las veces elegimos la mejor alternativa, la que nos parece más conveniente. En estos casos es necesario comprender y tomar consciencia que esta es la realidad que debemos asumir, quizás ella depare un gran aprendizaje de fondo que logramos percibir a primera instancia.

Generalmente cuando algo nos duele mucho, o lastima, lo primero que nos preguntamos ¿por qué a mí?, sin embargo no logramos ver que es a mí, a ti y a tantos otros que nos sucede algo similar.
Y en este proceso avanzamos en la medida que comprendemos que las emociones juegan un rol trascendental. Dice Jung que “la emoción es la principal fuente de los procesos conscientes. No puede haber transformación de la oscuridad en luz, ni de la apatía en movimiento sin emoción”.Las emociones son estados afectivos que permiten aflorar motivaciones deseos y necesidades. Cada cual dada su forma de ser, el momento de la vida que esté viviendo, dará vida a diferentes emociones, lo peor que podemos hacer es reprimirlas. Quizás lo más sensato sea dejarlas fluir y trabajar en aquellas que transmiten o reflejan una energía negativa o destructiva en nuestra vida o en la de los demás.
Algunas veces nos vemos sumergidos en el aire viciado, asfixiados por nuestras preocupaciones, por nuestra negatividad, y entonces el ambiente se vuelve insoportable, se respira una mala energía que pronto se traslada a todo lo que hacemos, y desgraciadamente también es muy contagiosa para quienes nos rodean.

Del mismo modo, no sólo se contagia la mala energía, también se propaga y esparce la energía positiva, que ilumina nuestro rostro, nos dibuja una sonrisa, nos carga de dinamismo, de alegría para convertirnos en motores vigorosos, capaces de enfrentar los días con todo nuestro potencial humano.
En este trayecto, solemos perder, ganar, sufrir, reír, llorar… y así enfrentamos momentos diferentes en los que se disparan todas las emociones, sin embargo cuando se disparan la de la tristeza, la desazón, la pérdida, surge el duelo, que si bien es un proceso necesario debemos poder trascenderlo, no podemos quedar inmersos una vida en él.

Podemos ser luz, pero también sombra, podemos ser amor y alegría, pero también podemos ser parte de los sentimientos más crueles y destructivos, está en cada uno ver lo que quiere que surja de sí mismo.

Y en este proceso de dejar surgir y ser, es importante entender que desde la oscuridad, desde lo que nos molesta lastima, es posible brillar, porque en la medida que aceptamos nuestros errores, defectos, nuestras partes oscuras, es posible aproximarnos a esa luz, a ese brillo que nos permita encaminarnos en nuestros días con lo mejor de nosotros mismos, pero lo importante es no perder de vista es que no se brilla sin oscuridad, quizás este sea el punto trascendental para seguir adelante.

Brillar es permitir que fluya lo que somos, dejar ser lo genuino, lo auténtico, lo sincero, y para eso debemos admitir nuestras luces, nuestras sombras, para poder ser sin preconceptos, sin peso innecesario, para encontrarnos con el verdadero ser que nos habita.

Andrea Calvete


BESOS

Los besos se pronuncian por sí solos, se expresan libres sin más antesala que su concreción, real o soñada, anhelada u olvidada, allí están en permanente confluencia perfumando las palabras y revistiendo nuestra esencia.

Hay besos que se dan con la memoria, y quedan plasmados con cada recuerdo que habita en esa estantería prodigiosa en la que vagamente se recuerdan aderezados por los condimentos que solemos agregar cada vez que los revivimos.

Hay besos dan con la mirada, quizás estos sean uno de los más difíciles de manejar ya que la mirada nos desafía permanentemente y no nos obedece, por lo tanto este tipo de besos son revolucionarios llevan la bandera de la libertad sobre sus labios.

Hay besos eternos y sinceros, que se guardan en al resguardo porque nos acompañan siempre que necesitamos ese aliento imprescindible cuando las puertas se nos cierran y las lágrimas corren en silencio.

Hay besos enigmáticos cargados de aire misterioso que dejan un sabor que es casi imposible de descifrar, porque esconden ese aire cargado de preguntas que no son posible de contestar.

Hay besos que marcan un adiós, donde una despedida se clave dolorosa, donde la distancia es un enorme muro que separa y asfixia. Un fin, un desencuentro o quizás un comienzo nuevo.

Hay besos que se llevan en el alma, que se clavan con delicado esmero y nos acompañan en largos recorridos y perfuman nuestros días aún cuando los nubarrones negros se aproximan.

Hay besos prohibidos, que saben a tentación, a ese paraíso inalcanzable en el que quedan abiertas las puertas para dar rienda suelta a todos los sentidos, sin cuestionamientos ni explicaciones porque aquí no tienen cabida. Con aire verdadero se pasean por los jardines.

Hay besos silenciosos, a la espera de ser dados sin más pretensión que ser perpetrados con la más absoluta sinceridad, en donde las palabras son carentes de contenido, y los movimientos quedan a merced de ese espacio en el que solo el magnetismo y encanto tienen cabida.

Hay besos que queman y que hieren, que hechizan con su encanto inexplicable y con sabor dulce y amargo ambivalente, vierten su embrujo lento.

Hay besos que se dan con la memoria, que surgen en el alba de los sueños, y nos besan en la frente en las noches largas de desvelo.

Hay besos problemáticos y ausentes, que deslizan en un mundo paralelo, no les importa comprometerse con problemas y no saben de causas o sentidos, existen a pesar de los pesares, y no te dejan satisfecho.

Hay besos osados,  tiernos, desenfadados,  lentos,  cobardes,  expertos,  inventados o ingenuos. Besos que no saben de prejuicios, y besos que se escapan como niños. Besos al fin, en los que se pronuncian sentimientos, en los que palpitan traiciones y deseos, en los que se esconde un universo de palabras no dichas, de sentimientos indescriptibles, de sueños, de mareas a la luz de la luna, de playas extensas, y de infinitos universos.

Los besos que se han dado, esos que fueron y que aún habitan en nuestro yo más interno, los que no se han dado y están latentes a la espera de ser en ese instante en el que parece detenerse el tiempo y el espacio, en el que la gravedad no tiene peso.

Los besos son parte de nuestros días, de nuestra historia, de nuestros años recorridos, y todos de alguna manera han marcado lo que somos y fuimos, y serán parte de lo que seremos, en ellos habitan nuestros sentimientos, nuestros deseos y anhelos, nuestros misterios más hondos, así los besos saben de nosotros y nos conocen mejor que nadie.

Andrea Calvete

sábado, 9 de marzo de 2019

EL MAGNETISMO DE LA CAUSALIDAD II

El mundo de las causas obedece a las razones, mientras que la energía despliega su vigor y magnetiza sin explicar, ni pedir permiso. Quedan perdidas las pupilas, pero se encuentran en un punto en el que ya no es posible retroceder, en el que sobran las palabras y se posan los sentimientos. Renacen con ellas los días, a pesar de la grisácea mirada de la cotidianidad que abruma las horas.

Atrapados por su magnetismo y encanto se tropiezan los seres, de allí en más un torrente de emociones se desata dispuesto a existir aunque no haya motivos o causas, aunque sí las hay, sólo es cuestión de descubrirlas.

No han llegado allí por mera casualidad, les ha introducido con astucia y desenfado la causalidad, con elegancia y delicada magia, con la sutileza que sólo ella desprende para conquistar con desenfado y simpatía. Como manantial inagotable seguirá causando mil y una razón por la cual una persona se encontrará con otra, en una suerte de efecto dominó.

Sin embargo, la causalidad fingirá no haber estado involucrada en el hecho, para que finalmente cada uno descubra el porqué de su aparición repentina. Como al pasar, dará cabida a la casualidad para quien no confíe del todo en ella logre en lo fortuito un sustento verdadero.

Las causas tras la que corremos a diario y no logramos identificar totalmente, está secuencialmente diagramado, a la espera que una pieza de dominó caiga para producirse ese efecto en el que una pieza va cayendo mientras produce la caída de otra y así hasta llegar hasta la última pieza y lograr su cometido, esa causa que si bien parece desconocida tiene una razón, un propósito. Aunque nos cueste admitir la mayoría de lo que nos ocurre tiene en sí una causa. Evidentemente, lo fortuito, “lo caído del cielo”, tiene ese sabor que nos impregna de magia de encanto, pero que la gran mayoría de las veces está concatenado con lo causal.

Quién no se ha encontrado con alguien que no esperaba que llegara a su vida ni por sueños, una persona a la que jamás había visto y con la que tendría escasísimas posibilidades de cruzarse. ¿Casualidad o causalidad? En principio, difícilmente aparezca una respuesta, más pasado el tiempo el rompecabezas comienza a encajar para develar las causas por las que esta persona ha llegado a esa puerta. Es así que nos vemos ante una vieja leyenda japonesa que cuenta que un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo rojo se puede estirar, contraer o enredar, pero nunca romper, de allí la importancia de conocerla y poder descubrir quien se ha unido a través de este hilo invisible que nos une más allá de cualquier tipo de explicación racional y posible.

El mundo de las causas obedece a las razones, mientras que la energía despliega su vigor y magnetiza sin explicar, ni pedir permiso. Quedan perdidas las pupilas, pero se encuentran en un punto en el que ya no es posible retroceder, en el que sobran las palabras y se posan los sentimientos. Renacen con ellas los días, a pesar de la grisácea mirada de la cotidianidad que abruma las horas.

La causalidad logra ese efecto domino, coloca sus fichas en línea, una detrás de la otra, tan sólo con un pequeño empujón sobre la primer ficha logra ese efecto en cadena. Por lo tanto, al buscar las causas sería un buen ejercicio sumergirnos por las que nos estabilizan y llenan de energía vital, para poder así establecer una sintonía armoniosa con lo que se irá desencadenando y sobre lo que aún no tenemos demasiada consciencia.

Andrea Calvete