domingo, 29 de diciembre de 2019

NUEVA DÉCADA 2020

Se despide y se va un año y con él una década para dar comienzo a los años 20, y así nos zambullimos en el 2020. Según los pronósticos del tiempo despediremos el año con lluvia y lo recibiéremos también bendecidos por el agua. En este nuevo período  se avizoran grandes cambios, por eso es importante estar dispuestos a enfrentarlos y desafiarlos de la mejor manera.

Aunque para muchos no es buen augurio el tema de la lluvia ya que verán modificado el festejo de fin de año o de comienzo de año, ya que esperaban pasar al aire libre y gozar del buen clima. Sin embargo, dice un viejo dicho “que al mal tiempo buena cara”, y no hay muchas opciones más que de poner lo mejor de nosotros para poner fin a este año y dar comienzo al próximo. Y no faltaran los cabalistas que para cada acontecimiento tengan una cábala o ritual, y de esta forma darán fin a un ciclo y comienzo de otro a través de esos acontecimientos que llegan para poner fin a este 2019 que se va y dar comienzo al 2020, un año capicúa y bisiesto.

Según el horóscopo chino, 2020 es el año de la rata de metal, en el que se avecinan profundos cambios, una nueva oportunidad también de activar de la mejor manera nuestras energías. Pero antes de analizar en lo que vendrá para el 2020 los invito a recordar los años 1920, cien años atrás, donde hubo también muchísimos cambios a nivel cultural, económico, artístico y social.

En los años 20 del siglo XX

Si nos remontamos cien años atrás finalizaba la primera Guerra Mundial, y se aproximaban grandes cambios así como una gran depresión económica en 1929.Durante estos años las dictaduras se expandían en Europa: Mussolini en Italia, Salazar en Portugal, Primo de Rivera en España o Alejandro I en Yugoslavia. Asimismo, comenzaba un período de rupturismo con lo convencional, tanto en la música, en arte, literatura, arquitectura, a nivel cultural y artístico.

A nivel musical el influjo del jazz, tango, charlestón tuvo cabida. Respecto a la moda se producen también grandes cambios se acortan los vestidos, los cabellos, los escotes, y comienza una época de liberalismo sexual promovidos por mujeres como Coco Chanel o Margaret Mead. Y los cambios se dan a nivel arquitectónico, donde la relevancia decorativa tiene gran importancia y surge el Art Decó, sobresalen Oud, Le Corbusier y de los principales maestros del grupo De Stijl.

En pintura y escultura el vanguardismo, el rayonismo, el orfismo, el constructivismo, el cubismo, el suprematismo, el surrealismo, el neoplasticismo son parte de esta época. A nivel de la poesía y la cinematografía el surrealismo juega un gran papel, como «Amor libre» de André Bretón o filmes de gran innovación como Un perro andaluz del español Luis Buñuel. La estética visual de los años 1920 influyó en todo el siglo XX y su influjo persiste en el siglo XXI.

Podríamos continuar analizando los grandes acontecimientos de 1920… Ahora cien años después grandes cambios se han producido, pero se aproximan muchísimos más. A nivel tecnológico se ha avanzado tanto, que ya no es posible adelantarnos dos o tres años respecto de lo que vendrá porque ya no es posible avizorar hasta dónde llegaremos. De la misma forma también es comprensible que todos estos cambios influencien en nuestra forma de actuar, pensar y sentir, y tantas veces nos sintamos que no sabemos bien dónde estamos parados, hacia dónde nos dirigimos, con qué fin, qué buscamos, qué perseguimos… preguntas fáciles de contestar pero por momentos grandes paradigmas frente a los que nos enfrentamos.

Y a lo largo de estos últimos años no podemos olvidar al sentarnos a la mesa de esos seres queridos que han partido, en estas fechas se siente aún más su ausencia, quizás porque estamos más sensibles, porque ha llegado el fin del año de un ciclo y estamos algo cansados, o simplemente porque nos gustaría que estuvieran a nuestro lado. Pero, lo están porque permanecen en nuestros recuerdos, en ese lugar profundo de nuestro corazón.

En esta nueva década quizás ocurran cambios que no tengamos previstos o los que no estamos ni siquiera preparados para afrontar. Por eso, es un buen momento para pararnos de cara esta nueva década para enfrentarla con dinamismo, pienso, espíritu crítico y una visión con perspectiva futura pensando en lo que le dejaremos como legado a las generaciones más pequeñas. Es ahora el momento de pensar en los que están y en los que vendrán, con la mirada puesta aquí en este presente, mirando hacia lo que ocurrió en un pasado pero con la vista puesta en ese horizonte en el que el futuro se desdibuja con este presente efímero y por momentos inquietante.

Salud y felicidades en esta nueva década, en este nuevo año, que sea lleno de salud, plenitud y esperanza para todos, abiertos a las posibilidades y a vivir de la mejor manera todo lo que nos espera y que seguramente nos sorprenderá en este devenir en el que todo es cambio y posibilidades.

Andrea Calvete

domingo, 22 de diciembre de 2019

RECUERDOS PERLADOS

Hoy traigo a la memoria recuerdos perlados por el transcurso del tiempo, por la magia de cada acontecimiento, se cuelan lentamente en mis pensamientos, siento su perfume veraniego, me traslado a mi infancia, a mi adolescencia, a la frescura de aquellas mañanas en las que al igual que hoy la vida sonríe cada día.

Algunas veces me pongo a pensar si la que sonríe menos es la vida o soy yo, luego de un rato de elucubrar por la mente no me queda muy claro, pero lo cierto es que ambas con el correr de los años llevamos el peso de todo lo que de alguna manera va quitando el sueño, la motivación o la esperanza. Por eso es maravilloso, cuando en una persona de unos cuantos años aún podemos percibir una risa sincera, una mirada llena de amor o la simple chispa de la ilusión, porque de alguna manera esa persona aún no ha dejado de palpitar al ritmo de sus deseos, de sus sueños, de sus búsquedas, porque no se ha dado por vencida y porque queda en ella viva un destello de esperanza, y ante todo un gran poder de conmoción.

Hoy por hoy es frecuente dado la cantidad de estímulos a las que estamos expuestos que cada vez nos sorprendamos menos, y así sin darnos cuenta nos vamos anestesiando a sentir, cada vez nos conmovemos menos, y muchas veces no disfrutamos de un simple amanecer o de una noche de luna llena, simplemente porque nos cerramos a sentir. Las causas por las que decimos no a vibrar a sintonizar con nuestro alrededor pueden ser múltiples, cansancio, apatía, desencanto, desesperanza, pero evidentemente todos sentimientos negativos a los que le vamos dando cabida, y una vez que se instalan son muy malos compañeros de ruta.

Quizás hoy sea un buen momento para rescatar como les decía esos recuerdos perlados por el transcurso del tiempo, por la magia de cada acontecimiento, por el perfume de un verano que llega para alojar su encanto estival, con la tibieza del aire, por los colores llenos de vida, y por una estación que invita a vivir y a gozar de nuestros sentidos en toda nuestra plenitud.

Comienza la danza de los primeros calores nutridos de aromas, de sonidos llenos de vida y encanto. Con cierta magia se aproxima el verano, con una mirada tibia y con la calma de las mañanas perfumadas por esperanza y vitalidad. Un cielo celeste brilla diáfano mientras las notas veraniegas se esparcen por entre los árboles, los pájaros no paran de trinar, con profunda emoción cantan desde alba hasta que anochece. Los escucho atenta y me pregunto: ¿Qué dirán, qué querrán expresar? Lo cierto es que están desbordantes de energía, me dejo contagiar por su algarabía.

Cómo no recordar la sombra fresca de la parra que comenzaba a llenarse de uvas, o del sauce llorón meciendo sus ramas al viento!  Las Santa Ritas de cara al sol desbordadas de colores. Las mariposas revolotean efímeras en esa plenitud de aromas y sensaciones que daban paso al verano. Las ventanas abiertas, y la brisa perfumada de jazmines y lavandas, los espacios al aire libre desbordados de personas que desean aprovechar de un hermoso día al aire libre.

Por eso hoy traigo a la memoria recuerdos perlados por el transcurso del tiempo, por la magia de cada acontecimiento, se cuelan lentamente en mis pensamientos, siento su perfume veraniego lo disfruto y me dispongo a dejarme sorprender por esta estación en la que la vida sonríe con plenitud.

Andrea Calvete

sábado, 21 de diciembre de 2019

21 DE DICIEMBRE: SOLSTICIO DE VERANO

La noche más corta se aproxima, el sol llega a su máximo apogeo. Es tiempo de renacimiento, de fulgor y alegría, de cosecha, todo reverdece y crece, del mismo modo la esperanza se asoma con cada rayo que llega a nosotros.

Stonehenge, es la construcción megalítica más fascinante de la historia, ubicada a cien kilómetros al oeste de Londres, en la llanura de Salisbury, orientada de forma que en el solsticio un rayo de luz logra colarse entre dos monolitos e ilumina con una "espiga de luz" una piedra ubicada a 15 metros de distancia. Con sus colosales rocas, cuyos pesos varían de dos a más de cuarenta toneladas, su construcción se remonta a la noche de los tiempos, a civilizaciones que no dejaron a su paso escritos que nos permitieran conocer con seguridad su origen. Hoy se reúnen aquí miles de personas a observar ese momento mágico, que también se vive en todo el Planeta, dependiendo el hemisferio viviremos el solsticio de verano o invierno.

Con su energía y luz el sol nos alumbra e ilumina, aquí en la latitud sur, donde el verano llega y se aproximan tiempos de cambios, de renovar los ánimos y las energías, de abrir las ventanas, perdonar, olvidar, para poder avanzar y crecer.

El aire lleva colgado jazmines y damas de la noche, una tibia humedad tiende de sus cabellos mientras los aromas se enciendan a la luz de las velas. La brisa con olor a mar todo lo inunda, sin embargo algunas decepciones se asoman a la ventana, algunos miedos miran de reojo, mientras los obstáculos se paran para hacernos frente, y con ellos el más grande e imponente que podemos encontrar de vez en cuando, nosotros mismos.

Las luces y las sombras son parte de nuestra existencia, pero hoy el sol llega para iluminar más que nunca, para que cuando miremos al cielo nuestros deseos más profundos lleguen a su destino, y nuestro camino se ilumine cargado de fe y esperanza.

Brillemos a través de la sonrisa, del abrazo, del cariño sincero y de la mano que se ofrece fraterna para solidarizarse y acompañarnos en el camino. El sol está en su esplendor, aprovechemos entonces de su cercanía para inundarnos de lo mejor que hay en nosotros.


Andrea Calvete

sábado, 14 de diciembre de 2019

EL GRUPO DE LAS NUEVE

Con el aire entrecortado llegan a la consulta, con ropa cómoda y todos los papeles en mano se van reuniendo el grupo de las 9. Con el correr del tiempo las caras se hacen familiares, los más extrovertidos ya han contado gran parte de su peripecia vital, y día a día continúan ese cuento en el que se van hilando diferentes acontecimientos. Los une la terapia del dolor y la esperanza de saber que van a aliviarse.

El aire acondicionado es muy potente, la espera se hace muy fría es como si lentamente se fueran congelando los minutos que servirán de relax y confort. Paulatinamente se van poblando los diferentes boxes, cada paciente es conectado al aparato correspondiente para recibir el tratamiento para aliviar su dolencia. Un silencio agradable invade la sale, sólo se escucha la conversación entre los pacientes y los especialistas que reciben con una energía muy especial a todo el que llega al lugar. No parece ser la sociedad médica de siempre en la que todo es no, en la que todo hay que autorizar o esperar una vida para conseguir que te tengan en cuenta, parece otro lugar, los funcionarios que trabajan aquí son personas sensibles, empáticas y muy amables, no lo puedo creer como tampoco las personas que me rodean, comentan lo mismo este lugar es una maravilla.

Son fechas en las que todos queremos estar bien, porque se acaba el año, la familia y amigos se reúnen y aún nos quedan un sinfín de cosas por hacer, pero cuando la salud nos juega una pasada todo parece cambiar la perspectiva, y ya lo que veíamos de determinada manera lo logramos ver de otra muy diferente. Entonces atemperamos las ideas, calmamos los ánimos y nos disponemos a hacer lo que podamos sin resistencias admitiendo en dónde estamos parados. Creo que esta es la parte más difícil admitir en  una dolencia, o un impedimento, para luego seguir con las limitaciones del caso.

A este grupo de las 9 nos une la ilusión de salir adelante, de sentir que es posible un cambio o una mejoría. Con la paciencia sentada a nuestro lado nos reunimos día a día, venimos de diferentes lugares con esfuerzo y sacrificio, pero con el anhelo intacto de mejorar. No es en vano la buena energía y disposición de los especialistas en terapia del dolor son gente que se abre a vibrar en una sintonía muy diferente.

Un grupo heterogéneo con gente más joven y gente mayor, porque el dolor no sabe de edades u etapas y los problemas de columna aquejan a un gran porcentaje de nuestra población, aquí y a nivel mundial. Destellos de sufrimiento marcan los semblantes que luego del encuentro se ven más distendidos. Algunos rostros denotan no haber tenido una buena noche, pero aquí están a la espera de continuar el tratamiento para que el dolor desaparezca.

Es como para escribir un libro, enterarse día a día de los integrantes de este grupo que día a día se abren a contar pequeños episodios de sus días. Una señora muy conversadora vive en la Fortaleza del Cerro de Montevideo en una casa muy pintoresca según ella describe, con una vista privilegiada, se levanta muy temprano y comienza horneando panes caseros para después despertar a su marido con el desayuno servido. Con su relato nos ha llevado por diferentes puntos del país, por su vida y por sus ancestros, a través de sus palabras contagia energía y buen ánimo al resto del grupo. Pero no todos son tan extrovertidos, algunos escuchan atentos y asienten a su relato mientras disfrutan de los cuentos que hacen más llevadera la espera.

El grupo de las 9 seguirá congregándose en la sala de espera, irá tejiendo nexos, descubriendo historias, y sorprendiéndose en un recinto en el que jamás pensó encontrarse y a través de un tratamiento lo han hecho. Se continuarán encontrando mientras dure el tratamiento y se llevarán día a día lo mejor del grupo y una excelente energía en pro de mejorar. Evidentemente, el grupo se irá renovando, y quien en un desatino llega con la energía descontrolada logrará luego de unos minutos sintonizar con la armonía vibrante para así encaminarse en la mejor terapia.

Andrea Calvete

EL DOLOR Y SUS ADAYACENCIAS

Guernica- Piccaso
Bicho caprichoso con ojos dorados, se desliza artero, repta entre los umbrales de las sensaciones, jadea a su rimo, desafía a todos los estados anímicos. Pulsea el humor de las personas a la que enfrenta. Hábil contrincante amanece entre las grietas los pensamientos, las articulaciones y los huesos.

Así se instala lentamente hasta que se hace compañero de ruta. Dicen que más vale estar solo que mal acompañado, pero es un personaje detestable al que nadie llama o busca, y si lo hace fue por mera fatalidad. Como todo en la vida uno se va acostumbrando a convivir con él, lo mira de reojo y ya sabe sus maléficas intenciones. Tiene la habilidad de cambiar el semblante de las personas, de transformar esa aureola de armonía en una suerte de inquietud molesta hasta que finalmente es posible continuar a pesar de su indeseable presencia.

Existen infinidad y variedad de dolores, físicos, emocionales, sentimentales, mentales, pero más allá de su manera de hacerse presente, tienen la particularidad de convertirse en una verdadera molestia, por momentos invalidantes y por otro deselantadores. Analgesiar el dolor es parte de poder proseguir el rumbo o al menos buscarle la vuelta para convivir con él. Evidentemente, lo mejor es lograr que el dolor desaparezca, pero embarcarse en esta ardua tarea requerirá de estar dispuestos a enfrentarlo, a asumirlo y sobretodo a no resignarnos ante él, a darle batalla para poder salir adelante.

Las adayacencias de dolor se vinculan con todos esos espacios en los que una impronta dolorosa se apodera e imprime vetas de incertidumbre, de agonía y de sufrimiento, en donde es difícil avizorar salidas. Sin lugar a duda son adyacencias oscuras poco agradables, por momentos tenebrosas, sin embargo cuando un rayo de luz o esperanza se cuela por entre estos barrotes asfixiantes entonces el sufrimiento comienza a evanecerse y la recuperación sobrevuela con ánimos renovadores.

A lo largo de la historia obras maestras han surgido motivadas por el dolor en todas las artes, conmoviendo a quienes las admiran o disfrutan a través de los siglos. El sufrimiento, el desencanto, el desamor, han calado en los corazones de los artistas inspirando fabulosas creaciones, perpetuadas en distintas obras: literarias, teatrales, cinematográficas, musicales, pictóricas y plásticas.

Ese proverbio que dice que “de cuerdos y locos todos tenemos un poco” no ha sido excepción en todos estos maestros que nos han deleitado con su trabajo. Esa mixtura de sentimientos apasionados, desencontrados y desenfrenados han surgido luego de dolorosos acontecimientos en sus vidas o las de quienes les rodean.

Es paradójico que el sufrimiento y el dolor generen algo hermoso. Pero algunas personas a través de su talento y altísima sensibilidad, logran ese efecto placebo a través de la realización de su obra, en la que muchas veces consiguen rescatar lo más bello de la vida, aún en las situaciones más difíciles, porque en el fondo son personas que aman y honran la vida.

El artista con su mirada sutil y perspicaz es capaz de apreciar la realidad que le rodea con una exquisita agudeza. Es así, que ante unos ojos que piden clemencia, piedad, justicia, o equidad, o ante una sociedad sumergida en el horror consiguen a través de su creatividad mitigar ese dolor mediante de la ejecución de su obra.

Por tal motivo, el apoyo al acervo cultural de una nación es tan importante, porque el arte en todas sus manifestaciones es un legado histórico en el que numerosos hombres y mujeres han dejado plasmada su obra como forma de ayudar a interpretar y superar el mundo en el que vivimos. Es así que sus obras forman parte de la existencia e identidad de la humanidad.

Quizás todos los seres humanos tengamos ese don incorporado, y podamos del dolor sacar algo positivo, o algún tipo de aprendizaje que nos permita crecer y no hundirnos todavía más, porque aún en los momentos duros, la vida nos puede dar una segunda oportunidad. Por eso, ilusión y esperanza son dos ingredientes fundamentales para que los acontecimientos grises y oscuros se transformen en coloridos y brillantes.

De este modo, la mayoría de los artistas manifiestan el dolor persistente en ellos a través de símbolos, expresiones, colores, notas musicales, todos los cuales poseen su propia connotación psicológica, haciendo así catarsis y dando a conocer su mirada aguda, profunda y perspicaz.

Guernica, el famoso cuadro de Pablo Picasso, pintado en 1937, cuyo título alude al bombardeo de la población vasca de Guernica, durante la Guerra Civil Española, es una de las obras más importantes del siglo XX, es un símbolo de los terribles sufrimientos que la guerra inflige a los seres humanos, y he aquí un ejemplo muy claro de cómo el dolor y el arte pueden caminar de la mano.

Y como esta obra de Picasso podríamos enumerar infinidad que siguen el mismo patrón de conducta y reflejan momentos muy duros pero vistos a través de la vista exquisita del artista que logra captar lo sustancial de cada momento hilando muy fino, por eso el poder de percepción en estos casos es muy agudo.

El arte es un instrumento muy poderoso para canalizar una experiencia de dolor, muchas veces más efectivo que las palabras mismas o las imágenes. Detrás del dolor se enmascaran experiencias múltiples que en definitiva suelen aparecer en la obra, moldeadas y representadas de tal forma que nos transportan al preciso momento que el autor quiso señalar.

Y luego de estas reflexiones, cabe agregar que quienes nos deleitamos con sus obras, muchas veces nos sentimos identificados de alguna manera porque lo que nos transmiten son situaciones que también nos han tocado muy de cerca.

De regreso al dolor y sus adyacencias difícilmente escapamos al dolor en la vida, en alguna instancia nos enfrentaremos a este bicho caprichoso con ojos dorados , pulsearemos con este hábil contrincante y lo enfrentaremos día a día de acuerdo a las herramientas que tengamos en nuestro camino para poder entonces mirarlo a los ojos con la serenidad de quien sabe que puede continuar manejando los hilos de su vida.

Andrea Calvete




domingo, 8 de diciembre de 2019

NOCHE MÁGICA

¿Qué pasaría si lo habitual ya no lo fuera, si lo que ha caído en desuso aflorara como arte de magia y diera paso a una asamblea de situaciones inusitadas, se producirían hechos que especularían con nuevas realidades ficticias? Un halo mágico alrededor del círculo prácticamente imposible de percibir podría ser el punto de contacto para la libertad de las ideas de esta historia.

En un tiempo lejano había ideas que con el mero hecho de sobresalir elevaban su voz, iban desoyendo a las palabras, razones y argumentos. Cerraban las puertas al diálogo y al entendimiento. Eran tiempos convulsos en las que las ideas reprimidas, prisioneras o proscritas caminaban encapuchadas con largas túnicas en las que sólo alcanzaba a verse un perfil sombrío donde la respiración llegaba entrecortada. Por entre baldosas negras y blancas caminaban todas sin excepción, pero a las ideas reprimidas tenían una capacidad sumamente asombrosa cuando pisaban la línea entre la baldosa negra y blanca, como por arte de magia se producía una baldosa gris en la que el tránsito se volvía agradable y llevadero. Las ideas represoras miraban de reojo aquel hecho pero no lograban entender por qué ellas no tenían esa capacidad.

No había manera las represoras se esforzaban con especial esmero pero no alcanzaban a dilucidar aquel misterio. Encolerizadas encarcelaban ferozmente a las ideas que caminaban libres más allá de cualquier obstáculo, pero no podían con ellas. Siempre se preguntaban cómo habían hecho para no sucumbir desde tiempos tan lejanos.

Así una noche agotadas de tanta represión y castigo, se reunieron en la gran celda circular en torno a la luz de la luna que entraba por la claraboya. Hicieron una inmensa ronda, la luna proyectaba una luz mágica y perlada, y el sonido de la noche era un nocturno a la luz de las estrellas. La más anciana se puso de pie y dijo: “Todas al unísono caminaremos alrededor del círculo entre baldosas negras y blancas, iremos por la línea media, en breves minutos pisaremos esa parte gris a partir de la cual volaremos por esta misma claraboya que hoy nos ha servido de techo” Todas se pusieron de pie y se dispusieron a cumplir con su pedido.

Como vestigio de ellas habían quedado sus túnicas dobladas en ronda, y un halo mágico alrededor del círculo prácticamente imposible de percibir por el que con delicada precisión y paciencia habían entrado en ese punto de contacto en el que las ideas no se matan ni se aprisionan.

Andrea Calvete

sábado, 7 de diciembre de 2019

DESDOBLARSE EN EL TIEMPO

Desdoblarse en esos yo que nos trascienden no es tarea sencilla, es levantarnos dispuestos a descubrir esas mil capas que nos componen, esos rincones que se esconden sencillamente por timidez o porque sienten que aún no les ha llegado el momento, es poder navegar por un tiempo real y cuántico. Es permitirse ser en todas las posibilidades sin restricciones más que las que estemos dispuestos a interponer.

A lo largo de la vida nos vamos encontrando, conociendo, pero no siempre lo que vemos es lo que realmente deseamos, de allí ese trabajo artesanal y complejo cuando entran en juego sentimientos, afectos, vivencias, hechos que de alguna manera cincelaron nuestro ser. La mayoría de las veces solemos decir: “Creo que la vida me ha cambiado, los años, las oportunidades,…” En realidad, el cambio es parte del devenir, tiene que ver con lo nos sucede pero también con lo que estamos dispuestos a asumir, a no postergar, a trabajar, a superar, a enfrentar. Está sumamente relacionado con remangarse y poner manos a la obra, y también con descubrir en qué tiempo transcurre nuestra existencia.

Y nos desdoblamos en una sinfonía musical, en una obra pictórica, al leer un libro, al disfrutar una buena película, al entrar en contacto con un  paisaje de la naturaleza,  al escuchar a alguien hablar y o simplemente al  amar. De esta forma tomamos  contacto con otras realidades que nos posibilitan  vibrar de una manera que quizás hasta ahora no había sido descubierta.

Por lo general, el pasado continúa vivo en nosotros y sin darnos cuenta controla nuestras palabras y nuestras emociones, por eso para poder desdoblar esos yo que nos habitan debemos comprender qué es lo que nos pasa, qué es lo que nos duele, para entonces hacer consciente nuestro verdadero potencial.

Si nos ponemos a pensar solemos tener la sensación de percibir un tiempo continuo. Sin embargo está estudiado que cuando recordamos nuestro cerebro imprime imágenes intermitentes, así entre dos instantes perceptibles siempre hay un instante imperceptible.

Existe un tiempo consciente y miles de millones de segundos en otro tiempo imperceptible que luego pasa a ser consciente.Es así que funciona el tiempo, en cada instante presente surge un tiempo imperceptible en el que fabricamos un futuro potencial, lo memorizamos y en un tiempo real lo realizamos.

El fenómeno del desdoblamiento del tiempo nos da como resultado el hombre que vive en el tiempo real y en el cuántico, donde se da un tiempo imperceptible con varios estados potenciales, en donde se memoriza como parte de una selección y se lo transmite al que vive en el tiempo real. Podríamos decir que entre el yo consciente y el yo cuántico se da un intercambio de información que nos permite anticipar el presente a través de la memoria del futuro.

En esta memoria que forma parte de nuestro tiempo es importante cuidar nuestros pensamientos, porque somos lo que pensamos. Por ejemplo si pensamos en un potencial evento en el que algo malo va a suceder nos trasladamos a un futuro y podemos estar de alguna manera comprometiéndonos en él. Es así, que al controlar nuestros pensamientos, manejamos nuestra energía, manejamos nuestros sueños, deseos, acciones. Así cuando por ejemplo nos vamos a acostar tenemos la posibilidad de que nuestros pensamientos se renueven, y que a su vez sean guía del siguiente día.

Desdoblarnos en el tiempo no es tarea sencilla, sin embargo requiere de estar dispuestos a navegar por nuestra memoria, por nuestros pensamientos y energía, de modo de ir desdoblando esos pliegues que tenemos por descubrir y dejar aflorar en ese trabajo de construcción personal en el que cada día continuaremos aprendiendo algo nuevo.

Andrea Calvete

martes, 3 de diciembre de 2019

UN DICIEMBRE QUE SE VA

Los últimos días del año parecen encontrarse en el medio de una batahola, el tránsito a prisa y agresivo se desliza por la cuidad, mientras diciembre se despide cargado de emociones, de sentimientos, de compromisos, y de un sinfín de pendientes que nos buscan, por lo que para despedir a este último mes un ingrediente fundamental será la paciencia.

Con paciencia se hacen más cortas las esperas, las incertidumbres se desdibujan, las indecisiones se aclaran, y las dudas comienzan a colorearse en forma de respuesta. Sin embargo, al mirar a nuestro alrededor estos días no parecen teñirse de mucha paciencia.

Se acerca fin de año, las fiestas, y aparecen los pendientes con su luz roja, los compromisos saltan de la galera, y las frustraciones sonríen para provocar su último impacto. El clima confabula inestable con días fríos para esta época del año, con madrugadas y noches con temperaturas muy bajas, parecería que la primavera no quiere irse y el verano próximo se rehúsa a llegar. Estos cambios tienen a mucha gente enferma.

Es lógico también que llegan estas épocas y quien tiene un negocio quiere hacerse un pesito, pero son millones lo que recaudan los grandes centros comerciales que se ven atestados ante la baja del IVA o el famoso “Black Friday”. Es entendible, nadie quiere pagar más si tiene la oportunidad de llevar lo mismo casi a un veinte por ciento menos, y en algunos casos con mayor descuento. Aunque, si bien son muy interesantes estas propuestas conllevan aglomeramientos, estrés y mucha gente corriendo desesperada por que la atiendan y por conseguir un lugar, empleados agotados por extensas jornadas de trabajo que, si bien se les puede pagar doble, no llega a compensar el esfuerzo y amansadora que tienen que pasar.

Así va transcurriendo diciembre perfumado por los jazmines que han florecido a todo marcha desde fines de noviembre, deslumbrado por los canteros desbordantes de flores, y las lavandas que intentan dentro de tanta locura bajar los decibeles con su aroma y color sedante. Pero el pobre diciembre poco puede hacer sí no desaceleramos la marcha, si no nos tomamos un respiro, si no hacemos una parada para inspirar profundo e intentar sonreír a pesar de que el año quizás no termine como esperábamos.

Sí, las expectativas juegan un rol importante en todo esto: ¿Cuánto esperamos, cuánto anhelamos, cuánta ilusión pusimos, pero qué fue lo que realmente pudimos lograr? Es así que se paran las expectativas frente a los logros y se produce ese primer cortocircuito al intentar tomar cierta perspectiva.

Porque es un momento de cierre de ciclo, de culminación de actividades, e inevitablemente los balances llegan para asomarse vestidos con su característico traje contable para pasar página y revertir resultados, y la mayoría de nosotros quisiéramos por momentos escapar de sus números y seguir de largo como si fuera otra etapa más del año. Pero en el fondo sabemos que no es así y que debemos asumir que otro año más ha transcurrido.

Atrincherados con bayonetas los olvidos aparecen como ráfagas, y presionan con insistencia para que “no dejemos para mañana lo que pudimos hacer hoy”, pero en realidad es lo que pudimos hacer ayer y no fue posible, entonces nos falta el aire, se acaban los minutos, y el tiempo parece acelerar el paso en este diciembre que se va.

Quizás si revirtiéramos la forma de encarar lo poco que resta del año lo terminaríamos más productivamente. Podríamos empezar por focalizarnos en las cosas buenas que nos han sucedido, las personas nuevas que hemos conocido, los gestos amables que nos han sucedido, o esa caricia o ese abrazo inesperado que hemos recibido. Es un buen momento para instalar la gratitud en nuestro corazón e intentar sonreír al año que termina para recibir al que se aproxima con la mejor actitud.

Andrea Calvete

domingo, 1 de diciembre de 2019

PELDAÑOS DORMIDOS

Se desliza por los peldaños dormidos, el crujir de la madera acompaña su paso lento y escurridizo. En su buhardilla lo espera un mundo que parece haber dejado dormido pero está allí, como un insomne que ronda en un intento de lograr aclarar un problema.

Busca entre baúles olvidados unos recortes que necesita para un artículo que está escribiendo. Aparece sin querer una vieja foto de su madre y su padre que lo sostiene a upa de niño, no lo puede creer, es él con tres años, se estremece, se traslada en el tiempo siente los brazos de su madre que lo abrazan con especial ternura, y la mirada de su padre brilla con luz. ¡Cuánta felicidad atrapada en un pequeño trozo de papel, cuántos sentimientos! ¡Si pudiera recordar qué pasó ese día! ...

Se levantaron muy temprano era un día diáfano y diciembre llegaba perfumado de jazmines y lavandas. Se habían bañado por la noche y habían dejado preparados los bolsos porque los esperaba un fin de semana en la Pedrera. Era como irse al fin del mundo desde Montevideo, toda una odisea. Salieron al alba para llegar y aprovechar de esa escapada a un paraíso en medio de Rocha.

El ómnibus que los trasladó desde Montevideo los dejó a unas cuadras de la casa donde iban a parar, aún con los bolsos a cuestas y Pedro a upa llegaron hasta el acantilado majestuoso en la que se divisaba la playa de la Pedrera y Punta Rubia. Las olas se perdían en ese mal alborotado, blancas y perfectas rompían entre las rocas, frescas explotaban desplegando todo su vigor. Un cielo despejado abría el día, las gaviotas revoloteaban frente a los pescadores en busca de comida. Ya habían llegado los primeros bañistas a la playa, algunas sombrillas de colores aparecían dispersas para recibir los primeros soles. Si la fotografía había sido tomada allí en ese magnífico acantilado en el que sonreía la vida.

Se desliza por los peldaños dormidos, el crujir de la madera acompaña su paso lento y escurridizo. Pedro no logra recordar qué fue lo que pasó ese día, sólo le viene a la mente el cuento de sus padres que casi lo dejan huérfano en aquel baño en la Pedrera en el que estuvieron a punto de ahogarse, y que gracias a unos buenos bañistas y salvavidas lograron luego de varias horas salvar su vida. Lo demás no tiene demasiada noción cómo sucedieron los hechos, estaba él con ellos en la playa, estaba en la casa con los amigos de sus padres. Evidentemente, la foto le dice mucho más cosas pero él hoy no tiene tiempo de seguir indagando, lo espera una mañana agitada de trabajo y un diciembre lleno de expectativas. Cierra el baúl y se dispone a escribir, dejará para el fin de semana una nueva búsqueda en la que navegará por esos recuerdos que son parte de esas vivencias que lo han marcado.

Los peldaños dormidos crujen en nuestra existencia, nos hablan, nos habitan, se enredan entre nuestros recuerdos, se esparcen entre los colores pálidos de la memoria, y se visten de las sensaciones con las que estamos dispuestos a mirar la vida. Hoy le sonríe un diciembre que lo invita a vivir con plenitud lo que resta de este año, sus padres siempre permanecerán vivo en él y latirán al ritmo de la vida.

Andrea Calvete


sábado, 30 de noviembre de 2019

EL PROFUNDO PRECIPICIO DE LA RESIGNACIÓN


Tras la vorágine de los días, las situaciones pendientes, los compromisos y las dificultades, vamos resignándonos como quien va quedando lentamente dormido. Sin darnos cuenta, cedemos terreno al cansancio, y en un sopor casi asfixiante nos sumergimos.

Resignarse es decir hasta aquí llegué, es admitir que no nos quedan fuerzas, que estamos cansados, y también desilusionados. Sin embargo, una cuota de resignación por momentos es muy bienvenida, para sosegarnos para bajar las revoluciones. La situación se complica cuando sin darnos cuenta vamos sumando a esa lista un número mayor de impedimentos y de no puedo. El al menos lo voy a intentar es un mero propósito muy positivo para que la resignación no nos aplaste y decapite.

Si nos levantamos temprano y observamos un amanecer posiblemente nos llenemos de ánimo y energía, porque el comienzo del día es una hora sumamente maravillosa, llena de paz, de sonidos ocultos, de aromas frescos impregnados de vida, de colores que despiertan, aromas que se realzan con la humedad de la madrugada, y de pájaros que trinan con total alegría.

Pero comienza el día y nos conectamos a los noticieros, empezamos a ver qué ocurre, aquí y allá, miramos a nuestro alrededor, y entonces aquel vigor contagioso del nuevo día comienza a palidecer, a esfumarse como por arte de magia. Y entonces nos preguntamos: ¿Existe la magia todavía, dónde la compro, dónde la encuentro, se puede contagiar?

Y me doy unos minutos para contestar esta pregunta. Todo encierra en sí mismo magia, esa ilusión que podemos aderezar a cada acto de vida, que esconde tantos significados y que sólo es cuestión del lente con que nos dispongamos a observar, es decir, de esa capacidad de descubrir y profundizar más allá de lo que se ve a simple vista. La magia está sumamente conectada con esa capacidad de soñar, crear y sentir que todos tenemos guardada en algún lugar, sólo que a veces no le damos cabida.

Esconde misterios, sueños perdidos o encontrados; y una pizca de ilusión con matices de esperanza. Flota en el aire , en los sonidos de la brisa, en las notas musicales, en el trinar de los pájaros, en cada acto de vida. Está allí junto a nosotros, sólo es necesario hacerla pasar, tomar asiento al lado nuestro, y será una entrañable compañía, por eso antes que nada dejémosla surgir. La magia son momentos únicos, atesorados en el corazón, guiados por algo inexplicable llamado amor.

Quien se resigna cierra las puertas a la magia, a esa posibilidad de seguir volando, añorando un futuro, y de alguna manera comienza a quitar oxígeno a sus días, y se asoma a un profundo precipicio llamado resignación.

Resignarse de alguna manera es cerrarle las puertas a la ilusión, a la esperanza, a la alegría de vivir, al entusiasmo, es descubrir que las alas ya no vuelan, que los ojos ya no ven, con las manos ya no palpan, que ya casi nada nos sorprende o conmueve… es anestesiarse ante los sentidos.

Aceptar no significa resignarse, sino comprender qué es lo que estamos dispuestos a cambiar, para continuar en este fluir vibrando porque estamos vivos y podemos dar un paso más.

Andrea Calvete

domingo, 24 de noviembre de 2019

CUANDO DE RECONCILIARSE CON LOS DÍAS SE TRATA


Llora y ríe, la nube de los días está presente. Se viste de lo que no fue y pudo ser, pero no encuentra lo que busca. Cree, sueña, imagina, buscan un sentido, un porqué. En esa vorágine de las horas continúa su marcha, le duele pensar, sentir. Se refugia en algún recuerdo escurridizo, lo toma de la mano mientras el aquí y ahora se alejan como dos desconocidos.

El aire perfumado por lavandas y romeros le trae tranquilidad y sosiego, le permite detenerse unos instantes bajo las nubes de este día esplendoroso que camina sin impedimentos. Cuando de impedimentos se trata somos unos de los peores obstáculos por momentos, en una suerte de muro de contención, nos aferramos a cuestionamientos, preguntas, y quedamos estancados en ese vaivén en el que no logramos tomar una decisión.

Llora y ríe, la nube de los días está presente. No es posible evadirse de lo que aquí ocurre, por más que lo intenta allí está haciendo frente a lo que de alguna manera no le es posible solucionar. Se le escapan los minutos de las manos, se desespera pero no alcanza a encontrar una respuesta.

Mirar de reojo a la vida se pelea con ella, la vida asombrada lo mira y con su idioma universal le dice: “hoy puede ser un gran día depende de ti”, y continúa como si nada hubiera pasado. Entonces, no muy convencido se detiene y comienza a conversar con ella. En el diálogo se da cuenta que no está todo perdido, que ha errado el camino, que ha tomado decisiones desacertadas, pero que aún tiene mucho por hacer. Se ha dado cuenta que ha andado peleado con la vida, sin disfruta de ese maravilloso espectáculo de posibilidades, siempre con el paraguas abierto por las tormentas que se aproximan.

Se esparce la luz, aparece doblada, esquiva. Percibe que la bendición está en el aire que respira, en esos minutos de paz y armonía que puede lograr al mirar el cielo, el mar, el sol o las estrellas, en esos instantes en que puede ser él y reconciliarse entonces con sus días.

Reconciliarse con sus días le trae aparejado esa suerte de saborearse así mismo, degustarse, aceptarse, mirarse al espejo en esa búsqueda incesante y permanente, en ese largo trayecto de caídas y tropiezos, de levantarse y continuar el camino en pro de seguir adelante con fe y esperanza.

Andrea Calvete





martes, 19 de noviembre de 2019

LOS PRIMEROS CALORES

Después del invierno y una incierta primavera los calores llegan para bendecir la cuidad. Con buena temperatura atraviesan las calles, se cuelan por puertas y ventanas. Se escudan en el sudor caliente de los transeúntes y abrazan al sol para dar potencia al día.

Los primeros calores son los que más cuestan, a los que más nos resistimos, quizás por falta de costumbre o porque venimos de una agradable primavera. Sin darnos cuenta nuestro cuerpo comienza a dejarse llevar por los vapores de las veredas, el astro rey calienta nuestras cabezas y la brisa húmeda y pegajosa nos toma por la cintura.

Comienza la danza de los primeros calores nutridos de aromas, de sonidos llenos de vida y encanto. Con cierta magia se aproxima el verano, con una mirada tibia y con la calma de las mañanas perfumadas por esperanza y vitalidad. Un cielo celeste brilla diáfano mientras las notas veraniegas se esparcen por entre los árboles, los pájaros no paran de trinar, con profunda emoción cantan desde alba hasta que anochece. Los escucho atenta y me pregunto: ¿Qué dirán, qué querrán expresar? Lo cierto es que están desbordantes de energía, me dejo contagiar por su algarabía.

Recuerdo cuando iba a la escuela me hacía mucha ilusión ésta época, luego de correr e insolarnos en el patio del recreo volvíamos exhaustos, transpirados como en trance. La maestra con buen atino nos permitía un pequeño descanso, apoyábamos los brazos y la cabeza sobre el pupitre y descansábamos quince minutos. ¡Cuánta plenitud en aquellos quince minutos, cuánto bienestar, una paz indescriptible reinaba en la clase! El olor al verano acompañaba, entraba por la ventana el aire perfumado por las hiedras que daban al balcón, mientras algún pájaro nos arrullaba con suavidad. Un silencio perfecto, no se oía ni nuestra respiración.

¡Cómo no recordar la sombra fresca de la parra que comenzaba a llenarse de uvas, o del sauce llorón meciendo sus ramas al viento! Las mariposas revoloteaban efímeras en esa plenitud de aromas y sensaciones que daban paso al verano. Las ventanas abiertas, y los fondos habitados por sus dueños que parecían haber desaparecido de la faz de la tierra, revivían ahora en esta festiva estación.

Los primeros calores son los que más cuestan pero sin darnos cuenta nuestro cuerpo comienza a dejarse llevar por los vapores de las veredas, el astro rey calienta nuestras cabezas y la brisa húmeda y pegajosa nos toma por la cintura. Una vitalidad contagiosa se despierta en cada persona que se abre al nuevo día.

Andrea Calvete



lunes, 18 de noviembre de 2019

EXTRAÑO SERÍA NO EXTRAÑARTE

Extraña sensación se produce cuando te siento y no te veo, cuando te oigo sin que estés presente, o siento tu perfume lejano y delicado.

El hecho de extrañarte me ha puesto en esta situación extraña, en la que nada parece ser real pero a su vez se siente y palpa nítidamente. Recordar es pasar por el corazón los recuerdos, es acariciarlos para percibir sus melodías, texturas, colores, aromas y sabores casi dejados en el olvido.

No me acostumbre a verte en esa foto inmóvil y sonriendo, plasmada en ese momento mágico e imborrable en el tiempo. En mis recuerdos sigues palpitando, aunque hoy con un dejo de tristeza y de melancolía, porque te extraño. Extraño sería que no te extrañara, que te hubiera olvidado, pero así son los recuerdos van y vienen sin pedir permiso, los evoca lo más mínimo y allí están.

Y tú estás allí parada entre mis recuerdos, y brotas entre mis lágrimas, y te pierdes en una carcajada, o en una risa cómplice. Has venido a visitarme, sé que no es motivo para que me entristezca, déjame componerme para recibirte con mi mejor sonrisa. Me tienes que tener paciencia no se nos enseña a enfrentar la muerte, a traspasar umbrales, a percibir de manera diferente.

Seco mis lágrimas, me lavo mi cara, y me dispongo a cebarme un rico mate. Ya más recompuesta abro mi ropero y me visto con el mejor de los ánimos. Ya lo sé, me lo has dicho infinidad de veces que así es la vida, me lo contabas en tus historias, pero cuando tú lo narrabas parecía un cuento de hadas, hoy eres parte de ese cuento en el que formas las páginas de mi vida, y la de mis hijos.

Estamos todos junto a ti, nos has reunido en torno a la mesa, hoy de una forma diferente pero igualmente hermosa. Sé que quieres lo mejor para nosotros, y siempre lo has querido. Agradecidos por tu visita te recibimos con la alegría de saber que has sido parte de lo que somos y seremos. Extraño sería no extrañarte.

Andrea Calvete

sábado, 16 de noviembre de 2019

LEER ENTRE LÍNEAS

Leer entre líneas es tener un don especial, es poder ver donde los ojos no llegan, donde las palabras no son suficientes, o donde las sombras no refrescan. Es trascender lo que se ve a simple vista para ahondar en lo que parece ser imperceptible.

El maravilloso mundo de las palabras pone en nosotros de manifiesto, significados, expresiones, emociones y sentimientos de modo que se convierten en importantes herramientas de comunicación.

Desde pequeños aún cuando desconocemos el lenguaje oral o escrito, nos comunicamos a través de los gestos, las miradas, el tono de voz, para ser partícipes de ese diálogo permanente con nuestros semejantes.

Así sin darnos cuenta comenzamos a leer entre líneas, a descubrir detrás de cada gesto, de cada palabra, de cada mirada o de cada suspiro un significado o un cometido.

Leer entre líneas trae aparejado descubrir metáforas, o sumergirse en la mirada humedecida de quien calla, o en el semblante del que sufre, o en la risa luminosa del que agradece. De esta forma los mensajes parecen advertirse por arte de magia.

A largo de la vida este don de leer entre líneas se va acrecentando en la medida que dejamos atrás obstáculos, prejuicios, impedimentos, es decir todo aquello que de alguna manera nos ata o condiciona. Quizás, por eso los niños sean a pesar de su corta edad muy perceptivos ya que son totalmente libres a la hora de percibir o recibir un mensaje. Los adultos en la medida que vamos caminando por la vida nos vamos cargando de elementos que lo único que hacen en definitiva es quitarnos espontaneidad y frescura.

La magia, los sueños, la utopía, son ingredientes imprescindibles a la hora de poder practicar la lectura entre líneas, porque quien sueña, vuela o crea es capaz de trascender lo que se puede ver a simple vista, escuchar, percibir o palpar, para así contemplar desde ese lugar especial en el que es posible descubrir algo totalmente diferente.

Leer entre líneas es poder deslizarse por entre los cielos de los deseos, de los anhelos, de los días espejados por el sol, y descubrir con el corazón aún en los días más oscuros y tormentosos un halo de luz en que se vislumbre la esperanza.

El corazón tiene el don de percibir a través de su palpitar todo aquello que se manifiesta más allá de las palabras, de las explicaciones, porque a través de su sensibilidad es capaz de vibrar delicadas sintonías para entonces percibir entre líneas lo que hasta ahora no había sido posible captar.

Andrea Calvete

jueves, 14 de noviembre de 2019

EL ÁRBOL DEL RENCOR

Con raíces agrias y profundas se irgue mientras mastica la hiel que corre por su corteza. No le interesa perdonar, o al menos comprender y recapacitar. Por el contrario está atento al incremento de ese rencor que reproduce su parte oscura, y exacerba ese “ojo por ojo, diente por diente”

El resentimiento se ha posado en sus ramas, con la esperanza de alcanzar finalmente su venganza, porque de ella se alimentan sus días.

Su sonrisa hipócrita esconde sus rastreros propósitos, emula ser un tilo perfumado, por eso quien decide sentarse a su sombra lejos alcanzará un mínimo descanso.

Con fortaleza desmedida crecen sus hojas colmadas de odio y dolor, mientras respira un aire enfermizo cargado de venganza e ira.

Cuando sueña se enreda en su propia telaraña, se asfixia en su cuarto hermético, se ahoga en su profundo mar de amargura. Otras noches en las que el insomnio lo acompaña camina de la mano de horribles alucinaciones que lo envuelven en un sudor escalofriante.

Un cuervo se posa en la copa de este ciprés funerario en busca de esa parte rastrera y detestable que continuará alimentando a este inmenso árbol que nos conducirá a un abismo insondable.

Andrea Calvete

sábado, 9 de noviembre de 2019

UN SILENCIO PLAGADO DE RESPUESTAS

En los espacios donde se producen las pausas habitan los silencios, semidormidos nos interpelan, cansados de ser omitidos buscan ser escuchados, hasta finalmente se aglutinan en un silencio plagado de respuestas.

Como diría su madre “rebusques para detener el tiempo”, así detrás de aquella tintura escondía sus canas. Años que cada vez pasaban más rápido, lentamente se escapaban, se esfumaban como la arena cuando la deseamos atrapar entre las manos.

Un día poco prometedor, plomizo se deslizaba el cielo como si cerraran las oportunidades y a cambio pusiera sobre la mesa un sinfín de impedimentos. Sencillamente no era la mejor oportunidad para poner las cartas sobre la mesa, hoy la balanza parecía no ser equitativa. La tintura iba haciendo efecto, y los cabellos blancos se iban coloreando lentamente, como si la juventud con gesto heroico pretendiera regresar.

Las nubes corrían bajo la monotonía de un cielo casi uniforme sin demasiados matices. Sin darse cuenta se vio navegando por las Rías Gallegas, en esos brazos de mar que penetran la tierra frondosos como si la mano del Todopoderoso se hubiera apoyado allí para descansar. Los inmensos acantilados de sus antepasados la invitaron a recorrer las aguas azules, los viñedos desbordantes de uvas jugosas y los perfumados pinares tentadores para dormir una siesta profunda. El yodo del mar penetró por sus narinas, mientras un par de gaviotas revoloteaba alto en una danza enigmática. No paraba de preguntarse, por qué dejar este paraíso y cruzar un océano para llegar a nuestro diminuto país. Un silencio plagado de respuestas que conocía de memoria le hizo compañía.

Dentro de los “rebusques para detener el tiempo”, no faltaría un vaquero, una prenda que parece rejuvenecer a las personas, desteñidos, gastados, rotos, son capaces de imprimir ese look descontracturado juvenil, así que tomó de su ropero el primer jean que encontró en la estantería más a mano, y una camisa blanca recién lavada, y se dispuso a emprender el día. Nuevamente se tropezó con un silencio plagado de respuestas, no las quería escuchar por lo que prefirió conectarse a su celular, buscó música en Spotify que le permitiera alejarse de este silencio repleto de dudas.

El olor a café con leche la retrotrajo aquellas mañanas en las que desayunaba en casa de su abuela. Su pelo gris entrado en canas y los surcos de sus arrugas se hicieron presentes, no había tinta que los atemperara ni cremas que las ocultaran, estaban allí presentes como fieles testigos de aquellos años repletos de sacrificio, amor y alegría. Recordó las pupilas centelleantes que brillaban a pesar de todo lo que la vida llena de contratiempos le había puesto por delante, mujeres como su abuela por parte de padre o bisabuela por parte de madre, marcarían profundamente su camino. Un silencio plagado de respuestas la acompañó nuevamente, sólo que ahora con la intención de hacerle grata compañía.

Andrea Calvete

viernes, 8 de noviembre de 2019

MUNDO DE COLORES

Se entrelazan los colores, tejen historias, moldean corazones, enmascaran emociones, y vibran al ritmo de la vida. Me pierdo en su danza mágica, los observo admirada y los descubro con encanto.

La humedad y el frío del invierno los acomodan en esa sala en la que los azules se aquietan, mientras algún verde esperanzador asoma y un violeta con ánimo conciliador los acaricia. El aire rancio por el encierro les quita brillo y naturalidad, los encorseta intentando igualarlos pero aún así no lo logra. Cada uno a pesar de la tenue luz colorea el ambiente con los tonos propios de la estación. Un bandoneón melancólico palpita en sus corazones, mientras se ponen en pareja para bailar un tango cuerpo a cuerpo.

La tibia brisa primaveral les brinda la posibilidad de ser, alumbrados por una luz llena de esperanza. Los naranjas llaman entusiasmados a los amarillos para que les hagan compañía. Los rojos se apasionan y con sensualidad caminan. Los turquesas con elegancia y vigor navegan amenos pretendiendo hacerles compañía a todos los colores. El blanco y el negro de la mano se pasean duales y bellos. Los verdes en sus distintas tonalidades deslumbran con esplendor. Los azules dejan su sobriedad y se disponen a sentir. Las ventanas abiertas traen consigo el aroma de las flores llenas de encanto. El trinar de los pájaros fluye y los invita nuevamente a bailar, pero ahora a ritmo de vals, con sus mejores galas fluyen encendidos por la magia del renacer.

Cuenta el negro con su rictus solemne, que el naranja surgió de danza apasionada entre el rojo y el amarillo, bailaron toda una primavera y un verano sin parar. Así se gestó el naranja lleno de vigor y encanto, desbordante de una contagiosa energía.

El blanco bendecido por la luz , con el brillo de sus pupilas comprensivas ha logrado cautivar a todos los colores quienes encantados por su suavidad han contado sus secretos más profundos. El rosa pálido es el primero que se le ha hecho compañía con la delicadeza casi angelical que lo perfuma. Así el blanco con la serenidad que lo distingue es sumamente discreto a la hora de guardar cada palabra que le ha sido confiada.

El celeste pálido amanece entre todos y aguarda a que las horas transiten a su ritmo para que diferentes tonalidades tengan cabida.

Los observo extasiada, deslumbrada por su belleza y no dejan de bailar, próximos al comienzo del verano se deslizan a ritmo de tambores que asemejan a latidos embriagados por el entusiasmo y alegría de esta nueva estación. Rojos, naranjas, amarillos, violetas, turquesas, azules, celestes, rosas, marrones, blancos, negros, grises, todos danzan sin excepción.

Se entrelazan los colores, tejen historias, moldean corazones, enmascaran emociones, y vibran al ritmo de la vida. Me pierdo en su danza mágica, los observo admirada y los descubro con encanto.

Andrea Calvete

sábado, 2 de noviembre de 2019

TRAGAR SIN MASTICAR Y DIGERIR

Es una utopía el querer tragar sin masticar y digerir, es simplemente hacernos trampa al solitario, o tapar el sol con las manos. Hay una suerte de paralelismo con querer acotar un abismo. Pero en la vorágine del diario vivir con el afán de seguir adelante anteponemos ese urgir sin discernir demasiado.

En el proceso de digestión para asimilar lo que consumimos debemos masticar, deglutir, de modo de poder realizar un correcto proceso digestivo. De igual manera cuando nos emprendemos en el camino del conocimiento el incorporar nuevos conceptos trae aparejado masticar y digerir, es decir un análisis minucioso para poder asimilar lo que vamos lentamente incorporando.

José Ingenieros en su libro “El hombre mediocre” nos lleva a cuestionarnos en el proceso de aprendizaje y nos dice: “Tragan sin digerir, hasta el empacho mental: ignoran que el hombre no vive de lo que engulle, sino de lo que asimila”. Evidentemente, cuestionarnos es parte fundamental en cada trayecto del camino. El análisis crítico es el que nos permite tomar perspectiva, distancia y a su vez ese cuestionamiento necesario para avanzar y crecer.

Quien traga sin masticar, seguramente no va a digerir, no va a procesar lo que está incorporando. Es como dice un antiguo proverbio, estaríamos tirando margaritas a los chanchos.

El asimilar trae aparejado incorporar nuevos conceptos, el estar abiertos al cambio, al cuestionamiento, a los nuevos caminos y a los desafíos. El no cuestionarnos nos aleja de la realidad, de los acontecimientos que tienen lugar día a día que nos interpelan constantemente. Aunque algunas veces sentados en un lugar cómodo, por cansancio, hastío o simplemente por descreimiento, nos ubicamos sin más pretensión que la de ver pasar la vida como meros espectadores, y no como participantes.

No sentirnos partícipes, algunas veces tiene que ver con ese alejamiento momentáneo, en busca de respuestas, en ese “stand by” en el que pretendemos hacer una pausa, para inspirar profundo y retomar las fuerzas. Sin embargo, el mundo el mundo sigue andando, y no nos espera, y aunque decidamos ser simples espectadores, somos partícipes aún cuando tomamos distancia.

Tragar sin masticar y digerir, es saltar al vacío, es un intento suicida que nos acerca a un mundo agónico, sin esperanza, sin luz. La paciencia es un paso fundamental a la hora de llevar a cabo cualquier proceso en la vida, iluminados por los minutos de calma, de meditación, de encuentro con uno mismo, en ese proceso en el que iremos analizando a través de nuestra razón e inteligencia todo lo que vamos experimentando, para así gradualmente incorporar nuevos conceptos que nos permitan dar un paso más .

Es una utopía el querer tragar sin masticar y digerir. Mientras masticamos mantenemos la boca cerrada, nos imponemos el silencio ese aliado tan necesario para tomar distancia con las palabras que se dicen sin pensar, sin analizar cuidadosamente. Hay un viejo proverbio que dice que es mejor “ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”, de allí la importancia en este proceso aprendizaje de la valoración del silencio, la meditación y el encuentro.

Andrea Calvete

HÚMEDOS MINUTOS

Han decido compactarse los minutos en la humedad de la mañana, en el difuso sol plomizo y sofocante. En una mezcla casi indescriptible los aromas primaverales se funden en un gris tornasolado envolvente.

El cielo silba bajito una melodía suave y melancólica, mientras las lavandas perfuman delicadamente el día. Pequeñas gotas testigos de la lluvia brillan como perlas y agudizan los aromas de las flores.

Caminan descalzos los minutos, se deslizan imposibles de detener, aunque hay una suerte enigmática que pretende atraparlos en ese sopor en el que transcurre la mañana.

Los pájaros trinan llenos de entusiasmo, no les importa que los minutos lo desafíen, para ellos no hay barreras temporales, vuelan libres mientras cantan agradecidos por el nuevo día.

Con su perfume penetrante el romero intenta seducir a esos minutos que se escapan decididos, mientras interrogan a cada palabra que los interpela, escurridizos buscan perpetuarse en el vaivén de la brisa.

Con el desenfado que los caracteriza los minutos sonríen a las nubes que sueñan con atraparlos con sus mullidas formas. Cuando el milagro parece producirse, se escapan entre un pequeño espacio celeste que se cuela victorioso y les abre como por arte de magia la salida.

A esta altura no hay quien pueda detenerlos, con destreza se deslizan en perfecta armonía y se esfuman en la humedad envolvente de la mañana.

Andrea Calvete



sábado, 26 de octubre de 2019

CARTAS EN EL ASUNTO

Los recuerdos se deshilachan descoloridos entre las causas perdidas. Una melodía triste y confusa acompaña la escena, mientras las ventanas se cierran. El aire viciado aniquila a los pensamientos, mientras la razón se desespera y pide ayuda a la inteligencia.

Pero no hay ayuda que valga cuando la tristeza se engalana, es poderosa y fuerte, a pesar de parecer quebradiza y a punto de desfallecer. Entre un pequeño halo de luz se cuela la melancolía para hacer más contundente la escena. La desesperanza oprime el pecho y envuelve el recinto con su manto coartador de posibilidades.

La ilusión ya casi sin pulso intenta salir de la sala, necesita oxigenarse, tomar contacto con un rayo de luz. Va a hasta la cocina para servirse una tizana, mientras la prepara canta una vieja melodía que le había enseñado su madre, la letra la impregna de esperanza. De pronto, la vitalidad se suma y todo parece encausarse.

Los recuerdos con colores más intensos se aproximan y dan cuenta de otra realidad muy diferente, en la que la tristeza se esfuma porque la alegría también ha sido parte de los días. La inteligencia y la razón han tomado cartas en el asunto. Los postigos se abren y el aire de la primavera perfuma el ambiente, la brisa fresca se esparce, mientras el trinar de los pájaros entusiasma a las posibilidades.

Andrea Calvete
             




"LO QUE MATA ES LA HUMEDAD"

En busca de soluciones, oportunidades, o poder salir adelante inevitablemente corremos detrás de un causante, alguien que posea una responsabilidad en lo que sucede, o al menos a quien culpar. Pero es ineludible que “lo que mata es la humedad”

Había una vieja expresión italiana que decía: “ Piove governo ladro”. Esta expresión se utiliza como una parodia de los dichos populares contra el gobierno y, en general, contra el poder establecido, culpables, en su opinión, de todos los males posibles y, por lo tanto, hasta de la lluvia. Tiene diversos orígenes, pero hoy más que detenerme en los orígenes quisiera analizar por qué siempre buscamos un culpable.

Lo primero que se da en una situación injusta es buscar un responsable, y para saldar totalmente las cuentas hallar un culpable para trascender un escalón más. La culpa se define por una omisión de la conducta debida para prever y evitar el daño. Se manifiesta a través de la imprudencia o negligencia.

Si hablamos de culpables hay un viejo dicho que dice, “lo que mata es la humedad”, causante de enfermedades respiratorias, cansancio, dolor en los huesos, moho, hongos y bacterias. Cuando hay mucha humedad todo parece estar pegajoso, y nada se seca. Pero de regreso a encontrar otro culpable de lo que nos pasa la humedad es la causante de tantas situaciones. Creo que a esta altura si la tuviéramos que sentar en el banquillo de los acusados de allí no saldría.

Parecería que hallando un culpable nos sintiéramos mejor, como si un peso se nos quitara de encima. Es así que cuando se rompe una relación de pareja, se suele buscar un culpable, alguien que sea el gatillo disparador. Sin embargo, el disparador generalmente es una relación desgastada, quebradiza que ya no quiere más nada, pero existe otro dicho que es muy pertinente que dice “que no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Aunque si nos descuidamos, dentro de las razones más comunes surja esa humedad molesta que hizo que tuviéramos un día pésimo y un humor desastroso, lo que de alguna manera nos llevó a actuar horrible, y he aquí el primer desencadenante de esa posible ruptura.

Quizás sin darme cuenta estoy aquí escribiendo, porque la humedad ha invadido mi casa, mis huesos, y mi vida, se ha escabullido silenciosa y me ha hecho reflexionar en estas líneas. No lo sé, pero pensándolo bien posiblemente así sea. Lo cierto, es que no sé bien por qué, pero es habitual que queramos encontrar ese culpable que nos escinda de responsabilidades y nos haga sentir mejor, cuando en realidad deberíamos analizar por qué hemos llegado hasta dónde estamos y qué hemos hecho para que esto ocurriera.

En busca de soluciones, oportunidades, o poder salir adelante inevitablemente buscamos un causante, alguien que posea una responsabilidad en lo que sucede, o al menos a quien culpar. Pero es ineludible que “lo que mata es la humedad”

Andrea Calvete






jueves, 24 de octubre de 2019

LA INDIFERENCIA JAMÁS PASA DESAPERCIBIDA

¿Pasan desapercibidos los gritos de quien lucha, el llanto del que sufre, los ojos del que suplica, o las manos del que pide?... Día a día es tanto lo que pasa ante nuestros ojos que quedamos anestesiados al recibir tanta información. Sin embargo, al final del día algo cala bien profundo, y queda en ese yo interior interrogándonos.

Continúan los días entre el sinfín de situaciones por resolver, trabajo por cumplir, explicaciones que dar, tareas por finalizar, y nos volvemos a preguntar: ¿Pasan desapercibidas las injusticias, las mentiras, el odio, la envidia, el engaño? Intentamos contestar alguna de estas interrogantes, y el sol se pone y el día finaliza. Al apoyar la cabeza en la almohada vemos que algunas de las preguntas parecen encontrar una respuesta o alternativa.

Todas las interrogantes que nos pone por delante la vida, van en aumento y se acumulan en ese baúl compuesto de preguntas que buscan desesperadamente ser respondidas. Sentimos que se nos acaba el tiempo, y que son pocas las expectativas. Sin embargo, al mirar a nuestros hijos, y generaciones más pequeñas, surge una fuerza que nos impulsa a seguir con vitalidad hacia adelante, sin excusas, sin miedos, con los puños remangados apostando la vida.

Todos como seres únicos y diferentes requerimos de ser atendidos, escuchados, amados, apreciados, valorados, distinguidos. Sin embargo la indiferencia nos sume como seres en serie, en donde los sentimientos no tienen razón de ser, ni esas diferencias que nos hacen personas únicas y especiales tampoco.

La indiferencia se pone sus mejores galas y pasa frente a cada una de las interrogantes, se ríe de ellas y sigue de largo, camina unos cuantos metros hasta que se topa con el conocimiento, la razón y la inteligencia, quienes se interponen y la paran porque hasta ahora nunca la indiferencia pasó desapercibida.

Andrea Calvete

domingo, 20 de octubre de 2019

ROMPER EL SILENCIO

Llevamos años una junta a la otra, pero no nos dirigimos la palabra. Hoy la lluvia cae como si nunca fuera a parar, el día invita a romper el silencio, lleno de dudas, de misterios y de sombras. Abro mis postigos y quedo entreabierta para que el agua salpique a mi amiga la planta que se ve muy seca, lleva días sin beber un sorbo.

Me presento  entusiasta -Soy la ventana que te ilumina todos los días.

 La planta con las primeras gotas que entran de refilón respira y se incorpora.

-Gracias que te has dignado a dejar entrar la lluvia porque estaba a punto de morir deshidratada mi buena amiga ventana.

Llevamos años una junta a la otra, pero no nos dirigíamos la palabra. Romper el silencio, es estar dispuesto a desnudarse frente al otro, o al menos dejarse ver de refilón para empezar, es pretender conocerse o al menos acercarse.

Para romper el silencio hay que estar decido a dar un paso más, a avanzar, porque quien habla es porque tiene algo para decir, para aportar o comunicar.

Quien está en silencio medita, piensa, recorre los lugares más profundos, teje sus sueños, acaricia sus anhelos, planea cuidadosamente sus encuentros, habita con especial cuidado cada rincón a la espera de que llegará el momento de hacer verbo sus palabras.

Esplendorosa reverdece la planta y empieza a cantar agradecida. Nunca la había oído cantar.

-¡Qué hermosa voz que tienes!

- Gracias a ti ventana, he recuperado mi alegría de vivir.

- Festejemos la llegada de las palabras- contesto animada.

Llevamos años una junta a la otra, pero no nos dirigíamos la palabra. Hemos recuperado las palabras, el habla, hemos roto el silencio. La lluvia y el día gris nos han puesto a prueba. Hablamos hasta que la luna salió amarilla y enorme. Entonces mis postigos se cerraron y la planta se acurrucó entre sus hojas.

-Buenas noches bella ventana mañana nos espera un largo día- dijo ya casi entre sueños.

- Buenas noches, claro que sí- le dije llena de emoción. Sabía que nos acompañarían largas y amenas charlas, y una amistad por delante.

Andrea Calvete

sábado, 19 de octubre de 2019

MIENTRAS ALGUIEN PIERDE ALGO, OTRO LO ENCUENTRA

Dicen que mientras alguien pierde algo, otro lo encuentra. Así en este círculo de oportunidades nos deslizamos sin ser demasiado conscientes. Mientras algunos pierden sus ilusiones, su risa, sus anhelos, su fe y esperanza otros las encuentran luego de haber caminado sin sentido durante mucho tiempo.

En realidad es imposible caminar sin sentido, es probable que sea un camino no premeditado o buscado, pero una dirección a seguir, en el que no hay planificación o previsión se anda a impulsos y se continúa. De todas formas, en algún momento se toma contacto con lo que nos pasa, con lo que nos aqueja, con ese lugar donde nos aprieta el zapato o nos lastima. Es allí cuando entendemos porque hemos llegado hasta este sitio que empezamos a descubrir ese rumbo que hasta ahora parecía sin sentido.

En medio de sobresaltos, decepciones, contrariedades, fracasos, la risa comienza a desdibujarse, hasta que se pierde por completo, y queda arrumbada en una estantería a la que quien se dispone a brillar, a existir la toma en su rostro en un intento por continuar de la mejor manera.

En medio de angustias, de mentiras, de hipocresía, de dolor y violencia, el brillo de la mirada se va apangando, se va achicando hasta que se instala en un estante donde quien se dispone a dejarse seducir por la vida la toma esperanzado de encontrar un destello en su camino.

En medio de los apuros, las carreras por llegar más y más lejos sin importar nada, el calzado cómodo se va perdiendo, nuestros pies comienzan a hincharse a llenarse de llagas con las que casi es imposible caminar. Queda allí el calzado cómodo a disposición de quien decide transitar sin prisa, con determinación y serenidad, porque entiende que despacio se llega lejos.

Quien más o quien menos ha perdido tantas cosas, pero a su vez a encontrado otras. Quizás las primeras pérdidas sean las que nos sorprendan y desajusten por completo porque son los primeros avatares del camino. Sin embargo, con el correr de la vida uno asimila que perder y encontrar son dos vocablos que navegan sin descanso en una búsqueda continua por sucederse uno tras otro.

Dicen que mientras alguien pierde algo, otro lo encuentra. Así en este círculo de oportunidades quien pierde la pasión es porque ya no encuentra sentido en lo que hace, o quien pierde las expectativas es porque las puso en donde no debía, o quien cansado de esperar se aleja de la esperanza… y así los ejemplos podrían prolongarse, pero lo cierto es que mientras alguien desencantado pierde sus fuerzas, y parece quedarse sin motivos, otros en ese mismo círculo encuentran los por qué para continuar. Los cómo sin lugar a duda también tendrán cabida como parte de esta circunferencia virtuosa en el que todo continúa y se revierte, en este ciclo vital en el que opuestos y complementarios son parte del todo.

Andrea Calvete

sábado, 12 de octubre de 2019

BORRÓN Y CUENTA NUEVA

Nada fácil llevar adelante un borrón y cuenta nueva, requiere de agallas, de temple, de poner sobre la mesa lo que nos pasa, de decir hasta aquí llegué, tomaré un nuevo rumbo. Decisión, responsabilidad, ímpetu, y confianza son parte de los desafíos que llevamos adelante cuando decimos tomar el timón de nuestro barco.

Leía por allí que alguien decía “es horrible extrañar a alguien que no piensa en ti”, y cabe preguntarnos por qué extrañar a alguien que ya no es parte de nuestros días, que ha decido olvidarnos o dejarnos en el estante del pasado. En sí surgen preguntas como: ¿masoquismo, falta de amor propio? ¿Por qué aferrarnos a un recuerdo agónico, a un imposible?

Desde luego que cuando decimos borrón y cuenta nueva, lo hacemos con decisión, seguramente luego de haber sufrido, habernos desengañado, y entendido que esa persona ya no es parte de nuestros días, y si lo es lo será para molestar nuestra existencia. A lo largo del camino, se van instalando obstáculos, impedimentos, piedras, cabe cuestionarnos por qué a todas esas dificultades incluir personas que ni nos recuerda, o al menos no nos siente como parte fundamental de sus días.

Todo esto viene muy alineado a que si alguien no suma, tampoco debe restar, y quien nos quita tiempo y energía vital, en definitiva resta a nuestros días.

En definitiva decimos borrón y cuenta nueva, luego que hicimos el duelo correspondiente, de asumir que esa persona ya no es parte de este presente, y tampoco lo será del futuro. Quizás nos cueste lágrimas, pero dicen que llorar sana y reconforta.

Tantas veces nuestro corazón sufre, no encuentra consuelo, y nos hallamos ante un verdadero laberinto, del cual nos es prácticamente imposible salir. Donde las razones pierden el sentido, y las respuestas se alejan tan distantes que no alcanzamos a distinguirlas.

¿Es qué a caso alguien merece nuestras lágrimas?, quizás quien esté sufriendo por un desencanto o desilusión conteste rápidamente que sí a esta pregunta. Por otra parte, si nos ponemos a pensar en algún momento de la vida todos hemos sufrido por causa de una persona. Entonces ¿cómo encarar el dolor?

Dicen que “ninguna persona merece tus lágrimas, y quien las merezca no te hará llorar”, tal vez comprendamos que quien realmente nos quiere o aprecia no nos hará llorar, por el contrario intentará hacernos sonreír y vibrar. Nos valorará tal cual somos, y es posible que su mirada nos realce, pues los ojos del amor tienen esa virtud de embellecerlo todo.

Aunque a un corazón partido no es sencillo consolarlo, ni darle consejos, pues en el medio de su dolor no verá más que sombras. Seguramente en lo profundo de su alma encuentre el dolor por haber confiado en alguien que lo defraudó y por lo que esta frase se ve hermosa pero muy poco significativa dado el momento que vive.

Por eso, “si por la noche lloras por no ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas”. Por lo tanto, es primordial secar esas lágrimas y mirar lo que nos rodea, pues ese mismo dolor no nos permita ver situaciones que realmente importan, y que podrían significar un cambio para ese sufrimiento.

No está mal llorar, aunque dicen que es cosa de mujeres, no es cierto, los hombres también lloran.

Mas quien no derrama una lágrima es porque su corazón ha dejado de latir, ha quedado anestesiado frente a cualquier situación, y eso tampoco es natural, porque por más dura que sea la vida no podemos dejar de sorprendernos, de conmovernos ante las distintas situaciones que se presentan y que son dignas de promover todos nuestros sentidos, pues estamos vivos.

Desahogarse es bueno, “las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman”. Es necesario sacar todo eso que nos oprime el pecho, que nos angustia, pero no permitamos que el dolor nos paralice, pues cada lágrima derramada deberá ser una gota que nos impulse a avanzar y a sobreponernos. Es por eso que muchas personas luego de llorar manifiestan un gran alivio.

Si bien el dolor la mayoría de las veces es inevitable pero el sufrimiento es opcional. Por lo tanto, lo importante es el modo como hacemos frente a esta situación, está en cada uno velar de por vida un problema, o encararlo para continuar en pie, pues la vida es devenir, es cambio, y si nos paralizamos no nos espera.

Quizás recordar es la mejor forma de olvidar, porque significa que asumimos lo ocurrido.

Pero quien se encuentra en una situación donde el corazón ha quedado desgarrado, difícilmente haga caso a consejos, a sugerencias, pues el dolor enceguece y no permite ver más que el sufrimiento. Es aquí donde se debe intervenir, este punto es trascendental para no quedar atrapados en el sufrimiento como una mosca en la tela de una araña. Para ello debemos pararnos delante de esa situación que nos aniquila y tener muchas agallas de tomar una resolución definitiva para poder dejar atrás este suceso y continuar. Este punto sino podemos llevarlo a cabo por nosotros mismos la ayuda de profesionales en salud mental, la familia y amigos será primordial.

Según Nietzsche “lo que no nos mata nos fortalece”. Detengámonos a pensar cuantas veces luego de varios días de padecer una virosis, nuestro organismo lucha hasta que nuestro sistema inmunológico logra vencer el mal. Del mismo modo, nuestra alma, espíritu se fortalecen tras parecer hundirse en las aguas más turbulentas, porque el ser humano tiene esa capacidad o se instinto de conservación que lo lleva a superar las pruebas más duras. Aquí habrá quienes hablen de fe, otros de voluntad, tesón, pero más allá de las motivaciones o las herramientas las personas salimos adelante.

A lo largo de nuestra vida cualquier tipo de pérdida trae como resultado el dolor. La forma de respuesta a esa pérdida está íntimamente relacionada con nuestra personalidad, cultura y nuestras creencias.

El escritor italiano Arturo Graf quien expresa que “la vida es un negocio en el que no se obtiene una ganancia que no vaya acompañada de una pérdida”, por eso está en cada uno la fuerza que pongamos para sobreponernos a los momentos que nos causan dolor, de modo de aceptar lo que nos ha sucedido y continuar el camino. Mas estará en cada uno ver el medio vaso vacío o lleno.

Finalmente, para quien padece un gran dolor ocasionado por una pérdida importante, no es sencillo recuperar las fuerzas, el optimismo, el entusiasmo, más la propia dinámica de la vida colaborará para que cada persona pueda salir de ese pozo en el que está sumergida, pues siempre aparecerá alguien que nos tenderá una mano, nos alentará con sus palabras, nos brindará su apoyo sincero, y entonces surgirá una luz que nos permitirá dar el primer paso para salir adelante y decir borrón y cuenta nueva.

Andrea Calvete



PSICODELIA DE COLORES

Conectarnos con nuestro interior no es fácil, descubrir ese yo dormido, oculto bajo esa cotidianidad que nos circunda y a la vez algunas veces no nos deja ser. Pararse ante lo que no nos animamos, o lo que quizás ni remotamente nos atrevemos a percibir, estar dispuestos a que confluya todo lo que hay en nosotros, en un intento por ser auténticos con lo que pensamos, hacemos y decimos.

Manifestar nuestra alma, nuestro yo interno sólo es posible cuando a través de un medio de expresión nos dejamos ser, dejamos fluir la psicodelia de colores que en nosotros habita, sin sustancias tóxicas, sin drogas, solamente a través de esas emociones que están a la espera de ser descubiertas, experimentadas.

El ser humano es creativo, inteligente, hábil conductor de las ilusiones y deseos, un soñador nato, dispuesto a crear y volar, a dejar fluir lo que en él habita. Lamentablemente, algunas veces con el correr del tiempo se va apagando ese ser soñador, creativo, inteligente, y va apareciendo un ser decepcionado, rutinario y gris, en el que quedan poco lugar para descubrir, renacer o revivir.

Suele suceder que ante las dificultades que vamos experimentando, las fuerzas se empalidecen, los ánimos se aplacan, y las ilusiones se desvanecen. Sin embargo, siempre se posible un cambio, un despertar y un comienzo, sólo es cuestión de estar abiertos a un desafío, a una nueva posibilidad.

Pararnos frente a esa realidad que nos circunda, y dar la bienvenida a lo imaginario, a lo irreal, a lo que quizás provenga de esas profundidades no habitas, tiene que ver con dejarnos seducir con esos brillos, colores, texturas, sonidos y aromas que están latentes, a la espera de que los dejemos ser, sólo debemos atrevernos a despertarlos y a permitirles manifestarse a través de cualquier expresión a nuestro alcance.

Quizás hoy es el momento preciso de pararnos ante nuestros procesos cognitivos cuestionarlos, desobedecer a esa rutina aplastante, y orbitar en la búsqueda de nuevas percepciones, estimulados por lo que aún no hemos sido capaz de descubrir y de alcanzar.

Cada día es un comienzo nuevo, un despertar a las oportunidades, a las nuevas etapas que nos quedan por andar y descubrir. Seguramente seguiremos aprendiendo hasta el último de nuestros días, pero hay que estar dispuestos a empaparnos de las nuevas notas de cada día, con ilusión y compromiso, con emotividad y entusiasmo.

Manifestar nuestra alma, nuestro yo interno sólo es posible cuando a través de un medio de expresión nos dejamos ser, dejamos fluir la psicodelia de colores que en nosotros habita, sin sustancias tóxicas, sin drogas, solamente a través de esas emociones que están a la espera de ser descubiertas y experimentadas.

Pararse frente a la psicodelia de colores es permitirse navegar entre la diversidad de oportunidades que tenemos y tantas veces no somos capaces de ver, de imaginar, ni si quiera de pensar, por temor, por encapsularnos en ese acotado mundo en el que encontramos un espacio en el que tenemos cabida pero realmente no nos cuestionamos ni por qué, ni cómo , ni cuándo, ni con qué fin estamos allí. Hoy es buen día, para cuestionarnos dónde, cómo , para qué , y hacia dónde dirigirnos y estar.

Andrea Calvete

EL RITUAL DE LA COMETA

Entre las nubes serpentean coloridas y brillantes como si quisieran alcanzar el sol, se elevan mientras sus flecos se despliegan en un baile mágico, han inundado el cielo. Es un ritual que se repite año a año, con el primer viento de primavera las cometas se hacen presentes para alegrar los días de todo aquel que aún tiene un niño dentro.

Un ritual que requiere de un preparativo, de la elección de un lugar preciso, y también de la disposición para que nuestra cometa cuidadosamente elegida se eleve entre el armonioso vaivén de la brisa. Sí todo está preparado, nos disponemos a poner mano a la obra, para unirnos a la fiesta primaveral del despliegue de cometas en el cielo.

¿Quién en su niñez no ha remontado una cometa?

Seguramente los lleve a recordar esos comienzos dificultosos, en los que su padre, madre, abuelos o tíos, en el afán de que la cometa se desplegara terminaban ellos sosteniendo el barrilete. Pero lo cierto, es que luego de varios intentos finalmente lográbamos remontarla. ¡Ah qué sensación placentera tener el hilo en nuestras manos, mientras suavemente la veíamos elevarse sin obstáculos, hasta donde el carrete llegara!

La memoria tiene ese fantástico don de traer de esas estantería recuerdos que parecían haber quedado perdidos pero allí están, y regresan con los aromas, tonalidades, sabores, texturas y sonidos vividos, es posible entonces revivir esas tardes en las playas remontando cometas, o en un parque donde los árboles nos hicieran un espacio.

¡Cómo no recordar la ilusión de mi padre que nos llevaba a mi hermano y a mí para abrir la temporada de cometas. Mamá nos miraba pero no intervenía en la consecución del remonte, simplemente nos acompañaba atenta y divertida. Recuerdo que año a año todo comenzaba con la compra de las cometas, escoger cuidadosamente la que nos gustara y a su vez la que tuviera un formato propicio para volar alto, porque de eso se trataba de verla flamear muy pero muy alto. Los ojos verdes de mi padre brillaban luminosos cuando al fin lográbamos sostener nuestros hilos y mantener por un buen rato las cometas elevadas, cosa que duraba unos minutos porque al ratito caían y volvíamos a empezar la ceremonia.

Y no faltaba la ocasión en que por remontarla en los jardines de nuestro barrio, la cometa quedaba atrapada entre algún árbol, o en los cable de la luz. Ay qué dolor cuando esto sucedía, era como enfrentar un inmenso duelo, terrible, desgarrador. “Se los dije”, decía mi padre intentando consolarnos y también recordándonos el error cometido, pero ya era tarde nuestras cometas habían quedado atrapadas, y lo más triste que la veríamos allí rotas seguramente testigos de toda nuestra primavera.

¿Quién no ha remontado una cometa alguna vez?

Y siempre es una buena oportunidad para hacerlo. Remontar una cometa es permitirse volar, dejar que fluyan nuestras ilusiones, nuestra creatividad puesta al servicio del viento que nos acaricia suavemente en la primavera. Así se deslizan diáfanas las cometas en busca de elevarse y permanecer flotando en ese maravilloso cielo de posibilidades. El sol brilla entre los colores de sus telas, mientras ellas llenas de encanto vuelan libres, soñadoras en busca de iluminar las pupilas y sacar el brillo de las miradas que descreídas vagaban ausentes.

¿Quién no se ha dejado cautivar por el encanto de una cometa?

Quizás en algún momento caminando en primavera al elevar nuestra mirada al cielo nos hemos topado con ellas, y hemos quedados absortos mirándolas deslizarse con gracia y fluidez. Suele ocurrir que no todos los lugares son propicios para remontar cometas, tienen que ser lugares despejados como la playa, el campo, o parques donde la presencia de los árboles se disipe, por este motivo solemos ver varias cometas flameando cerca, porque son lugares apropiados para remontarlas. Ah qué maravilla dejarse llevar por esa fiesta de cometas que se elevan coloridas, sin otra pretensión que volar libres llevadas por ese viento tibio primaveral, perfumado por esa nueva estación que llega vigorosa a despertar la esperanza.

Andrea Calvete