sábado, 9 de noviembre de 2019

UN SILENCIO PLAGADO DE RESPUESTAS

En los espacios donde se producen las pausas habitan los silencios, semidormidos nos interpelan, cansados de ser omitidos buscan ser escuchados, hasta finalmente se aglutinan en un silencio plagado de respuestas.

Como diría su madre “rebusques para detener el tiempo”, así detrás de aquella tintura escondía sus canas. Años que cada vez pasaban más rápido, lentamente se escapaban, se esfumaban como la arena cuando la deseamos atrapar entre las manos.

Un día poco prometedor, plomizo se deslizaba el cielo como si cerraran las oportunidades y a cambio pusiera sobre la mesa un sinfín de impedimentos. Sencillamente no era la mejor oportunidad para poner las cartas sobre la mesa, hoy la balanza parecía no ser equitativa. La tintura iba haciendo efecto, y los cabellos blancos se iban coloreando lentamente, como si la juventud con gesto heroico pretendiera regresar.

Las nubes corrían bajo la monotonía de un cielo casi uniforme sin demasiados matices. Sin darse cuenta se vio navegando por las Rías Gallegas, en esos brazos de mar que penetran la tierra frondosos como si la mano del Todopoderoso se hubiera apoyado allí para descansar. Los inmensos acantilados de sus antepasados la invitaron a recorrer las aguas azules, los viñedos desbordantes de uvas jugosas y los perfumados pinares tentadores para dormir una siesta profunda. El yodo del mar penetró por sus narinas, mientras un par de gaviotas revoloteaba alto en una danza enigmática. No paraba de preguntarse, por qué dejar este paraíso y cruzar un océano para llegar a nuestro diminuto país. Un silencio plagado de respuestas que conocía de memoria le hizo compañía.

Dentro de los “rebusques para detener el tiempo”, no faltaría un vaquero, una prenda que parece rejuvenecer a las personas, desteñidos, gastados, rotos, son capaces de imprimir ese look descontracturado juvenil, así que tomó de su ropero el primer jean que encontró en la estantería más a mano, y una camisa blanca recién lavada, y se dispuso a emprender el día. Nuevamente se tropezó con un silencio plagado de respuestas, no las quería escuchar por lo que prefirió conectarse a su celular, buscó música en Spotify que le permitiera alejarse de este silencio repleto de dudas.

El olor a café con leche la retrotrajo aquellas mañanas en las que desayunaba en casa de su abuela. Su pelo gris entrado en canas y los surcos de sus arrugas se hicieron presentes, no había tinta que los atemperara ni cremas que las ocultaran, estaban allí presentes como fieles testigos de aquellos años repletos de sacrificio, amor y alegría. Recordó las pupilas centelleantes que brillaban a pesar de todo lo que la vida llena de contratiempos le había puesto por delante, mujeres como su abuela por parte de padre o bisabuela por parte de madre, marcarían profundamente su camino. Un silencio plagado de respuestas la acompañó nuevamente, sólo que ahora con la intención de hacerle grata compañía.

Andrea Calvete

viernes, 8 de noviembre de 2019

MUNDO DE COLORES

Se entrelazan los colores, tejen historias, moldean corazones, enmascaran emociones, y vibran al ritmo de la vida. Me pierdo en su danza mágica, los observo admirada y los descubro con encanto.

La humedad y el frío del invierno los acomodan en esa sala en la que los azules se aquietan, mientras algún verde esperanzador asoma y un violeta con ánimo conciliador los acaricia. El aire rancio por el encierro les quita brillo y naturalidad, los encorseta intentando igualarlos pero aún así no lo logra. Cada uno a pesar de la tenue luz colorea el ambiente con los tonos propios de la estación. Un bandoneón melancólico palpita en sus corazones, mientras se ponen en pareja para bailar un tango cuerpo a cuerpo.

La tibia brisa primaveral les brinda la posibilidad de ser, alumbrados por una luz llena de esperanza. Los naranjas llaman entusiasmados a los amarillos para que les hagan compañía. Los rojos se apasionan y con sensualidad caminan. Los turquesas con elegancia y vigor navegan amenos pretendiendo hacerles compañía a todos los colores. El blanco y el negro de la mano se pasean duales y bellos. Los verdes en sus distintas tonalidades deslumbran con esplendor. Los azules dejan su sobriedad y se disponen a sentir. Las ventanas abiertas traen consigo el aroma de las flores llenas de encanto. El trinar de los pájaros fluye y los invita nuevamente a bailar, pero ahora a ritmo de vals, con sus mejores galas fluyen encendidos por la magia del renacer.

Cuenta el negro con su rictus solemne, que el naranja surgió de danza apasionada entre el rojo y el amarillo, bailaron toda una primavera y un verano sin parar. Así se gestó el naranja lleno de vigor y encanto, desbordante de una contagiosa energía.

El blanco bendecido por la luz , con el brillo de sus pupilas comprensivas ha logrado cautivar a todos los colores quienes encantados por su suavidad han contado sus secretos más profundos. El rosa pálido es el primero que se le ha hecho compañía con la delicadeza casi angelical que lo perfuma. Así el blanco con la serenidad que lo distingue es sumamente discreto a la hora de guardar cada palabra que le ha sido confiada.

El celeste pálido amanece entre todos y aguarda a que las horas transiten a su ritmo para que diferentes tonalidades tengan cabida.

Los observo extasiada, deslumbrada por su belleza y no dejan de bailar, próximos al comienzo del verano se deslizan a ritmo de tambores que asemejan a latidos embriagados por el entusiasmo y alegría de esta nueva estación. Rojos, naranjas, amarillos, violetas, turquesas, azules, celestes, rosas, marrones, blancos, negros, grises, todos danzan sin excepción.

Se entrelazan los colores, tejen historias, moldean corazones, enmascaran emociones, y vibran al ritmo de la vida. Me pierdo en su danza mágica, los observo admirada y los descubro con encanto.

Andrea Calvete

sábado, 2 de noviembre de 2019

TRAGAR SIN MASTICAR Y DIGERIR

Es una utopía el querer tragar sin masticar y digerir, es simplemente hacernos trampa al solitario, o tapar el sol con las manos. Hay una suerte de paralelismo con querer acotar un abismo. Pero en la vorágine del diario vivir con el afán de seguir adelante anteponemos ese urgir sin discernir demasiado.

En el proceso de digestión para asimilar lo que consumimos debemos masticar, deglutir, de modo de poder realizar un correcto proceso digestivo. De igual manera cuando nos emprendemos en el camino del conocimiento el incorporar nuevos conceptos trae aparejado masticar y digerir, es decir un análisis minucioso para poder asimilar lo que vamos lentamente incorporando.

José Ingenieros en su libro “El hombre mediocre” nos lleva a cuestionarnos en el proceso de aprendizaje y nos dice: “Tragan sin digerir, hasta el empacho mental: ignoran que el hombre no vive de lo que engulle, sino de lo que asimila”. Evidentemente, cuestionarnos es parte fundamental en cada trayecto del camino. El análisis crítico es el que nos permite tomar perspectiva, distancia y a su vez ese cuestionamiento necesario para avanzar y crecer.

Quien traga sin masticar, seguramente no va a digerir, no va a procesar lo que está incorporando. Es como dice un antiguo proverbio, estaríamos tirando margaritas a los chanchos.

El asimilar trae aparejado incorporar nuevos conceptos, el estar abiertos al cambio, al cuestionamiento, a los nuevos caminos y a los desafíos. El no cuestionarnos nos aleja de la realidad, de los acontecimientos que tienen lugar día a día que nos interpelan constantemente. Aunque algunas veces sentados en un lugar cómodo, por cansancio, hastío o simplemente por descreimiento, nos ubicamos sin más pretensión que la de ver pasar la vida como meros espectadores, y no como participantes.

No sentirnos partícipes, algunas veces tiene que ver con ese alejamiento momentáneo, en busca de respuestas, en ese “stand by” en el que pretendemos hacer una pausa, para inspirar profundo y retomar las fuerzas. Sin embargo, el mundo el mundo sigue andando, y no nos espera, y aunque decidamos ser simples espectadores, somos partícipes aún cuando tomamos distancia.

Tragar sin masticar y digerir, es saltar al vacío, es un intento suicida que nos acerca a un mundo agónico, sin esperanza, sin luz. La paciencia es un paso fundamental a la hora de llevar a cabo cualquier proceso en la vida, iluminados por los minutos de calma, de meditación, de encuentro con uno mismo, en ese proceso en el que iremos analizando a través de nuestra razón e inteligencia todo lo que vamos experimentando, para así gradualmente incorporar nuevos conceptos que nos permitan dar un paso más .

Es una utopía el querer tragar sin masticar y digerir. Mientras masticamos mantenemos la boca cerrada, nos imponemos el silencio ese aliado tan necesario para tomar distancia con las palabras que se dicen sin pensar, sin analizar cuidadosamente. Hay un viejo proverbio que dice que es mejor “ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”, de allí la importancia en este proceso aprendizaje de la valoración del silencio, la meditación y el encuentro.

Andrea Calvete

HÚMEDOS MINUTOS

Han decido compactarse los minutos en la humedad de la mañana, en el difuso sol plomizo y sofocante. En una mezcla casi indescriptible los aromas primaverales se funden en un gris tornasolado envolvente.

El cielo silba bajito una melodía suave y melancólica, mientras las lavandas perfuman delicadamente el día. Pequeñas gotas testigos de la lluvia brillan como perlas y agudizan los aromas de las flores.

Caminan descalzos los minutos, se deslizan imposibles de detener, aunque hay una suerte enigmática que pretende atraparlos en ese sopor en el que transcurre la mañana.

Los pájaros trinan llenos de entusiasmo, no les importa que los minutos lo desafíen, para ellos no hay barreras temporales, vuelan libres mientras cantan agradecidos por el nuevo día.

Con su perfume penetrante el romero intenta seducir a esos minutos que se escapan decididos, mientras interrogan a cada palabra que los interpela, escurridizos buscan perpetuarse en el vaivén de la brisa.

Con el desenfado que los caracteriza los minutos sonríen a las nubes que sueñan con atraparlos con sus mullidas formas. Cuando el milagro parece producirse, se escapan entre un pequeño espacio celeste que se cuela victorioso y les abre como por arte de magia la salida.

A esta altura no hay quien pueda detenerlos, con destreza se deslizan en perfecta armonía y se esfuman en la humedad envolvente de la mañana.

Andrea Calvete



sábado, 26 de octubre de 2019

CARTAS EN EL ASUNTO

Los recuerdos se deshilachan descoloridos entre las causas perdidas. Una melodía triste y confusa acompaña la escena, mientras las ventanas se cierran. El aire viciado aniquila a los pensamientos, mientras la razón se desespera y pide ayuda a la inteligencia.

Pero no hay ayuda que valga cuando la tristeza se engalana, es poderosa y fuerte, a pesar de parecer quebradiza y a punto de desfallecer. Entre un pequeño halo de luz se cuela la melancolía para hacer más contundente la escena. La desesperanza oprime el pecho y envuelve el recinto con su manto coartador de posibilidades.

La ilusión ya casi sin pulso intenta salir de la sala, necesita oxigenarse, tomar contacto con un rayo de luz. Va a hasta la cocina para servirse una tizana, mientras la prepara canta una vieja melodía que le había enseñado su madre, la letra la impregna de esperanza. De pronto, la vitalidad se suma y todo parece encausarse.

Los recuerdos con colores más intensos se aproximan y dan cuenta de otra realidad muy diferente, en la que la tristeza se esfuma porque la alegría también ha sido parte de los días. La inteligencia y la razón han tomado cartas en el asunto. Los postigos se abren y el aire de la primavera perfuma el ambiente, la brisa fresca se esparce, mientras el trinar de los pájaros entusiasma a las posibilidades.

Andrea Calvete
             




"LO QUE MATA ES LA HUMEDAD"

En busca de soluciones, oportunidades, o poder salir adelante inevitablemente corremos detrás de un causante, alguien que posea una responsabilidad en lo que sucede, o al menos a quien culpar. Pero es ineludible que “lo que mata es la humedad”

Había una vieja expresión italiana que decía: “ Piove governo ladro”. Esta expresión se utiliza como una parodia de los dichos populares contra el gobierno y, en general, contra el poder establecido, culpables, en su opinión, de todos los males posibles y, por lo tanto, hasta de la lluvia. Tiene diversos orígenes, pero hoy más que detenerme en los orígenes quisiera analizar por qué siempre buscamos un culpable.

Lo primero que se da en una situación injusta es buscar un responsable, y para saldar totalmente las cuentas hallar un culpable para trascender un escalón más. La culpa se define por una omisión de la conducta debida para prever y evitar el daño. Se manifiesta a través de la imprudencia o negligencia.

Si hablamos de culpables hay un viejo dicho que dice, “lo que mata es la humedad”, causante de enfermedades respiratorias, cansancio, dolor en los huesos, moho, hongos y bacterias. Cuando hay mucha humedad todo parece estar pegajoso, y nada se seca. Pero de regreso a encontrar otro culpable de lo que nos pasa la humedad es la causante de tantas situaciones. Creo que a esta altura si la tuviéramos que sentar en el banquillo de los acusados de allí no saldría.

Parecería que hallando un culpable nos sintiéramos mejor, como si un peso se nos quitara de encima. Es así que cuando se rompe una relación de pareja, se suele buscar un culpable, alguien que sea el gatillo disparador. Sin embargo, el disparador generalmente es una relación desgastada, quebradiza que ya no quiere más nada, pero existe otro dicho que es muy pertinente que dice “que no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Aunque si nos descuidamos, dentro de las razones más comunes surja esa humedad molesta que hizo que tuviéramos un día pésimo y un humor desastroso, lo que de alguna manera nos llevó a actuar horrible, y he aquí el primer desencadenante de esa posible ruptura.

Quizás sin darme cuenta estoy aquí escribiendo, porque la humedad ha invadido mi casa, mis huesos, y mi vida, se ha escabullido silenciosa y me ha hecho reflexionar en estas líneas. No lo sé, pero pensándolo bien posiblemente así sea. Lo cierto, es que no sé bien por qué, pero es habitual que queramos encontrar ese culpable que nos escinda de responsabilidades y nos haga sentir mejor, cuando en realidad deberíamos analizar por qué hemos llegado hasta dónde estamos y qué hemos hecho para que esto ocurriera.

En busca de soluciones, oportunidades, o poder salir adelante inevitablemente buscamos un causante, alguien que posea una responsabilidad en lo que sucede, o al menos a quien culpar. Pero es ineludible que “lo que mata es la humedad”

Andrea Calvete






jueves, 24 de octubre de 2019

LA INDIFERENCIA JAMÁS PASA DESAPERCIBIDA

¿Pasan desapercibidos los gritos de quien lucha, el llanto del que sufre, los ojos del que suplica, o las manos del que pide?... Día a día es tanto lo que pasa ante nuestros ojos que quedamos anestesiados al recibir tanta información. Sin embargo, al final del día algo cala bien profundo, y queda en ese yo interior interrogándonos.

Continúan los días entre el sinfín de situaciones por resolver, trabajo por cumplir, explicaciones que dar, tareas por finalizar, y nos volvemos a preguntar: ¿Pasan desapercibidas las injusticias, las mentiras, el odio, la envidia, el engaño? Intentamos contestar alguna de estas interrogantes, y el sol se pone y el día finaliza. Al apoyar la cabeza en la almohada vemos que algunas de las preguntas parecen encontrar una respuesta o alternativa.

Todas las interrogantes que nos pone por delante la vida, van en aumento y se acumulan en ese baúl compuesto de preguntas que buscan desesperadamente ser respondidas. Sentimos que se nos acaba el tiempo, y que son pocas las expectativas. Sin embargo, al mirar a nuestros hijos, y generaciones más pequeñas, surge una fuerza que nos impulsa a seguir con vitalidad hacia adelante, sin excusas, sin miedos, con los puños remangados apostando la vida.

Todos como seres únicos y diferentes requerimos de ser atendidos, escuchados, amados, apreciados, valorados, distinguidos. Sin embargo la indiferencia nos sume como seres en serie, en donde los sentimientos no tienen razón de ser, ni esas diferencias que nos hacen personas únicas y especiales tampoco.

La indiferencia se pone sus mejores galas y pasa frente a cada una de las interrogantes, se ríe de ellas y sigue de largo, camina unos cuantos metros hasta que se topa con el conocimiento, la razón y la inteligencia, quienes se interponen y la paran porque hasta ahora nunca la indiferencia pasó desapercibida.

Andrea Calvete

domingo, 20 de octubre de 2019

ROMPER EL SILENCIO

Llevamos años una junta a la otra, pero no nos dirigimos la palabra. Hoy la lluvia cae como si nunca fuera a parar, el día invita a romper el silencio, lleno de dudas, de misterios y de sombras. Abro mis postigos y quedo entreabierta para que el agua salpique a mi amiga la planta que se ve muy seca, lleva días sin beber un sorbo.

Me presento  entusiasta -Soy la ventana que te ilumina todos los días.

 La planta con las primeras gotas que entran de refilón respira y se incorpora.

-Gracias que te has dignado a dejar entrar la lluvia porque estaba a punto de morir deshidratada mi buena amiga ventana.

Llevamos años una junta a la otra, pero no nos dirigíamos la palabra. Romper el silencio, es estar dispuesto a desnudarse frente al otro, o al menos dejarse ver de refilón para empezar, es pretender conocerse o al menos acercarse.

Para romper el silencio hay que estar decido a dar un paso más, a avanzar, porque quien habla es porque tiene algo para decir, para aportar o comunicar.

Quien está en silencio medita, piensa, recorre los lugares más profundos, teje sus sueños, acaricia sus anhelos, planea cuidadosamente sus encuentros, habita con especial cuidado cada rincón a la espera de que llegará el momento de hacer verbo sus palabras.

Esplendorosa reverdece la planta y empieza a cantar agradecida. Nunca la había oído cantar.

-¡Qué hermosa voz que tienes!

- Gracias a ti ventana, he recuperado mi alegría de vivir.

- Festejemos la llegada de las palabras- contesto animada.

Llevamos años una junta a la otra, pero no nos dirigíamos la palabra. Hemos recuperado las palabras, el habla, hemos roto el silencio. La lluvia y el día gris nos han puesto a prueba. Hablamos hasta que la luna salió amarilla y enorme. Entonces mis postigos se cerraron y la planta se acurrucó entre sus hojas.

-Buenas noches bella ventana mañana nos espera un largo día- dijo ya casi entre sueños.

- Buenas noches, claro que sí- le dije llena de emoción. Sabía que nos acompañarían largas y amenas charlas, y una amistad por delante.

Andrea Calvete

sábado, 19 de octubre de 2019

MIENTRAS ALGUIEN PIERDE ALGO, OTRO LO ENCUENTRA

Dicen que mientras alguien pierde algo, otro lo encuentra. Así en este círculo de oportunidades nos deslizamos sin ser demasiado conscientes. Mientras algunos pierden sus ilusiones, su risa, sus anhelos, su fe y esperanza otros las encuentran luego de haber caminado sin sentido durante mucho tiempo.

En realidad es imposible caminar sin sentido, es probable que sea un camino no premeditado o buscado, pero una dirección a seguir, en el que no hay planificación o previsión se anda a impulsos y se continúa. De todas formas, en algún momento se toma contacto con lo que nos pasa, con lo que nos aqueja, con ese lugar donde nos aprieta el zapato o nos lastima. Es allí cuando entendemos porque hemos llegado hasta este sitio que empezamos a descubrir ese rumbo que hasta ahora parecía sin sentido.

En medio de sobresaltos, decepciones, contrariedades, fracasos, la risa comienza a desdibujarse, hasta que se pierde por completo, y queda arrumbada en una estantería a la que quien se dispone a brillar, a existir la toma en su rostro en un intento por continuar de la mejor manera.

En medio de angustias, de mentiras, de hipocresía, de dolor y violencia, el brillo de la mirada se va apangando, se va achicando hasta que se instala en un estante donde quien se dispone a dejarse seducir por la vida la toma esperanzado de encontrar un destello en su camino.

En medio de los apuros, las carreras por llegar más y más lejos sin importar nada, el calzado cómodo se va perdiendo, nuestros pies comienzan a hincharse a llenarse de llagas con las que casi es imposible caminar. Queda allí el calzado cómodo a disposición de quien decide transitar sin prisa, con determinación y serenidad, porque entiende que despacio se llega lejos.

Quien más o quien menos ha perdido tantas cosas, pero a su vez a encontrado otras. Quizás las primeras pérdidas sean las que nos sorprendan y desajusten por completo porque son los primeros avatares del camino. Sin embargo, con el correr de la vida uno asimila que perder y encontrar son dos vocablos que navegan sin descanso en una búsqueda continua por sucederse uno tras otro.

Dicen que mientras alguien pierde algo, otro lo encuentra. Así en este círculo de oportunidades quien pierde la pasión es porque ya no encuentra sentido en lo que hace, o quien pierde las expectativas es porque las puso en donde no debía, o quien cansado de esperar se aleja de la esperanza… y así los ejemplos podrían prolongarse, pero lo cierto es que mientras alguien desencantado pierde sus fuerzas, y parece quedarse sin motivos, otros en ese mismo círculo encuentran los por qué para continuar. Los cómo sin lugar a duda también tendrán cabida como parte de esta circunferencia virtuosa en el que todo continúa y se revierte, en este ciclo vital en el que opuestos y complementarios son parte del todo.

Andrea Calvete

sábado, 12 de octubre de 2019

BORRÓN Y CUENTA NUEVA

Nada fácil llevar adelante un borrón y cuenta nueva, requiere de agallas, de temple, de poner sobre la mesa lo que nos pasa, de decir hasta aquí llegué, tomaré un nuevo rumbo. Decisión, responsabilidad, ímpetu, y confianza son parte de los desafíos que llevamos adelante cuando decimos tomar el timón de nuestro barco.

Leía por allí que alguien decía “es horrible extrañar a alguien que no piensa en ti”, y cabe preguntarnos por qué extrañar a alguien que ya no es parte de nuestros días, que ha decido olvidarnos o dejarnos en el estante del pasado. En sí surgen preguntas como: ¿masoquismo, falta de amor propio? ¿Por qué aferrarnos a un recuerdo agónico, a un imposible?

Desde luego que cuando decimos borrón y cuenta nueva, lo hacemos con decisión, seguramente luego de haber sufrido, habernos desengañado, y entendido que esa persona ya no es parte de nuestros días, y si lo es lo será para molestar nuestra existencia. A lo largo del camino, se van instalando obstáculos, impedimentos, piedras, cabe cuestionarnos por qué a todas esas dificultades incluir personas que ni nos recuerda, o al menos no nos siente como parte fundamental de sus días.

Todo esto viene muy alineado a que si alguien no suma, tampoco debe restar, y quien nos quita tiempo y energía vital, en definitiva resta a nuestros días.

En definitiva decimos borrón y cuenta nueva, luego que hicimos el duelo correspondiente, de asumir que esa persona ya no es parte de este presente, y tampoco lo será del futuro. Quizás nos cueste lágrimas, pero dicen que llorar sana y reconforta.

Tantas veces nuestro corazón sufre, no encuentra consuelo, y nos hallamos ante un verdadero laberinto, del cual nos es prácticamente imposible salir. Donde las razones pierden el sentido, y las respuestas se alejan tan distantes que no alcanzamos a distinguirlas.

¿Es qué a caso alguien merece nuestras lágrimas?, quizás quien esté sufriendo por un desencanto o desilusión conteste rápidamente que sí a esta pregunta. Por otra parte, si nos ponemos a pensar en algún momento de la vida todos hemos sufrido por causa de una persona. Entonces ¿cómo encarar el dolor?

Dicen que “ninguna persona merece tus lágrimas, y quien las merezca no te hará llorar”, tal vez comprendamos que quien realmente nos quiere o aprecia no nos hará llorar, por el contrario intentará hacernos sonreír y vibrar. Nos valorará tal cual somos, y es posible que su mirada nos realce, pues los ojos del amor tienen esa virtud de embellecerlo todo.

Aunque a un corazón partido no es sencillo consolarlo, ni darle consejos, pues en el medio de su dolor no verá más que sombras. Seguramente en lo profundo de su alma encuentre el dolor por haber confiado en alguien que lo defraudó y por lo que esta frase se ve hermosa pero muy poco significativa dado el momento que vive.

Por eso, “si por la noche lloras por no ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas”. Por lo tanto, es primordial secar esas lágrimas y mirar lo que nos rodea, pues ese mismo dolor no nos permita ver situaciones que realmente importan, y que podrían significar un cambio para ese sufrimiento.

No está mal llorar, aunque dicen que es cosa de mujeres, no es cierto, los hombres también lloran.

Mas quien no derrama una lágrima es porque su corazón ha dejado de latir, ha quedado anestesiado frente a cualquier situación, y eso tampoco es natural, porque por más dura que sea la vida no podemos dejar de sorprendernos, de conmovernos ante las distintas situaciones que se presentan y que son dignas de promover todos nuestros sentidos, pues estamos vivos.

Desahogarse es bueno, “las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman”. Es necesario sacar todo eso que nos oprime el pecho, que nos angustia, pero no permitamos que el dolor nos paralice, pues cada lágrima derramada deberá ser una gota que nos impulse a avanzar y a sobreponernos. Es por eso que muchas personas luego de llorar manifiestan un gran alivio.

Si bien el dolor la mayoría de las veces es inevitable pero el sufrimiento es opcional. Por lo tanto, lo importante es el modo como hacemos frente a esta situación, está en cada uno velar de por vida un problema, o encararlo para continuar en pie, pues la vida es devenir, es cambio, y si nos paralizamos no nos espera.

Quizás recordar es la mejor forma de olvidar, porque significa que asumimos lo ocurrido.

Pero quien se encuentra en una situación donde el corazón ha quedado desgarrado, difícilmente haga caso a consejos, a sugerencias, pues el dolor enceguece y no permite ver más que el sufrimiento. Es aquí donde se debe intervenir, este punto es trascendental para no quedar atrapados en el sufrimiento como una mosca en la tela de una araña. Para ello debemos pararnos delante de esa situación que nos aniquila y tener muchas agallas de tomar una resolución definitiva para poder dejar atrás este suceso y continuar. Este punto sino podemos llevarlo a cabo por nosotros mismos la ayuda de profesionales en salud mental, la familia y amigos será primordial.

Según Nietzsche “lo que no nos mata nos fortalece”. Detengámonos a pensar cuantas veces luego de varios días de padecer una virosis, nuestro organismo lucha hasta que nuestro sistema inmunológico logra vencer el mal. Del mismo modo, nuestra alma, espíritu se fortalecen tras parecer hundirse en las aguas más turbulentas, porque el ser humano tiene esa capacidad o se instinto de conservación que lo lleva a superar las pruebas más duras. Aquí habrá quienes hablen de fe, otros de voluntad, tesón, pero más allá de las motivaciones o las herramientas las personas salimos adelante.

A lo largo de nuestra vida cualquier tipo de pérdida trae como resultado el dolor. La forma de respuesta a esa pérdida está íntimamente relacionada con nuestra personalidad, cultura y nuestras creencias.

El escritor italiano Arturo Graf quien expresa que “la vida es un negocio en el que no se obtiene una ganancia que no vaya acompañada de una pérdida”, por eso está en cada uno la fuerza que pongamos para sobreponernos a los momentos que nos causan dolor, de modo de aceptar lo que nos ha sucedido y continuar el camino. Mas estará en cada uno ver el medio vaso vacío o lleno.

Finalmente, para quien padece un gran dolor ocasionado por una pérdida importante, no es sencillo recuperar las fuerzas, el optimismo, el entusiasmo, más la propia dinámica de la vida colaborará para que cada persona pueda salir de ese pozo en el que está sumergida, pues siempre aparecerá alguien que nos tenderá una mano, nos alentará con sus palabras, nos brindará su apoyo sincero, y entonces surgirá una luz que nos permitirá dar el primer paso para salir adelante y decir borrón y cuenta nueva.

Andrea Calvete



PSICODELIA DE COLORES

Conectarnos con nuestro interior no es fácil, descubrir ese yo dormido, oculto bajo esa cotidianidad que nos circunda y a la vez algunas veces no nos deja ser. Pararse ante lo que no nos animamos, o lo que quizás ni remotamente nos atrevemos a percibir, estar dispuestos a que confluya todo lo que hay en nosotros, en un intento por ser auténticos con lo que pensamos, hacemos y decimos.

Manifestar nuestra alma, nuestro yo interno sólo es posible cuando a través de un medio de expresión nos dejamos ser, dejamos fluir la psicodelia de colores que en nosotros habita, sin sustancias tóxicas, sin drogas, solamente a través de esas emociones que están a la espera de ser descubiertas, experimentadas.

El ser humano es creativo, inteligente, hábil conductor de las ilusiones y deseos, un soñador nato, dispuesto a crear y volar, a dejar fluir lo que en él habita. Lamentablemente, algunas veces con el correr del tiempo se va apagando ese ser soñador, creativo, inteligente, y va apareciendo un ser decepcionado, rutinario y gris, en el que quedan poco lugar para descubrir, renacer o revivir.

Suele suceder que ante las dificultades que vamos experimentando, las fuerzas se empalidecen, los ánimos se aplacan, y las ilusiones se desvanecen. Sin embargo, siempre se posible un cambio, un despertar y un comienzo, sólo es cuestión de estar abiertos a un desafío, a una nueva posibilidad.

Pararnos frente a esa realidad que nos circunda, y dar la bienvenida a lo imaginario, a lo irreal, a lo que quizás provenga de esas profundidades no habitas, tiene que ver con dejarnos seducir con esos brillos, colores, texturas, sonidos y aromas que están latentes, a la espera de que los dejemos ser, sólo debemos atrevernos a despertarlos y a permitirles manifestarse a través de cualquier expresión a nuestro alcance.

Quizás hoy es el momento preciso de pararnos ante nuestros procesos cognitivos cuestionarlos, desobedecer a esa rutina aplastante, y orbitar en la búsqueda de nuevas percepciones, estimulados por lo que aún no hemos sido capaz de descubrir y de alcanzar.

Cada día es un comienzo nuevo, un despertar a las oportunidades, a las nuevas etapas que nos quedan por andar y descubrir. Seguramente seguiremos aprendiendo hasta el último de nuestros días, pero hay que estar dispuestos a empaparnos de las nuevas notas de cada día, con ilusión y compromiso, con emotividad y entusiasmo.

Manifestar nuestra alma, nuestro yo interno sólo es posible cuando a través de un medio de expresión nos dejamos ser, dejamos fluir la psicodelia de colores que en nosotros habita, sin sustancias tóxicas, sin drogas, solamente a través de esas emociones que están a la espera de ser descubiertas y experimentadas.

Pararse frente a la psicodelia de colores es permitirse navegar entre la diversidad de oportunidades que tenemos y tantas veces no somos capaces de ver, de imaginar, ni si quiera de pensar, por temor, por encapsularnos en ese acotado mundo en el que encontramos un espacio en el que tenemos cabida pero realmente no nos cuestionamos ni por qué, ni cómo , ni cuándo, ni con qué fin estamos allí. Hoy es buen día, para cuestionarnos dónde, cómo , para qué , y hacia dónde dirigirnos y estar.

Andrea Calvete

EL RITUAL DE LA COMETA

Entre las nubes serpentean coloridas y brillantes como si quisieran alcanzar el sol, se elevan mientras sus flecos se despliegan en un baile mágico, han inundado el cielo. Es un ritual que se repite año a año, con el primer viento de primavera las cometas se hacen presentes para alegrar los días de todo aquel que aún tiene un niño dentro.

Un ritual que requiere de un preparativo, de la elección de un lugar preciso, y también de la disposición para que nuestra cometa cuidadosamente elegida se eleve entre el armonioso vaivén de la brisa. Sí todo está preparado, nos disponemos a poner mano a la obra, para unirnos a la fiesta primaveral del despliegue de cometas en el cielo.

¿Quién en su niñez no ha remontado una cometa?

Seguramente los lleve a recordar esos comienzos dificultosos, en los que su padre, madre, abuelos o tíos, en el afán de que la cometa se desplegara terminaban ellos sosteniendo el barrilete. Pero lo cierto, es que luego de varios intentos finalmente lográbamos remontarla. ¡Ah qué sensación placentera tener el hilo en nuestras manos, mientras suavemente la veíamos elevarse sin obstáculos, hasta donde el carrete llegara!

La memoria tiene ese fantástico don de traer de esas estantería recuerdos que parecían haber quedado perdidos pero allí están, y regresan con los aromas, tonalidades, sabores, texturas y sonidos vividos, es posible entonces revivir esas tardes en las playas remontando cometas, o en un parque donde los árboles nos hicieran un espacio.

¡Cómo no recordar la ilusión de mi padre que nos llevaba a mi hermano y a mí para abrir la temporada de cometas. Mamá nos miraba pero no intervenía en la consecución del remonte, simplemente nos acompañaba atenta y divertida. Recuerdo que año a año todo comenzaba con la compra de las cometas, escoger cuidadosamente la que nos gustara y a su vez la que tuviera un formato propicio para volar alto, porque de eso se trataba de verla flamear muy pero muy alto. Los ojos verdes de mi padre brillaban luminosos cuando al fin lográbamos sostener nuestros hilos y mantener por un buen rato las cometas elevadas, cosa que duraba unos minutos porque al ratito caían y volvíamos a empezar la ceremonia.

Y no faltaba la ocasión en que por remontarla en los jardines de nuestro barrio, la cometa quedaba atrapada entre algún árbol, o en los cable de la luz. Ay qué dolor cuando esto sucedía, era como enfrentar un inmenso duelo, terrible, desgarrador. “Se los dije”, decía mi padre intentando consolarnos y también recordándonos el error cometido, pero ya era tarde nuestras cometas habían quedado atrapadas, y lo más triste que la veríamos allí rotas seguramente testigos de toda nuestra primavera.

¿Quién no ha remontado una cometa alguna vez?

Y siempre es una buena oportunidad para hacerlo. Remontar una cometa es permitirse volar, dejar que fluyan nuestras ilusiones, nuestra creatividad puesta al servicio del viento que nos acaricia suavemente en la primavera. Así se deslizan diáfanas las cometas en busca de elevarse y permanecer flotando en ese maravilloso cielo de posibilidades. El sol brilla entre los colores de sus telas, mientras ellas llenas de encanto vuelan libres, soñadoras en busca de iluminar las pupilas y sacar el brillo de las miradas que descreídas vagaban ausentes.

¿Quién no se ha dejado cautivar por el encanto de una cometa?

Quizás en algún momento caminando en primavera al elevar nuestra mirada al cielo nos hemos topado con ellas, y hemos quedados absortos mirándolas deslizarse con gracia y fluidez. Suele ocurrir que no todos los lugares son propicios para remontar cometas, tienen que ser lugares despejados como la playa, el campo, o parques donde la presencia de los árboles se disipe, por este motivo solemos ver varias cometas flameando cerca, porque son lugares apropiados para remontarlas. Ah qué maravilla dejarse llevar por esa fiesta de cometas que se elevan coloridas, sin otra pretensión que volar libres llevadas por ese viento tibio primaveral, perfumado por esa nueva estación que llega vigorosa a despertar la esperanza.

Andrea Calvete



martes, 8 de octubre de 2019

EL DÍA SABE A PRIMAVERA

El día sabe a primavera, fluye la brisa desbordada de perfume, renace jubilosa la naturaleza. Los rincones se visten de colores y brillan, mientras la vida sonríe de una manera diferente. Hay algo en el aire que encanta y lleva a gozar cada minuto con plenitud.

Me paro y miro con admiración el virtuoso día, respiro profundo, dejo que cada rayo de sol invada mi cuerpo, me acaricie. El cielo despejado y diáfano abre la puerta a los sentidos, invita a volar, a dejar ser a las ilusiones, a que los deseos se coloreen, y que los sueños pasan a la vereda de los posibles.

El día sabe a primavera, fragancias silvestres se entrelazan mientras las pasiones se despiertan luego de un largo invierno. Suave y melodiosos trinan los pájaros al amanecer, en armonía con ese universo floreciente que se esparce tibio y húmedo.

El mar hoy trasparente se funde con el cielo, deja pasar los rayos de sol, mientras las miradas fluyen hiponotizadas por los turquesas que se generan en esta frondosa armonía. Cada ola que rompe en la orilla trae consigo un mensaje para que cada uno pueda descifrar con el vaivén del agua.

En paz las gaviotas serpentean muy a ras de la orilla, encantadas por el bello día vuelan y despliegan su magia y encanto, mientras la esperanza yodada se abre camino con la tibia brisa primaveral.

El día sabe a primavera, fluye la brisa desbordada de perfume, renace jubilosa la naturaleza. Los rincones se visten de colores y brillan, mientras la vida sonríe de una manera diferente. Hay algo en el aire que encanta y lleva a gozar cada minuto con plenitud.

Andrea Calvete

domingo, 29 de septiembre de 2019

ETÉREA

Las horas transcurren perfumadas por la primavera, por ese universo floreciente, por esa bruma mágica de los amaneceres resplandecientes y los ocasos encantados. El trinar de los pájaros se hace presente en cada árbol en el que la sombra fresca habita las veredas. Etérea se desliza la jornada, con pinceladas tenues y soleadas por el encanto de un setiembre que da paso a un resplandeciente octubre.

Renacen las esperanzas entre cada brote que trae lo mejor de sí, colmado de la alegría de la vida. Los colores se esparcen y derrochan tonalidades entre las flores que alegremente irradian toda su energía. Etérea la brisa corre entre el mar calmo perfumado por el yodo de la paz que irradia el día.

Los sabores silvestres inundan los paladares de quienes están abiertos a dejarse llevar por esta primavera. El viento se pasea por las calles y los jardines, rapta a quien camina por sus aceras y los transforma en flor, al tiempo que Venus despeina los cabellos a los que se sumergen en la nueva estación. Etérea se pasea con su vestido blanco mientras cautiva con su belleza.

La diosa romana del amor, belleza y fertilidad ronda entre las flores y los brotes que llegan a perfumar las mañanas. Mientras Mercurio el mensajero de los dioses aletea para que se pose entre las almas el espíritu primaveral. Etérea, frágil y bella renace con cada amanecer la primavera.

Es una fiesta, en la que todo resurge, comienza un nuevo ciclo, se renueva la esperanza y la alegría, se cargan de energía los corazones abatidos, y los colores invitan a perderse en el arcoíris más bello. Etérea, multicolor se esfuma en cada paisaje.

Un espíritu lleno de tonalidades y aromas, de perfumes que se pierden entre las flores, en el que los sentidos se abren a la vida, los deseos renacen luego de la quietud y pasividad del invierno. El sol sonríe a la vida, las nubes se esfuman, los ojos centellean mientras la primavera se pasea a través de la brisa. Etérea, con sutileza se ubica cómodamente cada día.

Las horas dormidas despiertan, mientras el perfume de las lavandas y las rosas se cuela en el tibio viento. Etérea se pasea la primavera, mientras todos quedan cautivos de su frágil belleza.

Andrea Calvete



sábado, 28 de septiembre de 2019

ALGUNOS NO A TENER EN CUENTA


“No digas todo lo que sabes, no hagas todo lo que puedes, no creas todo lo que oyes, no gastes todo lo que tienes. Porque el que dice todo lo que sabe, el que hace todo lo que puede, el que cree todo lo que oye, el que gasta todo lo que tiene. Muchas veces: dice lo que no conviene, hace lo que no debe, juzga lo que no ve, gasta lo que no puede”.

Los proverbios llenos de sabiduría y enseñanza se trasladan de generación en generación, nos llaman la atención cuando resuenan en nuestras cabezas, y allí nos detenemos a pensar su verdadero significado. Algunas veces pasamos ante ellos sin advertir su esencia, lo que en el fondo han querido transmitir.

Hoy voy a hacer referencia a un antiguo proverbio árabe que nos conduce a reflexionar sobre no decir, hacer, creer o gastar todo lo que sabemos, podemos, oímos o tenemos. De alguna manera nos conduce a ser precavidos, a preguntarnos dónde estamos parados, quiénes son las personas que nos rodean, quienes nos escuchan, que desean de nosotros, y a su vez a cuestionarnos si todo lo vemos y oímos es tal cual o no.

Desde los inicios de los tiempos siempre hubo gente en busca de conseguir su lugar, sin importar a su alrededor, gente desleal, injusta, ventajera, pero las hubo bien intencionadas, solidarias, atentas y fraternas, y por qué no de las que no se interesan por nada ni nadie, indiferentes y esquivas, por eso es importante saber en dónde nos movemos, conocer a nuestros semejantes, no prejuzgar e intentar a abrirnos sin preconceptos o ideas que nos influyan a la hora de relacionarnos. Atentos al mundo que nos rodea, también conscientes de nuestras virtudes y defectos, entonces podemos llevar a cabo nuestro accionar.

Respecto al decir algunas veces hablamos más de la cuenta, decimos lo que no debemos, explicamos lo que no teníamos que explicar, las palabras son como las balas una vez que se disparan no se borran, no tienen marcha atrás.

Las cosas que hacemos aquí la gran mayoría son proyectos que nos ponemos por delante, otras tareas que debemos cumplir, pero sin embargo algunas veces no medimos las consecuencias de lo que vamos a llevar a cabo, simplemente porque fue una acción impulsiva, poco meditada o pensada.

En referencia a lo que creemos, nuestras creencias son quizás las que tengamos más claras, pero en referencia a lo que creen los demás, aquí entramos en un terreno movedizo, no conocemos al otro como para estar seguro de lo que cree o piensa, y aún de conocerlo es una persona diferente a nosotros por lo que debemos ser cautelosos.

Con respecto a gastar todo lo que tenemos aquí el proverbio puede estar referido a lo ponemos sobre la mesa cuando apostamos a un proyecto, a una iniciativa, y si bien es importante comprometerse y brindarse en totalidad con esfuerzo y compromiso, también ser precavidos a la hora de poner en juego un proyecto, tratar de ver las posibilidades, y comprender de alguna manera en que terreno nos movemos y dónde estamos parados.

De este modo, este proverbio nos recuerda : “No digas todo lo que sabes, no hagas todo lo que puedes, no creas todo lo que oyes, no gastes todo lo que tienes. Porque el que dice todo lo que sabe, el que hace todo lo que puede, el que cree todo lo que oye, el que gasta todo lo que tiene. Muchas veces: dice lo que no conviene, hace lo que no debe, juzga lo que no ve, gasta lo que no puede”.

Este viejo proverbio entonces nos lleva a mirar a nuestro alrededor, a cuidar nuestras palabras,  a ser cautelosos, mesurados, cuando hablamos y actuamos, y también muy cuidadosos cuando juzgamos a alguien, porque no estamos en sus zapatos. También nos lleva a tomar consciencia de nuestros gastos, de nuestros compromisos, de si seremos capaces de asumirlos.

Andrea Calvete

sábado, 21 de septiembre de 2019

QUIEN DANZA CON EL CORAZÓN DEJA QUE SUS PIES LO SIGAN

Algunas personas son muy intuitivas, se dejan llevar por sus emociones, por esas corazonadas que laten dentro, o por esas intuiciones que los guían. Sin embargo, otras cansadas de equivocarse, decepcionadas de los fracasos, emprenden un camino en el que poco lugar queda para dejar fluir los sentimientos, es como si anestesiaran dispuestas a continuar sin demasiados sobresaltos.

Si bien la estabilidad emocional es muy importante para poder emprender cualquier situación en la vida, también es cierto que si no se pone un poquito de sal y pimienta a los días, difícilmente fluya algo demasiado sentido.

¿Quién no se ha dejado seducir por su intuición?, ¿quién no la dejado pasar en un momento de oscuridad?, ¿quién no le ha permitido sentarse a su lado para hacerle compañía?, ¿quién no se ha tomado un café con ella? La intuición suele ser la lucidez que el corazón conoce y la mente ignora.

Llega ser una sabia compañera, que por momentos nos engaña trayendo a ese presente algunos temas extraviados y guardados en ese baúl de los recuerdos o quizás en ese cofre en el que escondemos asuntos “olvidados”. Pero la gran mayoría de las veces, si nos sinceramos con ella sabemos que puede ser generosa y honesta a la hora de hacernos ver ciertas realidades que quizás nuestro ojo miope no quiera ver. Desde luego, la razón se interpondrá entre ella y nosotros todo lo que sea posible , nos refutará fuertemente y nos dirá: “ Esto es injustificable, no dejes que tus deseos y necesidades te convenzan” Y uno se parará desconcertado, se tomará unos minutos, y analizará su pasado, razonará y revisará patrones lógicos y secuencias vividas e intentará ordenar los pensamientos.

Y de la mano de un poder cuasi mágico, nos seducirá la intuición, despertando esa voz interior, en forma desinteresada y sincera, espontanea y sonriente, para tomar contacto con esa realidad que nos circunda, pretendiendo hacernos aprehender la naturaleza simple.

Sin embargo, la intuición no bastará para el juicio, requerirá de conceptos que son producidos por el entendimiento. La intuición podrá ser comprendida dentro de un plano sensible o inteligible, espiritual o ideal. La inteligible podrá provenir de la sensibilidad y la espiritual se dirigirá al ideal. También se podrá encaminar por diferentes senderos, y así podremos hablar de una intuición ideal dirigida a las esencias, de una intuición emocional dirigida a los valores, de una intuición volitiva encaminada a la aprehensión de las existencias.

Y aunque intentemos buscar sus contras frente a lo racional, surge en forma natural y se para allí y nos dice: “Intuyo que esto no es bueno para vos”, y uno escucha esa voz interior y se deja guiar porque sabe que tantas veces no nos ha fallado, y otras tantas la hemos desoído cayendo en un terrible error.

Escuchar la voz de la intuición es permitirse reflexionar, hacer esa pausa que nos conecta con ese yo interior algunas veces olvidado, excluido de nuestro diario vivir por muchas razones, quizás la más difícil el mirarse a uno mismo.

Esas pizcas de intuición son las que tantas veces nos salvan de cometer los mismos errores, o desviar el rumbo y entorpecer el camino. También es cierto que por momentos nos engaña porque enmascara deseos y anhelos escondidos, pero suele ser bastante sincera, espontánea y desinteresada a pesar de estos posibles errores que pueda cometer en afán de ayudarnos.

Es posible que si nos disponemos a danzar con nuestro corazón, nuestros pies nos sigan entusiasmados, guiados por esa calidez y luminosidad que surge de cada latido espontaneo y sincero, en el que cada vibración será el motor esencial para poder poner en marcha nuestros deseos y anhelos.

Andrea Calvete

PASAR DESAPERCIBIDO

Tantas veces en silencio se visten los aromas del día, penetran suavemente y se presentan sin que nos demos cuenta. El tibio perfume primaveral deja sentir notas que renacen llenas de esplendor.

Sin embargo, por más que mil y uno motivos se paran para que veamos que ha cambiado la estación, aún pasan desapercibidos. Quizás porque no nos hemos detenido a disfrutar del día, no nos hemos hecho ese espacio para que penetren los aromas, colores, sabores, texturas y sonidos en los que un cambio notorio se ha hecho presente.

¿Por qué nos resistimos al cambio?, posiblemente aún no estemos preparados, tengamos temas pendientes que abordar, o simplemente nos damos ese espacio para ser y estar en otra sintonía diferente a la que estamos habituados. Algunas veces aunque nos incomoda el tiempo presente, no hacemos nada por cambiarlo por temor a lo desconocido, por miedo a lo que vendrá, o simplemente como dice un viejo proverbio: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. He aquí un gran obstáculo cuando tratamos de avanzar, porque todo puede a llegar a pasar desapercibido simplemente por no querer abrirnos a continuar, y mantenernos paralizados en un tiempo detenido, pero que a su vez continúa sin pedirnos permiso.

Lo que pasa desapercibo, puede tener múltiples explicaciones, por no querer realzar demasiado lo que está sucediendo, por no querer llamar la atención, porque discretamente hace su labor para en alguna circunstancia hacerse visible, cuando sea el momento justo y perfecto para que lo incorporemos, para que digamos sí al cambio.

Tantas veces, nos llegan mensajes que pasan desapercibidos, llamados que son ignorados, voces que no son escuchadas, latidos que no son correspondidos, abrazos que son desaprovechados, y aunque nos llamen la atención seguimos anestesiados en nuestro mundo, ajenos a ellos, porque aún no hemos abierto esa puerta para darles cabida, hay algo que nos impide abrirla y tenemos que descubrir cuál es el motivo.

Lo que pasa desapercibido camina con humildad por la vereda a la espera de ser recibido, con paciencia, con la grandeza de la gratitud a flor de piel, con el deseo lleno de esperanza, con las pupilas cargadas de brillo y esplendor, a la espera de ser percibido, de ser un motivo por el que cuestionarse, por el que poner un pienso.

Dicen que todo llega a su debido tiempo, y como seres llenos de virtudes y defectos, de posibilidades vamos transitando etapas, situaciones que corresponden a ese momento vital que nos toca enfrentar, en el que cuestionamientos, problemas, anhelos, sueños, se hacen presente, hasta que llega ese día en el que nos paramos y logramos ver lo que ha pasado desapercibo, y se hace verbo en el camino, se materializa a través de una decisión que se vuelve acción.

Hoy en silencio se visten los aromas del día, penetran suavemente y se presentan sin que nos demos cuenta. El tibio perfume primaveral deja sentir notas que renacen llenas de esplendor. Sin embargo, somos conscientes de este bello despertar en el que las posibilidades se vislumbran a la espera de materializarse.

Andrea Calvete

domingo, 15 de septiembre de 2019

A LA SOMBRA DE UNA NUBE

Algunas ocasiones una nube se interpone entre ese universo de oportunidades y da sombra a esos quizás que intentan vislumbrarse tímidamente. Pero el sol parece haber quedado oculto, mientras los pendientes cabalgan en un tiempo esquivo y cuestionador.

Nos cuestionamos si hoy es el día más adecuado para decidir algo, mientras esa nube puesta sobre nuestra cotidianidad se desliza desprejuiciada, la miramos de reojo, pero no se da por aludida, continúa con su marcha y nos desafía.

A pesar de la nube continuamos con la mirada esperanzada en que algún momento se despejará, y podremos dar cabida a lo que deseamos y anhelamos. Si bien las dudas, los problemas e inquietudes podrán permanecer, cuando el cielo se despeja las perspectivas parecen ser otras. Evidentemente, todo es cuestión de perspectiva y también de actitud.

Por el aire, las nubes se deslizan misteriosas, por las noches en la que los desvelos se aproximan, o en los atardeceres donde los sueños se esfuman en el horizonte. Se esparcen en el corazón cuando late con arritmia, y el pulso intenta escapar de ese ritmo disonante que lo asfixia.

Con su halo de enigma las nubes juegan a esconderse, se burlan entre sí, largan carcajadas, mientras quedamos absortos en su juego perfecto y misterioso, como simples prisioneros de sus caprichos, o deseos, a la espera que una prevalezca sobre la otra.

A la sombra de esa nube que ha decido taparnos el sol nos movemos, buscamos posibles mientras un universo de imposibles nos desafían, pero convencidos de que sí podemos, observamos esperanzados el cielo que se va lentamente despejando.

Andrea Calvete

sábado, 7 de septiembre de 2019

UNA ESQUINA COMO TANTAS

Una esquina empapada de recuerdos, perfumada con los aromas de primaveras que florecieron en los días de juventud, donde los colores corrían desenfrenados llenos de ilusión y entusiasmo. Testigo del tiempo se ha bañado de los hilos de los años, que con esmerada paciencia han tallado su impronta.

Una esquina que se deja llevar por las risas de quienes transitan decididos a todo, por más que bajo sus ropas guarden llantos escurridizos o envuelvan los temores debajo de sus abrigos. Dicen que la risa es contagiosa, se propaga así llena de entusiasmo, e irradia la energía contra lo que casi nadie puede, es tan poderosa que con su halo mágico llega a desdibujar el momento más difícil.

Una esquina en la que la humedad ha caldo profundo, en las que la lluvia ha caído suave y constante, en las que los ruidos de las calles se ha incorporado como parte de su ser. Pero no todos los días han sido iguales, sin embargo son recordados con alegría porque ellos son parte de lo que hoy es, mientras continúa abierta a los cambios y a las ilusiones.

Una esquina en la que se han besado cientos de parejas, a la luz de un farol, o de una noche de estrellas, o bajo un cálido amanecer en el que la esperanza baña el día de júbilo. Han dejado allí plasmado su amor, mientras ella los ha cobijado como testigo silencioso y hermético.

Una esquina en la que los niños vuelven de las escuelas con sus moñas rebosantes de energía, testigo de la dicha de esa etapa que se pasa volando y que viene cargada de fuerza vital y esperanza, en la que las risas y las travesuras son parte de esa multitud de posibilidades.

Una esquina que ha escuchado infinidad de conversaciones, de vecinos, amigos, parejas, de gente que va y viene, y que llevan consigo sus problemas, sus cuestionamientos, sus dudas, sus anhelos, y depositan en cada conversación lo que les inquieta y preocupa. Así ha visto pasar multitudes, y cada uno ha dejado un poco de sí y se ha llevado un poco de ella.

Una esquina como tantas, se para tranquila para dar cabida un cruce, una parada, un llanto, una risa, un deseo, un fin o un comienzo, en la que transcurre la vida y se impregna de cada ser que por allí pasa y le regala un trocito de sí.

Andrea Calvete

domingo, 1 de septiembre de 2019

EL ARTE DE APRENDER

Aprender es una arte que requiere de una vida, en el que lentamente vamos ampliando el caudal, limando asperezas, puliendo imperfecciones, para así tallar ese ser en el que nos vamos transformando producto de los años y las experiencias.

Como todo arte, requiere de precisión, esfuerzo y de paciencia, de esmero y sacrificio, de pasión y compromiso, porque nada se logra de la noche a la mañana, es un largo camino que vamos recorriendo y ampliando el horizonte.

Tropezamos tantas veces con la misma piedra, incurrimos en reiterados errores, equivocamos el camino, pero indudablemente de cada suceso vivido vamos aprendiendo, vamos creando conciencia y adquiriendo conocimiento, vamos tallando ese ser imperfecto para transformarlo gradualmente.

La fuente inagotable del conocimiento es la que nos lleva a mantenernos vivos, productivos, enérgicos, interesados por algo que en definitiva hasta ahora no sabíamos. Sin darnos cuenta de cada suceso en la vida vamos aprendiendo, aún de los más insignificantes por decirlo de alguna manera.

Algunos encuentros con personas inesperadas, nos llevan a charlas que quizás lejos de nosotros estaba realizarlas o entenderlas, pero son parte de ese proceso de aprendizaje, en el que una persona se abre a contarnos algo que le pasó y nos involucra en una historia, en la que sin darnos cuenta comenzamos a ser partícipes, no sólo escuchándola, sino también involucrándonos con lo que le pasa y si es preciso también damos un consejo o una opinión.

En esta cadena de relaciones personales que se van dando en el camino de la vida, vamos conociendo personas, adquiriendo conceptos, involucrándonos con otras realidades, de modo que también vamos cambiando la perspectiva y visión de la vida. Indudablemente, si retrocedemos unos años en el camino quizás hayamos cambiado la manera de encarar la vida, pero lo cierto que más allá de los cambios, continuamos en la búsqueda incesable del conocimiento.

Estar abiertos al conocimiento, al aprendizaje requiere de estar dispuestos a dejarnos empapar por nuevos vientos, por aromas que quizás hasta ahora habían estado lejos de nuestra existencia, es dejarnos sorprender por un nuevo día, o por un cielo lleno de oportunidades a la espera de ser descubiertas.

El aprendizaje implica ilusión puesta al servicio de la creatividad y la motivación, en donde la inteligencia siempre activa camina por los senderos en los que la razón y el entendimiento se hacen presentes. A todos estos aderezos debemos agregar la fe en lo que hagamos o aprendamos, y la esperanza en que habrá un después iluminados por el brillo de la paciencia y la tolerancia.Así caminaremos por el sendero del conocimiento a la luz de los nuevos conceptos que serán parte imprescindible de nuestro día a día.

Aprender es una arte que requiere de una vida, en el que lentamente vamos ampliando el caudal, limando asperezas, puliendo imperfecciones, para así tallar ese ser en el que nos vamos transformando producto de los años y las experiencias.

Indudablemente, aprenderemos hasta el último instante de nuestras vidas, quizás en la última inspiración nos llevemos mucho y dejemos en el aire con nuestro último suspiro mucho más de lo que pensamos o anhelamos.

Andrea Calvete
 


sábado, 31 de agosto de 2019

EL CAMINO DE LA VERDAD

El espíritu de la verdad camina por entre las calles empedradas, mientras un carruaje se pasea bajo una noche estrellada en el Sena, las campanas de un reloj a lo lejos son el marco ideal para que las preguntas se establezcan y vaguen entre los hombres que habitan sus calles perfumadas por preguntas en busca de respuestas.

La cúpula celeste de las emociones visten los más fervientes deseos, descalzos caminan quienes han decidido despojarse de preconceptos para unirse con humildad y entereza al trayecto. No es fácil dejar atrás el ego que nos habita, las pasiones que nos corroen, o los misterios que no alcanzamos a develar, sin embargo, allí estamos en un intento por continuar la búsqueda.

¿Un propósito de vida, un objetivo inalcanzable, un imposible disfrazado que nos guía, un simulador de situaciones, o quizás una búsqueda intensa, profunda y desmedida? Todas preguntas que nos interpelan en el camino de la verdad, a la que luego de estos y otros cuestionamientos damos cabida al espíritu de la verdad, un espíritu que vuela libre, diáfano, que extiende sus alas hacia diferentes destinos.

Un coro de voces sacras se escabullen entre el aire húmedo de una noche que se para frente a un día soleado que acaba, mientras preguntas permanentes asaltan a los transeúntes que llevan la prisa de este siglo XXI vertiginoso, imparable, cómo reconocer el progreso real de una persona, su espíritu, su materia, cómo enfrentar a la fe y a la razón , lo claro y a lo oscuro, las fuerzas del bien y del mal, cómo enfrentar el conocimiento con el alma abierta.

Porque abrirnos al conocimiento no es poca cosa, es desaprender lo aprendido, instituido, para cuestionarnos, para abrirnos con la inteligencia, con el pensamiento, cuestionadores, reflexivos, pero a su vez tolerantes y comprensivos. Es decir pararnos con espíritu crítico. Quizás en todas estas preguntas aparezca el llanto silencioso de los inocentes, a quien nadie logra aplacar su dolor.

Quizás cuando nos paramos frente al espíritu de la verdad nos sintamos como quien toca la punta de un iceberg, en el que comienzan a desencadenarse un sinfín de porqués, de preguntas que no alcanzan a arrojar luz, pero que sin embargo están allí para continuar profundizando en ellas.

Un tema que ha dado lugar a distintas corrientes filosóficas, que ha desafiado al tiempo y al espacio, y que continúa hoy siendo un disparador de debate, diálogo y búsqueda.

La relatividad y esencia de la verdad, se han expresado través de diferentes simbologías, que dejan de manifiesto la permanente búsqueda del hombre por conocerse a sí mismo y al Universo que lo rodea.

Tantas verdades como individuos existen en la Galaxia, tan discutibles y respetables todas ellas. Aunque tras el correr vertiginoso de la tecnología y la globalización, se han desdibujado valores, entre ellos el respeto y la tolerancia entre las personas.

La vida es permanente búsqueda, cuestionamiento, enfrentamiento a diferentes realidades, algunas veces contrapuestas, difíciles de aceptar o comprender.

El navegar por la búsqueda interior es un pendiente de este siglo XXI que ha puesto sus cartas en el avance tecnológico, en la búsqueda de soluciones instantáneas para todo, olvidando que el hombre es un ser espiritual que en la medida que adormece está parte de su ser, se le hace mucho más complejo encontrar esas respuestas existenciales tras las que ha corrido a lo largo de los tiempos.

De la mano de la verdad, se filtra solapada la mentira, envuelta de engaño, distorsión y omisión de información. Sin embargo, la mentira suele ser desenmascarada con el tiempo, y sale a luz lo que es y no lo que ella hubiera querido que fuera.

Cruzar la delgada línea entre la verdad y la mentira es cuestión de segundos, y requiere tan sólo de contar la parte que nos interesa en omisión de la sustancial de la información que se maneja, o manipular lo que deseamos transmitir para lograr un determinado cometido.

En mundo que manipula a sus integrantes con mucha facilidad es necesario saber ¿dónde estamos parados, qué buscamos, qué queremos, qué anhelamos, qué sentimos?, para poder ser libre pensadores, para poder tomar nuestras propias decisiones y aproximarnos a esa verdad, tras la que posible corramos una vida entera.

Fuerzas contrarias nos enfrentan cada día, nos hacen trampas, nos ponen obstáculos, y cuando caminamos hacia esa verdad tras la que corremos a lo largo de la vida, permanentemente nos enfrentamos a hogueras en las que nuestras convicciones y deseos se exponen para ser quemados por los inquisidores que no quieren que salga a la luz ese espíritu de la verdad. Este espíritu va más allá de épocas, religiones, creencias, ideas, pensamientos o siglos de vida, que viene desde la noche de los tiempos para que con esfuerzo y viva ilusión corramos detrás del él hasta el fin de nuestros días.

Andrea Calvete

sábado, 17 de agosto de 2019

EL OJO DEL CIELO

Un enorme ojo desde el cielo observa todo lo que sucede, testigo de noches de desvelos, de culpas, de silencios, de esperas interminables, de suspiros sostenidos, mientras los deseos se reprimen para no ser descubiertos. Pero el ojo que todo lo ve llega más allá de que nos ocultemos detrás de ese disfraz hecho a medida

Serpentear por el camino de la ilusión se hace arduo cuando lo cotidiano agobia, o asfixia la gris rutina. Sin embargo, un inmenso espacio nos circunda, mientras un cielo de oportunidades se esfuma entre el sinfín de cosas que nos suceden.

Nubes blancas y espesas se pasean mientras continuamos con la mirada absorta en nuestras preocupaciones. Al cielo se le escapa de vez en cuando alguna lágrima, cuando agotado de buscar soluciones los obstáculos se deslizan sin el menor miramiento.

Brilla el sol, radiante se eleva como una guía en el camino, pero hoy vamos demasiado ensimismados, somos incapaces de percibir nuestra propia sombra, continuamos sin tregua, con la respiración entrecortada hacemos una pausa, pero nos falta el aire, a pesar de todo continuamos como si nada pasara.

Las estrellas iluminan las noches, en las que los deseos palpitan a la espera que un brillo se encienda. Las preguntas se aglomeran en busca de respuestas, y la falta de amor se hace presente cuando la luna no se asoma.

Las mentiras se alistan en la vereda del odio y la avaricia, caminan en busca del próximo engaño a la vuelta del camino.

Los hechizos hechos una rosca se entremezclan de la mano de la magia y el encanto del atardecer, para que los suspiros se esparzan por la vía láctea, hasta llegar a ese lugar justo y perfecto en el que pueden estrechar los dedos las ilusiones.

Pero el ojo que todo lo ve llega más allá de que nos ocultemos detrás de ese disfraz hecho a medida

Un cielo estrellado ilumina el camino, pero enceguecidos no alcanzamos a distinguir la bella escena. Tomamos un atajo, nos detenemos y observamos con calma ese universo maravilloso que está para ser descubierto y trascendido, nos toma de la mano y nos invita a peinar a la ilusión para palpitar en una sintonía nueva y diferente, en la que los posibles asoman en el abismo de los días. Mientras un enorme ojo nos observa más allá de que nos ocultemos detrás de ese disfraz hecho a medida

Andrea Calvete

PALABRAS COMO BALAS

Las palabras como balas se alojan en lugares de difícil acceso, se instalan dolorosas, molestas, se retuercen entre nuestro cuerpo, mientras pretendes con un plumazo borrar de todo ese dolor como si nada hubiese sucedido.

No me engañan tus halagos desmedidos, tus ponderaciones, que pretenden borrar con el codo lo que manifestaste en pleno uso de tu razón. Dicen que las palabras se la lleva el viento, pero algunas tienen ese don de quedar más grabadas que otras, de esconderse en esos rincones de difícil acceso, y allí están recordando por momentos ese desafortunado instante en el que decidiste dispararlas.

Ese disparo ha hecho perder mi confianza, ese lazo que parecía indestructible ha quedado cortado, resquebrajado por la desilusión, por el descubrimiento de un ser muy diferente al que creía que eras, pero que sin embargo estaba allí realzando a tu verdadero yo.

Tomo un bisturí e intento extirparla, con mucho pulso y precisión, con la valentía entre mis manos me pongo en marcha, dispuesta a que se produzca el sano proceso de cicatrización, en el que la herida lentamente cierra.

Es así que cuando intentamos revertir algún acto y cambiar la actitud hacia una persona, es importante no olvidar que algunas palabras suelen tener el efecto de las balas una vez que se dicen no tienen marcha atrás, porque fueron disparadas con una intensidad y una fuerza irreversible. También cuando esas palabras lastiman, dañan o perjudican no son tan fáciles de solucionar con una simple sonrisa y un cambio de actitud.

Algunas veces no llegamos a dimensionar el daño que pudimos ocasionar a alguien a través de nuestros dichos, o palabras, que quizás no hayan tenido ese destino, pero sin embargo han llegado a su receptor y lo han molestado, dañado o incomodado. Es así que cuando nos damos cuenta de ello, intentamos revertir lo sucedido, pero no siempre es posible.

¿Por qué no es posible?

Como todo en la vida, los porqué son inherentes a cada situación y persona, no hay recetas, ni fórmulas mágicas, pero hay un gran porcentaje de ocasiones similares, que nos llevan a ver que ciertas situaciones son como copas de cristal una vez que se rompen no hay forma de arreglarlas. De aquí que los esfuerzos algunas veces por recomponer una relación son inoperantes, porque se han roto algunas fibras imposibles de recuperar.

No me engañan tus halagos desmedidos, tus ponderaciones, que pretenden borrar con el codo lo que manifestaste en pleno uso de tu razón. Dicen que las palabras se la lleva el viento, pero algunas tienen ese don de quedar más grabadas que otras, de esconderse en esos rincones de difícil acceso, y allí están recordando por instantes ese desafortunado momento en el que decidiste dispararlas.

Las palabras como balas se alojan en lugares de difícil acceso, se instalan dolorosas, molestas, se retuercen entre nuestro cuerpo, mientras pretendes con un plumazo borrar de todo ese dolor como si nada hubiese sucedido.

Tomo un bisturí e intento extirparla, con mucho pulso y precisión, con la valentía entre mis manos me pongo en marcha, dispuesta a que se produzca el sano proceso de cicatrización, en el que la herida lentamente cierra.

Andrea Calvete





CUANDO DE QUIZÁS SE TRATA

Quizás sea este el momento de mencionar lo no dicho, de escuchar, de tomar esa pausa tan necesaria. El cielo alucina colores mientras despierta preguntas, y nos interpela desde sus grises oscuros, nos busca entre los relámpagos que se encienden escondidos entre las nubes.

Quizás tengamos miedo, un freno nos detenga. El aire corre libre y nos mira mientras se marcha en busca de nuevos horizontes. Las hojas de los árboles se mueven suaves, se dejan acariciar por el vaivén del viento bajo un cielo encapotado de ilusiones.

Quizás sea el momento de mirarnos a los ojos, de dejar que el brillo de nuestras miradas se exprese y diga lo que hasta ahora ha callado. Dicen que el silencio puede más que mil palabras, pero es tiempo de que se haga verbo, de que se materialice bajo las gotas mansas que caen en este día lluvioso, en el que el agua todo lo purifica.

Quizás nos encontremos atornillados a una silla, a la espera de un llamado, de un encuentro fortuito, o de una señal que no llega, porque simplemente tenemos los ojos vendados, los oídos sordos, y las manos maniatadas por uno de nuestros peores enemigos, y del que poco sabemos. Sin embargo, cuando miramos al espejo vemos reflejada una imagen que nos sorprende, un escalofrío nos paraliza, somos nosotros mismos los carceleros de nuestras acciones.

Quizás hoy nos paramos frente a una oportunidad única y no nos damos cuenta que se nos escapa entre los dedos, entre esos minutos majestuosos que se esparcen entre las orillas de los días. Los hilos plateados empiezan a brillar en nuestras cabezas como signos de su paso armonioso y constante, decido y efímero.

Quizás este sea el instante preciso, para tomarnos ese café pendiente, para regalarnos ese horizonte que ha quedado postergado en esa estantería casi inalcanzable. El coraje se ha puesto en marcha, ha tomado un tapado de esperanza y un gorro de ilusión. Con la fe encendida en las pupilas, parece que el camino nos abre paso.

Quizás no nos dijimos tantas cosas, otras dichas a destiempo, o innecesarias. Pero no hace falta reprocharnos más nada, es preciso dejar que el corazón hable que se manifieste a través de su palpitar noble para que vibre en sintonía con el universo. Allí nos encontraremos, en alguna galaxia olvidada, entre estrellas jubilosas y dejaremos que ese cielo majestuoso nos invite a perdernos en su magia.

Quizás sea éste el momento, y no otro, por eso aprovechémoslo ahora, este es nuestro tiempo, nuestra oportunidad para trascender ese abismo en el que algunas veces nos perdemos y nos asfixia consumando nuestras energías. Es ahora el instante justo y perfecto para dar ese paso que nos permitirá continuar firmes y decididos en este trayecto en el que estamos de paso.

Mil y un quizás acompañan nuestros días, sin embargo en todos ellos hay una pizca de posibles, de si puedo, de acciones por materializarse, porque es éste el momento de de decir sí a lo que queremos.

Andrea Calvete

sábado, 10 de agosto de 2019

DEJAR ATRÁS

Hoy ese día en el que he decido dejar atrás lo que realmente no es parte de este presente, y que sin embargo cargo en una mochila excedida de equipaje. ¿Por qué?... No lo sé, pero sí estoy segura que algunos elementos ya no son necesarios en este camino.

Pararse decididos al despego no es tarea sencilla, aunque muy importante para avanzar en este tránsito en el que por momentos nos estancamos y quedamos varados a la espera de que una luz verde nos habilite a continuar la marcha.

Esa mochila que pesa demasiado, se llena de cuestionamientos, de reproches, de frustraciones, de olvidos, de ausencias, de desamores, de desencuentros, de fallas, de falencias, sin embargo aún de este peso innecesario estoy agradecida porque ha servido para fortalecer mis hombros, para enderezar mi postura y mi marcha.

Hoy ese día en el que he decido dejar atrás lo que realmente no es parte de este presente. Me he dado cuenta que he vivido equivocada, juzgando erróneamente, etiquetando innecesariamente, ocupándome de lo que no debía, y preocupándome por adelantado. ¡Qué equivocada que he vivido!

Quizás los años sean los mejores maestros para hacernos ver que es tiempo de cambiar el rumbo, de renacer como el ave fénix entre las llamas, para dejar nacer ese ser dormido, olvidado, oculto, para poder vibrar en una sintonía diferente, en la que sea posible acercarse a esa plenitud tan difícil de alcanzar.

Hoy es ese día en el que he decido dejar atrás lo que me ha lastimado, me ha hecho peor persona, lo que ha restado o me ha hecho desviar el camino. No voy a culpar a nadie de mis errores o desatinos, me responsabilizaré por cada uno de ellos, pero también me perdonaré las equivocaciones porque de ellas he aprendido, he crecido.

Todos los días nos tropezamos con situaciones complicadas que nos hacen dudar, cuestionar nuestros actos, sin embargo la mayoría de las veces tomamos conciencia de ellas cuando algún cambio se ha producido, no antes. Pero los cambios, son parte del devenir, son parte de eso que somos y que tantas veces nos cuesta asumir.

Hoy ese día en el que he decido dejar atrás lo que realmente no es parte de este presente, y que sin embargo cargo en una mochila excedida de equipaje. ¿Por qué?... No lo sé, pero sí estoy segura que algunos elementos ya no son necesarios en este camino.

Andrea Calvete

POR RÍOS Y MARES DE LA VIDA

Por los ríos y mares de la vida navegamos en el trayecto de nuestra existencia, que encierra tantos enigmas, que nos desafía día a día, en una propuesta constante e infinita en la que fluimos entre el vaivén yodado de posibilidades a descubrir y a conocer.

Perfumados por recuerdos invadidos por desafíos, sorprendidos por encuentros nos dirigimos en un mar llenos de dudas, de inquietudes y desafíos por remar entre los ríos y mares de los días.

Ríos rojos, mares turquesas, ensenadas calmas, aguas turbulentas, son parte de ese devenir en el que el agua fluye, mientras navegamos bajo cielos cubiertos de nubes o despajados horizontes inciertos. Así nos zambullimos en olas que nos conducen a diferentes orillas.

Las lágrimas se mezclan entre las aguas cristalinas, perfumes que se alejan bajo los influjos de la luna, horas de esperas, de dudas se deslizan mientras una sensación de tristeza acompaña el vaivén de ese mar que se oscurece entre los recuerdos que marcan la ausencia.

La sonrisa se dibuja en los trayectos en los que los rayos de luz traspasan el mar hasta llegar casi al fondo cristalino, están allí la calidez de aquellos días en los que la vida nos sonríe y nos llena de dicha.

Navegamos entre aguas turbulentas, y nos atascamos cuando una roca encalla nuestro barco, atrapados por la desesperación de no hundirnos manoteamos desesperados para continuar a flote. Y lo logramos, y el sol vuelve a brillar, las aguas se aquietan, y la paz parece restablecerse en nuestros días.

Y volamos como pájaros traspasamos noches, días, a través de lugares inciertos, situaciones imprevistas. De pronto, el desasosiego nos invade cuando ya no sabemos por donde continuar el rumbo, porque sentimos que una tormenta nos ha dejado en medio de la nada, como en un desierto de posibilidades. Con lo poco que nos queda de sentido común nos disponemos a seguir, nos dejamos llevar por ese viento con notas de esperanza que nos lleva a retomar el rumbo.

Las alas en el mar de las posibilidades siempre deben estar abiertas, dispuestas a volar entre las vicisitudes, a flamear esbeltas y abiertas para que el vuelo sea certero y apacible. Pero no siempre lo es, por momentos parecen estar averiadas a punto de romperse en mil pedazos. Aunque, la magia con su encanto y hechizo hace un milagro y reconstruye esas plumas hasta que sin darnos cuenta estamos parados allí para emprender un nuevo vuelo.

Los ojos de la ilusión son parte esencial en estas aguas en la que por momentos todo parece perdido, sin embargo siempre aparece una mano al rescate que posibilita dar paso a la esperanza.

Por los ríos y mares de la vida navegamos en el trayecto de nuestra existencia, que encierra tantos enigmas, que nos desafía día a día, en una propuesta constante e infinita en la que fluimos entre el vaivén yodado de posibilidades a descubrir y a conocer.

Andrea Calvete

sábado, 3 de agosto de 2019

El SOL DE AGOSTO BRILLA DIFERENTE

El sol de agosto brilla diferente, es más luminoso y trae consigo destellos de una próxima primavera. Los aromas de un amanecer se mezclan con el aire fresco y radiante, con la suavidad de un veranillo que amaina el frío del invierno que lentamente se retira.

Las palabras a la espera de que tomes una decisión, te rodean silenciosamente, mientras caminas dubitativo. Por entre los hombros miras un pasado al que cuestionas y le planteas dudas, mientras te paras en un presente al que no disfrutas plenamente por querer acercarte rápidamente a ese inminente futuro en el que aún ves posibilidades. Estás allí parándote entre algodones intentando amortiguar esa próxima caída que quisieras evitar.

El sol de agosto brilla diferente, es más luminoso y trae consigo destellos de una próxima primavera, aromas a flores cercanas que parecen dejar pasar una pizca de esperanza. Miras por la ventana y el día te palmea la espalda te invita a decir: “Sí estoy a tiempo de cambiar el chip, de dar vuelta la página, de decidirme a hacer lo que quiero, este es mi momento”.

Pero, ¿por qué algo tan sencillo como hacer lo que creemos es justo y necesario se convierte en una tarea ardua y poco alcanzable?

Quizás existan múltiples respuestas ante esa pregunta que nos interpela tan frecuentemente, aunque el temor y la duda suelen ser los que nos cortan las alas. A ellos se suman, los cuestionamientos, los reproches, que nos acompañan y se manifiestan de diferente manera.

Es cuestión de decisión y entereza, pararse frente a todo lo que nos deja avanzar para sacarlo del medio de un plumazo, sin miramientos, sin lugar a lo que pudo ser, a cuestionamientos, a frustraciones, o fracasos, porque lo que no ha sido, no lo es. Ahora está a nuestro alcance lo que puede ser en base a lo queramos que sea, a lo que estemos dispuestos a hacer realidad.

Sin embargo, una de las tareas más difíciles de realizar es ser jueces de nuestro propio camino, al que tantas veces nos paramos con benevolencia, y otras tantas sin piedad no nos perdonamos lo más mínimo. Seguramente lo que nos incomode o lastime, lo que nos impida sentirnos bien, lo ocultemos en el lugar menos visible. Contrariamente permitamos surgir lo bueno, lo que nos da energía vital. Sin embargo, en este análisis cabe cuestionarse ¿por qué las miserias humanas son lo que primero negamos u ocultamos?, ¿es que no podemos o queremos aceptar nuestras debilidades, nuestros errores, nuestros lados oscuros? El justo equilibrio tan difícil de lograr es el que nos permite ver con sana visión y pararnos en lugar indicado para que nuestro andar sea justo y perfecto.

El sol de agosto brilla diferente, es más luminoso y trae consigo destellos de una próxima primavera. Los aromas de un amanecer se mezclan con el aire fresco y radiante, con la suavidad de un veranillo que amaina el frío del invierno que lentamente se retira.

Andrea Calvete



EN TU OSCURO MUNDO

En tu oscuro mundo caminas, amarrado a las miserias, al delirio impenetrable, al agónico sol que ya no alumbra, sin destino anestesiado buscas el olvido.

El miedo te acompaña, sella tus labios con secretos polvorientos, en los que un abanico sin matices se despliega en días y noches sin sombras, quemados por el púrpura de la angustia que se despliega en tus pupilas sin brillo.

Tu nombre casi borrado entre los que te conocen, te lastima y se escabulle, se ríe de ti. Mariposas negras sobrevuelan tus pensamientos, una lluvia ácida riega tu tierra, mientras la amargura aflora entre los tallos mustios de tus expectativas.

En tu mundo oscuro, las vibraciones se apagan mientras el olvido se ahoga en el dolor de tu ciego llanto. Te embriagas con tus fétidos recuerdos que se esparcen entre las paredes que oprimen tu existencia.

Prófugo de tus días te escabulles entre la agonía de ser. Un espejo resquebrajado en mil pedazos te devuelve una figura distorsionada en la que ya no te sientes representado. Allí estas parado frente a alguien que desconoces pero que te habita.

En tu oscuro mundo, reptan tus manos entumecidas, mientras tu corazón late con una fuerte daga clavada en el que respirar lastima.

Andrea Calvete