sábado, 8 de junio de 2019

LLAMADORES DE ÁNGELES

Lo que les voy a contar, verán si es un simple relato o realmente una historia, qué más da. Los invito a descubrir a través de sus ojos una narración que los acompañará unos minutos y quizás encuentren algún nexo que los una.

Una noche estrellada, Luana salió al patio de su pequeña casa en busca de aire fresco.Las paredes impregnadas de calor no le permitían dormir. Desvelada y sedienta, se dejó caer en una reposera a mirar el cielo en compañía de un vaso de agua helada. La noche transcurría silenciosa mientras la luna iluminaba con su resplandor mágico.

Sintió sonar a lo lejos unos llamadores de ángeles que repiqueteaban con dulzura movidos por el viento.Le pareció que detrás de su melodía había un mensaje que no alcanzaba a descifrar. Trepada en una pequeña escalera miró por encima de los muros linderos intentó descubrir de dónde provenía el sonido, pero no vio nada, sin embargo, aquel sonido se volvía cada vez más potente y cercano. Invadida por un nerviosismo extraño decidió entrar y acostarse.

A la mañana siguiente, el nuevo día despertó caluroso y tranquilo, las chicharras comenzaron a cantar con el primer resplandor.Seguramente sería otro día sofocante. Luana miró al cielo y adivinó que le esperaría otra noche de desvelos.

-Voy a tener que comprar un ventilador, de lo contrario no voy a poder dormir en todo el verano- pensó.

Comenzó a oscurecer ya asomaba un cielo más estrellado que el de la noche anterior.Una luna inmensa, redonda y amarillenta se sentó a hacerle compañía. Luana decidió dormir en su pequeño patio, se recostó cómoda en una reposera. Corría una brisa caliente pero reconfortante.

El sonido de los llamadores de ángeles comenzó a escucharse nuevamente. La escena se repitió, subió por la pequeña escalera para tomar contacto con los fondos de los vecinos, le intrigaba de dónde venía el sonido, pero no alcanzaba a ver nada. El sonido se hizo más cercano y envolvente, estaba allí como si proviniera de su patio. Respiró profundo, intentó tranquilizarse y se dejó fluir con el sonido.Cerró los ojos y se dispuso a disfrutarlo. No sabía dónde se encontraba, era un lugar maravilloso, caminaba sobre un puente de madera rodeada de cascadas de agua y flores silvestres que perfuman la noche. El sonido de los llamadores de ángeles la guiaron hasta llegar a una casa con las puertas abiertas. Entró sin temor guiada por su intuición. La recibió una mujer vestida con una túnica blanca que le habló en un idioma que desconocía, pero que entendía.La escuchó atenta y se retiró en paz.

El día transcurría caluroso, era un verano intenso en el que la lluvia había tenido poco protagonismo. Rumbo a su trabajo vio la casa en la que había estado en contacto con la mujer de la túnica blanca.

-¡Es la misma casa, yo estuve aquí!, pero¿lo soñé?,¿quién vive en esta casa?, ¿quién es esa mujer?, ¿qué me quiso decir?- se preguntó con la respiración acelerada.

Decida a averiguarlo, tocó insistentemente el timbre, luego de unos minutos le abrió la puerta un señor que parecía ser el casero.

-Buenos días, busco a la propietaria de esta casa, una mujer de cabellos blancos- explicó Luana ansiosa.

-Aquí no vive ninguna mujer, está casa está en sucesión, yo soy el casero.Hace un par de años vivía una señora que tenía poderes según cuentan, pero ya era muy mayor y ahora sus hijos están esperando a que se venda la casa- dijo el casero.

-Comprendo, pero necesito hablar con sus hijos o con alguien que me diga algo más de esta señora- explicó Luana con nerviosismo.

-Mire señorita, yo no tengo forma de comunicarme con sus hijos, sólo con su abogada, puedo darle el teléfono si lo desea- dijo amablemente el hombre.

-Muy bien, muchísimas gracias, ha sido Usted muy amable- se despidió Luana.

Ni bien llegó al trabajo, llamó a la abogada. Sin embargo, de esa charla sólo pudo deducir que la mujer era de origen griego y que,posiblemente,el idioma en el que ella había recibido el mensaje tenía que ver con esa procedencia. Le corrió un escalofrío por el cuerpo, las cosas se estaban saliendo de su cauce y no eran comprensibles. Luana era una mujer joven, metódica y racional, lejos estaba en ella caminar por el misticismo o las profundidades de lo que no se viera a simple vista.

La noche nuevamente sorprendió a Luana, los llamadores ángeles sonaban de un modo diferente, hoy parecían colgar de su patio, algo nerviosa bebió un jugo de frutas repleto de hielo. Un gato de tres colores se sentó junto a ella, maulló y ella lo acarició con ternura. Sintió paz, alcanzó a percibir el mensaje de su padre que había partido hacía muchos años, pero sin despedirse de ella. Sintió una caricia en sus cabellos y se quedó dormida.

Andrea Calvete