miércoles, 1 de diciembre de 2010

“AUNQUE NO LO VEAMOS EL SOL SIEMPRE ESTÁ”

Por Andrea Calvete

Todos hablamos desde nuestra de verdad, partimos y damos por sobreentendido que lo que pensamos, creemos y sostenemos es comprendido por los demás individuos sin ningún tipo de problema.

Pero no es así, las cosas son mucho más complejas de lo que parecen, pues cada uno parte de su realidad cargada de problemas, de inquietudes, y al confrontar la nuestra pronto comienzan las desinteligencias o los desencuentros.

Y nadie es dueño de la verdad, ni tampoco tiene la verdad absoluta en sus manos, pues quien sostenga esto vive en otra galaxia.

Desde nuestra vereda las cosas se ven de un modo, pero al cambiar de posición la perspectiva toma una dimensión totalmente diferente, esta similitud se repite no sólo en la tercera dimensión,  sino en la vida misma.

Al vivir en mundo cargado de competitividad, agresividad, individualismo, parecería que las únicas armas que nos quedan para enfrentar la vida fueran los fusiles, pero aún quedan las palabras que permiten el diálogo el intercambio, cinco minutos para escuchar atentamente a otra persona, para brindar nuestra atención por mucha prisa que tengamos.

La gente precisa que la escuchen, y se detienen a pensar al subir al ómnibus, al hacer una cola, al esperar la consulta del  médico, en un programa de radio, o televisión… la gente sin conocernos manifiesta sus problemas más íntimos, en espera de ser entendidos, de una palabra de aliento de comprensión.

Los días de sol, radiantes, se dejan querer invitan a vivir, a gozar, de igual manera muchas personas toman una actitud similar ante la vida. Sin embargo, están aquellos que viven en un día gris perpetuo, y se cierran en su amargura sin permitir que nadie llegue a ellos.

El miedo es otro enemigo que aparece constantemente: miedo al que dirán, a perder el trabajo, a la competencia desleal, al egoísmo, a las malas caras, a los insultos, a las groserías, a no poder, a no ser capaces, a tantas cosas…, y allí está presente parado como una montaña impenetrable.

Sin embargo, pese a las distintas realidades, al color con que veamos los días, y a las diferentes sensaciones que nos asalten día a día, el sol sale para todos por igual, y no sabe de veredas, de miedos, ni actitudes, nos ilumina y brinda su calor pues es patrimonio de la humanidad, y no existen conspiradores que puedan con él, excepto las nubes que muchas veces lo ocultan en afán de se tome algún día de descanso, “ pero aunque no lo veamos el sol siempre está”.