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VOCABLOS OLVIDADOS

Algunos vocablos se esconden detrás de ese sinfín de cosas que hacemos, se enmascaran debajo de nuestros miedos, de nuestros fracasos hasta que pronto parecen olvidarse y quedan allí dormidos. ¿Por qué los resignamos y decimos no es posible luego de esconderlos en ese lugar perdido y profundo?

Después de mucho andar, de tropezar y caer, algunas veces ya cansados empezamos a negarnos posibilidades, más aún luego de varios intentos decimos: “Esto no es para mí, es mejor tomar otro rumbo”. Es cierto, que en ocasiones es necesario cambiar la dirección, pero algunas veces ese cambio es producto de la resignación, de la desilusión y falta de entusiasmo, sin agotar las posibilidades verdaderas.

Cuando uno no agota las posibilidades, queda el sabor de la duda, que con el tiempo suele aparecer para cuestionarnos, interrogarnos, y entonces frente a ella no sabemos qué responder, más que: “No tuve agallas, o me di por vencido”.

Los vocablos olvidados por resignación, por bajar los brazos suelen ser muy pesados, porque quedan allí generando un inmensa carga , pues han quedado reprimidos en ese lugar poco confortable en el que habitan las frustraciones, los fracasos, que suelen quedar en olvido más absoluto, pero en otros casos suelen saltar como llaves térmicas cuando las líneas eléctricas se sobrecalientan.

Cuando desistimos o nos damos por vencidos en algún intento, generalmente es porque hemos caído varias veces, y surge el sentimiento de ingratitud. Precisamente cuando surge esta sensación no debemos abatirnos o amedrentarnos, por el contrario debemos fortalecernos, de modo de poder ponernos de pie ante esa situación y que nuestra alma salga enriquecida.

Y caben varias posibilidades, que hayamos procedido bien y que las cosas no salieron como esperábamos y nos han defraudado, o que hayamos sido traicionados, o que nuestro accionar se ha frustrado, entonces es lógico percibir ese retrogusto amargo de la ingratitud. Por eso es importante, no dejar olvidados esos vocablos que son parte de nuestros fracasos, batallas perdidas, o caminos truncados, por el contrario hay que tenerlos presentes pero de forma de poderlos mirar sin dolor, sin angustia, por el contrario con la convicción de hacer de ellos lo que mejor nos convenga, aprender de sus sabores, pulirlos hasta poder transformarlos en algo productivo en nuestra vida.

Somos nuestra peor piedra en el camino cuando no damos la cara a lo que nos ha sucedido, cuando no lo asumimos, o cuando reprimimos lo que nos duele y no intentamos superarlo para convertirlo en lo que realmente deseamos y anhelamos, con la convicción de hacer lo que creemos es justo y necesario para estar bien con nosotros mismos y con los demás. Existen muchos vocablos olvidados en nuestro yo más profundo, producto de los fracasos, miedos, obstáculos, de los intentos fallidos, de las desilusiones… pero es importante regresarlos a donde les de la luz para poder hacer de ellos una palabra que agrade a nuestros sentidos.

Andrea Calvete

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