sábado, 9 de febrero de 2019

LA ESPIRAL DE LA QUEJA


Escudados en el manto de la queja nos subimos al escenario del que critica, en una espiral que articula las posibilidades, muestra los puntos débiles, señala con el dedo, pero se olvida de aproximar soluciones, porque criticar es sencillo, pero es productivo cuando trascendemos un peldaño más y a su vez ofrecemos posibilidades para que la situación pueda mejorarse.

Es muy común quejarnos por todo, por el tiempo, por la inflación, por los impuestos, por la suba del combustible, por el calor, por el frío, por la falta de oportunidades, por la mala disposición de la gente, por la falta de comunicación, de empatía, de comprensión, de entendimiento, por no tener pareja, por tenerla, por ser gordo, por ser flaco… y podría continuar con un sinfín de enumeraciones.

La queja es inherente al ser humano, lo problemático es cuando se convierte en un estilo de vida. Allí comenzamos a transitar por un espiral muy peligroso, en el que la negatividad nos mina de una pésima energía, en la que poca oportunidad le dejamos a los cambios porque nos paramos en la vereda de los que ven todo muy bien pero no hacen nada por modificarlo.

Dice un viejo proverbio oriental : “Si tu mal tiene remedio, ¿por qué te quejas? Si no lo tiene ¿por qué te quejas?” Son añejas y comunes como el pan que comemos día a día, y tienen por base el reclamo. Y es bien cierto que si lo que nos sucede tiene remedio demás está quejarnos, porque está a nuestro alcance remediar lo que nos preocupa. Sin embargo, si no tiene solución o al menos no la vemos, al quejarnos gastamos nuestras energías, nuestro tiempo y dinamismo en esa queja que nos deja estancados y nos posibilita salidas.

Las alternativas para solucionar un problema, no se hallan en la queja, sino en agudizar nuestros sentidos puestos al servicio de lo que nos aqueja, para sí entonces encontrar soluciones.

La queja, no resuelve nada, porque es inoperante. Cuando incurrimos en ella en forma reiterativa, nos acercamos a la negatividad, a no aceptar lo que debemos cambiar.

A los uruguayos se nos tilda de grises, quejumbrosos, opacos, y si nos ponemos a pensar detenidamente por algo ha de ser, quizás la queja a esta altura ya se nos ha incorporado tan adentro que es parte de nuestra rutina, y no nos damos cuenta la cantidad de veces que lo hacemos en el día.

Cada vez que emitimos una queja malgastamos: tiempo, energía y dinamismo. Tres elementos fundamentales para cualquier actividad que queramos emprender sea posible. Actualmente, vivimos escasos de tiempo, de oportunidades, por eso es fundamental aprovecharlos y no desperdiciarlos cuando las contrariedades se nos presentan.

Si nos ponemos a pensar la mayoría de las veces son muy pequeños los detalles por los que nos quejamos, nos preocupamos o malgastamos nuestro tiempo.

Si cada vez que nos fuéramos a quejar, miráramos al cielo y respiráramos hondo, posiblemente agradeceríamos todo lo que cada día tenemos y no somos capaces de ver y disfrutar. Ese contacto con las nubes, con el aire, con el sol, nos posibilita mirar hacia el Universo, dar un paso hacia un sinfín de posibilidades maravillosas que están a nuestro alcance, pero que sin embargo, no alcanzamos a ver.

¿Qué es lo que vemos? La respuesta a esta pregunta dependerá exclusivamente de cada uno de nosotros, del camino que hayamos decido tomar y en esas posibilidades infinitas, estará el camino de la queja, del reclamo y de la victimización, que permite deslindar responsabilidades, así como encontrar culpables.

Así hemos sido educados: debemos encontrar al causante de un problema, la solución lógica, la resolución perfecta, dejando de lado toda respuesta diferente a la esperada, a la aprendida, a la que nos inculcaron que era correcta. Debemos abrir nuestras cabezas a los desafíos y a las posibilidades, y así aplacar la cultura de la queja.

Si al quejarnos presentamos un reclamo formal a una situación que es posible cambiar, entonces bienvenida esa voz que se alza en pro del cambio. Aunque sería conveniente que al momento de presentar una protesta a su vez pusiéramos sobre la mesa alternativas a eso que nos disgusta. El buscar nuevos caminos, es parte del estar abiertos al cambio, a ese devenir constante llamado vida.

Algunas personas llevan escrito un libro de quejas, pero sería muy importante analizarlas y tomar consciencia de cuáles son realmente importantes y válidas, cuánto han aportado en nuestro camino y cuánto tiempo nos han quitado y obstaculizado para hallar soluciones.

Quizás los años sean buenos consejeros a la hora de analizar que la vida es demasiado corta para desperdiciarla estancándonos en la queja, en ese ruido constante y molesto que lo único que conlleva es a ponernos de mal humor.

La queja es contagiosa, suele despertar el malestar de quienes nos rodean. Cuando propagamos nuestra negatividad, el aire se carga de mala energía, medio que no posibilita soluciones sino que favorece a los problemas.

Una herramienta fundamental para salir del espiral de la queja es reconocer errores, vislumbrar soluciones, cambios, con una mentalidad positiva y esperanzadora. La construcción de un mundo mejor es posible, depende de lo que cada uno de nosotros estemos dispuestos a aportar y a comprometernos, no desde la queja, sino desde el compromiso y esfuerzo por lograrlo.

Andrea Calvete