lunes, 22 de octubre de 2018

CUESTIÓN DE TILDES Y ACENTOS


Cada día ponemos el acento en lo que nos parece más conveniente, en eso que nos preocupa y ocupa de forma llamativa. Sin embargo, no siempre acertamos a la hora de tildar correctamente. ¿Por qué erramos al tildar? Posiblemente, porque pongamos mal las expectativas, o nos enfoquemos en problemas que realmente no merecen ni nuestro tiempo ni energía. 

Lo cierto es que al prestar atención o hacer foco en determinados aspectos que realmente no son relevantes perdemos ese bien que se escurre cada día rápido de nuestras manos que se llama tiempo, y por otra parte se esfuma esa energía tan difícil de alcanzar en ese sinfín de cosas que llevamos a cabo. Por eso, es imperiosos distinguir entre lo que realmente es importante y lo que no.

Quizás si nos ponemos a mirar el camino recorrido, hayamos cambiado la forma de tildar, y hoy por hoy le demos importancia a situaciones que años atrás para nosotros no tenían relevancia. Es que con el transcurso del tiempo vamos priorizando cosas.

Sin embargo, al preguntarnos si tildamos bien o mal nuestro enfoque de vida, nos asalten dudas, cuestionamientos… pero después de unos minutos podremos ver sobre el papel esos puntos en los que necesitamos detenernos para valorarlos y acentuarlos de la debida manera.

Tantas veces discutimos innecesariamente, nos enojamos, nos enroscamos en problemas que no son nuestros, en situaciones que no merecen la pena, para después quedar sumamente desestabilizados y con una energía pésima. ¿A cambio de qué, para qué, acaso logramos mejorar algo, solucionar algo?

Al tildar nuestro enfoque en algo, seguramente debemos analizar si lo podemos resolver, si nos compete, si es de nuestro interés, y si es importante prestar atención, en definitiva preguntarnos: ¿por qué, para qué, con qué fin?, para entonces poder analizar si merece la pena embarcarnos en dar prioridad a esta situación en nuestro día.

Asimismo, nuestro tiempo es uno de los bienes más preciados en estos días. Los seres humanos vivimos corriendo, estresados, intentando estirar los minutos como un elástico, pero por más que lo hacemos, el día tiene 24 horas. Este es el gran dilema de nuestros días que trae aparejado estrés, dolencias físicas y psíquicas que repercuten en el rendimiento y en el estado anímico. Por lo tanto, es necesario comprender que el tiempo es finito, y también que nuestro organismo tiene un límite. Este es el primer paso para tomar conciencia de que debemos administrar nuestro tiempo, la forma de hacerlo es priorizar nuestros fines o metas.

Por lo tanto, poner los tildes correctamente tiene correlación directa con aprovechar este tiempo finito y escaso, y a su vez con identificar prioridades, distinguir qué cosas nos urgen, y cuáles ocupan un “tiempo muerto”, en el que realmente desperdiciamos los preciados minutos del día.

En esta tarea de concientización de nuestro tiempo, es importante delegar tareas a personas que sean de nuestra confianza. Aunque, este punto es algo difícil de asimilar, pues nos sentimos indispensables, pero esto no es así.

Por otra parte, es imprescindible incluir en este tiempo escaso, un lugar para nuestros amigos, familiares y seres queridos, pues el cultivar las relaciones personales son los mejores minutos utilizados en nuestras vidas. Momentos que nos colman de energía, alegría y ánimo para enfrentar lo que nos depara el destino.

Aunque administrarlo suele ser un gran desafío, es un requerimiento que debemos asumir para vivir en armonía con la vida moderna, en la que el reloj ha acelerado sin piedad y en la que vivimos sin tiempo.

Y cabe recordar cómo definió Shakespeare al tiempo, porque esa definición continúa vigente, “el tiempo es muy lento para los que esperan... muy rápido para los que tienen miedo... muy largo para los que se lamentan... muy corto para los que festejan. Pero... para los que aman... el tiempo es eternidad”.

La temporalidad de las vivencias tendrá que ver con las huellas o con los pequeños cambios que ellas han marcado en nosotros, cincelando nuestro camino, con ese nivel de trascendencia que hemos alcanzando en la medida que incorporamos nuevas herramientas, y trascendemos planos y vamos elevamos nuestro nivel de consciencia. Por lo tanto, tildar correctamente hará que nuestro tiempo y energía sean aprovechados de la mejor manera.

Andrea Calvete