sábado, 21 de julio de 2018

FRENTE A UN AUTÉNTICO DESCONOCIDO

Descubrir un auténtico desconocido luego de mucho tiempo de tratarlo suele ser algo frecuente. Es un momento de impacto, de sorpresa del que desearíamos no ser partícipes. ¿Pero se pusieron a pensar por qué nos sucede?

Allí estamos parados frente a una realidad que no nos es ajena, a la que posiblemente dimos la espalada, o vimos solo lo que queríamos ver en esa persona. Es bastante más sencillo de lo que parece, al comienzo cuando vamos conociendo a esa persona sumamos todo lo que desearíamos que tuviera, desconociendo realmente quién es . Por otra parte, para conocerla a fondo ella tiene que estar dispuesta a abrirse y a mostrarse tal cual es.

Sin embargo, por diferentes motivos es placentero moldear a esa persona que vamos conociendo a nuestro antojo, sin detenernos si quiera a mirar con detenimiento cuáles son sus verdaderos atributos y defectos.

Generalmente, cuando una relación vincular comienza intentamos mostrar nuestra mejor faceta, porque a nadie le gusta en primera instancia que salgan los defectos a relucir, de la mismo modo la persona que conocemos nos muestra su mejor cara.

¿Pero dónde surge esa desilusión o desencanto al descubrir a la verdadera persona?

La desilusión surge porque estuvimos con los ojos vendados mirando una realidad a medias, en la que nuestros deseos muy solapados presionan en esta mirada sobre el otro.

¿Pero por qué está latente ese deseo de amoldar al otro a lo que a mí me gustaría?, ¿por qué no lo acepto como es, sin juicios, sin cuestionamientos? Quizás sea parte del sistema cultural en el que vivimos insertos, en el que se nos inculcan determinados parámetros que luego repetimos sin ni siquiera cuestionarnos nada.

Es común decir o pensar te acepto tal cual sos, pero si nos detenemos a pensar suele ser una verdadera falacia, porque en el fondo cuando conocemos a alguien lo vemos del modo que deseamos o nos gustaría que fuera y, con el transcurso del tiempo, esa imagen inicial suele diferir con la que descubrimos.

Al principio las relaciones funcionan de maravillas, todas son virtudes, alabanzas, que al tiempo se desvanecen al enfrentar nuestros deseos con la realidad. Y cuanto más difieren se incrementa el descontento que sentimos con esa persona que estamos conociendo.

¿Por qué no aceptamos a los demás tal cual son? En realidad cabría preguntarnos antes ¿por qué no nos aceptamos a nosotros mismos? Preguntas que se acoplan a una palabra que todos ansiamos o anhelamos: libertad ¿Hasta qué punto somos libres?, ¿por qué nuestros derechos se ven constantemente vulnerados?, ¿es qué acaso no logramos ponernos en el lugar del otro, trascender las relaciones de alteridad?

Generalmente, tendemos a colonizar al otro, en el afán de que se apruebe lo que pensamos, sostenemos o creemos, sin ver que el hombre del hombre necesita, que nos complementamos aún en las disidencias.

Antes de contestar algunas de estas preguntas, lo primordial es analizar ¿por qué no nos aceptamos a nosotros mismos?, ¿por qué realmente conocemos muy poco de nuestro yo interno?, de esa búsqueda personal y esencial, porque tras correr, avanzar, aprender y crecer, olvidamos profundizar en esos lugares desconocidos o poco frecuentados por nosotros mismos. De allí ,que la búsqueda interior está íntimamente relacionada con ese ser espiritual que nos sustenta y del que poco sabemos, porque en él se mezclan emociones, sentimientos, recuerdos, valores que nos dibujan y nos permiten trascender en el tiempo.

Es frecuente que sin darnos cuenta nos encontremos moldeando a las personas que tenemos al lado, a nuestra imagen y semejanza, olvidando que cada persona en un ser único e irrepetible, con sus gustos, deseos, anhelos, virtudes y defectos.

Entonces frente a las preguntas: ¿cómo fuimos educados, cómo vivimos nuestra niñez y adolescencia?, me olvido de todo y me traslado aquellos años que recuerdo con todo cariño, porque siento que aquellas etapas son el puntapié inicial de nuestras vidas, y no puedo más que recordar risas, tardes de sol, días en familia, noches en rueda de amigos cantando muy fuerte al son de una guitarra y alegría.

No creo que las imágenes difieran al recordar la niñez o la infancia, y si las comparo con la de mis hijos que son de otra época, con mayor amplitud de ideas, de tolerancia y aceptación. Sin embargo, veo que en cualquier época se rescatan valores, sentimientos y afectos que nos marcan, algunas veces mejores y otras peores, pero dependiendo también de lo que cada uno transita.

El tiempo no se detiene, alberga todos los sentimientos, estados de ánimo y personas, no sabe de pausas, más bien de prisas. Los hubo mejores, peores, pero este es el nuestro. Por lo tanto, es imprescindible ver ¿dónde estamos parados?, rescatemos lo mejor de cada uno de nosotros, de los más jóvenes, de los mediana edad y de los más grandes, de todos tenemos para aprender y compartir.

Tomar lo mejor de cada uno nos posibilita pararnos con ilusión, con esperanza de cara al futuro, basándonos en lo positivo que nos hace brillar, para dejar atrás lo malo, lo negativo, superando obstáculos, dificultades, codo a codo todos unidos, no enfrentados. El enfrentarse es parte de la vida, del lograr sobrevivir, pero hagámoslo con consciencia, con responsabilidad, en una búsqueda por respetar la libertad de la persona que tengo a mi lado, sin pensar que de este modo es vetada la mía, por el contrario si todos podemos ejercer nuestros derechos la convivencia es más cordial.

Amartya Sen, premio nobel en Economía por sus contribuciones a la investigación en el bienestar económico, hace hincapié en la libertad que deben tener las personas para realizarse, teniendo en cuenta la calidad de vida, nivel de vida, el bienestar y el desarrollo humano. Para él la concepción de equidad es un tema fundamental, y se puede lograr si se pone acento en los medios para alcanzar los fines. Critica fuertemente al enfoque utilitario porque mira resultados, pero no están presentes las libertades.

Una de las claves para que haya tolerancia y libertad entre las personas, es que nos dejemos sorprender por el amor, porque cuando esta palabra entra en nuestras vidas desde sus diferentes acepciones logra transformarnos en mejor personas, con un corazón abierto a sentir y a dar todo lo que sea necesario, sin fronteras, sin límites, salvo las que estemos dispuestos a poner.

Sería maravilloso que te aceptara tal cual sos, y vos a mí, desde esa perspectiva cambiaría muchísimo todo, sería un gran paso para ponerme en tu lugar, en el del vecino, amigo o compañero, sin juzgar o señalar, simplemente aceptando que para que seamos iguales y se respeten nuestros derechos, debemos aceptar a todas las personas más allá de que difieran con lo que pensamos o sentimos. Quizás el primer paso sea aprender a escuchar antes de emitir una palabra y apelar al proverbio árabe que dice: “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas”. 

Andrea Calvete