miércoles, 18 de julio de 2018

APLAUSO MEDALLA Y BESO

¿Cuánto de lo que hacemos lo llevamos a cabo por el simple hecho de estar bien con nosotros mismos? ¿Tantas cosas las realizamos para ser reconocidos, admirados, distinguidos? ¿Para sentirnos aceptados, queridos, mimados…? Y podrían continuar las preguntas, lo cierto es que el reconocimiento y la aprobación de los demás son importantes y tienen peso en nuestras acciones.

Aunque nunca falta quien todo lo que hace con ese único fin, esperando ese reconocimiento que si bien puede ser un aliciente no debería ser el único motor a la hora de incentivarnos. Sin embargo, los aplausos nos llegan desde la época de los griegos y romanos, como signo de aprobación de obras y espectáculos. Actualmente, los psicólogos lo ven como una necesidad de manifestar opinión. También cuando palmeamos a alguien en la espalda tiene que ver de alguna forma con este aplauso, en el que no es posible el contacto directo y entonces surge espontaneamente.

Algunas veces cansados de reproches, malas caras, o reprobaciones, nos apartamos del qué dirán, de lo que piensen los demás, y caminamos haciendo poco caso a quienes nos rodean con una pretensión de huir de ese juicio constante por momentos fastidioso.

Sin embargo, no faltan los que están a la espera del “aplauso, medalla y beso”, de esa gratificación constante y permanente por parte de los demás, que en realidad deja de ser tan efectiva cuando poco conocemos a quien desde el otro lado del monitor nos indican su aprobación. La comunicación virtual se ha convertido en un mundo paralelo donde se desdibujan las realidades rehenes de íconos y emociones configuradas para dar cabida a una comunicación rápida y eficaz, que en el fondo se aleja del verdadero ser que las maneja.

Quizás el más sincero aplauso medalla y beso sea el que provenga de la aceptación de un mismo al mirarse al espejo, de quererse como uno es, para después si ver con sinceridad los elogios o críticas provenientes de las personas que nos rodean. Y convengamos que si uno tiene mil amigos o más en las diferentes Redes Sociales, de todos esos un pequeño puñado llegan a ser amigos de verdad, pero es cuestión de mirar con detenimiento para descubrirlos.

Es natural querer lograr la aprobación de las personas que nos rodean, pues vivimos en sociedad, somos partes de grupos en los cuales establecemos vínculos, y es lógico querer lograr buenas relaciones vinculares. Sin embargo, no podemos permitir que nuestras acciones sean dirigidas únicamente por los demás, pues lo primeros destinatarios somos nosotros mismos.

Andrea Calvete