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ME ENCUENTRO SOLO


Si bien la soledad es necesaria, para encontrarnos con nosotros mismos, también es un gran enemigo que mantiene a muchas personas, tristes, aisladas, amargadas, en total estado de depresión. Como seres sociales, necesitamos el contacto con nuestros semejantes, entonces, ¿cómo lograr ese justo equilibrio para que no pase a ser una piedra en el camino?

Y no se debe confundir soledad con estar solo. Cuando uno está solo es porque se aparta voluntariamente, por diferentes razones, pero con la conciencia de querer hacerlo. Y aquí también surge algo que se nos ha inculcado y es que para “ser felices” debemos estar en pareja, formar una familia, conquistar un oficio o profesión, lograr un buen puesto de trabajo, aspirar a tantas cosas… y tantos patrones pre-establecidos que distan mucho de estar bien con nosotros mismos, y que nada tienen que ver con estar solos. También cabría recordar aquel dicho que dice “más vale estar solo que mal acompañado”.

Una vieja canción de los Rolling Stones, años más tarde reversionada por el grupo argentino "Los perros" con el título “Bajo la Rambla", alude al desamparo de encontrarse solos sin un amor. Porque como seres humanos esa necesidad de compartir con una pareja es algo que nos genera placer y satisfacción personal, y que muchas personas al no tenerlas se encuentran totalmente desamparadas.

La soledad es una experiencia subjetiva por naturaleza, porque las personas pueden sentirse solas aun estando acompañadas, porque no son comprendidas, escuchadas, aceptadas o simplemente porque no concuerdan con el entorno social que las rodea.

La educación va a jugar un rol preponderante a la hora de toparnos con la soledad, que si bien muchas veces luce ropas lúgubres, ocupa espacios fríos y húmedos, en otros momentos suele ser una compañía grata para poder llegar a un puerto seguro. Y el modo como seamos educados es lo que nos permitirá enfrentar los diferentes desafíos que nos presente la vida, y si estamos bien parados posiblemente hagamos frente a todos los avatares, y no necesitemos evadirnos en nuestro propio hermetismo, o simplemente en una soledad que oficie como refugio.

Pero, lo lamentable es cuando las personas encuentran a la soledad a su lado sin buscarla, sin querer que ella les haga compañía. Y aparece allí, cuando se va un ser querido o se sufre una pérdida importante, ya sea en el ámbito de trabajo, en el hogar o en la rueda de amigos, no importa dónde, lo que interesa es que perdimos a alguien o algo que realmente era fundamental en nuestra vida.

De este modo, insertos en la tristeza, en el desconsuelo los seres humanos reaccionamos de maneras muy diferentes. Algunos sacan fuerzas de dónde no las tienen y se levantan a pesar de todo y siguen hasta lograr superar lo que les ha sucedido. Sin embargo, otras caen en la melancolía, en la depresión, y se refugian en la más absoluta soledad, en compañía tal vez de un vaso de bebida o alguna droga que les aletargue ese dolor.

Existe un proverbio que dice “saber escuchar es el mejor remedio para soledad”. Tantas veces no somos capaces de prestar atención a un buen día, a una disculpa, a una explicación, a esos diálogos que, aunque parezcan insignificantes son parte natural y esencial para que los seres humanos nos entendamos.

Sería un buen ejercicio encontrarnos solos y poder disfrutar de la soledad haciendo algo que nos gusta, que nos llene el alma, que nos produzca alegría, o nos enriquezca, porque aprender a estar solos con nosotros mismos, aceptarnos y querernos es parte de encontrarnos solos pero en grata compañía.

Andrea Calvete

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