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REZOS Y PLEGARIAS

Perfume de lavanda invade el aire, la tierra levemente mojada entremezcla su esencia y penetra para dejar fluir la armonía que vuela y se esparce. Notas celtas parecen colarse desde la ladera de una montaña donde se alcanza a ver el mar encrespado.

Por los alrededores, una mujer llena su cesta de lavandas para armar pequeños ramos que servirán no sólo para decorar su casa de piedra, sino para evocar a Áine, la diosa del aire, que se cuela en las noches tibias y fértiles del verano.

Fluye el viento y despeina los pastizales. Flores silvestres de diferentes tonalidades alimentan el paisaje con armoniosa alegría, mientras que las libélulas revolotean delicadamente al ritmo de lejanas arpas que suenan desde el pueblo.

Se cierra la puerta, las luces se encienden y por entre las ventanas se reflejan los ramilletes de lavanda. La armonía surge en comunión con el color y el aroma de las flores que fueron recogidas con especial entusiasmo. Los ojos de aquella mujer han cobrado vida, sus rezos y plegarias se elevan a Áine para que la ilumine en inteligencia y razón.

Andrea Calvete

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