sábado, 25 de mayo de 2019

MIRARSE AL ESPEJO O ROMPERLO EN MIL PEDAZOS

No quiso mirarse al espejo, siguió de largo, el reflejo simplemente le dolía. Extraña sensación la que puede producir una imagen poco nítida y lejana, sin embargo era muy potente la energía que emitía, como si el cielo se oscureciera a su paso. Estaba por ponerse a llover, la humedad de aquella mañana era insoportable, y el tránsito muy pesado.

Siguió su ritmo, hoy no quería atender el celular. Los mensajes de WhatsApp llegaban y así quedaban en rojo, no estaba de humor para contestar a nadie, y menos si pretendían saber de su malestar. En realidad se había levantado peleado con la vida, con su propia existencia, la cual no había sido fácil, pero eso no le daba derecho a caminar con la nariz respingada como si el aire sólo fuera posible para sus refinadas fosas. Alterado caminaba por las veredas de altanería y arrogancia, llevándose todo por delante, y menospreciando a quien no estuviera a su altura.

¿Qué significa estar a la altura de lo que alguien desea o espera? En realidad, poco importa estar a la altura de lo que los demás esperan de nosotros, si no somos nosotros mismos, si no estamos conformes con nuestro ser más profundo, siendo genuinos y auténticos. Sin embargo, el protagonista en cuestión lejos estaba de la autenticidad, se escondía detrás de mil máscaras para no mostrar su verdadera identidad. Algunas veces cuando alguna arista de su personalidad asomaba, se enojaba mucho y se la agarraba con todo el que se le cruzaba por el camino. Dicen que cuando vemos en alguien algo que no nos gusta, generalmente es que espejamos cosas nuestras que nos duelen y nos cuestan asumir, mucho de esto había en este personaje que hoy es protagonista de esta vivencia.

No quiso mirarse al espejo, siguió de largo, el reflejo simplemente le dolía.

En una esquina, ya cansado de caminar entró para tomar un té acompañado de un surtido arsenal para saciar toda esa angustia y desilusión .Se ahogó en manjares dulces que fueron aplacando su iracunda tristeza, ya con el estómago lleno pudo acercarse a esa imagen que le horrorizaba solo con mirarla de reojo. Así tomó coraje e intentó ver qué era lo que lo aquejaba, sin embargo sonó su celular, y volvió entonces a descargar todo su enojo y furia con la persona que lo llamaba, lo insultó y culpó hasta cansarse, para después seguir lleno de razón caminando por la vida.

No quiso mirarse al espejo, siguió de largo, el reflejo simplemente le dolía.

Con paso erguido y solemne caminaba por las veredas de altanería y arrogancia, llevándose todo por delante, y menospreciando a quien no estuviera a su altura. Como subido en un pedestal continuó su rumbo, caería una y mil veces, estaría en él romper el espejo o finalmente mirarse con humildad y valentía.

Andrea Calvete