sábado, 25 de mayo de 2019

TODO COMENZÓ CON UN BESO

Todo comenzó con un beso, mientras bailaban un tema lento. Un bálsamo para nuestros sentidos, vehículo para nuestras emociones, testigo de nuestros sentimientos más profundos, así la música ha sido un punto de partida para tomar contacto con el fluir de dos personas que han decido encontrarse. Los temas lentos testigos silencios de suspiros, contactos secretos ,encuentros maravillosos y de besos.

Para encontrarse hay que detenerse, mirarse, hacer esa pausa en la que decidimos establecer ese comienzo, ese descubrimiento. ¡Qué vehículo más enriquecedor que es la música para poder acompasar ese instante de encuentro! Los sentimientos y emociones surgen al ritmo y al compás de la música, que acompasa nuestro vibrar.

Generalmente, los comienzos de una relación suelen ser maravillosos, pero no necesariamente el hecho de bailar un tema lento con una persona tiene esa intencionalidad, puede ser simplemente el disfrutar de ese momento, de fluir al son de la música, en unos instantes en los que nos permitimos ser y estar desconectados de problemas o interferencias.

Las lentas un clásico que muchos recordaran con cariño, generalmente cuando se ponía la primera lenta las pistas de discotecas, bailes o boliches se llenaban, porque todos enseguida buscaban a esa pareja con la que estaban ansiosos por tomar contacto. Con el correr del tiempo se ha perdido esa costumbre, por diferentes motivos: ha cambiado la música, la forma de comunicarse, los ritmos de moda, y también a todo esto debemos agregar el consumo de ciertas sustancias que ha influenciado como desinhibitorio de las relaciones humanas.

Pero más allá de que ya no sean el hit de la moda, creo que siguen vigentes porque no hay pareja que se pueda resistir ante un buen tema lento para dejarse fluir por la armoniosa melodía para disfrutar de ese momento mágico que cada cual podrá descubrir a su ritmo y tiempo.

It stared with the kiss- Todo comenzó con un beso- un tema de la banda británica Hot Chocolate, que se remitía a una historia de amor que había comenzado con un beso en la última fila del salón de clases cuando eran apenas unos niños, un hit en la época de las canciones lentas.

Todo comenzó con un beso, mientras bailaban un tema lento. Un bálsamo para nuestros sentidos, vehículo para nuestras emociones, testigo de nuestros sentimientos más profundos, así la música ha sido un punto de partida para tomar contacto con el fluir de dos personas que han decido encontrarse. Los temas lentos testigos silencios de suspiros, contactos secretos, encuentros maravillosos y de besos.

Andrea Calvete



MIRARSE AL ESPEJO O ROMPERLO EN MIL PEDAZOS

No quiso mirarse al espejo, siguió de largo, el reflejo simplemente le dolía. Extraña sensación la que puede producir una imagen poco nítida y lejana, sin embargo era muy potente la energía que emitía, como si el cielo se oscureciera a su paso. Estaba por ponerse a llover, la humedad de aquella mañana era insoportable, y el tránsito muy pesado.

Siguió su ritmo, hoy no quería atender el celular. Los mensajes de WhatsApp llegaban y así quedaban en rojo, no estaba de humor para contestar a nadie, y menos si pretendían saber de su malestar. En realidad se había levantado peleado con la vida, con su propia existencia, la cual no había sido fácil, pero eso no le daba derecho a caminar con la nariz respingada como si el aire sólo fuera posible para sus refinadas fosas. Alterado caminaba por las veredas de altanería y arrogancia, llevándose todo por delante, y menospreciando a quien no estuviera a su altura.

¿Qué significa estar a la altura de lo que alguien desea o espera? En realidad, poco importa estar a la altura de lo que los demás esperan de nosotros, si no somos nosotros mismos, si no estamos conformes con nuestro ser más profundo, siendo genuinos y auténticos. Sin embargo, el protagonista en cuestión lejos estaba de la autenticidad, se escondía detrás de mil máscaras para no mostrar su verdadera identidad. Algunas veces cuando alguna arista de su personalidad asomaba, se enojaba mucho y se la agarraba con todo el que se le cruzaba por el camino. Dicen que cuando vemos en alguien algo que no nos gusta, generalmente es que espejamos cosas nuestras que nos duelen y nos cuestan asumir, mucho de esto había en este personaje que hoy es protagonista de esta vivencia.

No quiso mirarse al espejo, siguió de largo, el reflejo simplemente le dolía.

En una esquina, ya cansado de caminar entró para tomar un té acompañado de un surtido arsenal para saciar toda esa angustia y desilusión .Se ahogó en manjares dulces que fueron aplacando su iracunda tristeza, ya con el estómago lleno pudo acercarse a esa imagen que le horrorizaba solo con mirarla de reojo. Así tomó coraje e intentó ver qué era lo que lo aquejaba, sin embargo sonó su celular, y volvió entonces a descargar todo su enojo y furia con la persona que lo llamaba, lo insultó y culpó hasta cansarse, para después seguir lleno de razón caminando por la vida.

No quiso mirarse al espejo, siguió de largo, el reflejo simplemente le dolía.

Con paso erguido y solemne caminaba por las veredas de altanería y arrogancia, llevándose todo por delante, y menospreciando a quien no estuviera a su altura. Como subido en un pedestal continuó su rumbo, caería una y mil veces, estaría en él romper el espejo o finalmente mirarse con humildad y valentía.

Andrea Calvete





viernes, 24 de mayo de 2019

CAMPOS DE LAVANDA

La subjetividad teñida de los colores de nuestra mirada, de los anhelos puestos a luz de los deseos, de los sueños espejados en los brillos de nuestras pupilas, hacen que nuestro pequeño jardín se vea como un inmenso parque, eso siempre y cuando pongamos mucha fe, esperanza y entusiasmo en nuestros proyectos.

Quizás las pequeñas plantas de lavanda puedan perfumar como un verdadero campo de lavandas, o simplemente al caminar por dos metros de pasto nos dé la sensación de estar en un extenso terreno mullido de frescura y porvenir. No faltará quien en una pequeña terraza rodeado de sus plantitas se sienta en un jardín botánico, o quien al caminar por la orilla del Río de la Plata al poner sus pies en agua respire el yodo de los mares de la libertad.

Porque no es cuestión de lo lejos que nos vayamos, o lo que sea el lugar, sino del entusiasmo, del cariño, y esmero que pongamos a la hora de tomar contacto con la realidad que nos circunda. Tiene mucho que ver con el cristal con el que se mira y además del amor que pongamos en esa perspectiva que nos rodea. Generalmente cuando detrás de un proyecto de vida se ve empeño, amor, compromiso, confianza y actitud, entonces el brillo que comienza a despedirse es palpable, y a su vez contagioso.

En nuestra subjetividad tallan nuestras emociones, nuestros anhelos y deseos, nuestros enojos, nuestras frustraciones, nuestras represiones, todo lo que está a la vista y lo que se aloja en esas profundidades que no son accesibles. Por eso, si nos cargamos de buenas intenciones al observar a alguien o algo, seguramente proyectaremos allí buena energía. De lo contrario, si teñimos de un color oscuro y negativo lo que miramos los resultados no serán nada alentadores.

Sin embargo, el verano es una estación en la que todo florece, renace y crece, en donde especialmente el aroma de esas lavandas también conocidas como oro azul perfuman el calor de los días, se mezclan con el rocío de las mañanas y la frescura das noches ¿por qué no pueden renacer entonces nuestras esperanzas, nuestros proyectos e ilusiones, perfumados con los deseos y las posibilidades? Seguramente, así suceda, sin embargo habrá que poner una gran cuota parte, porque depende de uno mismo lo que nos espera, está en nuestras manos, en esa energía con la que nos carguemos, en ese entusiasmo y fe que pongamos a la hora de dar el primer paso. Posiblemente, si adoptamos una posición pasiva, a la espera de que algo suceda, poco cambiará porque estamos en una actitud en la que esperamos de afuera los cambios cuando el primer cambio es necesario que venga de adentro.

Cuando decimos ser parte activa, protagonistas de esa película que se llaman días, entonces nos involucramos, ponemos todo lo que está a nuestro alcance y si es necesario más para entonces poder llevar a cabo nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestros proyectos y todo lo que nos propongamos.

No dejar de soñar, de mirar con los ojos llenos de emotividad, ilusión y esperanza es parte de poder ver en un matorral de lavandas, un bello campo perfumado que nos eleva hasta el cielo de las posibilidades y al infinito universo de los sí puedo.

Andrea Calvete

domingo, 19 de mayo de 2019

LOS CIELOS DE CARTAGENA

Nubes de distintas formas y tamaño danzan entre el sol que las colorea. Matices perlados y grises caminan entre turquesas cargados de magia. Son cielos de esperanza, alegres y cálidos impregnados por el yodo y la sal del Caribe. En un espejo de distintos naranjas se peina el atardecer en último beso del día.

Los cielos de Cartagena se dibujan en un realismo mágico, en el que los iris del Gabo sensibles y creativos, se dejaron perfumar por las creencias y costumbres, historias y leyendas de sus lugareños. Es casi imposible no dejarse seducir o maravillar por esta ciudad llena encanto, añeja, colorida y musical, que invita a soñar.

Vaporosas fluyen las nubes y danzan al ritmo de una Cartagena llena de encanto, y magia, de siglos, de historias contadas y otras omitidas, de pupilas negras y brillosas, de pieles morenas lustrosas, de pies descalzados a la orilla del mar. La espuma de las olas salpica con su blancura los espigones de corales.

Bajo el cielo de Cartagena caminan los vendedores ambulantes, traen su arte, sus colores, su simpatía, venden de todo, pero siempre con respeto y jovial bienvenida. Es imposible no sentirse feliz en este paraíso en el que la vida sonríe veraniega y tropical, suelta de ropas y prejuicios, descalza de preocupaciones, la música acompaña la algarabía que brinda la naturaleza, a ritmo de  salsa, vallenato, cumbia y merengue.

El ruido de la ciudad se aquieta bajo ese cielo apacible y lleno de encanto, en el que los atardeceres se perfuman de colores infinitos y de formas casi místicas. Un espectáculo indescriptible en el que todos los sentidos tienen cabida, los aromas se intensifican, los tonos resplandecen, las texturas se suavizan, los sabores se impregnan de sal marina, mientras las olas rompen mansas y abrazan al atardecer.

Los cielos de Cartagena son azules, tienen los colores vivos de la ciudad que brilla con alegría y encanto, con simpatía caribeña, bulliciosos, con aire a rumba y frutos tropicales. No tienen prisa, caminan al ritmo de su gente, con la amabilidad de sus habitantes sonríe cada día a quienes deciden transitar por su universo festivo.

Andrea Calvete

VIVIENDO Y APRENDIENDO


Aquí y allá, nos tropezamos día a día con acontecimientos inesperados, con certezas que parecen deshojarse en una y mil capas, con historias simples y complejas, en donde cada instante de vida nos conduce a aprender algo nuevo.

Desde luego cada vez que nos alejamos de nuestro país y tomamos contacto con otras costumbres, culturas, descubrimos los colores en los que cada nación refleja su propia idiosincrasia. Algo que llama la atención en diferentes países de América Latina es el regateo, esa costumbre para nosotros poco frecuente de pelear por un precio, hasta llegar al valor de venta. El regateo es parte de un ritual que tiene lugar cuando dos personas comienzan a negociar por un producto o servicio, así con paciencia luego de varios tira y afloje, se llega al precio final. Aunque a nosotros nos resulta difícil de entender,así son las reglas de juego en otras partes del mundo.

Sin embargo, el tema del regateo es parte del negocio mismo de la vida, en el que establecemos normas, precios, algunas veces no netamente monetarios, sino afectivos, en el que damos lo que somos y a cambio recibimos lo que de alguna forma vamos sembrando. Pero, aquí se puede generar un conflicto porque no siempre lo que damos se corresponde con lo recibido, aquí la ecuación no es proporcional, lo importante es no poner demasiadas expectativas.

Las expectativas son parte de esa chispa de esperanza con la que se enciende cada día, pero no siempre están a la altura de lo que sucederá, por distintos motivos suelen desmoronarse y evanecerse como por arte de magia. Son variables de nuestra naturaleza cognitiva que vienen de la mano de la anticipación y también del análisis. Pueden encarnarse en la medida que creemos y apostamos a ellas. Están vinculadas a las predicciones y previsiones, cuanto mayores son las certezas mayor será la posibilidad que se cumplan las expectativas. En este contexto jugará un rol preponderante en su concreción si son positivas o negativas.

Las expectativas las ponemos donde realmente las hay, y también donde no tienen cabida, pero está en nosotros no apagar la ilusión. Entonces despertamos entusiasmos equivocados, pretendemos lo que no es posible, para luego lentamente aterrizar en la pista de la desilusión o decepción.

Evidentemente, el error de esperar algo y que no suceda, es parte del diario vivir, es lo que se puede esperar en ese margen de posibilidad en el que nos paramos día a día.

¿Pero qué sucede cuando esperamos algo que tiene escasas o nulas posibilidades? Cuando nos paramos frente expectativas casi inalcanzables es preciso ser conscientes de este lugar en el que nos posicionamos, de modo que si la caída es inminente por lo menos nos agarre preparados para amortiguarla.

Pero, existen personas que a pesar de caer siguen porfiando en que esas expectativas se cumplan, aún cuando ya saben que no hay posibilidades, es como quien se aferra a ese dulce recuerdo que no volverá. Quizás esta actitud sea parte de esa negación que hacemos al enfrentar ciertas frustraciones. Sin embargo, negarlas nos lleva por mal camino, porque canalizamos nuestra energía en algo que tenemos que decir borrón y cuenta nueva.

Aunque, a veces ese porfiar e insistir, tiene que ver con el ego, con el amor propio de decir :“yo puedo, lo voy a lograr”, perdiendo de vista que somos seres factibles de errores, y también de posibilidades que quedan truncas por diferentes motivos, y es necesario aceptarlas.

Aceptar no significa resignarse, tirarse en una cama a dormir, sino tener claro que esa expectativa no ha sido posible, entonces le ponemos punto final, y damos vuelta la página. Para sí ponernos a trabajar y a perseguir otras expectativas que sí pueden tener posibilidades en nuestro camino, o al menos nos alegran la vida.

Las expectativas suelen ser luces en nuestros días, destellos de esperanzas, de claridad, de energía vital, como parte de ese motor que nos ayuda a seguir. El hecho de que no tengan demasiadas posibilidades no es malo, lo importante es ser conscientes de ello para no incurrir en falsas expectativas y quedarnos agarrados a una posibilidad que no tiene demasiado sentido. Las ponemos en todo lo que hacemos, en nuestro trabajo, en nuestras amistades, en nuestras relaciones de parejas, en nuestros proyectos, así como en cada pensamiento que se cuela cuando nos tomamos una pausa.

¿Se puede tener expectativas sin esperar que algo suceda? La primera contestación que surge a esta pregunta es que no, porque evidentemente siempre se espera algo. Sin embargo, bajaríamos el nivel de ansiedad y tensión, si tuviéramos el deseo vivo intacto sin teñirlo de esperas, sino de ilusión y entusiasmo, de luz y energía, dejando de lado la espera, porque quien espera desespera dice un viejo proverbio.

En la medida que pasan los años uno cada vez espera menos de los demás, y se conforma directamente con lo que le dan, lo disfruta lo paladea, lo siente con profundidad, porque sabe que las cosas deben surgir sin que se pidan, si que se exijan, sino porque realmente se siente la necesidad de que eso suceda.

Aquí y allá, nos tropezamos día a día con acontecimientos inesperados, con certezas que parecen deshojarse en una y mil capas, con historias simples y complejas, en donde cada instante de vida nos conduce a aprender algo nuevo.

Andrea Calvete



domingo, 5 de mayo de 2019

SI NO SUMA QUE NO RESTE

Atrincherados en la nube de los deseos los sí esperan a que les demos cabida, a que los dejemos volar. Nubarrones grises se interponen, los aprisionan, por temor, indecisión, o simplemente por no ver con claridad el camino a seguir. Lo claro es que si no suma que no reste.

En esa puja por decidir, entran en nuestra vida conceptos y personas que en realidad no tienen demasiada cabida, sería atinado preguntarnos si agregan algo , si aportan de alguna forma a nuestro día a día, y lo más importante es que no nos quinten tiempo o energía, elementos que en la medida que pasa la vida se hacen más escasos y necesarios.

Evidentemente, de lo malo, de lo difícil es donde más aprendemos, porque desde las cicatrices nos fortalecemos, y resurgimos como el Ave Fénix. Sin embargo, está en cada uno no desaprovechar cada instante, cada día en el que tenemos un sinfín de oportunidades para sumar, para elegir y hacer que cada momento sea irrepetible y mágico. Quizás aquí radique la mayor dificultad, porque la gris y aburrida rutina llega para interponerse entre nuestras ganas, creatividad y esmero, de manera que por momentos se desvanecen las esperanzas.

Cada día tiene su encanto, un día de lluvia un día especial para escuchar su sonido, perderse entre los aromas que se realzan con el agua que baña la naturaleza, o maravillarse con los sonido impactante de los relámpagos que son sinfonía para ese caer armonioso de las copiosas gotas. Un día de sol, brillante y radiante nos invita a soñar a pasear llenos de energía y esperanza, a vibrar con cada rayo que se esparce. Un día nublado, en el que los pensamientos se aplacan, bajan sus revoluciones, y buscan por los estantes húmedos de los recuerdos, improvisan desde la tenue apatía. Así la enumeración podría continuar, mientras nuestros estados anímicos se pasean al ritmo del tiempo y sus días.

Es cuestión de mentalidad, es cambiar la actitud y ver de lo que nos pasa lo que suma, lo que aporta, lo que nos deja crecer como seres humanos, dejando atrás lo que nos empequeñece. Es permitir que la mente grande triunfe sobre la mente pequeña. Atrincherados en la nube de los deseos los sí esperan a que les demos cabida, a que los dejemos volar. Nubarrones grises se interponen, los aprisionan, por temor, indecisión, o simplemente por no ver con claridad el camino a seguir. Lo claro es que si no suma que no reste.

Andrea Calvete

sábado, 4 de mayo de 2019

TÚNEL DE PLÁTANOS

Al costado de la avenida se entrelazan los plátanos, con su corteza plateada llena de historias, se desprenden sus doradas hojas en una alfombra acolchonada y crujiente. Testigos silenciosos, forman un túnel por el que transitan autos, ómnibus y transeúntes en diferentes sentidos. Sus inmensas copas se mueven atinadas con el viento tibio de la tarde que cobra vida.

De la corteza de los plátanos fluye un mundo de colores tenues, verdes musgos, lavandas, grises, y plateados. Sus troncos manchados regalan tonalidades que se esfuminan entre las grises veredas. Dejos de humedad se entremezclan en su musgosa y resistente madera que sabe a otoño y a hojas secas.

Caminan despreocupados a su ritmo, están en su mundo carente de prisas, descontracturados se llevan los minutos por delante con total desenfado. Doradas las veredas crujen mientras se abren paso, ella lleva una mini, el pelo castaño largo suelto, él rubio con el cabello rebajado, caminan de la mano, mientras que la bicicleta del joven los acompaña a la derecha de la pareja.Quizás alcanzan los quince años, hace tres meses les veo pasar mientras espero el ómnibus y me pregunto cuánto tiempo los mantendrá juntos la vida, se los ve felices, como si el sol les abriera el camino, y la lluvia los bañara de una energía especial. Lo que es claro es que están enamorados. Ese primer amor adolescente que los acompañará de por vida y quizás marque de alguna manera sus rumbos. Pero a ellos no les interesa pensar, disfrutan el presente como si el futuro fuera todo de ellos, como si pudieran detener el tiempo en cada instante en el que se pasean por la vereda.

Al costado de la avenida se entrelazan los plátanos, con su corteza plateada llena de historias, se desprenden sus doradas hojas en una alfombra acolchonada y crujiente. Testigos silenciosos, forman un túnel por el que transitan autos, ómnibus y transeúntes en diferentes sentidos. Sus inmensas copas se mueven atinadas con el viento tibio de la tarde que cobra vida.

Sí vienen del liceo, probablemente rumbo a sus casas, día a día repiten el mismo ritual entusiasmados, las estaciones los van viendo pasar ligeros de ropa con la frescura de la juventud, a ellos le da lo mismo el tiempo, toda ocasión es una fiesta para celebrar este camino que los mantiene unidos y esperanzados.

Se llena la parada, las horas en punto son clave para el pasaje de ómnibus, el murmullo se incrementa, varias personas parecen conocerse y hablan entusiasmadas, mientras uno a uno van pasando puntuales los ómnibus. La parejita se pierde en la lejanía, se dibujan como un cuadro, posiblemente la vida los lleve por diferentes caminos, pero seguro que este recorrido lo guardarán en su corazón por siempre, conjuntamente con esa imagen etérea y despreocupada, jovial e inocente con la caminan entrelazados en estas tardes de otoño bajo el túnel de plátanos que los cobija.

Al costado de la avenida se entrelazan los plátanos, con su corteza plateada llena de historias, se desprenden sus doradas hojas en una alfombra acolchonada y crujiente. Testigos silenciosos, forman un túnel por el que transitan autos, ómnibus y transeúntes en diferentes sentidos. Sus inmensas copas se mueven atinadas con el viento tibio de la tarde que cobra vida.

Andrea Calvete

miércoles, 1 de mayo de 2019

AMISTADES DE CRISTAL Y DE PORCELANA

La amistad es un gran aliado que nos permite establecer lazos que van más allá del tiempo y el espacio, de la pertenencia geográfica o de los nexos sanguíneos. Los vínculos que generamos a través de su presencia son potentes antídotos ante cualquier contratiempo en la vida. Las amistades de cristal se rompen en mil pedazos y se pierden con el primer viento que pasa por la vereda, mientras que las de porcelana se reciclan y renacen como antiguas obras de arte.

Algunos transitan como extraños pasajeros de un vagón desconocido y te miran como diciendo “si te visto no me acuerdo”, o simplemente están de cuerpo presente como un objeto que decora una sala. Otros, sin embargo, “los de siempre”, permanecen inamovibles a tu lado en las buenas y en las malas, en un intento para que no sucumbas con tu última caída. Así se integra el elenco de los que nos acompañan en este recorrido conocido como vida, del que nos faltan tantas respuestas y el que nos sorprende día a día, inexperientes, como si tropezarse con la misma piedra fuera algo imposible de evitar.

“Los de siempre” se contarían con los dedos de una mano, o dos, no lo sé, quizás. Lo cierto es que son muy pocos los que transitan el camino en forma ininterrumpida a tu lado, sin excusas, sin traiciones, sin dejar que las pulsiones humanas los ataquen y te dejen plantado cuando menos te lo esperas.

Así como huesos duros de roer permanecen a tu lado haciéndote compañía y se alegran con tus triunfos y progresos, pero también se les anuda el corazón cuando una lágrima brilla de reojo en tu rostro cansado y afligido. Me pregunto ¿a qué se debe la fidelidad de “los de siempre”?, ¿cuál es el antídoto que los salva de no dejarnos plantados?... ¿Será que la amistad es un lazo fraterno e inquebrantable, que aún en los peores vendavales logra vestirse de gratitud al abrigo de la fidelidad?

Porque” los de siempre” no están “al golpe del balde” -como diría un viejo amigo-, sino por el contrario están para que sientas ese brazo que te sostiene y ayuda a seguir adelante. Ya lo sé no quedan muchos en pie, pero lo importante es no perder la esperanza y la confianza en que los que están siempre, ésos son de fiar, y con ellos la amistad se engalana con sus mejores atuendos.

A lo largo del recorrido vamos cosechando amigos, personas que no nos imaginabas nos acompañarían en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las tristezas, con las que establecemos una comunión única e irrepetible. Un verdadero amigo pueda pasar tiempo sin que lo veamos, pero tenemos la seguridad que ante el mínimo inconveniente sabemos que podemos contar con él, no importa la hora, o el momento del día sabemos que está y eso es muy importante.

Evidentemente, existen múltiples circunstancias por la que vamos perdiendo contacto con personas que consideramos grandes amigas, porque la vida nos lleva por caminos diferentes y entonces vamos perdiendo ese acercamiento y de pronto, nos dejamos de ver. De todas formas, este tipo de amistad sigue latente y expectante a un próximo encuentro porque más allá de la distancia o el tiempo todo lo que refiere a la vincularidad sigue intacto.

Sin embargo, por diferentes razones las amistades suelen tener sus puntos álgidos, pueden darse peleas, enfrentamientos, malos entendidos, pero lo cierto es que a pesar de las circunstancias los problemas se solucionan y los vínculos continúan a pesar de los vientos en contra y las mareas. Pero no todas las amistades suelen soportar estas inclemencias o contratiempos, generalmente las que son de cristal se deshacen en mil pedazos y desaparecen como el polvo, no quedan de ellas ni vestigios. Por el contrario, las que son de porcelana logran recomponerse a través de hilos de oro que hacen que la porcelana se haga más bella y reluzca como una antigua reliquia rescatada con esfuerzo y sacrificio por quienes en el fondo saben que cada una de esas partes son necesarias y útiles para continuar en el camino de la vida.

Es así que las amistades que logran recomponerse son porque son resilientes, tienen esa capacidad de alguna forma de adaptarse a las adversidades y salir fortalecidas, por eso no hay tormentas que puedan con ellas, ni lazos que las destruyan.

Las amistades de cristal se rompen en mil pedazos y se pierden con el primer viento que pasa por la vereda, mientras que las de porcelana se reciclan y renacen como antiguas obras de arte a través de los hilos de oro que son los que siempre han unido a esas dos almas que por algún motivo se han encontrado y permanecerán juntas a lo largo del tiempo a pesar de los avatares de la vida, porque son pilares sólidos lo que las sostiene.

Andrea Calvete