sábado, 27 de abril de 2019

CINCO E


Nuestra vida se compone de fórmulas, por alcanzar, por descubrir y por develar. Lo cierto es que cada cual tiene la suya a la hora de enfrentar los desafíos que le toca vivir, por no hay como sentarse con uno mismo para ingresar en ese mundo alquímico de posibilidades, en el que cada cual a su modo hallará el elixir de vida, en el que las cinco E podrían componer esa quinta esencia tras la que tanto se ha hablado y discutido.

Es indudable, que más allá de las fórmulas a las que les hacía mención al principio, las cinco E a las que hago referencia van derivando una en otra, de manera que todas se incorporan a nuestra vida como motor fundamental a la hora de arrancar el día. Así la energía, el entusiasmo, la emoción, la entereza y la empatía, son los pilares fundamentales cuando nos embarcamos a descubrir el misterio de la vida.

La energía es un condimento especial cuando queremos comenzar algo, es ese motor esencial en el que se enciende el arranque, en que se ponen las ilusiones al servicio de los deseos y de la puesta en marcha. Es la vitalidad necesaria para movernos para disponernos a decir si puedo, o al menos lo voy a intentar, porque no hay peor tarea que la que no se intenta.

Al poner a rodar nuestra energía, lo tenemos que hacer cargados de entusiasmo, de luz y brillo necesarios para contagiar ese potencial que irá creciendo en la medida que se despliega nuestra vitalidad puesta al servicio de nuestro interés, de nuestros deseos, y nuestras potencialidades que son infinitas y están a la espera de ser descubiertas. Entusiasmados el pienso se hace en forma descontracturada, en forma espontánea y genuina.

Desde luego que si la emoción no corre por nuestras venas, poco lugar quedará para que hagamos algo con pasión, con entrega y total devoción, claves a la hora de comprometernos al cien por ciento en lo que creemos y confiamos, y en lo que nos disponemos a hacer. La emoción también se contagia, es energía vital que se palpita.

Con el azul de la entereza se oxigenan nuestros proyectos, impregnados de sabiduría, paciencia, ilusión y optimismo. Caerse y volvernos a levantar tantas veces como sea necesario, sin perder la fuerza, la esperanza de continuar y avanzar, con fortaleza y serenidad.

Comprometernos con energía, entusiasmo, emoción y entereza, requiere en sí empatía, es decir conocer el universo emocional de quienes nos rodean, empaparnos en él, descubrirlo, consustanciarnos y hacerlo parte de nuestro accionar, porque solos poco y nada somos.

El amor un antídoto que comulga con estas cinco E, un ingrediente fundamental para que transitemos por cualquier circunstancia de nuestra vida impregnados de fortaleza y gratitud, y también imbuidos de lo mejor que nos habita en alguna parte de nuestro ser.

Estas cinco E podrían relacionarse con nuestra quinta esencia, con esa misteriosa y quinta dimensión emparentada con lo que no se ve a simple vista, con lo que no se percibe fácilmente. Quien sea capaz de entrar en ella posiblemente se conecte con otras dimensiones ocultas.

Descubrir esa quinta dimensión o quinta esencia es un camino individual que, posiblemente, nos lleve hasta el atanor del ser, donde aparece el calor más íntimo, pues todo lo que ocurre en nuestro cuerpo y mente se aloja allí cómodamente, para dar lugar a los aromas de nuestra existencia, que podrán trascender en el tiempo a través de los seres que lograron compartir lo más profundo de que habita en cada uno de nosotros.

Andrea Calvete