sábado, 23 de marzo de 2019

NO SE BRILLA SIN OSCURIDAD

Brillar día a día, ser luz del propio camino es un desafío permanente, en el que nos deslizamos y transcurrimos más allá de concretarlo. A través de reiterados intentos pretendemos flotar dentro de una mar lleno de olas, en la que se hace difícil mantenernos sin ahogarnos. Y aunque parezca una gran paradoja no se brilla sin oscuridad.

Esos grandes contrastes que se producen en nuestro diario vivir son los que nos permiten aprender, sorprendernos, enriquecernos a través de esas situaciones que nos ponen a prueba, que hacen sacer nuestras luces y sombras,  en donde en los momentos más oscuros surge esa luz que es capaz de brillar aún en nuestra más profunda oscuridad. Es que somos esa dualidad misma en la que el brillo contrasta con la oscuridad, en la que lo peor de nosotros se enfrenta a lo mejor, y de ese enfrentamiento dual surge nuestra verdadera esencia.

Habitualmente, solemos negar nuestros defectos nuestras partes oscuras. La sombra es un lugar donde no llega la luz y cada cuerpo proyecta la suya. Lo malo es cuando decidimos transitar por ella en forma indefinida, impidiendo que la luz toque nuestros poros, reticentes a cualquier rayo de energía.

Luces y sombras todos tenemos, es parte de nuestra esencia, sin embargo parecería que lo oscuro, lo poco iluminado tuviera un poder de existencia mayor, y nos dejara allí con una mano invisible atrapados en ese sitio que deseamos trascender, pero que no logramos despegar.

No todo tiene una resolución inmediata o precisa, la mayoría de las veces elegimos la mejor alternativa, la que nos parece más conveniente. En estos casos es necesario comprender y tomar consciencia que esta es la realidad que debemos asumir, quizás ella depare un gran aprendizaje de fondo que logramos percibir a primera instancia.

Generalmente cuando algo nos duele mucho, o lastima, lo primero que nos preguntamos ¿por qué a mí?, sin embargo no logramos ver que es a mí, a ti y a tantos otros que nos sucede algo similar.
Y en este proceso avanzamos en la medida que comprendemos que las emociones juegan un rol trascendental. Dice Jung que “la emoción es la principal fuente de los procesos conscientes. No puede haber transformación de la oscuridad en luz, ni de la apatía en movimiento sin emoción”.Las emociones son estados afectivos que permiten aflorar motivaciones deseos y necesidades. Cada cual dada su forma de ser, el momento de la vida que esté viviendo, dará vida a diferentes emociones, lo peor que podemos hacer es reprimirlas. Quizás lo más sensato sea dejarlas fluir y trabajar en aquellas que transmiten o reflejan una energía negativa o destructiva en nuestra vida o en la de los demás.
Algunas veces nos vemos sumergidos en el aire viciado, asfixiados por nuestras preocupaciones, por nuestra negatividad, y entonces el ambiente se vuelve insoportable, se respira una mala energía que pronto se traslada a todo lo que hacemos, y desgraciadamente también es muy contagiosa para quienes nos rodean.

Del mismo modo, no sólo se contagia la mala energía, también se propaga y esparce la energía positiva, que ilumina nuestro rostro, nos dibuja una sonrisa, nos carga de dinamismo, de alegría para convertirnos en motores vigorosos, capaces de enfrentar los días con todo nuestro potencial humano.
En este trayecto, solemos perder, ganar, sufrir, reír, llorar… y así enfrentamos momentos diferentes en los que se disparan todas las emociones, sin embargo cuando se disparan la de la tristeza, la desazón, la pérdida, surge el duelo, que si bien es un proceso necesario debemos poder trascenderlo, no podemos quedar inmersos una vida en él.

Podemos ser luz, pero también sombra, podemos ser amor y alegría, pero también podemos ser parte de los sentimientos más crueles y destructivos, está en cada uno ver lo que quiere que surja de sí mismo.

Y en este proceso de dejar surgir y ser, es importante entender que desde la oscuridad, desde lo que nos molesta lastima, es posible brillar, porque en la medida que aceptamos nuestros errores, defectos, nuestras partes oscuras, es posible aproximarnos a esa luz, a ese brillo que nos permita encaminarnos en nuestros días con lo mejor de nosotros mismos, pero lo importante es no perder de vista es que no se brilla sin oscuridad, quizás este sea el punto trascendental para seguir adelante.

Brillar es permitir que fluya lo que somos, dejar ser lo genuino, lo auténtico, lo sincero, y para eso debemos admitir nuestras luces, nuestras sombras, para poder ser sin preconceptos, sin peso innecesario, para encontrarnos con el verdadero ser que nos habita.

Andrea Calvete