miércoles, 9 de enero de 2019

CUESTIÓN DE SEROTONINA

Curioso que algo tan pequeño como es una hormona pueda ser la causante de alegría o felicidad en nuestros días. Nuestro sistema nervioso la produce, pero no siempre como quisiéramos. Algunas veces parece abandonarnos, y nos sentimos abatidos, como si nadáramos en contra de la corriente.

Es cuestión de segregar serotonina para sentirnos bien, pero nuestro sistema nervioso no lo entiende, está cansado de que no le sigamos su ritmo, de que no respetemos horarios, de que nos amarguemos por cosas sin importancia, y también de que hagamos de todo un problema, en definitiva está harto del ritmo que llevamos de vida, y por lo tanto ha decido no generar la serotonina necesaria, se ha levantado parcialmente en huelga.

Y nosotros de huelgas sabemos un montón, porque es raro que no vayamos a hacer un trámite y nos agarre una huelga, un derecho por demás adquirido y necesario, aunque parece no tener ni pie ni cabeza que nuestro organismo se levante en huelga. Pensándolo bien está en su derecho, es hora de que lo oigamos y le prestemos atención lo que tiene para decirnos.

Pero, en realidad no nos interesa escucharlo, nos hemos puesto determinadas metas y hasta alcanzarlas hemos decido no parar ¿Pero a qué precio, cuánto vamos a tener que sacrificar, hasta dónde pensamos llegar para conseguirlo?

Bueno y si no generamos serotonina vamos al médico y problema arreglado antidepresivo de por medio, y creemos que está todo resuelto… Aunque pensándolo bien no es tan así, nuestro cuerpo nos está hablando y no lo estamos escuchando. Y no siempre las soluciones vienen de la mano de la medicación, algunas veces requieren de un cambio más profundo que tiene que ver con nuestra actitud de vida, con nuestros hábitos, y también con nuestra forma de encarar nuestros días.

Será cuestión de sentarnos, de parar la maquinaria, de poner las barbas en remojo, de poner un freno, de desaprender lo aprendido, de desandar lo andado, de tener paciencia y arrancar lentamente, de inspirar profundo y exhalar lentamente, porque hasta de respirar correctamente nos hemos olvidado.

La hormona de la felicidad parece ser una mercancía más que se puede adquirir en la góndola del supermercado, a módicos precios, en cuotas, hay ofertas especiales, y también liquidaciones. Entonces con tal de adquirirla rompemos lazos, dejamos atrás relaciones, nos disponemos a cambiar estilos de vida, y hasta no alcanzarla no paramos, porque hoy por hoy todo se compra, todo se adquiere… aunque no todo bajo los mismos parámetros y circunstancias.

Un grave error es creer que la serotonina es un bien que se puede conseguir en el supermercado más próximo, con la tarjeta de crédito bien cargada, con unas buenas vacaciones de por medio, o con un futuro repleto de actividades. Posiblemente, cuanto más estresados y confundidos vivamos menos generemos serotonina, porque cargados de un sinfín de actividades olvidamos reír, disfrutar el momento, el aquí y ahora.

Y la serotonina regula todo nuestro organismo, así sin ella nuestro apetito se descontrola, el sueño, los niveles de libido y deseo sexual, todo queda desajustado porque ella ha decido no aparecer, todo por mandato del sistema nervioso central que ya agotado de advertirnos ha decido decir basta hasta aquí llegué. No lo podemos creer le decimos: “Vos no me podés hacer esto ahora, te lo pido por favor tengo que seguir, aguántame un poquito más y después hacé lo que quieras”, pero no hay caso se ha empacado y dijo basta.

Como todo en la vida cuando tenemos hambre no podemos pensar o razonar bien, del mismo modo cuando alguna sustancia no se genera en nuestro organismo entonces todo comienza a desestabilizarse, y nuestro cuerpo empieza a sentir el peso de esas acciones que de alguna manera tienen que ver con desoír lo que nos pasa, con no hacernos esa pausa para entender ¿por qué estamos mal?

Claro, sí, es cuestión de serotonina, de intentar generarla, de avivarla para que surja en nuestros días. ¿Dónde encontrarla? Quizás en el abrazo sincero, en la risa contagiosa, en la amistad franca, en lo lazos fraternos, en la mirada trasparente del que te escucha, o en la naturaleza misma que nos distiende y anima a vivir pero muy ocupados en el mañana no somos capaz de admirar un atardecer o una noche de estrellas.

Andrea Calvete