sábado, 27 de octubre de 2018

CREAR ES TRASCENDER EL TIEMPO

El pintor con sus colores, telas y pinceles logra trascender el tiempo, al igual que escultor con su piedra y cincel, o el escritor con su pluma, o el filósofo con sus ideas, llegan todos a desdibujar las líneas del tiempo, para trascenderlas en su acto creador.

Cada actividad creadora nos lleva a desobedecer la tiranía del tiempo, con sus horarios y proposiciones, con sus días y noches, con el presente separado del pasado y del futuro. De alguna manera, nos permite descontracturar las horas y flexibilizar las precisiones a rajatabla.

Cada acto creador conlleva a buscar en lo más profundo de nosotros mismos, a descubrir algo nuevo y diferente que se manifestará a través de una forma que hasta el momento no había tenido cabida. Es como si la luz en un momento entrara a hacernos compañía para iluminar ese ser creativo adormecido pero expectante. Del mismo modo, la experiencia de amar, de gozar o de captar la verdad trasciende el tiempo al lograr esa sensación de intemporalidad sólo experimentada cuando nos abrimos a un acto en el que ponemos a volar la imaginación, los sentidos, la creatividad y lo mejor de nosotros mismos para lograr enfrentarnos a este acto con verdadera alegría.

Si bien podríamos confundir el gozo, placer, con la alegría, no son lo mismo. Podemos gozar sin alegría. La alegría no es sólo el éxtasis momentáneo, sino el resplandor que de alguna manera acompaña al ser. Generalmente, el acto creativo permite al ser resplandecer a través de su obra, de su creación, vibrar en una sintonía distinta y diferente, difícil de describir o manifestar. Esto explica de alguna manera cómo es posible trascender el tiempo y el espacio mediante el proceso creativo.

Que se encienda esa chispa divina en cada uno de nosotros parece casi una utopía, sin embargo es posible si nos abrimos a nuestros sentidos, a ese ser profundo que nos habita y nos habla día a día, pero que tantas veces no escuchamos o admitimos.

En la actualidad la tecnología si bien es nuestro gran aliado concomitantemente se ha convertido en un severo gobernante, que nos marca los tiempos y espacios vitales, en lo que queda muy poco lugar para nosotros mismos, para esa búsqueda personal y afectiva.

Que quede poco lugar para la búsqueda personal, no significa que no siga siendo un momento importante en nuestras vidas. Por lo tanto, encontrar un espacio en el que nuestro ser exprese y canalizar sus manifestaciones más profunda será instancias muy valoradas y apreciadas. Dentro de estas instancias el proceso creativo es una herramienta fundamental, en la que cada uno de nosotros podemos trascender el tiempo y hacer de él un lugar que cada uno sienta que todo fluye en armonía, sin prisa y en plenitud.

Andrea Calvete

PELDAÑO A PELDAÑO

Cuando decidimos subir una escalera, para no perder el equilibrio y el sentido, es preciso mirar peldaño a peldaño, y así mantener el rumbo.

Enfocarnos en cada peldaño es pararnos en el aquí y ahora, en ese presente tan endeble y escurridizo, tan efímero e imposible por momentos de alcanzar. Sin embargo, aunque pueda resultar una ardua tarea detenernos en lo que nos ocupa aquí y ahora, es parte esencial para poder mirar hacia el pasado o futuro con la debida perspectiva.

Peldaño a peldaño, vamos subiendo uno nuevo tramo del camino. Del mismo modo, gradualmente cada gramo de trabajo se va incorporando a nuestra labor diaria en una suerte de construcción lenta pero segura, en la que van tomando forma el templo de nuestros días.

Es así, que no siempre esa construcción se hace de la mejor manera, algunas veces erramos al cálculo, equivocamos el camino, o simplemente perdemos el rumbo. ¿Por qué perdemos el rumbo?... Mil un motivo, personal, individual, pero muchas veces por ubicar nuestra mirada en los próximos peldaños, corriendo detrás de ese futuro que nos preocupa y del que no tenemos demasiadas certezas. Querer tener certezas, es algo que nos invade en forma permanente, quisiéramos poder responder tantas dudas, tantas incertidumbres, pero en la medida que subimos la escalera, comprendemos que es imprescindible respirar hondo y dejar que todo fluya de la mejor manera, porque por más que hagamos no todo puede estar bajo control, por el contrario muy poco va a ser lo que podamos realmente llevar a cabo sin tener que adaptarlo o ajustarlo al devenir.

Pero, si se trata de cintura, literalmente en la medida que pasan los años la perdemos. Sin embargo, referido a lo que la vida nos pone por delante, la cintura se mueve cada vez con mayor facilidad, producto de la experiencia y de los años vividos. Entonces, ya no le damos importancia a situaciones intrascendentes, o nos preocupamos por tonterías, y lo que antes era un problema ahora es un pequeño matiz por resolver.

También el hecho de no mirar el peldaño que estamos escalando está estrechamente vinculado con perder la calma, por ansiedad, por impaciencia, o por desesperación.

¿Quién no ha perdido la calma alguna vez? Seguramente muchísimas veces ha quedado lejos de nosotros, nos ha abandonado y ocasionado grandes problemas. Porque quien habla cuando está fuera de sí , no dice ni hace lo que debería, se deja conducir por su enojo o alteración. Sin embargo, lentamente trascendemos etapas y nos superamos en busca de mejorar.

¿Por qué perdemos la calma?¿Acaso el termostato salta fácil por el calor?, ¿O simplemente el poco aguante se ha puesto a jugarnos una mala pasada?... preguntas que solemos hacernos cuando decididamente nos desconocemos al dar algunas respuestas.

Seguramente, “hoy no tengo un buen día”, sea una de las respuestas más frecuentes a esta simple y repetida pregunta. Aunque me arriesgaría a decir que la respuesta está relacionada íntimamente con un yo personal que sólo cada uno de nosotros conoce, o al menos intenta descubrir día a día.

La calma se pierde gradualmente, el problema es cuando nos damos cuenta que la hemos perdido del todo, quizás ya sea tarde porque dijimos lo que no teníamos que decir o hicimos lo que no debíamos hacer. Uno de los principales síntomas cuando perdemos la calma es que nuestro cuerpo comienza a tensarse, el corazón puede latir más acelerado, y también puede elevarse nuestra temperatura corporal. Ante estos indicios es importante hacer una inspiración profunda para bajar los niveles de tensión.

Creo que a nadie le gusta sentirse tensionado, con dolor de cabeza o de espalda, sin embargo luego de varias situaciones en las que no logramos mantener el equilibrio, nuestro organismo comienza a cobrar factura. Del mismo, al no estar de muy buen humor comenzamos a discutir con quienes nos rodean por las cosas más insignificantes.

Quizás la calma se pierda por múltiples motivos, pero está en cada uno ver la forma de no desestabilizarnos a la mínima de cambio. Al respecto, tomarse los problemas con humor suele ser de gran ayuda, reírnos de ellos nos alivia, porque liberamos endorfinas y le quitamos importancia a la situación, y vemos que lo que nos ocurre no es tan grave como pensábamos.

La flor de loto o rosa del Nilo suele crecer entre el lodo, entre las impurezas, para flotar y ver la luz desarrollándose con perfección y gracia, también suele representar la pureza del cuerpo y el alma. Su belleza transmite paz y una energía muy especial, sobretodo en días donde se pierde con facilidad la calma.

Posiblemente, ningún mar en calma hizo a un experto marinero, por eso después de mucho navegar deberíamos poder crecer entre las aguas embarradas como lo hace la flor de loto y mostrar nuestra mejor sonrisa desde el corazón, convencidos que hemos trascendido un peldaño en la escalera de nuestro crecimiento personal.

Andrea Calvete

lunes, 22 de octubre de 2018

CUESTIÓN DE TILDES Y ACENTOS


Cada día ponemos el acento en lo que nos parece más conveniente, en eso que nos preocupa y ocupa de forma llamativa. Sin embargo, no siempre acertamos a la hora de tildar correctamente. ¿Por qué erramos al tildar? Posiblemente, porque pongamos mal las expectativas, o nos enfoquemos en problemas que realmente no merecen ni nuestro tiempo ni energía. 

Lo cierto es que al prestar atención o hacer foco en determinados aspectos que realmente no son relevantes perdemos ese bien que se escurre cada día rápido de nuestras manos que se llama tiempo, y por otra parte se esfuma esa energía tan difícil de alcanzar en ese sinfín de cosas que llevamos a cabo. Por eso, es imperiosos distinguir entre lo que realmente es importante y lo que no.

Quizás si nos ponemos a mirar el camino recorrido, hayamos cambiado la forma de tildar, y hoy por hoy le demos importancia a situaciones que años atrás para nosotros no tenían relevancia. Es que con el transcurso del tiempo vamos priorizando cosas.

Sin embargo, al preguntarnos si tildamos bien o mal nuestro enfoque de vida, nos asalten dudas, cuestionamientos… pero después de unos minutos podremos ver sobre el papel esos puntos en los que necesitamos detenernos para valorarlos y acentuarlos de la debida manera.

Tantas veces discutimos innecesariamente, nos enojamos, nos enroscamos en problemas que no son nuestros, en situaciones que no merecen la pena, para después quedar sumamente desestabilizados y con una energía pésima. ¿A cambio de qué, para qué, acaso logramos mejorar algo, solucionar algo?

Al tildar nuestro enfoque en algo, seguramente debemos analizar si lo podemos resolver, si nos compete, si es de nuestro interés, y si es importante prestar atención, en definitiva preguntarnos: ¿por qué, para qué, con qué fin?, para entonces poder analizar si merece la pena embarcarnos en dar prioridad a esta situación en nuestro día.

Asimismo, nuestro tiempo es uno de los bienes más preciados en estos días. Los seres humanos vivimos corriendo, estresados, intentando estirar los minutos como un elástico, pero por más que lo hacemos, el día tiene 24 horas. Este es el gran dilema de nuestros días que trae aparejado estrés, dolencias físicas y psíquicas que repercuten en el rendimiento y en el estado anímico. Por lo tanto, es necesario comprender que el tiempo es finito, y también que nuestro organismo tiene un límite. Este es el primer paso para tomar conciencia de que debemos administrar nuestro tiempo, la forma de hacerlo es priorizar nuestros fines o metas.

Por lo tanto, poner los tildes correctamente tiene correlación directa con aprovechar este tiempo finito y escaso, y a su vez con identificar prioridades, distinguir qué cosas nos urgen, y cuáles ocupan un “tiempo muerto”, en el que realmente desperdiciamos los preciados minutos del día.

En esta tarea de concientización de nuestro tiempo, es importante delegar tareas a personas que sean de nuestra confianza. Aunque, este punto es algo difícil de asimilar, pues nos sentimos indispensables, pero esto no es así.

Por otra parte, es imprescindible incluir en este tiempo escaso, un lugar para nuestros amigos, familiares y seres queridos, pues el cultivar las relaciones personales son los mejores minutos utilizados en nuestras vidas. Momentos que nos colman de energía, alegría y ánimo para enfrentar lo que nos depara el destino.

Aunque administrarlo suele ser un gran desafío, es un requerimiento que debemos asumir para vivir en armonía con la vida moderna, en la que el reloj ha acelerado sin piedad y en la que vivimos sin tiempo.

Y cabe recordar cómo definió Shakespeare al tiempo, porque esa definición continúa vigente, “el tiempo es muy lento para los que esperan... muy rápido para los que tienen miedo... muy largo para los que se lamentan... muy corto para los que festejan. Pero... para los que aman... el tiempo es eternidad”.

La temporalidad de las vivencias tendrá que ver con las huellas o con los pequeños cambios que ellas han marcado en nosotros, cincelando nuestro camino, con ese nivel de trascendencia que hemos alcanzando en la medida que incorporamos nuevas herramientas, y trascendemos planos y vamos elevamos nuestro nivel de consciencia. Por lo tanto, tildar correctamente hará que nuestro tiempo y energía sean aprovechados de la mejor manera.

Andrea Calvete

sábado, 20 de octubre de 2018

EVOCAR EL ENCUENTRO


Encuentros y desencuentros parte de nuestros días. Sin embargo, se nos olvida evocar el encuentro, es decir despertarlo para que de alguna manera se lleve a cabo. Y si bien un gran número pueden ser casuales, ese trabajo para que se produzcan se va a relacionar íntimamente con el esfuerzo que pongamos en su elaboración.

El viento, la marea, los astros y los avatares del tiempo han de incidir cuando se produce un encuentro, así como ese aire casual y causal que influye para que se manifieste. Pero, está en nosotros trabajar día a día para evocar aquello que de alguna manera queremos que se materialice, es decir que el verbo se haga carne, lo cual implica trabajo, esfuerzo, sacrificio, tesón y mucho esmero. Nada ocurre de la mañana a la noche, todo requiere de un trabajo constante y continuo, que de alguna manera es el que nos permite que los encuentros o sucesos se produzcan.

Sin darnos cuenta vamos moviendo lentamente los hilos de nuestra propia existencia de modo de manejar esa marioneta que día a día ponemos en escena, y que se moviliza según decidimos aflojar o tensar esos hilos. En algunas ocasiones preocupados de cómo manejar esos tensores, olvidamos ser nosotros mismos, poner de manifiesto esa naturalidad que nos caracteriza y distingue.

¿Quién no se ha encontrado con alguien que hacía mucho tiempo no veía, o con alguien que aún no había conocido personalmente, o con una persona que decididamente ha significado un antes y un después en su vida? Seguramente, los encuentros han sido diferentes y diversos para cada uno de nosotros, pero lo cierto es que todos de alguna forma nos han marcado o cincelado, nos han producido una pequeña modificación a partir de la cual hemos cambiado. Día a día, vamos cambiando, pues nada es estático, así es la vida puro devenir y nosotros somos parte de ella.

Al evocar un encuentro, trabajamos para que sea de la mejor manera, para que podamos poner en él lo más luminoso de nosotros o quizás lo más oscuro, porque no debemos olvidar esa dualidad que nos compone y de alguna manera equilibra. Y he aquí uno de los grandes desafíos del diario vivir reconocer nuestras partes oscuras, poco luminosas, asumirlas sin vergüenzas, sin miedos, porque es parte de lo que somos.

Cuando evocamos llamamos, para que se nos abran las puertas, buscamos para encontrar, y de alguna manera también pedimos para que algo suceda. Es simple, el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama a la puerta, se le abre. Si bien este concepto proviene de un antiguo pasaje de la Biblia sigue vigente hoy y está relacionado con esa voluntad y energía en la que nos comprometemos en nuestro accionar y vivir.

Al evocar el encuentro ponemos nuestro ser más profundo en marcha para que todo de se desarrolle luego de haber navegado por ese interior profundo tantas veces olvidado, asimismo después de haber trabajado laboriosamente para que de alguna manera se produjera, quizás lejos de la forma que esperábamos, pero cerca de ser el justo y necesario para este aquí y ahora.

Andrea Calvete


¿CÓMO ELEGIR EL MEJOR ATUENDO PARA CADA DÍA?

Vestirnos de fuerza y valor, perfumarnos con misterio, y abrigamos de alegría puede ser parte de esa rutina para enfrentar de la mejor forma el día. Pero, no siempre elegimos el atuendo más apropiado para la ocasión.

Dentro de nuestra indumentaria existen múltiples prendas que forman parte de esas posibilidades, y dentro de ellos se hallan los miedos, que si bien no siempre se los ven como positivos tienen una razón de ser, una justificación, porque sin miedos, dudas y cuestionamientos no podemos andar por la vida. Somos seres imperfectos, y nuestro conocimiento frente a todo lo que tenemos por descubrir y aprender es como una gota en el océano. Por lo tanto, es normal tener dudas, temores o miedos.

Sin embargo, el problema se genera cuando el miedo nos paraliza nos impide continuar el camino. Allí si debemos prestar atención, porque la vida no nos espera continúa y no podemos desfasar el paso. Cuando desfasamos el andar allí comienzan los problemas todo sigue a su ritmo menos nosotros que estamos trancados en una silla o en una cama para tomar una decisión que postergamos porque no nos animamos a tomarla. Al respecto dice Leonardo Boff: “Donde no hay ningún miedo, no habrá tampoco ningún valor, necesario para vivir”

Otro prenda fundamental en nuestro día a día es la capacidad de invención, es decir de romper con la rutina, con esos parámetros inamovibles que nos llevan a perder luz y entusiasmo. Tiene que ver con la posibilidad de reinventarnos, de hacer un ser nuevo cada día, en el que la capacidad de asombro nunca se apaga, así como tampoco la de la iniciativa y la creatividad, esenciales a la hora de que esa inventiva se ponga a rodar.

Por otra parte, no debe faltar en nuestro armario es la sabiduría práctica es decir saber quitar los nudos a cada situación, es decir desproblematizar lo que nos aqueja para encontrar soluciones o posibilidades para continuar el rumbo, y de alguna manera aceptar lo que nos sucede.

Como les decía al principio perfumarnos de misterio, nos da ese toque cautivante, que no sólo atrae a quien nos rodea sino a nosotros mismos, nos envuelve de un halo mágico que nos lleva a transitar por los caminos que aún no hemos transitado y que nos esperan para que los descubramos cada cual a nuestro tiempo y ritmo. La magia está sumamente conectada con esa capacidad de soñar, crear y sentir que todos tenemos guardada en algún lugar, sólo que a veces no le damos cabida. Esconde misterios, sueños perdidos o encontrados; y una pizca de ilusión con matices de esperanza pueden ser parte de ese místico perfume, que nos posibilite unir lo invisible con lo visible.

No olvidarnos del sentido del humor, el humor viene de la mano de la autocrítica, y es maravilloso poderse reír de uno mismo, es un reflejo de flexibilidad y apertura. Los seres humanos tendemos a cerrar muchas veces los ojos, y miramos tan sólo lo que queremos ver, en definitiva sometiéndonos a un mundo acotado, sin demasiadas posibilidades, no más que las que nuestra propia inflexibilidad nos permite. El humor una maravillosa prenda de vestir que nos dispone a asociar situaciones agradables, a adoptar una actitud positiva ante la vida. Asimismo, es un alimento para el alma, que la nutre y fortalece ante las distintas alternativas que se presentan a diario, y a su vez es sinónimo de inteligencia.

El entusiasmo, otro elemento fundamental del que no se puede prescindir, porque es el motor que contagia al resto de nuestras prendas, es que les da ese impulso necesario para que todas luzcan frescas, limpias, relucientes prontas para emprender el día cargadas de dinamismo y vitalidad desbordantes. Es asimismo una prenda contagiosa, que invita a que más gente se una en nuestra compañía. Es una energía que abre puertas y allana caminos.

Algunos días por falta de tiempo, otros por poca inventiva o desanimo, tomamos lo primero que encontramos de ese ropero atestado de prendas, sin tener en cuenta que algunas veces cuanto más sencilla es nuestra vestimenta más agradable será nuestro día. En una simple sonrisa, en un rostro amable, en el brillo sincero de una mirada o en escuchar en forma respetuosa e interesada puede estar la clave en llevar la mejor indumentaria, sólo es cuestión de elegir lo que nos siente mejor cada día, pero eso es una tarea personal que está en cada uno de nosotros intentar hacer de la mejor manera.

Andrea Calvete

miércoles, 17 de octubre de 2018

VOCABLOS OLVIDADOS

Algunos vocablos se esconden detrás de ese sinfín de cosas que hacemos, se enmascaran debajo de nuestros miedos, de nuestros fracasos hasta que pronto parecen olvidarse y quedan allí dormidos. ¿Por qué los resignamos y decimos no es posible luego de esconderlos en ese lugar perdido y profundo?

Después de mucho andar, de tropezar y caer, algunas veces ya cansados empezamos a negarnos posibilidades, más aún luego de varios intentos decimos: “Esto no es para mí, es mejor tomar otro rumbo”. Es cierto, que en ocasiones es necesario cambiar la dirección, pero algunas veces ese cambio es producto de la resignación, de la desilusión y falta de entusiasmo, sin agotar las posibilidades verdaderas.

Cuando uno no agota las posibilidades, queda el sabor de la duda, que con el tiempo suele aparecer para cuestionarnos, interrogarnos, y entonces frente a ella no sabemos qué responder, más que: “No tuve agallas, o me di por vencido”.

Los vocablos olvidados por resignación, por bajar los brazos suelen ser muy pesados, porque quedan allí generando un inmensa carga , pues han quedado reprimidos en ese lugar poco confortable en el que habitan las frustraciones, los fracasos, que suelen quedar en olvido más absoluto, pero en otros casos suelen saltar como llaves térmicas cuando las líneas eléctricas se sobrecalientan.

Cuando desistimos o nos damos por vencidos en algún intento, generalmente es porque hemos caído varias veces, y surge el sentimiento de ingratitud. Precisamente cuando surge esta sensación no debemos abatirnos o amedrentarnos, por el contrario debemos fortalecernos, de modo de poder ponernos de pie ante esa situación y que nuestra alma salga enriquecida.

Y caben varias posibilidades, que hayamos procedido bien y que las cosas no salieron como esperábamos y nos han defraudado, o que hayamos sido traicionados, o que nuestro accionar se ha frustrado, entonces es lógico percibir ese retrogusto amargo de la ingratitud. Por eso es importante, no dejar olvidados esos vocablos que son parte de nuestros fracasos, batallas perdidas, o caminos truncados, por el contrario hay que tenerlos presentes pero de forma de poderlos mirar sin dolor, sin angustia, por el contrario con la convicción de hacer de ellos lo que mejor nos convenga, aprender de sus sabores, pulirlos hasta poder transformarlos en algo productivo en nuestra vida.

Somos nuestra peor piedra en el camino cuando no damos la cara a lo que nos ha sucedido, cuando no lo asumimos, o cuando reprimimos lo que nos duele y no intentamos superarlo para convertirlo en lo que realmente deseamos y anhelamos, con la convicción de hacer lo que creemos es justo y necesario para estar bien con nosotros mismos y con los demás. Existen muchos vocablos olvidados en nuestro yo más profundo, producto de los fracasos, miedos, obstáculos, de los intentos fallidos, de las desilusiones… pero es importante regresarlos a donde les de la luz para poder hacer de ellos una palabra que agrade a nuestros sentidos.

Andrea Calvete

lunes, 15 de octubre de 2018

VIVE Y DEJA VIVIR - II


Vive y deja vivir, una premisa olvidada, oxidada por momentos, en los que toma distancia de una sociedad diversa y plural. Posiblemente no nos pongamos de acuerdo respecto en múltiples temas, pero para lograr una convivencia armónica donde todos podamos expresarnos libremente y ejercer nuestros derechos, es preciso empezar por vivir y dejar vivir.

Cuando vivimos y analizamos lo que decimos, hacemos y pensamos, estamos uniendo un tríptico fundamental para ser lo más coherentes posibles, cosa que es bastante difícil de lograr, pero es el primer paso a dar antes de mirar la vereda del vecino.

Es que la vereda del vecino por momentos nos ocupa y preocupa mucho más que la nuestra. Tantas veces no barrimos o baldeamos nuestra vereda, sin embargo vemos que la de nuestro vecino está llena de hojas, o de papeles tirados. Es así que desperdiciamos nuestro tiempo y energía en ver lo que hacen los demás sin reparar en nuestros propios actos.

Es sencillo ver la paja en el ojo ajeno, porque la nuestra duele, cuesta, porque es reconocer los errores, los olvidos, las imperfecciones, ese lado oscuro tan difícil de admitir.¿ Por qué creer que somos perfectos?, cuando lejos estamos de poder rozar la perfección. Es que desde pequeños se nos ha inculcado que debemos ser buenos, correctos, sacar las mejores notas, hacer todo de la mejor manera y de alguna forma a competir día a día con quienes nos rodean. Sin embargo, cada acto de nuestra vida lo debemos realizar convencidos de quererlo, de haber elegido y trabajado en él por convencimiento y convicción propia no por conceptos aprendidos, y tampoco no perdiendo de vista que el hombre del hombre necesita. Como seres humanos para poder ser libres en nuestro accionar y decidir, debemos formarnos, investigar, razonar, trabajar a través de nuestra inteligencia esas aristas que nos hacen daño para lentamente sentir que vamos progresando, sin olvidar que la convivencia es parte fundamental de nuestra existencia.

Aún vivimos en una sociedad bastante hipócrita donde surgen leyes que apuntan a la igualdad de derechos entre las personas, sin embargo continuamos señalando con el dedo y estigmatizando como si viviéramos un siglo atrás. El doble discurso sigue vigente lamentablemente y se disfraza de hipocresía con las lenguas afiladas preparadas a hablar y ver obscenidades donde no las hay. Sobre la mesa continúan estando las diferencias por color de piel o el sexo con el que nazcamos. La violencia camina en diferentes ámbitos y las víctimas de abusos y muertes por las mismas espeluznan.

Vive y deja vivir es una premisa bastante olvidada, y quizás la causante de tantas injusticias. Es un buen momento para desde lo individual comprometernos a dejar vivir en paz a los que nos rodean. Desde luego, no significa no preocuparnos por mejorar todo lo que esté a nuestro alcance por lograr una mejor armonía y convivencia. Si queremos seguir avanzando en una sociedad más justa e igualitaria pongamos los temas sobre la mesa a través del respeto y el diálogo, coherentes a nuestros días y de acuerdo a nuestras convicciones, en pro de lograr correctas relaciones de alteridad.

Andrea Calvete

domingo, 14 de octubre de 2018

“NADA NOS ENGAÑA TANTO COMO NUESTRO PROPIO JUICIO”

Es muy común idealizar situaciones, juzgar indebidamente y sacar conclusiones apresuradas, a la hora de mirar a quien tenemos al lado. Tantas veces decimos: “¡qué suerte tiene tal persona!”, o “¡cómo me gustaría estar en su lugar!”, sin ponernos a analizar realmente qué es lo que estamos observando, simplemente nos dejamos llevar por la primera impresión, o por la simple fantasía que se instala en nuestra mente y nos deja ver sólo lo que deseamos.

Por otra parte, lo que percibimos ¿cuánta carga emotiva tiene aderezada? ¿Acaso nos desprendemos de todos nuestros miedos, inseguridades, angustias, enojos…? El inconsciente obra de forma compleja. Por eso, cuando nos enfrentamos a analizar una situación es necesario desprendernos de los prejuicios y todo lo que esté a nuestro alcance e incida en ese juicio que realizamos de forma apresurada. Al respecto, Leonardo Da Vinci expresa que “nada nos engaña tanto como nuestro propio juicio”.

Algunas personas son muy positivas y dejan ver ese lado de luz que las ilumina, sin embargo, tienen muchísimos problemas. Por el contrario, existen otras que sólo dejan aflorar su parte oscura o negativa aunque la vida les sonría día a día. Problemas todos tenemos, lo importante es de qué modo los asumimos, para comenzar a aceptarlos o trabajar para su cambio.

Seguramente, cuando un médico escucha a un paciente y a su familia oye dos versiones diferentes: el enfermo habla desde su patología, su sufrimiento, mientras que sus familiares lo hacen desde el dolor que les ocasiona esa situación, que en ocasiones es difícil de manejar. Quizás ambos argumentos sean correctos vistos desde cada perspectiva, sin embargo, representan las dos caras de la misma moneda.

Del mismo modo, ante una misma situación o problema pueden existir múltiples perspectivas y respuestas, ¿cuál es la justa, la perfecta? La respuesta estará en cada uno, en su sentir, en sus vivencias, en su ser más profundo. Para poder vivir en armonía debemos respetar otras opiniones, aunque no se ajusten a las nuestras, escuchar argumentos, analizar y convivir con distintas propuestas que son parte de esas riquísimas vivencias que vamos acumulando.

La vida es como el arcoíris, incluye todos los colores, en ella todos tienen cabida, y la mezcla de todos genera ese maravilloso universo de tonalidades que gratifican los sentidos. Del mismo modo, las posibilidades de resolver una situación son infinitas y la gama de respuestas es amplísima.

Y de regreso a la primera impresión, están aquellos que sostienen que es la que vale, pero les pregunto ¿cuántos chascos se han llevado, es oro todo lo que reluce? Antes de juzgar a los demás es importantísimo mirarnos a nosotros mismos, quizás sea el primer paso para no lanzar la piedra con tanta facilidad, posiblemente nos rebote y nos lastime.

A la hora de mirar a quienes nos rodean, es necesario observar, clavar una mirada al corazón, a ese ser profundo que quizás esté oprimido, lleno de angustia y preocupaciones, pero algunas veces oculto bajo una fuerte caparazón impenetrable.

¿Qué es lo que dejamos ver de nosotros mismos?

Seguramente lo que nos incomode o lastime, lo que nos impida sentirnos bien, lo ocultemos en el lugar menos visible. Contrariamente permitamos surgir lo bueno, lo que nos da energía vital. Sin embargo, en este análisis cabe cuestionarse ¿por qué las miserias humanas son lo que primero negamos u ocultamos?, ¿es que no podemos o queremos aceptar nuestras debilidades, nuestros errores, nuestros lados oscuros?

Si nos ponemos a pensar, poco dejamos ver lo que realmente somos, ¿cómo es posible que la persona que tenemos al lado juzgue tan rápidamente qué es lo que nos sucede? Del mismo modo ¿cómo podemos juzgar nosotros con tanta facilidad lo ajeno?

Y ante los cuestionamientos planteados, es relevante antes de dar una respuesta o emitir una opinión, detenerse e intentar ponernos en el lugar del otro, si es posible escuchar su versión, mirarlo a los ojos intentando llegar a esa persona con autenticidad y sin preconceptos.

Los prejuicios y los preconceptos son grandes aliados a la hora de interceder en nuestros juicios, quizás sus raíces más profundas las encontremos en nuestra educación y en lo que percibimos diariamente a través de los distintos medios de información. Sin ser conscientes incorporamos prototipos, parámetros aceptados, “bien vistos”, y me pregunto ¿por quién?, ¿quién más importante que nuestra mente para juzgar lo que creemos es correcto e incorrecto?, y he aquí otro problema sobre el que hablaríamos horas… pero entraríamos en otro tema.

La columna vertebral del otro lado de la moneda es que tiene dos caras, y vemos la que podemos o queremos ver. Aquí existe una correlación importante entre estos dos verbos aparentemente diferentes pero que están muy vinculados. Vemos lo que queremos, en definitiva, lo que no podemos ver es porque lo negamos o no queremos hacerlo.

Dicen que querer es poder, cuando algo se ansía y se desea con fervor sencillamente con tesón, trabajo y esmero se logra. Nadie dice que sea fácil, pero tampoco imposible.

Entonces, cuando nos paremos a analizar a la persona que tenemos al lado, primero detengámonos a mirarnos unos instantes al espejo. Luego será más sencillo observar desde el corazón a ese semejante, en un desdoblamiento de nuestro yo, en un desapego con nuestro ser, porque cuando comenzamos a trascender nuestros problemas, motivos y desvelos en pro de ayudar a quien tenemos al lado, crecemos, evolucionamos como seres humanos , en este hermoso y arduo camino llamado vida.

El tema de ver las dos caras de la moneda ha sido utilizado millones de veces, pero si bien suena algo mercantil, no deja de tener un significado profundo, que implica apertura, desdoblamiento para solidarizarnos con nuestros semejantes y, en definitiva, en la búsqueda del crecimiento personal tan necesario para no estancarnos y seguir adelante haciendo frente a lo que nos toca cada día.

Y a propósito de lo que vemos los invito a sentarse frente al mar y compartir el diálogo entre un maestro y su discípulo, en busca de descubrir cómo percibimos o vemos lo que tenemos delante de nosotros.

Frente al mar
Sentados descalzos frente al mar, el ma

estro preguntó a su discípulo que veía.

El discípulo cargado de emoción por la maravilla que tenía ante sus ojos dijo- maestro, veo un mar azul quieto bajo un cielo celeste apacible.

El maestro volvió a preguntar -¿qué ves?

El discípulo algo nervioso, y titubeando dijo- un mar azul, pequeños peces que saltan, y un cielo con distintos matices de colores.

El maestro volvió a preguntar - ¿qué ves?

El discípulo no entendiendo respondió- maestro, veo lo mismo que ves tú, un mar, un cielo y una playa inmensa-

El maestro volvió a preguntar- ¿qué ves?

No sé qué quieres que vea, te repito, veo lo que vemos ambos- dijo asombrado

El maestro permaneció unos minutos en silencio mirando hacia el horizonte y volvió a preguntar- ¿qué ves?

El discípulo dijo- veo un mar lleno de vida, de corrientes, de olas, de peces, bajo un cielo magnífico, y un aire fresco que abre nuestros pulmones. También puedo percibir que muchas veces he entrado al agua sin miedo, que otras he tenido temor y me he quedado afuera, otras tantas el baño me ha purificado… ¿sigo?

El maestro satisfecho respondió- no, es suficiente, has visto que ante el mismo lugar has experimentado muchísimos sentimientos, sensaciones, vivencias, tan sólo recuerda que día a día irás descubriendo nuevas cosas, sólo depende de ti la apertura que tengan todos tus sentidos ante la vida, no te cierres.

Andrea Calvete

sábado, 13 de octubre de 2018

DERECHO DE VIDA Y DE EXISTENCIA

Cada camino es personal y único, algunos más empedrados que otros, pero todos de alguna manera pretenden andar hacia una meta. Dentro de este recorrido aparece una palabra devaluada, desgastada y muchas veces mal empleada, como es la felicidad.

Probablemente si preguntáramos: ¿Cuál es el camino para lograr la felicidad?, las respuestas diferirían según gustos, edades y formas de ver el mundo que nos rodea. Por otra, parte si sorprendiéramos a alguien con la pregunta: ¿Sos feliz?, seguramente contestaría por mera cortesía, pero en el fondo comenzaría a cuestionarse un motón de aspectos de su vida.

Algunas personas piensan que la felicidad está relacionada con los logros, y entonces se engrandecen como pavos reales al mirar para atrás, pero en realidad al pararse aquí y ahora sienten un enorme vacío, porque en el fondo la felicidad se acerca a un camino a una forma de vivir, a un estado de consciencia a alcanzar, en la que se acaricie la plenitud, y lejos queda lo alcanzado, lo importante es continuar con entereza y valentía el camino.

La actual definición de felicidad que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua es: 1. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. 2. Satisfacción, gusto, contento. 3. Suerte feliz. Sin embargo, la RAE ha enmendado esta definición recientemente y en el avance de la vigésimotercera edición, aparece la siguiente: 1. Estado de grata satisfacción espiritual y física. 2. Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz. 3. Ausencia de inconvenientes o tropiezos. Se ha producido por lo tanto en la primera acepción una migración del concepto de felicidad puramente material, basada en la posesión de un bien, a un concepto mixto, formado por una satisfacción espiritual y física

Aunque si bien ha variado la definición a lo largo de los años, lejos está el estado de felicidad con la ausencia de inconvenientes, o la posesión de cosas materiales. Desde luego que los placeres materiales son parte del buen vivir, así como tener una vida confortable y agradable. Y los tropiezos son parte de la vida y del aprendizaje.

Sin embargo, si nos detenemos a pensar algunas veces la palabra felicidad pasa desapercibida, camuflada, de incógnita, y entonces sentimos que es preciso detenernos y comprender su esencia, que implica una búsqueda interior, una disposición mental de querer ser felices.

Asimismo, está sentada al lado nuestro, haciéndonos buena compañía, pero recién notamos su ausencia cuando un hecho desafortunado toca nuestra puerta, y entonces decimos: “¡qué felices que éramos!”.

Y de regreso a la relación de la búsqueda de la felicidad con lo material, personas multimillonarias que poseen todo como para ser felices, no lo logran pues no están conformes consigo mismos, con sus parejas, con sus amigos, con sus hijos o simplemente con su vida.

La felicidad podría significar poder estar en paz con uno mismo, tener buenos amigos en quien confiar o algún ser a quien amar profundamente. Cuando estos sentimientos están presentes somos capaces de compartir lo más sencillo y lo podemos convertir en algo hermoso.

La suntuosidad y el lujo, no siempre van de la mano de la felicidad aunque así lo parezca, los grandes placeres muchas veces se conforman de las cosas más simples pero que nos llenan el alma y el corazón de alegría.

Sin alegría nada es posible, es el motor de cada ser humano, el que nos carga de buen humor para enfrentar las situaciones. Es la propulsora para que esa felicidad tan buscada por la humanidad se manifieste. Y aunque siempre existen motivos para que pronto se desdibuje en nuestro rostro la sonrisa, eso no puede ser razón suficiente para dejar de sonreír cuando alguien merece que le correspondamos con una sonrisa llena de gratitud y alegría.

El sentido de la percepción y la gratitud han de ser muy importantes a la hora de valorar lo que nos rodea, y el poder disfrutar al máximo cada minuto de nuestras vidas. Si no somos capaces de valorar del mismo modo que agradecer una mirada, un gesto, una sonrisa, que intenten alegrarnos o mejorar nuestro día, entonces no podremos ni siquiera percibir la palabra felicidad.

Los vestidos suntuosos, las bebidas finas, los autos último modelo para muchas personas significarán parte imprescindible de ese camino a lograr, pero en el fondo son cosas materiales, que hacen más confortable la vida.

Piensen por un momento que se les prendiera fuego su casa: en un segundo respondan ¿qué salvarían? Ya lo pensaron, bueno, allí estará la parte sustancial de lo qué es para ustedes la felicidad.

Por su puesto, que si no tenemos dinero para pagar las cuentas o no podemos llegar a fin de mes, posiblemente veremos la felicidad como un concepto material, que nos permita tener lo básico para poder vivir en forma confortable, pero eso es un derecho de todo ser humano, cubrir sus necesidades básicas de alimentación, techo, educación y salud.

Mas los invito a mirar con atención la vida de personas famosas que poseen poder, riqueza, confort, comodidades por doquier para llevar una excelente vida, pero sin embargo, son totalmente infelices.

Quizás la felicidad signifique caminar descalzos a la orilla del mar, sentir el olor de la lluvia, poder ver el arco iris, apreciar un atardecer, o una noche estrellada, o sentir los olores silvestres del campo, percibir su brisa, cosas simples al alcance de todos, pues la felicidad no es patrimonio de nadie, sino de aquellos que saben disfrutar de las cosas más simples y transformarlas en algo verdaderamente grato.

Según García Márquez “no hay medicina que cure, lo que no cura la felicidad”, de allí también que existan tantas personas, que al hallarse tristes, solas, vacías, pronto canalicen todos estos sentimientos, y su cuerpo enferme de golpe sin tener conciencia de ello.

También muchos se preguntarán si ¿tenemos derecho a ser felices?, luego de percibir tantas injusticias, tantas atrocidades. Sin embargo, creo que no podríamos permitirnos ser felices si ante esta realidad siguiéramos de largo, sin importarnos nada. Pero, cuando desde el compromiso y la responsabilidad uno intenta ayudar a los demás, entonces me parece justo que también esté presente nuestro bienestar, nuestra felicidad, que de ser posible, también iluminará los días de quienes nos circundan.

El querer ser feliz, por supuesto que es un derecho, es un derecho de vida, de existencia. Y como todo derecho finaliza cuando comienza el de aquel que tenemos al lado. No podemos ser felices si trasgredimos el derecho de otro individuo. Pero sería entrar en un terreno un tanto sinuoso, el querer dilucidar hasta dónde llega este derecho. Sin embargo, más allá de su alcance, es una necesidad de cualquier ser humano, es parte de sentir la dicha de la vida, de poder disfrutar de ella con total plenitud.

Y por eso, dentro de esa búsqueda es primordial ver que es un estado mental que debemos intentar alcanzar, o al menos tocar de vez en cuando, de modo que esa dicha nos inunde de alegría, de placer, de bienestar, por el deber cumplido, por la posibilidad de ofrecer lo mejor de nosotros y recibir a su vez lo mejor de los demás. Es como un búmeran todo lo que va viene, y si brindamos felicidad pronto la recibiremos.

Ser feliz o alcanzar la felicidad, conlleva aceptarnos como somos y confiar en nosotros mismos, a través de una actitud positiva ante la vida, en la que afrontemos con realismo lo que nos sucede, y aprovechemos cada minuto al máximo, con intensidad, de modo de no arrepentirnos de haber dejado pasar ninguna oportunidad que quizás sea irrepetible y única.

Asimismo, implica despojarnos de preconceptos de historias con principios y finales felices parte de una enseñanza adquirida que dista mucho de la realidad de vida, de ese día a día que va forjando lo que somos, en donde esa búsqueda personal es imprescindible para lograr sentirnos dichosos, aunque algunos momentos no sean los que esperamos o queremos.

Por otra la parte, es necesario distinguir “estar” feliz de “ser” feliz. El “ser” implica un estado prolongado, el cual se puede recrear, alimentar e incluso sostener. Mientras que “estar” feliz, implica un momento, un estado, de este modo una persona que no es feliz puede alcanzar un momento de felicidad, que pasado el momento se desvanece, y aparece el estado de infelicidad.

Y dentro de esta búsqueda es frecuente mirar a quien tenemos al lado y pensar: “¡qué suerte, lo tiene todo para ser feliz, y qué bien se le ve, siempre tan alegre, tan positivo!”. Pero, mucho cuidado con creer todo lo que vemos, porque no es oro todo lo que reluce, y todas las personas aún las “más afortunadas” tienen sus problemas y dificultades que asumir, sólo que algunos individuos intentan mostrar esa veta linda de la vida, y esconden aquello que realmente los afecta o amarga.

Por tal motivo, olvidemos a quienes nos rodean y propongámonos vislumbrar el mejor camino para vivir con plenitud, con intensidad, con ganas, como si cada momento fuese el último y el más importante, he aquí unas de las claves de vivir mejor, o al menos alcanzar este camino tan deseado por todos.

La felicidad será un concepto distinto para cada uno de nosotros, es un camino no una meta, por lo tanto, sin afectos que los sustenten no será sencillo transitarla, pues el hombre que se encuentra solo y no puede compartir con los demás difícilmente llegue a ser feliz.

Andrea Calvete

lunes, 8 de octubre de 2018

VESTIDOS DE MAGIA

Todo encierra en sí mismo magia, esa ilusión que podemos aderezar a cada acto de vida, que esconde tantos significados y que sólo es cuestión del lente con que nos dispongamos a observar, es decir, de esa capacidad de descubrir y profundizar más allá de lo que se ve a simple vista.

La magia está sumamente conectada con esa capacidad de soñar, crear y sentir que todos tenemos guardada en algún lugar, sólo que a veces no le damos cabida. Esconde misterios, sueños perdidos o encontrados; y una pizca de ilusión con matices de esperanza. Es poder unir lo invisible con lo visible ¿Cuánto es lo invisible a nuestros ojos y oídos?, allí se paran los miedos, los prejuicios , preconceptos y lo que reprimimos.Todo permanece allí escurridizo a la espera de que nuestro ser creativo lo descubra.

Cada instante puede ser maravilloso, el poner a andar nuestros cinco sentidos es el primer gran paso para dar rienda suelta a lo que pretendamos dejar surgir, renacer o trascender, en ese acto en el que damos cabida a vibrar con todas nuestras fuerzas.

Es mágico cuando observamos a alguien a los ojos y descubrimos el brillo de una mirada, que cargada de muchísimos sentimientos habla. Del mismo modo, es increíble cuando nos abstraemos e intentamos dejarnos seducir por los sonidos o imágenes de las situaciones que nos rodean. Porque en definitiva el dejarse seducir no es nada sencillo, es abrirse de un modo especial a sentir y descubrir sin barreras ni preconceptos.

La vida es mágica en sí misma, porque encierra tantos misterios capaces de cautivarnos y encantarnos. Cuando vemos el nacimiento de un ser, cualquiera sea su posición en la naturaleza, asistimos a un acto lleno de magia en el que quedamos absortos y maravillados. Del mismo modo, la muerte tiene esa contrapartida de fin, de ruptura y puede ser oscura, fría y áspera, pero si logramos dejarnos llevar por la magia de la vida quizás en algún momento logremos estar preparados para esta instancia a la que ninguno escaparemos.

Lo que no podemos explicar, fundamentar o argumentar encierra muchas dudas, misterio, pero a la vez nos habilita a creer que es posible algo inmenso, inconmensurable, sólo es necesario darle cabida. Los seres humanos somos también seres espirituales, sustentados no sólo por un cuerpo que nos da vida sino por algo mucho más profundo que permite que toda esa maquinaria tenga andamiaje.

Generalmente, cuando se nos parte el corazón por algún motivo, se suele decir que somos débiles o estamos pasando un momento de vulnerabilidad. Siento que es algo más profundo, que estamos dando paso a nuestros más sinceros sentimientos que parten desde lo más hondo de nuestro ser. Y si algo nos hizo quebrar o resquebrajar es porque estamos abiertos a sentir, amar y compartir.

Cuando nos encerramos en el egoísmo, en nuestras necesidades y deseos olvidando todo lo que nos rodea, nos anestesiamos y dejamos de sentir por “salvar eso que nos hará salir a flote”, o paradójicamente nos hará sentir solos y aislados de los demás, sumidos en nuestro ego más profundo.

Los grandes problemas en la convivencia del diario vivir se basan en ese dejar primar nuestras necesidades y deseos, olvidando las de quienes nos rodean y conviven con nosotros. Las causas de este problema son múltiples, entre lo que no dejo de reconocer que es mundo altamente competitivo que nos prepara para eso. Sin embargo, depende de cada uno no deshumanizarse, impedir que estas reglas de juego nos hagan olvidar ¿quiénes somos, cuáles son los valores que nos sustentan y nos permiten avanzar día a día?

No dejarnos contaminar o impedir que la magia desaparezca de nuestras vidas es una tarea meramente personal, en una lucha permanente por enfrentar los paradigmas que nos han sido inculcados desde pequeños, en un modelo en el que todo debe ser eficiente y productivo, sin detenernos muchas veces a pensar ¿a qué costo logramos esto?

¿Dónde buscar la magia? En una sonrisa contagiosa, en el brillo del sol, en el cielo cargado de estrellas, en la mano que te acaricia con dulzura, en el oído que te escucha con paciencia y atención… en la vida de misma, en cada instante.

La podemos encontrar si trascendemos lo que nos preocupa, desvela o aqueja, y logramos ver todos los motivos que tenemos para estar agradecidos y para sonreír a la vida. Porque por más grises que sean los días, por más fuerte que soplen los vientos, siempre habrá alguien que necesite de nosotros, de nuestra ayuda sincera. Cuando nos solidarizamos con alguna persona damos sentido a nuestra propia existencia y trascendemos lo que nos sucede por ayudar al otro.

Es posible que nos tropecemos con la magia cuando, despedazados por el dolor, reconstruimos lentamente los pedacitos que han quedado y nos ponemos de pie fortalecidos, haciendo una pieza única con posibilidad de retomar el camino con fuerza y energía, dando así lugar a la resiliencia que todos en el fondo debemos cultivar.

Tantas veces cuando nos encontramos deprimidos, los médicos nos aconsejan ¿por qué no hace algo que le haga sentir útil? , y ¿por qué llegamos a sentirnos inútiles o carentes de posibilidades? Quizás porque estamos muy ensimismados en lo que nos sucede sin lograr vislumbrar que hay gente que está mucho peor que nosotros. Con esto no quiero decir conformarnos y no luchar por superar todo lo que sea necesario, pero siempre teniendo en cuenta a quienes nos rodean.

Quizás quien esté transitando un momento de mucho dolor no vea magia en nada, todo le resulte indiferente, insípido, o le dé igual, pero esta apatía muestra cuando una persona se bloquea a sentir porque está quebrada, caída. Aunque quizás sea un excelente aliado en cualquier tarea dejar entrar un pequeño rayo de luz y de esperanza.

Un maravilloso acto de magia podría presentarse cuando al caminar por la calle podemos ver en cada rostro que se nos cruza una preocupación o problema, o advertir que un compañero de trabajo no está bien porque tuvo un mal día, o si en el ómnibus repleto hasta el tope y cansados a más no poder cedemos el asiento a una persona.

Y si continuamos descubriendo momentos mágicos, llegaremos al instante en el que alguien nos agradece con una sonrisa radiante, o con una mirada cargada de emoción apretamos las manos a una persona y le decimos sinceramente gracias.

La magia está en el aire flotando, en los sonidos de la brisa, en las notas musicales, en el trinar de los pájaros, en cada acto de vida. Está allí junto a nosotros, sólo es necesario hacerla pasar, tomar asiento al lado nuestro, y será una entrañable compañía, por eso antes que nada dejémosla surgir.

La realidad sería muy aburrida si no le imprimiéramos magia porque con ella logramos moldearla de acuerdo a nuestros deseos y anhelos más profundos, de modo de trascenderla y así cargarla de ilusión.

Vestidos de magia abriremos las puertas a: la risa, los colores, los sonidos, las posibilidades y la creatividad de la mano de los sueños fortalecidos por la fe y la esperanza. Quizás no tenga demasiada explicación salvo el sentirla, o dejarse envolver por su suavidad y dulzura, dando lugar al baile que sólo nuestros sentidos estén dispuestos a danzar.



Acróstico de la Magia



M omentos únicos



A tesorados en el corazón



G uiados por algo



I nexplicable llamado



A morAndrea Calvete

domingo, 7 de octubre de 2018

HAY UN TIEMPO PARA TODO

Hay un tiempo para todo, para plantar y cosechar, para buscar y para encontrar, para llorar y reír, para esperar y resolver, para abrazarse y despedirse, para avanzar y retroceder, para pedir y recibir… Lo cierto, es que todo llega a su debido momento. Sin embargo, algunas veces ese tiempo parece no acompasar nuestro devenir, es como si tomara una senda diferente a la que transitamos.

Cuando lo que nos sucede nos supera, nos desborda o no nos asfixia, posiblemente ese tiempo para todo nos deje mal parados. El estar preparados para lo que duele, lastima o significa una pérdida es algo que sucede habitualmente, se asimila a un temblor de tierra en la que las raíces se mueven y la tierra se agrieta. Los momentos de plenitud y felicidad son los que se escapan más rápido del segundero, mientras que los que requieren esfuerzo, dolor y sacrificio se tornan más lentos, ya que no sólo no estamos preparados sino que también requieren de una fortaleza especial y un poder de entereza muy grande. Es así que aunque todo llega a su debido tiempo, no siempre nos encontramos preparados para eso que acontece.

El prepararnos para vivir es una de las tareas más complejas que llevamos a cabo desde el primer día de nuestra vida. Si bien los años pueden llegar a ser grandes aliados a la hora de aprender a enfrentar nuestro camino de la mejor manera, está en nosotros la forma en que decidamos transitarlo. Evidentemente situaciones complejas nos suceden a todos, el tema está cómo enfrentarlas y seguir adelante a pesar de ellas.

Uno de los tiempos más enriquecedores es el que concierne a callar, porque cuando callamos pensamos, meditamos, nos encontramos con nosotros mismos y con los demás, analizamos detenidamente lo que nos sucede, tomamos distancia perspectiva para así después poder hablar, con conocimiento, con convicción y también mesura que viene dado por esa pausa en el silencio. Esta pausa tiene que ver con ser capaces con elevar nuestro nivel de consciencia. En silencio, es posible caminar por entre los vericuetos del conocimiento, profundizarlos, para así aclarar dudas, miedos, decisiones mal tomadas, errores cometidos, de modo de ser más prudentes, menos arrogantes y más humildes.

Lentamente, en la medida que andamos vamos atando cabos, vamos uniendo nexos y comprendiendo por qué ocurre todo en determinado tiempo, pero no es sencillo a simple vista levantar esos velos que tantas veces nos nublan la visión.

Sin embargo, al avanzar sabemos que es fundamental encaminarse con fe y esperanza para poder entonces, iluminados por nuestra inteligencia y razón, llegar a esas respuestas que tantas veces caminan desrumbeadas en busca de comprender cuál es ese debido tiempo, por qué y para qué llega. Así paso a paso nos acercamos a ver que hay un tiempo para todo, lo importante es entender cada uno de esos tiempos y caminar junto a ellos.

Porque si caminamos en otra dirección a lo que nos sucede, lejos estaremos de las respuestas, o si negamos lo que estamos viviendo no seremos capaces de vivir aquí y ahora, o si por el contrario nos tapamos los ojos y no vemos los colores que entran por nuestra ventana posiblemente los colores pierdan sentido en nuestros días. Así si nos abrimos a lo que sucede, lo aceptamos y comprendemos, más sencillo será enfrentar y seguir adelante con lo que ha llegado a su debido tiempo. Quizás el primer gran paso sea no resistirse a lo que llega y continuar como verdaderos capitanes de nuestra propia barca.

Andrea Calvete