viernes, 13 de febrero de 2015

ÁNGEL

Un calor sofocante bañado de una humedad pegajosa se esparce en las calles e invade a los transeúntes de impaciencia y mal humor.

Vuelan deseos tras un helado, o un fresco baño que alivie este agobio que se instala desenfadado Sólo el agua parece ser el único vínculo capaz de despertar sosiego.

En sus distintas formas de manifestarse, el agua suele ser milagrosa, tiene el poder de saciar nuestra sed, de refrescar nuestro cuerpo y estabilizar nuestra energía.Es un símbolo de vida, capaz de purificar y sanar a quien esté dispuesto a dejarse salpicar por unas gotas o pretenda sumergirse en ella.

En un tiempo lejano, un hombre vio que el agua de su pueblo comenzaba a desaparecer de los pozos que alimentaban la ciudad, entonces llegó la enfermedad, y las pasiones humanas se exacerbaron peleando por una gota de agua, hambre, desolación y miseria se hicieron presentes.

Mientras todo este desastre ocurría, un pequeño niño observaba desde el jardín de su casa sin entender como en lugar de buscar una solución al problema, cada vez se enfrentaban más y más unos con otros.

El pequeño jugaba tranquilamente, en su cara no se había desdibujado la alegría. Su madre sorprendida le preguntó: -¿Cómo puedes jugar tan contento viendo el problema que tenemos hijo mío?

El niño permaneció callado mirando a su madre unos segundos y con los ojos llenos de amor le dijo: -El problema no es el agua, ella está en los manantiales, en los ríos es cuestión de que la hagan llegar hasta aquí. Mientras el odio y la avaricia los invada, la aridez y la amargura permanecerán el pueblo- explicó con voz dulce.

Su madre no entendía como un niño tan pequeño había podido ver con tanta claridad el problema. Pasados unos minutos pensó- no en vano lo hemos llamado Ángel- y miró al cielo agradecida, sabía que en aquel mensaje había esperanza.

Andrea Calvete