domingo, 15 de diciembre de 2013

EL PODER Y SU MAGIA

Desde tiempos inmemoriales el poder ha sido ejercido por personas, grupos, instituciones, partidos políticos, asociaciones… y la enumeración podría continuar. Sin embargo, su mal uso ha ocasionado grandes problemas a nivel social, político y económico.

Si bien el poder es sinónimo de fuerza, dominio y energía, no siempre suele llevarse a cabo de la mejor manera. Está presente en todas las relaciones personales, e implica una continua puja entre los distintos poderes existentes en los que deben convivir.

Si bien es una forma de influir en los demás, debemos estar muy atentos como influyen también en nosotros, de modo de no traicionar nuestros valores como personas. Asimismo, implica derechos y obligaciones a seguir. Requiere de un continuo cuestionamiento y un desafío entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, siendo fieles a lo que realmente somos o anhelamos ser.

¿Qué tiene el poder de mágico?

Quizás un psicólogo pueda responder en forma fehaciente a esta pregunta, pero si encuestáramos al común de la gente probablemente respondiera: Es el sabor de la conquista, de poder mover los hilos a “piacere”, de llevar la corriente para determinado lugar, de hacer funcionar bien el sistema… y alguno diría ¿por qué no? de satisfacer mi ego personal.

El individuo del siglo XXI es un ser muy especial, vive en una era tecnológica, de cambios vertiginosos, de múltiples intereses a satisfacer en pro de ya no se sabe qué, en un mundo en el que hedonismo lamentablemente marca muchísimos parámetros.

¿Por qué el hombre de hoy en día intenta anestesiar todos sus problemas, es decir adormecerlos? Pueden existir múltiples respuestas, dentro de ellas me animaría a decir falta de valentía y de fortaleza para afrontar con la cara en alto lo que tenemos por delante. A los problemas no sirve de nada ocultarlos, o pasarles por un costado, es necesario asumirlos y enfrentarlos, para lograr solucionarlos.

Pero paradójicamente, vivimos en mundo de maravillas, de soluciones rápidas, efectivas, sistematizadas, que en última instancia son un engaño, terminan sin solucionar nada, pero sí “llenando el ojo”. Pero, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, que aquel que por estar cómodo en una situación o lugar, no ve el daño que produce a sus semejantes, en definitiva aunque le cueste creer, a su propia familia.

Tantas veces, las personas que ostentan el poder prometen importantes cambios, y pasado el tiempo cuando llegan a ese sitio en el que realmente podrían llevar a cabo su promesa, se aquietan, y parecen paralizarse absortos como si no pudieran salir de ese estado de letargo. Y me pregunto ¿por qué pasa esto?, quiero creer que no es falta de voluntad de cumplir, sino verse inmerso en un sistema burocrático en donde las trabas y la corrupción acechan diariamente y son muy difíciles de combatir.

El poder con su aire tentador, ambicioso, suele embriagarnos con su magia, con su perfume atrapante, enredándonos en sus hilos que se tejen lentamente como el de una telaraña.

Y gran parte de hacer mal uso del poder en cualquier ámbito, viene de la mano de olvidar hacer lo que decimos conforme a lo que pensamos y sentimos, cuando este trinomio no se lleva a cabo comienzan los serios problemas. De nada sirven nuestros compromisos, promesas y valores, si a la hora de ponerlos en práctica, no importa la razón, no somos fieles con lo que nos hemos consustanciado y comprometido.

Por otra parte, el mal uso del poder, viene acompañado de la pérdida progresiva de valores que nuestra sociedad actual permite, sin ser demasiado consciente del grave problema en el que está inserta.

Los valores se van perdiendo gradualmente, un día decimos que sí a algo que realmente no estamos convencidos, y allí comienza el efecto dominó, cuando queremos acordar hemos abierto la puerta a un sinfín de oportunidades no deseadas o mal vistas hasta entonces por nosotros.

Sinceramente, creo que el accionar social incide cuando gradualmente perdemos esos valores que nos inculcaron de pequeños nuestras familias con gran esfuerzo, pero los medios de comunicación por diferentes intereses, suelen algunas veces ser grandes contribuyentes en nuestras decisiones desacertadas.

El poder económico es uno de los grandes poderes que rige esta maquinaria llamada planeta Tierra, y es así que el dinero con total falta de escrúpulos compra todo, y por ende compra poder. Esto es algo que lamentablemente es una regla de mercado, que difícilmente logremos sortear, a pesar de nuestros valores o principios, frente a este andamiaje no tienen demasiado peso.

Asimismo, de regreso al sistema burocrático es preciso señalar que la pirámide laboral no se sustenta como debería. Algunos sectores pertenecientes a grandes organismos o instituciones, funcionan en el sentido de pirámide invertida, pasan a tener poder las personas de menor cargo porque son las que trancan el trabajo, y paradójicamente los que trabajan más se ven sobrepasadas gracias a los compañeros que han decido realizar el mínimo esfuerzo. A todo esto debemos sumar que la gente de mayor rango y bien capacitada finalmente decide buscar una mejor oportunidad laboral en otro ámbito. Así la maquinaria funciona a medias, y un buen funcionamiento requiere compromiso y trabajo arduo.

Me quiero detener unos instantes en ver el por qué del mínimo esfuerzo. Será acaso una cultura arraigada, un sentimiento adquirido, la famosa “viveza criolla”, estos parámetros no me enorgullecen, simplemente me hacen sentir estancada en el tiempo, un problema serio y preocupante, que ya no causa gracia. Siento que la educación debe ser un pilar muy importante para revertir esta idiosincrasia.

Quizás sea hora de preguntarnos seriamente ¿por qué el poder tantas veces corrompe a las personas?, ¿por qué existen millones de casos así? , y sin embargo, se siguen sucediendo y difícilmente podamos hacer demasiado para corregirlos.

Si bien el poder seguirá corrompiendo algunos hombres, está en cada uno ver ¿cómo puede contribuir para detener este problema, cómo no dejarnos manejar por nadie, ni nada?, porque somos seres racionales, pensantes, dueños de nuestros propios actos y decisiones, y por lo tanto, responsables de cada una de ellas.

No creo que el poder cambie a la gente, siento que la cincela, como el escultor a su piedra, lentamente aparece la esencia misma de quien lo ostenta. Como dice Eduardo Galeano, “al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

Sin embargo, el pasar omisos ante lo que puede ser un serio problema, no deslinda nuestra responsabilidad, por el contrario la acrecienta, porque desde el momento que nos “lavamos las manos como Pilatos”, nuestra responsabilidad aumenta.

Finalmente, creo que todos bregamos por una sociedad más justa y equitativa, pero sin compromiso, esfuerzo y trabajo sincero, estos anhelos se pueden convertir sencillamente en una mera utopía, tras la que correremos siempre, pero que en definitiva no alcanzaremos. Por eso es necesario accionar desde lo individual para que las situaciones cambien, de modo que eso que nos disgusta o molesta en cualquier ámbito mejore.

domingo, 17 de noviembre de 2013

UNA MIRADA PUEDE MÁS QUE MIL PALABRAS

Las miradas dicen tanto sin emitir una palabra, reflejan nuestro estado anímico y ser más profundo. Algunas veces aceleradas buscan su rumbo, otras cansinas una pausa, y no faltan las que llenas de dolor se refrescan con las lágrimas, o las que cargadas de entusiasmo sacan a luz su brillo más espléndido.

El espejo no tiene piedad, en él se reflejan todas las imágenes sin excepción. Del mismo modo, nuestros ojos dejan traslucir sus luces, sus sombras, sus claros y oscuros, sus lugares más íntimos y recónditos.

Quien nos conoce en profundidad puede percibir ese brillo que emana día a día, con sólo mirarnos detenidamente unos instantes, y puede entonces una mirada mucho más que mil palabras.

Son muchísimas las escenas en las que las miradas se cruzan, la primera y más cálida cuando una madre mira a su pequeño hijo recién nacido, quien con la misma intensidad se la sostiene, y se establece un diálogo mágico sin palabras, sin sonidos, sólo el palpitar de las pupilas que se dilatan cuando las emociones afloran para agradecer y demostrar que están allí presentes.

Cuando dos personas se enamoran es un instante indescriptible en el que se cruzan las miradas, y allí comienza una gran historia que se irá tejiendo a gusto y piacere de los enamorados, pero con la complicidad que sólo ellos han podido establecer en ese contacto privado y único que les han facilitado sus ojos.

Las despedidas son momentos en el que un adiós se hace costoso, casi insoportable, entonces las miradas surgen como enormes salvavidas, imprimiendo al momento un abanico de significados emotivos que las palabras no son capaces de alcanzar.

Quien por cualquier motivo sufre, busca en una mirada el refugio para su dolor, esperanza para lo que vendrá, entusiasmo para seguir y no quebrarse en la primera esquina que tenga que doblar o en la primera subida que tenga que emprender.

El que está feliz también busca a alguien que comparta esa alegría, y qué mejor que una mirada para compartir ese destello que se expande como los rayos del sol iluminado nuestros días.

Lo bueno y lo malo se esconden en ellas, se camuflan detrás de esas pupilas que se agradan o achican según palpite nuestro corazón, y aunque somos conscientes de gran parte de lo que nos sucede, existe un enorme porcentaje de emociones que no sabemos manejar, porque ellas surgen de lo más profundo del ser, el alma.

Las miradas buscan una respuesta, una correspondencia, un nexo que sólo ellas pueden establecer en breves e intensos instantes, como rayos que caen del cielo en el medio de una tormenta.

Si bien el idioma español es muy rico y diverso, las miradas lo han desafiado de todas las formas posibles, no han perdonado a sus destinatarios, los han perseguido hasta lograr su fin: una respuesta, no importa cuál, pero sí una. Es inevitable cuando alguien no nos conoce y nos clava la mirada seguirla sin dar vuelta la cabeza, porque en un acto de pudor, de no permitir que lleguen a lo más profundo, la evitamos o la cortamos porque nos sentimos invadidos en nuestra privacidad.

Las miradas toman distintos atajos antes de llegar a destino, el que depende según el cometido de cada una:

Las indiscretas, con su brillo cargado de curiosidad, se esconden detrás de algunos árboles para poder observar todo lo que les inquieta, no les importa demasiado si son vistas.

Las piadosas buscan a la solidaridad y confianza, las toman de la mano, se sientan en un tronco caído a la espera de todas aquellas que precisen de su aprobación.

Con su ropa ligera, llegan las avasalladoras para avanzar rápido y deslizarse hacia su víctima sin el menor miramiento.

Por una senda por la que el sol pasa tímidamente aparecen las compasivas, a la espera de ese brillo suave que las carga de humildad y fuerza para no quedarse inactivas y expectantes.

Con fuerza y dinamismo se unen las penetrantes, para arribar con la potencia de un rayo que cae durante una tormenta.

Con poca personalidad, invadidas por el temor de no poder, caminan las sumisas casi pidiéndole permiso a la vida para sobrevivir.

Todos los matices, colores y brillos son acaparados por las cómplices, para poder sellar ese pacto que se cierra cuando encuentran a la complicidad en la otra mirada.

Con la cabeza esquiva, llevándose todo por delante caminan las arrogantes, para transmitir que son únicas e infalibles.

A la sombra de un gran ombú se acomodan las tristes a escuchar a la más anciana, y casi dándose por vencidas entienden que deben buscar el brillo de todas las que les impriman energía.

En búsqueda de la mejor escusa para ofrecer aparecen las dicharacheras, mientras que cantan y bailan para no perder un minuto de su vitalidad contagiosa.

Con un encanto particular, picantes y persuasivas llegan las excitantes, resguardadas por la pasión y el palpitar galopante de un corazón que no logra controlar sus pulsaciones.

Las encendidas por la ira, destellan fuego, enojo, vienen cargadas por un ímpetu casi irracional.

Las mentirosas, aunque siempre son descubiertas, engañan a muchos camufladas de distintas maneras, porque según dicen las mentiras tienen patas cortas.

Las ambiciosas nunca alcanzan lo que quieren porque siempre aparece algo nuevo que no las deja descansar.

Con su aire de inocencia, desprendidas de maldad, llenas de entusiasmo y alegría, llegan las infantiles a alegrar la vida.

En un intento por conciliar lo mejor de todas aparecen las benevolentes, para contagiar la bondad que emerge desde el fondo de sus almas en esa búsqueda incansable por brindarse a los demás con lo mejor de sí mismas.

Escondidas detrás de algún arbusto es fácil encontrar a las maliciosas, a la vez que se escucha su parloteo y cuchicheo hasta que generan un gran disturbio. Son ellas quienes adoptan el lema “divide y reinarás”.

Dispuestas a no perdonar u olvidar aparecen las rencorosas, con su voz cargada de reproche y queja.

Cargadas de codicia e invadidas por el descontrol se las ve deambular con el enojo de no alcanzar lo que tienen las demás, porque la envidia las tiñe con su color de amargura.

Las soberbias con la altanería de pocas, sin pedir permiso miran de reojo y desde arriba a las demás, ellas no saben de perdón o agradecimiento.

Transparentes, claras y sinceras, se dejan ver las miradas sanas, con esa paz que pocas conocen.

Las ausentes, se perciben lejos y distantes, abstraídas en su mundo de preocupación no quieren establecer contacto directo.

Con la grandeza de las que realmente saben, en silencio llegan con suavidad las humildes, a imprimir la sabiduría a todas.

Por lo general, las miradas personifican a todas las emociones y sentimientos que emergen en lo más claro y oscuro, en lo más sencillo y complicado, en lo más dulce y amargo, en lo más tierno y perverso, porque así es el ser humano convive con esa dualidad permanente, con esa puja que lo lleva a pasar de un extremo a otro, y buscar un equilibrio en forma constante.

domingo, 3 de noviembre de 2013

¿POR QUÉ TE QUEJÁS?

Existe un proverbio oriental que nos cuestiona acerca de nuestras quejas, y nos pregunta: “Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejás?; si no lo tiene ¿por qué te quejás?”. Son añejas y comunes como el pan que comemos día a día, y tienen por base el reclamo.

Y es bien cierto que si lo que nos sucede tiene remedio demás está quejarnos, porque está a nuestro alcance remediar lo que nos preocupa. Sin embargo, si no tiene solución o al menos no la vemos, al quejarnos gastamos nuestras energías, nuestro tiempo y dinamismo en esa queja que nos deja estancados y nos posibilita salidas.

Las alternativas para solucionar un problema, no se hallan en la queja, sino en agudizar nuestros sentidos puestos al servicio de lo que nos aqueja, para sí entonces encontrar soluciones.

La queja, no resuelve nada, porque es inoperante. Cuando incurrimos en ella en forma reiterativa, nos acercamos a la negatividad, a no aceptar lo que debemos cambiar. Sin embargo, aunque sabemos que quejarnos no cambia las situaciones, lo hacemos para manifestar una realidad que nos desagrada, y caemos entonces un proceder plagado de quejas, negativo, en el que nuestras propias palabras se convierten en valiosas armas que van en nuestra contra.

Si bien la queja es parte de un reclamo, de hacer ver que una determinada situación es molesta, lo que puede ser válido en determinadas circunstancias, también puede convertirse en sitio cómodo, confortable, para desligar responsabilidades, echar las culpas a los demás, sin tomar medidas para el cambio para salir de ese lugar que nos molesta e inquieta.

Aunque algunas veces se hace difícil encontrar un momento de paz o tranquilidad para vislumbrar el porqué de esta queja, de este constante “mangangueo” que nos asimila a los mangangá que zumban alrededor de nuestros oídos.

A los uruguayos se nos tilda de grises, quejumbrosos, opacos, y si nos ponemos a pensar detenidamente por algo ha de ser, quizás la queja a esta altura ya se nos ha incorporado tan adentro que es parte de nuestra rutina, y no nos damos cuenta la cantidad de veces que lo hacemos en el día.

Cada vez que emitimos una queja malgastamos: tiempo, energía y dinamismo. Tres elementos fundamentales para cualquier actividad que queramos emprender sea posible. Actualmente, vivimos escasos de tiempo, de oportunidades, por eso es fundamental aprovecharlos y no desperdiciarlos cuando las contrariedades se nos presentan.

Si nos ponemos a pensar la mayoría de las veces son muy pequeños los detalles por los que nos quejamos, nos preocupamos o malgastamos nuestro tiempo. Es así que nos quejamos porque por lo que no tenemos: si estamos gordos queremos estar flacos, si hace frío precisamos el calor, si llueve al sol, si tenemos el pelo oscuro lo queremos claro, si tenemos pareja queremos estar solos, si estamos solos buscamos compañía… y así nuestra lista de disconformidades se acrecienta de manos del consumismo que nos avasalla y se une a la lucha.

Si cada vez que nos fuéramos a quejar, miráramos al cielo y respiráramos hondo, posiblemente agradeceríamos todo lo que cada día tenemos y no somos capaces de ver y disfrutar. Ese contacto con las nubes, con el aire, con el sol, nos posibilita mirar hacia el Universo, dar un paso hacia un sinfín de posibilidades maravillosas que están a nuestro alcance, pero que sin embargo, no alcanzamos a ver.

¿Qué es lo que vemos? La respuesta a esta pregunta dependerá exclusivamente de cada uno de nosotros, del camino que hayamos decido tomar y en esas posibilidades infinitas, estará el camino de la queja, del reclamo y de la victimización, que permite deslindar responsabilidades, así como encontrar culpables.

Así hemos sido educados: debemos encontrar al causante de un problema, la solución lógica, la resolución perfecta, dejando de lado toda respuesta diferente a la esperada, a la aprendida, a la que nos inculcaron que era correcta. Debemos abrir nuestras cabezas a los desafíos y a las posibilidades, y así aplacar la cultura de la queja.

Si al quejarnos presentamos un reclamo formal a una situación que es posible cambiar, entonces bienvenida esa voz que se alza en pro del cambio. Aunque sería conveniente que al momento de presentar una protesta a su vez pusiéramos sobre la mesa alternativas a eso que nos disgusta. El buscar nuevos caminos, es parte del estar abiertos al cambio, a ese devenir constante llamado vida.

Algunas personas llevan escrito un libro de quejas, pero sería muy importante analizarlas y tomar consciencia de cuáles son realmente importantes y válidas, cuánto han aportado en nuestro camino y cuánto tiempo nos han quitado y obstaculizado para hallar soluciones.

Quizás los años sean buenos consejeros a la hora de analizar que la vida es demasiado corta para desperdiciarla estancándonos en la queja, en ese ruido constante y molesto que lo único que conlleva es a ponernos de mal humor.

Decálogo de la queja:

1- Me quejo porque me siento mejor.
2- Me quejo porque siento que me escuchan.
3- Me quejo porque no es mi culpa.
4- Me quejo porque es más fácil que reconocer mis errores.
5- Me quejo porque es parte de lo que me enseñaron.
6 -Me quejo porque no me queda otra.
7 -Me quejo porque no entiendo que quejándome malgasto mi tiempo y energía.
8 -Me quejo porque hay mil razones para hacerlo.
9 -Me quejo porque no me hago espacio para agradecer.
10- Me quejo porque me queda mucho por aprender.

La queja es contagiosa, suele despertar el malestar de quienes nos rodean. Cuando propagamos nuestra negatividad, el aire se carga de mala energía, medio que no posibilita soluciones sino que favorece a los problemas.

Debemos educar para reconocer errores, vislumbrar soluciones, cambios, con una mentalidad positiva y esperanzadora. La construcción de un mundo mejor es posible, depende de lo que cada uno de nosotros estemos dispuestos a aportar y a comprometernos, no desde la queja, sino desde el compromiso y esfuerzo por lograrlo.

lunes, 28 de octubre de 2013

LAS ARTES MARCIALES

Las artes marciales son un conjunto de técnicas de lucha provenientes de Oriente, que hoy se practican como deporte, e incluyen valores como autodisciplina, autocontrol y búsqueda interior.

El verdadero arte marcial conoce y sabe la esencia instintiva y violenta del hombre, sin embargo, en cualquier Sojo se aprovecha la educación del profesor- Sensei- para fomentar la búsqueda interior personal, y resaltar valores como: tolerancia, respeto, perseverancia y humildad.

La terminación DO se aplica en artes marciales para asentar que se trata de un camino, que se alcanza vía el esclarecimiento, la autorrealización y la comprensión. Tiene que ver con la forma de conducirse el aprendiz de artes marciales para alcanzar la perfección.

Las artes marciales conllevan luchas internas con el propio ego, y si bien se pueden utilizar para la autodefensa, el verdadero objetivo es el conocimiento de uno mismo, el que permite la realización.

En este camino la fuerza por sí sola conduce al embrutecimiento, debe acompañarse de sabiduría capaz de controlarla y dirigirla hacia una dimensión más elevada.

Estas artes influyen en tres planos: físico, mental y espiritual.

El Sensei se esfuerza mediante el entrenamiento de las capacidades físicas necesarias para mejorar los hábitos motores, la técnica y la táctica.

Las técnicas de las artes marciales están respaldadas por los principios que rigen al Universo: gravitación, equilibrio, movimientos circulares y espirales, fuerza centrípeta y centrífuga, acción y reacción y movimientos ondulatorios.

Fuerza, flexibilidad, elasticidad, rapidez y resistencia son algunas de las capacidades físicas que favorecen el entrenamiento de las artes marciales.

En el plano mental el maestro guía al alumno por el camino de la serenidad, respeto a sí mismo y hacia los demás. Al desarrollarse técnicas de defensa es muy importante saber controlar y manejar estos conocimientos en forma responsable.

miércoles, 23 de octubre de 2013

ENTREVISTA A JULIO BOCCA

Julio Bocca nace en Buenos Aires el 6 de marzo de 1967. Consagrado como uno de los bailarines más virtuosos del mundo y de todos los tiempos, además, se ha ganado el cariño de la gente de una forma extraordinaria. A lo largo de su carrera quienes lo han conocido coinciden en que es un hombre talentoso, noble, fuerte, lleno de magia, que ha intentado popularizar el ballet, para que llegue a todos.



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sábado, 12 de octubre de 2013

NUESTRAS CARTERAS Y NOSOTRAS

Nuestras carteras, todo un mundo por descubrir. Repletas de cosas, algunas útiles, otras no tanto, y la gran mayoría por si acaso las precisamos. Pero más allá del contenido son quienes nos acompañan a todas partes, cargadas para colaborar con nuestras tareas y lugares a donde dispongamos ir. Dicen mucho de nosotras, aunque no seamos conscientes de ello.

Generalmente, cuando algo se nos pierde, cosa muy común, solemos sacar todo lo que hay en ellas, y descubrimos un sinfín de cosas innecesarias, poco prácticas, pero que en el fondo nos acompañan brindando seguridad y confianza, como amuletos de la suerte.

La moda conspira en nuestra contra, porque al usarse grandes bolsones, aprovechamos a llenarlos hasta el tope. Recuerdo alguna época en que las carteras eran pequeñas, entonces teníamos que seleccionar con mucho cuidado lo que poníamos dentro.

Sin embargo, algunas por practicidad, problemas de columna, o temor a algún amigo de lo ajeno, han decidido resolver este dilema llevando una pequeña carterita llamada bandolera, cosa que me trae muy malos recuerdos ya que no hace mucho tiempo me fue arrebata una, desde entonces me inclino por la cartera de mayor tamaño.

Esas carteras femeninas van cargadas de cosas inverosímiles, por eso son motivo de crítica,  pero también suelen salvar a esos críticos mediante utensilios, como un simple pañuelo descartable, un alcohol en gel o una “curita” que hace milagros.

El hecho de llenar tanto nuestras carteras, trae aparejado mucho dolor para nuestra columna y hombros. El porqué de este hecho tan común y cotidiano esté quizás en que la mayoría somos madres o hijas, y de alguna manera en ese rol se nos ha inculcado que en nuestra cartera debemos llevar todo lo necesario para que nuestros hijos estén bien atendidos. ¡Lástima que cuando crecen ya hemos adquirido el hábito de cargarlas demasiado y entonces ya es una costumbre arraigada en nosotras!

¿Qué hay en las carteras de las mujeres? Todo lo que se imaginen y más. Basta con mirar cuando vaciamos una, es interminable todo lo que aparece. Pañuelos, billetera, celular, llaves, lentes, broches de pelo, gomitas de pelo, monedero, pinturas, agendas, desodorante, curitas, limas, cepillo de dientes, pasta dental, protector higiénico o similar, papel higiénico, peine, cremas, botellas de agua, perfume, espejos, boletos, facturas, boletas, sobres, lapiceras, block para anotaciones, chicles, caramelos, caravanas, pulseras, collares, monedas sueltas, pendrive… analgésicos, antialérgicos… y así podría continuar la enumeración, pero se cansarían de leer todo lo que entra en ese bolso que cargamos a diario.

Pero a esta lista de cosas materiales, también le agregaría un montón de sentimientos que no son tangibles, que no se pueden pesar o dimensionar numéricamente, pero que paradójicamente son de gran peso e importancia. Y me refiero a nuestros anhelos, inquietudes, sueños, desvelos, desafíos, desengaños, preocupaciones, amores y alegrías.

Quizás ese peso intangible, sea el que nos cargue de más peso a estas carteras, que todas colgamos a diario en forma lenta y paulatina.

Les propongo mirar detenidamente el tipo de bolso que utilizamos, quizás a partir de este detalle tan peculiar, podamos descubrir mucho de nosotras mismas, de nuestros deseos más íntimos, de nuestras frustraciones, de esa forma que tenemos de mostrarnos día a día.

Algunas eligen pequeñas carteras, por practicidad o comodidad, otras lucen carteras enormes en la que entre todo lo necesario y más, y por último están las que adopten carteras medianas, que combinen con el color de sus zapatos y su ropa, llevando un poco más de lo necesario. Por las noches, es común denominador a todas, llevar carteras más pequeñas, acordes a la ocasión.

Sin embargo, unas cuantas décadas atrás, las mujeres utilizaban carteras pequeñas, portadoras de un lápiz labial, un pequeño espejo y un peine. Con el trascurso del tiempo la mujer ha cambiado su ritmo de vida, su horario desde que sale de su casa al regreso es muy extenso. Por lo tanto, la cartera se ha convertido en un servidor de sus necesidades, que cada vez son mayores como el peso de este inmenso bolso que parece no tener fondo.

El peso de esta cartera al incrementarse, ha dado trabajo a muchísimos médicos especializados en diferentes patologías, no sólo físicas sino también psíquicas producto de este intenso diario vivir, en el que todas estamos insertas, carteras mediante.

Y continuando con ese análisis detallado y minucioso, habrá quienes se sientan a gusto con carteras de tela, otras de cuero, algunas tejidas, algunas sintéticas, otras multicolores, y no faltarán aquellas que se distingan por la sobriedad.

Todas de alguna manera dirán algo de nosotras, si somos tímidas, calladas, extrovertidas, sobrias, exuberantes,… nuestras carteras dicen mucho de nosotras, son un detalle de nuestra indumentaria y de todo lo que nos pasa, que hablan por sí mismas.

En nuestras carteras cargamos cosas necesarias, otras no tanto, y algunas totalmente inútiles. Se podría establecer fácilmente un paralelo con nuestras vidas, probablemente el orden y desorden de nuestras carteras tenga una íntima relación con lo que nos pasa interiormente, aunque es algo difícil de probar a simple vista, pero igual las invito a pensar.

Nuestros bolsos o carteras nos acompañan en todos los momentos, en los buenos, en los malos y en los regulares, son portadoras de innumerables secretos, han visto y escuchado más de lo que recordamos, o tenemos consciencia. Son grandes aliadas que nos siguen en silencio, como fieles testigos de todo lo que nos sucede.

Muy a menudo, cuando ya no encontramos lo que decididamente buscamos, solemos mirar detalladamente qué es lo que guardamos allí adentro, entonces nos pasamos largos ratos descubriendo papeles que ni la menor idea que estaban allí, la mayoría de las veces no recordamos por qué forman parte de esa cantidad de cosas inútiles.

Diminutos bolsillos, cierres y varias reparticiones, aparecen de golpe en nuestras carteras, dificultando la búsqueda, haciendo que nuestra calma pronto se pierda. Cuando no aparece lo que necesitamos, hace varios minutos buscamos sin éxito y volvemos a comenzar el examen, entonces decidimos vaciar la cartera sobre la mesa.

En la vida nos sucede algo similar, guardamos y almacenamos muchísima información, nos aturdimos de cosas, hasta que finalmente vemos que no podemos con todo, y entonces decidimos ver qué es prioritario. Con el contenido de esa cartera femenina sucede algo similar.

Algunas son muy queridas, porque fueron regaladas por alguien especial, o porque nos acompañaron en momentos únicos e irrepetibles, otras porque nos costó un real sacrificio adquirirlas, las razones pueden ser múltiples, pero lo cierto que cada una de ellas tiene una especial significación para cada una de nosotras.

En definitiva, si bien son parte de nuestro atuendo, son grandes compañeras de camino, de ruta, cargan nuestras pertenencias más íntimas, atesoran cosas que son de valor para nosotras. Por tal motivo, están relacionadas con lo más íntimo de cada una de nosotras.

Tal vez, mirar adentro de esa cartera nos lleve a un lugar mucho más profundo del que pensábamos, a ese yo interior tan cerrado, al que muchas veces no accedemos, por miedo o simplemente por no querer ver o asumir lo que realmente nos sucede o preocupa.

Estas portadoras de nuestras pertenencias, son parte también de ese devenir, de eso que debemos descubrir, analizar y aprender en este camino maravilloso que implica ser mujer, más allá de cualquier crítica.

El sociólogo francés Jean Claude Kauffmann sostiene que "el bolso ayuda a afrontar los eventos de la vida y se convierte en el protector de nuestras memorias más íntimas", podría entonces entenderse que la cartera representa al desdoblamiento del “yo” de cada mujer.

Como última reflexión, intentemos que el peso de nuestras carteras esté acorde a lo que podemos afrontar cada día, el sobrepeso es algo que no nos hace bien, sólo lastima nuestras espaldas y nuestro andar. Todas merecemos colgar una cartera conforme a nuestras necesidades y deseos, sólo es cuestión de mirar cuidadosamente y elegir la que esté acorde.

domingo, 29 de septiembre de 2013

COLOR ESPERANZA

Un bien común a todos, por algunos perdida, por otros encontrada, y para una gran mayoría el oxígeno que carga de aire día a día sus pulmones, precisamente en los momentos en que todo parece perdido. Sin embargo parafraseando a Mercedes Sosa: “Quien dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón”.

Ofrecer, es sustancial cuando ponemos en práctica esta virtud tan necesaria para la vida, porque si no damos posiblemente nada recibamos, en el devenir todo es cambio y movimiento, que precisa de acciones y compromisos constantes.

Si bien los obstáculos, las dificultades y problemas la opacan, quitándole crédito a la esperanza, el ser humano generalmente permite que aflore para dar energía a sus días, a sus motivos de existencia. Porque quien la pierde, queda en tinieblas, cargado de miedos, de fríos internos que lo único que hacen es paralizarlo.

Cada amanecer trae consigo nuevos rayos de esperanza, de luz, que son ese motor vital para no quitarnos la ilusión, el entusiasmo y la energía, necesarios para andar, para recorrer este camino al que día a día se presentan tantas dificultades, algunas propias de nuestros errores, y otras como consecuencia de personas que con sus actos influyen para desestabilizar nuestro día, o simplemente de hechos que se presentan en forma abrupta e inesperada.

Es así que de pronto comenzamos un día llenos de entusiasmo, dinamismo, pero cuando nos enfrentamos a algunos episodios tediosos o molestos, el color del día cambia, porque lo que comienza por ser un diálogo cordial, sin darnos cuenta rápidamente se convierte en un malentendido cargado de epítetos que no vienen al caso. Está en cada uno de nosotros dar el justo valor a este incidente, o permitir que nos opaque el día y nos cargue de una energía totalmente negativa.

Incidentes de esta índole nos acechan a diario, depende de cada uno si pretendemos dejar que la esperanza se siente a nuestro lado, para permitir volar nuestros mejores deseos y anhelos, o por el contrario si dejamos que nos acompañe el malhumor, el enojo, el fastidio, reacciones razonables y entendibles, pero a las que no podemos dar demasiada cabida. Ya sé que me dirán que no es sencillo, aunque tampoco es imposible cambiar nuestra actitud frente a los problemas.

Quien toma una actitud de sobreponerse a lo que le pasa, permitiendo que el buen humor, la calma y el positivismo lo acompañe, es porque ha decido dejar pasar a la esperanza, a ese halo de bienestar, de sentir que es posible un cambio, una salida. No es sentarse a soñar, a delirar sino dar margen a las posibilidades de salir de lo que nos disgusta, incomoda o molesta.

Cuando damos cabida a la esperanza, alejamos al desaliento, al pesimismo, a la dolorosa tristeza, para dar paso a la perseverancia, virtud que nos permitirá llevar a cabo todo lo que anhelamos o deseamos poner en práctica. De este modo, liberaremos todas las fuerzas que poseemos en pro de hacer lo que creemos justo y necesario.

Es una de las tres virtudes teologales e implica distintos momentos en su consecución: el primero es visualizarla, el segundo tener conocimiento de lo que queremos llevar a cabo, y el último es tomar consciencia y determinación de que lo que deseamos o esperamos es posible. Este tercer momento es decisivo para ponerla en práctica, para continuar con la dinámica permanente que conlleva la vida.

Sin embargo, para dar paso a la esperanza, quien parece llegar y cargar rápidamente en forma casi mágica nuestros días, debemos permitir el pasaje de la armonía, una palabra tan buscada y anhelada por el hombre, pero que sin embargo es bastante difícil de alcanzar. La dificultad radica en esa búsqueda personal tan importante y necesaria, a la que tantas veces el hombre se niega, por correr tras fines materiales que en definitiva no son la verdadera solución a sus problemas.

Aunque es difícil en este mundo cargado y plagado de posibilidades materiales, no confundir esa búsqueda, el espectro de alternativas es cada vez mayor y tentadora, entonces el caer en esos lugares de búsqueda equivocados para satisfacer ese yo interno es pan de todos los días, por eso es muy importante vislumbrar ¿qué es lo que verdaderamente buscamos?

En ese anhelo cargado de esperanza, muchas veces lo que deseamos no es algo individual, sino que forma parte del colectivo humano, entonces es cuando nos hermanamos con otros semejantes en esa búsqueda por concretar una acción a favor de la Humanidad, que por momentos parece hallarse desnuda, desolada, olvidada o peor, bombardeada por el propio hombre.

Según Antonio Machado: “El que espera desespera, dice la voz popular. ¡Qué verdad tan verdadera! La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad, aunque se piense al revés”. En este verso Machado, nos invita a reflexionar sobre la espera que tiene notas de incertidumbre, de inquietud, pero a su vez nos permite alojar pensamientos positivos, esperanzadores, en la medida que nos comprometamos y dispongamos a esperar, lo que depende de nuestra acción, de esa superación personal para concretar algo, de esa búsqueda incansable de la verdad.

Cada individuo que nace es una luz, es un mensaje de esperanza, porque esa nueva vida puede traer consigo una enseñanza, está en cada uno ver esos pequeños y a su vez grandes destellos que nos posibilitan esos cambios tan necesarios que tantas veces pasan desapercibidos, porque nos encandilamos ante una realidad que nos deja enceguecidos, sin poder vislumbrar el rumbo.

La esperanza por momentos, se desdibuja y palidece. Existen situaciones que nos sobrepasan, nos dejan sin aliento, sin respuestas, casi sin aire. Es entonces, cuando precisamos que ella haga su aparición, con su mano tibia, con su mirada cálida, de modo de avizorar una salida, un camino, lo hay, sólo que algunas veces es muy arduo encontrarlo. Entonces pedimos o invocamos una señal que nos guíe, y tarde o temprano aparece.

Señales surgen a diario, aunque insertos en nuestros problemas la visión se dificulta, y es bien cierto el dicho que dice que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Por tal motivo, es importante estar dispuestos a buscar, a encontrar y aceptar lo que nos sucede.

Nuestro camino es largo, y seguramente tantas veces la perdimos, la añoramos, sin embargo a pesar de nuestro descreimiento suele aparecer como una fuerza que nace desde muy adentro, para hacernos ver que las posibilidades están allí, sólo es cuestión de encontrarlas y no darnos por vencidos, quizás el primer paso sea sacar fortaleza de toda situación dolorosa.

Finalmente, la esperanza es una gran aliada que nos da fuerza, nos impulsa, nos ayuda a avanzar, a sacar fuerzas de donde menos lo pensamos, porque mientras haya un corazón dispuesto a latir, aparecerá el color esperanza.

jueves, 26 de septiembre de 2013

ENTREVISTA CON RAMBLERAS

Una película dirigida y guionada por Daniela Speranza, nos invita a disfrutar la Rambla, ese paseo público montevideano por excelencia. En la Rambla Sur, surgen vivencias que transcurren en un marco distendido, donde la ternura y el humor aparecen, a la vez que nos invita a reflejarnos con alguno de sus personajes.

Patricia (Vicky Rodríguez), una chica treintañera, soltera y en busca del amor. Jacqueline (María Elena Pérez), jefa y amiga de Patricia, quien está en un momento problemático en su relación con su marido, Juanca (Eduardo Migliónico). Y Ofelia (Adriana Aizenberg), que debe acoger en su habitación a una Patricia poco entusiasmada con la situación. Tres mujeres distintas y aún así, con aspectos en común, que deben tomar una decisión con sus vidas para encontrarle sentido y, que al interactuar entre ellas podrán lograrlo.

El corazón del film, descubrir cómo las personas con sus acciones diarias impactan en el entorno que las rodea. Tres mujeres con diferentes situaciones que afrontar, pero dónde la disconformidad, la soledad, el amor y el desamor se harán presentes, a la espera de esa toma de decisión relevante que les permitirá a cada unas de ellas avanzar.

Daniela Speranza (Directora)

Daniela Speranza nació en Montevideo, Uruguay, en 1965. En 1987 recibió una beca de la Escuela Internacional de Cine y TV de Cuba, de la que se graduó en 1990 como directora. En 1995 participó en el “Curso de guión cinematográfico”, dictado por el guionista argentino Jorge Goldenberg en Universidad ORT de Uruguay.

Ha sido guionista y directora de numerosos cortos documentales e institucionales y asistente de dirección en varios largometrajes de ficción tanto en video como en cine.

En 1999 obtuvo los premios FONA y Fondo Capital, otorgados por la Intendencia Municipal de Montevideo, con los que produjo Mala Racha (que también escribió y dirigió), película que fue estrenada comercialmente en el 2002 y ha obtenido varios reconocimientos locales e internacionales.

Desde hace varios años es docente en la Escuela de Cine del Uruguay, Cinemateca Uruguaya y desde el 2009 en la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, Universidad de la República.
Es guionista y directora de Rambleras, con cuyo guión obtuvo una beca para participar en el “1er. Curso de Desarrollo de Proyectos Cinematográficos Iberoamericanos” organizado por Casa de América, España. 

Vicky Rodríguez Cartagena (actriz)

Ha participado en más de 30 obras teatrales. En cine participó desde 1999 en varios cortometrajes y en el largometraje La Cáscara (2006). Trabajó en TV desde 1995 hasta el 2006 integrando los elencos de Plop!, Guau!, Show del Mediodía y de las series Mañana será otro día y Constructores. En el 2012 dirige por primera vez teatro. Obtuvo el Premio Tabaré en 1997 como mejor actriz humorística, el Premio Iris en 1999 y el Premios Florencio para niños a mejor actriz por El reino de Rada. Además fue nominada al premio Florencio en el 2003,2008 y 2009.

María Elena Pérez (actriz)
Ha participado desde 1990 en numerosos espectáculos con directores como Eduardo Schinca, Nelly Goitiño. Mariana Percovich, Jorge Denevi y Gabriel Calderón entre otros. En 1997 obtiene una mención a “Mejor actriz” en los premios Florencio. Participó en diferentes festivales de teatro en el interior y en el exterior del país. En cine participó en Una forma de bailar (1997) y recibió por dicho trabajo el Premio especial a mejor actriz en los premios Tabaré. Fue actriz protagónica de la serie televisiva Rec. (2012).Ha trabajado con directores como Beatriz Flores Silva, Guillermo Casanova, Esteban Schroeder, Diego Arzuaga, Marcelo Piñeyro, entre otros.

VER VIDEO DE LA ENTREVISTA:


domingo, 15 de septiembre de 2013

HOJAS EN BLANCO

Al comenzar cada día empezamos así, con una hoja en blanco por llenar. El contenido dependerá de varios factores externos, pero me animaría a decir que un gran porcentaje guarda un nexo de dependencia con uno mismo, con esas ganas y entusiasmo que ponemos en cada amanecer.

A esas hojas se irán incorporando recuerdos, vivencias, que aparecerán como destellos de todo lo que ha pasado por nuestras vidas. También afloraran los desvelos, los anhelos y las preocupaciones. Porque todo lo que vivimos y lo que vendrá inexorablemente se ha de juntar en el único punto en el que transcurre la vida, que es el presente, pero que sin embargo no lo disfrutamos porque nos aferramos a lo sucedido o al futuro.

Experiencias inconexas, aparecerán dibujando esta hoja, a las que miraremos con asombro, porque no sabemos de dónde provienen, pero sin embargo, están allí ilustrando ese papel que dará lugar a nuestro día. Nuestro inconsciente acumula millones de experiencias que pronto se revelan y no les vemos demasiado sentido.

Los márgenes que dejemos hablarán de nosotros mismos, si nos apegamos al margen izquierdo es que no nos despegamos con facilidad del pasado, mientras que si nos recostamos sobre el derecho significará que siempre vivimos mirando el futuro. Y aunque parezca una gran paradoja, el tiempo más difícil es el presente, porque ocupados en el pasado y en el futuro no le dejamos transcurrir.

Como seres humanos cargados de virtudes y defectos, tantas veces dejamos que la balanza se incline para las sombras, impidiendo brillar a esos momentos que nos llenaron de luz y paz, que nos hicieron sentir bien con quienes nos rodean y con nosotros mismos. Por momentos, si miramos a la distancia, pareciéramos masoquistas nutriéndonos de nuestro propio dolor, pero es un tema relacionado en cómo asumir las situaciones, desde si es posible salir adelante, o quedar estancados en el problema.

Estas hojas a las que hago alusión son parte de la ruta de la vida, de ese camino que transitamos a tumbos, a ciegas, sin tener el control de lo que queremos y hacemos, porque no dejamos surgir al cuestionamiento, a la pausa para analizar ¿cómo continúa este libro que escribimos día a día? Y este análisis quizás no sea realizado en forma fehaciente, no por desconocimiento, sino por temor a enfrentar determinadas situaciones difíciles de asumir, de comprender, aceptar y tolerar.

De este modo, al escribir estas hojas adquirimos sabiduría. Según Lavater, para ser sabio “hay que aprender a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar” cuando no tengamos nada para decir. Para interrogar razonablemente, debemos permitir que la paciencia tome asiento a nuestro lado, dar paso al silencio de modo de serenarnos y ver las cosas desde una perspectiva clara. Escuchar con atención es brindarnos cien por ciento a quien tenemos delante de nosotros. Responder serenamente es no dejarnos llevar por el ofuscamiento, el enojo o la ira. Por último callar a debido tiempo es algo que nos cuesta muchísimo y requiere de un gran autocontrol.

Si bien el color blanco tiene un significado especial e intenta aclarar emociones y pensamientos, está relacionado con la búsqueda, con la paz interior. Sin embargo, es importante teñir nuestra hoja de todos colores que están en nosotros y que surgirán asombrosamente de la mano de nuestro estado anímico, en el que una lucha constante dará lugar una paleta inmensa, donde los trazos y la textura serán parte fundamental de esta obra.

Habrá hojas más completas, otras más inconclusas, algunas de mayor agrado otras no tanto. Algunas perfumadas con notas silvestres como el sándalo, lavanda, tomillo, laurel… y romero, porque los aromas, como las notas musicales nos llevan a momentos especiales, que el corazón guarda y atesora con profunda riqueza. Así tendrá lugar esa permanente búsqueda que el ser humano hace día a día, al comenzar una nueva jornada, en forma casi automática e inconsciente.

Si nos detenemos un momento veremos que hemos llenado muchas hojas en blanco, y que aún nos quedan muchas más por escribir, por plasmar con lo mejor de nosotros mismos. En la medida que tomamos consciencia de lo vivido es posible reparar en aquello que nos molesta, lastima, o no está como quisiéramos. Afortunadamente, cada día tenemos la posibilidad de revertir un gran número de acontecimientos y situaciones que forman parte de lo que somos y anhelamos.

Según Isaac Newton “lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”. En tal sentido, esas hojas de ruta forman parte de esa pequeña gota sobre la cual tenemos conocimiento en la medida que miramos, analizamos y reflexionamos sobre lo que hemos vivido y experimentado. Cada situación y persona por nuestro camino dejan huella en nosotros, una marca sobre la que tenemos mucho por aprender.

Respecto a lo que conocemos, Einstein dice que “cada día sabemos más y entendemos menos”, porque en la medida que dejamos entrar a la humildad en nuestra vida, comprendemos que nos resta muchísimo por aprender, entender y avanzar. El ser capaces de reconocer nuestras limitaciones, defectos, nos permite mirar con nuevos ojos lo que nos rodea, con una cabeza abierta a los cambios en un intento por superar un mundo plagado de egoísmo, donde prima el yo como palabra más corriente.

Y el comenzar a llenar esa hoja día a día implica un gran desafío, porque cada día es un comienzo nuevo, en el que enfrentamos con valentía cada acto que sucede, por más que nos disguste o aflija. No todo es color de rosa, tampoco es blanco o negro, los matices están continuamente aflorando, en esa puja en la que toda la paleta de colores se presenta. Estar fuertes y capacitados dependerá de esa búsqueda personal y permanente que cada ser humano hace para superarse y crecer cada día.

Sin embargo, debemos batallar continuamente frente a una sociedad que nos da soluciones mágicas y efectivas para todos los problemas, posibilidades infinitas de comunicación, aparatos cada vez más sofisticados para todas la necesidades, olvidando que la necesidad básica está en nuestro interior, en el ser más profundo que debe ser nutrido constantemente, para lograr equilibrar la escritura de nuestras hojas en blanco.

sábado, 31 de agosto de 2013

DE AMORES, AMANTES Y ALGO MÁS


“No te empeñes en durar, buscá tu amante, sé vos mismo también tu amante y un protagonista… de la vida”. Así finaliza el artículo de Jorge Bucay que nos hace reflexionar si vivimos, transcurrimos, existimos, o pasamos nuestros días anestesiados, sin vibrar, sin hacer algo que nos motive, que nos impulse a volar y salir de la rutina que a todos de alguna manera nos envuelve.

El encontrar ese amante, significa descubrir algo que nos apasione, y no literalmente será un individuo de carne y hueso, podrán ser múltiples actividades concernientes  a creer en algo o alguien, a llevar a cabo nuestros sueños, nuestros anhelos, a despertar esa adrenalina que todos tenemos y que muchas veces permanece oculta.
Eso que nos hace sentir plenos, llenos de dicha, de ganas de hacer cosas, de ocupar nuestros ratos sin fijarnos en lo que tienen o hacen los demás, sino en lo que verdaderamente queremos cada uno de nosotros.

Nuestro ser más íntimo podrá ser despertado por múltiples actividades:  pintar, escribir, cabalgar, nadar, correr, patinar, disfrutar de la música, cocinar, esculpir, actuar, leer, meditar … es decir actividades que conlleven componer, realizar a través de nuestros sentidos puestos al servicio creativo,  del descubrimiento y del crecimiento personal.
Es realmente maravilloso cuando uno experimenta que algo lo hace sentir pleno, que ocupa su espacio de vida, que lo gratifica y colma como ser humano, y que nos mantiene enamorados de la vida, de esos días que pueden ser gratos o no tanto, dependiendo de la actitud que decidamos tomar día a día.

Y si bien les dije que no debería ser el amante literalmente un ser real, también puede serlo, pues si esa persona nos colma, habita nuestro espacios de alegría, de felicidad, nos distiende,  ocupa nuestros pensamientos más gratos, nos envuelve de plenitud, entonces será bienvenido, aquí el estado civil corre por cuenta de quien decida tomar esta acción, no entraré en veredictos morales, cada cual sabe lo que quiere y puede hacer con su vida.

Jorge Bucay a través de su artículo “ Hay que tener un amante”, me motivó hoy a escribir estas líneas, también me hizo pensar acerca de por qué hay tantas personas que viven deprimidas, duermen mal, viven estresadas, se sienten insatisfechas, traicionadas y cansadas. No en vano los psiquiatras y psicólogos tienen tanto trabajo.

En estos últimos días leí un artículo que hacía referencia a la infidelidad en el Uruguay, y me dejó perpleja, porque señalaba altos porcentajes al respecto. Entonces me pregunté: ¿por qué tantas personas están desconformes buscan escapes a sus rutinas, a sus vidas? y luego de pensarlo detenidamente, creo que la insatisfacción si bien puede venir por múltiples motivos, en la mayoría de los casos es el caer en esa rutina que pinta todo de gris, sin poder trascenderla.
El ser humano se compone de opuestos y complementarios, del lado femenino y el masculino, de lo bueno y de lo malo, de lindo y de lo feo… y también de esos espacios intermedios que suelen estar entre ambos extremos pero que implican sentirnos asfixiados, consumidos por la rutina, sin avanzar, sin hacer algo que nos permita trascenderla y sentir que  nuestra vida tiene un rumbo.

El sentido de la vida, para cada uno de nosotros puede ser totalmente diferente, pero en los distintos casos respetable y valedero. Por supuesto, que si tras buscar ese despertar, traicionamos nuestros valores, nuestros sentimientos más íntimos, entonces no podremos sentirnos bien con nosotros mismos, y llegar a descubrir a ese “amante”, que pueden ser tantas cosas.
Algunas veces, es difícil reconocer qué es lo que nos molesta, nos inquieta o no nos deja vivir plenamente, otras si bien lo vemos no sabemos cómo salir de la situación que nos aqueja, porque nos sentimos como un ovillo enredado, sin salida. Pero salida existe, quizás se requiera ayuda profesional,  de un amigo o familiar,  pero indudablemente de nosotros mismos, quienes somos constructores de nuestro propio camino.

Y esa relación de enamoramiento con lo que nos motiva, entusiasma, es la que nos da fuerza, nos ilumina, porque el amor es uno de los vocablos más utilizados y sentidos por el ser humano. La vida sin amor es como buscar agua en un pozo seco. San Agustín manifiesta que con amor todo es posible y dice: “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor”

Si abrimos las puertas al amor, surgirán todos los sentimientos sin excepción, nuestro corazón palpitará fuertemente,  y despertaremos de ese letargo en el que tantas veces caemos porque nos olvidamos que las cosas más sencillas y simples, pueden estar cargadas y repletas de amor.
Finalmente, parafraseando a Bucay “No te empeñes en durar, buscá tu amante, sé vos mismo también tu amante y un protagonista… de la vida”.


lunes, 26 de agosto de 2013

UNA SOCIEDAD INJUSTA PARA ALGUNOS, ES INJUSTA PARA TODOS

En últimos tiempos es cada vez más frecuente escuchar que las empresas se involucran en proyectos de Responsabilidad Social Empresarial, es decir en una visión de negocios en la que se integran valores y principios éticos, con el compromiso por mejorar distintas problemáticas, entre ellas el reconocimiento e inclusión de personas con discapacidad.

Favorecer la inclusión con personas con discapacidad, en especial en el ámbito laboral, es el objetivo en aumento de múltiples empresas a través de sus departamentos de Responsabilidad Social Empresarial. A estas actividades también suelen unirse ONGs, instituciones estatales y privadas.

Y el artículo primero de la “Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad”, de la Organización Internacional del Trabajo, establece que: “La discapacidad es un concepto que evoluciona y que resulta de la interacción entre las personas con deficiencias y las barreras debidas a la actitud y al entorno que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con los demás”.

Y un spot publicitario del Programa Nacional de Discapacidad (PRONADIS), que depende del Ministerio de Desarrollo Social explica que: “Una sociedad injusta para algunos, es injusta para todos”, una afirmación que pretende hacernos reflexionar y pensar en cuántas personas no son incluidas por diferentes motivos, lo que provoca marginación y no inclusión. Pero tanto, en nuestro país, como en diferentes partes del mundo, se ha comenzado a tomar consciencia de esta problemática.

El trabajo decente, de calidad, es el modo más efectivo de romper el círculo vicioso de la marginación, la pobreza y la exclusión social. Es frecuente que las personas con discapacidad se vean atrapadas en este círculo, y es necesaria la acción positiva para ayudarlos a salir de esa situación. Las barreras que enfrentan estas personas al obtener un empleo o al asumir su papel en la sociedad pueden y deben ser superadas.

Según la Organización Internacional del Trabajo, las personas con discapacidad, representan el 15 por ciento de la población mundial. Ellos constituyen la mayor minoría del mundo.

En el mercado laboral, constituyen aproximadamente 900 millones de personas en edad de trabajar. Sin embargo, la mayoría no trabaja. Mientras algunos están empleados exitosamente e integrados plenamente en la sociedad, la mayoría enfrenta la pobreza y el desempleo.

Las mujeres discapacitadas con frecuencia experimentan una doble discriminación, debido a su sexo y a su discapacidad. Esto hace que tengan menores probabilidades de acceso a la educación, a la formación profesional, a los programas de rehabilitación y empleo, en comparación con las mujeres sin discapacidad y los hombres con discapacidad.

Según los datos que se reveló el último censo realizado en 2011, en Uruguay hay aproximadamente 23 mil personas con discapacidad severa. Son 129 mil los uruguayos con discapacidad moderada y 365 mil los que tienen dificultades leves. Se trata de una población vulnerable con escasa posibilidad de acceder al mercado laboral.

 A propósito de la inclusión de personas con discapacidad, y de Responsabilidad Social Empresarial, hoy tenemos un ejemplo para dar a conocer y a presentar a través del exitoso proyecto de “Vigilancia Inclusiva” que ha implementado la empresa Securitas Uruguay, que permite la inserción socio-laboral de personas con discapacidad motriz.

Ver video de la entrevista:

lunes, 19 de agosto de 2013

ENTREVISTA A MARTHA ESCONDEUR

Martha Escondeur nace en 1957 en Santa Lucía, “donde dicen que la luz del sol brilla más”. El dibujo, la pintura, la escultura, el moldeado y la cerámica, son las formas de expresión cotidianas, en las que deja aflorar el talento y la creatividad que la distinguen. 


Ver la entrevista:

domingo, 4 de agosto de 2013

EN EL TIEMPO DE LAS MARIPOSAS

La novelista estadounidense Julia Álvarez escribe sobre las cuatro hermanas Mirabal, que durante la dictadura de Rafael Trujillo fueron acosadas, perseguidas, encarceladas y finalmente, tres de ellas, asesinadas el 25 de noviembre de 1960.

Luego de años de persecución y lucha integran la agrupación política 14 de Junio, celebrando reuniones clandestinas para derrocar la dictadura que oprime a la República Dominicana.

El tiempo de las mariposas, tiempo de mujeres luchadoras, por sus derechos, por sus anhelos, por un país que les cerraba las puertas y las oprimía. Un tiempo atroz que las mantuvo en silencio condenadas a vivir libres tan sólo en sus pensamientos e ideas, fuera de eso todo estaba prohibido.

El 25 de noviembre de 1960, los cuerpos de tres de las cuatro hermanas Mirabal: Minerva, María Teresa y Patria fueron encontrados en el fondo de un acantilado en la costa de la República Dominicana.

El dictador Trujillo, fue quien dio la orden de acabar con sus vidas, lo que despertó en la población más conmoción y rebeldía, y seis meses después el general Trujillo es asesinado, el 30 de mayo de 1961.

Las Naciones Unidas declararon el 25 de Noviembre como el “Día Internacional contra la violencia de género” en honor a las Hermanas Mirabal. Estas mujeres lucharon por la libertad de su país, contra las injusticias vivida, tras la campaña de miedo, terror y atrocidades cometidas por el dictador. Conocidas como “Las Mariposas”, nombre que utilizaban en reuniones secretas para derrocar a la dictadura.

La novelista Julia Álvarez es hija de padres dominicanos, nació en Nueva York, pero a los tres meses su familia vuelve a República Dominicana donde vivió hasta los 10 años. Perseguidos por la dictadura de Trujillo se exilian en Estados Unidos, y ya de mayor visita a Dedé Mirabal, la única sobreviviente de las hermanas Mirabal, y decide contar esta historia al mundo a través de la novela “En el Tiempo de las Mariposas”, obra que luego fue llevada al teatro por la dramaturga Caridad Svich.

VER VIDEO CON LA GRABACIÓN DEL PROGRAMA:


sábado, 27 de julio de 2013

LA FE MUEVE MONTAÑAS

Dicen que la fe mueve montañas, pero no todas las personas aseguran tenerla o encontrarla, haberla visto o percibido. Puede estar puesta en alguien o en algo, implica la confianza plena en eso que creemos o sostenemos. Quienes creen en la existencia de un ser superior, una fuerza o un ser creador, ven su camino iluminado, independientemente de su trascendencia o existencia.

Más allá de las creencias o posturas, en quien debemos tener fe es en nosotros mismos, en lo que somos, creemos, pensamos o sentimos, porque esta es la base para luego funcionar cordialmente con el resto de nuestros semejantes. Es el sustento de nuestra autoestima, sobre la que nos erguimos como personas.

Si uno no cree en uno mismo, en sus posibilidades, menos van a creer los demás en nosotros, es como un efecto búmeran que se dispara y despliega. La confianza en uno mismo, en sus posibilidades, en su desarrollo y crecimiento es esencial para dar un paso día a día.

Asimismo, la alegría vista como un ingrediente o componente que da sabor y color a nuestros días, es un importante motor en lo que tiene que ver con la fe, con la esperanza, con el creer, con el poder, pues quien no le da paso a este vocablo pequeño, humilde y a su vez, tan grande y necesario; cierra entonces las puertas de la fe a cualquier actitud y posibilidad.

Aunque muchas veces las circunstancias que se nos van dando en la vida conspiran contra la fe, contra la esperanza, contra esa alegría vital, porque las adversidades suelen pesar más que las alegrías, ya que aparecen acompañadas por ese sabor amargo, por esa falta de aire, opresión en el pecho, angustia y desánimo.

La personalidad de cada individuo ha de influir a la hora de pararnos ante los acontecimientos, de igual modo, lo que nos haya sucedido también será una huella importante trazada en nuestra memoria. Sin embargo, debemos aprender de las personas que logran de un acontecimiento desagradable o atroz, ver la enseñanza, la luz, no es fácil pero tampoco imposible.

Según Tolstoi “no se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo”. El creer entonces en uno mismo, conlleva luego a creer en los demás, en sus explicaciones, en sus proyectos, en lo que comparten con nosotros día a día.

El no creer en nada es una falacia, en algo creemos para tomar decisiones, para impulsarnos a diario, para que nuestra existencia tenga un sentido. En cada sorbo de aire que inhalamos existe vida y con la exhalación sale algo de nosotros, dándose así una transformación, un cambio que permite a nuestro organismo cumplir con sus funciones vitales.

La vida en sí es un gran milagro, una gran muestra que nos invita a tener fe en lo que queramos, pero sin ella los días agobian, el oxígeno disminuye, los latidos se pierden, las horas agonizan y el tiempo parece inerte.

Sin embargo, nunca falta quien diga “para lo que hay que ver o presenciar, más vale no creer en nada”, cosa que le hace mucho mal a nuestros jóvenes, que comienzan una vida llenos de entusiasmo, energía y ganas de llegar lejos, o por el contrario se encuentran confundidos tomando decisiones trascendentales, donde igualmente esos conceptos negativos no aportarán más que desánimo y angustia. Al respecto dice Gandhi: “No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano; no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias”.

La mayoría de nosotros, aquí en Occidente, nos hemos visto influenciados por la religión Católica, en que la fe es una de las tres virtudes teologales, sin embargo cada individuo en su camino tiene la oportunidad de creer más allá de lo aprendido, o guardado en nuestro sistema de información, y con el tiempo verá en qué creer o no.

A lo largo de la vida, nos enfrentamos a múltiples situaciones en las que la fe queda opacada, desprovista de sustento, escasa, casi nula, porque muchas situaciones a simple vista no tienen explicación. Pero sin dudas, la fe es la fuerza que nos permite elevarnos espiritualmente, realizar un trabajo de introspección profundo, basado en la creencia de uno mismo como punto de partida.

Quizás la puja entre fe y razón sea la causa de que nuestra sociedad occidental tantas veces se vea carente de fe, de esperanza, donde se suma el materialismo que nos atrapa y envuelve día a día, buscando más víctimas, más adictos al consumo masivo visto como meta esencial de vida.

Sin embargo, la mentalidad oriental, se basa más en lo espiritual, en la fe, en la búsqueda del ser más profundo, de allí que tantas personas buscan caminos espirituales en el Oriente, cuya mentalidad está abierta a la meditación, al silencio, a encontrar las respuestas con paciencia, abiertos a la tolerancia y una mentalidad capaz de cambiar día a día.

Pero más allá de esta puja, la razón no puede dar explicación a todo lo que nos ocurre, por el contrario la fe invita a creer sin muestras fehacientes, sin pruebas contundentes, a tener esa capacidad y fuerza interior, esa luz que nos permite salir de la oscuridad. Las palabras Martin Luther King en la marcha a Washington en 1963 son el reflejo de una persona que cree más allá de las barreras, los obstáculos, los cuestionamientos, postulando la fe como una fuerza capaz de todo: “Con esta fe seremos capaces de esculpir de la montaña de desesperanza una piedra de esperanza”.

En la lucha entre la piedra y la gota, ganará siempre la gota, no por su fuerza sino por su perseverancia. Del mismo modo quien tiene fe, llegará movido por ella, por creer en algo, por ser capaz de buscar luz, esperanza y positividad en su vida.

Quien se cargue de negatividad, de “no puedo”, de “no es posible”, hará que la fe se desvanezca, tras desaparecer rápidamente. Por eso, más allá de que nuestra fe se puede ver cultivada por múltiples factores, lo importante es acrecentarla, dejarla florecer con sus colores y aromas más bonitos, de modo caminar cargados de motivaciones, que nos permitan vivir esperanzados, en busca de superarnos día a día, en pro de ser mejores personas, en la búsqueda del conocimiento, para seguir aprendiendo algo nuevo que sume y aporte en este camino llamado vida.

Finalmente, Paulo Coelho nos dice que “La fe es una conquista difícil que exige combates diarios para mantenerla”, por lo tanto, requerirá de nuestro esfuerzo para que no se apague y se extinga, entre las situaciones que nos paralizan, nos sofocan y nos fastidian. No podemos permitir ser rehenes de nuestros miedos e incertidumbres, es necesario vencerlos, y afrontar la vida más allá de las dificultades y contratiempos, cargados de fe, lo cual traerá aparejado esperanza y alegría en nuestros días.

domingo, 14 de julio de 2013

21 GRAMOS… ¿EL PESO DEL ALMA?

El alma un concepto muy particular para cada uno de nosotros según nuestras creencias, pero de la que tanto se ha hablado y sin embargo continúa siendo un gran enigma.

En marzo de 1907 se dieron a conocer en la revista científica American Medicine los experimentos del Duncan MacDougall, quien llegó a comprobar que luego de morir el peso de los individuos variaba en aproximadamente 21 gramos, ¿sería acaso el peso del alma, o el aire de la última exhalación?

Más allá de este debate, y de los cuestionamientos filosóficos o religiosos, siento que alma de cada persona que se va, sigue viva en cada uno de nosotros, permanece en nuestros recuerdos y en nuestro corazón. ¿Quién no ha recordado alguna vivencia con un ser querido que ha partido o en algún momento lo ha escuchado a viva voz?

Siento que día a día, quien fallece y deja esta vida, igualmente nos acompaña, a través de sus palabras, sus abrazos, sus miradas, su risa, su llanto y de todo el amor que compartimos, porque la distancia física no permite disipar la luz que generó esa persona en nosotros, una llama de vida, de existencia.

Aunque algunas veces el alma parece pesar toneladas, y se ve aprisionada en un cuerpo en el que no tiene cabida. Se pusieron a pensar ¿por qué tantas veces solemos sentirnos así? Probablemente, porque no acompasemos lo que nos ocurre interiormente con nuestro ritmo de vida. No es sencillo querer hacer un sinfín de cosas cuando el cuerpo se siente cansado y abatido o, por el contrario, nuestra alma, nuestro ser más íntimo se halla con muy pocas fuerzas y el cuerpo tiene que seguir funcionando.

Para Carl Jung “el sueño es la pequeña puerta oculta que conduce a la parte escondida e íntima del alma”. Al ocuparnos de los sueños, tomamos consciencia de nosotros mismos y a su vez de los demás. Entramos en contacto con lo más oculto de nuestro ser, en un intenso trabajo de introspección, porque somos responsables por cada uno de nuestros actos, y en ellos incluimos aquellos  que no somos conscientes, pero sin embargo debemos asumir.

El transcurso de nuestra existencia, podría simbolizarse, como lo ha planteado Jung, por el agua. En ella flotamos, nadamos, nos sumergimos, nos purificamos, nadamos contra nuestra propia corriente hasta encontrarnos con nosotros mismos, en esa búsqueda por conocernos y, así, luego conocer a nuestros semejantes.

La conjunción de la mente, el cuerpo y el alma, es la que da lugar al ser. En la actualidad este tríptico sufre cortocircuitos importantes ocasionados por las múltiples situaciones que conlleva vivir bajo un permanente estrés. Es así que el impacto de nuestros pensamientos y estados anímicos tienen una gran correlación con nuestro sistema físico.

El ser humano para poder vivir en armonía, en equilibrio, debe poder tener su mente, cuerpo y alma interrelacionados, comprendidos, cuidados, de tal modo que nuestros días sean positivos, cargados de lo mejor de nosotros mismos. Pero, somos seres complejos, en el que habita la mente con sus vivencias conscientes y otras tan profundas que pasan a ser parte de lo que no conocemos o reprimimos, por otro lado nuestro cuerpo funciona como una máquina perfecta, pero cuando en este tríptico poderoso alguna parte falla, el cuerpo sufre las consecuencias, y entonces nos enfermamos.

No es fácil descubrir ¿cuál es la ecuación perfecta de la vida?, quizás cada día estemos más cerca de la fórmula, pero como además de nuestros conflictos, debemos asumir los de quienes nos rodean, no será tarea sencilla alcanzar la pócima, requerirá de un trabajo individual y de una búsqueda interior muy importante.

Los años son grandes aliados, a la hora de buscar en lugares más profundos de alma, en la que habitan los sueños, los fracasos, los amores, los sí y los no, las contradicciones, las equivocaciones y aciertos, los éxitos y los fracasos, los claros y oscuros, lo que fuimos, somos y seremos. El alma es como la cocina del ser, donde aparece el calor más íntimo, todo lo que ocurre en nuestro cuerpo y mente se aloja allí cómodamente, para dar lugar a los aromas de nuestra existencia, que podrán trascender en el tiempo a través de otros seres que lograron compartir lo más profundo de nuestro ser.

Si tuviera que colorearla, lo haría con pinceladas cargadas de tonos cálidos, porque el corazón la tiñe de tibieza, a la vez que le irradia su calor y pasión. Sin embargo, en los momentos en que nos encontremos perdidos, ausentes, en una lucha con nuestro yo más íntimo, quizás en esos días aparezcan colores fríos, los matices de grises, la neblina, la humedad y la lluvia constante.

En el año 2003 se rodó una película basada en las investigaciones de MacDougall, “21 Gramos”, interpretada por Sean Penn, la que finaliza con el monólogo de Paul Rivers- personaje interpretado por Sean Pean- quien agonizante dice: “¿Cuántas vidas vivimos? ¿Cuántas veces morimos? Dicen que todos perdemos 21 gramos en el momento exacto de la muerte. Todos. ¿Cuánto cabe en 21 gramos? ¿Cuánto se pierde? ¿Cuánto se va con ellos? ¿Cuánto se gana? 21 gramos: el peso de cinco monedas de cinco centavos, de un colibrí y una barrita de chocolate. ¿Cuánto pesan 21 gramos?”.

Este final da para reflexionar y preguntarnos ¿qué hemos hecho de nuestra vida? ¿Qué peso tiene nuestra alma? ¿Trascenderemos más allá de los 21 gramos? Preguntas profundas que requieren calar muy hondo.

Y también podríamos rememorar el poema “Como la Cigarra” de María Elena Walsh: “Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando… Cantando al sol como la cigarra después de un año bajo la tierra, igual que el sobreviviente que vuelve de la guerra”, porque en la vida nos ocurren distintos acontecimientos, en los que renacemos día a día, en los que trascendemos, e intentamos superarnos, reconstruirnos y levantarnos luego de varios tropiezos o caídas.

Podremos o no creer en el alma, pero lo cierto es que todos de alguna manera dejamos nuestra huella, trascendemos al morir en alguien a quien le hemos aportado algún valor a su vida, a su camino, dejando algo de nosotros que podrá generar luz en otra persona.

Finalmente, el alma un concepto tan intangible, delicado, escurridizo, discutible, cada uno sabrá dónde ubicarla, dónde sentirla, apreciarla o negarla. Y para quienes crean en su existencia las hay: escondidas, perdidas, solitarias, afables, solidarias, quejumbrosas, entusiastas, apasionadas… y sin embargo, todas flotan en la búsqueda misteriosa de la existencia de cada ser y su trascendencia. Y si hablamos de almas, Gustavo Adolfo Bécquer dispara una frase que quizás apunte a esclarecer parte de este enigma: “El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada”.

domingo, 30 de junio de 2013

EL ARTE DE ESCUCHAR

Escuchar es un arte, pues no todas las personas se brindan con sus cinco sentidos ante una conversación. Requiere de un proceso de concentración en el que absorber, procesar y pensar, serán tres verbos relevantes.

Muchas veces notamos que nuestro interlocutor nos oye pero no nos escucha, pues escuchar implica prestar total atención, sin permitir que nada nos distraiga o ausente.

Sin embargo, pese a que no es sencillo, todo ser humano necesita escuchar y ser escuchado, para sentirse querido, respetado y apreciado por quienes lo rodean.

Pero como vivimos cargados de preocupaciones, no logramos concentrarnos plenamente en el diálogo. Por eso es necesario, focalizarnos en la conversación, con tolerancia y paciencia para poder abrirnos a la comunicación fluida. He aquí una de las grandes fallas a la hora de transmitir algo.

No sólo se debe prestar atención a las palabras sino también a los sentimientos, a la voz y a los ademanes. Estos tres instrumentos facilitarán la comunicación, y el escuchar se hará una tarea sencilla.

Dicen que para saber hablar es preciso saber escuchar y este concepto camina de la mano del proverbio que dice: “Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento”.

Cuando nos comunicamos, no sólo se intercambian opiniones, también sentimientos, actitudes, emociones y fluye energía. Por eso, para que este proceso se de en forma correcta, es necesario que entre las partes interesadas se genere confianza, una expresión libre sin barreras ni obstáculos.

Si logramos escuchar con el alma, con total entrega y devoción, quien hable percibirá un interés intenso, único y particular, por lo que su comunicación se hará sencilla y placentera, y el tiempo volará a toda prisa.

Es común que las personas en nuestro afán por resolver problemas, urgencias, hablemos con rapidez, olvidando que quien nos escucha también merece ser escuchado, pues es parte de este mundo carente de buenos escuchas.

No faltará quien diga para lo que hay que escuchar, más vale perder el oído. No estoy de del todo de acuerdo con esta afirmación, existen cosas horripilantes que tan sólo con oírlas nuestros oídos sufren fuertes dolores, pero también es cierto que siempre es posible escuchar algo hermoso, nuevo, diferente, que nos haga cambiar de opinión, que nos permita ver el mundo desde otra perspectiva.

Estamos bombardeados por noticias dolorosas, un mundo donde los que mandan se pelean por sus asientos, por sus riquezas, mientras la gente escucha sus promesas cansados de oír siempre lo mismos repertorios. Ante estas circunstancias comprendo que no queramos continuar escuchando, pero hubo y habrá individuos que tienen mucho para decir, y para aportar, pues no sólo de las personalidades reconocidas aprendemos, sino de nuestros semejantes a través de esas palabras que nos llegan al corazón.

Decálogo para saber escuchar:

1- Dejar de hablar: no podemos escuchar si estamos hablando.

2- Transmitir tranquilidad a la persona que habla, de modo de crear un ambiente de confianza y libertad, que permita a la persona a sentirse libre a la hora de expresarse.

3- Demostrar interés en lo que estás escuchando, es decir poner todos tus sentidos a disposición de la persona que te habla, en lo posible evitar todo tipo de distracciones, celulares, televisiones, timbres, sonidos externos.

4- Evitar distracciones: este punto está correlacionado con el anterior se debe escuchar en un lugar tranquilo, sin interrupciones, donde exista silencio, tranquilidad y armonía.

5- Intentar ponernos en el lugar del otro, para que lo que nos trasmite no pueda llegar con la mayor intensidad posible, dejar de lado preconceptos o nuestra forma de pensar o sentir.

6- Ser paciente, de modo de no interrumpir, así quien se expresa siente que puede seguir un hilo conductor sin presiones, sin prisas.

7- Controlarse: Aunque lo que escuchemos no sea de nuestro agrado debemos mantener la calma, pues de ese modo no cohibimos a quien habla y se expresa libremente.

8- No alegar ni criticar lo que estamos escuchando, es decir no juzgar. Recién cuando el interlocutor finaliza si nos pide nuestra opinión, allí se la daremos.

9- Preguntar: Es importante intercalar una pregunta, de esta forma demostramos interés en lo que estamos escuchando.

10- Dejar de hablar: No interrumpir cuando no es necesario, el silencio es imprescindible tanto para el que habla como para el que escucha, el generar una atmósfera adecuada, que facilite una empatía entre quien habla y el que escucha.

Tantas voces no fueron escuchadas, y no lo son, siglos de sufrimientos de reclamos, es paradójico que en la era de la información este problema no logre subsanarse, pero lo que ocurre no es la falta de tecnología sino de voluntad de sentarse escuchar con absoluta concentración a quienes lo requieren para superar los dificultades que aquejan a la humanidad.

El egoísmo y el egocentrismo son dos factores que no permiten que este arte tan importante en la vida de los seres humanos pueda fluir plenamente. Existen tantas personas que anteponen sus problemas, sus necesidades, sus inquietudes, sin detenerse ni siquiera a escuchar cinco minutos a las personas que le rodean. De aquí, los malos entendidos en los trabajos, en las familias, en los grupos de amigos, en las parejas, donde nadie se escucha, unos hablan por encima de los otros, y lo que hacen es apenas oírse.

Por otra parte, el no escuchar puede traer problemas importantes, como sentirse excluido, ignorado, por falta de compromiso y de voluntad hacia nuestros semejantes que precisan unos minutos de atención.

Asimismo, muchas veces no nos escuchamos ni nosotros mismos, y vamos por la vida cometiendo un error detrás del otro, en tal sentido Abraham Maslow expresa que “no se puede elegir sabiamente una vida a menos que se atreva uno a escuchar a sí mismo, a su propio yo, en cada momento de la vida”. Por eso, antes de poder escuchar a los demás debemos ser capaces de empezar por nosotros.

En referencia a nosotros mismos, nuestro corazón es un órgano muy noble que pocas veces se equivoca, sabe percibir que nos pasa, que nos sucede, entonces escucharlo a él será una parte fundamental para estar seguros en donde estamos parados. Si logramos aprender a escucharnos hemos aprendido a meditar.

Asimismo, el ser pacientes, silenciosos cuando alguien nos habla significa desarrollar el autocontrol, la inteligencia, pues al escuchar otras voces podemos llegar a comprender situaciones que ni siquiera pasaban por nuestras cabezas, significa ese “open mind” es decir el abrir la cabeza que tantas veces solemos mantenerla hermética cerrada con cadenas y candados, presos de nuestros propios miedos, angustias, y eso egocentrismo que no nos deja ver más allá de nuestras narices.

Por otra parte, Martin Luther King expresa que “tu verdad aumentará en la medida que sepas escuchar la verdad de los otros”. Pierden relevancia nuestros problemas cuando no somos capaces de comprender a quienes nos rodean.

Mas en este arte como también nos gusta que se nos escuche, debemos ponernos en el lugar de la persona que nos brindará toda su atención, para que nuestras palabras lleguen a su cause. El destinatario variará según la edad, sus gustos, intereses, su vulnerabilidad, la situación que transite. Igualmente, si partimos de cero y no conocemos a quien nos escucha como más razón ser cautelosos, pacientes, pues no contamos con muy pocos datos de nuestro escucha. Esta misma situación se da en relación inversa cuando somos nosotros quienes escuchamos y nos enfrentamos a nuestro interlocutor.

En todo este difícil camino de aprender a escuchar cabe acotar que existen situaciones que nos resultan de mayor o menor impacto, pero a pesar de ello nuestro deber como escucha deberá implicar la mayor imparcialidad posible, pues es al permitir entrar en el juego a nuestra subjetividad, se abrirá la puerta para que nos pongamos en jueces de algo que posiblemente no está siendo contado con esa finalidad.

Juan Donoso Cortés expresa que “lo importante no es escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa”, podemos escuchar con todos nuestros sentidos pero si no decodificamos el mensaje de nada servirá nuestro tiempo y atención prestada.

Escucha quien puede, quien quiere, quien lo cree necesario, quien está dispuesto a compartir algo de su tiempo, quien aún le importa este mundo, quien siente que su corazón aún late y quien desea ser útil. No debe significar un sacrificio u obligación sino algo sentido por motus propio, sino realmente de nada sirve.

Quizás sea hora de seleccionar qué escuchar y qué no, pero más allá de esta decisión queda mucho por escuchar, al mismo tiempo que precisamos perfeccionarnos como escuchas, pues es una tarea pendiente de gobiernos, gobernantes, empresarios, profesionales de todo tipo, trabajadores, estudiantes, amas de casa… es decir compromiso de todos los integrantes de la sociedad.

Finalmente, es necesario abrir nuestra mente, nuestros sentidos, concentrarnos en la otra persona, con la finalidad de escuchar para recordar, de esta forma nuestra concentración será absoluta y la comunicación se optimizará.

Andrea Calvete

domingo, 23 de junio de 2013

¿QUÉ NOS RESULTA CURIOSO?

Día a día nos sorprendemos a través de situaciones, actos, vivencias, que nos toman por sorpresa, que nos hacen reflexionar, analizando que vivimos en mundo lleno de conocimientos, contradicciones, problemas, pero también con grandes desafíos por lograr, transmitir y alcanzar. Es así que entramos al mundo de las curiosidades.

Esas curiosidades, son las que nos atrapan en la pantalla de la televisión, en el monitor de la computadora, al que dedicamos muchas veces largas horas absortos con cierta información, que a su vez nos conduce a seguir analizando y descubriendo nuevas situaciones.

También, nos inducen a comprar un libro, a tomar un curso, iniciativas a realizar, caminos por descubrir, decisiones por tomar, como motores de nuestro diario vivir. Son esas alas que nos permiten volar para llegar a lugares anhelados, soñados o quizás ni si quiera previstos, pero que finalmente nos sorprenden y reconfortan.

Eleanor Roosevelt dice que “no podría, a ninguna edad, ser feliz estando sentada junto a la chimenea y simplemente mirar. La vida fue propuesta para ser vivida. La curiosidad debe mantenerse viva. Uno no debe nunca, por ninguna razón, volverle la espalda a la vida”.

Somos curiosos por naturaleza, como parte de nuestra esencia y supervivencia humana. El psicólogo Tom Stafford nos da una respuesta: “la curiosidad es el incentivo perfecto para poner en práctica nuestra capacidad de aprendizaje”

Entonces, la curiosidad nos permite mantener esa chispa vital para que en este camino nada pierda su magia o encanto, todo guarde un equilibrio dentro de la dualidad existencial.

Aunque todo tiene su límite, hay veces que siguiendo la curiosidad desmedida, nos hallamos enredados en grandes problemas, o metiendo las narices donde no nos compete. Por eso es conveniente no excedernos, o extralimitarnos, dice un refrán: “la curiosidad mata al hombre”.

En nuestro afán por saber, por adquirir conocimientos y encontrar respuestas, transgredimos ese límite tan fácil de pasar en breves instantes, y a la vez tan difícil de retroceder una vez que se cruza, ¡qué dicotomía!

José Ingenieros manifiesta que “la curiosidad intelectual es la negación de todos los dogmas y la fuerza motriz del libre examen”, es decir la que nos permite ser libres pensadores, reflexionar, analizar lo que nos circunda, las decisiones que tomamos en nuestro libre albedrío.

En busca de respuestas, de soluciones nos tropezamos con un sinfín de situaciones que resultan curiosas, y es así que nos insertamos a navegar en un mundo de posibilidades infinitas, que se alejan de lo imaginable o predecible.

Golpeando puertas, de pronto, se abren algunas que no esperábamos, entonces quedamos sorprendidos, sentimos que algo inexplicable ha sucedido. Y aunque en estos momentos la curiosidad resulta casi insoportable, porque quisiéramos saber el motivo por el que hemos llegado hasta ese lugar, nuestra mente está atónita y no entiende razones, más a larga todo tiene una causa por descubrir, aclarar, como forma de liberar esa curiosidad casi innata.

Resulta muy triste cuando vemos a alguien que ha perdido toda curiosidad, todo deseo de descubrir, avanzar y analizar. Los motivos de esta apatía pueden ser múltiples aunque lo importante es no justificarlos, porque allí comienza a darse una actitud de vida pasiva, en la que podemos a llegar a ser simplemente meros espectadores de una realidad, pero no partícipes.

El ser partícipes nos lleva a comprometernos a interiorizarnos, a solidarizarnos con nuestros semejantes y también con nosotros mismos. La búsqueda interior siempre es primordial, porque cada día surgirán cosas nuevas que, curiosamente, nos sorprenderán y dejarán un mensaje por decodificar, entender y analizar.

Al tomar conciencia de lo pequeños que somos dentro de un cosmos o universo ordenado y armonioso, sentimos esa necesidad por conocer, descubrir, de comprender que somos parte de una gran cadena, pequeños eslabones que son necesarios e imprescindibles en este orden natural y maravilloso llamado vida.

Curiosamente, la vida nos sorprende con sus cosas buenas y malas, gratas e ingratas, pero el hecho de que nos produzca este tipo de sensaciones es una excelente señal, porque estamos vivos, porque no nos hemos anestesiado ante la realidad que nos circunda, y a su vez por lo que nos sucede a cada uno de nosotros mismos.

Más allá de las razones naturales que nos llevan a ser curiosos, también están esos deseos que nos atrapan en búsquedas quizás no explicables, pero que siguen lo que nuestro interior nos manda. El inconsciente es un mecanismo muy difícil de controlar, no sólo en las noches donde los sueños se disparan, también en el día múltiples actos que llevamos a cabo se ven sujetos a él, sin darnos cuenta.

El sabor de lo prohibido, es algo que nos induce algunas veces a saciar la curiosidad en estos momentos exaltada, aquí entran a jugar mecanismos psicológicos algo complejos, pues lo prohibido en sí vende, atrae y convoca. Quizás, por eso sería mucho más sencillo si pudiéramos no prohibir.

El hecho de manejar tanta información a diario, nos lleva a dispersar nuestra atención, y a retener a penas un cuarenta por ciento de lo que nos sucede a diario, según estiman algunos especialistas al respecto. Quizás la cantidad desproporcionada de cosas que solemos hacer y ponemos en nuestra lista de proyecciones, sean grandes culpables a la hora de bajar la curiosidad.

Al estar corriendo día a día, estresados, enajenados en múltiples actividades, ya no vemos con nitidez las situaciones, entonces con el afán de aliviarnos, o sentir menos carga, intentamos no sorprendernos o anestesiarnos como forma de superar lo que ya nos ha sobrepasado.

Y si bien la curiosidad mata al hombre, permitamos que siga viva en forma adecuada, para que cuando miremos a alguien a los ojos, nos siga despertando interés, cariño, deseos por descubrir ¿qué hay detrás de esa mirada que tantas veces dice más que mil palabras?

Los niños son muy curiosos, pero al pasar los años, esa curiosidad la vamos perdiendo sin darnos cuenta. Ellos, con su inocencia se permiten preguntar con absoluta sinceridad todo lo que desean saber, no se ponen límites hasta que encuentran una respuesta que los satisface.

En definitiva, el sentirnos satisfechos con nosotros mismos, es parte de esta búsqueda, de este viaje que emprendemos cada día, de ese mirar hacia adelante, y también hacia atrás, pero recordando que el tiempo más real o a nuestro alcance es aquí y ahora, de allí tan importante aprovecharlo, con la curiosidad despierta y abierta a seguir el transcurso inexorable de los días.