martes, 29 de marzo de 2011

“EL RESULTADO MÁS ELEVADO DE LA EDUCACIÓN ES LA TOLERANCIA”


Por Andrea Calvete

La educación por la que tanto bregamos, por la que trabajamos duramente para que las generaciones venideras se superen y puedan afrontar esta era donde la tecnología y el conocimiento no se detienen, donde existen tantas dificultades por enfrentar y asumir, no llegará a buen puerto si detrás de ella no existe la tolerancia.

Pues sin paciencia, con apuro, y sin tolerancia no lograremos nunca las metas deseadas. La educación si bien es un largo proceso que va desde los hogares hasta los centros educativos, implica ciertos valores que no podemos dejar pasar por alto.

La tolerancia es una virtud que escasea en esta época, pues todo debe ser resuelto al instante, con astucia, y con la mayor prisa posible. Pero la tolerancia camina de la mano de la paciencia, del saber: esperar, escuchar, comprender, atender, e interpretar en forma adecuada. Implica también tener la capacidad de respetar y admitir otras posiciones diferentes a las nuestras, en un plano de diálogo e intercambio, aún en momentos que pueda haber confrontación de ideas,  el no perder el atino, la compostura serán parte de lo que hemos aprendido.

Si bien los medios de comunicación son grandes aliados a la hora de obtener información en apenas unos instantes, su uso inadecuado también incidirá en los resultados, pues un niño que se pasa jugando a juegos de Internet todo el día, pronto pierde su capacidad de diálogo e inserción social, pues se aísla en mundo ficticio en el que él y su juego existen, convirtiéndose muchas veces en situaciones patológicas. Esto no ocurre tan sólo a nivel de la infancia, adolescentes y personas adultas suelen también insertarse en sus monitores olvidando prácticamente todo lo que los rodea.

El no perder el diálogo intergeneracional es fundamental, pues enriquece a todos los involucrados, y colabora a entenderse más entre las distintas generaciones, sin que existan como ocurrían años atrás aquellas barreras gigantescas que nos separaban a unas generaciones de otras.

Por su puesto, cada cual en su rol: educadores, padres, abuelos, hermanos, tíos, amigos… pues los roles son algo que hoy también suelen confundirse. Y aunque intentemos educar desde nuestro rol de padres o abuelos o el que nos pertenezca no debe desdibujarse, y desde  es de allí no podemos ocupar otro lugar que no sea el nuestro.

Y dejando el tema de los roles que juegan un papel preponderante, vuelvo al tema del principio, en que para que la  educación sea fructífera se deberá infundir tolerancia. Según Dalai Lama “la tolerancia y la paciencia son mucho más profundas y efectivas que la mera indiferencia”. La indiferencia nos permite esquivar los problemas, evadirlos, pero seguirán allí, y por lo tanto si pretendemos mejorar la educación enfrentemos todos los problemas que sean necesarios, con mucha tolerancia y paciencia para llegar a soluciones que redundarán en el bien de toda la sociedad, y principalmente en las generaciones futuras que son el devenir.

Pero la tolerancia se imparte, en el trato entre los componentes de la familia, con los amigos, con los profesores, con los empleados en un negocio, pues desde el respeto con el que tratemos a los demás también seremos tratados. Por supuesto, no ha de faltar alguna persona que rompa los parámetros, pero las excepciones no hacen a las reglas.

Soy madre, y siempre les recuerdo a mis hijos que desde el respeto y la tolerancia hacia las demás personas ellos son capaces de expresar todo lo que sienten o precisan transmitir, pues con educación cualquier tema puede ser tratado o debatido siempre, y es algo que espero que nunca se olviden, pues les redundará en su propio beneficio.

Finalmente tengamos presente la frase de Helen Keller “El resultado más elevado de la educación es la tolerancia”, aunque muchas veces todos somos humanos y perdemos la paciencia con facilidad y de pronto la tolerancia, pero eso no significa sucumbir en el intento.