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RESIGNIFICAR


Con el correr del tiempo ciertos acontecimientos nos llevan a resignificar la forma de encarar la vida. Comenzamos a valorar el tiempo y el espacio de otra forma, y nos hacemos lugar para la gente que realmente queremos, para los instantes que nutren el alma y nos abrazan el corazón.

Quizás el detonador de este cambio haya sido diferentes instancias y sucesos, pero lo cierto es que aquí estamos dispuestos a resignificar la forma de valorar lo que nos sucede, lo que nos importa y ocupa nuestra energía vital.

El constante devenir y cambio son los primeros que nos muestran que debemos estar abiertos a que nada es permanente. Y si empezamos por nosotros mismos nuestro cuerpo, sentimientos, gustos, deseos, sueños están en continuo movimiento y se van moldeando de acuerdo con esa realidad que nos circunda y la que vamos labrando día a día.

Cada vez son menos bodas y más funerales los que nos llevan a ver la finitud de un camino, y de allí la importancia de la resignificación, no por miedo, no por tristeza, no por apatía, sino por comprender que se acorta el camino y entonces es tiempo de disfrutar al máximo todas las oportunidades.

Posiblemente ya no nos atraigan los mismos propósitos que unos años atrás, ya nos distraigan las mismas cosas, nuestros gustos también hayan cambiado, pero ¿qué importa?, para bien son los cambios cuando uno se para en el tiempo presente y decide madrugar sus sueños, elaborarlos y les pone pienso porque siente que aún le queda mucho por hacer, aprender, dar y recibir.

Cuando resignificamos nuestros valores, comenzamos a alimentarnos diferente, a dormir mejor, a disfrutar de aquellos pequeños instantes tan valiosos como puede ser el compartir una hermosa charla con una persona amiga, o sentir el tibio sol que acaricia el rostro.

Con el correr del tiempo ciertos acontecimientos nos llevan a resignificar la forma de encarar la vida. Comenzamos a valorar el tiempo y el espacio de otra forma, y nos hacemos lugar para la gente que realmente queremos, para los instantes que nos nutren y sonríen de manera que nos sentimos plenos y satisfechos.

Andrea Calvete

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