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EL DESAFÍO DE LOS AÑOS


Si bien la calidad y la extensión de la vida cada vez es mayor producto de los adelantos científicos, existe una tendencia a no querer envejecer, a que las arrugas no se marquen, la piel no se caiga, es decir que la gravedad no haga su obra. Sin embargo, el tiempo no se detiene y los años siguen su curso, y nuestro cuerpo mejor o peor siente su peso.

Botox, colágeno, antioxidantes, ácido hialurónico, hilos tensores, lifting… son parte de las soluciones mágicas para detener el tiempo, o al menos ralentizarlo. Es así que no dejamos de ver videos en las redes sociales de personas que han quedado desfiguradas, que no pueden casi hablar de tanto relleno y estiramiento, y que a pesar de todo en el fondo no están felices, porque lo que no asumen es que los años pasan y hay que ponerle vida a los años, salero como dirían los españoles, y sobre todo muchas ganas de seguir con entusiasmo.

Envejecer con dignidad, implica comprender los años que tenemos asumirlos, y desde allí hacer todo lo que nos parezca conveniente para afrontarlos, porque no estoy en contra de el arreglo o cuidado personal, pero sí de creer que está allí la clave para no sentir que los años pasan y lo seguirán haciendo.

La mejor forma de asumir el pasaje del tiempo es decir los años que tenemos, es mirarnos al espejo y comprender que ya no nos devolverá la misma imagen que unos años atrás. Sin embargo, el hecho de sumar años no nos quita posibilidad de hacer cosas nuevas, de entusiasmarnos con desafíos o propuestas, de vibrar con intensidad y de buscar con ansias.

Hoy por hoy no importa si te teñís el pelo, te estirás la cara, te rellenás las arrugas, te vestís de una forma o de otra, lo que importa es como te sentís, porque de nada vale todos los cambios que podamos hacer en nuestro exterior si allá bien en el fondo en lo más íntimo no estamos satisfechos con quienes somos, con lo que hacemos y queremos.

Tenemos la suerte de vivir en un siglo en el que todo es posible, hasta lo más inverosímil, pero lo que es inevitable es creer que no hemos envejecido, que no nos ha cambiado el cuerpo, el organismo, las actividades, porque como la vida misma nuestro ser está en constante cambio, y acompañar el devenir del tiempo es tomar conciencia de su avance en nosotros, aceptar las limitaciones y proponernos seguir proactivos, abiertos a la vida y a las posibilidades porque cada día es un comienzo nuevo.

Andrea Calvete

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