miércoles, 30 de diciembre de 2020

SILENCIO AZUL


El silencio azul se esparce e inunda romeros y lavandas. Los jazmines callan en su perfume recuerdos azulados, verdosos y turquesas. Brillan en la suavidad de esta tarde lluviosa el trinar esperanzador de los pájaros.

Los deseos se desvisten presurosos, los sueños pasean descalzos, mientras los besos se refugian en las alegrías llenas de color y humedad. Los verdes han bebido la pócima mágica de la tormenta, y guardan con ellos secretos olvidados.

Ese silencio plagado de respuestas habita en las flores lilas, en los violetas de las sombras, y en los azules profundos donde la mística asoma cristalina como un talismán.

El cielo un paraíso de nubes oscuras deja pasar alguna veta de luz, mientras los relámpagos encienden su pasión y las nubes danzan sin prejuicios, se dejan llevar por el azul misterioso de la tormenta.

Con suavidad el viento levante velos y las emociones se refugian en la melancolía. El ruido callado de la lluvia invita a perderse en silencio azul de esta bella tarde en clave de respuestas.

Andrea Calvete

martes, 22 de diciembre de 2020

EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD

 

Navidad proviene del latín “nativitas” que significa nacimiento. Pero también tiene un significado solar, es el momento en que el planeta Tierra se ve beneficiado por una energía cósmica positiva, la cual no sólo recibe el planeta, sino todos sus seres vivos. 

Es una de las fiestas más importantes del Cristianismo, que conmemora el nacimiento de Jesucristo en Belén. Se celebra el 25 de diciembre por la Iglesia Católica, la Iglesia Anglicana, algunas otras Iglesias protestantes y la Iglesia Ortodoxa Rumana.

Su mediatización, Papá Noel, los renos, el árbol, las luces y el pesebre son parte de los elementos más significativos desde los primeros días de diciembre al 6 de enero. Cada cual, a su manera, la vive y la celebra, en paz y armonía.

En esta festividad, el árbol es un gran protagonista, que junto con el pesebre conforman parte de la celebración. Tiene sus orígenes en la antigua creencia germana de que un árbol gigantesco sostenía al mundo y que en sus ramas estaban sostenidas las estrellas, la luna y el sol. He aquí la explicación de poner luces a los árboles.

La Navidad se celebra en el Solsticio de Invierno en el hemisferio norte y el Inicio del Verano en el Sur. El solsticio, es el momento en que el sol se encuentra más alejado del ecuador.

Este solsticio comienza a las 12 am del día 22 de diciembre y finaliza el día 24 a la medianoche, durante este tiempo, el sol pareciera detener su movimiento, de allí la palabra solsticio -sol estático-, para luego, el día 25 volver a levantarse, renacer. Durante el solsticio, el eje terrestre está dirigido o apuntando hacia el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Este centro galáctico es el lugar de máxima concentración de estrellas y de energía.

Por su parte, el árbol en sí tiene varios significados religiosos pues ha sido utilizado como símbolo de la unión del cielo y la tierra, ya que sus raíces se hunden en la tierra y sus ramas se levantan hasta el cielo; por tal motivo en las religiones orientales, el árbol es un signo de encuentro del hombre con la divinidad.

Los primeros documentos que nos hablan de la costumbre de colocar en Navidad árboles de abeto o de pino en las casas son del siglo XVII y menciona a la región de Alsacia, tierra que comprende Alemania y Francia, de allí que en esta región lo festejan con un gran espíritu.

En la Biblia, el árbol aparece como un símbolo de la vida. Las luces representan la luz de Cristo en la vida y la estrella que en algunas ocasiones se coloca en la punta, simboliza a la estrella de Belén que anuncia la redención a la humanidad.

Pero más allá de las creencias religiosas, se suele hablar de un espíritu navideño, que implica nacimiento, apertura, en definitiva celebrar la vida, brindar por nuestros afectos, porque tenemos una familia, amigos, seres queridos, salud, un trabajo… y tantas cosas que en esta época del año solemos recordar al hacer esa pausa durante el 24 y 25 de diciembre donde levantamos nuestras copas y brindamos.

Es una época en la que la sensibilidad aflora, porque si bien para muchos tiene el carácter religioso del nacimiento de Cristo, para otros es un día de la familia, día de amigos, asociado al conocimiento interno, espiritual emocional, de allí que la nostalgia, la alegría, el perdón y la fraternidad afloren. Y la nostalgia, que es el sentimiento de añorar aquello que ya no volverá, se hace presente, y es así que es un momento propicio para recordar aquellos seres que hoy no nos acompañan físicamente, pero espiritualmente nos nutren y acompañan día a día.

Actualmente, la influencia mediática comercial ha incorporado figuras como la de Papá Noel, sus renos y el trineo, entonces la celebración se ha convertido en una mixtura en la que proliferan regalos, copiosas comidas y un excesivo consumo. Es una época en las que los comercios se preparan para un gran despliegue. Aquí comienza otra disyuntiva importante que nos lleva a cuestionar: ¿Cómo es posible festejar, gastar, cuando tantos carecen de todo? Es verdad, no nos debemos olvidar de ellos, ahora ni nunca. Sin embargo, es un momento indicado para recordar que mucha gente necesita de nuestra solidaridad, cariño y afecto

Más allá de las creencias religiosas y la mediatización infernal que se despliega alrededor de esta fiesta, la Navidad congrega a familiares y amigos, con un espíritu conciliador, en paz y armonía, que no se debe perder de vista, y que es importante rescatar.

Y este 2020 ha sido muy especial, quizás mucha gente no tenga demasiado ánimo de celebrar, aunque el agradecimiento es algo que nos engrandece y anima a continuar, y nos conduce en ese espíritu de la Navidad. Celebremos la vida, agradecidos por el milagro del amor, y brindemos por los que están, los que vendrán y los que están en nuestro corazón

Es tiempo de renacer, de buscar lo mejor de cada uno y ponerlo sobre la mesa, de modo de compartir todo lo que tenemos para dar y recibir. Salud y muy feliz Navidad para todos.

Andrea Calvete

lunes, 21 de diciembre de 2020

EL CAMINO DEL AGUA

Es tiempo de caminar por el agua, de sentir su frescura, su energía vital, somos con ella y vivimos por ella. Como elemento esencial de vida, cotiza en la bolsa de Wall Street, ¡qué gran paradoja!, lo que llegamos a ver, cada día no dejamos de sorprendernos con esa competencia desmedida por poseer más y más, en el que un elemento esencial, un derecho de vida se ha convertido en un bien de mercado. Pero ha llegado la Era de Acuario, y cambiarán los parámetros de vida y poco quedará si no estamos dispuestos a parar y a oír, a interpretar lo que está pasando.

En sus distintas formas de manifestarse, el agua suele ser milagrosa, tiene el poder de saciar nuestra sed, de refrescar nuestro cuerpo y estabilizar nuestra energía. Es un símbolo de vida, capaz de purificar y sanar a quien esté dispuesto a dejarse salpicar por unas gotas o pretenda sumergirse en ella.

Diciembre finaliza con un gran evento astrológico, en el que se conjugan Júpiter y Saturno para dar comienzo a la Era de Acuario, una era en la que se producirán cambios y tenemos que abrirnos a ellos.

El planeta regente de la energía de Acuario es Urano y fue descubierto en el año 1781. Así seres creativos y muy sensibles percibieron su energía, tal como el caso de Mozart en 1756 y de Francis Bacon en 1561. Si corremos a través de la historia la energía de Acuario se vio manifestada en el despliegue de la Revolución Industrial, a partir de 1750, y muy especialmente en La Revolución Francesa (1789) con sus ideales acuarianos de libertad, fraternidad e igualdad.

La Era de Acuario nos invitará a ver más allá de la dualidad, las polaridades para concentrarnos en lo colectivo, grupal, para gestionar las diferencias desde singularidades que nos caracterizan y distinguen. Es tiempo de sentirnos parte de nuestra humanidad, protagonistas y partícipes de los cambios, responsables y seguros, confiados y pacientes, serenos y ecuánimes, y sobre todo vivir en clave de nosotros. Esta nueva era nos pone por delante un trabajo mancomunado, sin pausas, con esfuerzo constante y dinámico. El agua el bien más preciado ya escasea en el mundo, y deberemos cuidarlo porque lo que nos espera con su escasez no es nada alentador.

Es tiempo de caminar por el agua, de sentir su frescura, su energía vital, somos con ella y vivimos por ella. Y si los remonto a sus orígenes, todos hemos navegado en el vientre maternos entre 8 y 9 meses sintiéndonos sumamente confortables.

Los cambios ya han comenzado, está en cada uno de nosotros enfrentarlos mirando en colectivo o en forma individual, de ello dependerá si sentimos el poder del agua o simplemente la bebemos para sobrevivir. El camino del agua una ruta a descubrir.

En un tiempo lejano, un hombre vio que el agua de su pueblo comenzaba a desaparecer de los pozos que alimentaban la ciudad, entonces llegó la enfermedad, y las pasiones humanas se exacerbaron peleando por una gota de agua, hambre, desolación y miseria se hicieron presentes. Mientras todo este desastre ocurría, un pequeño niño observaba desde el jardín de su casa sin entender como en lugar de buscar una solución al problema, cada vez se enfrentaban más y más unos con otros.

El pequeño jugaba tranquilamente, en su cara no se había desdibujado la alegría. Su madre sorprendida le preguntó: - ¿Cómo puedes jugar tan contento viendo el problema que tenemos hijo mío?

El niño permaneció callado mirando a su madre unos segundos y con los ojos llenos de amor le dijo: -El problema no es el agua, ella está en los manantiales, en los ríos es cuestión de que la hagan llegar hasta aquí. Mientras el odio y la avaricia los invada, la aridez y la amargura permanecerán el pueblo.

Su madre no entendía como un niño tan pequeño había podido ver con tanta claridad el problema. Pasados unos minutos pensó- no en vano lo hemos llamado Ángel- y miró al cielo agradecida, sabía que en aquel mensaje había esperanza.

Andrea Calvete








jueves, 17 de diciembre de 2020

DEFENDER LA CULTURA


Defender la alegría como una trinchera como nos ha enseñado Mario Benedetti, va de la mano con defender la cultura, ese gigante intangible, que se lleva en el corazón y nos llena de oxígeno el alma. Parafraseando a Carlos Maggi, defender la cultura es apostar al “Producto Culto Interno”.

Un diciembre que transcurre diferente a cualquier otro, con sus pesares en la espalda, con sus piedras en el camino, y también con sus luces que iluminan. Cada día que pasa es un nuevo desafío en que la actitud que tengamos será determinante para lo que vendrá. Hoy en esa actitud defiendo la cultura.

Defiendo la cultura como medio de vida, como sostén de una sociedad, como el alimento del espíritu, que aliviana penas, y nos nutre para agudizar nuestra inteligencia y razón. Es el pilar sobre el que se sostiene el conocimiento, sobre la que se enriquece la tolerancia y se abre paso el diálogo.

Quizás producto de todo lo vivido, arrastremos un cansancio inusitado, un desánimo agobiante, entonces vale la pena tomarnos unos instantes y respirar profundo para agradecer todo lo que somos. Gracias a lo que hemos aprendido a través de cualquier manifestación cultural hoy somos el ser que nos distingue y caracteriza. Cada vez que nos alimentamos con una de una canción, un libro, una obra de teatro, un espectáculo musical, una obra pictórica, una vivencia, un programa cultural… entonces sentimos que crecemos y avanzamos.

Si observamos a lo largo de la historia quiénes han podido vivir de la cultura, podemos apreciar que, en la mayoría de los casos, los artistas han tomado relevancia después de muertos, recién entonces son reconocidos, y nos preguntamos ¿para qué?... Es hoy que tienen que vivir de su sustento.

Esta pandemia ha dejado a muchas personas sin trabajo, ha sido un año que nos desafía a reinventarnos constantemente. Dentro de los millones de personas en el mundo que han perdido sus trabajos, cabe destacar a actores, escritores, músicos, cantantes, pintores, poetas, comunicadores, artistas… que han visto su labor pausada o terminada. En esta pausa muchas familias han perdido su único medio de ingreso, a su vez, como esto es una gran cadena, el público para quien llega esta importante obra se ha cortado, y ha quedado fracturada esa veta cultural tan necesaria para respirar en medio de este año colmado de problemas.

Todo pasa y todo queda, el año pasa y nos queda el sabor de que la cultura es un valor prescindible, que se puede quitar o regatear a demanda. Sin embargo, el hecho de pausar la cultura trae aparejado consecuencias que tienen que ver con la riqueza interna del ser humano, con nutrirse de conocimiento, entretenimiento y distracción, tan necesarios como el aire que respiramos e imprescindible para nuestra salud emocional.

Y vamos haciendo camino al andar, y en ese camino la cultura seguirá siendo el oxígeno que nos alivie para entretenernos, nutrirnos, consolarnos y así continuar para dejar un mundo mejor a los que vendrán.

Si defendemos la cultura, defenderemos también la alegría, tan vital para que nuestro corazón lata más allá de los avatares y se levante aún cuando casi no tengamos pulso. Defender la cultura es apostar al “Producto Culto Interno”.

Andrea Calvete



 

martes, 15 de diciembre de 2020

ECLIPSE SOLAR


De magia se ha vestido el cielo, las mareas se han alterado, la naturaleza ha percibido diferentes cambios, mientras cada uno de nosotros sin darnos cuenta también hemos sido testigos de un infinito manto de posibilidades bajo el eclipse solar. 

Hoy la luna ha decido interponerse entre el sol y la tierra. Se ha producido un eclipse solar, el último fenómeno astrológico de este año 2020. Una energía inusual ha sobrevolado, el cielo con un color indescriptible junto al aire fresco y sereno se han esparcido a nuestro alrededor.

Este eclipse ha llegado para que los escritores floten entre palabras cubiertas de magia, los artistas esculpan y pinten eclipsados por su encanto, los músicos se inspiren nutridos por su energía, los enamorados suspiran bajo su influjo y los ilusionados se bañen de este momento de fortuna. De alguna manera ha llegado para darnos ese empujoncito tan necesario para continuar.

Todos iluminados por el eclipse solar podremos volar hasta donde nuestras mentes estén dispuestas a llegar, inspirados por la creatividad y bañados de entusiasmo, hemos sido testigos de un bello acontecimiento lleno de mística. Embriagados por su magia hemos dejado volar nuestros más profundos deseos, con la esperanza encendida en que se harán realidad o al menos estarán más cercanos.

De magia se ha vestido el cielo, las mareas se han alterado, la naturaleza ha percibido diferentes cambios, mientras cada uno de nosotros sin darnos cuenta también hemos sido testigos de un infinito manto de posibilidades bajo el eclipse solar.

Andrea Calvete

sábado, 12 de diciembre de 2020

DESDE OTRA PERSPECTIVA


Cambiar la perspectiva es estar dispuestos a mirar con nuevos ojos, a tomar nuevos caminos, a aprender de lo vivido, a levantarse con lo que quede y reinventarnos para así enfrentar las consecuencias de esta pandemia que nos tiene a mal traer, pero no estamos dispuestos a bajar los brazos. 


Desde comienzos de la humanidad la peste ha rondado periódicamente como un algoritmo difícil de descifrar. Su universalidad geográfica nos lleva a comienzos de nuestra cultura, sin embargo, el tiempo que nos ocupa es el aquí y ahora, en el que esperamos sobrevivir. No todos lo lograremos, pero quienes lo hagan quizás tengan la posibilidad de ver el mundo desde otra perspectiva.

La peste es intrínseca a la condición humana, nos conduce por el sendero del miedo y por los tiempos de catástrofe y desolación. En tiempos de la Peste Negra dijo un monje: “Escribo esto por si queda alguien de la raza de Adán para leerlo”, y continúo por su misma línea.

Las pestes se han propagado veloces, han dejado millones de muertos, han diezmado pueblos, ciudades, familias, han sacado lo mejor y lo peor de la raza humana. Un ejemplo es la Peste Negra, originada en China –igual que el Coronavirus– que recorrió la Ruta de la Seda y mató una tercera parte de la población total de Europa, es decir 25 millones de personas. La Gripe Española mató entre 1918 y 1920 a más de 50 millones de personas en todo el mundo. Se desconoce la cifra exacta de aquella pandemia considerada como una de las más devastadora de la historia. Un siglo después aún no se sabe cuál fue el origen de esta epidemia que no entendía de fronteras ni de clases sociales. En el verano de 1920 el virus desapareció tal y como había llegado.

Hace unos años atrás a propósito de Ébola, Bill Gates advirtió que el mundo no estaba preparado para luchar con mutaciones capaces de convertir un virus convencional en una cepa peligrosa, algo que se repite al aparecer una pandemia nueva. A toda esta preocupación agregamos el no dar la espalda a la contaminación planetaria, a la escasez de agua potable, de recursos naturales, los deshielos de los Polos… Pensemos con una mano en el corazón si no estamos dispuestos a hacer nada por cambiar el desastre en el que se ha convertido el mundo.

Algunos días muy cansados de ver las noticias, y los números desalentadores sentimos ganas de decir: “Paren el mundo que me quiero bajar”, pero como no es posible respiramos hondo y nos refugiamos en esos espacios en los que aún sentimos que nos queda un aliciente.

Positivo un término que debería traer aparejado una connotación de alegría, hoy por hoy síndrome de preocupación y seguimiento, para ver el número de contagios y propagación del Covid- 19. Por lo tanto. un término que debería levantarnos el espíritu hace todo lo contrario.

Cabe analizar, ¿qué sucederá?, posiblemente la gran mayoría se vuelva inmune y el mundo continuará andando y pasado un tiempo quedará todo en una nebulosa. Y el mundo seguirá girando con mayores problemas, pero no se detendrá. Sin embargo, valdría rescatar las acciones heroicas del personal que trabaja en el ámbito de la salud, de la investigación, de todos los seres que en el anonimato han aportado desde su accionar moral y espiritual, en lo que será seguramente un cambio para generaciones futuras, y con ellas también se modificará el panorama político y económico, quizás nos enfrentemos a sistemas nuevos, a los que deberemos poner pienso, esfuerzo y trabajo.

Cambiar la perspectiva es estar dispuestos a mirar con nuevos ojos, a tomar nuevos caminos, a aprender de lo vivido, a levantarse con lo que quede y reinventarnos para así enfrentar las consecuencias de esta pandemia que nos tiene a mal traer, pero no estamos dispuestos a bajar los brazos. Por eso más que nunca a trabajar en forma mancomunada. 

Andrea Calvete





lunes, 7 de diciembre de 2020

DESGASTE EMOCIONAL


El desgaste emocional es poco tangible, se desarrolla silente día a día hace su trabajo sin que nos demos cuenta. Y comenzamos a dormir mal, a contracturarnos, a sentir el pecho oprimido y un cansancio en el cuerpo en el que parece que la cama es lugar más confortable. Así sin demasiados reparos, la angustia, el pesimismo, el desgano y la depresión se van colando en nuestro ser producto de ese desgaste discreto que se anuncia por pequeñas dosis letales.

Cuando las pocas fuerzas nos acompañan, el desánimo nos guía y el desaliento palmea la espalda, los horizontes comienzan a cerrarse, el aire escasea, y las emociones laten a ritmo lastimoso, de manera que todo nos cuesta un enorme esfuerzo, y los resultados apenas pueden percibirse en esa falta de luz y confusión.

El desgaste de cualquier tipo se produce en el momento que algo comienza a deteriorarse, a perder el funcionamiento adecuado, el ritmo, y se puede dar por múltiples factores, entre ellos el paso del tiempo y sus consecuencias, pero ante todo el no poder mantener en forma ese mecanismo que empieza a percibir fallas.

Nuestro cuerpo sufre diferentes desgastes, y así comenzamos a suplir algunas actividades, emparchamos por aquí y por allá hasta que todo funciona correctamente, o mejor. Sin embargo, uno de los desgastes más crueles y que nos cobra factura en todo el organismo es el desgaste emocional.

Generalmente, el desgaste emocional es el causante de tantas dolencias y enfermedades en nuestro cuerpo, pero como es invisible y sigiloso no lo percibimos hasta que hace estragos. Este 2020 se ha presentado ante nosotros encantado porque ha visto el terreno fértil en dónde trabajar: incertidumbre, enfermedad, tristeza, desencanto, falta de trabajo, crisis económica, y ante todo pocas esperanzas. Como dice un viejo dicho: “está en su salsa”, y allí se mueve como “Perico por su casa”.

Algunos más desgastados y otros menos, podemos haber sido víctimas del desgaste emocional, por eso estemos atentos cuando ande por la vuelta para servir de apoyo a quien se le acerque.

Quizás preocupados y ocupados por lo que ha sido este 2020, no hemos advertido su presencia, y nos hemos ocupado en situaciones que no podemos solucionar, que nos desgastan y quitan la energía, en lugar de cargar nuestro ser para poder continuar con lo mejor que hay en cada uno de nosotros, mientras el desgaste emocional “hace leña del árbol caído”.

Andrea Calvete 

sábado, 5 de diciembre de 2020

GENTE SIN TIEMPO


La gente sin tiempo ve pasar la vida como en una pantalla, se le escapa y la mayoría de las veces es el espectador de una película en la que sólo participa desde el sillón de su casa. Mientras tanto, las canas aparecen, las arrugas se marcan, y el reloj no se detiene, los hijos crecen los nietos también, los amigos se alejan y las posibilidades se entremezclan sin que seamos conscientes de que somos gente sin tiempo

“El que mucho abarca poco aprieta” dice un antiguo proverbio, sin embargo, una exigencia de nuestros días es hacer múltiples actividades en una suma infinita. Así pasamos a formar parte de esa gente sin tiempo. Y de este modo comienzan las postergaciones: dejamos para la próxima semana todo lo que no pudimos hacer ésta, y a la siguiente se suman una infinidad de actividades más, y se genera una gran bola de nieve que en algún momento termina por chocar y explotar. Al no poder cumplir con ese sinfín de actividades propuestas también se postergan los llamados, las visitas, aunque hoy por hoy lo presencial está bastante restringido, igualmente esta pandemia nos ha hecho ver que siempre tenemos qué hacer.

Cuando hablamos de gente sin tiempo es ineludible analizar por qué nos falta esta valiosa variable que es vital para nuestros días. En ese análisis entra ese tiempo “desperdiciado” en redes sociales como Facebook, Instagram, WhatsApp o Twitter… hay una aplicación que nos permite ver la hora de conexión en cada una de estas redes por día, por semana, y luego de verlo cabe cuestionarnos:¿Cuánto nos aportan, cuánto suman en nuestra labor diaria, cuánto sacrificamos de nuestro tiempo por ellas, qué desgaste emocional nos significan, cuántas de las personas con las que tenemos contacto son realmente significativas en nuestros días, conocemos directamente a estos individuos o son parte de un mundo virtual que nos tiene atrapados en su telaraña?

Con el uso de las redes sociales, entran a sumar los “detestables” me gusta, los números de seguidores, los comentarios que poco aportan o mejor dicho intentan ser destructivos, todos datos que muchas veces se alejan de la realidad y no son indicadores más que de un algoritmo despiadado y sin sentimientos, que lo único que busca es vender y que su negocio millonario siga en pie. Algunas personas se pelean, amargan, se enroscan en lo que va sucediendo en este mundo virtual, que en definitiva lo que le trae aparejado son más amarguras que alegrías. Asimismo, se mal gasta tiempo y energía en hablar sobre otras personas, se opina y se entra en un terreno fangoso en el que se toca de oído sin conocer realmente de lo que estamos hablando y se termina generando un gran ruido en la línea.

Y nos vamos quedando sin tiempo de reír, de disfrutar, de hacernos esa pausa para celebrar la vida, para maravillarnos de la naturaleza, o del cálido abrazo o la mirada sincera de quien realmente nos importa. Mientras tanto, el tiempo no se detiene, no nos espera a ver si somos participes o simplemente somos meros espectadores.

La gente sin tiempo ve pasar la vida como en una pantalla, se le escapa y la mayoría de las veces es el espectador de una película en la que sólo participa desde el sillón de su casa. Mientras tanto, las canas aparecen, las arrugas se marcan, y el reloj no se detiene, los hijos crecen los nietos también, los amigos se alejan y las posibilidades se entremezclan sin que seamos conscientes de que somos gente sin tiempo. 

Andrea Calvete