sábado, 12 de septiembre de 2020

SE NOS ADELANTAN EN EL TIEMPO


En una suerte de carrera, en la que quedamos atrás sin poder hacer nada más que aceptar su partida, se nos adelantan en el tiempo. Un mutismo sin palabras, sonidos confusos, aromas incomprensibles se mezclan en ese poco sentido con el que se colorea todo. El adelantarse en el tiempo no es cuestión de cronómetro, no tiene relación directa con los años vividos, es una carta de la vida que llega cuando es el momento justo de la partida.

Cuando pasan los días, las estaciones, volvemos a sentir el sol en el rostro y comprendemos que más allá de las explicaciones que no llegan, todo pasa, lo bueno y lo malo, lo que queda es el sentimiento genuino que ha alimentado ese ser que ha partido y que continúa en nosotros.

El adelantarse en el tiempo no es cuestión de cronómetro, no tiene relación directa con los años vividos, es una carta de la vida que llega cuando es el momento justo de la partida. Y no estamos preparados para la muerte de un ser querido, nuestra cultura así nos ha formado, y cuando alguien fallece se lo vela, se lo entierra, se lo llora, como parte de un ritual que está ya instaurado. Esto no quiere decir que en lo más profundo no sea sincera y honesta esa sensación que nos desgarra el alma. Pero a que voy, todo lo que hacemos se conjuga para que aún nos sintamos peor.

Después de muchas lunas, vemos que las noches dejan de ser ese rincón oscuro en el que las lágrimas flotan por las esquinas, ese lecho lleno de añoranza y recuerdos que se escapan. Y entonces la luz de cada día vuelve a brillar, los aromas empiezan a perfumar, y el corazón late diferente, vibra en otra sintonía, en el que se ha adelantado nos acompaña de otra manera distinta, ya no desde el dolor sino desde la alegría de estar en nosotros desde un sitio nunca percibido, pero tan importante y necesario para dar continuidad a nuestros días.

Andrea Calvete