sábado, 26 de septiembre de 2020

LA ALQUIMIA DE LA LLUVIA

Las gotas salpican las horas y las envuelve en un devenir húmedo y apacible. El quieto decir de la lluvia me habla, entra en lo más profundo de mi ser, acaricia mis recuerdos, esculpe una imagen que parecía olvidada. Es un día perfecto para transitar los estantes del aplomo, en donde reposa lo que con tanto esfuerzo hemos aprendido.

Armoniosa, la lluvia moldea la melodía de los pensamientos, me acerco a ellos desde un ángulo diferente, porque de eso se trata cambiar la perspectiva, es corrernos unos milímetros del lugar habitual para poder observar con la mente y el corazón abiertos.

Un gran velo se corre en la medida que el manto de agua bendice lo que toca. Sólo hace falta estar dispuestos a que el milagro se produzca, sin este requisito no habrá cambio posible. Respiro profundo y me dispongo a dejarme seducir por su alquímico encanto, y entonces vuelo hacia un después que se aproxima y se funde en este aquí y ahora.

En este presente se desliza el día majestuoso, privilegiado por un acto cotidiano y sencillo, magnifico y encantador, en el que nos sorprende la lluvia cuando decide caer como por arte de magia y deslizarse por nuestra ventana.

El quieto decir de la lluvia me habla, entra en lo más profundo de mi ser, acaricia mis recuerdos, esculpe una imagen que parecía olvidada. Es un día perfecto para transitar los estantes del aplomo, en donde reposa lo que con tanto esfuerzo hemos aprendido.

Andrea Calvete