sábado, 8 de agosto de 2020

LO QUE NO TIENE NOMBRE

A esta altura todo tiene un nombre, un vocablo que lo describe, una sensación que lo habita, un aroma que lo define, un gusto que lo posibilita, un sonido que lo distingue, un color que lo anuncia o una mirada que lo perfila. Pero hoy, la propuesta es ver si todo tiene un nombre, si no queda algo por nombrar o por descubrir más allá de lo descripto.

Nacemos y nos ponen un nombre, nos determinan una crianza, una educación, y se nos inculcan conceptos y valores que lentamente nos acompañan y forman parte de lo que somos. En la medida que avanzamos incorporamos lo que realmente ansiamos, deseamos y queremos. Y para eso nos valemos de ciertas herramientas claves en nuestro andar.

Las herramientas de las que nos valemos para caminar mejor en la vida son de elección personal, tienen que ver con nuestros gustos, con nuestra forma de ser, con las expectativas que tenemos, con el valor que le damos a lo que nos rodea, y con el sentido que tiene para nosotros nuestra existencia. Así todo suena redondito y fácil, sin embargo, nos lleva una vida entera saber dónde estamos parados y hacia donde vamos. Algunos logran las respuestas a mediano plazo, y otros más enredados en el diario vivir no logramos ni acercarnos a contestar las preguntas más simples que nos propone el día.

Y con el correr de lo aprendido vemos que cada vocablo sirve para describir y acercarnos a lo que nos rodea. Cuando nos miramos al espejo se refleja esa imagen que para algunos coincide con lo que anhela, para otros dista de lo que quisiera, y no falta quien queda perplejo porque ese ser es tan distante que resulta un auténtico desconocido.

Dice José Saramago: “Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos”. Lo que realmente somos no tiene nombre, es ese ser que vamos construyendo día a día, con esfuerzo, sacrificio, en el que vamos limando asperezas, en el que se depositan las dudas, los miedos, las expectativas, las ilusiones y los sueños, en donde el amor ilumina ese espacio intangible en el que transcurre lo que somos y en lo que nos transformaremos hasta el último de nuestros días.

A esta altura todo tiene un nombre, un vocablo que lo describe, una sensación que lo habita, un aroma que lo define, un gusto que lo posibilita, un sonido que lo distingue, un color que lo anuncia o una mirada que lo perfila. Pero hoy, la propuesta es ver ese ser que nos habita que se verá reflejado por lo que realmente somos, sin palabras, sin etiquetas, simplemente con lo que somos que se refleja en lo que pensamos, hacemos y decimos.

Andrea Calvete