sábado, 13 de junio de 2020

CONFUSIÓN

Dio por seguro lo que pensaba, lo instaló en esta estantería en la que se guardan los trofeos. Sin embargo, sus emociones habían dado por validado algo que provenía de minuciosas conjeturas.

Así funciona la confusión que es creada por los más profundos deseos y anhelos, en una suerte de edulcorante para suavizar lo que se siente en favor de lo que se desea.

La confusión se cobija en los ojos obnubilados llenos de estupor. Tiene la habilidad de meterse entre recovecos para instalarse en esos lugares donde es difícil notar su presencia.

Desde aquella estantería en la principal sala de la casa, la confusión sintió el calor de una discusión encendida en la que los reclamos se pusieron sobre la mesa. Nadie se escuchaba, las voces se elevaban unas sobre las otras, ambos querían tener la razón sin mediar el diálogo y el entendimiento.

Con su habilidad innata trepa por el árbol del desconcierto y los enredos. Goza de cada conquista, y con tono intrigante disfruta de señalar con el dedo a posibles culpables, mientras se lava las manos como Poncio Pilatos. Aunque con cara de confundida parece una niña despistada que se equivocó de habitación.

La conversación recorrió el pasado hurgó en los rincones olvidados, removió cimientos, llegó al presente donde parecía no tener asidero, mientras el futuro se evanecía con epítetos fuertes, estaban a punto de pasar esa línea en la que no hay marcha atrás. El llanto de Joaquín los hizo callar, con su chupete entre los labios y las lágrimas llenas de súplicas los miró a ambos. Un silencio plagado de respuestas habitó en el aire.

Al mirar a la estantería de los trofeos, no quedaba vestigio de ella, una inmensa paz se instaló en el hogar. El desayuno estaba servido para ser disfrutado en familia y dejar atrás aquella confusión que les había hecho tanto daño.

Andrea Calvete