domingo, 23 de febrero de 2020

INTI ICHAS- El Sol del quizás

En un tiempo cíclico ha alumbrado a sus espectadores, en el que pasado y futuro se desdibujan porque todo vuelve a suceder para reencontrarse en un determinado ciclo. En su honor se ha brindado, se ha levantado la copa de la esperanza, del quizás y del tiempo. En un brindis desbordante de energía se le ha honrado para que continúe iluminando nuestros días.

Brilla con esplendor sin más pretensión que la de alumbrar y dar calor a nuestros días. En un ritual casi mágico aparece lentamente para despertar todos los colores en el cielo. Se mueve en una danza ancestral mientras las fragancias adquieren distintas notas según la hora del día.

Ha sido venerado por pueblos e imperios, que le han rendido culto y sacrificios a la espera de que sus cosechas florecieran al calor de su mirada. Así se ha convertido en un dios al que se le han ofrecido danzas, tributos y fiestas, a través de coloridos días en los que la algarabía se ha vestido de gratitud.

Inti es un dios benévolo, pero que ha enfurecido más de una vez y ha engalanado tormentas en las que pareciera acercarse el fin de los días.

Por entre los sonidos de la naturaleza se escabulle, se empapa de las gotas del rocío, se baña con los perfumes de las estaciones, mientras se maravilla con cada día, al que le rinde culto y bendice para dar paso al ciclo del tiempo.

Han danzado en su honor, han ofrecido los secretos más profundos para que su elixir perfume la vida. No falta quien le haya confesado sus deseos en una súplica esperanzadora en que casi se toca la utopía.

Inti Ichas, el sol del quizás que nunca se apaga.

Andrea Calvete