lunes, 24 de febrero de 2020

DISFRUTAR DE LO QUE HACEMOS


Disfrutar de lo que hacemos es la herramienta más eficaz para vivir en plenitud y con alegría. Pero, no siempre lo logramos, por infinidad de motivos que a larga son los que nos impiden vivir plenamente.

Cuando disfrutamos de lo que hacemos los minutos pasan volando, los dolores se amortiguan, la iniciativa se enciende, la creatividad despierta y los motivos se expanden mientras los días se nos pasan en un abrir y cerrar de ojos.

En el disfrute se ensambla el compromiso, el esfuerzo y la energía vital en la que nos consustanciamos con lo que hacemos. Día a día le ponemos un pienso a esas tareas mientras las cuestionamos como forma de perfeccionarlas y avanzar en su progreso. Así nos embarcamos llenos de entusiasmo y dinamismo con el fin de avanzar.

Y no queda tiempo entonces de recelos, envidias o cuestionamientos poco fructíferos, porque nuestro tiempo se destina a lo que deseamos y anhelamos, a lo que creemos es parte de nuestras iniciativas y proyectos.

Quien abre las puertas al disfrute se encamina a dejar fluir sus sentidos para descubrir un universo de posibilidades infinitas, a conquistar sueños sin limitaciones, y a caminar guiados por sus más profundos sentimientos.

Gozar de lo que está a nuestro alrededor requiere prestar atención con las oportunidades que nos da la naturaleza, en un amanecer, atardecer o simplemente en un día de lluvia. Disfrutar de lo que nos rodea, de los afectos, de los seres queridos parece algo muy sencillo, pero cuando estamos con la cabeza en otro lado no logramos hacerlo, por eso cuando tengamos la oportunidad de estar junto a quienes realmente nos importan es primordial brindarnos cien por ciento al encuentro.

El surgimiento de las posibilidades está estrechamente relacionado con la energía que pongamos, con el entusiasmo y dinamismo con que nos abramos al nuevo día y a los acontecimientos. De esta forma daremos apertura a los cambios y también a poder disfrutar de todo lo que nos rodea y hasta ahora había pasado desapercibido.

Cuando disfrutamos de lo que hacemos mantenemos vivo el entusiasmo. Si nos remontamos al origen de la palabra entusiasmo según los griegos es alguien que quien lleva un dios adentro. Para que el entusiasmo se mantenga resplandeciente, hay que elegir la madera adecuada que permita mantener la llama viva, de allí que todo lo que se haga con amor nos permitirá trascender cualquier límite o frontera, para así poder ser un eterno entusiasta dispuestos a sorprendernos y descubrir lo mejor de cada día.


Andrea Calvete