sábado, 2 de noviembre de 2019

TRAGAR SIN MASTICAR Y DIGERIR

Es una utopía el querer tragar sin masticar y digerir, es simplemente hacernos trampa al solitario, o tapar el sol con las manos. Hay una suerte de paralelismo con querer acotar un abismo. Pero en la vorágine del diario vivir con el afán de seguir adelante anteponemos ese urgir sin discernir demasiado.

En el proceso de digestión para asimilar lo que consumimos debemos masticar, deglutir, de modo de poder realizar un correcto proceso digestivo. De igual manera cuando nos emprendemos en el camino del conocimiento el incorporar nuevos conceptos trae aparejado masticar y digerir, es decir un análisis minucioso para poder asimilar lo que vamos lentamente incorporando.

José Ingenieros en su libro “El hombre mediocre” nos lleva a cuestionarnos en el proceso de aprendizaje y nos dice: “Tragan sin digerir, hasta el empacho mental: ignoran que el hombre no vive de lo que engulle, sino de lo que asimila”. Evidentemente, cuestionarnos es parte fundamental en cada trayecto del camino. El análisis crítico es el que nos permite tomar perspectiva, distancia y a su vez ese cuestionamiento necesario para avanzar y crecer.

Quien traga sin masticar, seguramente no va a digerir, no va a procesar lo que está incorporando. Es como dice un antiguo proverbio, estaríamos tirando margaritas a los chanchos.

El asimilar trae aparejado incorporar nuevos conceptos, el estar abiertos al cambio, al cuestionamiento, a los nuevos caminos y a los desafíos. El no cuestionarnos nos aleja de la realidad, de los acontecimientos que tienen lugar día a día que nos interpelan constantemente. Aunque algunas veces sentados en un lugar cómodo, por cansancio, hastío o simplemente por descreimiento, nos ubicamos sin más pretensión que la de ver pasar la vida como meros espectadores, y no como participantes.

No sentirnos partícipes, algunas veces tiene que ver con ese alejamiento momentáneo, en busca de respuestas, en ese “stand by” en el que pretendemos hacer una pausa, para inspirar profundo y retomar las fuerzas. Sin embargo, el mundo el mundo sigue andando, y no nos espera, y aunque decidamos ser simples espectadores, somos partícipes aún cuando tomamos distancia.

Tragar sin masticar y digerir, es saltar al vacío, es un intento suicida que nos acerca a un mundo agónico, sin esperanza, sin luz. La paciencia es un paso fundamental a la hora de llevar a cabo cualquier proceso en la vida, iluminados por los minutos de calma, de meditación, de encuentro con uno mismo, en ese proceso en el que iremos analizando a través de nuestra razón e inteligencia todo lo que vamos experimentando, para así gradualmente incorporar nuevos conceptos que nos permitan dar un paso más .

Es una utopía el querer tragar sin masticar y digerir. Mientras masticamos mantenemos la boca cerrada, nos imponemos el silencio ese aliado tan necesario para tomar distancia con las palabras que se dicen sin pensar, sin analizar cuidadosamente. Hay un viejo proverbio que dice que es mejor “ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”, de allí la importancia en este proceso aprendizaje de la valoración del silencio, la meditación y el encuentro.

Andrea Calvete