domingo, 20 de octubre de 2019

ROMPER EL SILENCIO

Llevamos años una junta a la otra, pero no nos dirigimos la palabra. Hoy la lluvia cae como si nunca fuera a parar, el día invita a romper el silencio, lleno de dudas, de misterios y de sombras. Abro mis postigos y quedo entreabierta para que el agua salpique a mi amiga la planta que se ve muy seca, lleva días sin beber un sorbo.

Me presento  entusiasta -Soy la ventana que te ilumina todos los días.

 La planta con las primeras gotas que entran de refilón respira y se incorpora.

-Gracias que te has dignado a dejar entrar la lluvia porque estaba a punto de morir deshidratada mi buena amiga ventana.

Llevamos años una junta a la otra, pero no nos dirigíamos la palabra. Romper el silencio, es estar dispuesto a desnudarse frente al otro, o al menos dejarse ver de refilón para empezar, es pretender conocerse o al menos acercarse.

Para romper el silencio hay que estar decido a dar un paso más, a avanzar, porque quien habla es porque tiene algo para decir, para aportar o comunicar.

Quien está en silencio medita, piensa, recorre los lugares más profundos, teje sus sueños, acaricia sus anhelos, planea cuidadosamente sus encuentros, habita con especial cuidado cada rincón a la espera de que llegará el momento de hacer verbo sus palabras.

Esplendorosa reverdece la planta y empieza a cantar agradecida. Nunca la había oído cantar.

-¡Qué hermosa voz que tienes!

- Gracias a ti ventana, he recuperado mi alegría de vivir.

- Festejemos la llegada de las palabras- contesto animada.

Llevamos años una junta a la otra, pero no nos dirigíamos la palabra. Hemos recuperado las palabras, el habla, hemos roto el silencio. La lluvia y el día gris nos han puesto a prueba. Hablamos hasta que la luna salió amarilla y enorme. Entonces mis postigos se cerraron y la planta se acurrucó entre sus hojas.

-Buenas noches bella ventana mañana nos espera un largo día- dijo ya casi entre sueños.

- Buenas noches, claro que sí- le dije llena de emoción. Sabía que nos acompañarían largas y amenas charlas, y una amistad por delante.

Andrea Calvete