sábado, 12 de octubre de 2019

BORRÓN Y CUENTA NUEVA

Nada fácil llevar adelante un borrón y cuenta nueva, requiere de agallas, de temple, de poner sobre la mesa lo que nos pasa, de decir hasta aquí llegué, tomaré un nuevo rumbo. Decisión, responsabilidad, ímpetu, y confianza son parte de los desafíos que llevamos adelante cuando decimos tomar el timón de nuestro barco.

Leía por allí que alguien decía “es horrible extrañar a alguien que no piensa en ti”, y cabe preguntarnos por qué extrañar a alguien que ya no es parte de nuestros días, que ha decido olvidarnos o dejarnos en el estante del pasado. En sí surgen preguntas como: ¿masoquismo, falta de amor propio? ¿Por qué aferrarnos a un recuerdo agónico, a un imposible?

Desde luego que cuando decimos borrón y cuenta nueva, lo hacemos con decisión, seguramente luego de haber sufrido, habernos desengañado, y entendido que esa persona ya no es parte de nuestros días, y si lo es lo será para molestar nuestra existencia. A lo largo del camino, se van instalando obstáculos, impedimentos, piedras, cabe cuestionarnos por qué a todas esas dificultades incluir personas que ni nos recuerda, o al menos no nos siente como parte fundamental de sus días.

Todo esto viene muy alineado a que si alguien no suma, tampoco debe restar, y quien nos quita tiempo y energía vital, en definitiva resta a nuestros días.

En definitiva decimos borrón y cuenta nueva, luego que hicimos el duelo correspondiente, de asumir que esa persona ya no es parte de este presente, y tampoco lo será del futuro. Quizás nos cueste lágrimas, pero dicen que llorar sana y reconforta.

Tantas veces nuestro corazón sufre, no encuentra consuelo, y nos hallamos ante un verdadero laberinto, del cual nos es prácticamente imposible salir. Donde las razones pierden el sentido, y las respuestas se alejan tan distantes que no alcanzamos a distinguirlas.

¿Es qué a caso alguien merece nuestras lágrimas?, quizás quien esté sufriendo por un desencanto o desilusión conteste rápidamente que sí a esta pregunta. Por otra parte, si nos ponemos a pensar en algún momento de la vida todos hemos sufrido por causa de una persona. Entonces ¿cómo encarar el dolor?

Dicen que “ninguna persona merece tus lágrimas, y quien las merezca no te hará llorar”, tal vez comprendamos que quien realmente nos quiere o aprecia no nos hará llorar, por el contrario intentará hacernos sonreír y vibrar. Nos valorará tal cual somos, y es posible que su mirada nos realce, pues los ojos del amor tienen esa virtud de embellecerlo todo.

Aunque a un corazón partido no es sencillo consolarlo, ni darle consejos, pues en el medio de su dolor no verá más que sombras. Seguramente en lo profundo de su alma encuentre el dolor por haber confiado en alguien que lo defraudó y por lo que esta frase se ve hermosa pero muy poco significativa dado el momento que vive.

Por eso, “si por la noche lloras por no ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas”. Por lo tanto, es primordial secar esas lágrimas y mirar lo que nos rodea, pues ese mismo dolor no nos permita ver situaciones que realmente importan, y que podrían significar un cambio para ese sufrimiento.

No está mal llorar, aunque dicen que es cosa de mujeres, no es cierto, los hombres también lloran.

Mas quien no derrama una lágrima es porque su corazón ha dejado de latir, ha quedado anestesiado frente a cualquier situación, y eso tampoco es natural, porque por más dura que sea la vida no podemos dejar de sorprendernos, de conmovernos ante las distintas situaciones que se presentan y que son dignas de promover todos nuestros sentidos, pues estamos vivos.

Desahogarse es bueno, “las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman”. Es necesario sacar todo eso que nos oprime el pecho, que nos angustia, pero no permitamos que el dolor nos paralice, pues cada lágrima derramada deberá ser una gota que nos impulse a avanzar y a sobreponernos. Es por eso que muchas personas luego de llorar manifiestan un gran alivio.

Si bien el dolor la mayoría de las veces es inevitable pero el sufrimiento es opcional. Por lo tanto, lo importante es el modo como hacemos frente a esta situación, está en cada uno velar de por vida un problema, o encararlo para continuar en pie, pues la vida es devenir, es cambio, y si nos paralizamos no nos espera.

Quizás recordar es la mejor forma de olvidar, porque significa que asumimos lo ocurrido.

Pero quien se encuentra en una situación donde el corazón ha quedado desgarrado, difícilmente haga caso a consejos, a sugerencias, pues el dolor enceguece y no permite ver más que el sufrimiento. Es aquí donde se debe intervenir, este punto es trascendental para no quedar atrapados en el sufrimiento como una mosca en la tela de una araña. Para ello debemos pararnos delante de esa situación que nos aniquila y tener muchas agallas de tomar una resolución definitiva para poder dejar atrás este suceso y continuar. Este punto sino podemos llevarlo a cabo por nosotros mismos la ayuda de profesionales en salud mental, la familia y amigos será primordial.

Según Nietzsche “lo que no nos mata nos fortalece”. Detengámonos a pensar cuantas veces luego de varios días de padecer una virosis, nuestro organismo lucha hasta que nuestro sistema inmunológico logra vencer el mal. Del mismo modo, nuestra alma, espíritu se fortalecen tras parecer hundirse en las aguas más turbulentas, porque el ser humano tiene esa capacidad o se instinto de conservación que lo lleva a superar las pruebas más duras. Aquí habrá quienes hablen de fe, otros de voluntad, tesón, pero más allá de las motivaciones o las herramientas las personas salimos adelante.

A lo largo de nuestra vida cualquier tipo de pérdida trae como resultado el dolor. La forma de respuesta a esa pérdida está íntimamente relacionada con nuestra personalidad, cultura y nuestras creencias.

El escritor italiano Arturo Graf quien expresa que “la vida es un negocio en el que no se obtiene una ganancia que no vaya acompañada de una pérdida”, por eso está en cada uno la fuerza que pongamos para sobreponernos a los momentos que nos causan dolor, de modo de aceptar lo que nos ha sucedido y continuar el camino. Mas estará en cada uno ver el medio vaso vacío o lleno.

Finalmente, para quien padece un gran dolor ocasionado por una pérdida importante, no es sencillo recuperar las fuerzas, el optimismo, el entusiasmo, más la propia dinámica de la vida colaborará para que cada persona pueda salir de ese pozo en el que está sumergida, pues siempre aparecerá alguien que nos tenderá una mano, nos alentará con sus palabras, nos brindará su apoyo sincero, y entonces surgirá una luz que nos permitirá dar el primer paso para salir adelante y decir borrón y cuenta nueva.

Andrea Calvete