sábado, 17 de agosto de 2019

CUANDO DE QUIZÁS SE TRATA

Quizás sea este el momento de mencionar lo no dicho, de escuchar, de tomar esa pausa tan necesaria. El cielo alucina colores mientras despierta preguntas, y nos interpela desde sus grises oscuros, nos busca entre los relámpagos que se encienden escondidos entre las nubes.

Quizás tengamos miedo, un freno nos detenga. El aire corre libre y nos mira mientras se marcha en busca de nuevos horizontes. Las hojas de los árboles se mueven suaves, se dejan acariciar por el vaivén del viento bajo un cielo encapotado de ilusiones.

Quizás sea el momento de mirarnos a los ojos, de dejar que el brillo de nuestras miradas se exprese y diga lo que hasta ahora ha callado. Dicen que el silencio puede más que mil palabras, pero es tiempo de que se haga verbo, de que se materialice bajo las gotas mansas que caen en este día lluvioso, en el que el agua todo lo purifica.

Quizás nos encontremos atornillados a una silla, a la espera de un llamado, de un encuentro fortuito, o de una señal que no llega, porque simplemente tenemos los ojos vendados, los oídos sordos, y las manos maniatadas por uno de nuestros peores enemigos, y del que poco sabemos. Sin embargo, cuando miramos al espejo vemos reflejada una imagen que nos sorprende, un escalofrío nos paraliza, somos nosotros mismos los carceleros de nuestras acciones.

Quizás hoy nos paramos frente a una oportunidad única y no nos damos cuenta que se nos escapa entre los dedos, entre esos minutos majestuosos que se esparcen entre las orillas de los días. Los hilos plateados empiezan a brillar en nuestras cabezas como signos de su paso armonioso y constante, decido y efímero.

Quizás este sea el instante preciso, para tomarnos ese café pendiente, para regalarnos ese horizonte que ha quedado postergado en esa estantería casi inalcanzable. El coraje se ha puesto en marcha, ha tomado un tapado de esperanza y un gorro de ilusión. Con la fe encendida en las pupilas, parece que el camino nos abre paso.

Quizás no nos dijimos tantas cosas, otras dichas a destiempo, o innecesarias. Pero no hace falta reprocharnos más nada, es preciso dejar que el corazón hable que se manifieste a través de su palpitar noble para que vibre en sintonía con el universo. Allí nos encontraremos, en alguna galaxia olvidada, entre estrellas jubilosas y dejaremos que ese cielo majestuoso nos invite a perdernos en su magia.

Quizás sea éste el momento, y no otro, por eso aprovechémoslo ahora, este es nuestro tiempo, nuestra oportunidad para trascender ese abismo en el que algunas veces nos perdemos y nos asfixia consumando nuestras energías. Es ahora el instante justo y perfecto para dar ese paso que nos permitirá continuar firmes y decididos en este trayecto en el que estamos de paso.

Mil y un quizás acompañan nuestros días, sin embargo en todos ellos hay una pizca de posibles, de si puedo, de acciones por materializarse, porque es éste el momento de de decir sí a lo que queremos.

Andrea Calvete