sábado, 13 de julio de 2019

VUELO VERDE

Luces eternas de gaviotas revolotean entre los árboles caídos, sobre tiempos olvidados por el caminar verde. Un viaje con destellos luminosos, precipitados por los anhelos desterrados en una hoguera casi apagada. Un viento imperceptible anima el fuego que se enciende con la intensión de esparcirse.

Las alas desplegadas al viento planean desde las altura, la bruma de la mañana fría y mágica las envuelven para conducirlas por tierras lejanas. Un halo de misterio las acompaña, un cierto desasosiego las despeina, mientras se extienden sin rumbo solamente guiadas por esas luces que las cortejan.

No se han propuesto una meta, ya lo han hecho innumerables veces y han quedado a medio camino. Hoy la propuesta es diferente no es subirse al próximo tren que pase, aunque dicen que hay trenes que pasan sólo una vez, pese a ello nos les importa están dispuestas a realizar su propio camino, a su tiempo, a su ritmo, paso a paso, de forma que esa meta se vaya construyendo día a día.

La pasión encendida en su vuelo las hace tomar nuevos bríos, elevarse entre azahares dulces embriagadas por los sonidos que llegan en una gama infinita, salpicadas por creatividad y desenfado.

Se ríen a carcajadas mientras empapan al aire de un magnetismo contagioso. El cielo es una fiesta, rojos, naranjas, amarillos, blancos, grises y azules se combinan como en una inmensa obra maestra, mientras las nubes mullidas y aterciopeladas dibujan imágenes antes nunca vistas.

La hoguera se ha encendido, danzan las llamas mientras el crujir de los leños alimenta el vuelo y lo espabila. Con los pulmones cargados de oxígeno las alas se abren como nunca lo han hecho.

El atardecer con su halo mágico recibe a la noche que se dispone a llenarse de estrellas para continuar iluminando el vuelo.

Andrea Calvete