sábado, 20 de julio de 2019

CULTIVAR AMISTAD

Cualquier cultivo requiere de una siembra, en la que se prepara la tierra, se saca la maleza, se establece el terreno para que la cosecha sea productiva. Así también surge la amistad, fruto de una relación afectiva, en la que se generan paulatinamente vínculos especiales. En la medida que pasa el tiempo tienden a acrecentarse. Compromiso, entrega y confianza son pilares claves para que se cultive una amistad.

Día a día la iremos regando con paciencia, devoción, y comprensión. La nutriremos con esos momentos especiales en los que ese brazo fraterno nos sirve de apoyo, o esa mano sólida nos sostiene para que no nos caigamos.

La amistad suele ser como los buenos vinos con el tiempo adquiere cuerpo, es más sólida, entonces alcanza una mirada para poder descifrar lo más profundo e íntimo sin necesidad de emitir un sonido.

Las relaciones vinculares no tienen una explicación lógica generalmente se sostienen en una vieja frase que dice que "el corazón tiene razones que la razón desconoce"

La amistad trae consigo relaciones únicas, que nos nutren y alimentan día a día, que nos permiten vivir con intensidad y fortaleza. Por eso solemos defender la amistad, con pasión y ahínco guiados por lo que sentimos genuinamente.

Así cuando se construye una verdadera amistad, no existe lugar para las dudas, o inseguridades, simplemente para dar lo mejor de nosotros en esa relación vincular en la que los nexos persistirán más allá de la distancia y el tiempo.

Así la amistad trae aparejada vínculos, en los que se pueden pasar muchas cosas por alto, perdonar, escuchar y entender, pues prima un gran afecto, que está por encima de cosas pequeñas, de las sutilezas. Donde prevalece la valentía, y no existe lugar para la cobardía, ese vínculo es tan intenso que nos permite vencer obstáculos y barreras más allá de lo comúnmente pensado o esperado.

Andrea Calvete