sábado, 30 de marzo de 2019

ETERNO ENTUSIASTA

El entusiasmo se contagia, se palpita, se desliza suavemente en la medida que lo dejamos emerger y ser, que le permitimos expresarse y brillar. Quizás su permanencia dependa en gran parte de un esfuerzo personal y constante.

No perder el entusiasmo es uno de los desafíos más importantes que se nos presenta cuando nos disponemos hacer cualquier cosa en la vida. Sin embargo, cada cual a su ritmo logra descubrir esa llama que lo hace vibrar y palpitar de modo de ser un eterno entusiasta.

Uno de los condimentos básicos para el entusiasmo es mantenernos enamorado de lo que nos proponemos, porque cuando uno hace algo con pasión, con encanto, se mantiene enfocado, enérgico, dispuesto a traspasar barreras, a resolver obstáculos y a continuar sea como sea.

De esta forma, no queda lugar para bajar los brazos, para los no puedo, para las dudas que paralizan, o para los epítetos que desaniman, por el contrario surge un dulce especial y casi afrodisíaco como es la creatividad. Cuando la creatividad se hace presente, quedan atrás las dolencias, las preocupaciones, parece detenerse el reloj en busca de esa idea, palabra, color o nota que dan ese toque mágico a lo que estamos haciendo.

Pero si bien la creatividad es un gran aliado para el entusiasmo, la paciencia es uno de los pilares más importantes a la hora de que permanezca constante y duradero. El diario vivir generalmente nos lleva a impacientarnos, a perder esa capacidad de espera, de constancia, de esfuerzo, de especial esmero, para que paso a paso, escalón por escalón, podamos avanzar en el espiral de la existencia por momentos tan intricada y laberíntica.

Dice un viejo proverbio que “la paciencia en un momento de enojo evitará cien días de dolor”, porque si callamos cuando hierve nuestra sangre, si escuchamos cuando estallan nuestros oídos, si respiramos cuando parece que el aire no llega a nuestros pulmones, entonces hemos logrado hacer pasar a la paciencia, para que tome asiento a nuestro lado y nos acompañe antes de cometer un acto que pagaremos con creces.

Asimismo, la ansiedad en la que vivimos atrapados, producto del consumismo atroz que nos acecha, conlleva a que seamos personas impacientes, insatisfechas, inseguras, y de este modo a mal puerto vamos por agua. En un ambiente hostil, donde no hay lugar para la calma, el relax, la reflexión, tampoco habrá lugar para la tolerancia, y mucho menos para iluminar los días con entusiasmo.

Pero cabe recordar que  “la paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”, y esa raíz es amarga porque hay que saber escuchar, observar, callar, comprender, hasta poder ponernos en el lugar del otro, de ese modo surgirán los frutos dulces, la recompensa, y tendrá lugar la tolerancia.

Si nos remontamos al origen de la palabra entusiasmo según los griegos es alguien que quien lleva un dios adentro. Para que el entusiasmo se mantenga resplandeciente, hay que elegir la madera adecuada que permita mantener la llama viva, de allí que todo lo que se haga con amor nos permitirá trascender cualquier límite o frontera, para así poder ser un eterno entusiasta dispuestos a sorprendernos y descubrir lo mejor de cada día.



Andrea Calvete



TRAMPA AL SOLITARIO

Con el tiempo quedan menos excusas, los impedimentos se desdibujan, los obstáculos tienen un peso verdadero, y las expectativas se acercan a lo que realmente pueden ser. De alguna manera dejamos de hacernos trampa al solitario y comenzamos a ver con mayor claridad lo que nos sucede.

Posiblemente, luego de mucho andar al mirar a ese espejo en que se refleja nuestra imagen llegamos a comprender que el peor impedimento hemos sido nosotros mismos, poniéndonos obstáculos, viviendo de acuerdo a lo que otros deseaban de nosotros, olvidando que somos los primeros protagonistas en cada instante.

La imagen que nos devuelve el espejo se vuelve lejana o confusa, pero es cuestión de sentarse con uno mismo y dejarnos fluir. Es posible fluir cuando comprendemos que el agua estancada se pudre, sólo cuando fluye se renueva. De eso se trata de renovarnos día a día, de no estancarnos, de avanzar abiertos y sin prejuicios. Según Goethe “el comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen”, aunque algunas veces ellos no condicen con lo que pensamos o sentimos, porque el ser humano no siempre obra de acuerdo a lo esperado, o establecido, en él se dan una serie de situaciones internas y externas que lo llevan a actuar de formas inusitadas, complejas de entender, pero que a la larga tienen una explicación.

Cuando empezamos a acercarnos a esa explicación, a comprender lo que nos sucede, de alguna forma tomamos las riendas de nuestro propio destino, de lo que realmente queremos, anhelamos o deseamos para nuestros días, porque vivir con plenitud no es tarea sencilla, requiere de estar dispuestos a disfrutar, a aceptar y a fluir para poder trascender y dar verdadero valor a lo que nos hace sentir dignos, auténticos, libres y verdaderos.

Si nos detenemos a mirar a nuestro alrededor, la mayoría de las personas viven desconformes, las que están solteras quieren casarse, las que están casadas quieren divorciarse, los que tienen una pareja estable ya se han aburrido, los que no la tienen están deseándola tener… el que tiene poco quisiera tener más, y el que tiene mucho se siente sobrepasado y se da cuenta que era más feliz antes cuando tenía menos, y entonces vivimos en un mundo donde la vereda del vecino para ser más fresca, confortable y segura. Ahora bien, si lo de lo demás parece ser mejor, es un mal punto de partida. Lo que los demás tengan no me quita ni me agrega nada a mi vida, es importante saber ¿qué es lo que yo quiero, anhelo o ansío? Si tengo claro estos parámetros más sencillo será a la hora de mirarnos al espejo, porque no sólo voy a ver la imagen que desearía ver con claridad, sino la que se refleja y dista de ella.

Tantas veces nos hacemos trampa al solitario, nos creemos nuestras propias respuestas ideadas o sugeridas por nuestra mente, lo que ella quiere ver o sentir, dejando de lado lo que nos dice el corazón, nuestra intuición o ese sexto sentido al que tantas veces no escuchamos o accedemos.

En esta búsqueda personal, no debemos olvidar que somos seres que nos encontramos permanentemente condicionados a juzgar. Y nuestro juez interior es el causante de que aceptemos o rechacemos quienes somos. En tal sentido, es preciso adoptar un diálogo crítico, que nos permita confrontar lo que somos con lo que queremos o anhelamos ser. Quizás alcancemos a ver el reflejo de varios espejos y entonces nos estremezcamos al comprender que ya hemos roto varios espejos porque como dice Borges “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Y aunque la autenticidad suele ser una virtud que escasea no está perdida, sólo es apelar a nuestros sentidos más íntegros, e intentar rescatarla de alguna parte con valentía, porque todos somos seres únicos y diferentes.

El dejar de hacer trampa al solitario tiene que ver con mirarnos sin contemplaciones, sin miedos, de alguna manera permitiendo que todo salga a luz, para disfrutar de este aquí y ahora, de este momento presente que tiene tanto para deleitarse y contemplar, más allá de todo lo que podamos hacer para mejorar y cambiar.

Andrea Calvete

domingo, 24 de marzo de 2019

EGOS OBESOS MENTES ANORÉXICAS

En un mundo dominado por la imagen perdemos el rumbo, nos desviamos del camino con el afán de competir, de arribar a la meta, o simplemente de sobrevivir en la selva de cemento. En la medida que nuestro ego se infla nuestra mente pierde fuerza y se empequeñece, y en lugar de sumar restamos y lejos nos quedamos de superarnos.

Una autoestima adecuada nos permitirá enfrentar la vida con optimismo, en sano equilibrio emocional, de modo que será posible utilizar todas las herramientas que disponemos para abrirnos paso en la vida. En sí, lo primero que implica es respeto por nosotros mismos, por lo que somos. Si partimos de esta base ya tenemos gran parte del camino allanado.

Asimismo, deberemos tener confianza en lo que somos, aunque muchas personas suelen decir “la tengo, pero en la vida las cosas no me salen como pretendo” y viceversa. Lo que ocurre, es que son cosas distintas, los logros obtenidos y la confianza, no precisamente van de la mano, pues por momentos aspiramos metas inalcanzables, o tomamos caminos inadecuados, o por el contrario llegamos a esos destinos pero no confiamos en nuestra persona o no estamos satisfechos en cómo somos.

Generalmente, la autoestima se conforma en los primeros años de la niñez, entonces en ella influirán el hogar, la escuela y la familia. Mas cuando ella ha sido perjudicada por situaciones tales como la violencia de algún tipo, la misma puede aparecer muy por debajo del nivel normal.

En casos en los que no nos es posible enfrentar lo que nos toca porque no contamos con las herramientas suficientes, es importante consultar un especialista, que nos permitirá superar esas inseguridades o al menos nos presentará opciones para encontrar una salida.

La vida en sí, diariamente agrede este rico patrimonio, y con el transcurso de los años no sólo se debilita el físico sino también la mente, que son asaltados por el cansancio, el estrés, los problemas del diario vivir, y la gran agresividad vigente en este siglo XXI que facilidad hace aflorar nuestro enojo en un abrir y cerrar de ojos.

Asimismo, cabe señalar que la autoestima puede verse saboteada por nuestro inconsciente, que nos permite aflorar el miedo emocional, y nos lleva a disminuir los niveles de autoestima.

Mas en el camino de la vida, la sociedad nos enseña a “etiquetar” lo que está bien y lo que no, algunas veces prescindiendo de los verdaderos valores humanos, simplemente movidos por la necesidad de alcanzar metas que van en contra del propio individuo, de su autoestima, pues se persiguen metas inalcanzables, que están más allá de nuestras posibilidades. Se nos vende un mundo perfecto, donde no hay lugar para los defectos ni las equivocaciones, donde las situaciones nos cierran en forma automática. Y es así que los medios de comunicación nos inculcan familias ideales, personas perfectas, donde no hay lugar para todos, sino para aquellos que tienen una imagen “ideal”, también establecida por patrones que no tienen ni pie ni cabeza.

Y es así que nos enfrentamos a una sociedad, que muchas veces contribuye a bajar nuestra autoestima sin que nos demos cuenta, sin que seamos capaces de comprender que el hecho de no poseer esa imagen que marcan a fuego en nuestro inconsciente no es relevante, pero a la larga influirá para que cuando nos miremos al espejo o analicemos cómo somos, estemos desconformes, pues no nos ajustamos al prototipo que venden los medios.

Por estos motivos, es necesario hacer una pausa y cuestionarnos ¿dónde se encuentra nuestra autoestima? Pues de ella dependerá el equilibrio físico y mental necesario en nuestro organismo para vivir en paz con nosotros mismos. La autoconfianza y la valía posibilitan a los individuos sentirnos útiles con nosotros mismos y con los demás.

Y la confianza en uno mismo, también se proyecta a través de la autorrealización. Las personas con autoestima positiva ven su sistema inmunológico fuerte, pues esta confianza en sí mismo genera resistencia en su organismo. Sin embargo, cuando la autoestima es baja, nuestra capacidad de enfrentar las adversidades de la vida disminuyen, y nuestras defensas también.

Es importante tener en cuenta que no se trata de ir mirando por encima a los demás sino a nuestra misma altura, sino ya no hablamos de una correcta autoestima.

Como arquitectos de nuestra propia vida, somos lo que pensamos. De este modo, si estamos convencidos que no somos capaces de realizar determinadas tareas, posiblemente nunca lo seamos. Debe existir una relación armónica entre lo que pensamos y deseamos. Quizás esta sea la clave para que una persona se encuentre satisfecha consigo misma.

Evidentemente, todos tenemos problemas, por lo tanto la felicidad son pequeños momentos que se dan día a día, y no metas utópicas, pues sino más allá de una correcta autoestima viviremos contrariados defraudados esperando más y más sin disfrutar, de lo que somos y tenemos que es mucho.

Cuando el ego se nos infle por la razón que a él se lo ocurra pinchémoslo delicadamente para que nuestra mente no sufra sus consecuencias, porque la fortaleza de nuestras mentes nos permitirá ser personas creativas, trabajadoras, empoderadas en lo que amamos y queremos realizar sin necesidad de compararnos con los demás, porque somos seres únicos e irrepetibles, aceptando así cómo somos y lo que deseamos realizar en nuestra vida. 

Andrea Calvete

sábado, 23 de marzo de 2019

NO SE BRILLA SIN OSCURIDAD

Brillar día a día, ser luz del propio camino es un desafío permanente, en el que nos deslizamos y transcurrimos más allá de concretarlo. A través de reiterados intentos pretendemos flotar dentro de una mar lleno de olas, en la que se hace difícil mantenernos sin ahogarnos. Y aunque parezca una gran paradoja no se brilla sin oscuridad.

Esos grandes contrastes que se producen en nuestro diario vivir son los que nos permiten aprender, sorprendernos, enriquecernos a través de esas situaciones que nos ponen a prueba, que hacen sacer nuestras luces y sombras,  en donde en los momentos más oscuros surge esa luz que es capaz de brillar aún en nuestra más profunda oscuridad. Es que somos esa dualidad misma en la que el brillo contrasta con la oscuridad, en la que lo peor de nosotros se enfrenta a lo mejor, y de ese enfrentamiento dual surge nuestra verdadera esencia.

Habitualmente, solemos negar nuestros defectos nuestras partes oscuras. La sombra es un lugar donde no llega la luz y cada cuerpo proyecta la suya. Lo malo es cuando decidimos transitar por ella en forma indefinida, impidiendo que la luz toque nuestros poros, reticentes a cualquier rayo de energía.

Luces y sombras todos tenemos, es parte de nuestra esencia, sin embargo parecería que lo oscuro, lo poco iluminado tuviera un poder de existencia mayor, y nos dejara allí con una mano invisible atrapados en ese sitio que deseamos trascender, pero que no logramos despegar.

No todo tiene una resolución inmediata o precisa, la mayoría de las veces elegimos la mejor alternativa, la que nos parece más conveniente. En estos casos es necesario comprender y tomar consciencia que esta es la realidad que debemos asumir, quizás ella depare un gran aprendizaje de fondo que logramos percibir a primera instancia.

Generalmente cuando algo nos duele mucho, o lastima, lo primero que nos preguntamos ¿por qué a mí?, sin embargo no logramos ver que es a mí, a ti y a tantos otros que nos sucede algo similar.
Y en este proceso avanzamos en la medida que comprendemos que las emociones juegan un rol trascendental. Dice Jung que “la emoción es la principal fuente de los procesos conscientes. No puede haber transformación de la oscuridad en luz, ni de la apatía en movimiento sin emoción”.Las emociones son estados afectivos que permiten aflorar motivaciones deseos y necesidades. Cada cual dada su forma de ser, el momento de la vida que esté viviendo, dará vida a diferentes emociones, lo peor que podemos hacer es reprimirlas. Quizás lo más sensato sea dejarlas fluir y trabajar en aquellas que transmiten o reflejan una energía negativa o destructiva en nuestra vida o en la de los demás.
Algunas veces nos vemos sumergidos en el aire viciado, asfixiados por nuestras preocupaciones, por nuestra negatividad, y entonces el ambiente se vuelve insoportable, se respira una mala energía que pronto se traslada a todo lo que hacemos, y desgraciadamente también es muy contagiosa para quienes nos rodean.

Del mismo modo, no sólo se contagia la mala energía, también se propaga y esparce la energía positiva, que ilumina nuestro rostro, nos dibuja una sonrisa, nos carga de dinamismo, de alegría para convertirnos en motores vigorosos, capaces de enfrentar los días con todo nuestro potencial humano.
En este trayecto, solemos perder, ganar, sufrir, reír, llorar… y así enfrentamos momentos diferentes en los que se disparan todas las emociones, sin embargo cuando se disparan la de la tristeza, la desazón, la pérdida, surge el duelo, que si bien es un proceso necesario debemos poder trascenderlo, no podemos quedar inmersos una vida en él.

Podemos ser luz, pero también sombra, podemos ser amor y alegría, pero también podemos ser parte de los sentimientos más crueles y destructivos, está en cada uno ver lo que quiere que surja de sí mismo.

Y en este proceso de dejar surgir y ser, es importante entender que desde la oscuridad, desde lo que nos molesta lastima, es posible brillar, porque en la medida que aceptamos nuestros errores, defectos, nuestras partes oscuras, es posible aproximarnos a esa luz, a ese brillo que nos permita encaminarnos en nuestros días con lo mejor de nosotros mismos, pero lo importante es no perder de vista es que no se brilla sin oscuridad, quizás este sea el punto trascendental para seguir adelante.

Brillar es permitir que fluya lo que somos, dejar ser lo genuino, lo auténtico, lo sincero, y para eso debemos admitir nuestras luces, nuestras sombras, para poder ser sin preconceptos, sin peso innecesario, para encontrarnos con el verdadero ser que nos habita.

Andrea Calvete


BESOS

Los besos se pronuncian por sí solos, se expresan libres sin más antesala que su concreción, real o soñada, anhelada u olvidada, allí están en permanente confluencia perfumando las palabras y revistiendo nuestra esencia.

Hay besos que se dan con la memoria, y quedan plasmados con cada recuerdo que habita en esa estantería prodigiosa en la que vagamente se recuerdan aderezados por los condimentos que solemos agregar cada vez que los revivimos.

Hay besos dan con la mirada, quizás estos sean uno de los más difíciles de manejar ya que la mirada nos desafía permanentemente y no nos obedece, por lo tanto este tipo de besos son revolucionarios llevan la bandera de la libertad sobre sus labios.

Hay besos eternos y sinceros, que se guardan en al resguardo porque nos acompañan siempre que necesitamos ese aliento imprescindible cuando las puertas se nos cierran y las lágrimas corren en silencio.

Hay besos enigmáticos cargados de aire misterioso que dejan un sabor que es casi imposible de descifrar, porque esconden ese aire cargado de preguntas que no son posible de contestar.

Hay besos que marcan un adiós, donde una despedida se clave dolorosa, donde la distancia es un enorme muro que separa y asfixia. Un fin, un desencuentro o quizás un comienzo nuevo.

Hay besos que se llevan en el alma, que se clavan con delicado esmero y nos acompañan en largos recorridos y perfuman nuestros días aún cuando los nubarrones negros se aproximan.

Hay besos prohibidos, que saben a tentación, a ese paraíso inalcanzable en el que quedan abiertas las puertas para dar rienda suelta a todos los sentidos, sin cuestionamientos ni explicaciones porque aquí no tienen cabida. Con aire verdadero se pasean por los jardines.

Hay besos silenciosos, a la espera de ser dados sin más pretensión que ser perpetrados con la más absoluta sinceridad, en donde las palabras son carentes de contenido, y los movimientos quedan a merced de ese espacio en el que solo el magnetismo y encanto tienen cabida.

Hay besos que queman y que hieren, que hechizan con su encanto inexplicable y con sabor dulce y amargo ambivalente, vierten su embrujo lento.

Hay besos que se dan con la memoria, que surgen en el alba de los sueños, y nos besan en la frente en las noches largas de desvelo.

Hay besos problemáticos y ausentes, que deslizan en un mundo paralelo, no les importa comprometerse con problemas y no saben de causas o sentidos, existen a pesar de los pesares, y no te dejan satisfecho.

Hay besos osados,  tiernos, desenfadados,  lentos,  cobardes,  expertos,  inventados o ingenuos. Besos que no saben de prejuicios, y besos que se escapan como niños. Besos al fin, en los que se pronuncian sentimientos, en los que palpitan traiciones y deseos, en los que se esconde un universo de palabras no dichas, de sentimientos indescriptibles, de sueños, de mareas a la luz de la luna, de playas extensas, y de infinitos universos.

Los besos que se han dado, esos que fueron y que aún habitan en nuestro yo más interno, los que no se han dado y están latentes a la espera de ser en ese instante en el que parece detenerse el tiempo y el espacio, en el que la gravedad no tiene peso.

Los besos son parte de nuestros días, de nuestra historia, de nuestros años recorridos, y todos de alguna manera han marcado lo que somos y fuimos, y serán parte de lo que seremos, en ellos habitan nuestros sentimientos, nuestros deseos y anhelos, nuestros misterios más hondos, así los besos saben de nosotros y nos conocen mejor que nadie.

Andrea Calvete

sábado, 9 de marzo de 2019

EL MAGNETISMO DE LA CAUSALIDAD II

El mundo de las causas obedece a las razones, mientras que la energía despliega su vigor y magnetiza sin explicar, ni pedir permiso. Quedan perdidas las pupilas, pero se encuentran en un punto en el que ya no es posible retroceder, en el que sobran las palabras y se posan los sentimientos. Renacen con ellas los días, a pesar de la grisácea mirada de la cotidianidad que abruma las horas.

Atrapados por su magnetismo y encanto se tropiezan los seres, de allí en más un torrente de emociones se desata dispuesto a existir aunque no haya motivos o causas, aunque sí las hay, sólo es cuestión de descubrirlas.

No han llegado allí por mera casualidad, les ha introducido con astucia y desenfado la causalidad, con elegancia y delicada magia, con la sutileza que sólo ella desprende para conquistar con desenfado y simpatía. Como manantial inagotable seguirá causando mil y una razón por la cual una persona se encontrará con otra, en una suerte de efecto dominó.

Sin embargo, la causalidad fingirá no haber estado involucrada en el hecho, para que finalmente cada uno descubra el porqué de su aparición repentina. Como al pasar, dará cabida a la casualidad para quien no confíe del todo en ella logre en lo fortuito un sustento verdadero.

Las causas tras la que corremos a diario y no logramos identificar totalmente, está secuencialmente diagramado, a la espera que una pieza de dominó caiga para producirse ese efecto en el que una pieza va cayendo mientras produce la caída de otra y así hasta llegar hasta la última pieza y lograr su cometido, esa causa que si bien parece desconocida tiene una razón, un propósito. Aunque nos cueste admitir la mayoría de lo que nos ocurre tiene en sí una causa. Evidentemente, lo fortuito, “lo caído del cielo”, tiene ese sabor que nos impregna de magia de encanto, pero que la gran mayoría de las veces está concatenado con lo causal.

Quién no se ha encontrado con alguien que no esperaba que llegara a su vida ni por sueños, una persona a la que jamás había visto y con la que tendría escasísimas posibilidades de cruzarse. ¿Casualidad o causalidad? En principio, difícilmente aparezca una respuesta, más pasado el tiempo el rompecabezas comienza a encajar para develar las causas por las que esta persona ha llegado a esa puerta. Es así que nos vemos ante una vieja leyenda japonesa que cuenta que un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo rojo se puede estirar, contraer o enredar, pero nunca romper, de allí la importancia de conocerla y poder descubrir quien se ha unido a través de este hilo invisible que nos une más allá de cualquier tipo de explicación racional y posible.

El mundo de las causas obedece a las razones, mientras que la energía despliega su vigor y magnetiza sin explicar, ni pedir permiso. Quedan perdidas las pupilas, pero se encuentran en un punto en el que ya no es posible retroceder, en el que sobran las palabras y se posan los sentimientos. Renacen con ellas los días, a pesar de la grisácea mirada de la cotidianidad que abruma las horas.

La causalidad logra ese efecto domino, coloca sus fichas en línea, una detrás de la otra, tan sólo con un pequeño empujón sobre la primer ficha logra ese efecto en cadena. Por lo tanto, al buscar las causas sería un buen ejercicio sumergirnos por las que nos estabilizan y llenan de energía vital, para poder así establecer una sintonía armoniosa con lo que se irá desencadenando y sobre lo que aún no tenemos demasiada consciencia.

Andrea Calvete

RINCÓN ESPECIAL

Hacerse un espacio, un tiempo, un lugar, en donde la pausa es inminente, donde el relax es necesario, suele ser de esos instantes renovadores necesarios en nuestros días.

Rozar la brisa, acariciar un sonido, abrazar los colores del atardecer, puede ser parte de la propuesta en la que nos podemos embargar, simplemente dejando en ese rincón especial abierta la ventana, para que nuestros sentidos se abran y disfruten.

Luego de un día de trabajo, estrés y cansancio, el simple hecho de poder reposar y observar un atardecer, puede convertirse en un acto de magia, en un momento único e impredecible. Generalmente, luego de una jornada larga, intensa, uno llega agotado, lleno de preocupaciones. Sin embargo, los colores del cielo se pueden convertir en parte de este momento en el que estamos dispuestos a relajarnos y a bajar las revoluciones.

En ese rincocito especial, podemos disfrutar de una taza de té o de café, o de un mate bien amargo, en silencio o compañía de una linda música, abiertos a los perfumes y colores de la naturaleza, a la belleza de ese momento en el que decidimos premiarnos, mimarnos hacer esa pausa tan merecida y deseada, dejando las preocupaciones de lado, y las prisas para después.

En este rincón podemos permitir que los ocres, rosas y naranjas se unan a pálidos celestes pastel, para deleitar nuestras pupilas con una fiesta de colores, donde las nubes blancas se tiñan de las tonalidades del atardecer con un ritmo lento y sugestivo.

En la medida que vamos disfrutando de este espacio, va cayendo la tarde, y aparecen aparecen los grillos y luciérnagas que iluminan como lucecitas intermitentes los rinconcitos más oscuros.

Las fragancias de las flores impregnaron el aire de frescura y paz, así en compañía de nuestro mate o café logramos desconectarnos de todo lo que le nos preocupa, para estar allí con nosotros mismos, disfrutando de nuestro yo más profundo.

Algunas veces parece inalcanzable tener unos minutos de relax, sin embargo, es cuestión de distenderse y hallar el momento y el lugar, en el que la desconexión con los problemas sea inminente, para que la mente logre trascender lo superfluo y conectarse con lo profundo e interno.

Así un atardecer puede ser un lugar lleno de paz y armonía, bajo un cielo cargado de estrellas que empezaban a apoderarse de toda su superficie para dar cabida a la noche que está por llegar.

Pero más allá, del momento en el día, ese rinconcito especial en el que escribimos, pensamos, pintamos, leemos, o simplemente nos distendemos, tiene esa particularidad que nos deja ser y estar en paz y en armonía, de modo de hallar ese equilibrio por momentos tan necesario pero a su vez tan lejano.

Andrea Calvete


VAIVENES DEL TIEMPO

Más allá del correr del tiempo, del paso de la historia, de la evolución de la humanidad, el sol siempre ha estado para todos, los corazones han latido de la misma forma, y las risas han volado entre las alegrías, y los desvelos han habitado las preocupaciones, la locura se ha vestido entre los vaivenes de la mente, los llantos se han escondido en las penas, mientras las ideas y los pensamientos se han desplegado al sol y al viento con la libertad que siempre han tenido más allá de las épocas .

Por ubicarnos específicamente, no tan lejanos en el tiempo, tan sólo dos siglos atrás, donde caminar por la costa era una aventura con prendas blancas y sombrillas que protegieran a los visitantes del sol. Los vestidos hasta los pies serpenteaban con el viento, las sombrillas y sombreros se reverenciaban entre gestos y cortejos. Doscientos años en el correr de la historia no es mucho tiempo, pero en cuanto a hábitos y costumbres existen muchas variantes.

Esas variantes tienen que ver con la moda, con la idiosincrasia del lugar, con las normas culturales y estéticas, y con todos los patrones que existían en esa época, donde pasear por la costa en cualquier parte del mundo era toda una odisea, calzados, vestido, guantes, sombrillas y sombreros, parte de esa indumentaria muy extensa. Sin embargo, cuando uno ve plasmado en una obra como lo han hecho tantos artistas del momento, parece una situación idílica que nos invita a deslizarnos por la “promade” francesa, o por los campos de en Argenteuil cerca del río Sena. Así por citar un ejemplo a Claude Monet a través de sus pinceladas frescas y ligeras nos permite flotar en ese aire lleno de sol y romanticismo propios de su tiempo. Los pintores del impresionismo fueron grandes luchadores por dejar plasmado el sol naciente, y lo hicieron, y hoy lo podemos disfrutar y revivir a través de sus obras, para descubrir un tiempo diferente.

Estos vaivenes del tiempo nos llevan a situarnos en diferentes épocas, con la apertura de cabeza para entender cada tiempo, sus costumbres, sus normas, sus reglas, sin embargo más allá del transcurso de la humanidad, el sol ha estado presente siempre, y las emociones más genuinas de las personas también se han expresado, donde los pensamientos han volado con esa libertad maravillosa que ellos siempre han tenido en todo momento y espacio.

Algunas veces no nos resulta sencillo ubicarnos en otras épocas entender esos contextos que parecen tan diferentes al mundo actual, sin embargo es parte del ejercicio necesario para poder habitar cada rincón de la historia a través de las distintas manifestaciones artísticas, de una obra de teatro, de cine, un cuadro, una escultura, o una fotografía, de la música, o de la literatura… cualquier expresión artística que nos posibilita eso viajar en el tiempo, y aproximarnos a comprender cómo vivieron diferentes personas en distintas épocas, donde los problemas siempre han estado a la orden del día , donde las adversidades se han interpuesto en muchos caminos, pero lo interesante es averiguar y entender, poder reconstruir, entender cómo hemos llegado al mundo actual quienes nos antecedieron y cuánto han hecho hasta estos días.

Estos vaivenes del tiempo están íntimamente relacionado con lo que nos pasa también con nuestros hijos, nuestros nietos, o generaciones más jóvenes a las que algunas veces nos cuesta comprender, porque se requiere de una gran apertura de cabeza para asimilar los cambios, pero a su vez educar y formar a estas generaciones futuras tan importantes para lo que vendrá para lo que seremos. Por eso, de estos vaivenes tenemos que nutrirnos para sacar entre todos lo mejor de cada uno de nosotros.

Posiblemente, la forma de relacionarse las personas no ha cambiado demasiado, a pesar de las costumbres, horarios y vestimentas diferentes, otros ritmos, otra impronta, pero en el fondo todos los sentimientos han intentado manifestarse de acuerdo a su época y lugar. Por tal motivo, cuando leemos un libro, miramos una película, una obra de teatro, el contexto histórico nos dice tantas cosas, nos habla de cómo vivían, cuáles eran sus rutinas, sus normas, sus ideales culturales y estéticos, en los que determinados parámetros marcaban su estilo de vida.

Sin embargo, aunque mucho haya cambiado con el transcurso del tiempo, el sol nos acariciado a todos por igual, y posiblemente el corazón ha latido de la misma forma, y las risas han volado entre las alegrías, y los desvelo han habitado entre las preocupaciones, la locura se ha vestido entre los vaivenes de la mente, los llantos se han escondido entre las penas, mientras las ideas y los pensamientos se han desplegado al sol y al viento con la libertad que siempre han tenido más allá de las épocas y del tiempo.

Andrea Calvete

domingo, 3 de marzo de 2019

“EL CORAZÓN TIENE RAZONES QUE LA RAZÓN DESCONOCE”

Algunos vínculos logran ser tan especiales, que se hacen indestructibles y casi impenetrables salvo para quienes están en ellos relacionados. Simples lazos perdurables, flexibles, que sólo ellos son capaces de establecer con delicadeza y cuidado.

Estos vínculos son capaces de acompañarnos en todos los estados ánimos, en todas las situaciones de la vida, nos comprenden, nos esperan, les alcanza vernos de reojo para saber lo que nos pasa.

Son especiales capaces de generar las más grandes sensaciones, desde las más gratificantes a las más dolorosas. Relaciones en las que sólo una mirada, es capaz de descifrar lo más profundo e íntimo, sin necesidad de emitir una palabra o un sonido.

Relaciones vinculares especiales que no sólo se dan entre las personas, se pueden dar a través de cualquier medio que permita expresarnos, como ejemplo: la música, la danza, la pintura, la escritura, la escultura… y tantos otros que nos dejan ser, manifestar sin restricciones, sin impedimentos, sólo estableciendo ese vínculo único entre uno y esa expresión artística. Y todos llevamos un artista dentro, sólo hay que buscarlo, descubrirlo para dejarlo salir y manifestarse.

Vínculos que significan entrega, devoción, sacrificio y, asimismo, el placer de haber dado lo mejor de sí en esa relación vincular, en la que ponemos de nosotros todo nuestro amor. Y referido a lo que esperamos a cambio del amor otorgado, Erich Fromm en “El arte de amar”, señala que no “sólo en lo que atañe al amor dar significa recibir. El maestro aprende de sus alumnos, el auditorio del actor, el paciente cura al psicoanalista- siempre y cuando no se traten como objetos, sino que estén relacionados entre sí en forma genuina y productiva“.

Por otra parte, son relaciones en las que se comparten alegrías, dolores, sufrimientos. Este tipo de relaciones se puede establecer entre padres e hijos, parejas, amigos, hermanos, grupos, expresiones artísticas, deportes, … múltiples vínculos donde la entrega es verdadera, auténtica, donde se está muy seguro del cariño y de los sentimientos, no existe lugar para las dudas, o inseguridades, simplemente para dar lo mejor de nosotros a ese ser tan especial, o actividad en la que dejamos fluir todo lo que somos.

Vínculos, en que se pueden pasar muchas cosas por alto, perdonar, escuchar y entender, pues prima un gran afecto, que está por encima de cosas pequeñas, de las sutilezas. Donde prevalece la valentía, y no existe lugar para la cobardía, ese vínculo es tan intenso que nos permite vencer obstáculos y barreras más allá de lo comúnmente pensado o esperado.

Son relaciones, que traen aparejado sorpresa permanente, crecimiento, y unión. Difícilmente puedan ser destruidas a pesar de las tormentas, o tifones, pues son fuertes, duraderas e irrepetibles, pueden sobreponerse a todo elemento que intente interponerse o romperlas, porque el amor, el cariño y el afecto están presentes. Y sobre el amor, San Agustín manifiesta que "la medida del amor, es amar sin medida”, una frase que quien ha sentido amor alguna vez podrá corroborar sin pensarlo demasiado.

Pero según Erich Fromm, “para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar”, y este es un tema un tanto discutible, porque les pregunto ¿somos capaces de amar, o sólo pretendemos ser amados?

Y en cualquier tipo de relación vincular el respeto es primordial, en tal sentido Erich Fromm, dice que el “respeto no significa temor y sumisa reverencia; denota, de acuerdo con la raíz de la palabra (respicere: mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es”.

Pero independientemente de la forma en que los vínculos se produzcan o los medios a través de los cuales se manifiesten, significan relaciones únicas, que nos nutren y alimentan día a día, que nos permiten vivir con intensidad y fortaleza. Los defenderemos con pasión y ahínco sin pensar demasiado, solamente guiados por lo que sentimos que es muy profundo e intenso.

Los vínculos generan nexos entre quienes los establecen, muchos de las cuales se manifiestan a nivel inconsciente, y de allí que muchas veces no podamos encontrar una explicación lógica al establecer una relación con una determinada persona o con algún medio de expresión. Porque "el corazón tiene razones que la razón desconoce"

Andrea Calvete

sábado, 2 de marzo de 2019

VERDADES AFILADAS

Las rosas perfuman nuestros días, pero algunas veces solemos clavarnos alguna espina, que se adentra en nuestras yemas, y nos lastima. Ciertas verdades tienen la suerte de estas rosas y llegan a rasgar nuestro ser más profundo, y se convierten en afilados cuchillos que comienzan lentamente a hacer un trabajo punzante.

El camino del desastre suele estar en rodearnos de gente que solo nos diga lo que queremos escuchar, porque son los que nos endulzan nuestros oídos, pero a su vez no nos permiten ver con claridad en qué debemos trabajar para cambiar, para superarnos.

La verdad que duele es la que nos hace crecer, madurar, recapacitar, la que nos permite ver la otra cara de la moneda, eso que quizás no queríamos ver, pero es momento de asumirlo, enfrentarlo, para así seguir nuestro camino. Pero, cuidado que los ojos abiertos no sirven de nada cuando la mente permanece cerrada.

Hay despedidas que tienen un sabor amargo, con palabras que hieren como lanzas que se clavan muy profundo. Quizás si una despedida es con un beso o un abrazo, ese punto final no sea tan doloroso. Pero no necesariamente, una verdad afilada se asocia a poner fin a una relación o situación de vida, también tiene que ver con lo que otra persona piensa de nosotros y ha decido decirlo de frente.

Algunas veces, estas verdades nos agarran mal parados, no se nos pasaba por la cabeza que vendrían, o al menos las veíamos venir más atenuadas. Y allí estamos parados ante esa filosa verdad que nos lastima, que nos parte en mil pedazos. ¿Qué hacer con ella? Esta pregunta es como la punta de un gran iceberg, podríamos hacer mil cosas: Cambiar, mejorar, cincelar nuestras aristas… o preguntarnos si realmente soy así o es la forma en que me ve la persona que ha decido enfrentarme. “Dicen que no hay peor ciego que quien no quiere ver”, pero si somos de los que vemos quienes somos, admitimos nuestras luces y sombras, nuestros errores, nuestras debilidades, gran parte del camino estará allanado a la hora de contestar qué hacer con esta verdad afilada que lastima.

¿Pero por qué lastima? Porque a nadie le gusta que le señalen la parte oscura, los defectos, los grises, no olvidemos que parte de nuestro ser se puede moldear y mejorar, pero evidentemente siempre van a existir esos espacios que nos molesten o que nos incomoden ya que no somos seres perfectos, y esa imperfección es parte de lo que somos y también es importante asumir.

Frente a estas verdades que lastiman hay que pararnos y ver de quién provienen, cuál es el fin con la que son transmitidas, porque estas preguntas serán parte trascendental a la hora de ver qué hacer con ellas, además analizar delicadamente cuánto nos importa la persona que las emite. Todas estas respuestas serán parte de la actitud que tomemos frente a estas verdades filosas, para que no duelan tanto y para que lentamente se cicatricen y queden como parte de las tantas cosas que se nos dicen en la vida, y aprender de ellas para superarnos sin quedar estancados en el dolor.

A esta altura las espinas de las rosas no hacen que dejemos de admirarlas y disfrutarlas, simplemente nos permiten ser más cuidadosos a la hora de tomarlas en nuestras manos, por eso estas verdades es cuestión de saber recibirlas analizando de quién vienen y con qué fin, así formaran parte de lo que somos y de lo que nos transformaremos con esfuerzo y esmero.

Andrea Calvete

viernes, 1 de marzo de 2019

TODA AVENTURA COMIENZA CON UN SÍ

Toda aventura empieza con un sí, como una puerta hacia el camino que se irá trazando pero del que poco y nada sabemos. Así nos lanzamos hacia un proyecto, destino, solos o acompañados, abiertos a que un mundo de posibilidades a las que decidimos decir sí, para embarcarnos en ese gran desafío que implica vivir.

Sí quiero, sí te espero, sí voy, sí estoy, sí comparto, sí…Quizás alguien pide permiso, y le decimos sí, o nos pide el celular, o el email, o tomar un café, o simplemente que le demos esa oportunidad para comenzar un diálogo, entonces al decir sí, posibilitamos algo. Lo importante es que para un comienzo tiene que haber una apertura, un sí que de espacio a todo lo que podrá surgir en la medida que uno esté dispuesto a embarcarse en conocer a una persona o a un acontecimiento que hasta ahora eran desconocidas. Con el correr de cada día nos enfrentamos a nuevas experiencias, situaciones, personas, conocimientos, una gran variedad por descubrir y aprender.

Cuando uno rememora el comienzo de una relación, de un emprendimiento, de algún acto de la vida, vemos que todos requirieron de ese punta pie inicial para comenzar, de ese sí decisivo para ser y tener cabida. Cuando nos abrimos a las oportunidades, ellas se amplían y se empoderan, se extienden, colorean, se perfuman y se acomodan cómodamente a hacernos compañía, porque de alguna manera nos abrimos a recibirlas y hacerlas efectivas.

Uno de los primeros sí conscientes son los de los primeros años de vida, cuando frente a esa primer cucharada de comida asentimos que sí o que no al abrir la boca o cerrarla como símbolo de aprobación o disgusto frente a esos primeros sabores que se incorporan a nuestra dieta. De alguna manera, en forma natural decimos que sí a ese universo desconocido hasta ahora de alimentos que gradualmente se suman en nuestra alimentación. Y así como incorporamos nutrientes, agregamos conocimientos, experiencias, y personas en nuestro diario vivir.

Si nos ponemos a pensar la aventura de la vida comienza con un sí, cuando un óvulo dice sí a un espermatozoide, y allí comienza la más grande e impresionantes de las aventuras la vida, un camino en el que afortunadamente no dejamos de sorprendernos, de admirarnos y también de lamentarnos, porque de eso se trata esta gran aventura en la que las posibilidades son inagotables así como el conocimiento y la superación personal.

Aventurarse es atreverse a hacer o decir algo que implica un riesgo, que es parte de ese desafío que nos ponemos por delante. Dicen que quien no arriesga no gana, pero en realidad no se trata de ganar o perder, sino de intentarlo, porque quien prueba se saca el sabor de la duda, de la incertidumbre, de lo que pudo ser y no fue . Porque, no hay nada peor que lo que no sucede porque nos cerramos a que tenga cabida. Generalmente, la frontera entre perder y ganar suele separarla la actitud, con ella somos capaces de enfrentarnos y salir adelante aún en las situaciones más complejas.

Toda aventura empieza con un sí, como una puerta hacia el camino que se irá trazando pero del que poco y nada sabemos. Así nos lanzamos hacia un proyecto, destino, solos o acompañados, abiertos a que un mundo de posibilidades a las que decidimos decir sí, para embarcarnos en ese gran desafío que implica vivir.

Andrea Calvete